13 de setembre 2015

COSAS QUE NO SE DICEN

Cuando faltan pocos días para la celebración de las elecciones autonómicas catalanas del 27 de septiembre, se pueden ver, por los pueblos y ciudades de Cataluña, las paredes embadurnadas de carteles –cosa, por cierto, que va contra las normas, puesto que hay lugares dedicados explícitamente a la propaganda electoral-,  tan sugerentes como los que dicen: “sí a un país on tothom arribi a final de mes; si a un país que parli de tu a tu amb el socis eurperus; si a una Catalunya que doni feina als joves”, y otras lindezas por el estilo. Como si los ejecutivos autonómicos que nos han gobernado hasta la fecha, fueran ajenos a las circunstancias políticas y sociales que estamos viviendo. 
En suma, para los nacional soberanistas, lo malo que nos sucede siempre es culpa de otros y en una Cataluña independiente todo sería tan fantástico y maravilloso que hasta los perros se acabarían atando con longanizas, o casi.
Sin embargo, la realidad  es mucho más prosaica. David Cameron, primer ministro británico, en una reciente visita a España dijo que los planes independentistas de Artur Mas para Cataluña dejarían a esa Comunidad fuera de la Unión Europea y la situaría a la cola de otros países candidatos que quieren negociar su ingreso.
Por su parte, Jean-laude Piris, director general del Servicio Jurídico de la UE de 1998 a 2010, escribía en un brillante artículo publicado en El País (29/08/15) que aquellos que mantienen que la UE incorporaría a una supuesta Cataluña independiente demuestran un desconocimiento craso tanto del derecho aplicable como de las realidades políticas en los Estados miembros de la UE.
Suponiendo –que ya es suponer- que aquí unos descerebrados proclamasen una declaración unilateral de independencia) (DUI) y se solicitase la integración de Cataluña como miembro de la Unión, tan solo se podría admitir la candidatura si cumpliese determinadas  condiciones, tales como ser un Estado europeo o tener en cuenta los criterios de elegibilidad acordados por el Consejo Europeo. Pues bien, para poder ser reconocido como tal, sería necesario que a Cataluña la reconocieran los 28 Estados miembros de la Unión. Bastaría que uno solo negara ese reconocimiento para que el mismo no se llevara a cabo, como reza el artículo  49 del Tratado de la Unión Europea (TUE).
Más claro agua.
En cuanto a la vertiente más política del asunto, es obvio que por sentido común, ningún país de nuestro entorno dará soporte a un proceso secesionista, aunque sólo sea para evitar posibles contagios en el jardín de su casa.
Algo similar sucedería con las pensiones. El letrado de la Administración de la Seguridad Social, José Domingo, sostiene que la creación de una frontera entre Cataluña y España conllevaría empobrecimiento, despoblación y envejecimiento demográfico para Cataluña, lo que se traduciría en pensiones más bajas.
Es evidente que un sistema de Seguridad Social es algo tremendamente complejo y, en consecuencia, resulta imprescindible regular perfectamente la financiación, quienes son los sujetos a proteger, cuales las prestaciones, y cuales los requisitos que dan derechos a las mismas entre otros asuntos no menores.  Asimismo, sería interesante saber cómo se calcularían las pensiones de los catalanes, de dónde saldría el dinero para pagarlas, cuál sería el nivel de protección social, o bien si la gestión de esa teórica Seguridad Social sería pública o privada. Son cuestiones que los nacional soberanistas no han explicado jamás. Como mucho han dicho que las pensiones en una Cataluña independiente podrían ser más elevadas que las actuales, sin razonar ni  cómo ni por qué.
Por otra parte, es verdad que Cataluña transfiere dinero a otras comunidades (éste es el cacareado tema de las balances fiscales). Ciertamente hay que buscar soluciones, que haberlas hay las. Ahora bien, no es menos cierto que las mencionadas balances fiscales tiene una conexión muy profunda con las balances comerciales.
Según el Centro de Predicción Económica, financiado, por siete comunidades autónomas, según un informe publicado en julio de 2015, Cataluña fue la autonomía con un saldo más positivo (unos 14.700 millones de euros en 2014) en las transacciones comerciales con el resto comunidades autónomas. ¿Alguien es capaz de pensar qué con una independencia de por medio en Cuenca o en Villanueva de los Caballeros (pongamos por caso) comprarían de igual manera los productos provenientes de Cataluña, al menos a corto y medio plazo? ¿Estarían dispuestas las empresas asentadas en nuestro país a renunciar a un mercado potencial de casi 40.000 millones de personas qué es España?
De eso no nos hablan ni desde CDC ni ERC ni la CUP. Tampoco hacen comentarios al respecto los fenómenos que encabezan la candidatura de Junts pel Si, Raul Romeva, Carme Forcadell o Muriel Casals.
De igual manera omiten los fervientes defensores de la segregación que la deuda pública de Cataluña se situaría entre el 80 y el 105 % del PIB, según expertos independientes, tras una hipotética separación.
En unas elecciones libres cada formación política puede y debe presentar las propuestas  que considere más adecuadas para captar el interés de los ciudadanos y lograr que éstos con su voto les otorguen la confianza, faltaría más. Ese uno de los pilares de la democracia. En efecto, sin embargo, no todo vale y la oferta de cualquier organización ha de estar basada en la verdad, en la honestidad y en la sinceridad.  Ser independentista es legítimo, pero mentir para lograr un puñado de votos es además de inmoral indecente. No obstante, en los últimos tiempos, lo uno y lo otro, se lleva mucho en Cataluña.        

