19 de novembre 2019

UNIVERSIDADES PÚBLICAS, LA INCUESTIONABLE EQUIDISTANCIA


De todos los desbarajustes, ataques indiscriminados y absurdos a la convivencia que se están perpetrando en las últimas semanas a la convivencia en Cataluña, me duelen de forma especial dos cuestiones. En primer lugar, los cortes de carreteras, autopistas y vías de tren, que se han llevado a cabo de forma indiscriminada, porque afectan de manera directa, un derecho tan elemental como es la libertad de movimientos de las personas y mercancías. Con esas acciones se está coaccionando la libertad de la gente, por un lado, que no se pueden desplazar libremente y, por otro, están castigando de manera muy peligrosa la economía de toda la sociedad, sin distinción de ningún tipo. Por otra parte, me molesta y duele, la actitud de cientos de jóvenes universitarios que han creído que las universidades públicas catalanas son de su exclusiva propiedad. Además, esta creencia se ha visto reforzada por el soporte que han recibido   de determinados rectorados y claustros.
Llegados a este punto, quiero aprovechar la oportunidad que me brinda esta magnífica ventana digital que es El Catalán para reflexionar sobre la actitud de esos jóvenes estudiantes y, sobre todo, explicar cuál es, a mi modo de ver el rol que deben asumir las universidades públicas en momentos como los que estamos viviendo en Cataluña. Veamos.
Las universidades públicas se financian principalmente mediante los presupuestos generales y las matrículas de los estudiantes, en segundo lugar. Por consiguiente, son instituciones del Estado y lo lógico es que sean autónomas sin entrar nunca en el juego de las políticas partidistas, porque son de todos y para todos.
Sus dirigentes son escogidos por su programa y bagaje académico, pero nunca se han presentado con un programa político ni han sido elegidos por su sesgo ideológico. En consecuencia, son representantes institucionales de toda la comunidad universitaria, no de una parte.
Si admitimos, aunque sólo sea por una vez, que la Universidad traspase los límites de sus competencias y actúe donde no le corresponde. ¿cómo decidiremos cuando es correcto y cuando no qué la Universidad incida en unas problemáticas y en otras no? ¿Quién y cómo decidirá que cuestiones políticas son pertinentes y cuáles no lo son? Esto nos lleva de forma directa a admitir que los dirigentes universitarios no están ni legitimados ni autorizados para hablar de cuestiones políticas en nombre de otros académicos.
Por otra parte, soy de la opinión, de que las universidades públicas no deben invadir el terreno de los representantes de la soberanía popular, son estos últimos los que han obtenido la confianza de los ciudadanos para que los representen y lleven a cabo las iniciativas oportunas en los lugares adecuados para mejorar la vida de la ciudadanía. Porque al final, ese es quid de la cuestión.
Esta breve reflexión me ha parecido oportuna para centrar el tema que es el objetivo de este artículo: la actitud de centenares de jóvenes universitarios tras la sentencia a los líderes del procés.
Tras conocerse el dictamen del Tribunal Supremo (TS) sobre los líderes del procés, grupos de estudiantes, quizás no muy numerosos, pero sí muy activos, decretaron huelgas continuadas y encierros en las facultades, impidiendo, de esa forma, el acceso a otros estudiantes que no estaban de acuerdo con los huelguistas y querían ejercer sus derechos de aprender y formarse.
Aunque no comparto ni los motivos ni los métodos de la movilización puedo llegar a entenderlos y disculparlos, porque si no son los jóvenes los que se revelan y protestan ¿quién lo va a hacer y cuando se va a hacer?
Lo que no disculpo es que se quiera sacar tajada de la situación. O, dicho de otro modo: que se quieran flexibilizar las evaluaciones para hacer compatibles las clases y las protestas. Hasta ahí podríamos llegar. El que no quiera polvo que no vaya a la era.
Además, me ha parecido una frivolidad imperdonable el pronunciamiento de determinados claustros y algún que otro rectorado en contra de la sentencia y dando soporte a los alumnos partidarios de los encierros.
En este contexto, ha sido un grandísimo acierto la carta que más de 800 docentes de toda España han firmado, en contra de los manifiestos de distintos claustros y rectorados.
Los redactores de la misiva discrepan de la supuesta libertad de expresión en la que muchos han querido enmarcar las declaraciones institucionales de las universidades. Los firmantes sostienen que “es un derecho fundamental que corresponde exclusivamente a las personas, como apuntan varias sentencias del tribunal Constitucional”.
También defienden que el hecho de que una administración se exprese en nombre de todos sus miembros, como se ha hecho en esta ocasión, “implica una clara agresión a un derecho fundamental como es libertad ideológica” de los discrepantes. Derecho recogido en el artículo 16 de la Constitución.
Asimismo, ponen de manifiesto que la difusión de “un pensamiento único sobre cualquier tema” es radicalmente incompatible con la esencia de la Universidad. “sobre todo, cuando se trata de asuntos que generan una fuerte controversia social”, como es el caso que nos ocupa. En consecuencia, instan a los rectorados y claustros que se han posicionado en contra de la sentencia del TS a rectificar. De manera simultánea, muestran su predisposición “para contribuir a un debate sereno y riguroso sobre todas las dimensiones del grave conflicto que se vive en Cataluña”. 


Bernardo Fernández
Publicado en El Catalán 16/11/19

12 de novembre 2019

GANA EL PSOE, PERO TRIUNFA VOX


Las elecciones generales del pasado, 10 de noviembre, nos han dejado un panorama sombrío y un futuro tan difícil como complejo. Con respecto a las elecciones de abril el partido socialista ha perdido tres escaños en el Congreso y la mayoría absoluta en el Senado, siete diputados se han dejado en este envite Unidas Podemos mientras que los populares de Casado hacen una buena recuperación y alcanzan los 88 asientos en la Cámara. De todos modos, no deja de ser una subida agridulce porque se habían fijado los 100 escaños como objetivo. El gran derrotado es Ciudadanos que se queda en la irrelevancia política con diez diputados y hace que Albert Rivera tenga que marcharse a su casa y renuncie a recoger su acta de diputado. En cualquier caso, el gran triunfador del 10-N es Vox que pasa de 24 a 52 escaños y se convierte en la tercera fuerza del Parlamento.
Con los resultados a la vista es evidente que convocar unas elecciones poco más de seis meses después de las últimas ha sido un error. En estas circunstancias, se impone que Pedro Sánchez haga una criba en el grupo de asesores y gurús de su entorno más inmediato.
El electorado, una vez más, ha cumplido con su obligación con una participación que ronda el 70%. En concreto, un 69,8% en el conjunto de España y un 72,3% en Cataluña. Estas cifras nos pueden dar una idea de la importancia que le ha dado la ciudadanía a estos comicios. Ahora corresponde a los políticos llevar adelante su cometido, que para eso han sido elegidos: gobernar y sacarnos del atolladero en el que ellos nos metieron.
De todos modos, no será fácil, la situación política está más bloqueada que la semana anterior o hace un mes, y el país dividido en dos mitades. Ante esta situación ya nos podemos olvidar de las reformas estructurales, aquellas que requieren de grandes consensos para llevarlas adelantes. Así, por ejemplo, no será posible ni modificar el sistema electoral ni la Constitución. Por lo tanto, ya nos podemos despedir por mucho tiempo de unas hipotéticas listas abiertas, circunscripciones electorales más proporcionales, etcétera. Tampoco hace falta pensar en qué forma se puede modificar la Constitución para dar respuesta al conflicto territorial. Ante esta situación de bloqueo el problema de Cataluña se va a enquistar y eso puede ser muy peligroso.
En este contexto, da que pensar que los partidos que se consideran más constitucionalistas que nadie, (PP, Ciudadanos y Vox) sean irrelevantes en las nacionalidades históricas (expresión recogida en nuestro texto constitucional), es decir, País Vasco Cataluña y Galicia. Sin duda algo falla en sus planteamientos a la hora de presentarse en esas autonomías. A mi modo de ver, harían bien en revisar sus postulados.
Por otra parte, aunque desde las izquierdas se intente hacer un cordón sanitario en torno a Vox, no hay que hacerse demasiadas ilusiones al respecto, porque el PP se verá obligado, por un lado, a escorarse más a la derecha para no perder más votantes por ese flanco y, por otro, a contemporizar con los extremistas a cambio de mantener sus acuerdos en lugares como Andalucía o Madrid entre otros. Asimismo, los de Abascal, ya han anunciado que la tarea a la que pondrán más empeño será en dar al Tribunal Constitucional cuanto más trabajo mejor. Lo que nos anuncia otor tipo de bloqueo.
En Cataluña, las cosas están igual de complicadas que en el resto del país. ERC ha ganado las elecciones, pero la suma de todos los independentistas no llega ni al 50% ni en votos ni en escaños obtenidos y eso hace pensar que aquí estamos en una situación enquistada que elección tras elección apenas se mueve. Además, la formación de JxCat, aunque ha ganado un diputado seguirá sin poder formar grupo parlamentario propio, porque no ha logrado el 15% necesario en las circunscripciones de Barcelona y Tarragona, con lo cual será siendo una formación irrelevante en el Congreso de los diputados.
Estamos ante una situación política muy delicada y compleja, como los políticos surgidos ayer de las urnas no le pongan muchas ganas de hacer bien las cosas, sentido común y voluntad, el carro se les puede ir por el pedregal. El problema es que e ese carro vamos todos.

