19 de desembre 2014

PRESUPUESTOS POLÍTICOS, CUENTAS FICTICIAS

Por una vez, y sin que sirva de precedente, los lectores me van a permitir que orille, aunque sólo sea parcialmente, el manido mono tema de proceso soberanista catalán y, en esta ocasión, ponga el foco en los presupuestos correspondientes a 2015 de la Generalitat de Cataluña que días atrás presentó el consejero de Economía Andreu Mas-Colell, calificándolos como los presupuestos más políticos que había presentado desde que era consejero. Ahora, esas cuentas deberán pasar la prueba del algodón en el parlamento del Parque de la Ciudadela.


“Dime que presupuestos apruebas y te diré que políticas practicas”, solía decir Winston Churchill. Pues bien, si aplicamos este criterio para analizar las cuentas presentadas para el año próximo por el gobierno catalán, pronto llegaremos a la conclusión que esos presupuestos son un auténtico desastre. Veamos los motivos.

Para empezar los gastos en políticas sociales caen a los niveles de 2004. La cantidad presupuestada para la educación es casi idéntica a la del año anterior, tan solo se incrementa por la recuperación de la paga extra para todos los funcionarios (iniciativa encomiable, pero con claro tufo electoralista), y la renta mínima de inserción se queda como en 2014.

Por lo que respecta a sanidad los números son escalofriantes. Si bien es cierto que la inversión crece un 1,5%, este incremento queda absorbido por la ya mencionada recuperación de la paga extra. Y la realidad es que cada día que pasa las listas de espera son más largas. El tiempo de espera medio de los 14 procedimientos quirúrgicos garantizados se ha incrementado un 40% en cuatro años. Con estos presupuestos no se recuperarán ninguna de las 1.250 camas hospitalarias que se han perdido desde que gobierna CiU. Asimismo, tampoco cabe esperar que vuelvan los 4.000 médicos que con los recortes han perdido su plaza ni los 15.000 sanitarios que se quedaron en la calle por la aplicación de políticas austericidas.

El gobierno de Artur Mas ha decidido que en 2015 no destinaría ni un solo euro a guarderías. Y así podríamos seguir haciendo una lista casi interminable de despropósitos presupuestarios. Es evidente que el desballestamiento del Estado del bienestar no se solventa de un plumazo, pero con estos números se pone de manifiesto el escaso interés de los nacionalistas para resolver los problemas de la ciudadanía.

De todos modos, el talón de Aquiles de estas cuentas, son el desfase entre ingresos y gastos calculado por el propio consejero en unos 2.183 millones de euros. Para enjugarlos Mas-Colell ha tenido la ocurrencia de decir que “exigirá” al gobierno central que asuma diversas deudas que tiene con Cataluña. Seguramente no le falta algo de razón al consejero, que el gobierno central no es buen pagador es evidente. Bastaría recordar el incumplimiento de la disposición adicional tercera del Estatuto o el impuesto sobre los depósitos bancarios. Ahora bien, tal y como están las cosas, parece lógico pensar que lo razonable sería intentar negociar con quien tiene la paella por el mango, que en estos momentos es el gobierno central. Y como dice el acreditado economista José María Gay de Liébana: “no se puede ir a Madrid a negociar con cara de'pomes agres', sino con alegría. Que es justo lo que hacen los mandatarios catalanes cuando van a la capital del Reino: ir con cara de 'pomes agres'. O lo que es peor: con ínfulas de superioridad.

Por otra parte, una de las pocas promesas electorales que ha cumplido Artur Mas ha sido suprimir el impuesto de Sucesiones y rebajar el de Patrimonio, si no se hubiera permitido esas alegrías se habrían recaudado unos 3.400 millones más con los que se hubiera podido evitar algún recorte y, tal vez, ahora no se debería mendigar con tanta premura.

Los presupuestos son la herramienta por antonomasia que tiene un gobierno para desarrollar sus políticas. Por eso, decir –como dijo Mas-Colell-, que los presupuestos de este año iban a ser los más políticos, es una obviedad. Sea como sea, todos los grupos, a excepción de ERC, han presentado enmiendas a la totalidad. En estas circunstancias los republicanos se perfilan como el colaborador necesario para que las cuentas ficticias del Govern (así han calificado desde la oposición estos presupuestos) salven el primer trámite parlamentario. La votación final se producirá el 5 de febrero. En consecuencia, se abre un período de un mes y medio de margen para negociar, pactar, acordar e incluso convocar elecciones.

En la situación política tan excepcional que estamos viviendo, vayan ustedes a saber lo que puede pasar. Todo es posible.



Bernardo Fernández

Publicado en Crónica Global 19/12/14

14 de desembre 2014

SI, PERO NO

El mundo soberanista catalán anda alborotado. Oriol Junqueras ha dado calabazas a Artur Mas y se niega a compartir lista electoral con él. Eso ha hecho que sonaran todas las alarmas. Carme Forcadell, la presidenta de facto, ha puesto el grito en el cielo pidiendo seny, para ella la lista única es la panacea y mientras, su escudera, Muriel Casals, confía en que los dos líderes lleguen a entenderse. l republicano no le falta razón, en esta sin razón que es el proceso catalán. Convergencia es un partido lastrado por la corrupción. Su fundador autoinculpado como evasor de impuestos, la sede embargada, el hasta hace poco delfín de Mas (Oriol Pujol) imputado en el turbio asunto de las ITV y toda una serie de casos abiertos que salpican a convergentes del más alto rango. En estas circunstancias, Junqueras, por un lado, veta la comparecencia de Mas en la comisión parlamentaria del caso Pujol y, a la vez, quiere evitar contaminarse con una lista unitaria. Sin embargo, no tiene empacho en proponer un gobierno de concentración. Todo ello, pone de manifiesto la coherencia del republicano


En este contexto, ERC quiere aparecer como partido limpio de toda mácula (no tienen en cuenta que no han tenido ni tiempo ni poder para corromperse). Además, ahora recuerdan que existen las políticas sociales y se declaran sus máximos defensores, cuando, o por acción o por omisión su colaboración ha sido imprescindible para que el govern hiciera recortes a destajo.

Junqueras le ha venido a decir a Mas: si, pero no (si a las elecciones inmediatas, no a la lista única) y, de ese modo, ha dejado la pelota en el tejado del president. Ahora, éste debe decidir entre convocar elecciones antes de los comicios municipales, o intentar aguantar y acabar la legislatura. No obstante, para lograr ese objetivo haría bien en presentar unos presupuestos para 2015, razonablemente ambiciosos, porque los presentados días atrás por el consejero de Economía de la Generalitat Andreu Mas-Colell son decepcionantes, con un gasto social que retrocede a los niveles de 2004 y un desfase entre ingresos y gastos de 2.500 millones de euros que, según dijo, espera cubrir exigiendo al gobierno central que pague antiguas deudas, cuando lo razonable sería negociar, pactar acordar, etc. Pero no, según parece, esos conceptos, básicos en política, no existen en el imaginario soberanista, para con aquellos que piensan diferente.



Bernardo Fernández

Publicado en ABC 10/12/14

30 de novembre 2014

ROMPIENDO EL PAÍS

Siempre he pensado que si algún valor añadido tiene Cataluña, ese es la capacidad de integración para con los recién llegados y la consecuente cohesión social que eso genera. No es baladí aquella frase acuñada, según parece en las entrañas de la Asamblea de Cataluña, en los albores de la Transición, que decía: es catalán quien vive y trabaja en Cataluña y que después, como tantas cosas, hizo suya Jordi Pujol.


Sin embargo, de un tiempo para acá el clima político en Cataluña, poco a poco, se va haciendo irrespirable. La máquina de expender carnets de buenos y malos catalanes funciona a destajo. Por eso, el libro recientemente publicado bajo el titulado Catalunya al mirall de la immigració. Demografia i identitat nacional (L'Avenç), ha llegado como agua de mayo. Se trata de una obra de Andreu Domingo que analiza la evolución de la población catalana desde principios del siglo XX hasta la actualidad. Es una fotografía de la Cataluña actual a partir de la inmigración. Un libro exhaustivo que, como dice la socióloga Judit Carrera, a partir del caso catalán, recorre muchos de los debates políticos, jurídicos y culturales vinculados a la inmigración en las sociedades occidentales de las últimas décadas.

Desde mi punto de vista, la importancia de libro la constituye el retrato demográfico que hace de Cataluña, la fotografía real de quiénes somos. Cuando estamos viviendo una época de tanta especulación e incerteza, reconforta hallar una constatación plausible de nuestra realidad demográfica, puesto que y sin la cual no se puede tener una idea correcta de la sociedad en que vivimos.

No se puede entender la evolución de Cataluña sin la inmigración. Ésta es tierra de tránsito, pero también de acogida resulta poco cuestionable. Además, en el libro se constata que las principales olas migratorias del siglo XX han sido determinantes para la Cataluña actual. Sin los tres grandes movimientos migratorios del siglo XX, el del primer tercio de siglo, el sucedido durante el franquismo y el más reciente, de finales de los años noventa y principios del siglo XXI. Cataluña no hubiera pasado de los 2 millones de habitantes en 1901 a los 7,5 millones actuales.

Estos datos y otros como los resultados de la seudoconsulta del 9 N (más de cuatro millones de ciudadanos nos quedamos en casa) deberían ser tenidos en cuenta a la hora de elaborar un proyecto de futuro para Cataluña. Sin embargo, Artur Mas (tal como anunció, de forma tácita, en su Conferencia en el Auditori el pasado 25 de noviembre) ha abdicado de presidente de todos los catalanes y ha decidido serlo sólo de una parte: aquellos que aspiran a un estado propio. Y si bien, eso es absolutamente legítimo en un líder de un partido político, es inadmisible en un presidente que lo debe ser de todos los ciudadanos.

Una cosa hay que reconocer: Mas, al fin, las puesto las cartas boca arriba y ha aparcado la ambigüedad que venía utilizando desde el 25 N de 2012. Ahora ya sabemos cuales son sus intenciones: programa único de los partidos con aspiraciones soberanistas, elecciones plebiscitarias, 18 meses de aquelarre independentista y después otra vez elecciones. Mientras seguirán los desahucios, la sanidad empantanada, las listas de espera creciendo, la educación bajo mínimos y los servicios sociales en proceso de extinción.

Siempre he sentido desconfianza por los salvapatrias, pero cuando además se dan aires mesiánicos me inspiran pavor. Estoy absolutamente convencido de que Artur Mas fracasará en sus aspiraciones, porque como decía Guerra (el torero) “lo que no puede ser, no puede ser y además es imposible”. En cambio, es muy posible que pase a la historia como el personaje que se cargó la cohesión social, rompiendo así la convivencia del país.

Son cosas que aunque parezcan increíbles, suceden.