Bernardo Fernández

Publicado en Crónica Global 11/09/15

02 de setembre 2015

LAS VERDADES DEL BARQUERO

Un prestigioso medio de comunicación de ámbito estatal publicaba el pasado domingo, 29 de agosto, una carta abierta a los catalanes del ex presidente de gobierno Felipe González.
La misiva hablaba de cosas tan lógicas como que “Cataluña de seguir por el camino del independentismo podría convertirse en la Albania del siglo XXI” o que “España dejará de serlo sin Cataluña, y Cataluña no sería lo que es, separada y aislada”.  Asimismo, el ex presidente decía, entre otras muchas cosas,  que “Artur Mas miente cuando dice que el derecho a decidir sobre el espacio público que compartimos como Estado nación se puede fraccionar arbitraria e ilegalmente”.
De hecho, la mencionada carta no viene a decir nada demasiado diferente de aquello que decimos los que estamos en contra de la ruptura de la cohesión social, a favor de la legalidad y pensamos que hay caminos que vale la pena explorar. La diferencia radica, sobre todo, en que González además de argumentar perfectamente, ha tenido un magnífico altavoz y nosotros tenemos vedados los medios de comunicación públicos catalanes, así como los subvencionados, que son mayoría, salvo honrosas excepciones.
Como se podía esperar, a los subalternos de Mas y a sus voceros, el artículo les ha sentado como una patada en salva sea la parte. Su respuesta no se ha hecho esperar. Lógico. Pero resulta patético que, lo que era una llamada a la cordialidad y un llamamiento a buscar “formas pactadas que garanticen los hechos diferenciales sin romper la unidad”, no haya sido rebatido con argumentos, si no con descalificaciones personales o hurgando en viejas historias.
De todos modos, esta actitud desafiante y un punto petulante de los nacional soberanistas no nos debería extrañar. Es la misma pose utilizada días atrás cuando la Guardia Civil registró la  sede de CDC y la Catdem, su fundación afín, buscando pruebas del pago del 3% a Convergencia.
Por otra parte, está bien que el gobierno de Rajoy se felicite por la carta. Ahora bien,  González dice en la misma que no está de acuerdo con “el inmovilismo del gobierno de la nación, cerrado al diálogo y a la reforma”.
No hay duda que el responsable de este desaguisado es Artus Mas. Pero quizás si al otro lado hubiera habido alguien dispuesto a  escuchar y a dialogar no hubiéramos llegado hasta aquí. Por eso, que cada palo aguante su vela.

Bernardo Fernández
Publicado en ABC 02/09/15


    

VOTAR ES NORMAL

El pasado 3 de agosto, el presidente Artur Mas convocó elecciones al Parlamento de Cataluña para el próximo 27 de septiembre. Ese día los ciudadanos escogeremos 135 diputados. Esos diputados, en su momento,  escogerán a uno de ellos como presidente del nuevo gobierno y éste, a su vez, nombrará el ejecutivo que ha de gobernar Cataluña, al menos en principio, los próximos cuatro años.

