28 de maig 2015

TIEMPO DE PACTOS

Los resultados de las elecciones municipales y autonómicas del pasado 24 de mayo, han certificado el acierto de aquellos estudios y sondeos que vaticinaban un mapa político mucho más fragmentado y con más actores de lo que hemos tenido hasta ahora. El bipartidismo perfecto atemperado por los partidos nacionalistas ha dado paso a un bipartidismo imperfecto donde los partidos emergentes serán imprescindibles para tejer nuevas mayorías parlamentarias, decidir alcaldes y configurar gobiernos.
El sistema político existente en España desde 1978 ha entrado en declive. A pesar de que PP y PSOE siguen siendo los dos partidos mayoritarios a mucha distancia del tercero (Ciudadanos en el ámbito municipal) se han dejado en el envite muchos millones de votos. En concreto el PP ha perdido casi dos millones y medio de votos con respecto a la municipales de 2011 y el PSOE 700.000.  En aquella ocasión, entre ambas formaciones se llevaron el 65% de los sufragios, ahora se han quedado en el 52%. Con la perdida de todas las mayorías absolutas de los populares y los escrutinios sobre la mesa, se confirma el giro a la izquierda en, prácticamente,  toda España. Además, la política de tierra quemada y  prepotencia puesta en práctica con excesiva frecuencia por los de Mariano Rajoy, hará que les sea harto difícil, ahora, encontrar con quien pactar.
Resulta muy significativo el sorpasso de la izquierda alternativa que ha logrado colocar en Barcelona a Ada Colau como futura alcaldesa de la ciudad, y a Manuela Carmena que, aunque con un concejal menos que Esperanza Aguirre, con toda probabilidad será la máxima regidora de Madrid, ya que no sería entendible un desacuerdo entre la fuerza que la ex jueza encabeza, Ahora Madrid,   y los socialistas madrileños. Además, es muy probable que esa sea la llave que desbloqueé la cuestión en Andalucía.
Por lo que respecta a UPyD, sencillamente han quedado borrados del mapa electoral. Es su desaparición, sin paliativos y sin aditivos. Ni siquiera podrán servir de bisagra para gobernar en algún sitio. La formación magenta se ve abocada a una crisis interna sin precedentes. Rosa Díez ya ha anunciado que no se presentará a la reelección. Por tanto, muy probablemente,  la formación tiene los días contados.
Asimismo, Izquierda Unida ha tenido unos resultados pésimos, reconocidos por sus dirigentes sin ambages. Es la primera víctima de Podemos, que prácticamente ha fagocitado al partido de Cayo Lara. Sin duda alguna IU, que en muchos territorios ha ido en coalición con otros partidos, debe abrir un debate sobre su futuro.
El tiempo de las especulaciones ha pasado, los resultados son los que son y ahora toca preparase para gobernar. Es tiempo de pactos. Aquellos que pidieron el voto a los ciudadanos ahora deben responder a la confianza que en ellos se depositó.  Deben intentar formar gobiernos y estar en ellos. No se trata de repartir sillas como torticeramente aducen algunos. Hay que hacer políticas que satisfagan las necesidades e intereses de la ciudadanía. No se trata de gobernar a cualquier precio, pero si asumir aquellas responsabilidades que los ciudadanos han otorgado.
Se abre la posibilidad de un tiempo nuevo. Los partidos están obligados a entenderse para sumar mayorías. Asimismo, esta diversidad debería servir para revitalizar instituciones que quizás se han oxidado por un exceso de uniformismo ideológico. Tampoco estaría de más un deshielo de  las relaciones entre CCAA de diverso color político y de éstas con el gobierno central.
Por su parte, la ciudadanía debe entender que aquellos a los que otorgó su confianza habrán de ser flexibles y estar dispuestos a hacer concesiones para llegar a acuerdos y lograr consensos. Los dogmatismos están de más.
En Cataluña las cosas no son muy diferentes, pero deberemos esperar un poco más, por lo menos hasta 27 de septiembre, a ver si Artur Mas convoca elecciones autonómicas, mal llamadas plebiscitarias.
Aquí CiU sigue siendo la fuerza más votada, pero ha perdido Barcelona, ha dejado de tener representación en Santa Coloma de Gramenet y Cornellá y ha bajado, también, en Hospitalet, Tarragona, Badalona, Martorell, Terrassa y en casi todas las poblaciones de más de 25.000 habitantes. En conjunto la federación nacionalista ha perdido más de 110.000, votos con respecto a los comicios de 2011.
Por su parte el PSC sigue sin ver el final del túnel y más alá del fiasco de Barcelona (se ha quedado con 4 concejales), pese a ser la segunda fuerza en Cataluña, empieza a sentir en el cogote el aliento de ERC que les sigue cada vez más cerca.
Estamos viviendo un tiempo político apasionante y se producirán situaciones que nos sorprenderán. Así por ejemplo, será interesante ver a quien coloca Colau al frente de la concejalía de la hacienda barcelonesa o que concejal asume el mando de la Guardia Urbana. Esos nombramientos nos darán alguna pista de por dónde irán las cosas en el próximo mandato municipal en Barcelona.
Es cuestión de observar con suma atención y, a ser posible, que no se nos escape  ni una. Esto no ha hecho más que empezar.

