09 d’abril 2019

DE MAL EN PEOR


Claro y concreto: para los indepes partidarios del “cuanto peor mejor”, las cosas van de mal en peor.



Así es. Casi todas las encuestas que se publican sobre las elecciones europeas dicen que Carles Puigdemont no obtendrá escaño de eurodiputado. Quizás por eso, el expresident fugitivo, después de fracasar en su intento de lograr una candidatura conjunta con el PNV para el Parlamento europeo, ha hecho una llamada desesperada a ERC para concurrir juntos a esos comicios, a la que los republicanos han hecho oídos sordos.



El fugado de la justicia sabe que se le acaba el momio y necesita encontrar la manera de seguir medrando sin dar un palo al agua. Además, como que las desgracias nunca vienen solas, parece que pronto le caducará el DNI y poco tiempo después el pasaporte, con lo que quedará en un limbo legal. Será interesante ver como solventa el asunto el genio de Amer, porque no es un tema menor quedarse sin documentación vigente.



Por otra parte, para Quim Torra esta última semana, ha sido una semana “horribilis”. La parálisis del Govern es evidente. Ha sido incapaz de presentar unos presupuestos, pierde una de cada tres iniciativas que se presentan en la Cámara catalana y las que gana no las ejecuta. Por eso, el miércoles, 3 de abril, el PSC presentaba, en el Parlament, una moción instando al president a someterse a una cuestión de confianza o convocar elecciones. Tras el correspondiente debate y votación, la propuesta de los socialistas salió adelante, por lo que la oposición reprobó al Gobierno de la Generalitat.



La moción se ganó con los votos de PSC, Catalunya en Comú-Podem, PP, Ciudadanos y la ausencia de la CUP. Los antisistema después de cargar contra Torra y exigirle que convocase elecciones ya, salieron del hemiciclo para no votar la iniciativa de los responsables del 155. Algunos a eso le llaman coherencia. Sin comentarios.



El caso es que la moción de los socialistas es un duro revés a la gestión de Torra. Los grupos que la han apoyado y que por lo tanto piden una moción de confianza o un adelanto electoral, han cosechado más votos que Junts per Catalunya y ERC. Eso es lo relevante.



Es verdad, como argumentan los secesionistas, que el resultado de la moción no es jurídicamente vinculante, pero no es menos cierto que tiene una fuerte carga política y no se puede ignorar.

Y, para terminarlo de arreglar, se ha conocido el último barómetro del CEO, según el cual, de haber hoy unas elecciones en Cataluña, ERC ganaría holgadamente, logrando entre 40 y 43 escaños, ahora tiene 32, mientras que JxCat perdería unos 12 diputados y pasaría a ser la tercera fuerza en el Parlament.

Carles Puigdemont como pseudo líder político tiene los días contados. Hasta la que fuera su escudera, Marta Pascal, cuestiona que se pueda dirigir Cataluña desde Waterloo (bienvenida al club).     Quim Torra no gobierna, hace teatro; pero con la cuestión de las pancartas y los lazos ha quedado claro que cuando el poder se pone serio, las frivolidades se acaban.

En estas circunstancias, los secesionistas radicales harían bien en ir buscando recambios por lo que pueda venir. En cuanto acabe este ciclo electoral, las cosas van a empezar a ponerse en su lugar y más de cuatro van a tener que hacer mutis por el foro.

Avisados quedan.