Eso es y no otra cosa lo que escogeremos el próximo 27S. No más pero tampoco menos. Quien diga que esas elecciones son para algo distinto de lo aquí expresado, sencillamente, falta a la verdad.

No obstante, y a pesar de esa verdad irrefutable, los partidos políticos Convergencia (CDC) y Esquerra Republicana (ERC) junto con Omnium Cultural y la Asamblea Nacional Catalana (ANC) han conformado una coalición electoral, que presentarán a las mencionadas elecciones autonómicas del mes de septiembre,  bajo el nombre Junts pel Sí. Esa candidatura impulsada por  Artur Mas arropado por los talibanes de Convergencia, tiene dos objetivos fundamentales. El primero es evitar el descalabro electoral que auguran todos los sondeos si se presenta él al frente de la lista de su partido. Algo de eso ya sucedió en las elecciones de 2012 cuando CiU cosechó los peores resultados de la historia, y ahora aquello podría volver a repetirse corregido y aumentado.

El segundo objetivo de la coalición nacional  soberanista sería aprovechar la ventaja técnica que ofrece nuestro sistema electoral -que es la Ley d’Hont- a la lista más votada para lograr la anhelada mayoría absoluta; condición sine quanon para poder seguir con la matraca independentista.

De hecho, para los soberanistas la cuestión es sencilla: si logran los 68 diputados, que dan la mayoría absoluta en la cámara catalana, harán una lectura de los resultados en clave de referéndum o plebiscitaria, y aunque no hayan ganado en votos -cosa que puede perfectamente suceder- dirán que el pueblo de Cataluña quiere la separación del resto de España.

Esa es la lógica de Junts pel Sí, y ese va a ser el mensaje con que nos van a bombardear  en las próximas semanas. Que lo aceptemos o no depende de nosotros. No obstante, sería conveniente que los ciudadanos antes de ir a votar echáramos un vistazo a la situación política que vivimos en Cataluña desde que Mas llegó a la presidencia de la Generalitat.

Estoy convencido de que su gestión como gobernante no pasará a la historia como un modelo seguir.  Cuando nos hemos encontrado frente a la crisis económica más grave de los últimos ochenta años, los gobiernos presididos   por Mas, en vez de intentar paliar las graves consecuencias que esa crisis acarreaba a los ciudadanos, se dedicaban a calentar al personal con la sopa boba de la independencia.

Artur Mas ha sido un alumno aventajado en recortar las políticas sociales, un entusiasta del austericismo más contumaz. Desde 2010, que es cuando Mas llegó al poder,  6.832 funcionarios han perdido su puesto de trabajo. La mayoría de ellos estaban en sanidad y educación.    

En ese tiempo, en Cataluña, el paro ha afectado a amplios sectores de la población, de forma especialmente encarnizada a la juventud. Casi ha desaparecido la clase media, las desigualdades se han acentuado y tanto la sanidad como la educación han sufrido un deterioro que quizás ya resulte irreversible.

Ciertamente, la candidatura de Junts pel Sí tiene sus peculiaridades. Para empezar, han puesto de cabeza de lista a un ex ecosocialista, cabe imaginar que para dar un cierto barniz progre y de sensibilidad social  a esa lista, constituida y formada por aquellos que en cinco años hicieron oídos sordos a las demandas sociales. Pero es que resulta chocante que el actual presidente del gobierno vaya emboscado en el cuarto lugar e inmediatamente después el supuesto jefe de la oposición.

Además, tanto desde CDC como desde el gobierno de la Generalitat se han empeñado en dejar claro que en caso de victoria de la candidatura de Junts pel Sí, Artur Mas sería el nuevo presidente. Llegados a este punto, la pregunta es obvia: ¿Y entonces por qué el aspirante a presidente va de tapado en el número cuatro?

De todos modos, y más allá de esas minucias, conviene no perder de vista que dentro de la lista de nacional soberanista, va el partido que tiene quince sedes embargadas, que son los mismos del caso Palau y del caso Innova. Los mismos que prometieron el oro y el moro con Barcelona Word, y ya vemos como está el tema, por no hablar de la privatización de la ATLL y el ridículo que han hecho con la misma.