Bernardo Fernández
 Publicado en e notícies 11/11/19



06 de novembre 2019

EL PACTO NECESARIO


Según indican todas las encuestas hechas públicas hasta la fecha, en las elecciones generales del próximo domingo, 10 de noviembre, ninguno de los partidos que se presenta va a obtener una mayoría lo bastante holgada, como para que su candidato sea investido presidente del Gobierno sin necesidad de pactar con una o varias de las otras fuerzas políticas que formarán el nuevo Congreso de diputados.
Hasta el momento, todos los sondeos, con matices, coinciden en cuatro o cinco cosas, a saber: el PSOE ganará las elecciones, PP y Vox suben y Ciudadanos se desploma. Si el 10-N estos datos se confirman, sólo habrá una suma que daría mayoría absoluta: PSOE y PP.  Pero si se descarta, por razones bastante obvias, esa posibilidad entraremos de nuevo en el baile de los pactos que llevó a la izquierda al fracaso en septiembre, a millones de ciudadanos a la frustración y, como consecuencia, a la convocatoria de esas elecciones del próximo domingo.
Tengo la sensación de que muchos políticos de nuestro país no han entendido lo que es la cultura del pacto. En mi opinión, no saben diferenciar entre lo que es esencial y hay que preservar y aquellas otras cosas y/o ideas con las que se puede transaccionar y si conviene transigir, ceder e incluso renunciar.
El conflicto, ya sea social o político es ineludible. Pretender eliminarlo o negarlo es propio de regímenes totalitarios. De ahí que la razón de ser de la tradición democrática consista en plantear fórmulas que permitan la vida en común, admitiendo que la pugna, la disparidad y el desacuerdo no van a dejar de existir. En las democracias liberales, como la nuestra, la disensión se resuelve mediante el principio de las mayorías; por eso, muchos sistemas electorales tienden a favorecerlas, incluso mediante determinadas distorsiones de los sistemas proporcionales. Es el caso la ley D’Hondt que es el método utilizado en España.
Cada vez resulta más difícil leer de manera correcta los resultados de las urnas. Las adhesiones inquebrantables ya no existen, la fidelización del votante cada vez es menor y, por consiguiente, el voto más volátil. A todo esto, hay que añadir la aparición de la ultraderecha. Una ultraderecha que siempre estuvo ahí, como escondida, agazapada y timorata. En cambio, ahora, se ha descarado, ha perdido la vergüenza y se nos presenta sin complejos. Eso ocurre, en parte, por la falta de respuestas de los partidos clásicos a los problemas que sufre la ciudadanía. Y eso, también dificulta que las organizaciones políticas puedan llegar a acuerdos porque o no saben que hacer o si dicen lo que piensan que se debe hacer temen ser castigados por su electorado. Lo vimos hace unos meses en Italia y es muy posible que lo veamos muy pronto en España.
PP y Ciudadanos no han tenido ningún pudor en pactar con Vox para hacerse con alcaldías o presidencias de comunidades autónomas, pero eso hace, casi imposible, que después puedan pactar con fuerzas de centro izquierda, como en nuestro país sería el caso del PSOE.
En estas circunstancias, y siempre que los sondeos se confirmen, Pedro Sánchez deberá tomar en los próximos días una decisión, posiblemente de las más difíciles de su carrera política: dónde pone la linera roja de los pactos para seguir residiendo en la Moncloa. Ahí los escrúpulos políticos, por un lado, y el pragmatismo, por otro, tendrán papeles muy relevantes.
Para empezar, tendrá que discernir si sigue con lo del gobierno a la portuguesa o va a un gobierno de coalición.  Después veremos quienes son los elegidos y hasta donde estarán dispuestos a llegar unos y otros y los de más allá, porque esto no va a ser un juego de dos.
Como dice Almudena Grandes: “…ahora lo único que importa es lo que se merecen los españoles. Y ni ustedes ni yo nos merecemos ver a Abascal y a Ortega Smith sentados en un Consejo de Ministros. Eso es lo que nos estamos jugando…” Desde luego, la gran escritora tiene toda la razón.
Por eso, el pacto además de imprescindible será necesario. Crucemos los dedos para no volver a las andadas y que todo salga bien.


Bernardo Fernández
Publicado en e notícies 06/11/19


30 d’octubre 2019

CHULERÍA "INDEPE"