Bernardo Fernández

Publicado en el Catalán 08/09/19

01 d’abril 2019

LA PARTICULAR RECONQUISTA DE VOX


Cuentan los libros de historia que, en el siglo VIII, tuvo lugar la batalla de Covadonga. El noble Pelayo, al mando de un puñado de hombres derrotó a una patrulla musulmana en las montañas del norte de Iberia y estableció el reino cristiano independiente de Asturias. De esa forma, se inició la Reconquista que acabaría casi ochocientos años después con la toma de Granada.
Ahora, en pleno siglo XXI, un partido político llamado Vox ha decidido, empezando por el sur, llevar acabo su particular reconquista de la España roja, plurinacional y bastarda para reimplantar la España como “unidad de destino en lo universal”.
De hecho, esa organización hace años que existe como tal. No son pocos los militantes que provienen del PP e incluso de otros grupos más a la derecha. El propio Santiago Abascal, su líder, trabajó para Esperanza Aguirre y se forjó ideológicamente en FAES
Pero cuando el foco mediático se puso en ellos fue en las elecciones de Andalucía del pasado 2 de diciembre. Entonces, obtuvieron 12 escaños y acabaron siendo determinantes para que PP y Ciudadanos formaran gobierno.
Hasta aquí, todo sería, más o menos, normal y se podría entender dentro de la dinámica de la política actual. Lo que ocurre es que, si uno le echa un vistazo a su programa político o a las declaraciones de sus líderes, la cosa cambia.
Para muestra un botón:
1. Suspensión de la autonomía catalana hasta la derrota sin paliativos del golpismo y la depuración de responsabilidades civiles y penales. 2. Ilegalización de los partidos, asociaciones u ONGs que persigan la destrucción de la unidad territorial de la Nación y de su soberanía.
Leer estos dos primeros puntos de su programa electoral es más que suficiente para que cualquier persona sensata se le ponga la piel de gallina. Al fin y al cabo, sólo hay noventa y ocho puntos más en su catecismo del mismo calibre. Por lo tanto, no hace falta entrar en otras bagatelas como sus ideas sobre las políticas de género, el aborto, el uso de armas, la Ley de Memoria Histórica o la islamofobia que no disimulan. Todo minucias. Cosas sin mayor importancia.
De todas formas, no deberíamos exaltarnos más de lo estrictamente necesario con todas estas cuestiones. Si echamos la vista atrás nuestra historia electoral está salpicada de estrambotes. ¿Quién no recuerda a Gil y Gil o a Ruiz Mateos? Sin embargo, aquí el problema es otro.
Para empezar, esta gente tiene un sedimento ideológico que no tenían los antes citados. Además, Vox nace en un contexto donde la extrema derecha está creciendo a pasos agigantados en toda Europa. Por si todo es fuera poco, un personaje tan siniestro como Steve Bannon, exasesor estratégico de Donald Trump y de otros demócratas convencidos como Jai Bolsonaro o Mateos Salvini se ha asentado en Roma para diseñar el esquema político en las próximas elecciones europeas de mayo y pretende que los de Santiago Abascal sean una pieza clave en ese tablero.
De hecho, Bannon, tiene contactos más o menos regulares con los dirigentes de Vox desde 2107. En opinión de ese populista ultraliberal, individuos como Salvini, los ya citados Trump y Bolsonaro, Orban e incluso Le Pen son los políticos que han dirigir el mundo en los próximos años.
ES evidente, que se está configurando una nueva derecha, no sólo en Europa, también en EE UU y en América Latina. Es una derecha extrema que, aunque intenta transmitir una imagen amable, no puede disimular los ramalazos autoritarios que lleva en su ADN. Además, demuestra una tremenda capacidad de adaptación al lugar en que se presenta y eso la hace atractiva.
Vox supo encontrar en Andalucía la rendija que le permitió saltar a la primera línea política.  La derecha clásica está cometiendo el grave error de no cerrarles el paso y le da cancha a cambio de un puñado de votos. Eso les ha permitido arrebata el gobierno andaluz a los socialistas y llegar al palacio de Sam Telmo.
La idea del PP y Ciudadanos es repetir la jugada, sí la aritmética lo permite, tras el 28-A. Sí eso llega a ocurrir, Vox no tardará ochocientos años en llevar a cabo su reconquista. En cuatro días nos devuelven a la España en blanco y negro. Y a poco que nos despistemos vuelven a mandar gente al paredón.
Créanme que no exagero.