Ahora esos individuos se escondan tras gentes de cierto reconocimiento social, pero son aquellos  que pactaron con el PP -al que tanto demonizan- desde presupuestos, hasta leyes tan vergonzantes como la de la Reforma Laboral  o al de Estabilidad Presupuestaria, entre otras.

Votar es normal en un país normal, rezaba un eslogan que buscaba la participación de la ciudadanía en la seudo consulta del 9N. Cierto. Por eso, los que estamos por una sociedad cohesionada, los que creemos en la legalidad, aquellos que defendemos la Constitución y estamos en contra de la confrontación  y a favor del dialogo, el pacto y el acuerdo, vamos a votar el 27 S para que Cataluña vuelva a ser, por fin, un país normal y empecemos a dejar atrás la pesadilla que nos han hecho vivir unos irresponsables.

No olvidemos que somos más y, además, tenemos la fuerza de la razón. Todo depende de nosotros mismos.


Bernardo Fernández  
Publicado en Crónica Global 31/08/15


                                                                                           

CORNUDOS Y APALEADOS

El pasado 24 de julio se cumplieron seis años y un día desde que los Mossos d’Esquadra registraron el Palau de la Música en busca de pruebas que corroboraran las trapacerías de Félix Millet y su lacayo Jordi Montull. El juez, responsable de investigar el expolio  de la institución musical, dio ese día por finalizada la instrucción. En consecuencia, ahora le corresponde a la Audiencia de Barcelona  fijar día y hora para que se celebre el juicio. 

En el banquillo, además de Millet y Montull, saqueadores confesos, se sentarán 16 personas más. Entre ellos estará Daniel Osacar ex tesorero de Convergencia. Jaume Camps, ex diputado convergente, se  ha caído de la lista al considerar la Audiencia de Barcelona que el delito por el que se le acusaba -tráfico de influencias- ha prescrito. 

En la investigación se considera probado que la constructora Ferrovial pagó  6,6 millones de euros a los nacionalistas a cambio de adjudicación de obra pública. De ahí que Convergencia tenga 15 sedes embargadas como “garantía” para que el partido devuelva, en caso de condena,  los 6,6 millones. Se desconoce si los convergentes tienen previsto utilizar el mismo sistema de financiación para lograr el Estado propio.

De todos modos, quien habrá respirado tranquilo, al conocer la decisión judicial de poner punto final a la instrucción, habrá sido el tesorero del Palau. Durante todo el tiempo que la causa ha estado abierta y puesto que la Institución ha ejercido como acusación particular, ha tenido que asumir los gastos que el proceso ha generado. “Y eso, ocasiona una considerable distorsión en las cuentas“, como explica el director general Joan Oller.

En concreto, en 2014, fueron 309.000 euros los que salieron de las arcas del Palau para gestionar el caso, y desde 2009, la Institución lleva pagados 4,1 millones de euros, entre auditorías y abogados. Además se da la circunstancia de que se han tenido que devolver al Ministerio de Hacienda 1,4 millones por subvenciones percibidas para  supuestas obras a realizar en el Palau, cuando en realidad se dedicaron a trabajos de mejora en la vivienda de Millet.

Visto lo visto, es evidente que la buena gente de la Institución Palau de la Música, además de ser cornudos han sido apaleados. Por eso, como dice un amigo mío, “juicios tengas y los ganes“.