En Cataluña la cosa está que arde. Por eso, parece lógico pensar que, en unas circunstancias como las que estamos viviendo, la prudencia y la moderación deberían ser virtudes de las que todos hiciéramos gala, pero de forma muy especial nuestros gobernantes.
En mi opinión lo que más necesitamos los catalanes en estos momentos es cordura, prudencia y sentido común para rebajar la tensión que se ha ido generando durante años, pero que a raíz de la sentencia a los líderes del procés, está llegando a cotas insoportables.
Eso sería lo lógico y, sin embrago, estamos viendo que aquellos que son o se consideran líderes del movimiento indepe, en vez de mostrar seny, templanza y ganas de calmar los ánimos, se dedican a echar gasolina al fuego, encender las más bajas pasiones y colocar a sus propios seguidores ante un muy arriesgado “todo o nada” que, con toda seguridad, acabará siendo un “nada”.
Está sucediendo un día sí y otro también. Desde el president Torra que en vez de condenar la violencia de forma clara y tajante y dar apoyo a la policía de Cataluña jalea a los radicales, hasta programas en TV3, en los que un presentador estrella como Toni Soler trata, sin ningún recato, “de putos perros de mierda porque son muy agresivos, rabiosos y algunos analfabetos a los Mossos d’Esquadra y a la Policía Nacional”. Todo eso, sin olvidar que el Parlament vuelve a plantear el derecho de autodeterminación, aunque esta vez con posible trampa. Me explico.
El pasado, 22 de octubre, el president del Parlament y miembro de ERC, Roger Torrent volvió a “marcar paquete” ─como les gusta decir a los pseudorepublicanos─, y anunció que la Cámara catalana tramitaría una resolución que plantea “la reprobación de la monarquía, la defensa del derecho a la autodeterminación y la reivindicación de la soberanía de Cataluña para decidir su futuro político”.
O sea, un nuevo desafío al Tribunal Constitucional que ya ha advertido en diversas ocasiones sobre la posible ilegalidad en que podría incurrir el Parlament si aprueba resoluciones con esos contenidos. No obstante, parece que, en esta ocasión, hay gato encerrado, porque la propuesta no se presentó por el procedimiento de urgencia y eso significa que se sustanciará, como muy pronto, los días 13 y 14 de noviembre. Es decir, después de las elecciones generales. Pero es que, además, se podrán introducir enmiendas que suavicen el texto. Así, por ejemplo, donde dice, “… la defensa del derecho de autodeterminación…”, se puede modificar y que diga, “…debatir sobre el derecho a la autodeterminación…” y, obviamente, debatir sobre algo no es punible. Pero el impacto mediático a pocos días de unas elecciones ya se ha producido.
De todas maneras, quien ha vuelto a poner la guinda en el pastel y ha vuelto a ser la estrella de la fiesta, ha sido el president-activista Quim Torra. En el pleno del Parlament anunció, sin que lo supieran ni los consejeros ni sus socios de Govern, ERC, que “antes de que acabe esta legislatura los catalanes volverán a ejercer el derecho de autodeterminación” y después lo ha repetido en diversas ocasiones. Como no tenemos la cosa bastante complicada sólo nos faltan pirómanos que vengan a incendiar un poco más al personal, porque hay gente que todo esto se lo cree a pies juntillas, sin pararse a pensar en si es realmente posible, conveniente o no.
Por eso, estoy convencido que los individuos que azuzan las bajas pasiones de la manera que estamos viendo, o son unos irresponsables o unos chulos que lo único que les importa es satisfacer su ego, y en los casos que he señalado, me parece que son las dos cosas a la vez.

Bernardo Fernández
Publicado en El Catalán 30/10/19


DE LOS PANES Y LOS PECES


Cuentan los Evangelios que Jesús hizo el milagro de saciar a una multitud de hombres con unos cuantos panes y unos pocos peces. Ese hecho, cierto o no, se conoce como la “multiplicación de los panes y los peces”.
Pues bien, estamos a pocos días de unas nuevas elecciones generales y parece que los partidos que se presentan quieran reproducir ese milagro en versión siglo XXI. El problema es que no nos explican cómo lo van a hacer. Y en política las cosas no funcionan así.
Para empezar, hemos de saber que en España los ingresos públicos vienen a ser el 37% del PIB, unos ocho puntos menos que la media de la eurozona. El motivo de ese desfase es que nuestro sistema tributario está lleno de deducciones, exenciones y bonificaciones, lo que hace que los impuestos parezcan un queso de gruyer. Según los expertos por ahí se dejan de recaudar unos 50.000 millones de euros/año.
El caso más paradigmático es el IVA reducido del 10% que se aplica en el sector turístico. Resulta difícil explicar porque restaurantes con tres estrellas Michelin aplican ese tipo de impuesto. Como es lógico desde el sector se defienden, su argumento es que el turismo es vital para la economía española porque actúa como locomotora. (?)
Por otro lado, la tasa de parados en nuestro país es bastante más elevada que en la mayoría de los países de la UE, lo que tiene como consecuencia que sean menos los contribuyentes que aportan a las arcas del Estado. Además, la economía sumergida en España es muy superior a la del resto de países de nuestro entorno y eso, es un lastre más para las finanzas públicas.
La propuesta fiscal de los partidos, al menos de los grandes, tiene un claro sesgo ideológico. La derecha apuesta por una bajada de impuestos por que consideran que el dinero ha de estar en el bolsillo de los ciudadanos. Por el contrario, los partidos de izquierda sostienen que las Administraciones públicas han de tener los recursos suficientes para sufragar el Estado de bienestar.
Si echamos un vistazo, aunque sea grosso modo, a los programas electorales de los partidos que se presentan a estas elecciones veremos que PP y Ciudadanos apuestan por bajas impuestos. En cambio, PSOE y Unidas Podemos por subirlos. Es verdad que con todos los matices que se quiera, pero esa es una de las diferencias fundamentales entre derecha e izquierda.
Dicen los que saben de la cuestión que los impuestos distorsionan la actividad económica. Es posible. Ahora bien, lo que es una falacia es argumentar que las bajadas se financian solas. Si se reducen los impuestos habrá que recortar gastos o suprimir deducciones. De no ser así se disparará el déficit y ese es un lujo que no nos podemos permitir.
Hasta ahora, todos los Gobiernos, sin distinción de color, han intentado mantener los ingresos sobre un 38% del PIB. La razón es que de esa manera se permite un crecimiento económico lo suficientemente alto como para igualarnos a otros países europeos.
De todos modos, es previsible que el gasto social aumente, debido a que tenemos una población envejecida que ira a más. En esta situación la pregunta es: ¿hay que subir impuestos o bajarlos? La respuesta nos vendrá dada en función de la sociedad que queramos para el futuro. Si queremos sanidad y educación públicas de calidad, si queremos las mismas oportunidades para todos y unas pensiones públicas dignas para nuestros mayores, la respuesta es obvia: hay que subir impuestos.
En algún momento, a no tardar, tendremos que decidir si queremos una sociedad como la de Estados Unidos (con un Estado del bienestar mínimo) o una sociedad como la de Francia o los países nórdicos, tipo Suecia, con un Estado del bienestar muy potente.
Una de las grandes cuestiones que tendrá que abordar el Ejecutivo entrante serán las pensiones. Es necesario garantizar su sostenibilidad y hay que decidir si se busca una vía que complemente el sistema de financiación actual, si se reducen las prestaciones o si se alarga la vida laboral. Los pensionistas son el grupo de electores más numeroso y transversal, por lo que ningún partido quiere un enfrentamiento con ellos y, por consiguiente, nadie plantea un recorte del gasto en este capítulo.
Por otra parte, hay que tener en cuenta que a partir de 2023 se empezará a jubilar la generación del baby boom y eso va a hacer que se necesite más dinero para financiar las pensiones, la sanidad y, en general, todas las políticas sociales que tienen que ver con el Estado del bienestar.
La ciudadanía, de forma mayoritaria, somos gente muy razonable y no vamos a pedir a nuestros gobernantes que hagan milagros ─ni  el de los panes y los peces ni ningún otro─, pero si les exigimos que trabajen con rigor, que implanten una fiscalidad justa, que los impuestos no tengan  agujeros injustos, que luchen de manera firme contra el fraude fiscal y la economía sumergida, porque sólo así es posible practicar una redistribución justa y equitativa de la riqueza que nos permita a todos vivir con dignidad.