Bernardo Fernández
Publicado en e notícies 29/03/19


26 de març 2019

NO TODO VALE


Como catalán siento vergüenza, por un lado y rabia, por otro, por tener como presidente de la máxima institución de mi país, La Generalitat, a un hooligan del nacionalismo más irracional: Quim Torra.
Cataluña ha sido, durante mucho tiempo, referencia para otros pueblos de España. Se nos respetaba y admiraba por nuestra cultura, por nuestra laboriosidad y por ser un pueblo sensato y abierto a Europa. Muy posiblemente la comunidad autónoma más europea de todas.
Sin embargo, los veintitrés años de pujolismo distorsionaron esa imagen. Las deslealtades del nacionalismo moderado, la política del “peix al cove” y sobre todo no comprometerse nunca con la gobernabilidad de España hicieron que en el resto del Estado se percibiera a los catalanes como gente hosca, poco amigable y excesivamente celosos de conservar su status quo, aún a costa de machacar el de los demás.
No obstante, el prestigio de “lo catalán” seguía siendo considerable en las sociedades de nuestro entorno. Sin embargo, todo empezó a cambiar en septiembre de 2012, cuando Artur Mas se echó en manos de las entidades independentistas y se empezó a hablar del procés.
Desde entonces, todo ha ido cuesta abajo. Cataluña ha perdido atractivo para los inversores que prefieren lugares de mayor estabilidad como Madrid. Miles de empresas han marchado ante el temor de que la situación política haga tambalear la seguridad jurídica y el turismo está disminuyendo de manera alarmante.
Como dijo, Antonio Bayona, letrado mayor del Parlament durante los hechos de octubre, en su declaración en el juicio a los líderes independentistas “No todo vale”.  Y en esas estamos.
El president Quim Torra debe pensar que tiene patente de corso y puede hacer y deshacer a su antojo. Lo hemos visto estos últimos días con la pamplina de las pancartas y los lazos. Tal vez creía que los edificios de La Generalitat eran propiedad privada del president o, mejor aún, de los independentistas y podían poner en ventanas y balcones lo que les diera la gana y el resto nos tendríamos que callar y aguantar. Por eso, cuando la Junta Electoral Central, hizo quitar la decoración secesionista de los lugares públicos Torra se enfurismó como un adolescente mal criado y mandó colocar otra pancarta apelando a la libertad de expresión y opinión. Con esa actitud, el president muestra, una vez más, su ignorancia y/o mala fe porque la libertad de opinión y expresión son derechos individuales no de las instituciones.
Ya está bien. Llevamos más de seis años de fantasías, posverdades, falsos relatos y fake newes. Es necesario que dejen de seguir creando frustración. Tiene que haber alguien con las suficientes agallas y cuajo que salga y diga la verdad. La pseudo proclamada república ni fue legal ni legitima ni efectiva. Por no quitar no quitaron ni la bandera de España del Palau de La Generalitat. Y el Govern, después de la proclamación se fue de fin de semana. Es que ni en las formas más elementales fueron serios.
Y para terminar un ruego: por favor que a nadie se le ocurra comparar lo del 27 de octubre del 17, con el paso de la dictadura a la democracia. Lo primero fue, por decirlo suave, una irresponsabilidad. Lo otro, fue, desde cualquier punto de vista, legal, legítimo y efectivo. Y, por consiguiente, un modelo a seguir.

Bernardo Fernández
Publicado en el Catalán 26/03/19

19 de març 2019

EL HOMBRE DE LAS MIL CARAS


Josep Lluís Trapero, licenciado en Derecho, ingresó en los Mossos d’Esquadra en 1990 y en 2013 fue designado major del cuerpo. Saltó a los medios de comunicación con los atentados del 17 de agosto de 2107. Demostró, entonces, una manera de expresar que resultó diferente y empática para buena parte de la ciudadanía. Después, con los sucesos del 20-S ante la consejería de Economía en Rambla de Cataluña y, sobre todo, con la actitud contemporizadora de los Mossos el 1-O, a muchos nos hizo pensar que Trapero estaba en el bando equivocado. Hasta el juez instructor de la causa del procés, Pablo Llarena, le imputó por posible delito de rebelión. Incluso el coronel Diego Pérez de los Cobos, máximo responsable del operativo policial aquellas aciagas fechas de septiembre y octubre de 2017 en Cataluña, dijo, en calidad de testigo, en la vista oral que se sigue en el Tribunal Supremo contra los líderes independentistas que “Trapero estaba en el epicentro de la supuesta rebelión y que no hizo nada por impedir el referéndum”.