Bernardo Fernández

Publicado en Crónica Global 27/11/14



26 de novembre 2014

GANAR TIEMPO

La vida suele tener giros inesperados y la política, que es una actividad más dentro de ese inmenso conglomerado, no es una excepción. Por eso, cuando días atrás, parecía que el 9-N podía ser una jornada de desbarajuste e incluso de cierta violencia, a muchos no les llegaba la camisa al cuerpo. Sin embargo, resultó que no.


Que fue una jornada pacífica, llena de civismo, donde se demostró que el independentismo no es tan mayoritario como se pretendía. La consecuencia puede ser que, casi sin quererlo, estemos en el principio de la solución.

Seamos claros: si alguien ha salido victorioso de la seudoconsulta del 9-N, ha sido Artur Mas. De ahí, el ataque de celos de Oriol Junqueras que se ha visto desbordado por la iniciativa del president. Asimismo, el desconcierto se ha adueñado de ICV-EUiA y si días antes y, durante el 9 N, Joan Herrera pedía elecciones anticipadas, ahora ha echado el freno y parece haber olvidado su demanda. Por su parte, los antisistema de la CUP desde su autismo político piden elecciones constituyentes de forma inmediata. Y, mientras esto sucede, Mas gana tiempo, medita si avanza las elecciones, valora si descarta o no las “plebiscitarias” y se concede un respiro al pairo de los recelos de los hasta ahora compañeros de viaje.

ERC ya había anunciado que no votaría los próximos presupuestos, y eso es un serio problema para el Govern, Por eso, el PSC, que necesita, como agua de mayo, recomponer su maltrecha situación, se ha ofrecido para acordar un pacto estable de legislatura. Iceta, primer secretario del los socialistas catalanes, brinda tranquilidad a cambio de que Mas renuncie a avanzar las elecciones y a iniciar aventuras independentistas que no sean una consulta legal y acordada. No cabe duda de que si este acuerdo cuajara, sería, también, el triunfo del seny.

De todos modos, el próximo, 25 de noviembre, Mas tiene previsto un gran acto con la sociedad civil en Barcelona, allí anunciará su hoja de ruta definitiva. Pero eso, será justo después del fin de semana en el que el democristiano Durán i Lleida tiene previstas unas jornadas en las que presumiblemente presentará “urbi et orbe” la refundación del centro.

Así pues, lo que nos deparen este próximo fin de semana y el inicio de la próxima, puede ser apasionante. Además, ya sabemos que a Artur Mas le gusta sorprender.



Bernardo Fernández

Publicado en ABC 19/11/14

ALGUNAS LECCIONES DEL 9 N

La consulta alternativa o proceso participativo del 9 N ha servido, al menos, para extraer alguna que otra lección sobre lo sucedido, despejar algunas incógnitas del futuro político inmediato de Cataluña y, también, para desmitificar algunas creencias, aunque me temo que esto ni va a gustar ni lo van a hacer en determinados sectores políticos.


La primera conclusión a la que debemos llegar es que más de 2 millones de personas ejerciendo su derecho a voto, aunque fuese sin las mínimas garantías de un Estado de derecho, son mucha gente como para no tenerlo en cuenta. Ahora bien, 4 millones largos de ciudadanos quedándose en casa sin participar, son, también, mucha gente y tanto una cifra como otra debería hacer reflexionar a tirios y troyanos.

Otras lección a extraer del 9 N, es que, al no poderse utilizar en esta ocasión el censo, debemos dar como buenas las cifras que ha ido dando el Centre d’Estudis d’Opinió (CEO). Según esos datos la participación fue de un 37%, inferior por tanto, a cualquier proceso electoral de los que, hasta la fecha, se han celebrado por estos pagos, y los votantes del si-si, es decir aquellos que están por la independencia, haciendo las extrapolaciones pertinentes representarían un 28% de los ciudadanos con derecho a participar en esta seudoconsulta. Esa es la realidad, después cada uno la pueda vestir como se le antoje.

En este contexto, resultan sumamente interesantes y clarificadores los resultados en función de los diversos territorios que conforman Cataluña. Así por ejemplo, una amplísima zona costera arroja un muy bajo nivel de voto independentista, lo mismo que sucede en las zonas más industrializadas. En cambio, en la Cataluña catalana el independentismo avanza de forma significativa, pero sólo logra una mayoría sustancial en 4 de las 41 comarcas en que se distribuye el territorio. Por otra parte, en el Área Metropolitana de Barcelona. ha habido lugares donde el voto independentista no ha llegado al 20% de los votos emitidos y la participación no ha superado el 25%,del electorado potencial y no olvidemos que en esa demarcación vive casi el 55% del total de la población catalana.

Otra consecuencia innegable es que el gran beneficiado de este proceso participativo es, sin lugar a dudas, Artur Mas. Ciertamente, él se la jugó y sus compañeros de apuesta (ERC,IC, y la CUP), en un principio, se mostraron muy reacios a aceptar el sucedáneo de consulta cuando el Tribunal Constitucional suspendió la convocatoria original. Después, y a remolque de los acontecimientos, tuvieron que aceptar este proceso por la vía de los hechos consumados.

En estas circunstancias, Mas consigue alejar del horizonte más inmediato la amenaza de unas elecciones y se da tiempo así mismo y a su partido, que buena falta les hace. Aunque deja en el aire la posibilidad de unas supuestas plebiscitarias como posible espantajo para utilizar cuando convenga.

Otra lección que no debemos minusvalorar de todo este affaire es la reacción que la consulta ha tenido en las cancillerías europeas. Nadie ha hecho ningún comentario más allá del ya consabido “asunto interno”.

Somos muchos los que, desde hace mucho tiempo, estamos apostando por el dialogo, el pacto y el acuerdo. Por eso, Mariano Rajoy debería abandonar la tentación de acudir a los tribunales, dejar de enrocarse y saltar a la arena política, que es donde debe estar un presidente de gobierno. Pero, lamentablemente, le ha faltado tiempo para echar un jarro de agua fría sobre las aspiraciones de los catalanes y ya ha advertido que no se moverá.

Quizás hay que ser iluso para esperar algún gesto de acercamiento o distensión de aquellos que orquestaron una feroz campaña, recogiendo firmas por toda España para atacar al anterior gobierno utilizando Cataluña y sus aspiraciones de autogobierno como arma arrojadiza.

De todos modos, como sostiene Herrero de Miñón, "Ni una sentencia del Tribunal Constitucional ni ninguna ley pueden negar la realidad nacional catalana, pero tampoco puede disolverse un estado desde el marco legal. La presente crisis requiere una solución política, necesariamente negociada".

Para que esto no acabe como el rosario de la aurora, es esencial que exista una voluntad real de superar la crisis, pero también es verdad que tanto en Barcelona como en Madrid hay quien sueña aquello de "cuanto peor mejor". Y no parece que, por ahora, exista demasiada voluntad política para el acuerdo. Llegar a una mesa de negociación requiere ir sin condicionantes previos y con ganas de pacto. Sin embargo, no se vislumbra predisposición ni en unos ni en otros para rebajar la tensión. Al menos, no lo parece. Asimismo, sería muy conveniente empezar moderando el lenguaje institucional. Artur Mas no puede ser humillado, Rajoy, tampoco. No puede haber vencedores ni vencidos.

Es verdad que las oportunidades se están acabando. No obstante, soy optimista y quiero creer que aún estamos a tiempo.


Bernardo Fernández

Publicado en Crónica Global 18/11/14





07 de novembre 2014

EL EMBROLLO POLÍTICO CATALÁN

Dicen que la política es el arte de lo posible. Visto así, no parece que, la iniciativa de Artur Mas lanzando su órdago soberanista, cuando el Partido Popular goza de una cómoda mayoría parlamentaria, con la que da soporte al gobierno, sea demasiado inteligente. Quizá hubiera sido más hábil y rentable a medio plazo, madurar la situación (como hizo la National Conversation en Escocia) hasta que llegue el momento en que el PP pierda la mayoría absoluta y tenga, entonces, necesidad de llegar a acuerdos con otras fuerzas políticas.


Por eso, no acaba de explicarse la precipitación, en todo este affaire de los nacionalistas catalanes de CiU, avezados como son, dado el largo tiempo que llevan en altas responsabilidades políticas, en tácticas y estrategias.

Así pues, no se acaba de entender ese todo o nada de Artur Mas y su equipo, a menos que de lo que se pretenda con esta huida a ninguna parte, sea tapar un desastre con otro desastre aún mayor.

Según un informe que bajo el título Independents de quí? ha elaborado la Plataforma Auditoría Ciudadana de la Lengua, y se ha hecho público recientemente, la Generalitat está, prácticamente en quiebra técnica. Desde que, en 2010, CiU volvió al Palau de la Generalitat los presupuestos se han reducido en casi 8.000 millones de euros y eso ha significado recortes en todos los departamentos. En Sanidad se ha recortado un 31%, un 29% en educación y un 62% en Vivienda, entre otros. Y eso es lo mismo que decir que se han perdido camas hospitalarias, que las listas de espera han aumentado, que las plantillas de profesores no se completan como corresponde y por tanto la enseñanza se devalúa, por no hablar de la tijera utilizada en la práctica totalidad de los servicios sociales.

Como sostenía en estas mismas páginas recientemente el acreditado economista José María Gay de Liébana: “la Gestión del Gobierno de Cataluña ha sido realmente mala a lo largo de estos años. No se trata ahora de decir quién ha hecho qué, sino simplemente decir que Cataluña se ha gestionado francamente muy mal”.

Eso ha hecho que la deuda de la Generalitat se ha incrementado en 9.500 millones y a finales de 2014 esa deuda superará los 62.000 millones de euros.

Pero es que además el gobierno catalán tiene una cuantiosa deuda oculta con cargo a ejercicios futuros. Concesiones de derechos de superficie, peajes a la sombra y un largo etcétera, han sido utilizados de forma tan alegre como irresponsable y eso, equivale a que nuestra deuda se extienda, como mínimo, hasta 2108.

En esas circunstancias, lo razonable sería intentar negociar con quien tiene la paella por el mango, que en estos momentos es el gobierno central. Y como dice el reconocido académico antes citado: ”no se puede ir con cara de'pomes agres', sino con alegría. Que es justo lo que hacen los mandatarios catalanes cuando van a Madrid.: ir con cara de'pomes agres'. O lo que es peor: con ínfulas de superioridad.

Sea como sea, el ejecutivo de Mariano Rajoy no está exento de responsabilidad en todo este embrollo. Más pronto que tarde España deberá afrontar desde la legitimidad política la cuestión catalana, aunque la legalidad lo impida. Que nadie lo dude: la situación se irá enquistando y llegará un momento que política y socialmente será insostenible por los efectos nocivos que genere. Como dice Alberto López Basaguren, experto en procesos secesionistas: “Es cierto que nada se puede hacer fuera de la legalidad, pero quien la defiende debe justificar su legitimidad. La Constitución es reacia a los referéndums, pero se pueden explorar un consenso mayoritario sobre qué condiciones y cono qué requisitos se puede celebrar”.

