17 de setembre 2017

LO QUE NOS ESPERA

Sabíamos que podía ocurrir. No obstante, algunos ilusos -entre los que me incluyo- pensábamos que en algún momento el seny reaparecería en escena y se evitaría lo que ahora es un hecho: la fractura institucional y el menosprecio al 52% de los ciudadanos de Cataluña.
En efecto, el espectáculo que nos han ofrecido desde el Parlament, con la aprobación de la Ley del Referéndum y la de Transitoriedad Jurídica, ha sido, por decirlo suave, un insulto a la inteligencia y un atentado a la convivencia en nuestro país.
Como no podía ser de otra manera, estos días se ha escrito y hablado hasta la saciedad al respecto. Ciertamente, he leído artículos y oído comentarios brillantes sobre la cuestión; también auténticas butades que de todo hay en la viña del Señor. No insistiré. Eso sí, voy a exponer lo que, en mi opinión, a riesgo de equivocarme, va a suceder a corto y medio plazo en Cataluña.
Para empezar, la tensión ira en aumento en las próximas semanas. Querellas, registros, incautación de material presuntamente electoral, declaraciones, contradeclaraciones, alguna que otra escaramuza y ocupación de espacios públicos serán el pan nuestro de cada día.
Suceda lo que suceda, el 1 de octubre no habrá referéndum ni nada que se le parezca. Sin embargo, no hay que descartar que, en algún lugar, en alguna localidad, pongan urnas e intenten llevar a cabo un simulacro de votación. Es posible que se intente algún tipo de insurrección civil. Es decir, que pretendan ocupar determinados lugares más o menos neurálgicos como pueden ser Radio Nacional de España, El Banco de España o el aeropuerto del Prat, por poner algunos ejemplos. También se va convocar alguna que otra concentración y/o manifestación en favor de la libertad, el derecho a decidir, la democracia o vayan ustedes a adivinar las ocurrencias de mentes tan febriles como las de los independentistas. No son pocos los secesionistas que sueñan con un Maidán a la catalana. De todos modos, como dijo recientemente el célebre Santi Sisa, “cuando caigan las primeras hostias todos a comer a casa y a dormir pronto que mañana hay que abrir la tienda.”  Después, cuando esté el ambiente lo suficientemente caldeado convocaran nuevas elecciones, siempre y cuando queden políticos independentistas que no estén inhabilitados, no vaya a ser que se pierda el momio por falta de personal cualificado para proclamar: “Esta vez, sí. Ahora vamos a dar el paso definitivo”, o algo por el estilo.
No obstante, secesionistas y no secesionistas saben que con el actual estatus quo político Cataluña nunca será independiente. Ni la ONU reconocerá un Estado catalán, ni cuentan con ningún apoyo internacional digno de tal nombre, ni la UE admitirá nunca una región que para ser independiente vulnere la Constitución del país al que pertenece, como dejó meridianamente claro el presidente del Parlamento europeo en una respuesta, por escrito, a un diputado de la cámara.
