06 de setembre 2018

DOBLE RASERO


Es muy posible que, tras la publicación de este artículo, se me acuse tanto por los talibanes del procés, como por algunos buenistas, conservadores, equidistantes e, incluso, prudentes de buena fe de estar a favor de coartar la libertad de expresión, jalear al populismo y azuzar el enfrentamiento civil.  Nada más lejos de la realidad. No obstante, tengo por norma escribir según mi más leal saber y entender, aunque eso levante ampollas o sea políticamente incorrecto. Y esos son para mí, principios irrenunciables que no pienso cambiar, al menos, mientras tenga uso de razón.
Hecha esta aclaración, vaya por delante que estoy a años luz de los planteamientos ideológicos de Ciudadanos. No comparto ni sus propuestas sobre cuestiones económicas ni, tampoco, me parecen acertadas casi ninguna de las que hacen en cuestiones de sanidad, educación o políticas sociales en general. Además, considero que desde que Pedro Sánchez presentó y ganó la moción de censura, a los de la formación naranja el abismo se les ha abierto bajo los pies. Pensaban que llegar al gobierno era cuestión de ver como se despeñaba Rajoy y el PP era pulverizado por los innumerables casos de corrupción que le atenazan. Sin embargo, de la noche a la mañana, han visto como caían en las encuestas y su líder, Albert Rivera, perdía el argumento del relevo generacional frente al nuevo cabeza de cartel de los populares, ya que Rivera y Pablo Casado, son prácticamente de la misma quinta.
Quizás por todo eso han endurecido su discurso, y de manera especial lo han hecho sobre Cataluña. De todos modos, aquí nunca se anduvieron con medias tintas. De ahí que, echando mano, de cierto populismo Rivera y Arrimadas días atrás se arremangaron para bajar a la calle a quitar lazos amarillos.
Pues bien, no diré que acciones de este tipo o las que protagonizaron casi un centenar de personas con monos blancos y la cara tapada en la provincia de Girona sean dignas de aplauso, no. Pero no hay que perder de vista que no fueron ellos los que han llenado lugares públicos y fachadas de instituciones, que son de todos, de lazos amarillos y pancartas en defensa de unos individuos que están en prisión por intentar dar un golpe de estado los días 6 y 7 de septiembre del año pasado convocar un referéndum ilegal o proclamar una república el último 27 de octubre. Y es que a veces parece que tengamos Alzheimer selectivo.
Por eso, el Defensor del Pueblo, Francisco Fernández Marugán, en una declaración institucional ha pedido a los poderes públicos catalanes que respeten el principio de neutralidad ideológica que debe regir en cualquier sociedad libre, abierta, democrática y tolerante.
Tampoco deberíamos olvidar que Ciudadanos ganó las elecciones del 21 D con un millón largo de votos y esos que les votaron, con toda probabilidad, necesitan saber que hay quien se preocupa por ellos y no sólo les va a pedir el voto.
Por todo ello, me han irritado sobre manera declaraciones como las de Artur Mas cuando dijo que Ciudadanos había nacido para romper la convivencia en Cataluña o las de Colau que les sugirió poner lazos de color naranja. Tampoco tienen desperdicio las declaraciones de Josep Costa, vicepresidente del Parlament (el mismo individuo que se negó a dar la mano al jefe del Estado en los actos en honor a las víctimas del 17 A) cuando reconoce que se ríe de la formación naranja porque representa a los ultras de este país. De igual manera, Eduard Pujol, portavoz de JuntsxCat, califica a Ciudadanos de pirómanos.
Desde luego, no seré yo quien diga que la actitud de quitar lazos sea ejemplarizante ni un referente para lograr un modelo de convivencia. Ahora bien, tampoco lo es ponerlos y este no es el cuento del huevo y la gallina. Aquí hay una acción y una reacción. Sin la primera nunca hubiera existido la segunda.
Así las cosas, sorprende que se contemporice con los que inician la bronca y se quiera demonizar a los que quieren volver al día de antes. Da la sensación que a la hora de juzgar no son pocos los que utilizan un doble rasero.