Bernardo Fernández
Publicado en e notícies 29/10/19

22 d’octubre 2019

CATALUÑA ARDE


Desde hace años en Cataluña estamos padeciendo una polarización ideológica-sentimental creciente. El punto máximo, hasta el momento, ha llegado con la publicación, por parte del Tribunal Supremo, de la sentencia a los líderes del procés.
Es inútil negar las evidencias, el independentismo ha roto las costuras. Se veía venir, pero desde el pasado, 14 de octubre, es un hecho y me temo que lo seguiremos viendo durante mucho tiempo, aunque sea con un ritmo sincopado y con diversas intensidades, pero con un objetivo claro: poner en jaque al Estado.
Cuando empezó esta sin razón del procés los procesistas alardeaban de que el mundo nos miraba. Después, con la evolución de los acontecimientos, quedó claro que nadie reparaba en nosotros. Ahora, con el espectáculo de los últimos días, el mundo nos mira… y se asusta. No por casualidad algunos gobiernos, agencias de viajes y tour operadores están advirtiendo del riesgo que comporta venir a Cataluña.
La imagen que está proyectando es dantesca, más propia de revueltas en repúblicas bananeras y tercer mundistas que de una sociedad compleja, diversa, culta y adelantada como se supone que es la nuestra.  El Aeropuerto del Prat bloqueado, carreteras, autopistas y vías de tren cortadas, coches, motos y contenedores de basura ardiendo, varios comercios saqueados y encontronazos cada vez más violentos entre grupos extremistas y las fuerzas de orden público que han dejado, hasta la fecha, más de seiscientos heridos, entre manifestantes y agentes del orden, entre ellos un policía muy grave en la UCI.
Los daños y pérdidas que genera esta situación son incalculables, porque además del coste económico que supone la cancelación de vuelos y cruceros, los gastos que ocasiona el deterioro de material urbano, las horas de los operarios para revertir la situación y que las vías públicas puedan volver a ser transitables, están los daños morales. Sin olvidar las pérdidas de bienes privados o que las personas no puedan cumplir con sus obligaciones y/o compromisos, pero todavía existe algo peor: la quiebra de la convivencia.
Dicen los independentistas que lo que nos ha traído hasta aquí han sido las condenas de sus líderes: falso. Para ellos las únicas condenas que se podían contemplar era la libre absolución. Sin embargo, cualquier persona que haga uso del sentido común y la lógica sabe que eso no podía ser. El juicio que, a lo largo de cincuenta y dos sesiones, se pudo ver de forma íntegra por televisión, fue transparente y respetuoso con las garantías. Ahora bien, no hay más ciego que el que no quiere ver, ni más sordo que el que no quiere oír.
Para el ministro del Interior, Fernando Grande Marlaska, lo que está sucediendo es “estrictamente un problema de orden público”. Cierto. No obstante, los orígenes de todo lo que está ocurriendo hay que buscarlos en el terreno de la política y de los sentimientos y ahí está, a mi modo de ver, el quid de la cuestión.
El pujolismo nos dejó, además del 3% y una clase dirigente muy tolerante con la corrupción (recordemos la frase de Félix Millet: “trescientas familias controlaban Cataluña”), un sistema educativo que, aunque quizás no llega a adoctrinar, si enfatiza las cuestiones identitarias hasta el absurdo y banaliza la historia hasta deformarla. Por si fuera poco, el nacionalismo se dotó de unos medios de comunicación públicos controlados, sin ningún rubor, por el poder. A la vez que, los privados eran generosamente recompensados, si defendían la causa a capa y espada, aunque fuese indefendible. Pues bien, seguimos igual y con esos mimbres nos han hecho estos cestos.
Este panorama ha generado un caldo de cultivo que, junto a cuestiones tan diversas como la sentencia de Estatuto de 2010, la crisis económica o un cierto sentimiento de superioridad han hecho que el independentismo tenga un caladero de incondicionales casi inagotable. Las marchas de estos días o la manifestación, en Barcelona, del día 18, con más de medio millón de personas dan prueba de ello.
De todas maneras, todo lo que está sucediendo no ocurre por generación espontánea. Organizaciones sociales como Omnium o la ANC han hecho un trabajo previo muy concienzudo. Llevan años caldeando el ambiente. El “ho tornarema fer o “amb les manifestacions no n’hi ha prou”, son eslóganes del condenado Jordi Cuixart, expresidente de Omnium. A esto hay que añadir una serie de organizaciones satélite como son los “comités de defensa de la república” (CDR), “tsunami democràtic” o “picnic per la república”, entre otras de las que no se sabe todavía ni quien las controla ni realmente quién está detrás
Por si la cuestión no fuera lo suficiente compleja, es indispensable tener en cuenta que, en el terreno político, hay intereses cruzados y un miedo atroz a que alguien sea calificado como traidor, porque lo que está en juego es la hegemonía política en Cataluña para mucho tiempo.
El duelo entre ERC y JxCat es sin cuartel, pero a la sombra. Hasta ahora, Puigdemont ha tenido una vida plácida en Waterloo, pero sabe que no puede ir mucho más allá de lo que dure Torra en la Generalitat. Éste, por su parte, tiene más vocación de activista que de molt honorable president de tan alta institución, y se siente más cómodo en las algaradas que en su despacho. Además, su incapacidad para ejercer el cargo es manifiesta Por eso, está tomando cuerpo la hipótesis de que desde la institución se da algún tipo de soporte a los alborotadores.
Por su parte, los republicanos consideran que les ha llegado el momento de encabezar el Govern de Cataluña, y si pierden esta oportunidad es posible que tengan que pasar décadas hasta que se presente otra.
Este galimatías político hace que la situación esté encallada y nadie se atreva a salir a la palestra, llamar a las cosas por su nombre, reconocer el fracaso, admitir que la unilateralidad no es posible y que la DUI fue un brindis al sol sin efectividad alguna.
¿Pero quién es el valiente que se atreve?

Bernardo Fernández
Publicado en e notícies 22/10/19

17 d’octubre 2019

JUSTICIA EN EL VALLE


Estos días el foco mediático está sobre Cataluña, la sentencia a los líderes del procés y las reacciones institucionales y de la ciudadanía que se están produciendo, tras conocerse el fallo del Tribunal Supremo, acaparan buena parte del interés nacional e internacional.
Es muy probable que más de un independentista hiperventilado imagine que la Tierra ha dejado de girar y el mundo mundial no respirar a la espera de ver cómo reaccionan los catalanes y que sucede a partir de ahora en este país.
Obviamente, si alguien piensa así se equivoca. La Tierra sigue girando, el sol sale por el este, se pone por el oeste y urbi et orbe ocurren cosas, buenas, malas y regulares.
En un mitin celebrado en Valencia, a principios de los años treinta, Manuel Azaña dijo: “la libertad no hace a los hombres más felices, sencillamente los hace hombres” Ante la situación que estamos viviendo, me tomo la licencia de parafrasear a Don Manuel y digo que no es cuestión de que la exhumación de los restos del dictador sea algo, bueno, malo o regular, sencillamente nos permitirá recuperar una porción de la dignidad que, como pueblo, nos arrebató la dictadura. Y pido disculpas si he ofendido a alguien con la cita.
De hecho, la primera iniciativa, que se conoce, sobre este enojoso asunto, fue del Gobierno de José Luís Rodríguez Zapatero que creó una comisión de expertos para transformar el Valle de los Caídos. Lamentablemente con la llegada del PP al poder aquello quedó en agua de borrajas. Sin embargo, Pedro Sánchez, tras ser investido presidente en junio de 2018 anunció que en julio del mismo año se procedería a la exhumación.
Pero la familia del autócrata, desde el minuto cero, puso todas las trabas posibles para evitar que Franco saliera del Valle. Los recursos y demandas en los tribunales han sido las artimañas de los descendientes del dictador para frenar la iniciativa del Gobierno. Después, la propuesta de llevar los restos a la catedral de la Almudena.  Aunque la pretensión más insolente de los herederos, y que raya con la estupidez, es la pretensión de que se le rindan honores militares al dictador cuando sea exhumado.
Resulta ofensivo, y un insulto a la inteligencia, que gente que por su ascendencia y los presumibles orígenes de su fortuna deberían ser discretos, moderados e intentar pasar lo más desapercibido posibles, sean tan ostentosos y chuleen como gallos de pelea en un corral de feria. Todo lamentable y patético.
Y por si no había bastante con la familia, han contado con colaboradores inestimables como es el caso del prior del Valle de los Caídos, Santiago Cantera, un falangista reciclado a benedictino que había llegado a amenazar con prohibir la entrada en la Basílica a las personas que fueran a trasladar al dictador. También el juez José Yusty ha prestado un apoyo impagable a los familiares del dictador. En el mes de febrero pasado suspendió de manera cautelar el informe de obra del Ayuntamiento de San Lorenzo del Escorial, porque “existían dudas en las condiciones de seguridad. Tampoco   la ambigüedad calculada del Vaticano en un principio facilitó las cosas.
En cualquier país de nuestro entorno una situación parecida sería impensable; pero, si, aun y así, por alaguna extraña razón les ocurriera algo similar, estoy convencido que todos los grupos políticos, a excepción de la extrema derecha, cerrarían filas con el Gobierno para reparar la injusticia que venimos soportando desde más de cuatro décadas. Sin embargo, aquí, unos guardan un sospechoso silencio y otros acusan al presidente de hacer con la exhumación electoralismo (?) Veamos.
Por esa regla de tres, Pedro Sánchez lleva haciendo electoralismo desde mediados de febrero, cuando convocó elecciones, pero es que el país sigue funcionando y un Gobierno en funciones o no, sea del color que sea, ha de tomar decisiones.
Además, como ya he indicado más arriba, el propio Sánchez anunció en junio del año pasado la exhumación, y que se llevaría a cabo en julio. Después, las triquiñuelas y malas artes de la familia han retardado el proyecto hasta ahora que han agotado toda la munición, pero, todo tiene un límite y, salvo imponderables, en muy pocos días la salida de los restos mortales de Francisco Franco del Valle de los Caídos será un hecho. Entonces, los más de 18.000 republicanos que hay allí enterrados en fosas comunes descansarán en paz, pero ahora, de verdad.