Bernardo Fernández

Publicado en Crónica Global 28/05/15

20 de maig 2015

ESPECTÁCULO ESPERPÉNTICO

Dicen que un buen político es aquel que se dedica a resolver los problemas de la gente y no a crearlos. Pues bien, a juzgar por lo que sucede en nuestro país, los buenos políticos son un bien escaso  por estas latitudes. Basta con prestar un poco de atención a la situación para comprobar la insensatez de muchos de nuestros dirigentes.
Tomemos como referencia algunas de las noticias que se han producido en los últimos días.
La semana pasada, el Ministro de Educación, José Ignacio Wert, comparó el estatus del castellano en las escuelas catalanas con “la situación del catalán en esas épocas que tanto les agrada recordar”, dijo, en clara alusión a la etapa franquista. Las declaraciones hechas, teóricamente, sin micrófono fueron realizadas en los pasillos del Congreso. Éstas se comentan por si solas y no precisan de ninguna explicación.
Pero es que al día siguiente,  La Junta electoral Central dictó una resolución por la que ordena retirar de “edificios públicos y locales electorales las esteladas”,  para preservar la neutralidad en campaña electoral. Lo razonable es que esas banderas no se hubieran puesto jamás en lugares que son de todos, mientras que esa enseña representa tan sólo a unos, pero ya que se ha hecho y la autoridad ordena retirarlas se hace y punto. Pues no, a los independentistas, con Artur  Mas a la cabeza, les faltó el tiempo para poner el grito en el cielo, hablar de recortes de libertades y no sé cuántas incongruencias más.  Y, por si no teníamos suficiente, el Consejero  de Interior, Ramón Espadaler, declara que no se “plantea”   quitar las susodichas banderas.
Por si todo eso fuera poco, a renglón seguido, el ministro del interior del gobierno central y el consejero del mismo ramo de la Generalitat se enfrascaron en un cruce de declaraciones con duros reproches por la irresponsabilidad en la investigación de unos presuntos yijhadistas  Según  Espadaler, un soplo de la Policía Nacional advirtió a esos individuos que estaban siendo controlados.
La respuesta del Ministro del Interior, Fernández Díaz, no se hozo esperar y tachó de “bajeza y ruindad” la acusación de la policía catalana.