Con ese panorama de fondo, más pronto o más tarde los secesionistas deberán aparcar sus entelequias, volver a la prosaica realidad y sentarse a negociar sin apriorismos. Claro que, para que eso ocurra, sería muy conveniente que Mariano Rajoy ya no sea inquilino de la Moncloa y el PP no gobierne en España. A los populares la intransigencia y la mano dura con Cataluña les proporcionan pingües réditos electorales, y mientras eso sea así, para ellos el debate, la negociación y el pacto estarán de más. De todos modos, en esta vida cada cual debe asumir sus responsabilidades y, desde luego, el PP con Rajoy a la cabeza tienen mucho que purgar por su aportación a todo este esperpéntico affaire catalán.
En cualquier caso, no deberíamos olvidar qué si un determinado partido político que se autocalifica de izquierda no hubiera sido tan radical, los secesionistas hubieran sido menos maximalistas y hubiesen aparcado algunos de sus planteamientos, hoy ni Rajoy ni el PP gobernarían. El PNV no hubiera logrado el pacto leonino que le arrancó a los populares, tendríamos un gobierno de centroizquierda y, con toda probabilidad, las cosas hubieran sucedido de otra manera, sin duda mejor, para la mayoría de ciudadanos; pero aquellos polvos trajeron estos lodos y ahora nos toca aguantar.
Y en estas circunstancias, mientras las cosas no cambien, los ciudadanos de Cataluña, independentistas o no, deberemos seguir soportando las colas de espera en la sanidad (de las más largas de España), que la educación para nuestros hijos sea totalmente insuficiente, porque tenemos uno de los presupuestos para enseñanza más bajos per cápita de todas las comunidades autónomas. Asimismo, muchos conciudadanos seguirán llegando tarde a sus destinos, cada dos por tres, porque el transporte público de nuestro país tiene más de desastre que de servicio; de manera especial los transportes de cercanías; a la vez, seguiremos pagando los peajes más caros de España… y un sinfín de penalidades más que no voy a enumerar para no hacerme insufriblemente pesado.
En definitiva, la situación es muy complicada y nos esperan tiempos difíciles. Se han abierto heridas muy profundas que tardarán en cicatrizar. De todos modos, saldremos de ésta. Hemos salido de otras similares e incluso peores. Para ello, se necesita seny, mucho seny.
Lo que necesitamos ahora son finos estilistas que zurzan los sietes que ha hecho el procés. Hacen falta en la plaza Sant Jaume y en el palacio de La Moncloa hombres de Estado que piensen en las próximas generaciones y no en las próximas elecciones y, en estos momentos, ni los de aquí ni los de allí están a la altura de las circunstancias.
Así las cosas, habrá que cambiarlos. No dan la talla. Y eso, depende de nosotros.