Bernardo Fernández
Publicado en e notícies 16/10/19

15 d’octubre 2019

SIN COMPLEJOS


Es posible que, cuando estas líneas salgan a la luz, ya se haya hecho pública la sentencia a los líderes del procés. Seamos conscientes y estemos preparados porque cualquier cosa puede ocurrir. Desde una declaración institucional fuera de tono y contexto, pasando por concentraciones y/o manifestaciones pacíficas de rechazo al fallo del Tribunal Supremo, hasta actos vandálicos y, ahí, el abanico de posibilidades es inmenso. Adonde lleguen, sólo dependerá de la imaginación y la osadía de los descerebrados que decidan llevarlos a cabo.
De todas maneras y, suceda lo que suceda, no deberíamos caer ni en ostentaciones innecesarias, ni dejarnos amedrantar por las provocaciones chulescas de los más hiperventilados.
El hecho cierto será que el Estado democrático, social y de derecho habrá triunfado sobre aquellos que quisieron reventarlo desde dentro. Eso es lo que al final quedará. Eso es lo que pasará a la historia, y, con eso, nos hemos de quedar.
Tras el dictamen, habrá llegado el momento de pasar página. Se debería trazar una hoja de ruta clara para amortiguar, tanto como sea posible, los daños que ha causado el procés a nivel económico, social y cultural. Lo prioritario ha de ser zurcir la sociedad y recuperar la convivencia. No obstante, eso no será posible si no va acompañado de otras mediadas que hagan que Cataluña vuelva a ser la locomotora de España, y para eso necesitamos que las empresas que marcharon, tras los acontecimientos de septiembre y octubre de 2017, vuelvan.
En ese contexto, sería de gran ayuda que los líderes independentistas que provocaron el fiasco reconozcan sus errores y admitan que hechos como los ocurridos aquel triste otoño no se pueden repetir. Yo nunca le voy a pedir a nadie que renuncien a sus ideas, pero sí exijo que los proyectos políticos sean inclusivos y no sólo para una parte de la sociedad. De todos modos, mal vamos cuando uno de los eslóganes preferidos del secesionismo en estos últimos meses es, “ho tornarem a fer”, así no hay manera.
Tampoco vamos bien cuando algunos iluminados de esos que copan tertulias y llenan periódicos con artículos que pontifican sobre lo divino y lo humano sostienen que el problema es político. Discrepo. Ciertamente, el problema que estamos viviendo en Cataluña tiene sus raíces en la política. Ahora bien, la cuestión ha excedido con creces el terreno de juego de la política. Los líderes del procés, a sabiendas, cometieron presuntamente delitos tipificados en el Código Penal, y de eso va l sentencia, no más, pero tampoco menos.
Otra cosa es que una vez dilucidadas las responsabilidades penales se vuelva a la mesa de negociación, y mediante el diálogo se llegue a acuerdos dentro del marco constitucional y con la legalidad como eje vertebrador.
Ante esta situación, no es de recibo que a los que nunca hemos estado por la ruptura, ahora se nos tache de intransigentes, sencillamente creemos en la justicia y la acatamos. Cuando nos gusta y cuando no.
Durante demasiado tiempo el constitucionalismo ha estado acomplejado en Cataluña. Ha llegado el momento de decir basta y vivir con normalidad. O lo que es lo mismo: sin complejos.

Bernardo Fernández
Publicado en El Catalán 14/10/19

08 d’octubre 2019

A LA MONCLOA POR EL CAMINO DE DAMASCO


Cuenta el Nuevo Testamento (Hechos de los apóstoles 9.1-18) que las autoridades judías habían ordenado a Pablo de Tarso perseguir a los cristianos de Damasco. Mientras se dirigía a ese destino, un resplandor del cielo le hizo caer del caballo dejándolo ciego. Pablo y los que cabalgaban con él oyeron una voz que decía:” Saulo, Saulo ¿por qué me persigues?” Tras esa fuerte vivencia, al llegar a Damasco es encontró con Ananías que, en nombre de Jesús le impuso las manos y, de inmediato recuperó la vista, fue bautizado y catequizado.
Desconozco si en alguno de sus sueños, Albert Rivera imaginó que para llegar a la Moncloa tendría que pasar por Damasco. O, es que va siguiendo las encuestas que apuntan que el 10-N Ciudadanos puede perder la mitad de los votos que obtuvo el 28 de abril, y de ahí su semblante serio y compungido de las últimas semanas.
Sea lo que sea, el caso es que, donde Rivera dijo digo, ahora dice Diego. La semana pasada el líder de la formación naranja se enmendó a sí mismo. Y si, seis meses atrás, la comisión ejecutiva de Ciudadanos aprobó por unanimidad vetar cualquier pacto con el PSOE, ahora, si el 10-N la derecha no suma, se abren a la posibilidad de pactar con los socialistas a partir de 10 reformas de fuerte calado social que ellos proponen.
Parece que ya no tienen importancia los reiterados desplantes de Rivera a Sánchez. Al líder naranja se le ha olvidado que ni se ponía al teléfono cuando el presidente en funciones le llamaba. También ha olvidado las reiteradas negativas a las peticiones del entonces aspirante a presidente a reunirse ambos, para intentar desbloquear la situación. Con su actitud Rivera viene a sugerir que tampoco hay que dar importancia a aquello de la “banda de Sánchez”. Total, pelillos a la mar.
Así las cosas, la moción de censura presentada, este lunes, por Ciudadanos al presidente Torra, hay que enmarcarla en el mismo contexto que el giro copernicano de Rivera: toca remontar lo que dicen las encuestas y hay que hacer lo sea. El problema es que la moción llega tarde. Ciudadanos ganó las elecciones en 2017 y han tenido casi dos años para presentarla.
La lógica nos indica que si ahora presentan esa moción es porque Ciudadanos teme un descalabro el próximo 10 N y Lorena Roldán es una perfecta desconocida. De esa forma tendrán sus momentos de televisión gratuitos, no pocos titulares de prensa y podrán explicar, en el resto de España, lo valientes que son porque, aunque los socialistas les han dejado solos, ellos han plantado cara a los independentistas, por el bien de España, claro está.
Sin embargo, la realidad es muy distinta. El hecho cierto es que a quien va a beneficiar esta moción es al independentismo, paradojas de la vida y de la política. Los secesionistas se van a beneficiar porque, como todos sabemos, están más divididos que nunca y ante la inminente publicación del fallo del procés, esta iniciativa parlamentaria va a servir para que cierren filas ante un enemigo común.
Esta moción de censura no es más que un movimiento tacticista de vuelo gallináceo. Para Rivera, el adversario a batir es el PSOE, Quim Torra, en esta ocasión es la excusa. El colaborador necesario. Pero es que, además, está mal planteada porque hace, tan solo, unas semanas, Alejandro Fernández, del PP, propuso unir fuerzas para presentar una moción, y entonces la dirección de Cs argumentó que ni era el momento ni se daban las circunstancia, ¿y ahora sí?
Mientras escribo estas líneas me llega la noticia de que Rivera ha anunciado que Ciudadanos concurrirá el 10 N con UPYD. Muy mal lo debe ver el caudillo naranja para incorporar a las listas de su partido gente que ya había sido desahuciada por el electorado. No obstante, lamento que una cabeza tan bien amueblada como es la de Fernando Savater se preste a esta mascarada cerrando una de las listas de Cs. En fin, queda demostrado que hasta los cerebros mejor dotados se equivocan.
Quizás yo también me equivoque ─y aseguro que mi cerebro es sencillito tirando a vulgar─, pero estoy convencido que tanto si Albert Rivera escoge el camino de Damasco, como si decide transitar por otras vías con amistades peligrosas, le puede suceder como a Pablo Tarso, que se quede ciego en el viaje Lo de Ciudadanos debería ser el carril central de la política. Y, sin embargo, Rivera está empeñado en ir por el carril de la derecha y ese ya está muy congestionado. Mucho me temo que de seguir así pronto veremos a los del partido naranja en la cuneta de la irrelevancia política y a su líder sirviendo los cafés a los capitostes del Ibex 35. A no ser, claro está, que alguien le imponga las manos y, entonces, recupere el sentido común de la política.