Bernardo Fernández.
Publicado en El Catalán 05/09/18


05 de setembre 2018

LA CATALUÑA REAL


Según un estudio de la Asociación Estatal de Directores y Gerentes de Servicios Sociales, el gasto social en Cataluña se ha reducido desde 2009 en un 19,96 %. Es decir, la sanidad, la educación y los servicios y políticas sociales han perdido 4.134 millones de euros durante los años de la crisis económica. Cataluña tiene el triste honor de ser la comunidad autónoma que más ha recortado en políticas sociales.
Las cifras son descorazonadoras. El gasto en sanidad ha caído un 27,5 %, entre 2009 y 2015. O sea, 3.328 millones de euros. En educación el recorte fue de un 12 %, lo que equivale a 781 millones de euros. Y para servicios sociales en estos años han llegado 25 millones de euros menos.
Estas cifras significan que el gasto social por habitante en 2017 fue de 2.227 euros, 560 menos que antes de la crisis. Sobran las palabras.
Por otra parte, la actividad legislativa y el necesario y democrático control al Govern han desaparecido.  En el mes de julio se suspendió un pleno del Parlament por un desacuerdo, llamado Puigdemont entre los grupos independentistas, y no está previsto celebrar ningún pleno hasta octubre. Asimismo, la mayoría secesionista ha negado la creación de una comisión de investigación para averiguar si los Mossos d’Esquadra espiaron a determinados políticos, periodistas y abogados contrarios al procés.  Pese a que según el artículo 67.3 del reglamento de la Cámara catalana se debe crear una comisión cuando lo soliciten una tercera parte de los diputados —65 de 135— o tres grupos parlamentarios. Ni así. Lo pidieron Ciudadanos, PSC, Catalunya en Comú y el PP y los independentistas hicieron como si oyeran llover.
Por si todo esto fuera poco, en los despachos y en los centros de poder se está librando una sórdida batalla, entre JuntsxCat y ERC, por el control de TV3 y Catalunya Ràdio. Mientras que los trabajadores lamentan la existencia de “acuerdos privados para repartirse TV3” y sigue pendiente la reforma de la ley de la Corporación Catalana de Medios Audiovisuales pactada hace más de un año.
Con este panorama de fondo y -supongo que, como dicen ellos- para normalizar el país, noventa altos cargos, exdiputados y personal eventual del Govern cesados con el 155 han sido recolocados en la Administración pública catalana. En su mayoría personas vinculadas a los partidos independentistas de la coalición en el poder, que han hecho del procés su modus vivendi. Prácticamente todos han recuperado el mismo lugar de trabajo u ocupaciones parecidas, aunque hay casos de cambios significativos de responsabilidad o de ascensos.
Los más relevantes son los de los exconsejeros de Cultura y de Agricultura, Lluís Puig y Meritxell Serret, que han sido nombrados, respectivamente, director del Programa para el Desarrollo de Proyectos Culturales de Ámbito Internacional y delegada del Govern ante la Unión Europea. Puig y Serret huyeron a Bélgica en octubre del año pasado para evitar su procesamiento en España.
Con estos datos sobre la mesa, el president Torra, en vez de ir al Parlament y debatir con el resto de grupo parlamentarios, prefiere dar conferencias para sus acólitos, compararse con Martin Luther King, proponer “marchas por las libertades”, decir que no aceptará las sentencias a los políticos presos si no son absolutorias e insultar con desfachatez, llamando fascistas, a los que no piensan como él. Tal y como hizo en el acto realizado en el Teatre Nacional de Cataluña, el pasado 4 de septiembre.
De todos modos, le guste o no a Quim Torra, la Cataluña real es la de los recortes para los ciudadanos de a pie, la de falta de los más elementales sistemas de control democrático y de control al gobierno. Sin embargo, lo que no falta es uno de los principios fundamentales de un régimen autocrático que se precie: la colocación (en este caso recolocación) de los leales a la causa.
Lo demás son mandangas para tener al personal entretenido.