Bernardo Fernández

Publicado en e-notícies.com 13/09/17

05 de setembre 2017

QUEREMOS SABER

Debe quedar claro que los únicos responsables de los atentados perpetrados en Barcelona y Cambrils, el pasado 17 de agosto, son el descerebrado que conducía la furgoneta que arrolló a los confiados paseantes de Las Ramblas y los locos que estuvieron a punto de causar una masacre en el pueblo costero tarraconense. En el mismo nivel hay que situar a aquellos que les inflaron la cabeza y les impulsaron a la radicalización ideológica, y a esos individuos que, desde las sombras, les dieron la cobertura necesaria para llevar a cabo semejante barbarie.
En este contexto, y como no puede ser de otra manera, toda la solidaridad con las víctimas, familiares, allegados y aquellos que, de un modo u otro se vieron involucrados.  Al fin y al cabo, todos somos víctimas.
Igualmente, el soporte y reconocimiento incondicional para los agentes de los diferentes cuerpos de policía que actuaron poniendo en riesgo sus vidas, primero para ayudar y después para capturar y abatir a los criminales. También, el mismo soporte y reconocimiento a los equipos de emergencia, a los equipos sanitarios, a los taxistas y a un sinfín de ciudadanos anónimos que ayudaron cuanto pudieron a cambio de nada.
Dicho esto, que me parece de pura justicia y para centrar el tema, hay que poner de manifiesto que somos muchos los ciudadanos que albergamos serias dudas de las políticas de prevención llevadas a cabo antes de los atentados, la gestión de los mismos y la información que se ha dado sobre la cuestión, desde las altas esferas políticas.
Por ejemplo, sería bueno saber los contactos mantenidos entre la policía belga y los Mossos sobre el imán Es Satty, según parece impulsor y cerebro de la barbarie. Unos contactos que primero negó la dirección de la policía de la Generalitat, más tarde se calificaron de “informales” y últimamente han resultado ser “bilaterales.”
Por otra parte, sabemos que el chalet de la urbanización próxima a Alcanar era una casa okupada, allí se hallaron más de 100 bombonas de butano, 500 litros de acetona, material para fabricar explosivos, tornillería etcétera, sin embargo, nadie había detectado nada. Extraño, ¿no? Asimismo, a las pocas horas de los hechos El Periódico de Catalunya publicaba la noticia de que el 25 de mayo los Mossos habían recibido un aviso de una fuente de inteligencia de EEUU que alertaba de un posible atentado en Las Ramblas de Barcelona. De forma automática, tanto desde el Govern como desde la alta dirección de la policía catalana se negó en reiteradas ocasiones que ese aviso existiera. Sin embargo, ante la insistencia del medio de comunicación y la publicación de determinados documentos y pruebas, los responsables políticos y policiales han acabado admitiendo que recibieron un aviso, pero que no era de la CIA. Por el contrario, los órganos de lucha antiterrorista del Gobierno Central afirman que recibieron ese aviso y que provenía del Centro Nacional contra el Terrorismo de EEUU que se coordina con la CIA.
Tampoco están nada claras las actuaciones llevadas a cabo tras la  explosión del chalet de Alcanar y que según parece fue el desencadenante de los atentados. Desde la Guardia Civil afirman que se ofrecieron para colaborar a esclarecer los hechos, pero su ayuda no fue tenida en cuenta. Sn embargo, desde los Mossos la información sobre este asunto es contradictoria. Mientras el comisario Albert Oliva portavoz del cuerpo de policía dijo que declinaron el ofrecimiento de la Benemérita por considerarlo innecesario, el comisario mayor, Josep Lluís Trapero, aseguró que la Guardia Civil nunca llegó a ofrecer su apoyo. Es obvio que alguien miente, las preguntas, aquí, son pertinentes, ¿quién’ y ¿por qué?
De igual modo, resulta extraño que después de lo que había ocurrido en Las Ramblas de Barcelona y estando, como era lógico, en máximo estado de alerta, los cuerpos de seguridad no detectaran a un grupo de individuos que visitó hasta cuatro veces una gasolinera próxima a Cambrils y que a la postre fue el comando que atentó en la mencionada localidad.
Sea como sea, aunque las fuerzas de seguridad cometieran errores la responsabilidad es única y exclusivamente de aquellos que ejecutan la acción y de sus compinches. Por si alguien tiene alguna duda, con los atentados de Atocha, en marzo, 2004, y las falacias que después se nos quisieron hacer creer ya quedamos vacunados contra la mentira y la ignominia. En una sociedad madura, libre y abierta como se la nuestra, los ciudadanos tenemos derecho a saber. Queremos saber, la verdad, toda la verdad, por muy descarnada que sea. Lo otro, pudo que fuera válido en otras épocas y en otros regímenes. Aquí y ahora, no.