De todos modos, para entender el embrollo político catalán, es imprescindible saber que estamos a los pies de los caballos, como consecuencia de la nefasta gestión económica que ha llevado a cabo el Gobierno de Artur Mas. De igual manera, no debemos olvidar la campaña de descrédito, contra Cataluña impulsada por el Partido Popular cundo estaba en la oposición y el recurso contra el Estatuto que presentó ante el Tribunal Constitucional. Aquellos polvos trajeron estos lodos.

Sin duda, un análisis sereno y exhaustivo, nos hará comprender mejor la situación. No obstante, lo que ahora importa, es como deshacer ese embrollo.

Esa es la cuestión.



Bernardo Fernández

Publicado en Crónica Global 01/11!2014

TRISTE BALANCE

Artur Mas ganó las elecciones al Parlament de Cataluña de 2010, utilizando tres ideas fuerza: poner orden en el desbarajuste de los gobiernos de izquierda, lograr una financiación para Cataluña, equiparable al Concierto Vasco y reducir el paro a la mitad. Sin embargo, la realidad, cuatro años después, es substancialmente diferente a lo que nos había prometido Mas. Veamos.


Desde que CiU volvió al Govern los presupuestos de la Generalitat se han reducido en casi 8.000 millones de euros y eso ha significado recortes en todos los departamentos. En Sanidad se ha recortado un 31%, un 29% en educación y un 62% en Vivienda, entre otros. Y claro, eso supone perdida de camas hospitalarias, más listas de espera, no completar las plantillas de profesores, devaluar la enseñanza, y recortar los servicios sociales además de otras minucias.

De forma simultánea la deuda de la Generalitat se ha incrementado en 9.500 millones y a finales de 2014 esa deuda superará los 62.000 millones de euros. ¿Toda esta catástrofe financiera es responsabilidad exclusiva del Govern de la Generalitat? Evidentemente, no. Tiene mucha responsabilidad el Gobierno central con la imposición de políticas austericidas a las comunidades autónomas y su afán recentralizador.

Ahora bien, la responsabilidad de Artur Mas y los suyos no es menor. Por ejemplo: si no se hubieran rebajado los impuestos se Sucesiones y Patrimonio se habrían recaudado unos 3.400 millones más con los que se hubiera podido atenuar la deuda y/o evitar algún recorte.

De hecho, en 2012, Mas ya intentó una huida hacia adelante y convocó elecciones para obtener “una mayoría excepcional” que le permitiera negociar con más respaldos en Madrid. Pero la realidad es tozuda y en aquel trance perdió 12 diputados, pero lejos de enmendar se echó en brazos de ERC y su radicalidad independentista cuando él, de ser ideológicamente algo, siempre había sido un nacionalista liberal.

Aquellos polvos trajeron estos lodos y es que, además de todo eso, la Generalitat tiene una cuantiosa deuda oculta con cargo a ejercicios futuros. Concesiones de derechos de superficie, peajes a la sombra y un largo etcétera, han sido utilizados alegre e irresponsablemente. Todo eso, significa que tenemos el futuro hipotecado, como mínimo, hasta 2108. Pero que no cunda el pánico, con la consulta alternativa, las elecciones plebiscitarias y la declaración unilateral de independencia, todo estará solucionado. La lástima es que nadie nos tendrá en cuenta.

Bernardo Fernández

Publicado en ABC 29/10/14

21 d’octubre 2014

OCURRENCIAS

Incluso desde bastante tiempo antes de ser oficialmente convocada, todo el mundo sabía que la consulta del 9 N no se iba a celebrar. Todo el mundo, excepto Artur Mas y algunos de sus más acérrimos acólitos. O al menos eso es lo que nos han querido hacer creer.


La verdad es que ni propios ni extraños acaban de entender la jugada del presidente Mas: cambiar la consulta prevista, por otra que no tiene las mínimas garantías ni democráticas ni de legalidad. Él había dicho hasta la saciedad que el 9 N se votaría dentro de la legalidad. Y, ahora, pocos días después de haber firmado el decreto convocando a las urnas, se descuelga diciendo que la consulta no se puede hacer. ¿Acaso no había previsto la que se le venía encima? Pensaba qué aprobar una ley y firmar un decreto es algo inocuo y sin más trascendencia? ¿Alguien en su sano juicio había llegado a imaginar que el Gobierno central se quedaría de brazos cruzados?

La cantidad de preguntas que se podrían hacer es casi infinita, pero cuesta creer que los cerebros pensantes del soberanismo catalán, no tuvieran un plan B debajo de la mesa ni un triste conejo que sacarse de la chistera.

El presidente ha sorprendido planteando, ahora, un proceso de participación ciudadana utilizando la cobertura legal que le otorga la Constitución y el Estatut. El artículo 9.2 de la Constitución prevé que los poderes públicos "faciliten la participación de todos los ciudadanos en la vida política, económica, cultural y social". Según el artículo 43 del Estatut los poderes públicos han de promover la participación social en la elaboración, la prestación y la evaluación de las políticas públicas". También el Govern se podría acoger a la ley 10/2014 de consultas populares no refrendarias y "otras formas de participación política" en los artículos no suspendidos por el Tribunal Constitucional. De todos modos, no deja de ser curioso que pretenda utilizar una Constitución que desdeña y. que ha pretendido incumplir

Tanto la clase política como la ciudadanía han quedado estupefactos con este sucedáneo de consulta del que sólo se ha concretado que habrá “locales, urnas y papeletas”. Además el gobierno de la Generalitat dará un margen de 15 días para ejercer el voto. Si es así, el surrealismo puede llegar a cotas insospechadas.

En cualquier caso, Mas ha renunciado a la legalidad para adentrarse en el proceloso mundo de una consulta participativa. O sea, un simulacro de votación con carencias de todo tipo, y, así, es impensable que nadie en sus cabales le dé credibilidad alguna.

Con esta ocurrencia (como dijo la vicepresidenta del gobierno, Soraya Sanez de Santamaría), Artur Mas ha abierto la caja de los truenos y ha tenido la virtud de ponerse a todos los compañeros de su irresponsable viaje a Ítaca en contra. Hasta Unió su socio de coalición, por boca de Ramón Espadaler, su actual líder, tuvieron que hacer una difícil finta para no rechazar de plano la salida del presidente, pero si descartaron sin ambages el adelanto electoral y la declaración unilateral de independencia.

Por otra parte, el enfado en ERC es monumental y por más quieran poner paños calientes, han marcado distancias con la iniciativa y piden volver al pacto inicial o que se convoquen elecciones lo antes posible. Los chicos de la CUP se niegan a perder su 9 N y creen que aún es posible retomar el camino (son cosas que a veces suceden cuando no se tiene la suficiente experiencia política). Y los eco socialistas están que trinan porque piensan –y no les falta razón- que todo esto es una maniobra de Mas para salvarse él y salvar a Convergencia. Hasta el Ejecutivo de Rajoy ha quedado descolocado puesto que no sabe como recurrir algo que no lleva implícitos actos legales.

De todos modos, quien ha vuelto a demostrar sentido común y sensatez es Josep Antoni Durán i Lleida. Desde su exilio dorado en el Congreso de los Diputados, ha puesto de manifiesto que dará soporte a lo que esté dentro de la legalidad. Y, a la vez, ha dejado diametralmente claro que si no se vota, no es porque no se quiera, si no porque no se puede. Asimismo, ha reiterado que lo que hace falta es una solución política a un problema político. Y es qué como están las cosas, de una vez por todas, Mariano Rajoy debería mover ficha. Visto lo visto, el inmovilismo y las ocurrencias están de más, aquí y allí.



Bernardo Fernández

Publicado en Crónica Global 19/10/2014

09 d’octubre 2014

REPETIR LA HISTORIA

Se acaban de cumplir 80 años de ”Els Fets d’Octubre”. Ya saben: el 6 de octubre de 1934, el president Lluis Companys, para hacerse perdonar su escaso pedigrí catalanista –según dicen algunos-, puso en marcha un golpe separatista, proclamando el Estado Catalán dentro de la República Federal Española. Que duró, como dice Joaquín Sabina, “lo que duran dos peces de hielo en un whisky on the rocks” y que acabó con casi todo el gobierno en la cárcel, a excepción de algún que otro honorable, como el consejero Josep Dencàs, uno de los ideólogos de la trama, huyendo por las cloacas.


Entre aquellos hechos y la situación actual, ciertamente, existen similitudes, como por ejemplo que el pueblo estaba pagando las consecuencias del crac del 29, entonces y ahora estamos apechugando con los efectos de la crisis económica. Asimismo, se vivía un fuerte enfrentamiento por la Ley Contratas, en aquellos días y hoy la desafección de la ciudadanía por la sentencia del Estatut por parte del Tribunal Constitucional es el origen de gran parte del malestar que aqueja a la sociedad catalana.

También existen, entre aquel ayer y nuestro hoy, diferencias notables como que hoy el movimiento secesionista impulsado por la ANC y Omnimu Cultural tiene un fuerte arraigo social y, en cambio, lo del 6 de octubre fue algo, casi en exclusiva, de las élites políticas del momento. Prueba evidente es que a las pocas horas de la proclamación de Estado Catalán, la Plaza Sant Jaume que había estado abarrotada, quedó desierta y Companys rodeado de unos cuantos acólitos y poco más.

“Los pueblos que olvidan su historia están condenados a repetirla”, dice un adagio popular. Pues bien, de momento, tras una reunión de más de siete horas, el Govern y las fuerzas políticas que dan soporte al proceso, anunciaron además de una inquebrantable unidad (recordemos aquel refrán que dice “dime de qué presumes y te diré de lo que careces”), su determinación para que se pueda votar el próximo 9 de noviembre. Y eso, en las circunstancias actuales, sólo se puede hacer en la más absoluta ilegalidad. O sea que la historia de no pararse en barras y franquear los límites puede volver a repetirse.

Para el catedrático de Derecho Constitucional Francesc de Carreras “esto sólo puede acabar mal o muy mal”. Lo lamentable es que el acreditado académico acabará teniendo razón.



Bernardo Fernández

Publicado en ABC 08/10/14

01 d’octubre 2014

PREGUNTAS SIN RESPUESTAS

En Cataluña estamos viviendo un tiempo político esperpéntico. Si ahora llegará a nuestro país alguien ajeno a cuanto aquí sucede, podría pensar que los catalanes hemos perdido el oremus, y no es verdad. Todo lo contrario, los catalanes somos un pueblo de gente sensata y muy equilibrada. El problema reside en un puñado de dirigentes políticos que parece que han perdido la chaveta. Pero sirvan para ilustrar semejante afirmación algunos ejemplos.