Se supone que estos señores han sido elegidos para representarnos, velar por nuestros intereses y seguridad. Sin embargo, se pasan el día tirándose los platos por la cabeza y despotricando, dando, con su actitud, un espectáculo esperpéntico. Así nos luce el pelo

Bernardo Fernández

Publicado en ABC 20/05/15

ELECCIONES MUNICIPALES Y ALGO MAS

Dentro de pocos días se van a celebrar elecciones municipales en toda España y autonómicas en 13 comunidades. Los resultados se presentan más inciertos que nunca. Todo es posible. No obstante, según encuestas y sondeos el PP se puede llevar un varapalo de los que hacen época.
De hecho, el malestar de la ciudadanía con los políticos hace tiempo que habita entre nosotros. Ya en las elecciones al Parlamento Europeo, en mayo de 2014, se puso de manifiesto y en las elecciones andaluzas, de hace apenas 2 meses, el Partido Popular sufrió un gran batacazo, y el PSOE, pese a ganar se dejó 108.000 votos en el envite. Ahora, en estos próximos comicios, es muy posible que la ciudadanía introduzca en las urnas junto a la papeleta, su indignación.
El malestar social que se ha ido acumulando en los siete años que llevamos de crisis económica, así como el descrédito institucional, ganado a pulso por la clase dirigente a base de corruptelas y grandes escándalos financieros, como  pueden ser los casos Bárcenas, Pujol o  Rato -sólo por poner algunos ejemplos-, han generado una gran sacudida en la conciencia cívica de la gente. Una de las consecuencias más inmediatas es que, día de hoy, es una incógnita como va a responder, ante tantos y tan grandes desmanes, el cuerpo electoral en estos próximos comicios.
Parece lógico que el electorado castigue los repetidos incumplimientos del PP y su incapacidad manifiesta para sacar al país de la crisis. Además, los casos de corrupción que jalonan la trayectoria de los populares en las últimas décadas pueden ser determinantes para muchísimos ciudadanos a la hora de decidir su voto. También podría suceder que le 24M se vote en clave local y regional, pero eso es difícil porque buena parte de la corrupción institucionalizada está estrechamente ligada al poder municipal y al autonómico. Por tanto, cualquier cosa es posible.
En este contexto, el PP va a necesitar de apoyos para mantener muchos de sus feudos tradicionales, como pueden ser Madrid o Valencia. Por su parte, el PSOE, aunque parece que remonta, no lo hace con la fuerza suficiente para suplir a los populares. En estas circunstancias,  veremos que confianza otorgan los electores a las fuerzas emergentes, Podemos y Ciudadanos. Gente con muchas ganas y algunos con un brillante expediente académico, pero  que carecen de la más mínima experiencia tanto en la gestión de los Ayuntamientos como en el gobierno de las comunidades autónomas.      
En el escenario catalán, a todas estas cuestiones generales, hay que añadir las peculiaridades del movimiento independentista, que guste o no, incidirán  en los resultados del 24M. Los secesionistas, capitaneados por Artur Mas, necesitan, para reorganizar sus tropas, un tanto dispersas,  convertir estos comicios en una primera vuelta de unas hipotéticas elecciones autonómicas que se han anunciado para el 27 de septiembre –plebiscitarias, dicen los soberanistas que serán-.
De todos modos, para quien las cosas a priori pintan bien es para ERC, en la situación que estamos viviendo es más que probable una fuerte expansión de los republicanos. Si eso sucede será, fundamentalmente, acosta de CiU y eso será fatal para los nacionalistas que no tienen una alegría electoral desde hace mucho tiempo. Además, con el affaire  Pujol cargando el ambiente precisan del bálsamo que son las victorias electorales para recobrar, aunque sólo sea un poco, la autoestima.
Por su parte, el PSC necesita mantener el máximo de alcaldías y  resultados dignos, allí donde sea oposición, para empezar a pensar en serio en la recuperación. Por lo que respecta a PP, fuerza casi testimonial en el municipalismo catalán, está viendo peligrar sus dos feudos emblemáticos: Badalona y Castelldefels.  Ciutadans prácticamente debuta en el campo municipal y a poco bien que les vaya lo venderán como un éxito. No obstante, con toda seguridad, en Cataluña no serán decisivos.
El quid de la cuestión está en Barcelona, donde Ada Colau, otrora Abeja Malla, está perdiendo fuelle a pasos agigantados y el resto de candidatos no acaban de dar el salto definitivo. A ver si va a resultar que se está gestando la sociovergencia y nosotros sin enterarnos. Aunque lo más probable es que para gobernar la capital haga falta un ménage à trois. 
Sea como sea, lo que parece bastante evidente es que el 24M a las 8 de la tarde, el bipartidismo apuntalado por los partidos nacionalistas empezará a ser historia. Entonces, entraremos en una nueva etapa (no sé si época), en la que primara un bipartidismo imperfecto, donde la negociación y el pacto serán imprescindibles si no queremos echar el carro por le pedregal. Ahí Podemos y Ciutadans serán indispensables para configurar mayorías y formar gobiernos. Veremos si se conforman con ser bisagras o querrán una parte más grande del pastel. Por eso, en esta ocasión, aunque las elecciones son municipales, se decide algo más. Yo pienso que mucho más. 