Bernardo Fernández
Publicado en e notícies 05/09/18


25 de juliol 2018

IMPLOSIONAR EL INDEPENDENTISMO


Dicen que el hombre es el único animal que tropieza dos veces en la misma piedra. Pues bien, hay políticos que son capaces de tropezar y equivocarse tantas veces como haga falta, hacer que los suyos se estampen contra la pared, romper la cohesión social y poner en riesgo el progreso de su país. Todo vale para mantenerse en el sillón, aunque sea virtual, y seguir disfrutando así de ciertas prebendas.
Eso es, exactamente lo que hicieron Carles Puigdemont y sus colaboradores más próximos en la asamblea del PDeCat celebrada los días 21 y 22 de julio en Barcelona.
Puigdemont y los suyos saben de sobras que han de pasar muchos años y muchas cosas para que el expresident pueda volver a ejercer la política institucional. No obstante, no le ha temblado el pulso para defenestrar a Marta Pascal, partidaria de practicar el posibilismo político, y colocar en su lugar a David Bonvehí, hasta ahora número dos del partido y que parece bastante más proclive a seguir los dictados del president fugado.
Lo sucedido en el Palacio de Congresos de Barcelona el fin de semana, no es una buena noticia ni para el independentismo en su conjunto ni, mucho menos, para los que aspiran a restablecer los puentes de dialogo.
Que nadie se llame a engaño. Puigdemont no hace las cosas porque sí. Tiene dos objetivos muy claros y trabaja para lograrlos. Uno es fagotizar a ERC y concentrar el máximo de poder secesionista bajo su control. El otro tensar cuanto pueda la cuerda con el Gobierno central y los poderes del Estado, porque piensa que le beneficia. Ese es el motivo principal de la caída de Marta Pascal. Fue ella quien hizo las indicaciones precisas a su grupo parlamentario en el Congreso para apoyar la moción de censura de Pedro Sánchez y desalojar a Rajoy de La Moncloa, cuando Puigdemont quería que el PDeCat se abstuviera.
La Crida Nacional por la República, -el último invento del expresident, no deja de ser una cortina de humo. Lo que en realidad pretende Carles Puigdemont es que la política catalana siga inmersa en el dislate que estamos padeciendo; de esa forma, podrá ejercer un hiper liderazgo mesiánico y teledirigir cómodamente desde cualquier rincón del mundo buena parte de la acción política que se lleve a cabo en Cataluña.
Imaginemos por un momento que la situación empieza a normalizarse, ¿qué papel jugaría Puigdemont? La repuesta es clara: ninguno. Es lo que pasó con la entrevista Sánchez Torra, en cuanto hubo un poco de distensión el expresdent perdió protagonismo.
No podemos vivir instalados en este marasmo. El fracaso de la unilateralidad por la que apostaron los secesionistas es una evidencia. Por tanto, cuanto antes lo reconozcan y empiecen a rectificar mejor. Sin embargo, las intenciones de Puigdemont van en dirección opuesta.
Quizás los soberanistas necesiten tiempo para recomponerse, pero el país no puede esperar mucho más. Ciertamente, rectificar no es fácil, menos cuando se ha jugado a todo o nada y se ha perdido.
En estos momentos lo que toca es dejarse de universos ficticios, volver al mundo real y explicar las cosas como son, no como habían soñado algunos que podían ser. Hasta Carod Rovira, poco sospechoso de connivencias con el constitucionalismo pidió un poco de decencia política y que se le diga a la gente la verdad.
La ciudadanía empieza a estar harta de tantas martingalas imposibles. No hace falta ir muy atrás para darse cuenta qué hay quien se llena la boca de bravuconadas y luego las palabras se las lleva el viento.
Se iba a constituir el “Consell de la República”. Se iba a crear la “asamblea de cargos electos”. Ahora, nos vienen con ese órgano indefinido que han llamado “La Crida Nacional per la República” ¿Qué es? ¿Para qué servirá? ¿Cuáles son sus objetivos? Nadie ha dado ninguna explicación mínimamente válida. No obstante, estos movimientos pueden hacer implosionar el independentismo y los responsables parece que no quieren darse cuenta.
En todo este contexto, un tímido deshielo había empezado con la reunión de los presidentes llevada a cabo semanas atrás, después se han reunido varios ministros con varos consellers y en breve se reunirá la Comisión bilateral Estado-Generalitat que hacía años que no se reunía. Hasta Elsa Artadi, portavoz del Govern, está por el diálogo y admite que “la fiscalía puede decidir hacia donde aprieta i hacia donde no”. Sin embargo, la actitud de Carles Puigdemont me ha traído a la cabeza aquella placa que hay en algunos bares, con una frase que dice: “Hoy hace un día fantástico, seguro que viene alguien y te lo …”
Esperemos que eso no ocurra.

