28 de gener 2019

MÁS ALLÁ DE VOX


El pasado 14 de enero, publicaba, en esta magnífica ventana mediática que es e-notícies, un artículo bajo el título “Desacomplejados;” en el analizaba la irrupción de Vox en el tablero político a partir de los resultados en las elecciones andaluzas del 2 de diciembre.
En aquel escrito ponía sobre la mesa, entre otras cosas, el incuestionable fracaso de los socialistas, pero también la sangría de votos sufrida por el PP a favor de Vox. Los populares perdieron con respecto a 2015 unos 350.000 votos mientras que la derecha extrema obtuvo sobre los 390.000. El trasvase es evidente. De todas maneras, sería una simplificación fiarlo todo exclusivamente a los números.
En mi opinión, las causas que nos han traído hasta aquí son diversas, pero se podrían resumir en una globalización descontrolada, la quiebra del del pacto político establecido tras la Segunda Guerra Mundial entre los diferentes partidos y el triunfo, sin paliativos, del capitalismo más salvaje, tras la caída del Muro de Berlín en noviembre de 1989. Además, en el caso de nuestro país, podríamos añadir lo que algunos llaman la Transición inacabada.
Con ese paisaje de fondo, los Gobiernos (de cualquier color y/o tendencia) están siendo superados por la realidad.
La economía financiera se ha impuesto a la productiva y, en ese contexto, las desigualdades han aflorado con mucha fuerza. Para terminar de arreglar el panorama, la crisis de 2007 ─que aún no hemos superado─ castigó, de forma brutal a las clases medias y populares ─espina dorsal de toda sociedad democrática─. Todo eso, se ha convertido en un terreno abonado, excelente, para que florezca el populismo y los líderes mesiánicos.
Que individuos como Trump o Bolsonaro gobiernen es un insulto a la inteligencia. Pero es que, a la vez, se consolidan democracias de calidad dudosa como, por ejemplo, Turquía, Hungría, Polonia o Rusia. Esos dos factores indican con bastante nitidez el estado de la situación a nivel global.
España no es ajena a ese contexto. Aquí el desprestigio de los partidos es grande y los políticos son considerados ineptos y/o corruptos. Ese estado de cosas facilitó en su momento la irrupción de Podemos y Ciudadanos como fuerzas emergentes. Unos como adalides de la pureza ideológica ─de izquierdas, por supuesto─ que venían a asaltar los cielos. Mientras que los otros nacieron en Cataluña, para ocupar un espacio que había dejado huérfano el centro izquierda.
En esas circunstancias, que en el panorama político de nuestro país apareciera una fuerza de extrema derecha, como ya había sucedido en otros lugares, era cuestión de tiempo. Ha sido Vox, pero podría haber sido cualquier otro. De hecho, Vox es una escisión no reconocida del PP. Generada, además de por la situación ya comentada, también ha contribuido la dejación del líder de los populares, Mariano Rajoy. Estoy convencido que con Aznar al frente del partido de la calle Génova Vox no hubiera crecido de la forma que lo ha hecho
En cualquier caso, veremos en mayo, cuando se haga el recuento de las diversas elecciones que se han de celebrar, como queda el reparto de votos. Entonces podremos calibrar el peso político real de este grupo emergente.
Me lo decía una amiga que, aunque carece de formación académica, es de esas personas que atesora una gran sabiduría, adquirida a lo largo de los años vividos y la observación minuciosa de los acontecimientos:” ser de Vox y/o votar a la extrema derecha empieza a ser una moda.”
Desconozco sí, como dice mi amiga, esto de la derecha extrema es una moda o algo más profundo. De lo que estoy convencido es de que han venido para quedarse. Y ante esta situación, me preocupa la intransigencia de aquellos que boicotean sus actos, les insultan e intentan agredirlos para impedir que se expliquen o monten sus carpas para hacerse publicidad. Ignoran esos personajes que una de las grandezas de la democracia es acoger en su seno, hasta a los que están en su contra. Quizás es que en el fondo no son tan diferentes.