Bernardo Fernández

Publicado en e.notícies.com 04/09/17

14 de juliol 2017

UNA SENTENCIA EJEMPLAR

En Cataluña estamos viviendo una situación política esperpéntica. Todo comenzó en un ya lejano 2006, cuando Mariano Rajoy y el PP, entonces en la oposición, entendieron que azuzar el espantajo de la catalanofobia, les suponía suculentos réditos electorales. Eso hizo que primero recogieran firmas contra el nuevo Estatuto de Cataluña que, por aquellos tiempos, acababa de ser aprobado en el Parlament y, después, no dejaran de maniobrar, hasta lograr un Tribunal Constitucional (TC), lo suficientemente afín, que tumbó partes sustanciales de la nueva ley.
Más tarde, en 2010, Artur Mas obtuvo una cómoda mayoría en las elecciones autonómicas catalanas y llegó a la Presidencia de la Generalitat con el mandato tácito de las clases acomodadas y burguesas de neutralizar los desbarajustes de los gobiernos de izquierdas; primero de Pasqual Maragall y después de José Montilla y devolver el “seny” a la máxima institución de Cataluña. 
En los primeros tiempos de su mandato, Artur Mas no tan solo pactó a menudo con el PP, sino que Convergencia fue, a cambio de nada, lacayo fiel de los populares en el Congreso.  Pero es que, además, aquí las tijeras se utilizaron mucho antes y con muchísima más intensidad que en el resto de España. La consecuencia fue que el Estado del bienestar quedó hecho unos zorros, y Artur Mas se convirtió en el adalid de los recortes.
Cuando ya no le quedaba casi nada que recortar, en una entrevista con Mariano Rajoy -entonces ya presidente del Gobierno de España- le pidió un sistema de financiación homologable al sistema de financiación vasco o navarro y como Rajoy le dijo no, plegó velas, se volvió a casa y se echó en brazos del independentismo, pensando (desconozco si honestamente o de forma cicatera), que esa era la mejor solución para Cataluña. Al poco, convocó nuevas elecciones para obtener una amplia mayoría que le permitiera llevar a cabo sus planes de ruptura con el Estado. Sin embargo, perdió 12 diputados. En esas circunstancias, otro en su lugar o hubiera dimitido o hubiera variado el rumbo. En cambio, él optó por facella y no enmendalla y se alió con ERC para salvar los muebles y poner rumbo a Ítaca. Poco tiempo después,2 se llevó a cabo la mascarada del 9-N y ya, en pleno desiderátum secesionista, convocó el 15-S como unas elecciones plebiscitarias que después, a la vista de los resultados, resulta que no lo fueron.
Sea como sea, a esas elecciones Junts pel Sí i la CUP se presentaron con un programa nítidamente independentista. Los primeros ganaron los comicios y junto con los antisistema aglutinan la mayoría absoluta en el Parlament. Una mayoría que podría resultar cómoda para gobernar y legislar como se ha hecho habitualmente, pero que resulta, a todas luces insuficiente, para llevar adelante las grandes cuestiones que se han propuesto. Así, por ejemplo, con esa mayoría ni se puede aprobar una ley electoral ni se puede reformar el Estatuto. Además, en el tiempo que llevamos de legislatura, se ha demostrado su gran inestabilidad. Eso hizo que Mas no pudiera repetir como presidente -pese a ser el candidato de Junts pl Sí-, que no se pudieran aprobar los presupuestos de 2016 o que el presidente Carles Puigdemont se tuviera que someter a una cuestión de confianza, para no echarlo todo a rodar.
Pues bien, esa mayoría parlamentaria tan poco sólida, ignora que el Estado de derecho es aquél en lo que todos los poderes del Estado, el legislativo, el ejecutivo y el judicial, así como la ciudadanía, están sometidos al derecho, o sea a la Constitución y a las leyes. En esas circunstancias, ni los poderes públicos ni la ciudadanía pueden hacer lo que les venga en gana, sino aquello que está dentro del ordenamiento jurídico. Nadie puede dejar de cumplir la ley, aunque no le guste o la considere injusta. 
Con frecuencia, los miembros de esa mayoría parlamentaria argumentan que tienen un mandato democrático para llevar Cataluña hacia la independencia, porque en el programa electoral así se explicitaba. Sin embargo, olvidan que un parlamento jamás puede emitir un mandato para infringir las leyes vigentes (máxime cuando esa legislación emana de cámaras, como mínimo, tan democráticas como la del Parc de la Ciutadella). De ser así, ¿con qué legitimidad moral se puede exigir a los ciudadanos o a otras instituciones que cumplan la ley?
En este contexto, la sentencia dictada recientemente por el Tribunal Superior de Justicia de Cataluña que anula la tasa que el Ayuntamiento de Barcelona pretendía imponer a las viviendas vacías de grandes tenedores, es ejemplar, en tanto que pedagógica. En la misma, no se cuestiona la bondad o maldad de la iniciativa, sino que el consistorio ha actuado en un ámbito para el que no tiene competencias.
De igual manera, el Govern de la Generalitat y el Parlament de Cataluña están tomando decisiones y legislando sobre temas para los que no han sido facultados.
Sinceramente, estamos ante una obviedad que no debería ser muy difícil de comprender. Pero, lamentablemente, parece que algunos han agotado su capacidad de comprensión y las meninges no les dan ya para más. Claro, que así les van las cosas.