Pero, ríanse ustedes de las apariencias: Josep Lluís Trapero declaró el pasado jueves, 14 de marzo, en el mencionado juicio al que acudió como testigo. En su relato dijo que advirtió al entonces president Carles Puigdemont de que la consulta era ilegal, que podían ocurrir graves incidentes de seguridad y orden público, y le aconsejó suspenderla. Además, el exjefe de la policía catalana manifestó que se había puesto a disposición del Tribunal Superior de Justicia para detener al Govern si así se ordenaba. Según parece, todo estaba dispuesto desde el 25 de octubre. No obstante, Trapero no dio detalles de ese plan. ¿Conocían el Tribunal y la Fiscalía esa posibilidad o es un ardid del exmajor para salvar el pellejo? Esa es la cuestión.

Como suele ocurrir en estos casos nunca llueve a gusto de todos, por eso para unos Trapero se ha convertido en un traidor, es el caso de Mireia Boya de la CUP que al conocer las declaraciones dijo: “acaba de caer el héroe de Cataluña. O, por el contrario, para la hiperventilada Pilar Rahola es un auténtico crack, ya que sostiene que el ex major “ha desmontado totalmente la acusación de rebelión”. Es evidente que, porque hay gustos, hay colores.

Trapero tiene una causa pendiente en la Audiencia Nacional en la que está acusado de rebelión. Podía haberse negado a declarar porque lo que dijo en la Salón de Plenos del Tribunal Supremo puede ser utilizado en su contra. Estaba en su derecho y no lo utilizó. Con su declaración desmontó buena parte de la arquitectura argumental de las defensas.

Teniendo en cuenta el relato de Trapero, sí hubo violencia. Los miembros del Govern habían sido advertidos de que podía suceder hechos graves. Al president se le aconsejó que suspendiera la consulta y no lo hizo. Veremos cómo, a partir de ahora, evoluciona toda la vista en función de los testigos que han de desfilar por allí Sí se sostiene lo que dijo el ex major o se demuestra que iba de farol.

Desde luego Josep Lluís Trapero ha demostrado ser poliédrico. Se ha convertido en la estrella de la vista oral del procés (al menos por unos días) A juzgar por lo ocurrido, puede estar en misa y repicando. De ahí que crea que pueda ser el hombre de las mil caras

Confieso que tengo serias dudas sobre la veracidad de su declaración. Ni dio explicaciones sobre como tenía previsto llevar a cabo la acción ni (que se sepa) nadie ha visto documento alguno sobre el asunto. Ahí nace mi desconfianza.

De todos modos, es tarea del Tribunal calibrar la calidad del testimonio. Quizás cuando llegue la vista oral del juicio en el que Trapero se sentará en el banquillo veremos las cosas más claras.

Por lo general, el tiempo suele poner las cosas en su lugar.