Bernardo Fernández
Publicado en e notícies 28/01/19

15 de gener 2019

DESACOMPLEJADOS


Los resultados de las elecciones andaluzas, celebradas el pasado 2 de diciembre, vinieron a quebrar el ya de por sí débil statu quo político español.
Para empezar, conviene tener claro que en los malos resultados de los socialistas andaluces tienen mucho que ver con la baja participación de la ciudadanía en esos comicios. Ocasionada, muy probablemente, por el hartazgo de treinta y seis años de gobiernos del mismo color.
El batacazo sufrido por Susana Díaz y los suyos es incuestionable. No obstante, no podemos perder de vista que enmascara el no menos fracaso del PP en las urnas. Los populares, en 2015, con algo más de 1.000.000 de votos obtuvieron 33 escaños. Ahora, han sacado 26 diputados pese a perder más de 300.000 sufragios. Mientras que Vox sin llegar a los 400.000 votos, prácticamente los mismos que pierde el PP, obtiene 12 escaños.
Esta aparición de la extrema derecha ha producido un cierto estruendo tanto en los medios de comunicación como en los cenáculos políticos.
Desde luego, parece evidente que la memoria del ser humano es débil. Nos hemos olvidado ya de personajes como Blas Piñar, Ricardo Sanz de Inestrillas y toda aquella patulea. Que no obtuvieran buenos resultados en las urnas no significa que en España no existiera la externa derecha. Ellos y/o sus sucesores han seguido perseverando hasta llegar a Vox. Y si hasta ahora han sido casi invisibles en el horizonte político, en parte es obra de José María Aznar.
En efecto, si algo positivo hizo Aznar al frente del PP fue aglutinar a toda la derecha social y política que había en España, bajo un mismo paraguas, que desde la transición andaba dispersa y desmotivada. Y lo más importante: quitarles el complejo de serlo.
Desde la Transición, y con los diversos gobiernos de izquierdas, ser de derechas en nuestro país, no diré que estuviera mal visto, pero no se llevaba, sobre todo en las grandes ciudades. En el año 1996, y con la llegada del PP al gobierno las cosas empiezan a cambiar, pero la eclosión del conservadurismo se produce en el año 2000 con la mayoría absoluta de Aznar.
Ya, en 2004, con los atentados de Atocha y la llegada del PSOE, de nuevo al gobierno, a la derecha le vuelven las horas bajas y la desmoralización. Sin embargo, quién lo iba a decir, la crisis económica, ante la falta de respuestas de la izquierda, los pone de nuevo en órbita. Pero esta vez con alguien que ni es un líder ni pretende serlo, Mariano Rajoy. Es, a partir de ese momento, cuando los de derecha extrema, poco a poco, pero de forma constante, y favorecidos por los aires que viene de Europa, se hacen mayores, se emancipan y vuelan por su cuenta. Ahora, en Andalucía, han encontrado su caldo de cultivo y ahí están. Lo malo de todo esto es que han venido para quedarse.
Bien es verdad que los resultados del pasado 2-D, no tienen porqué repetirse de forma mimética ni en todas las comunidades autónomas (CCAA), ni en todos los procesos electorales. No obstante, deberemos irnos acostumbrando a su presencia y a algo mucho peor: las concesiones que les ha hecho lo que es supone que es la derecha civilizada y democrática para gobernar en una CCAA.
PP y Vox son vasos comunicantes. De hecho, personajes como el exasesor de Aznar, Rafael Bardají, hoy están en la dirección del partido de Alberto Abascal. El propio Abascal trabajó para FAES y, también, para Esperanza Aguirre. Incluso Alex Vidal-Quadras, antiguo peso pesado del PP en Cataluña está en la sala de mando de Vox.
Por eso, a los populares les ha costado muy poco asumir como propio el discurso de Vos en materias, tan fundamentales, como economía, familia, cultura y educación.
Además, a juzgar por los acontecimientos, las ideas se contagian y Ciudadanos no ha querido quedarse en tierra de nadie y se ha apuntado a la fiesta. El problema es que, si tanto han cedido unos y otros, por lograr poder y llegar a la Junta de Andalucía, ¿qué no estarán dispuestos a hacer por instalarse en La Moncloa?
Pensarlo da escalofríos.