Bernardo Fernández
Publicado en e-noticies 14/07/17



27 de juny 2017

UNA GRAN OPORTUNIDAD

Los pasados días 17 y 18 de este mes de junio, el PSOE celebró su 39º Congreso. Antes de las elecciones primarias, que los socialistas llevaron a cabo el pasado mayo, nadie podía imaginar que este cónclave acabaría siendo tan plácido, como finalmente fue. Eso ha sido así porque Pedro Sánchez obtuvo una cómoda victoria en el proceso electoral antes mencionado.
Con ese panorama de fondo, el flamante Secretario General se ha hecho un equipo a medida y ha puesto en los lugares de responsabilidad gentes de su confianza y que le dieron apoyo en los momentos sumamente difíciles y complicados que Sánchez tuvo que superar desde aquel nefasto Comité Federal del 1 de octubre, hasta lograr la victoria en las primarias de mayo.
Ahora, Pedro Sánchez tiene ante sí un camino que se bifurca y él debe decidir porque vía decide transitar para conquistar el futuro. Puede optar por un hiper liderazgo fuerte y bien pertrechado, y convertir el partido en poco más que un cortejo de amigos y aduladores. En mi opinión, sería una opción que, en principio, la aplastante victoria obtenida en el proceso electoral interno le permitiría tirar durante un tiempo. No obstante, muy probablemente, sería un proyecto menguante con fecha de caducidad a corto-medio plazo.
Por el contrario, y eso me parece lo más razonable, puede poner en práctica un liderazgo con contrapesos y hacer de la pedagogía política, el debate sin apriorismos y la confrontación de ideas uno de los puntos fuertes de su arquitectura partidista.  Asimismo, sería muy positivo que para revitalizar el partido tomase como referencia normas, usos y costumbres de partidos socialistas nórdicos y centroeuropeos. Estaría bien, por ejemplo, hacer conferencias anuales, elegir a todos los cargos orgánicos y públicos por el voto directo de los afiliados. ¿Alguien puede explicar porqué si se escoge a un secretario general mediante elecciones primarias, no se hace de lo mismo para escoger a los diputados o a los regidores? ¿Será porqué así el aparato del partido perdería poder? Será.
Se trata de poner la casa al día, y para ello se precisa, entre otras cosas, ir a una financiación de los partidos y una organización interna más democrática y transparente; equiparable, como mínimo, a la transparencia y a la democracia existentes en otros ámbitos de la vida civil.
Después, una vez puesta la casa propia al día, habrá llegado el momento de llevar a cabo un proyecto que promueva el crecimiento y reduzca el desempleo. También será necesario desarrollar un nuevo modelo de producción que supere la época del ladrillo. No se deberá obviar que nuestro Estado del bienestar es muy precario, como se puso de manifiesto con la crisis, por tanto, será inexcusable instrumentalizar políticas que garanticen la estabilidad de todos, pero sobre todo de los más desfavorecidos. En consecuencia, habrá que descartar incluso por ley, si es preciso, cualquier tipo de recortes sobre los logros conseguidos. De manera simultánea, habrá que buscar las necesarias complicidades para el fortalecimiento racional de la Unión Europea. Asimismo, se deberá buscar la cooperación pertinente para poder proyectar al mundo la imagen de una Europa unida, haciendo una UE al servicio de los ciudadanos, no de los mercados. Se trata de trabajar por la Europa de las personas.
En definitiva, necesitamos recuperar la política como elemento de transformación. Por otra parte, dado que nadie cuestiona que la izquierda es la mejor garante en cuestión de libertades, el socialismo español tiene la gran oportunidad de convertirse, también, en el defensor de la seguridad de las clases medias y populares. Si, aunque suene raro. Seguridad ante la delincuencia, el terrorismo, el infortunio, la enfermedad y la vejez, los desmanes de los más poderosos o los posibles desaguisados de alguna administración. De hecho, hay indicios racionales para pensar que la sociedad demanda, cada vez más, más Estado, pero eso sí, un Estado eficaz combativo y lo menos burocratizado posible.
Resulta evidente que desde que estalló la crisis, allá en 2007, la socialdemocracia europea ha ido perdiendo enteros en la bolsa política, a marchas forzadas. Ahí está, sin ir más lejos, al caso de Francia. De ostentar la Presidencia de la República, el socialismo francés ha pasado a obtener un irrelevante 6%, en las últimas elecciones legislativas celebradas pocos días atrás.
En España, sin embargo, la situación es, o puede ser, diferente. Aquí tenemos un Partido Popular desquiciado por la corrupción y que, además, ha demostrado una ineptitud suprema en casos como el de Cataluña. A esto, se quiere anteponer un proyecto populista, trasnochado y caduco como es el de Podemos, basado en un hiper liderazgo narcisista que ruborizaría al propio Narciso.
Pues bien, en ese contexto, es donde Pedro Sánchez tiene una gran oportunidad para poner en práctica todas sus capacidades de hombre de Estado y hacer reverdecer viejos laureles del socialismo en nuestro país, escribiendo nuevos capítulos de progreso, justicia y equidad social.
Esperemos que así sea, porque de lo contrario, es posible que no haya otra ocasión como ésta.