 

Bernardo Fernández

Publicado en e notícies 18/03/19

 

 



07 de març 2019

CATALUÑA, CAPITAL MADRID


Desde que el pasado 12 de febrero comenzó el juicio a los líderes independentistas por el intento de ruptura con España, el centro de gravedad de la política catalana se ha trasladado a Madrid.
Como no podía ser de otro modo, los medios de comunicación han puesto el foco en la sala de plenos del Tribunal Supremo (TS) en la que se celebra la vista oral. Eso hace que lo que suceda en Cataluña, aunque sea de mucha importancia y nos afecte de manera directa, como ocurre, por ejemplo, con la falta de presupuestos, quede relegado a un segundo término.
Curioso país el nuestro. El pasado mes de diciembre, cuando se reunió en Barcelona el Consejo de Ministros, los CDR y compañía montaron la marimorena. Cortes de carreteras, de líneas ferroviarias, manifestaciones, enfrentamientos con la policía y toda una retahíla de despropósitos. En cualquier otro lugar civilizado del mundo sería de lo más normal que el Gobierno se reuniera en otra ciudad del Estado que no fuese la capital, incluso se vería con agrado. En cambio, aquí algunos lo consideraron una provocación. Cosas veredes Mio Cid que dice un viejo amigo mío.
En cambio, ni tan siquiera se han debatido las cuentas de la Generalitat en el Parlament, por lo que se han de prorrogar los presupuestos ya prorrogados de 2017, lo que significa que, habrá que buscar financiación con líneas de crédito extraordinarias, que el dinero escaseará para la sanidad, para la educación y los servicios sociales, pero no se convocan elecciones porque “a Cataluña no le convienen”, según el president. Pero tampoco se somete   a una moción de confianza, que es lo menos que se debe exigir en un sistema democrático, y aquí nadie dice ni pío. Como si el asunto no fuera con nosotros.
Todo está centrado en el proceso judicial: titulares de los medios de comunicación, tertulias, comentaristas, todo el mundo opina. Según parece todo el mundo sabe de leyes. Hasta cierto punto es lógico. Están en juego muchas cosas. Las sentencias y, en consecuencia, el futuro de los acusados es una. Otra, es el prestigio de la justicia española y por extensión la calidad de nuestra democracia. Y otra, no menos importante, el futuro a corto y medio plazo de Cataluña.
Por todo ello, no es casualidad que el tribunal haya permitido la retransmisión en directo de todas las sesiones y que se cuide hasta el último detalle. Quien más y quien menos sabe que la última carta que jugarán las defensas, si sus clientes no son absueltos, es llevar el caso al Tribunal de Estrasburgo. El TS no ignora esa posibilidad y de ahí la escrupulosidad con que se están haciendo las cosas.
No es la intención de este modesto articulista hacer un análisis pormenorizado de todas y cada una de las declaraciones y, mucho menos, entrar en cuestiones técnico-jurídicas. No obstante, si considero oportuno, realizar una valoración política de algunas de las intervenciones que se han producido en la sala de vistas del TS. Por ejemplo, las respuestas de Rajoy, Sáenz de Santamaría y, sobre todo, la del exministro del Interior, Juna Ignacio Zoido, fueron vergonzosas. Los máximos responsables del Gobierno de España el 1 de octubre de 2017 no sabían…, desconocían…, no dieron órdenes. Entonces, ¿para qué les pagamos los ciudadanos? Demostraron ser o unos embusteros o unos irresponsables. No sé qué es peor.
De todas maneras, el juicio está resultando muy clarificador en términos políticos. La declaración que hizo, días atrás, Iñigo Urkullu fue como una bocanada de aire fresco: ya era hora que alguien dijera las cosas tal como ocurrieron. Ni Puigdemont quería hacer lo que hizo, ni Rajoy quería llegar donde llegó y, sin embargo, uno proclamó la independencia y el otro aplicó el 155. Dos políticos tibios que se dejaron amedrentar. A los dos les temblaron las piernas e hicieron lo contrario de lo que querían y debían hacer. Así van las cosas.
Por si alguien albergaba alguna duda, empieza a ser bastante evidente que, para salir del atolladero al que nos han llevado, se necesita gente con más fuste que la nos ha puesto a los pies de los caballos. El problema es que, al menos en principio, no se ve a nadie, ni aquí ni en las inmediaciones, capaz de reorientar la situación, aunque tenga que pagar el precio de que le digan cobarde y traidor.
En cualquier caso, no deberíamos desesperar, que tengamos presupuestos o no, es pecata minuta: el juicio promete, esto no ha hecho más que empezar y va para largo.