Bernardo Fernández

Publicado en Crónica Global 15/05/15

03 de maig 2015

HACIENDA SOMOS TODOS

Proceso de regularización fiscal es el eufemismo utilizado por el ministro de Hacienda, Cristóbal Montoro, para no pronunciar la expresión amnistía fiscal, aprobada por el gobierno de Mariano Rajoy en 2012.  A la misma, se acogieron unos 30.000 contribuyentes que tenían cuentas por saldar con el fisco. De ellos, 705 (750 según ha dicho recientemente el director de la Agencia Tributaria, Santiago Menéndez), son individuos de especial relevancia social, sobre todo políticos. Personajes como Rodrigo Rato, Francisco Granados, Luís Bárcenas o alguno de los Pujol, tienen el dudoso honor de formar parte de esa lista de ilustres.
El asunto es que, mientras esos “señores” vivían opíparamente a cuerpo de rey y tenían sus dineros a buen recaudo en Suiza, Andorra o cualquier otro paraíso fiscal, los ciudadanos honrados y decentes, que somos la mayoría de este país, teníamos que hacer toda clase de malabarismos para llegar a fin de mes, sacar la familia adelante y sostener el, cada vez más depauperado, Estado del bienestar.
De forma simultánea, se producían los mayores recortes de la democracia.  El presupuesto de la sanidad se reducía en 7.000 millones de euros, el de educación en 3.000, el presupuesto de cooperación exterior  caía un 70%. Asimismo, se recortaba en cultura, energías renovables, investigación y desarrollo o se desballestaba la ley de la dependencia,   y eso, tan sólo por citar algunos ejemplos.
Pero es que, además, existen sospechas fundadas  de que los capitales de esos sujetos podrían tener orígenes opacos, como el cohecho, el tráfico de influencias o la prevaricación. Es decir, no sólo olvidaron el viejo eslogan de la Agencia Tributaria: “Hacienda somos todos”, sino que presuntamente han cometido delitos que van mucho más allá del el fraude fiscal.
En este contexto, la actitud del ministro Montoro, con su doble vara de medir, resulta lamentable. Acudió raudo al Congreso de los Diputados a explicar con todo lujo de detalles el affaire Pujol, pero cuando ha saltado el “caso Rato”, pese a la alarma social generada, ha escurrido el bulto y ha mandado a su subordinado, Santiago Menéndez, a dar explicaciones al Congreso.
La ciudadanía está más formada, es más madura y tiene más memoria de lo que algunos políticos quisieran. Por eso, llegan las elecciones y pasa lo que pasa. Entonces algunos se lamentan.