El pasado 26 de septiembre compareció en el Parlamento catalán el ex presidente Jordi Pujol, en teoría, para dar explicaciones sobre el fraude fiscal cometido en los últimos 34 años y que el mismo confesó el pasado 25 de julio. Pues bien, en la primera intervención de su comparecencia, más allá de justificar la actitud de su padre, también, como él, defraudador fiscal y explicar su trayectoria política, no aclaró nada. En su segunda intervención, en vez de contestar a las preguntas de los diferentes grupos parlamentarios y dejar sin respuesta interpelaciones tales como si su fortuna estaba vinculada a Banca Catalana, si el dinero depositado en le extranjero había generado más ingresos o porqué tardó tanto en regularizar su fortuna, se dedicó a abroncar a los diputados por sus preguntas y actitud. Sencillamente inaudito y, por consiguiente, huelga cualquier comentario.

Sin solución de continuidad, al día siguiente (casualidad o no, que cada cual opine lo crea conveniente), el presidente Artur Mas firmaba el Decreto que convoca a votar a los ciudadanos el próximo 9 de noviembre.

No entraré en el debate de la legalidad o ilegalidad de la convocatoria y no quiero perderme en martingalas jurídicas. No obstante, si quisiera hacer alguna referencia. La primera es aquella frase de Carlos Marx según la cual “la historia se repite dos veces: la primera como tragedia, la segunda como farsa”. Otra es que nunca habíamos llegado tan lejos. Es la primera vez que se convoca a la ciudadanía para que diga si Cataluña ha de ser un Estado independiente. En 1931 el presidente Macià proclamó la República catalana como Estado independiente de la federación ibérica. Por su parte, el presidente Compnays, en 1934, proclamó el Estado catalán dentro de la república federal española. Ambas proclamaciones tuvieron un cortísimo recorrido. Unos días la primera y unas horas la segunda. Sin embargo, las consecuencias negativas que conllevaron se dejaron sentir durante mucho tiempo. Lo que se derive de la convocatoria de Artur Mas para el 9 N, tardaremos años en digerirlo (frustración en la ciudadanía, desencanto hacia la política y descrédito del país, entre otros efectos).

Además, desde determinados estamentos y medios de comunicación se habla de día histórico, por la firma del Decreto que convoca a la consulta, cuando, a mi entender, más bien parece un desafío efímero, una aberración política y una felonía jurídica.

De todos modos, considero que como ciudadanos de a pie lo que de verdad nos debe preocupar es el día de después. Es decir, podemos admitir como hipótesis de trabajo que más pronto o más tarde Cataluña sea independiente y, en ese supuesto –harto improbable-, plantear interrogantes que los secesionistas siempre eluden o responden con evasivas o eufemismos. ¿Qué sucedería con Cataluña fuera de la UE y sin el paraguas del BCE? ¿Cuál sería la actitud de las grandes empresas y de las grandes corporaciones financieras? ¿Qué prima de riesgo nos aplicarían los mercados? ¿Qué sucedería con el flujo comercial que mantenemos con España y los puestos de trabajo que ese flujo genera? ¿Se podrían pagar las pensiones? ¿Cómo haríamos frente a nuestra deuda que y muy pronto superará los 61.000 millones?

Es obvio que se pueden hacer preguntas hasta la saciedad y que o no tienen respuesta o ponen la piel de gallina. Seamos honestos y digamos la verdad a los ciudadanos sobre una hipotética independencia. Éstos son lo suficientemente maduros y sabrán valorar las cosas en su justo término. Estoy seguro de que con la verdad por delante, la cordura y la sensatez acabarán imponiéndose. Pero para que eso sea posible sobra la manipulación.



Bernardo Fernández

Publicado el Crónica Global 30/09/14



23 de setembre 2014

Y EL 10 N, ¿QUÉ?

Que la manifestación, celebrada en Barcelona el pasado día 11, en favor del mal llamado derecho a decidir fue un éxito es incuestionable. Así pues, justo es reconocer la gran capacidad de movilización de las entidades convocantes que, por tercer año consecutivo, han logrado movilizar a cientos de miles de ciudadanos en pos de un objetivo determinado. De todos modos, los organizadores deberían admitir que sin la inestimable colaboración institucional y el soporte incondicional de los medios de comunicación públicos y de los que pacen a la sombra del poder ese logro hubiera sido imposible.


Y ahora, ¿qué? Se pregunta los ciudadanos de buena fe. Pues ahora, lo deseable sería que Rajoy y Mas se sentarán a dialogar y no se levantaran de la mesa de negociación hasta llegar a un acuerdo asumible para ambas partes, sin vencedores ni vencidos, pero mucho me temo que eso no va a suceder. En esas circunstancias, lo más plausible es que el “President” convoque la Consulta y el Gobierno la impugne y la envíe al Tribunal Constitucional que la prohibirá de oficio de forma cautelar.

Entonces, si Artur Mas no está dispuesto a prevaricar y saltarse la legalidad (cosa que parece bastante improbable), tendremos un mes de octubre agónico, con declaraciones y contra declaraciones, dimes y diretes. Tampoco faltarán avisos y amenazas de aquí y de allí, así como llamamientos a la desobediencia civil e incluso, es posible, algún intento de huelga general o alguna insensatez por el estilo.

En cualquier caso, el 10 N a Artur Mas se le abren diversas posibilidades: puede intentar seguir gobernando como hasta ahora con apoyos puntuales. Puede intentar un gobierno de coalición o concertación, ciertamente difícil o quizá se vea forzado a convocar elecciones, lo más probable. Plebiscitarias o no, está por ver

Pero los ciudadanos de a pie hemos de seguir conviviendo. Los independentistas y los que no, deberemos seguir acudiendo a la sanidad pública que está hecha unos zorros. Nuestros hijos se deberán seguir formando en centros que si continúan abiertos es gracias al empeño de los profesionales para que la enseñanza funcione. Al salir a la calle o al tomar café nos encontraremos con alguno de esos 570.000 conciudadanos que buscan trabajo y no lo encuentran.

Eso es lo importante: la cohesión social, lo otro son zarandajas y ganas de asomarse al vacío.



Bernardo Fernández

Publicado en ABC 17/09/14

VOLVER A EMPEZAR

Hemos dejado atrás días de asueto y holganza propios del mes de agosto. Un mes de agosto con una climatología revuelta y convulsa. Tan revuelta y tan convulsa como la situación política que estamos viviendo como catalanes, españoles y europeos. Septiembre ha entrado con fuerza y aunque suene a frase manida, tendremos un otoño caliente. Yo diría que muy caliente.


Estamos en la antesala del 9 N, y en estos momentos el gobierno de la Generalitat es lo más parecido a una olla de grillos. Así por ejemplo, mientras el consejero de presidencia dice una cosa, el de territorio opina la contraria. La vicepresidenta afirma que la consulta no se celebrará si el Tribunal Constitucional (TC) no la permite y a las pocas horas el presidente afirma que él firmará el decreto y se podrá votar. De todos modos, lo más probable es que el TC suspenda la ley de consultas que el parlamento catalán aprobará en los próximos días y, en ese caso, todo quedaría en agua de borrajas. Salvo que Mas esté dispuesto a desacatar la legalidad, cosa impensable en un político con dos dedos de frente.

De todos modos, es imprevisible lo que puede suceder con unos partidos y unas entidades secesionistas envalentonados ante la expectativa de votar por la independencia. Pero es evidente que la frustración, el desencanto y el cabreo de una parte de la ciudadanía como consecuencia de una pésima gestión del gobierno autónomo están servidos, además de una más que segura inestabilidad política. Todo ello, adobado con el goteo constante de informaciones verídicas unas, hipotética y especulativas otras, sobre affaire Pujol y la familia.

A nivel nacional, los dos partidos hegemónicos hasta la presente, se juegan el ser o no ser en las próximas elecciones municipales y autonómicas del mes de mayo. Si las pasadas europeas fueron un ensayo para acabar con el bipartidismo, estos próximos comicios pueden ser la estocada final a una manera de hacer política que se viene practicando desde el ya lejano 1978. Tal vez por eso, el Gobierno ha marcado como una prioridad en su agenda una reforma de la ley electoral para elegir a los alcaldes, algo que evidentemente favorecería al PP.

En este contexto el Ejecutivo de Rajoy pondrá una marcha más a la actividad parlamentaria para aprobar leyes que hasta ahora han dormido olvidadas en algún cajón. Así por ejemplo, el Gobierno quiere ahora reducir al máximo el número de aforados, cuando lo rechazaba hace pocas semanas. De igual manera, leyes estrella como la introducción de la prisión permanente revisable en el Código Penal, la Ley del Poder Judicial, con sus medidas contra los jueces estrella o la Ley del aborto verán agilizada o no su tramitación parlamentaria no en función del interés general, que sería lo razonable, sino en función de la repercusión electoral que se prevea puedan tener. Así se gobierna un país.

Todo ello sazonado con un fuerte tufo a corrupción institucionalizada que no cesa por la displicencia con que se aborda el tema.

Pero es que la situación en Europa, no es más halagüeña. La política económica está estigmatizada por las recetas alemanas y son necesarios nuevos planteamientos para salir del agujero en el que estamos inmersos. Días atrás Mario Draghi advertía que la UE ha de cambiar de rumbo. Resultan ineludibles reformas estructurales, de forma especial en el mercado de trabajo. Esa parece ser la condición “sine quanon” para que Berlín acepte compras masivas de deuda pública y activos financieros.

Es evidente que la política de austeridad de la Unión está yendo demasiado lejos y hay que dar un volantazo. El problema es Alemania. Allí se resisten. En consecuencia, los nuevos mandatarios de la UE surgidos tras las elecciones europeas de antes del verano, deberían lograr aquello que no lograron sus predecesores en el cargo: que Merkel se lo crea y reme en la misma dirección que las otras cancillerías.

Por otra parte, la sombra del conflicto Rusia-Ucrania planea sobre la posible recuperación de la UE. Por eso, Duräo Barroso ha dicho que “estamos en una situación muy grave, dramática. Podríamos ver una situación en la que alcancemos un punto de no retorno”. Tras esta afirmación los comentarios huelgan.

Pero si elevamos la mirada, el panorama internacional no es nada reconfortante: con un Oriente medio que puede estallar de un momento a otro, con unos EEUU que no saben a que carta quedarse ni tienen a nadie que les quiera acompañar en sus aventuras intervencionistas y con un terrorismo islámico en alza.

Sintetizando mucho ésta es una visión global de la situación. Creo que no acabamos de ser conscientes de que estamos viviendo sobre un barril de pólvora del que penden diversas mechas, esperemos que no surja un descerebrado al que le dé por prender fuego en alguna de ellas. Sería fatal.



Bernardo Fernández

Publicado en Crónica Global 13/09/14

29 d’agost 2014

MOTIVACIONES POLÍTICAS

Admito mi error: durante mucho tiempo pensé que Jordi Pujol era un hombre de Estado, y pese a que no éramos del mismo credo político, me hubiera gustado compartir ideario y haber sido correligionarios. Después, en la VI Legislatura del Parlament de Cataluña (1999-2004), cuando el Molt Honrable prefirió pactar con el PP de Aznar, en vez de con la ERC de Carod Rovira, empecé a sospechar que Pujol no era, en realidad quien aparentaba ser: un gran estadista, sino más bien un contemporizador con grandes ínfulas, de gestos grandilocuentes y vuelo gallináceo.