Bernardo Fernández


Publicado en ABC 12/08/15    

LA CUADRATURA DEL CÍRCULO

A juzgar por la cuenta de resultados de la carrera política de Artur Mas, resulta evidente que no tiene madera de hombre de Estado y su capacidad como político es más que cuestionable (Winston Churchill decía que un hombre de Estado es aquel que piensa en la próxima generación y un político el que piensa en las próximas elecciones). Para muestra un botón: en casi cinco años que lleva de presidente de la Generalitat habrá convocado cinco elecciones. Pero no sólo eso, en todo ese tiempo no ha conseguido el pacto fiscal que prometió al inicio de su mandato, ha hecho una consulta que más bien parecía una pachanga, ha sido abanderado en recortes sociales, no ha logrado ninguna inversión ni ningún proyecto de enjundia para Cataluña. Tampoco se ha logrado, bajo su mandato, ninguna nueva competencia y ni tan siquiera se ha revisado el sistema de financiación que debería haber entrado en vigor en 2014.
Mas tendrá el dudoso honor de pasar a la historia como el primer presidente de Cataluña que no habrá mejorado el sistema de financiación en el tiempo de su presidencia.
Es verdad que al otro lado de la mesa estaba el PP que, con una holgada mayoría parlamentaria, no ha mostrado ningún interés por mejorar nada en materia autonómica. Pero también es verdad que se hace difícil el diálogo cuando lo primero que se pone sobre la mesa es la independencia de una parte del Estado.
No obstante, hay que reconocerle a Artur Mas una gran astucia, una enorme capacidad de supervivencia y grandes dotes de embaucador. Otra cosa es que esas sean las virtudes (suponiendo que lo sean) más adecuadas para implementar a un buen político.
El hecho cierto es que Mas repite, como un mantra, que el gobierno central no le permitió convocar una consulta el 9N, como coartada para justificar lo que haga falta. Ese es el argumento formal para convocar las elecciones del 27S como un plebiscito “porque no nos dejan otra opción” acostumbra a decir.
Pues bien, la hoja de ruta diseñada por Artur Mas y sus compañeros de viaje para después de las elecciones, aunque no se ha hecho pública está definida. En el supuesto de que su candidatura  gane los comicios se elaboraría la constitución del nuevo Estado y se intentaría negociar la “desconexión” con el resto de España. O eso es lo que algunos creen. Aunque quizás hay que buscar razones mucho más prosaicas para entender esa convocatoria. Mas sabe que Convergencia Democrática de Cataluña (CDC) es un partido amortizado, en franco declive electoral y arruinado políticamente por diversos casos de corrupción, que tienen que ver tanto con su Fundador, Jordi Pujol, la larga familia de éste, el que fuera su secretario general, Oriol Pujol,  así como con pesos pesados como Prenafeta o Maciá   Alavedra entre otros; además de un rosario de asuntos pendientes de resolución en los tribunales y 13 sedes embargadas por presunta asociación criminal.   
De ahí que Mas haya decidido ligar su futuro político al del independentismo y, si las cosas van bien, convertir la lista única, en el partido del presidente. Para llegar a la lista conjunta se han quedado por el camino ICV la CUP i UCD, pero se han incorporado Omnium cultural y la ANC, además de ceder la cabecera de cartel a Raúl Romeva ex ecosocialista y ex diputado europeo.
Con la lista unitaria se evita la pugna para lograr la primacía en el independentismo entre CDC y ERC, pero sobre todo se desactiva a Oriol Junqueras que pasará a tener un papel absolutamente subsidiario. Algún día el líder de Esquerra deberá explicar que ventajas ha visto en esta operación para claudicar de forma tan poco elegante y aceptar concurrir a unas elecciones del brazo de un partido amortizado y carcomido por la corrupción como se explica más arriba. Siendo ellos, como dicen ser, puros e inmaculados.
No hay duda que el gran beneficiado de este pacto es Artur Mas, con esta añagaza  se asegura su continuidad en la presidencia, salvo que se produzca un auténtico tsunami político. Aunque  Romeva ya ha presentado sus credenciales y ha anunciado que no renuncia a nada.

De todos modos, es muy posible que acabe siendo la CUP quien rentabilice tras las elecciones la situación.  Las Candidaturas de Unidad Popular se quedan solas como la auténtica referencia de la izquierda independentista y no se contaminan con el lastre que arrastran Mas y los suyos. Además, puede suceder que el 28S sean decisivos para otorgar mayorías en el Parque de la Ciudadela. Veremos entonces si está dispuestos a hacer a Mas presidente.


Desde luego la situación promete. Todos los sondeos indican un fuerte trasiego de votos de unas formaciones a otras. Quizás la mayor incógnita en este ámbito está en ver la evolución del voto convergente moderado y si Unió es capaz de pescar en ese caladero.
Entre unas cosas y otras, Artur Mas está intentando la cuadratura del círculo. Veremos si al final se sale con la suya o todo queda en un fiasco En situaciones inverosímiles como la que estamos viviendo lo más plausible es el descalabro. Tal vez la diferencia, en esta ocasión,  estribe en que el fracaso, de producirse, será de los que hacen época y nos afectará a todos.    

Bernardo Fernández

Publicado en Crónica Global 31/07/15