Bernardo Fernández
Publicado en e-notícies 25/07/18

18 de juliol 2018

40 AÑOS DESPUÉS


Los días 15 y 16 de julio de 1978 se celebró en Barcelona el Congreso constituyente del que saldría el Partit del Socialistes de Catalunya (PSC).
De hecho, el PSC es la amalgama de tres partidos con alma socialista que comprendieron, tras los primeros comicios celebrados en España tras la dictadura, que por separado sólo serían fuerzas testimoniales y, sin embargo, unidos podían aspirar a ser el “pal de paller” de la política catalana, al menos en la izquierda.
El PSC que conocemos en la actualidad, nace de la fusión del PSC Congrés, liderado por Joan Reventós y del que forman parte Raimon Obiols, Narcís Serra y Pasqual Maragall, entre otros. De hecho, es la versión progre de la burguesía catalana. El PSC Reagrupament liderado por Josep Pallach, el grupo más minoritario, que se ve forzado a la unificación para no sucumbir, pero una parte de su escasa militancia acaba abandonando o dándose de baja. A estas dos formaciones se suma la Federación Catalana del PSOE encabezada por Josep María Triginer que es quien pone el personal de base y, en definitiva, la mayor parte de los votos.
La historia del PSC es, una historia de éxito. Tiene, como toda obra humana, luces y sombras. En este contexto, cabe destacar la derrota en las elecciones autonómicas de 1980, frente a la CiU de Jordi Pujol, como un hecho que estigmatizó la evolución del partido y quizás de Cataluña, durante casi 20 años. Justo hasta que Pasqual Maragall se presentó para presidir la Generalitat en 1.999. Entonces, aunque los socialistas no alcanzaron el Govern porque la aritmética parlamentaria no se lo permitió, ganaron en votos. Después, en 2003 y con perores resultados, pudieron gobernar Cataluña, formando un tripartito con ERC y Iniciativa por el que acabarían pagando un precio altísimo, en otros comicios posteriores, debido a que su constitución generó grandes expectativas y, sin embargo, su funcionamiento como gobierno, además de ser muy anárquico, dejó bastante que desear.
De todos modos, el punto de inflexión del socialismo catalán se produjo en el Congreso celebrado en Sitges en febrero de 1994. Allí, los llamados Capitanes (pléyade de mandos intermedios que provenían en su mayoría clases sociales medias y populares), lograron derribar a la cúpula del partido, entonces encabezada por Raimon Obiols, pero no supieron o no pudieron imponer un candidato. Eso hizo que, a partir de esa fecha, los herederos de las clases acomodadas que hasta entonces habían liderado el partido y el movimiento de los dirigentes más a ras de suelo tuvieran que pactarlo prácticamente todo. Esa circunstancia abrió una etapa en el partido mucho más fecunda, de más participación y, sobre todo, de una gran transversalidad que generó importantes éxitos políticos y sobre todo electorales.
En esa época el PSC era visto, incluso por muchos que no le votaban, como el partido que mejor representaba a la sociedad catalana. También durante unos años los socialistas catalanes fueron una de las organizaciones políticas con más representación institucional en todos los niveles de toda Europa. Había militantes del PSC con responsabilidades en el Gobierno central, en el sottogoverno, en el Govern, en las Diputaciones, en los principales Ayuntamientos e incluso en el Parlamento europeo.
El PSC tocó su techo electoral en las autonómicas de octubre de 1.999, con 1.183,299 votos y 50 diputados, a partir de ahí empezó un declinar más o menos suave, pero sostenido. Tan sólo en las elecciones generales de 2008, con la candidatura encabezada por Carme Chacón (q.e.p.d.) se detuvo esa caída al obtener 26 escaños.
Después vino la crisis económica y la mala gestión de la misma. La sentencia del Tribunal Constitucional sobre el Estatut. Más tarde el mal llamado Derecho a Decidir que supuso para el partido un auténtico cataclismo y un rosario de deslealtades, abandonos y fugas de militantes tan significados como Quim Nadal o el inefable Ernest Maragall que, tras ser 32 años cargo público representando al PSC, se dio cuenta, al dejar de tener nómina de las instituciones, que era independentista. Algo similar, sucedió con otros militantes nocivos.
Todo ello le ha supuesto al socialismo catalán una auténtica escisión y estar al borde de la desaparición. No obstante, el PSC goza de una mala salud de hierro y ha visto como se esfumaban organizaciones tan emblemáticas como el PSUC, Iniciativa, Unió (de quien ha recogido en sus listas electorales, en mi opinión erróneamente, algún naufrago) y sobre todo Convergencia Democrática de Cataluña CDC. El partido de Jordi Pujol. Los mismos que en plena efervescencia independentista decían que el socialismo en Cataluña estaba acabado y sin futuro. Luego, que quien se quedó sin futuro fue CDC. Que cosas tiene la vida.
En las últimas elecciones autonómicas, las del 21-D, el PSC obtuvo 16 diputados (entonces tenía 15) por tanto, hizo una subida más que modesta. En cambio, ahora, a rebufo de Pedro Sánchez, según dicen las encuestas, ganaría en Cataluña si hubiera elecciones generales.
El hecho cierto es que el PSC no está en su mejor momento, pero es que tampoco lo está la socialdemocracia en ningún lugar del mundo y menos de Europa. Pese a ello y después de analizar aciertos y desaciertos y sobre todo la trayectoria global de estos 40 años, es obligado decir: Per molts anys PSC!!!