Bernardo Fernández
Publicado en e-notícies 14/01/19

GESTOS


Los líderes independentistas catalanes son prisioneros de sus propias falacias. Además, con la aparición de Vox en Andalucía le han visto las orejas al lobo.
La cuestión es la siguiente: los secesionistas llevan más de seis años con esto del Procès y el asunto no da más de sí. Hay que hacer algo para salir del fangal, pero hay miedo a decir las cosas por su nombre porque nadie quiere que le llamen traidor. Por si fuera poco, cabe la posibilidad de que la derecha pura y dura, gobierne en España en breve. Para evitar que eso suceda los indepes tienen la solución: votar sí a los presupuestos de Pedro Sánchez. Pero claro, no se pude dar la vuelta a un discurso como si fuera un calcetín de un día para otro.
Cuando tras el verano se empezó a hablar de los Presupuestos Generales del Estado (PGE) y su necesaria aprobación para no convocar elecciones; los independentistas se negaron en redondo a hablar de la cuestión por “dignidad, mientras haya líderes independentistas en la cárcel”, dijo entonces Joan Tardà.
La cosa se les empezó a poner difícil cuando se conocieron algunos de los contenidos de los PGE como la subida del salario base, el aumento en becas, la subida de las pensiones conforme al IPC o la mayor aportación a las arcas de la Generalitat. Decir que no a los presupuestos con más gasto social de la historia es complicado hasta para el más radical de los radicales. Pero los secesionistas catalanes que son muy suyos seguían en sus trece.
No obstante, de forma paulatina pero constante, han ido modulando el discurso. Sí en un principio la línea roja para ERC estaba en los políticos procesados por rebelión y el derecho de autodeterminación, días atrás, Pere Aragonés, (líder de facto de los republicanos y vicepresidente del Govern) rebajaba sus expectativas y se refería “a las causas abiertas contra alcaldes, activistas y entidades que, desde el punto de vistas de derechos humanos no tienen sentido y puede haber movimientos.”  Es decir, el quid de la cuestión no eran sólo los líderes encarcelados, sino que puso sobre la mesa otros encausados y otros hechos de mucha menos gravedad. De esa forma, ponía sordina, más o menos disimulada a las exigencias de ERC y se abría la posibilidad de alguna negociación.
En estos momentos el más ofuscado parece ser el president Quim Torra. Justo quien debería tener las ideas más claras y circular con las luces largas, pero ya sabemos que la lucidez política y Torra no se llevan bien. Quizás por eso, y a falta de argumentos sólidos, el president y algún que otro dirigente o exdirigente piden al Gobierno de Sánchez gestos para dar apoyo a los presupuestos.
Se hace muy difícil entender como personas que se autocalifican de demócratas, que intentan dar lecciones de como han de hacer las cosas los demás, planteen socavar la concepción del Estado de Derecho.
¿Qué es si no pretender que un Gobierno de instrucciones a la Fiscalía? ¿En qué manual del buen demócrata han leído que desde el Ejecutivo se debe influir en las decisiones judiciales? Pues eso, es lo que proponen Torra y los suyos para dar el visto bueno a los presupuestos.
En mi opinión, sería razonable que pidieran, por ejemplo, más dinero para Cataluña o una mayor subida de las pensiones o del salario mínimo o más gasto social; sería posible o no, pero se debería negociar. Eso es política, y esos los gestos que deberían exigir.
Y puestos a hablar de gesticulación, sería deseable qué desde el Govern de la Generalitat, también se hiciera algún gesto. Sería un buen gesto que el Govern gobernará para toda la ciudadanía, que se pusiera interés y medios para mejorar la sanidad, recortar las listas de espera o dar a los niños la formación necesaria para encarar el futuro con confianza. Sería un gesto que el Parlament funcionara como debe funcionar el poder legislativo en un país normal. Y sería un gesto fantástico dotar de agua a los bomberos y que no les vuelva a ocurrir lo que ocurrió días atrás en el barrio de Sant Roc de Badalona que llegaron los bomberos y no tenían agua para apagar el incendio producido por un cortocircuito en una vivienda patera. Allí murieron tres personas y una treintena tuvieron que ser atendidas.
Desde luego hacen falta gestos, pero sobre todo hacen falta hechos. Hechos y voluntad para salir del lodazal en el que nos han metido. Y en este contexto el Govern tiene mucho que decir, mucho que hacer y muchísimo a rectificar.