Bernardo Fernández
Publicado en e notícies 07/03/19



03 de març 2019

HOMENAJE A LA RETIRADA


Soplaban vientos del sur
y el hombre emprendió viaje.
Su orgullo, un poco de fe
y un regusto amargo fue
Su equipaje…
(Joan Manuel Serrat)

El pasado 22 de febrero se cumplieron 80 años de la muerte de Antonio Machado en el pueblo francés de Colliure.
Una comitiva de cinco personas, formada por Antonio Machado, su madre, Ana Ruiz, José, su hermano, la esposa de éste, Matea Monedero y el escritor Corpus Barga, cogieron un tren, en Cerbère un frío 28 de enero de 1939 a las 17,30 horas y, media hora después les dejaba en el andén de la estación de Colliure.
Se calcula que más de 450.000 españoles pasaron la frontera en los últimos días de la Guerra Civil española. Fueron muchos los ciudadanos que, desde 1936, optaron por la marcha al ver amenazada su integridad física. Pero, a partir de que la Batalla del Ebro se veía perdida y el avance de los sublevados se hizo imparable, el éxodo aumentó de forma considerable.
Después, con la caída de Barcelona la desbandada fue general. Niños, viejos, mujeres u hombres. Civiles o militares, era igual. Las caravanas huyendo del fascismo con lo puesto y la derrota en la cara son, a mi modo de ver, una de las mayores vergüenzas de la sociedad occidental del siglo XX.
Ahora, 80 años después un presidente del Gobierno de España ha visitado por primera vez las tumbas de Antonio Machado, Manuel Azaña y ha visitado el campo de concentración de Argelès-sur-Mer, destino ineludible de todos los españoles que pasaban a tierras francesas desde Cataluña.
El 6 de febrero de 1939, Manuel Azaña, presidente de la Segunda República, fijó su residencia Pyla-Sur-Mer. Allí le informan de que los alemanes y un comando franquista quieren apresarle. Ante el inminente peligro, marchó a Montauban. No obstante, no estuvo demasiado tiempo en ese lugar. En octubre de 1940 sufre una trombosis y el 3 de noviembre del mismo año muere, le acompañaban su mujer, Dolores Rivas Cherif, y algunos colaboradores y/o amigos.
Sus restos descansan en el cementerio de esa localidad, Montauban, Manuel Azaña tenía la firme convicción de que la política era la manera más noble de resolver los conflictos sociales. Su memoria debe ser ejemplo vivo. Nos enseña que una conciencia cívica debe huir al mismo tiempo del fanatismo y de la equidistancia.
Azaña defendió el valor de la legitimidad democrática, pero rechazó siempre el dogmatismo de los que se creen en posesión de la verdad absoluta. A pesar del tiempo transcurrido, tiene plena vigencia y emociona leer su discurso “Paz, Piedad, Perdón”, pronunciado en la Barcelona destrozada de 1938.
Por su parte, Antonio Machado representa, de alguna manera, el destino trágico de la Segunda República unos días antes de morir. Al salir al exilio en la desbandada de la derrota, cuando la policía francesa le dejó continuar viaje hasta Colliure, gracias a las acreditaciones oficiales que pudo mostrar. Para su suerte y desgracia, a la vez, fue separado de los españoles que iban a ser recluidos en campos de concentración. La distancia entre el poeta y su pueblo representó la verdadera quiebra de un sueño republicano que se había concebido a sí mismo como elemento transformador de la vida cotidiana de los españoles a través de la educación y la cultura.
Estos dos hombres, sintetizan a aquellos cientos de miles de ciudadanos y ciudadanas que protagonizaron el exilio republicano español y que en el sur de Francia se conoce como “La retirada”. Así, sin traducir.
Ni puedo ni quiero evitar acabar este modesto escrito de homenaje a todos aquellos conciudadanos, sin recordar unos magníficos versos de Joan Manuel Serrat que dicen: “profeta, mi mártir/ quiso Antonio ser/ y un poco de todo lo fue/ sin querer.”
Descansen en paz.