Bernardo Fernández
Publicado en e-notícies 18/07/18



11 de juliol 2018

COMIENZA EL DESHIELO


Si se tuviera que resumir con una sola palabra el resultado de la reunión del presidente del Gobierno de España con el de la Generalitat, que hacía más de dos años que no se producía, yo lo haría con el vocablo deshielo.
En efecto, la reunión entre Pedro Sánchez y Quim Torra el pasado lunes en La Moncloa debe ser el inicio de una nueva fase política en la que las cuestiones políticas se resuelvan con iniciativas políticas.
De todos modos, hay cosas incuestionables que tienen un rol decisivo en esta inmensa partida de ajedrez. Por ejemplo, que Europa ha respaldado sin fisuras la democracia española y que el 27 de octubre no hubo ni referéndum ni nada que se le parezca. A la vez, tampoco se puede negar que el independentismo, aunque dividido en tres listas, volvió a ganar las elecciones el 21 de diciembre, movilizó al 47% de los electores y repitió así su mayoría absoluta.
Pedro Sánchez sabe que el conflicto catalán viene de lejos y no se va a resolver de un día para otro. No obstante, considera positivo intentar rebajar la tensión para avanzar primero normalizando la situación y a medio plazo buscando una solución de largo recorrido.
Por otra parte, es evidente que el procés ha fracasado y la unilateralidad es inviable. Otra cosa es que los líderes secesionistas, pese a todo, se tengan que mantener imperturbables para no defraudar a su electorado.  Además, saben que ni pueden pactar un programa alternativo entre ellos, por su diversidad ideológica, ni arriesgarse a dar la batalla interna porque eso podría suponer perder el poder.
En consecuencia, han optado por el espejismo de mantener la ilusión de que la independencia es posible (algo que cada vez cree menos gente) y esperar a ver qué sucede. Quizás una dura sentencia del Supremo a los imputados por los sucesos de septiembre y octubre sería el revulsivo que necesitan para volver a las andadas.
En cualquier caso, debemos entender la entrevista entre los dos presidentes como un hecho positivo. Un encuentro de dos horas y media no es demasiado habitual entre los políticos de hoy en día, y si lo comparamos con lo sucedido en los últimos seis años, es un éxito incuestionable.
Hubo dialogo, sí y discrepancias también. Se llegó a algún acuerdo como, por ejemplo, poner de nuevo en marcha la comisión bilateral que no se reunía desde 2011. Se acordó que esta misma semana se reúnan los vicepresidentes de ambos gobiernos. A la vez,Torra invitó a Sánchez a los actos que se celebrarán este mes de agosto para homenajear a las víctimas de los atentados de Barcelona y Cambrils, en el primer aniversario.
Como no podía ser de otro modo, Torra defendió el derecho de autodeterminación y Sánchez el autogobierno. Llegados a ese punto, hay quien dice que saltaron chispas, pero no llegó la sangre al río. Y para el bien de todos ni uno propuso pactar un referéndum, ni el otro reformar la Constitución como solución a todos los males.
Asimismo, los presidentes trataron, entre otros asuntos, sobre la posibilidad de retirar los recursos ante el Constitucional a diversas leyes de claro contenido social, de impulsar el corredor del Mediterráneo o la anulación del juicio a Lluís Companys.
En mi opinión, esta entrevista tiene cierta similitud con la que tuvieron Adolfo Suárez y Josep Tarradellas en los inicios de la Transición. Entonces el encuentro fue francamente mal. Sin embargo, cuando Tarradellas se reunió con la prensa dijo que había ido muy bien. Con el tiempo nos dimos cuenta de que, tras aquel encuentro, se sentaron las bases de uno de los periodos de más desarrollo y progreso de España en toda su historia.
No creo que ese sea el caso en estos momentos. No obstante, no deja de ser curioso que ambos presidentes acabaran su entrevista dando un paseo por los jardines de La Moncloa, y en ese paseo Sánchez enseñara a Torra la fuente en que Don Antonio Machado se encontraba con la que fue su último amor que, por cierto, estaba casada: Pilar de Valderrama, Guiomar.
Quién sabe si quizás algunos de los versos del insigne poeta iluminan a nuestros mandatarios y se deciden a hacer “camino al andar”, sin “buscar la gloria ni dejar en la memoria de los hombres su canción”
Para empezar, sería suficiente con que trabajasen por el deshielo de la situación entre Cataluña y el resto de España.