Bernardo Fernández
Publicado en el Catalán 14/01/19

07 de gener 2019

LA HORA DE LA VERDAD


El tiempo se agota. Los independentistas catalanes no pueden seguir mareando la perdiz de forma indefinida. O votan contra las enmiendas a la totalidad del PP y Ciudadanos para que se puedan tramitar los Presupuestos Generales del Estado (PGE) o bloquean su tramitación y hay que prorrogar los que aprobó el gobierno del PP para 2018.
A las fuerzas independentistas les ha llegado la hora de la verdad. Si permiten que prosperen las enmiendas a la totalidad, la oposición habrá ganado esa batalla e intensificará sus ataques al gobierno. En esa situación, podría haber elecciones generales en marzo, aunque parece poco probable. Si, por el contrario, dejan que la tramitación siga su curso, se abren dos opciones: una que los PGE caigan en la fase final, y eso querría decir que Pedro Sánchez podría convocar elecciones, bien el super domingo de mayo, junto con municipales, autonómicas y europeas, cosa bastante bien vista dentro del partido porque así las bases estarían movilizadas, o en otoño.
La otra posibilidad sería que se aprobaran los presupuestos y, entonces, con toda seguridad, tendríamos gobierno socialista, como mínimo, hasta 2020.
En el supuesto de que en 2019 haya elecciones generales, no es descartable que, aunque gane la izquierda, la suma de las derechas dé el número de escaños suficiente para que formen gobierno. Si es así, ya nos podemos preparar. La derecha más ultramontana y casposa volverá a La Moncloa. La etapa de Aznar con mayoría absoluta (2000-2004) habrá sido cosa de niños comparado con lo que se nos vendría encima. Todos lo pasaremos mal porque nos van a llevar al pasado por el túnel del tiempo ideológico. Ahora bien, quien ya puede empezar a temblar son los secesionistas.
Para empezar, otro 155 no se lo quita nadie, pero esta vez de verdad y prolongado en el tiempo. Además, mediante la aplicación de ese artículo de la Constitución o alguna otra ley, se intervendrían, con toda seguridad, los medios públicos de comunicación (léase aquí, principalmente TV3 y Cataluña Radio), la enseñanza en catalán y el control de los Mossos d’Esquadra quedaría en manos del ministerio de Interior.
Desde luego la división en el seno del independentismo es un hecho y la fractura cada vez es más profunda. Incluso dentro de un solo partido, el PDeCAT. Hace unos días el diputado Ferran Bel se mostraba partidario a dar luz verde a la tramitación de las cuentas del Estado. Sin embargo, a Miriam Noguera, diputada y vicepresidenta del partido le faltó tiempo para desautorizar a su compañero con el aval, a través de las redes sociales del president Quim Torra y del fugitivo Carles Puigdemont.
Es verdad que entre la gente del Procés hay mucho partidario del “cuanto peor mejor”. Puigdemont y su parroquia son, quizás, los primeros partidarios de esa máxima, pero no los únicos. También hay gente sensata que entiende que es posible llegar algún acuerdo con los socialistas, mientras que con el PP y Ciudadanos es imposible. Sólo faltaban los de Vox, para ver quien la tiene más grande.
Por eso, y con este paisaje de fondo, los contactos entre gobierno, partidos políticos y agentes sociales estos días están siendo habituales. Para Javier Pacheco, secretario general de CCOO, en Cataluña, aprobar los presupuestos “es una necesidad de sentido común porque la Generalitat podría contar con más recursos.”
Por su parte Cami,l Ros secretario general de UGT, apuesta por una aprobación presupuestaria a dos bandas ( en España y Cataluña) para destensar la relación entre el Gobierno español y el catalán. Incluso Pepe Álvarez, en la actualidad secretario de UGT España, ha contactado con PDeCAT y ERC para intenta aproximar posiciones.
De igual manera se han movido Pimec y Foment del trabajo. En su opinión, la aprobación de las cuentas del Estado daría estabilidad y como dice el recién escogido presidente de la patronal catalana, Josep Lluís Sánchez Lliure, “se necesita un marco fiscal y económico competitivo cono tienen otras economías europeas.” Y eso, sin presupuestos es prácticamente imposible.
Quizás sea una incongruencia, pero la aritmética parlamentaria es la que es y los secesionistas tienen la llave de la estabilidad.  Curioso pero real.

Bernardo Fernández
Publicado en e-notícies 07/01/19

UNIVERSIDADES PÚBLICAS, LA INCUESTIONABLE EQUIDISTANCIA

De todos los desbarajustes, ataques indiscriminados y absurdos a la convivencia que se están perpetrando en las últimas semanas a la con...