Bernardo Fernández
Publicado en El Catalán 02/03/19



01 de març 2019

MOVILIZACIÓN IMPERTINENTE


Los amables lectores me van a permitir que empiece este artículo con un exabrupto: lo del Procés y sus consecuencias es para mear y no echar gota.
La huelga general convocada por el sindicato independentista Intersindical-CSC, el pasado 21 de febrero, en apoyo de los políticos presos que están siendo juzgados en el Tribunal Supremo, tuvo escaso seguimiento. En el comercio el paro fue muy minoritario y en la industria ni se notó. La Administración ralentizó un poco su actividad y buena parte de los estudiantes universitario se fumaron las clases. Sin embargo, quien estuvo como pez en el agua fueron los CDR cortando carreteras y líneas ferroviarias, ocupando las vías durante casi toda la mañana. También estuvo cerrado el Parlament y ninguno de los consejeros del Govern tuvo agenda oficial ese día. Ver para creer.
Que eso suceda en un país de Europa ─que tenga Estado o no, para el caso es igual─, es una vergüenza. Parece más propio de una república bananera que de una sociedad occidental próspera, desarrollada y culta como es y queremos que siga siendo la catalana. Bien queremos casi todos. A veces pienso que algunos, con el Govern a la cabeza, nos quieren hacer retroceder hasta el siglo XVIII y que haya otra guerra de Sucesión como la de 1714. Quizás, entonces, se sentirían más cómodos. Me imagino a alguno de los líderes independentistas como Conseller en Cap y dirigiendo a la Coronela, no tiene desperdicio. Les sugiero que hagan ese pequeño ejercicio de imaginación.
Volviendo a la realidad y en presente, lo del 21 de febrero no tiene nombre. En Cataluña hay casi 50.000 delegados sindicales, de los cuales poco más de 300 son de la intersindical-CSC, es decir, independentistas, que no llegan ni al 1% del total. Pues bien, que sean ellos los que marquen el paso en el mundo laboral, por lo menos, da que pensar.
Pero es que, además, y como siempre, funcionan con añagazas, mentiras y falsedades. Aunque la huelga se registró por motivos laborales, todo el mundo sabía que su objetivo era político. Es su manera de ser y actuar. No tienen ni valor ni capacidad para más.
Que, ni de lejos lograron sus objetivos, es algo evidente. No obstante, como los secesionistas tienen por costumbre magnificar todo lo que hacen ─aunque sea tirarse una ventosidad─, para ellos la huelga fue un éxito y, el mismo día por la tarde, llevaron a cabo una manifestación en Barcelona, bajo el lema “Sin derechos no hay libertades”, en la que participaron unas 40.000 personas según la Guardia Urbana y 200.000 según los convocantes. Y luego dicen que los andaluces son exagerados.
El caso es que los organizadores quedaron tan satisfechos y se miraron tanto el ombligo que ya están pensando en celebrar una mani similar en Madrid el próximo 16 de marzo. De hecho, están calculando por cuanto les pueden salir los autocares y un bocata de chóped por asistente. Claro que por dinero no se han de preocupar, para eso está el Govern. Si hace falta se recorta de sanidad, de enseñanza, de las becas comedor o de donde haga falta. Todo sea por la causa.
¿Hasta cuándo abusarás, Catilina, de nuestra paciencia? Empezó diciendo Cicerón en su primera Catilinaria.
¿Hasta cuándo soportaremos los ciudadanos de buena fe las movilizaciones impertinentes de los independentistas radicales? Me pregunto yo.

Bernardo Fernández
Publicado en e notícies 26/02/19

DE MAL EN PEOR

Claro y concreto: para los indepes partidarios del “cuanto peor mejor”, las cosas van de mal en peor. Así es. Casi todas las encue...