Bernardo Fernández

Publicado en ABC 29/04/15

¿PLEBISCITARIAS? NO, GRACIAS

Artur Mas,  y sus colaboradores más entusiastas, no pierden ocasión para explicar, a quien les quiera escuchar, que las elecciones autonómicas convocadas para el próximo 27 de septiembre, son en realidad unas elecciones plebiscitarias porque el Tribunal Constitucional no permite celebrar un referéndum de autodeterminación.  Por eso, semanas atrás, el Ejecutivo catalán hizo llegar a las embajadas de la UE un informe del Consejo Asesor para la Transición Nacional, según el cual los comicios del 27S son la única salida legal ante las reiteradas negativas de las instituciones del Estado español a permitir una consulta.
Ciertamente, los argumentos de los soberanistas son reiterativos y monótonos, por lo que se convierten en cansinos. No obstante, analicemos en profundidad sus razonamientos para ver cuánto hay de verdad y cuánto de falso en los mismos.
Para empezar, es conveniente recordar que en países de larga tradición democrática, como pueden ser EEUU, Francia o Alemania, no se puede plantear la secesión de una parte del territorio ni siquiera mediante una reforma constitucional.
Más allá de este pequeño apunte inicial, conviene constatar que unas elecciones plebiscitarias son algo inexistente en países desarrollados. Es verdad que se han dado cambios de régimen ante resultados muy contundentes en unas elecciones. Así por ejemplo, se proclamó la República en España en 1931, tras una elecciones municipales o en Polonia, en 1989, se produjo un cambio de régimen cunado el Sindicato Solidaridad ganó por abrumadora mayoría. Pero eso no ha ocurrido nunca dentro de un sistema democrático ni se han convocado elecciones de carácter plebiscitario con el objetivo de generar una secesión territorial, dentro de un Estado de derecho. 
Las elecciones en el marco de las democracias representativas de los países desarrollados, tienen como objetivo que los ciudadanos elijan a sus representantes, los que, a su vez,  asumen la responsabilidad de asegurar el gobierno del Estado y el funcionamiento de las instituciones. Para que eso sea posible, el proceso de elección se ha de llevar a cabo respetando escrupulosamente derechos democráticos fundamentales como libertad de sufragio, de expresión, de asociación, etcétera, y bajo la tutela de un poder judicial independiente. Queda, en consecuencia, meridianamente claro cuál es el objetivo de unas elecciones y cambiarlo por otro puede constituir fraude de ley.
Pero es que además, la ley electoral vigente en Cataluña otorga mayor representatividad a las tres circunscripciones menos pobladas en detrimento de la de Barcelona. Es decir, en las elecciones de 2012 las organizaciones nítidamente independentistas (CiU, ERC y la CUP) obtuvieron el 49,14% de los votos y, sin embargo, se adjudicaron el 54,81% de los escaños.
De todos modos, si algún día se llegara a plantear un hipotético referéndum, parece lógico pensar que se deberían tener muy en cuenta los fundamentos jurídicos de la sentencia del Tribunal Supremo de Canadá sobre Quebec y la consecuente Ley de claridad. También se deberían recuperar los criterios utilizados por la propia UE en el referéndum de independencia de Montenegro.  Esos criterios básicos serían: una pregunta clara y una mayoría clara a favor de la secesión. Aquí no cabría la triquiñuela de “nuevo Estado de Europa” porque es evidente que en la hipótesis de que Cataluña logrará la independencia quedaría automáticamente fuera de la UE y, en consecuencia, tendría que iniciar un larguísimo proceso de adhesión como cualquier otro país.
En cualquier caso, quedarían por concretar cuestiones de suma importancia, como puede ser donde se pone el listón de la participación o cual debería ser el porcentaje de los votos válidos emitidos, favorables a la secesión, para legitimar el resultado. Conviene recordar que en el parlamento catalán hacen falta 2/3 de votos para modificar el Estatuto o la ley electoral. Por tanto, sería muy lógico que tuviera que ser una mayoría cualificada la que validase es hipotético referéndum.
En definitiva, después de este breve análisis,  parece bastante  impensable que la comunidad internacional en general y la UE en particular de por bueno el resultado de unas elecciones plebiscitarias y reconozca Cataluña como un Estado independiente. Ciertamente, soñar no cuesta dinero, pero con frecuencia se producen desengaños muy dolorosos. En consecuencia, sería deseable que el gobierno de la Generalitat se deje ya de mandangas y se dedique a cumplir con sus obligaciones, es decir, gobernar que buena falta nos hace.

Bernardo Fernández

Publicado en Crónica Global 28/04/15