El tiempo suele poner las cosas en su lugar y mis sospechas lamentablemente se han confirmado. Su confesión reconociendo su fraude al fisco invalida en gran medida su trayectoria. En consecuencia, independientemente de la calificación jurídica que se le dé al fraude, el juicio que más debe importar a la ciudadanía es el político. Por eso, argumentar como hizo Artur Mas que el fraude fiscal continuado durante 34 años de Jordi Pujol y su familia es “un tema estrictamente personal y familiar que nada tiene que ver con Convergencia”, es una falacia y una frivolidad que un gobernante no se debería permitir.

Es evidente que el oasis catalán era un espejismo, que las corruptelas y el clientelismo de aquí y de allí son homologables, y que el supuesto gran líder de la Cataluña reciente, no supo resistir ni a la tentación del dinero ni controlar a la familia. Además, resulta sorprendente que aquel que reclamaba una agencia tributaria propia, nos daba lecciones sobre lo divino y lo humano, que tenía como objetivo declarado “fer país” y reconstruir una nación, de forma simultanea evadía impuestos sin que los colores le subieran a la cara.

De todos modos, el colmo de la desfachatez se produjo días atrás, en su reaparición pública desde su retiro de Queralbs (Girona), cuando Pujol dijo que estaba a disposición de las instancias jurídicas y tributarias, mientras que en paralelo se estaba preparando su defensa jurídica sobre la base de que la investigación que se sigue contra él y sus hijos tiene sus orígenes en motivaciones políticas.

Tiempo tendremos para analizar como afecta la caída política de su principal icono al nacionalismo convergente, al movimiento secesionista y al conjunto de la política catalana. Pero hoy quedémonos con la desfachatez de las motivaciones políticas que no es un asunto menor.

Bernardo Fernández

Publicado en ABC 27/08/14

LA VIDA SIGUE IGUAL

La declaración auto inculpatoria de Jordi Pujol, las reacciones posteriores y la entrevista Rajoy-Mas han conmocionado, como hacía tiempo que no sucedía, a la sociedad catalana y a la española por el efecto vasos comunicantes.


Eso ha hecho que estos días medios de comunicación y redes sociales tengan material de sobra para llenar sus espacios, cosa poco habitual en estas fechas de canícula.

No obstante, como dice la popular canción, “La vida sigue igual”. El sol sigue saliendo por oriente y poniéndose por occidente. Y algunos, aunque caigan chuzos de punta, y tengan a más de medio mundo en contra, siguen empecinados en llevar sus proyectos a cabo.

Es el caso de Boi Ruiz, consejero de sanidad del Govern de Cataluña, decidido a luchar a brazo partido y contra los elementos para privatizar todo lo que sea privatizable de la sanidad pública catalana. Un servicio que hasta hace pocos años era referencia para muchos de los países más desarrollados y ahora está siendo desballestado.

Todo comenzó cuando Ruiz designó a Josep Prat presidente del ICS. A éste le faltó tiempo para anunciar que el ICS era “ineficiente e ingobernable”, su alternativa era obvia: derivar a la sanidad privada que –según dicen- no está burocratizada, pero si tiene ánimo de lucro, aquellos pacientes a los que se han de realizar intervenciones poco complejas.

El susodicho señor llevó a cabo un informe sobre las posibles fórmulas de privatización de las empresas públicas. Pues bien, en el citado documento se proponía desmantelar el ICS en una veintena de empresas y poner a disposición de la sanidad privada los ámbitos de salud de mayor rentabilidad.

Por otra parte, el presupuesto de la sanidad catalana ha descendido desde 2010 la minucia de 1500 millones de euros, o si se prefiere 200 euros por habitante. Este mes de agosto se cerraran 3100 camas que veremos si después se vuelven a abrir. A pesar de esas cifras, que hablan pos si solas, Ruiz afirma, sin que se le caiga la cara de vergüenza, que así se garantiza que la sanidad sea siempre pública.

Los mitos caen, las cosas cambian, la vida sigue igual o no, pero hay prestaciones que conviene preservar, la sanidad pública de calidad es una de ellas. Por consiguiente, como ciudadanos concienciados, haremos cuanto sea necesario para que Boi Ruiz no se salga con la suya.

Bernardo Fernández

Publicado en ABC 06/08/14

LA SOLUCIÓN ES POLÍTICA

Días atrás tuve la oportunidad de asistir a un encuentro de personas de cierto prestigio y relevancia social que no están por la independencia de Cataluña. Me sorprendió, y no gratamente, tanto la radicalidad de sus planteamientos, como el soporte que otorgaban al inmovilismo de Mariano Rajoy respecto la problema catalán. Salí de la reunión con muchas dudas y alguna certeza, como por ejemplo que lo más parecido a un nacionalista catalán es un nacionalista español.


Es verdad que la senda escogida por Attur Mas para hacer de Cataluña un Estado independiente no es un modelo a seguir. Recordemos: convocó elecciones anticipadas y perdió 12 de los 62 diputados que había obtenido en las anteriores. Durante la campaña no pronunció ni una sola vez la palabra independencia ni en su programa llevaba nada sobre el particular y, sin embargo, de entonces acá, parece que lo único que existe en Cataluña es la consulta sobre el eufemístico derecho a decidir con la mirada puesta en la manida independencia. Y en base a esa hipotética nueva realidad, desde el Gobierno se afanan en construir las denominadas estructuras de Estado tales como el Consell Asesor para la Transicional Nacional, el Diplocat o la hasta ahora fallida Agencia tributaria catalana entre otros, aportando medios humanos y económicos sin parase en barras, mientras por otro lado el Estado del bienestar está siendo desballestado y empieza a ser una caricatura de lo que fue.

No obstante, justo es reconocer que la realidad es tozuda y hace tan solo cuatro años apenas el 19% de la población catalana se declaraba soberanista, en cambio hoy, el 45% de los ciudadanos están por la independencia. El detonante de este cambio hay que buscarlo en la sentencia del Tribunal Constitucional sobre el Estatut hecha pública de julio de 2010, que unido a la crisis está a punto de romper las costuras del Estado.

Por otra parte, en Cataluña se tiene la percepción de un cierto ninguneo de buena parte de España hacia Cataluña. Da la sensación que el presidente Rajoy está secuestrado por una pléyade de asesores y desconoce la realidad catalana, si es que alguna vez tuvo conciencia de ella.

Viendo que la situación iba adquiriendo tintes preocupantes, una parte nada desdeñable de la sociedad civil hace tiempo que empezó a movilizarse para hallar soluciones al conflicto catalán. Así por ejemplo, directivos de grandes empresas han hecho llegar por escrito a Rajoy una propuesta en la que defienden que se tomen medidas para facilitar el encaje de Cataluña en España, evitando de ese modo el auge soberanista. Se sabe, también, que cuando no ha sido posible la línea directa con La Moncloa, se ha utilizado la vía del intermediario o mediador, en este caso en forma de políticos o empresarios cercanos al poder para hacer llegar iniciativas concretas que logren desbloquear las relaciones entre los Gobiernos de Madrid y Barcelona.

Con este panorama de fondo, no cabía esperar grandes resultados de la entrevista de los dos presidentes (que se ha celebrado con el affaire Pujos como fondo de pantalla). Artur Mas ha hecho llegar a su homólogo un documento con 23 temas de diverso calado que según él son el núcleo duro del enfrentamiento entre Cataluña y España. Como era de esperar de este encuentro no ha salido ninguna conclusión concreta, si bien el presidente de Cataluña ha reconocido que existe un buen clima de diálogo, pero falta de voluntad política para que se lleve a cabo la consulta. Con estas perspectivas Mas ha anunciado que la consulta se llevará a cabo bajo el paraguas de la legalidad de la ley catalana.

Parece que ambos personajes han sido superados por las circunstancias. Rajoy con la inacción ha permitido que el problema se enquistara. Mas, por su parte, se deslegitimó así mismo al plantear una consulta sin informar ni negociar con el Gobierno del Estado y, por tanto, carente de toda legalidad, y eso ha hecho que quedase a merced de la ANC y de los socios de ERC que han visto en él, “el tonto útil” que les está haciendo el trabajo sucio, sacando las castañas del fuego y los llevará en volandas a la Presidencia de la Generalitat.

Así las cosas, se ve con especial preocupación la vuelta de las vacaciones, ya que para la Diada -11 de septiembre-, se está preparando una manifestación en Barcelona que se prevé multitudinaria y pocos días después en el Parlamento catalán se aprobará la ley de consultas, con la que el Govern espera convocar la consulta del 9 de noviembre.

En estas circunstancias, los Gobiernos tienen la obligación de hallar espacios para negociar y dar una salida razonable al conflicto que está generando el “encaje” de Cataluña. En definitiva, estamos llegando a un punto de no retorno. El choque de trenes está servido sino cambian las cosas de aquí a noviembre. Para que eso no suceda, es necesario que los líderes políticos, de aquí y de allí, entiendan que la solución es política.

Al fin y al cabo, no debería ser tan difícil de comprender.



Bernardo Fernández

Publicado en Crónica Global 05/08/14

21 de juliol 2014

FUTUROS INCIERTOS

En los próximos días PSOE y PSC celebrarán sendos congresos extraordinarios, para ratificar a sus líderes que ya han sido elegidos por sufragio de todos los militantes. Pero, sobre todo, lo que debería salir de esos cónclaves es la argamasa necesaria para empezar a ensamblar un proyecto que reconecte al socialismo con la sociedad. Ya no valen ni los paños calientes ni las medias tintas.


Los resultados de las pasadas elecciones al parlamento europeo han puesto de manifiesto lo que se comentaba por los pasillos: una tremenda crisis y un alejamiento, sin precedentes, de los electores respecto a los partidos políticos, pero de forma muy especial respecto a los dos partidos mayoritarios.

Sin embargo, mientras el PP ha dado, o ha hecho ver que daba, carpetazo al asunto, cerraba filas y pasaba página, en el PSOE la tormenta alcanzó al ya debilitado secretario general, Alfredo Pérez Rubalcaba, que asumía como propia la derrota, presentaba la dimisión y convocaba un congreso para escoger un nuevo líder e intentar así reorientar la deriva de la organización. Por su parte, Pere Navarro, primer secretario del PSC, unos días después seguía los pasos del ya dimitido Rubalcaba.

No es ningún secreto que la izquierda clásica lleva tiempo desorientada, pero ha sido la irrupción de Podemos la que ha abierto en canal y puesto sobre la mesa las miserias de los que durante años han dirigido el destino de nuestro país.