Bernardo Fernández
Publicado en e-notícies 11/07/18



        

03 de juliol 2018

COSAS QUE IMPORTAN


En septiembre de 1998 el director cinematográfico Carl Franklin estrenaba su película Cosas que importan. Me ha parecido oportuno utilizar como enunciado de este escrito la misma frase que empleo el conocido director para titular su filme. A partir de ahí, cualquier coincidencia entre las dos creaciones es pura casualidad.
Con este artículo, me propongo desmontar, aunque sólo sea en parte, ese dicho tan manido de que “todos los políticos son iguales”. Veamos.
El arranque del Gobierno de Pedro Sánchez fue espectacular. Lo recordamos todos y no insistiré. No obstante, no faltaron los profetas del desastre, la mayoría con las posaderas ubicadas en la derecha y más de uno con cuenta corriente en paraíso fiscal, dijeron que aquello sería como una gaseosa; es decir, cierto estruendo inicial para desbravarse con rapidez.
Sin embargo, parece que el Ejecutivo socialista ha alcanzado la velocidad de crucero y no pasa día que no nos dé motivos para creer que este Gobierno trabaja de otra manera y en cosas que de verdad importan a la ciudadanía.
Por ejemplo, en el tema siempre escabroso de la corrupción. Como todos recordamos no había pasado ni una semana del nombramiento de los ministros cuan saltó la noticia que él, entonces, ministro de Cultura y Deporte, Máxim Huerta había sido multado por defraudar a Hacienda. Pues bien, en horas Huerta dimitía. La ejemplaridad rapidez y contundencia fueron modélicas. Algo similar ha sucedido con Jorge Rodríguez, ahora ya expresidente de la Diputación de Valencia y que había sido acusado de supuestas irregularidades en la contratación de personal directivo para una empresa pública.
De igual forma, ha sido ejemplar la actitud del Gobierno con migrantes y refugiados. Una referencia para otros Gobiernos de la UE.
Lo mismo se podría decir de la decisión del Ejecutivo de trasladar los restos mortales de Franco y José Antonio para hacer del Valle de los Caídos un espacio de reconciliación de todos y para todos y no sólo de los de un bando, como ha sido hasta ahora.
Pues bien, mientras todo esto sucede, en el Ministerio de Hacienda ya han empezado a elaborar los Presupuestos para 2019. Unos Presupuestos que el Gobierno de Sánchez pretende que sirvan para dar un giro a la política presupuestaria y reforzar el Estado del bienestar. El eje vertebrador de esa nueva orientación sería cumplir con los objetivos de déficit y deuda marcados por Bruselas, pero priorizar la cohesión social, la lucha contra la desigualdad y la sostenibilidad.
En este contexto, el diseño de las cuentas irá en la línea de fomentar un cambio en el modelo de producción que genere un crecimiento más cercano a los criterios de igualdad y redistribución.
Por todo ello, Pedro Sánchez ya ha anunciado que “necesitamos un sistema fiscal de primera para tener un Estado de bienestar de primera”.
Y mientras el Gobierno se preocupa y ocupa de las cosas que de verdad importan, los que decían ser uno de los partidos con más militantes de Europa, andan a la greña, entre otras cosas, por las falsedades del censo y porque van a hacer unas elecciones primarias que no van a llegar ni a simulacro. Si como parece, los militantes que voten no llegan ni al 10% de los afiliados, eso será una charlotada, no un proceso electoral.
Por cierto, mientras unos trabajan y otros se descalabran solos, Quim Torra promociona la ratafía “porque nos hace más fuertes como país”. Sobran los comentarios y conste que ese licor me parece un digestivo excelente, pero cada cosa en su lugar.