Bernardo Fernández

Publicado en E-notícies.com 26/06/17

03 de juny 2017

EL PROCÉS DE LA POSVERDAD

Desde hace un tiempo los analistas políticos utilizan con bastante frecuencia el término posverdad. Según la enciclopedia libre Wikipedia, es un neologismo que describe la situación en la cual, a la hora de crear y modelar opinión pública, los hechos objetivos tienen menos influencia que las apelaciones a las emociones y a las creencias personales. En mi opinión, ese enunciado define a la perfección la situación política que estamos viviendo en Cataluña.
En efecto, ideólogos y líderes independentistas han construido el relato secesionista catalán basado en una pretendida superioridad con respecto al resto del Estado a partir de la lengua y la cultura propias, qué si bien son valores a preservar y a potenciar no dan, ni pueden dar, derecho a privilegio alguno. Aquí se hace realidad aquella máxima de Joseph Göbbels, ministro de Ilustración Pública del Tercer Reich, según la cual, “una mentira dicha adecuadamente mil veces acaba siendo una verdad”.
Y eso es justamente lo que han hecho de forma torticera nuestros separatistas. Han aprovechado para beneficio propio y de su ideario su preponderancia en las instituciones, a la vez que han subvencionado generosamente a los medios de comunicación que les son afines para, de esa forma, asegurarse importantes cajas de resonancia.
Con ese panorama de fondo, ha resultado relativamente fácil proponer a los ciudadanos una independencia sin costes. Una bicoca donde todo serían ventajas. Lograda esa hipotética independencia Cataluña dejaría de ser expoliada, como lo es ahora por el pérfido Estado español. Además, las relaciones comerciales con el principal cliente (España), no se verían afectadas en nada Tampoco los catalanes, como ciudadanos de un nuevo Estado, deberíamos salir de la UE, por supuesto podríamos seguir utilizando el euro y no tendríamos el más mínimo problema para ser reconocidos por la comunidad internacional. Así se explica el arraigo de la cantinela de las balanzas fiscales, convertida, hábilmente, en el eslogan “España nos roba”. Aunque el propio Andreu Mas Colell, exconsejero de Economía y Conocimiento, reconoció al final de su mandato que no existía tal agravio. El caso es que el mensaje ya se había lanzado y con considerable éxito, por cierto. Después, que lo dicho sea verdad o no, poco importa. Las emociones y las creencias personales se han impuesto a la realidad objetiva.
Por otra parte, nos dijeron que el procés sería transversal, pacífico,  sin ningún tipo de violencia, algo así como la “revolución de las sonrisas”. Sin embargo,  los hechos son tozudos y en los cinco años que llevamos de bagatela “indepe” hemos ido conociendo la catadura moral y el talante político  de algunos tótems. Primero fue Artur Mas cuando nos advirtió que sería necesario utilizar la astucia para burlar al Estado. Hace unos meses era el exjuez Santiago Vidal quien nos dejaba estupefactos. El personaje, en distintas conferencias, aseguró que el Govern estaba desarrollando diversos preparativos para llevar a cabo el famoso referéndum. Así, por ejemplo, habló de la confección, por parte de la Generalitat, de una base de datos fiscales sin tener, como es sabido, competencia para ello y atentando, por consiguiente, contra la legislación de protección de datos. Imperdonable, si es cierto, por lo que tiene de delito e insoportable, si tan solo era una elucubración, por lo que tiene de esperpéntico.
Semanas atrás Lluís Llach no se anduvo con chiquitas y amenazó sin tapujos a todos aquellos, y en especial a los funcionarios, que no acaten la ley de desconexión cuando la misma sea aprobada.
Recientemente un prestigioso medio de comunicación ha publicado un “borrador secreto de la ley de secesión de Cataluña” (Ley de Transitoriedad Jurídica, en el argot de los entendidos). Pues bien, ahí se dicen cosas tan peregrinas como que los jueces serán controlados por la Generalitat, que se suprimirá la división de poderes o que los funcionarios deberán solicitar la nacionalidad catalana para seguir ejerciendo, entre otras menudencias por el estilo. Sin embargo, nadie ha desmentido esa información, los voceros más o menos oficiales se han limitado a decir que este borrador estaba ya desfasado.
Como colofón a este breve análisis de la situación política en Cataluña, ha de quedar claro que la independencia es una opción política tan legítima como cualquier otra. Ahora bien, lo que no es legítimo es que el fin justifique los medios, que el secretismo se haya convertido en norma y la transparencia en excepción. Que el pocès de transversal no tenga nada ya que pretende que el catalán sea la única lengua oficial y, en consecuencia, más de la mitad de la ciudadanía se verá obligada a utilizar un idioma que no es el suyo. Además, actitudes cicateras y malas praxis están a la orden del día. Y la violencia en forma de amenaza ya ha hecho acto de presencia. Si a eso le añadimos la deformación de la realidad en forma de psoverdad y la manipulación de los hechos en beneficio propio, nos encontramos con un combinado altamente tóxico que está contaminando muy seriamente la convivencia en una sociedad que hasta hace bien poco era referencia.  Lo lamentable es que eso sucede porque algunos han decido echarlo todo a rodar antes que admitir como error su propia alucinación.
En esas estamos.