A Podemos le ha bastado cuestionar el establishement para poner en jaque un sistema que parecía inalterable. Ahora, si quieren perdurar, deberán dotarse de mecanismos internos de funcionamiento eficaces, crear una alternativa creíble y, sobre todo, posible. Jugar sistemáticamente a la contra, suele dar resultados en el corto placismo, pero los vuelos gallináceos acostumbran a ser de breve recorrido.

Por su parte, el problema del socialismo español, no es tanto una cuestión de imagen y de líder, que si, sino de credibilidad y proyecto. Para Janet Yellen, presidenta de la Reserva Federal de Estados Unidos, la clave fundamental para recuperar credibilidad es explicar claramente lo que se está haciendo y para qué.

Resulta evidente que la crisis y su mala gestión han sido factores determinantes que han llevado a los socialistas al actual estado de frustración. No obstante, no se debería pasar por alto la alarmante retirada del tejido social y la dejación de los cuadros del partido que se ha ido produciendo sistemáticamente a lo largo de los años.

Además de todo esto, que no es poco, en Cataluña el órdago soberanista no tan solo ha desballestado el partido, sino que ha hecho aflorar los instintos más bajos de la política y ha puesto en marcha un proceso agónico de jibarización que está teniendo como consecuencias más inmediatas una perdida continua de capital humano y la proyección de una imagen patética.

Pero el problema de fondo es que la socialdemocracia europea lleva demasiado tiempo eludiendo dos temas tremendamente espinosos pero que tiene mucho que ver con su ADN. Uno, es entender el nuevo panorama generado tras la caída del comunismo y la transformación de las capacidades del Estado, mientras que el otro está íntimamente ligado con las profundas transformaciones sociales, como la deslocalización, desaparición de la clase obrera tradicional, emergencia de un nuevo proletariado de servicios, transformación de las estructuras familiares, sociedades crecientemente multiculturales y aumento de las desigualdades sociales. En este escenario, ciertamente complejo, la socialdemocracia ha sido incapaz de elaborar un proyecto ilusionante y acorde a los tiempos que nos han tocado vivir.

El socialismo, como lo conocemos hoy, lo tiene realmente complicado. En consecuencia, los partidos socialistas de nuestro país (PSOE y PSC) han de ser capaces de tejer una nueva mayoría. Y eso, sólo será posible si se dan respuestas a las necesidades de la sociedad actual. Por tanto, hay que proponer una agenda propia y creíble para abordar los múltiples problemas que nos acucian.

Es necesario un proyecto reformista que sea compartido por la gran mayoría de los socialdemócratas europeos, sólo así se podrán frenar los nuevos populismos rampantes. Hay que hacer propuestas que afronten los problemas de competitividad y de productividad y que, a su vez, sirven para crear empleo. Se deben poner sobre la mesa alternativas al austericismo que garanticen el futuro del modelo socioeconómico sobre bases justas y solidarias. Hay que luchar para acortar las distancias entre las diversas clases sociales, así como entre el “centro” del sistema social y la “periferia”.

Solo se recuperara la confianza y los votos si el socialismo tiene parte activa en la salida de la crisis y lo hace desde la izquierda. De igual forma, se deben afrontar con decisión los desafíos del cambio global: el tránsito de la economía industrial a la economía tecnológica, el mestizaje social derivado de la inmigración,

Es momento de escoger nuevos líderes y si son carismáticos y conectan con la ciudadanía mejor. Pero sobre todo, es momento de tejer complejidades y establecer un proyecto de izquierdas que de soluciones válidas y reales a la gran mayoría de la sociedad. De lo contrario los partidos socialistas tendrán futuros inciertos. Y quizá nosotros hayamos perdido la última oportunidad.



Bernardo Fernández

Publicado en Crónica Global 18/07/14

CAMBIAR PARA MEJORAR

Ser honesto sale caro. Eso es lo que le ha sucedido a Xavier Jiménez, jefe de Urgencias del hospital de la Vall d’Hebron. Pocos días después de denunciar el colapso del servicio en una carta dirigida al Instituto Catalán de Salud (ICS), fue destituido de sus funciones.


Jiménez cometió la osadía de advertir a las instituciones sanitarias correspondientes de que el volumen de trabajo de las urgencias y la falta de reubicación de pacientes hizo que diversas personas tuvieran que quedar aparcadas en los boxes de servicios hasta cinco días, a la espera de que se les facilitase una cama en planta. Sin embargo, para la gerencia el colapso ha sido fruto de “un pico inesperado” de pacientes que durante tres semanas han acudido a urgencias de forma no habitual. El celo del jefe del servicio ha sido recompensado con un cambio de funciones a un lugar menos relevante y quizá peor remunerado. Lamentablemente el caso de Jiménez no es un hecho aislado. En Cataluña se ha instalado el estás conmigo o estás contra mí.

Sea como fuere, lo cierto es que la Consejería de Salud admite que desde 2012 se han perdido 280 camas. Para los sindicatos en los últimos años son cerca de 1000 las camas evaporadas. Y la inversión sanitaria desde 2010 se ha reducido en más de 200 euros por persona.

Dice una máxima soberanista que derechos nacionales y sociales son indisociables. No seré yo quien niegue tal aseveración, pero la verdad es que mientras para los unos se pone toda la carne en el asador, aunque sea con más pena que gloria, los otros, los que tienen que ver con el bienestar, cada día están más dejados de la mano de Dios (léase aquí Govern de Cataluña).

Se supone que los cambios se hacen para mejorar. Pues bien, han transcurrido tres años y medio desde que Artur Mas llegó al Gobierno para “poner freno al desbarajuste que habían generado los gobiernos de izquierda y salir de la crisis”, dijeron entonces. Sin embargo, la sanidad está al borde del colapso. La educación hecha unos zorros, de políticas y servicios sociales mejor no hablar. El déficit público supera ya los 60.000 millones de euros y más de 600.000 conciudadanos están parados. ¿Alguien puede decir en qué hemos mejorado desde que CiU, con el soporte de ERC, gobierna Cataluña? Yo no.



Bernardo Fernández

Publicado en ABC 16/07/14

03 de juliol 2014

REINAR SOBRE UN POLVORÍN

Desde el pasado 19 de junio Felipe de Borbón y Grecia reina en España con el nombre de Felipe VI. Ciertamente no lo tendrá fácil el nuevo Monarca. Felipe VI (seguramente uno de los reyes más preparados de Europa) deberá enfrentarse a un horizonte complejo.


Según un informe publicado recientemente por la Fundación Alternativas bajo el título Informe sobre la democracia en España que ha dirigido Joaquín Estefanía, la insatisfacción con la democracia se sitúa en España 17 puntos por encima de la media europea; nuestro país tiene el porcentaje menor de ciudadanos satisfechos con el rumbo emprendido. Tan solo Grecia nos supera en desconfianza al Gobierno y al Parlamento nacionales. Además, la consideración de que la democracia es la mejor forma de gobierno ya no es unánime; y el respaldo a la economía de mercado ha dejado de ser mayoritario.

Con este panorama tan poco halagüeño de fondo Felipe VI ha iniciado su mandato que va a estar marcado, al menos en principio, por tres explosivos sociales con la espoleta activada. A saber: una crisis económica que está cambiando la faz de la sociedad, que está dejando mucha gente abandonada a su suerte. Una situación política que está poniendo en tela de juicio mucho de lo conseguido durante los últimos años (la universalización del Estado de bienestar, por ejemplo). Además, los grandes partidos dan la sensación de estar minados por la corrupción y eso, como es lógico, hace que los ciudadanos retiren la confianza a sus representantes. A estas dos cuestiones, hay que añadir el conflicto de la configuración territorial del Estado que venimos arrastrando, con intensidad diversa en función de la época, desde el siglo XIX

A grandes rasgos este es el panorama que ha encontrado el nuevo Monarca. La papeleta no es fácil, pero donde el Rey se la juega es en el órdago soberanista catalán. Las posiciones tanto del presidente Mas como del presidente Rajoy están absolutamente enrocadas. Uno porque pretende jugar al todo o nada y el otro porque se niega a mover ficha, y así no hay manera.

Con este panorama Felipe VI debería buscar y encontrar la manera para que se produjese el dialogo. Se debería partir de la base que hay que reconocer la realidad nacional catalana como una riqueza de nuestro país y no como un lastre. Asimismo, es necesario comprender que esta crisis sólo se resolverá mediante una solución política y que esa solución ha de ser negociada. Por tanto, las imposiciones no tienen cabida aquí

Es evidente que debe existir voluntad de "superar la crisis" y eso el Monarca lo puede propiciar. Se debe llegar a una mesa de negociación habiendo establecido un clima de confianza previo entre los dos gobiernos que permita rebajar la tensión. Ni Artur Mas ni Mariano Rajoy pueden ser humillados, no tanto por ellos, sino por lo que representan. De igual manera, tampoco, puede haber vencedores ni vencidos.

Para Felipe VI el asunto catalán puede ser lo que fue para su padre el 23 F. En consecuencia, vale la pena el esfuerzo porque con el, tal vez, vaya la corona.

Junto con este establecimiento de puentes para el dialogo el nuevo Rey deberá acometer una profunda reforma generacional institucional al estilo de las monarquías más avanzadas. Para ello, es imprescindible que se restablezca el normal funcionamiento de la Institución. De igual manera, sería deseable que la dotara del mismo nivel de transparencia que la monarquía británica, que en su página web detalla todos sus gastos, incluso el coste del papel higiénico.

Ciertamente en nuestro país el Rey reina pero no gobierna. La Constitución le atribuye la función de arbitrar y moderar. El resto le vendrá por añadidura. Las encuestas y sondeos de opinión realizados hasta la fecha indican que junto a la Reina es la persona mejor valorada de la familia real. Si se quiere ganar el respeto, la admiración y el cariño del pueblo, tendrá que perseverar para conseguirlo, oportunidades no le van a faltar. Si las aprovecha la institución monárquica perdurará en España, si por el contrario Felipe VI no está a la altura de las circunstancias y malbarata el póker de ases que el destino ha puesto en sus manos, más pronto que tarde presenciaremos el advenimiento de la III República. El tiempo dirá.



Bernardo Fernández

Publicado en Crónica Global 28/06/14

LA PRUEBA DEL ALGODÓN

Seguramente Pere Navarro no pasará a la historia como el líder del socialismo catalán mejor valorado. No obstante, nadie puede negar ni sus principios ni su honestidad política, como tampoco su voluntad de sumar las diversas sensibilidades del PSC. Por eso, tras alcanzar la primera secretaría del partido por un amplísimo margen, formó una comisión ejecutiva en la que se recogían las diferentes tendencias de la organización. Sin embargo, el ala más soberanista empezó de inmediato su acoso y derribo al primer secretario, probablemente porque éste no era de su cuerda. Navarro ha experimentado en primera persona aquella máxima de Winston Churchill, según la cual los adversarios están enfrente y los enemigos a la espalda.


Navarro se ha visto superado por los acontecimientos y ninguneado por sus adversarios, pero también por algunos de aquellos que decían darle apoyo. En esas circunstancias ha tomado la decisión más sensata: presentar la dimisión.