Bernardo Fernández
Publicado en e-notícies 3/07/18


25 de juny 2018

EL TERCER CANDIDATO


La renuncia de Mariano Rajoy a seguir dirigiendo el PP tras la derrota en la moción de censura a manos de Pedro Sánchez y la consiguiente pérdida de la presidencia del Gobierno, ha hecho que en el Partido Popular se pongan en marcha los mecanismos previstos para buscar un sucesor que lidere la organización y los vuelva a La Moncloa.
Siete han sido los militantes que han conseguido los avales necesarios y han presentado candidatura. Por primera vez en el Partido Popular se harán primarias y, por primera vez, serán los afiliados los que escojan a su líder. Ahora bien, el sistema es algo peculiar. Veamos.
Sólo podrán votar aquellos militantes que estén al corriente de pago y se hallan inscrito para ello. Además, ha de hacer al menos un año que se registraron para ejercer su derecho al voto. En la organización existe el temor que se ponga de manifiesto la baja cifra de afiliados reales. Según parece ésta no llega al 10% que afirman tener. El censo está muy inflado con fallecidos, gente que se dio de baja, pero nunca se cursó, etcétera.
Más allá de esas cuestiones burocráticas, y tras la campaña electoral la votación será el 5 de julio. Ese día, además de escoger al presidenciable, se escogerá a una parte de los compromisarios al congreso, otra parte son miembros natos y/o escogidos directamente por la dirección. De la votación que lleven a cabo los militantes, quedarán para la segunda vuelta dos más votados. De esos dos, será finalmente uno el que sea elegido presidente del partido en el congreso que celebrarán los días 20 y 21 de julio.
Por tanto, ¿elecciones primarias en el PP? Sí, pero podríamos decir teledirigidas o, quizás mejor, en diferido.
Sea como sea, y si no cambia mucho la cosa el duelo estará entre María Dolores de Cospedal y Soraya Sáez de Santamaría. De todos modos, habrá que estar muy atentos al resto de candidatos porque es posible que alguno a o varios de ellos cuando no pasen el primer corte, pidan el apoyo que les han dado a ellos para uno(a) de los supervivientes.
También es muy plausible que salte la sorpresa. Por eso deberíamos estar pendientes del tercer candidato, Pablo Casado. Apunta alguien que le conoce bien que Casado vive desde hace años con el chip en la cabeza de futuro líder que le implantó Aznar. “Si alguna vez me tiene que renovar alguien que me renueve Pablo Casado, que es un tío fantástico”, dijo el expresidente José María Aznar en 2015. El ahora candidato ha trabajado para ello. Intentó pasar antes por la presidencia autonómica de Castilla y León, ha cuidado su imagen pública y ha esperado su momento aprovechando el cartel de portavoz del PP que le otorgó Rajoy.

Así ha sido hasta que le ha surgido un problema, justo, donde menos lo esperaba: su formación. Tanto acumular currículo para que, finalmente, le atropellen y arrollen los cursos y los másteres.

En efecto, parece que la jueza que dirige la investigación sobre el máster de Cristina Cifuentes y Pablo Casado barrunta alguna irregularidad. Por eso, ha ordenado que se practiquen nuevas diligencias para tratar de determinar si el candidato a la presidencia del Partido Popular pudo recibir un trato de favor de la Universidad Rey Juan Carlos, puesto que obtuvo la titulación en condiciones claramente ventajosas. La cuestión es si la normativa vigente en el curso 2008-2009 permitía a Casado convalidarse de golpe de 18 de las 22 asignaturas que integraban el programa académico, lo que equivaldría a 40 de los 60 créditos totales.

Ante esta situación, no se debería descartar que Pablo Casado resulte imputado antes o después de las primarias. Si eso llegara a suceder, con Casado en un sitio relevante de la dirección, podría ser, sino el final definitivo del PP que hemos conocido hasta ahora, si un nuevo traspiés muy difícil de superar.

Esperaremos acontecimientos, desde luego, la cosa promete.



Bernardo Fernández
Publicado en e-notícies 25/06/18

DOBLE RASERO

Es muy posible que, tras la publicación de este artículo, se me acuse tanto por los talibanes del procés, como por algunos buenistas, co...