Bernardo Fernández

Publicado en E-notícies.cat 29/05/17

17 de maig 2017

DESPUÉS DE LAS PRIMARIAS

El sistema de elección de un dirigente, mediante la participación de toda la militancia de la organización, es, parafraseando a Winston Churchill, el menos malo de todos los conocidos. Puestos a cometer errores y a hacer una mala elección, siempre es preferible que se equivoque el pleno del partido que un sanedrín que decide por sistema digital quien debe liderar al grupo.
De hecho, el Partido Socialista atesora una larga experiencia en estas lides. Se cumplen ahora 19 años de las primeras elecciones primarias que se celebraron en España. Entonces fueron para escoger al candidato a la presidencia del gobierno del país y los contendientes fueron Joaquín Almunia y Josep Borrell. Contra todo pronóstico ganó el segundo; si bien la mala praxis del aparato del partido y la mandíbula de cristal del candidato hicieron que, a los pocos meses, éste presentara su dimisión.
Después, otros procesos de elección, mediante elecciones primarias, tanto para escoger dirigentes orgánicos, como aspirantes a alcaldías o presidencias de comunidades autónomas, han jalonado la historia más reciente del socialismo español.
Ahora son tres los candidatos que aspiran erigirse en secretario general del PSOE el próximo 21 de mayo. De los tres, como se puso de manifiesto con la búsqueda de avales, la candidatura de Patxi López parece la que menos posibilidades tiene de alzarse con la victoria. De hecho, el ex lendakari ha optado por una campaña de presupuesto muy escaso, con muchos kilómetros de recorrido, buscando el contacto con la militancia. Para algunos López es la liebre que ha de distraer votos a Pedro Sánchez.
Quisiera equivocarme, pero mucho me temo que tras el proceso de elecciones primarias para liderar el PSOE, gane quien gane, el partido va quedar seriamente fraccionado y las heridas producto de esa fractura van a ser difíciles de cicatrizar.
En estos momentos quien más predicamento tiene entre las bases del partido, es el ya mencionado Pedro Sánchez y, al fin y al cabo, quien decide con sus votos es la militancia. No obstante, no se puede obviar que el otrora secretario general ha perdido soportes entre los cuadros y cargos públicos del partido. Además, no podemos perder de vista que sería muy complicado llevar a la práctica un proyecto de cierto calado teniendo de espaldas a la práctica totalidad de los barones. Esto puede gustar o no, pero es una realidad incuestionable y la misma legitimidad tendrá el que resulte ganador de las elecciones internas que aquellos que ganaron las elecciones en un pueblo, una ciudad o una comunidad autónoma.
Y nos queda por visualizar la candidatura de Susana Díaz que hizo su presentación oficial en los últimos días de marzo, arropada por todo el PSOE “de siempre” y poniendo de manifiesto su voluntad de continuismo con aquel proyecto. Ciertamente, fue un proyecto que le dio a este país una vuelta que después no lo reconocía ni la madre que lo parió, como dijo uno de los apóstoles que dio soporte a Díaz el día de su puesta de largo política. En estas circunstancias y tal y como anda la ciudadanía está por ver si con ese discurso puede, primero, ganar la secretaria general y luego –y eso es lo más importante-, es capaz de conectar con las clases medias urbanas, con los emergentes y con los profesionales que, no olvidemos, es el gran agujero negro, en el ámbito electoral, que tiene, desde hace mucho tiempo, el socialismo español.
Es evidente que el PSOE está viviendo una de las etapas más magras desde que se reinstauró la democracia en España; quizás, por eso, esta campaña de elecciones primarias resulta más enconada que ninguna. Se ha pasado de la discrepancia a la descalificación, el insulto a menudeado y las insinuaciones han sido hirientes. Es verdad que, con frecuencia, eso lo han hecho los equipos de los candidatos, pero éstos no se han molestado ni en desmentir, ni en rectificar, ni tan siquiera en matizar las puyas lanzadas por sus compañeros de viaje. Da la impresión de que algunos han olvidado que un socialista nunca es el enemigo de otro socialista.
Así las cosas, tras el 21 de mayo, unos y otros deberán esmerarse para restablecer la situación. El proyecto colectivo siempre ha de estar por encima de los personalismos. Para ello serán necesarias políticas de mano tendida, mucha capacidad y voluntad de integración, dialogo, negociación y acuerdo. El PSOE no puede seguir desangrándose mucho tiempo más y a la sociedad le conviene una socialdemocracia fuerte, estructurada y cohesionada. Dejar pasar esta oportunidad sería una grave irresponsabilidad y eso se acabaría pagando muy caro.