Bernardo Fernández
Publicado en e notícies 08/10/19

01 d’octubre 2019

SEMANA HORRIBILIS


Estos días estamos asistiendo a un auténtico aquelarre independentista. De hecho, no es ninguna novedad. Los secesionistas catalanes son muy dados a los espectáculos y a la bulla. Lo han demostrado en los últimos tiempos, pero la semana pasada, quizás porque saben que la sentencia del procés está próxima, fue esperpéntica.
Desconozco si hay pocos o muchos independentistas radicales, pero, sean los que sean, son muy activos y parecen dispuestos a todo. Han perdido la partida y lo saben. Saben que esto se está acabando y que la publicación del fallo de juicio del procés marcará un antes y un después. Por eso, es conveniente que en los próximos días nos andemos con mucho ojo porque esos descerebrados son capaces de cometer cualquier barbaridad.
Es posible que alguno de los lectores puede pensar que exagero. No lo crean. Basta echar un vistazo a los acontecimientos ocurridos tras la detención de unos presuntos terroristas, para ver hasta dónde puede llevar la obcecación, la ceguera ideológica y el fanatismo.
Se han hecho concentraciones y manifestaciones para pedir la libertad de los detenidos. TV3 retransmitió en directo una rueda de prensa de familiares de los presuntos terroristas y en los informativos de la cadena se habla de montaje policial y más de los derechos de los detenidos que de los atentados que hubieran podido cometer.
En el Parlament se volvieron a vivir momentos de tensión que recordaron a los aciagos días de septiembre y octubre de 2017, porque la mayoría secesionista se empecinó en desafiar al Estado y aprobar diversas resoluciones que defienden la legitimidad de la desobediencia civil e institucional. Y por si no había bastante, exigían la retirada de los efectivos de la Guardia Civil de Cataluña, porque son “fuerzas de ocupación” y una ley de amnistía si se condena a los líderes del procés.
Un amplio grupo de diputados, entre ellos el propio president de la Generalitat, aplaudió y gritó “llibertat, llibertat”, cuando llegó a la Cámara la noticia de que los independentistas detenidos pasaban, por orden del juez, a prisión preventiva y sin fianza.
Pero es que escenas similares se repitieron al día siguiente en la Asamblea General de la Asociación de Municipios por la Independencia (AMI) done habían asistido casi 200 alcaldes.
La pregunta aquí, además de obvia es obligada, si espectáculos de ese nivel se dan en las instituciones por personas que se supone han de transmitir serenidad y templanza, ¿qué no puede ocurrir en la calle? Que cada cual responda según su criterio
Hemos vivido una semana horribilis y es fácil suponer que esto ira in crescendo hasta la publicación de la sentencia y un tiempo después. Esperemos que no ocurra nada irreparable.
Luego, con el dictamen sobre la mesa habrá que pasar página. El independentismo más posibilista (no me atrevo a decir sensato porque no existe como proyecto político) debería llevar a cabo una revisión profunda de sus planteamientos y reconocer que han cometido errores de bulto: la unilateralidad, primero y el “lo volveremos a hacer “después, son lo más parecido a bravuconadas de taberna.
De igual manera los dirigentes del procés deberían admitir su fracaso y asumir las posibles responsabilidades penales que de sus actos se hayan podido derivar. No pueden seguir engañando a la gente y jugando con sus sentimientos. La ciudadanía no se lo merece. Además, han destrozado el país que tanto dicen querer. Por eso han de dar un paso al lado para que sean otras las personas que enderecen la caótica situación que ellos generaron. Es necesario que vuelva el seny, cicatricen las heridas que ha ocasionado el procés en la sociedad y Cataluña vuelva a ser lo que nunca hubiera tenido que dejar de ser: un solo pueblo.