Con el primer secretario dimitido, lo más razonable hubiera sido que aquellos que le habían puesto en cuestión, aprovecharan la oportunidad para presentar una candidatura a la primera secretaria para hacerse con el control del partido. Pues no. No solo no presentan candidatura sino que Ignasi Elena, uno de los más beligerantes, ha decidido abandonar el partido (aunque, curiosamente, lo de entregar el acta de diputado se lo tiene que pensar).

En este nuevo escenario, el veterano Miquel Iceta ha presentado sus credenciales para primer secretario. Una elección que se hará por sufragio de todos los afilados, algo inédito en España. Otra vez el PSC vuelve a romper moldes y presenta fórmulas de democracia interna que tarde o temprano las otras fuerza políticas deberán adoptar.

Si Iceta finalmente es escogido primer secretario, no lo tendrá fácil. En mi opinión, debería empezar intentando repescar a los históricos del PSC. Si evita la escisión, habrá empezado a detener la hemorragia de votos. No obstante, como suele decir Raimon Obiols, “la gente guapa no gana elecciones”, aunque, en esta ocasión, quizá ayuden a no perderlas

El siguiente paso será el posicionamiento de los socialistas en la Ley de Consultas que se aprobará en septiembre. Esa será la prueba del algodón que puede determinar la trayectoria del PSC en los próximos tiempos. Una vez superada esa prueba, tiempo habrá para diseñar un proyecto que reconecte con la sociedad. Ahora se trata de salvar los muebles.



Bernardo Fernández

Publicado en ABC 25/06/14

CARTA ABIERTA A ALFREDO PÉREZ RUBALCABA



Para empezar, permite que te diga que soy militante del PSC porque nací y vivo en Cataluña, de haber nacido en Valencia, con toda probabilidad sería afiliado del PSPV o del PSOE si residiera en Andalucía. Por otra parte, quiero aprovechar la oportunidad que me brinda esta carta para mostrarte mi reconocimiento por tu larguísima trayectoria en los más diversos lugares de responsabilidad la frente del socialismo español y, a su vez, mi respeto por tu decisión de dimitir y admitir como propia la severa derrota que nos infligió la ciudadanía en las elecciones al parlamento europeo el pasado 25 de mayo.

De hecho, desde que Rodríguez Zapatero hincara la rodilla ante no se sabe bien qué o quienes para que España no fuera intervenida al estilo de Grecia, llevamos encadenadas una serie de derrotas a cual más abultada y dolorosa. Y, desde entonces e incluso antes, es una realidad poco discutible que estamos perdiendo, a marchas forzadas, el contacto con la sociedad. En consecuencia, o rectificamos el rumbo o dejaremos de ser, no alternativa real de gobierno que no lo somos, si no la fuerza hegemónica de la izquierda.

Por eso, y para evitar ese fiasco, en la medida que sea posible, me tomo la libertad de exponerte la siguiente reflexión:

Soy consejero nacional del PSC y como tal fui convocado por la dirección de mi partido para que diera mi opinión y votara como debía de proceder nuestro grupo parlamentario en el Parlamento de Cataluña sobre un tema de vital trascendencia como es el derecho a decidir. Así lo hice, como el conjunto del Consejo Nacional, y debo decir que me sentí especialmente satisfecho porque aquella era, sin duda, una acción de hondo calado democrático: dar a la militancia la voz y el voto para expresar su criterio y la línea política a seguir.

Ahora, hace pocas semanas, he vuelto a sentir orgullo de ser socialista por participar en un proceso electoral de primarias abiertas para elegir al alcaldable del PSC en Barcelona. Y, en breve, los militantes seremos convocados para dar nuestra opinión sobre quien ha de ser la persona que te sustituya como secretario/a general del partido. Pues bien, en honor a la verdad debo decir que estas iniciativas me enorgullecen porque más pronto que tarde el resto de formaciones políticas deberán seguir esta senda de participación y a nosotros nos quedará la modesta, pero honda satisfacción de haber sido los pioneros, también en esto.

Sin embargo, a fuer de sincero te diré que estoy tremendamente indignado por la decisión que habéis tomado en los máximos órganos de dirección del PSOE de dar, sin más, el plácet a la entronización de Felipe de Borbón como Felipe VI. Además, considero que no es de recibo decir que existe un gran consenso sobre el particular

Tras conocerse la abdicación miles y miles de personas salieron a la calle a pedir un referéndum o directamente la república y, nosotros, si queremos reconectar con la sociedad, situaciones como esta no las podemos obviar. Vivimos a caballo de una crisis económica que está cambiando muchas cosas. Las conquistas de los últimos años (la universalización del Estado del bienestar, por ejemplo) están en tela de juicio. Existe la sensación, fundada o no, de que la corrupción alcanza a todas las instituciones y la configuración territorial del Estado está por resolver. Con este panorama de fondo, no debe extrañar que se vea la República como una forma de Estado que dé solución a unos problemas que hasta ahora parecen irresolubles.

Como dicen desde Izquierda Unida: “No se pueden sustituir los derechos del pueblo por derechos de sangre”. Y aunque el nuevo Rey obtenga el 85% de los votos del Congreso, todos sabemos que esa votación no representará el sentir de la calle.

Alfredo: sabes perfectamente que los socialistas en ningún congreso hemos aprobado dar nuestro soporte a la Monarquía, tan sólo en la última Conferencia Política del pasado mes de noviembre se presentó una resolución que fue acogida con abucheos y silbidos puesto que daba apoyo a la institución monárquica, y, sin en alguna ocasión, hemos salido en su defensa ha sido coyunturalmente y es que los socialistas somos republicanos por definición.

Según el artículo 92 de la Constitución “las decisiones políticas de especial trascendencia podrán ser sometidas a referéndum consultivo de todos los ciudadanos”. ¿Acaso no es ésta una cuestión política de especial trascendencia? Además, si fuimos capaces de cambiar en un abrir y cerrar de ojos el artículo 135 para introducir la obligatoriedad del déficit cero, ¿no lo hubiéramos podido hacer ahora? Estoy convencido que sí.

La brecha entre representados y representantes cada vez es mayor. La percepción que tenemos muchos ciudadanos de a pie es que lo único importante para vosotros en estos es momentos es proteger al ex monarca para que no tenga problemas con la justicia. Habéis cercenado la posibilidad de que la ciudadanía opine sobre el modelo de Estado que quiere que la administre y que la represente. Apelar al sentimiento republicano, como has hecho tú, en tu intervención en el Congreso, y acto seguido votar en favor de la Monarquía, es, además, de un brindis al sol, un insulto a la inteligencia política.

Ciertamente, vivimos tiempos convulsos. Tu dimisión, la renuncia de renuncia de Susana Díaz a presentarse a primera secretaria, la negativa de Patxi López, de momento, a optar a dirigir el PSOE, la dimisión inesperada de Pere Navarro, abren espacios hasta ahora inédito en el socialismo español y catalán. Quien sabe si después de todo este tsunami político somos capaces de enhebrar un proyecto que vuelva a ilusiona a la ciudadanía.

Apreciado compañero, no te quepa la menor duda de que hay otra manera de hacer las cosas, conforme a nuestro ideario y sintonizando con la gente. Entiendo que por tu larguísima y brillante hoja de servicios al país y al socialismo te merecías otro tipo de despedida, pero tú has decidido salir por la puerta de servicio. Espero que los dioses de la coherencia te sean benévolos y algún día el pueblo te perdone. Mientras, los socialistas, a los que has representado, seguiremos vagando en el limbo ideológico, imaginando lo que pudo haber sido y no fue. De esa forma, la derecha liberada y sin oposición podrá terminar de desguazar el Estado del bienestar y seguir con sus reformas hasta convertir a los ciudadanos no ya en súbditos, si no en seres sin apenas derechos, a disposición de un bien superior: el capitalismo más inhumano y perverso.

Atentamente.



Bernardo Fernández

Publicado en Crónica Global 14/06/14


10 de juny 2014

PODEMOS



Podemos es consecuencia directa del movimiento 15 M, que tuvo su epicentro en mayo de 2011. Se constituyó como partido político hace tan solo tres meses, carece de órganos de dirección, no tiene afiliados y, sin embargo, 1,2 millones de ciudadanos le otorgaron su confianza en los pasados comicios europeos, y con ese soporte obtuvieron 5 escaños.

De hecho, Podemos quiere representar aquello que los ciudadanos vienen reclamando desde hace tiempo con insistencia: un cambio profundo en la manera de ser y de hacer de nuestros políticos. No está en cuestión la necesidad de que existan organizaciones políticas, lo que está en tela de juicio es el autismo de la clase dirigente y el corporativismo imperante entre aquellos que han sido elegidos para representarnos.

La lejanía e ineficiencia con que se perciben, por parte de la ciudadanía, las elecciones europeas han sido terreno abonado para castigar con el voto a los que gobiernan o a los que gobernaron en un pasado cercano, algo que difícilmente puede suceder en otro tipo de elección. De todos modos, el mensaje es claro: el electorado quiere cambios profundos y los quiere ya,

Es evidente que un porcentaje muy elevado de la ciudadanía está exigiendo una regeneración política en profundidad. Pues bien, un partido con poco más de tres meses de vida ha enarbolado esa bandera y el mensaje ha calado en la calle, mientras los políticos de siempre observan y fruncen el ceño. Ahora, habrá que ver como utilizan la democracia interna, como evolucionan y en que dirección. Y así sabremos si Podemos es una tormenta de verano o han venido para quedarse. Como dijo Bob Dylan, la respuesta está en el viento.



Bernardo Fernández

Publicado en ABC 4/06/14


PAISAJE TRAS LA BATALLA

Hasta ahora podíamos decir casi sin margen para el error que toda contienda electoral genera un movimiento político equivalente al interés que esos comicios despiertan en la ciudadanía. En consecuencia, y a juzgar por la participación (por debajo del 50%) la primera constatación es que la brecha entre sociedad y políticos cada vez es más profunda y la segunda (según la teoría más arriba expresada) que las cosas deberían seguir más o menos igual. Sin embargo, en esta ocasión la situación es diferente y el terremoto que se avecina, será de los que dejen huella.


El “sorpasso” en Cataluña se confirma y ERC gana sus primeras elecciones desde la Segunda República (en concreto desde febreros del 36), dejando a CiU en segunda posición. Con este resultado los republicanos se convierten en el “pal de paller” del proceso soberanista y desde la noche de los comicios se prevén cambios considerables ya sean en la gobernabilidad o bien en la acción de CiU, por mucho que Mas manifestara en referencia a la consulta que: “Ni un paso atrás”

Por su parte el PSC sufre una debacle sin paliativos y pierde uno de sus dos eurodiputados y el partido popular de Cataluña cae a la quinta posición al perder el 50% de los votos obtenidos en 2009.