Bernardo Fernández

Publicado e-notícies.cat 15/05/17

10 de maig 2017

POR SENTIDO COMÚN

Mal les pese a los profetas de las catástrofes y a los agoreros sistemáticos, la recogida de avales para los aspirantes a secretario general del PSOE ha sido una nueva lección de participación y democracia interna de los socialistas. Ciertamente, es una lástima que una militancia tan leal, tenaz y perseverante no tenga, a día de hoy, ni un proyecto con el que ilusionarse ni un dirigente con carisma y capacidad política que esté a la altura, pero así son las cosas.
No obstante, esta batalla democrática por la recogida de avales ha merecido la atención de los medios y la mirada, más o menos recelosa, de los adversarios. Eso demuestra que el partido socialista pese a estar en horas bajas, sigue siendo mucho partido, aunque a algunos les gustaría darlo por finiquitado.
El interés que entre los afiliados ha despertado este proceso, lo demuestran los números: de 187.949 militantes censados, casi 133.000 han avalado a uno de los tres candidatos en liza. Susana Díaz con casi 60.000 avales ha sido quien más ha obtenido, mientras que Pedro Sánchez se ha quedado con unos 6.000 menos y, muy lejos, Patxi López con menos de 11.000 superando por poco más de 1.000 el mínimo exigido de 9.368 para poder pasar a la siguiente ronda.
Con este panorama de fondo y a tenor de lo sucedido, no queda otra que interpretar esa recogida de firmas como una primera vuelta de las primarias. En esas circunstancias, lo más razonable sería que el candidato con menos avales, dada la situación que está viviendo el socialismo y el mano a mano en que se ha convertido este proceso, presentara su renuncia a seguir compitiendo. En mi opinión, se equivoca Patxi López al considerar que su candidatura es más necesaria que nunca ante la fractura -que según él- sufre el partido, entre los partidarios de Sánchez y Díaz. Lo que puede lograr el vasco, si no se apea de la carrera, es la frustración de sus votantes, la suya propia, condenar a quienes le apoyan a la irrelevancia y quien sabe si, también, a distorsionar los resultados finales. Cuando los duelos son en la cumbre ni los sobresalientes ni los subalternos deben aparecer en pantalla.
Patxi López fue elegido secretario general del partido socialista vasco en 2002. En 2009, pese a quedar los socialistas como segunda fuerza en las elecciones al Parlamento Vasco, tras el PNV, fue elegido lendakari al llegar a un pacto de investidura con el PP. Después, en 2012, el PNV volvió a ganar las elecciones autonómicas e Iñigo Urkullo asumió la lehendakaritza.
Tras las elecciones generales de 2015, fue propuesto para presidente del Congreso de los Diputados, gracias al acuerdo entre el PSOE y Ciudadanos un día antes de la constitución de la Cámara, acuerdo al que el PP se sumó no presentando ningún candidato a presidir la cámara baja. Fue investido presidente del Congreso de Diputados el 13 de enero de 2016. En enero de 2017 anunció su decisión de presentarse a las primarias para la secretaría general del Partido Socialista Obrero Español.
En definitiva, Patxi López tiene una envidiable trayectoria política y una hoja de servicios impresionante. Es, en mi opinión, un buen tipo, un gran socialista y una mejor persona. Sin embargo, ahora, tras comprobar cómo están las fuerzas tras la recogida de avales me parece oportuno señalar que por sentido común y, pensando en el bien del partido, debería retirar su candidatura. No es su momento.
Al menos, eso creo yo.

Bernardo Fernández

Publicado el 08/05/17 en E-noticies.cat.