Bernardo Fernández
Publicado en e notícies 30/09/19


21 de setembre 2019

CRÓNICA DE UN FRACASO


Me hubiera gustado no publicar este artículo. De hecho, hacía días que lo tenía hilvanado y sólo faltaba incluir alguna cuestión de última hora, alguna reflexión, limarlo un poco y enviarlo a la redacción de e noticíes.
Pese a todo, abrigaba la secreta esperanza, fallida por otra parte, de que al final se pondrían de acuerdo, tendríamos Gobierno progresista y yo echaría estas líneas a la papelera. No ha sido posible. Los peores presagios que hemos ido albergado en los últimos meses se han hecho realidad y el próximo 10 de noviembre seremos llamados a las urnas.
Como no puede de otra manera, estos días van a correr ríos de tinta del porque y el por qué no del fiasco de la investidura de Sánchez, encontraremos opiniones para todos los gustos.
Ahora empezaran -de hecho, han empezado ya─ las especulaciones de todo tipo, sobre a quién beneficia y a quien no este adelanto electoral, quien gana quien pierde, si habrá vuelco electoral o no. Mientras, las empresas de demoscopia encantadas de la vida, todo esto les viene que ni pintado: nuevos comicios, nuevos estudios, nuevas prospecciones y, lógicamente, mayor facturación.
En cualquier caso, no seré yo quien señale un culpable de este desaguisado. Sí creo que ha faltado en los responsables de las negociaciones sentido de Estadio, responsabilidad y altura de miras. Han priorizado los interese personales y/o de partico sobre los intereses de país. Estoy muy dolido con toda nuestra clase política, pero de manera especial con la izquierda, y prefiero que sean otros los que pongan nombre y apellidos a este fracaso. Por una vez, y sin que sirva de precedente comparto el análisis de Gabriel Rufián cuando dice que la gente está hasta los bemoles de los políticos. No le falta razón
Me voy a quedar a ras de suelo y voy a hacer un breve listado de lo que significa, así a bote pronto, no tener un Gobierno en plenitud de funciones y que no lo tendremos, en el mejor de los casos hasta bien entrado enero de 2020.
Para empezar, seguiremos con los presupuestos prorrogados. Las comunidades autónomas continuarán asfixiadas económicamente porque un Gobierno en funciones no puede hacer transferencias ni adelantos. Además, tendrán que hacer juegos malabares para elaborar los presupuestos de 2020 porque no sabrán, a ciencia cierta, de recursos dispondrán.  Una nueva recesión hace semanas que está llamando a la puerta y aquí estamos con un Ejecutivo provisional que tiene una capacidad de maniobra casi nula.
Por otra parte, el Brexit duro de Boris Johnson, lo tenemos a la vuelta de la esquina y como nos va a afectar es imprevisible. Las sentencias por el procés se harán públicas en pocas semanas y, con toda seguridad, en Cataluña van a ocurrir cosas, ¿qué respuesta política podrá dar un Gobierno interino?
Estos, son, tan solo, algunos de asuntos de gran calado que se deberían afrontar en los próximos meses. Después, están aquellas cuestiones que como ciudadanos de a pie que somos nos afectan en nuestro día a día. Por ejemplo, la ineludible reforma del mercado laboral, la precariedad en el empleo, la subida de las pensiones, el año que viene por no haber presupuestos ni acuerdo, en teoría, sólo deberían subir un 0,25%, si no sucede algún imprevisto, imposible de predecir en estos momentos. Sin olvidar los recortes en sanidad, servicios sociales y educación por el bloqueo de las cuentas mencionado más arriba.
En definitiva, ese es el panorama tan poco esperanzador que nos ha dejado nuestros políticos con su nula capacidad para negociar y pactar.
No quiero ser agorero pero este artículo no puede ser otra cosa que un continente de decepción porque nuestra historia política de los últimos meses no deja de ser la crónica de un fracaso. O pero aún: un fracaso inapelable de la izquierda.

Bernardo Fernández
Publicado en e notícies 19/09/19

18 de setembre 2019

CALDEANDO EL AMBIENTE


A medida que se aproxima el día en que se ha de hacer público el fallo del juicio del procés, el pesimismo crece entre las huestes independentistas. Sólo los más radicales (como el president Quim Torra) hablan de sentencias absolutorias, pero ya nadie, ni moderados ni radicales, plantea llevar el tema a los Tribunales de Justicia Europeos, porque saben que allí las posibilidades de que sus recursos prosperen son prácticamente nulas.
De todos modos, hay que reconocer que uno de los muchos planteamientos que hacen los secesionistas con esta cuestión, es, por lo menos, curioso. Vienen a decir, si las sentencias no son totalmente absolutorias es porque el Estado español es represor y nosotros no queremos un Estado así, por lo tanto, el camino es la unilateralidad.  Pero también dicen. Si las sentencias absuelven a los líderes presos es porque hicieron bien y hemos de seguir perseverando en el derecho de autodeterminación para ser libres. Total, que la cuestión es marchar.
Es igual, sea cual sea el dictamen del Tribunal Supremo (TS), de no ser absolutorio los indepes lo entenderán, no como un castigo a unas personas que cometieron unos delitos tipificados en el Código penal, sino como un agravio a Cataluña. Es decir, será -desde su óptica- una condena a todo el país.
Días atrás el president Torra dio una conferencia en Madrid inaugurando así el curso político. Allí, en vez de tender puentes, que es lo que hubiera hecho cualquier político con un coeficiente intelectual medio, y buscar puntos de coincidencia, dinamitó los pocos que podían quedar. “Lo volveremos a hacer”, dijo entre otras lindezas y apostó por un activismo institucional “hasta conseguir la independencia”, “a pesar de las multas las inhabilitaciones y las amenazas”, en clara referencia al juicio que ha de afrontar por negarse a retirar los lazos amarillos durante la campaña electoral del Palau de la Generalitat. Pero es que el pasado martes, en el mensaje institucional difundido con motivo de la Diada volvió a la carga hablando “autodeterminación”, “pueblo oprimido”, “camino de la libertad” y milongas por el estilo. Con un interlocutor así, ¿quién se querrá sentar a dialogar? Y si alguien piensa que el problema que existe en Cataluña se puede arreglar sin diálogo, es que no ha entendido nada.
Más allá de las diatribas de Torra el hecho cierto es que el independentismo no tiene una estrategia para responder a un posible fallo condenatorio para los responsables de procés. Mientras que desde ERC proponen una convocatoria de elecciones en JxCat, lo descartan porque las encuestas no les auguran nada bueno en unos hipotéticos comicios. De ahí, las declaraciones, contra declaraciones y reproches de los últimos días entre Oriol Junqueras y Carles Puigdemont.
Los secesionistas están buscando a la desesperada algo que les aglutine para no proyectar la lamentable imagen de división que estamos viendo en los últimos meses. Pero más allá del deseo de absolución las divergencias son mucho más profundas que las coincidencias.
En este contexto, el president del Parlament, Roger Torrent había puesto sobre la mesa la formación de un Govern de concentración con la entrada de los comunes, pero estos han rechazado la propuesta y ha quedado en agua de borrajas. Asimismo, hay quién apuesta por una huelga indefinida, pero estaría por ver que seguimiento tendría; en mi opinión muy escaso. Por lo que el fracaso sería estrepitoso. Tampoco ha faltado la idea de investir a Carles Puigdemont como president, acción descartada por el president del Parlament el republicano Torrent.
La cuestión de fondo es que, como ya han comprendido que la independencia es inviable, al menos en muchos años, ahora la lucha es por el poder, a ver quien logra la hegemonía independentista en Cataluña. Mientras, y a la espera de la sentencia, para tener al personal entretenido, van caldeando el ambiente, porque si fuera muy severa los podría volver a aglutinar, aunque fuera de forma temporal.