La consecuencia más visible e inmediata de todo este baile de cifras es que el proceso soberanista sale reforzado de estas elecciones. Artur Mas empieza a perder el paso y si en Madrid no se toman las cosas de Cataluña en serio y ponen manos a la obra el próximo interlocutor será Oriol Junqueras y esa, no parece ser una buena noticia si de verdad se quiere llegar a acuerdos.

En la calle Ferraz (sede del PSOE) pintan bastos. Tan solo en Andalucía, con 10 puntos sobre el PP, los socialista han salvado la cara y, como dijo Elena Valenciano, el “resultado es muy malo” para el PSOE. Asimismo, la debacle ya mencionada del PSC hará más complicadas las ya de por si difíciles relaciones con los socialistas catalanes. Los socialistas saben que sin buenos resultados en Andalucía y Cataluña es prácticamente imposible llegar al gobierno. Todo ello sumado, ha hecho que Alfredo Pérez Rubalcaba asuma la derrota como propia y tire la toalla a la vez que convoca un Congreso Extraordinario para el próximo mes de julio de donde deberá salir una nueva dirección que sea capaz, primero, de evitar el descarrilamiento del socialismo español y, después, orientarlo en la dirección adecuada para recuperar la confianza de la ciudadanía. No obstante, se abren importantes incógnitas, tales como qué sucederá con el impulso federal, una apuesta casi personal del hasta ahora secretario general socialista, entre otras.

A pesar de la victoria, las cosas no han ido nada bien para los populares. Han perdido 2,6 millones de votos respecto a las elecciones de 2009 y ocho escaños, aunque eso sí, le han ganado dos al PSOE. Ahora está por ver si Rajoy rectifica sus políticas austericidas y de recorte de libertades o se empecina en facella y no emmendalla.

El bipartidismo ha quedado tocado, aunque no hundido. El gran vencedor en nuestro país ha sido el partido Podemos con Pablo Iglesias como figura emergente. Ahora habrá que ver como se sitúan en el mapa político y como evolucionan.

El denominador común en Europa ha sido el auge de los partidos radicales y/o populistas. Así el Frente Nacional de Marine Le Pen en Francia con un 26% de los votos ha ganado los comicios y ya ha pedido la disolución de la Asamblea Nacional y la convocatoria de elecciones, cosa que el primer ministro Manel Valls ya se ha encargado de descartar. También han ganado los radicales de izquierdas de Syriza de Grecia, el xenófobo Partido Popular en Dinamarca o el UKIP de los euroescépticos en Gran Bretaña.

Como dice un alto cargo de la UE “el auge de la eurofobia es descorazonador”. De todos modos, no se debería desfallecer en el intento, los europeístas son más y han obtenido una amplia mayoría. Lo que hay que hacer es llevar a cabo políticas pensando en la ciudadanía y no para satisfacer a determinados poderes fácticos y eso no sucederá, entre otras cosas, mientras la economía no se supedite a la política y no al revés.

El viejo mapa político ha saltado por los aires. Ahora el panorama está muy fragmentado y todo pacto o acuerdo requerirá más esfuerzos. De momento, hay que entenderlo como un aviso y como dicen los viejos del lugar: rectificar es de sabios. Y eso vale, aquí allí y acullá.



Bernardo Fernández

Publicado en Crónica Global 28/05/14



18 de maig 2014

EUROPA: SUEÑO Y PESADILLA

Durante los años de plomo de la dictadura franquista, pensar y/o hablar de Europa significaba muchas cosas, pero sobre todo una: libertad. El 1 de enero 1986 bajo el mandato de un Gobierno socialista España se convirtió en miembro de pleno derecho de la UE. Más tarde vendría el Tratado de Maastricht que marcó una nueva etapa en la integración europea, ya que permitió la puesta en marcha de la integración política y posteriormente la moneda única que, fue sin duda, el paso más audaz hacia la integración. Todo eso hizo realidad el sueño europeo. Después la crisis de 2007 que, si bien es verdad, tuvo su inicio en EEUU, ha acabado por convertirse en la pesadilla de Europa.


413 millones de ciudadanos europeos hemos sido convocados a votar el próximo 25 de mayo. Es muy probable que la participación en nuestro país sea la más baja de las seis consultas hasta ahora celebradas. Es muy probable, también, que muchos electores voten mirando por el espejo retrovisor, dando así su opinión sobre la crisis y su gestión.

Además en España estos comicios serán, en buena medida, un avance de lo que vendrá después: el ciclo electoral que habrá en 2015, con comicios municipales, autonómicos en la mayoría de CCAA y tal vez también en Cataluña, para acabar con unas elecciones generales.

Estamos, aunque suene a tópico, ante una cita histórica, De como se repartan los escaños dependerá la construcción de la Europa del futuro. Sabido es que la elección es por cinco años y eso es un espacio de tiempo lo suficientemente largo como para poder acometer proyectos de enjundia. Ahora bien, en buena lógica lo primero que debería hacerse es cerrar las heridas que la maldita crisis ha abierto entre Norte y Sur, o si prefieren como dice Ignacio Torreblanca entre acreedores y deudores.

De todos modos, parece lógico pensar que la situación actual no se puede aguantar mucho tiempo más. La unión monetaria debe reforzarse con una política fiscal común y, a su vez, con órganos de dirección auténticamente democráticos que canalicen de forma adecuada la participación de los ciudadanos (votar cada cinco años ya no es suficiente, la sociedad de hoy no se conforma con ser espectador pasivo, quiere ser actor y participar).

Es evidente que el apoyo que la ciudadanía da hoy a las instituciones europeas está bajo mínimos. Sin embrago, los ciudadanos europeos piensan que la desintegración sería peor. De igual manera, lo de la moneda única no es un amor incondicional, existe la convicción de que si el euro desapareciera las cosas irían francamente peor.

Así pues, como dice el profesor de integración europea de la Universidad de Atenas, Loukas Tsoukalis: “Europa necesita un gran pacto para deshacer este nudo gordiano. Es necesaria una amplia coalición entre países y entre las principales familias políticas europeas”.

Por otra parte, el proyecto europeo debería prestar especial atención a aquellos que más han padecido durante todo el proceso de integración y que tuvo su máxima eclosión con la crisis de estos últimos años. La austeridad se ha demostrado tan inútil como ineficaz y si no se cambia de orientación los movimientos de protesta, los partidos antisistema, el nacionalismo y el populismo encontrarán ahí su mejor caldo de cultivo.

Como decía Joan Boada en un reciente artículo: “las políticas de UE, la complejidad de su gobierno, la opacidad de los procesos de toma de decisiones (nunca sabemos quién toma realmente una decisión: los Gobiernos, la Comisión, Alemania), la escasa participación ciudadana y la distancia de sus instituciones (incluido el Parlamento), hacen ciertamente difícil explicar sus virtudes”.

La consecuencia de esta situación es que la desafección hacia la UE se ha multiplicado de manera exponencial desde que empezó la crisis. Eso sucede en el Sur, incluida España, pero también en lugares como Alemania, Holanda o Finlandia, el 60% de los europeos desconfía ya de la UE. Así por ejemplo en Francia las encuestas dan al Frente Nacional más votos que a los socialistas y quedan sólo ligeramente por debajo de los conservadores.

En Reino Unido, el antieuropeo UKIP parece que cosechará un 20% de los votos y será la segunda fuerza, por encima de los conservadores. Algo similar puede suceder en Alemania con Alternativa para Alemania, Aurora Dorada en Grecia, los Verdaderos Finlandeses y partidos de lo más variopinto en Bélgica, Holanda y Austria.

En consecuencia, la UE debería resolver sus problemas económicos con prontitud, de lo contrario los euroescépticos, que se calcula que obtendrán entre el 17% y el 27% de los votos el 25-M, tendrán material suficiente para marcar la agenda europea e influir en las políticas nacionales. Y eso a los europeístas convencidos no nos conviene lo más mínimo.

Como recientemente apuntaba Felipe González en una entrevista televisiva, sólo será posible remontar la situación “si las políticas cambian” y en este sentido entendía que estas elecciones europeas son una cita importante pues “si no cambian las políticas europeas, será difícil hablar de una recuperación sostenida. Asimismo, González, subrayó que los gobiernos “no han entendido ni la magnitud ni la dirección de la crisis” y lamentó que se haya perdido “el principio fundacional de la solidaridad”.

Paz, solidaridad, tolerancia y cultura son los pilares sobre los que se asienta el sueño europeo. Austeridad sin mesura, miseria salarial y desigualdad son los ejes de la Europa que nos proponen los financieros y políticos sin escrúpulos. Ahora, nosotros decidimos.



Bernardo Fernández

Publicado en Crónica Global 15/05/14

CRISPACIÓN Y COHESIÓN SOCIAL

A raíz de una agresión sufrida, semanas atrás, por Pere Navarro (líder del PSC) en un acto de carácter privado y su posterior divulgación por los medios de comunicación, se ha puesto sobre la mesa el debate sobre la posible existencia de crispación en Cataluña.


Ciertamente, resulta difícil discernir si la crispación existe. Primero se debería definir donde está la frontera entre tensión y crispación e, incluso así, lo que para unos puede ser una cosa, para otros, lo mismo, puede se algo diferente.

De todos modos, los políticos de la órbita nacionalista se han apresurado a negar cualquier relación del suceso con el “proceso” y ni tan siquiera se han molestado en hacer una condena explicita de la violencia, tan solo medias tintas, vaguedades y condenas genéricas. No obstante, es evidente que en Cataluña, desde que se inició el órdago soberanista, estamos viviendo una situación cuando menos anómala.

Una de las consecuencias inevitables del “proceso” es la división que se está produciendo entre los catalanes en dos grupos, cada vez más divergentes y sin ningún punto en común: unos, los independentistas y, otros, los unionistas.

Es verdad que es una división simplista y que se corresponde poco con la realidad (las cosas son mucho más complejas) y, sin embargo, es la imagen que lanzan día si y día también los medios de comunicación públicos y aquellos que están en connivencia con el poder.

Según la politóloga alemana Noelle-Neumann, autora de la teoría de la espiral de silencio, un clima de opinión actúa como un fenómeno de contagio, ya que la opción mayoritaria se extiende rápidamente por toda la sociedad y decanta las tendencias hacia una determinada opción que cristaliza en adhesión y votos.

Los soberanistas conocen a la perfección esa teoría y los medios para aplicarla, por eso, con el argumento de que el “proceso” que estamos viviendo es transversal, cívico, tolerante y pacífico, se están cargando el valor más preciado que tenemos en Cataluña: la cohesión social

Como sostiene el catedrático Francisco Morente, “…la independencia solo podría consumarse contra una parte muy importante de la sociedad catalana, que todas las encuestas sitúan cerca, si no por encima, de la mitad de la población”.

Quizá hoy no exista crispación en Cataluña, pero es seguro que con la independencia llegaría la fractura social y, tal vez, eso es lo que persiguen algunos.



Bernardo Fernández

Publicado en ABC 14/05/14