Bernardo Fernández
Publicado en El catalán 12/09/21

10 de setembre 2019

MALOS COMIENZOS Y PEORES PERSPECTIVAS


Hemos empezado mal el curso 2019-20120. Están sonando los tambores de una nueva recesión y aquí seguimos como si nada, con el Gobierno en funciones y las instituciones bloqueadas. Por el contrario, el banco central de Alemania, Bundesbank, admitió a finales del pasado agosto que el país se encamina a una recesión técnica -se considera así, cuando la economía retrocede durante dos trimestres consecutivos-.
La industria alemana del automóvil está siendo el sector más afectado. Las restricciones sobre los motores diésel y la caída de la reputación por los amaños hechos tiempo atrás con las emisiones de CO2 están pasando factura. A esto hay que añadir la guerra comercial entre EE. UU y China y el temor a un Brexit a la brava como el que pretende el inefable Boris Johnson. Estos factores, están haciendo mella en una economía que depende, quizás en exceso, de las exportaciones.
Para hacer frente a una posible recesión los bancos centrales de los países de la UE están preparando estímulos fiscales. Así, por ejemplo, el Gobierno de Ángela Merkel ya tiene casi lista una inyección de 50.000 millones de euros para combatir la pérdida de dinamismo de su economía.
Los expertos no tienen claro si lo que se avecina es algo pasajero o, por el contrario, una crisis de grandes proporciones. “Este año la zona del euro es el ejemplo perfecto de la ley de Murphy; todo lo que podría salir mal está saliendo mal” dicen en el último informe hecho público por el Bank off América. “En lugar de un verano tranquilo, estamos ante una tormenta perfecta con un aumento de la incertidumbre, con malos datos económicos, señales de deterioro e incertidumbres políticas a nivel nacional y mundial””, apostilla el referido informe del banco de inversión.
En este contexto España no puede ser una excepción. Si bien durante la primera parte del año nuestra economía mantenía un sólido crecimiento, de manera especial si se comparaba con el resto de Europa, desde hace unos meses ha empezado a dar señales de debilitamiento.  Como no puede ser de otra forma las exportaciones se resienten ante la desaceleración mundial. Y aunque el turismo ha registrado un leve aumento en la recaudación, no compensa la caída de la venta de bienes al extranjero.
Hay datos que son muy claros y ponen sobre el tapete lo delicada que empieza a ser la situación. En 2018 entraron en nuestro país, hasta el mes de agosto, casi 37.000 millones de euros para inversión directa. Este año, en el mismo periodo, han entrado 7.600 millones. Por el contrario, se ha incrementado notablemente la entrada de capital financiero, esto es, inversiones en bonos, acciones y otras operaciones financieras, que por muy lucrativas que puedan ser para quien las lleva a cabo dejan poco o nulo beneficio en la economía productiva de manera inmediata y tangible.
Las consecuencias de esta situación no se han hecho esperar. El mercado laboral ha empezado a acusar la incertidumbre y ofrece claros síntomas de ralentización. Este mes de agosto se han registrado la mayor pérdida de empleos, en ese período, desde 2008. En concreto, han sido 212.000 trabajadores los que han dejado de cotizar a la Seguridad Social.
Las perspectivas son poco halagüeñas; tal vez por eso, el gobernador del Banco de España, Pablo Hernández de Cos, ante el diseño de la nueva política monetaria y los retos del envejecimiento y la globalización, quiere que la voz de nuestro país esté presente allí donde se toman las decisiones, o sea, en el núcleo duro de la UE.   Además, ahora que se va a producir el relevo en la presidencia del Banco Central Europeo, es el momento de que se nos tenga en cuenta por nuestro peso específico y no como convidados de piedra como sucedió en 2008.
Todos somos conscientes de que la UE en la anterior crisis actuó tarde y mal. Los resultados están a la vista: una sociedad más débil, más fragmentada y con más diferencias. Hoy en día, son más los que tiene mucho más y más, también, los que tienen mucho menos. Otra situación como la de 2008 no la podremos resistir como sociedad, entre otras cosas porque aún no nos hemos recuperado. Esperemos que nuestros dirigentes no se acoquinen y actúen de forma adecuada y con diligencia, antes de que sea demasiado tarde.


Bernardo Fernández
Publicado en e notícies 10/09/19

03 de setembre 2019

APRENDER DE LOS ERRORES AJENOS

Fuimos cientos de miles los ciudadanos que el pasado 28 de abril, tras conocer los resultados de las elecciones generales celebradas ese día, sentimos una gran satisfacción porque, después de unos años dando tumbos, el PSOE resurgía de sus cenizas, y revalidaba en las urnas lo que menos de un año antes había logrado en el Congreso de los Diputados con el apoyo de otros partidos: la presidencia del Gobierno. Sin embargo, cuando cerca de la medianoche se conocieron los resultados definitivos de la jornada, muchos nos dimos cuenta de que con 123 diputados sería muy difícil gobernar.
Lamentablemente los peores augurios de aquella noche del 28 de abril se hicieron realidad. Por eso, se fijó la fecha de la investidura el 22 de julio, dando así margen para la negociación. Pues bien, llegaron el 22, el 23, el 24 y el 25 y el acuerdo no fue posible ni para un Gobierno de coalición ni para un Gobierno a la portuguesa.   
Ahora, después de unos días de asueto, se han reiniciado las conversaciones. El tiempo apremia, el 23 de septiembre es la fecha tope, si para entonces no hay Ejecutivo el jefe del Estado convocará elecciones y el 10 de noviembre tendremos que volver a votar. Si eso ocurre, serán, desde 2015, las cuartas elecciones generales.
La culpa es muy negra y no la quiere nadie. Aunque en público ningún partido diga que quiere ir a unas nuevas elecciones, todos han hecho ya sus cálculos y tienen la maquinaria electoral a punto para empezar una hipotética nueva campaña. Cada uno tiene sus razones y todas son respetables, pero la cuestión es si las razones de partido, vistas con la perspectiva de la ciudadanía, son de suficiente peso y calado como para justificar la convocatoria del 10-N
En el PSOE hay una gran desconfianza hacia Unidas Podemos y muchos socialistas piensan que de entrar gente de Iglesias en el Gobierno daría lugar a un Ejecutivo dentro de otro. Por su parte los podemitas que en el último ciclo electoral obtuvieron unos resultados más que discretos ven la entrada en el Gobierno como su tabla de salvación. De esa forma, se convertirían en partido del sistema y ganarían tiempo para asentarse de aquí a los próximos comicios.
El PP, por su parte, entiende que unas nuevas elecciones le darían la posibilidad de reagrupar el voto de la derecha que tan fragmentado quedó en abril pasado. Y Ciudadanos ubicados definitivamente en el conservadurismo, parece que ha decidido esperar que la corrupción acabe de carcomer a los populares para ocupar el espacio de los de Pablo Casado. Porque para los de Rivera, aunque lo disimules, su auténtico adversario es el PP, su aspiración es liderar el bloque de la derecha.
Como todos sabemos, en las últimas semanas, Pedro Sánchez se ha reunido con agentes sociales y organizaciones progresistas como movimientos feministas, ecologistas y del tercer sector. De esos encuentros ha salido un documento con más de trescientas propuestas programáticas, entre ellas varias de Unidas Podemos que estos días se está presentando en sociedad y, muy probablemente, en la semana del 9 al 15 se ofrecerá a la formación morada como base para llegar a un acuerdo de legislatura con los de Pablo Iglesias. Si las conversaciones avanzan razonablemente bien, es posible que Sánchez proponga incorporar al próximo Gobierno algún independiente de la órbita de los podemitas.
En este contexto sería muy positivo que los actores de este interminable culebrón tuvieran en cuenta algunas cuestiones, como por ejemplo que, en 2016, cuando hubo repetición de elecciones, la participación cayó tres puntos. ¿Cuánto podría caer ahora? Nadie lo sabe, pero es fácil pensar que la abstención afectará más a la izquierda. El 28 de abril mucha gente fue a votar para frenar a la extrema derecha, hoy ese temor se ha diluido y es muy posible que el espectáculo de desunión que están dando las izquierdas tenga un efecto desmovilizador.
Dice un viejo luchador que las elecciones forzadas las carga el diablo, No le falta razón a ese viejo amigo, sino que se lo pregunten a Susana Díaz que las adelantó dos veces y en las dos perdió escaños, hasta perder la presidencia de la Junta. También, en su momento, nos convocó Artur Mas para lograr una mayoría suficiente y pasó de 62 a 50 diputados. Incluso Theresa May quiso reforzarse para negociar el Brexit, convocó elecciones y perdió la mayoría absoluta.
De todos modos, parece que Pedro Sánchez lo tiene claro: “ni coalición, ni elecciones, hay otra vía: programa común progresista”, ha declarado en una entrevista publicada el pasado domingo.
Celebro que el presidente en funciones tenga bien meditada la fórmula que él considere más adecuada para salir de este marasmo. No obstante, sería deseable que además de consultar a su equipo de asesores, pegara la oreja al suelo y escuchara a la gente de la calle. La noche del 28-A los ciudadanos se reunieron en la puerta de la sede socialista en la calle Ferraz y gritaban: “con Rivera no”. No sé qué gritarían ahora, pero estoy seguro de que no gritarían:” elecciones sí”.

Bernardo Fernández
Publicado en e notícies 02/09/19
 

UNIVERSIDADES PÚBLICAS, LA INCUESTIONABLE EQUIDISTANCIA

De todos los desbarajustes, ataques indiscriminados y absurdos a la convivencia que se están perpetrando en las últimas semanas a la con...