11 de juny 2006

Estatutos, autonomías y constitución

A partir de la Constitución y los estatutos, España es hoy una realidad distinta fraguada en los últimos 25 años. En este tiempo se ha llevado a cabo un extraordinario proceso de descentralización que ha generado como resultado un gran desarrollo tanto en el orden económico, como institucional y, por descontado, en el ámbito social.

Como dijo en una ocasión el Presidente del Gobierno, “nuestra historia reciente, es la historia de un éxito”. En estos últimos años, con la instauración y el asentimiento de un sistema democrático comparable a los mejores que existen en el mundo, hemos recompuesto los puentes con nuestro mejor pasado y nos hemos situado entre los países con mejor calidad de vida, entendiendo esta expresión en el sentido más amplio.

Estamos inmersos en un proceso de modernidad donde los derechos sociales, la libertad de empresa y la solidaridad están plenamente garantizados. Como no podía ser de otra manera, el progreso se ha canalizado hacia los ciudadanos mediante el gobierno Central y las Administraciones autonómicas y locales. Por cierto, va siendo hora de que se reconozca el rol de las administraciones locales que, al estar más próximas a los ciudadanos, han desempeñado a lo largo de todos estos años. Sería, sencillamente, un acto de justicia.

Ahora bien, esto no quiere decir, ni de lejos, que todo lo que se ha hecho haya sido ni acertado, ni en la dirección adecuada. En estos últimos años se ha erosionado con demasiada frecuencia e intensidad diversa el espíritu progresista que en su día alumbró la Constitución y los estatutos autonómicos. Esto ha tenido como consecuencia, además de no pocos desencuentros políticos, la producción de retrasos innecesarios en un proceso de desarrollo que hubiera podido ser más sostenido, más racional, más equitativo y, por encima de todo, más favorable para el conjunto de la ciudadanía.

Sin temor a equivocarnos podemos afirmar que conseguir un mejor funcionamiento del sistema, consolidar el marco competencial, profundizar en los instrumentos de cooperación, mejorar la financiación autonómica y aumentar la eficacia de las administraciones públicas ha sido el leiv motiv que ha movido a todos los gobernantes desde la transición hasta hoy. Otra cosa es la versión que cada uno de ellos ha hecho del mismo tema. Utilizando conceptos musicales podríamos decir que algunos han realizado una interpretación demasiado libre de la obra

A lo largo de todo este tiempo se ha consolidado un determinado marco competencial, pero, con simultaneidad, se ha puesto de manifiesto una voluntad limitadora e incluso rácana a la hora de otorgar recursos. El caso más paradigmático es la sanidad. Aquí cabe la sospecha de que lo que se quería transferir no era tanto la competencia sino el problema en sí.

Por otra parte, es de justicia reconocer que la administración central ha perdido peso de forma casi armónica con respecto a la cesión de competencias y recursos. A pesar de este avance hemos de reconocer que no existe, todavía, una perfecta sintonía entre los tres niveles de administración y es ahí donde los entes locales se llevan la peor parte. Sería, según mi criterio, un paso adelante considerable traspasar a la administración local un paquete, lo más grande posible, de servicios personales.

También debemos considerar muy positivo que a partir de las reformas parciales del sistema de financiación se hayan repartido más recursos para autonomías y ayuntamientos. Esto nos ha colocado en unos porcentajes de distribución que podemos situar entorno al 30% para el Estado el 50% para las autonomías y un 20% para los ayuntamientos. Este sistema de reparto, de medios, pone sobre el tapete que los entes locales siguen siendo el pariente pobre y los menos favorecidos a la hora de recibir recursos, cuando lo más habitual es que den servicios muy por encima de sus posibilidades, e incluso competencias. Así las cosas, cabe pensar que hay que evolucionar hacia un reparto más equitativo que debería rondar el 30-40-30.

En la misma línea positivista hay que enmarcar el acuerdo suscrito en diciembre de 2004 entre el Gobierno Central y la CCAA mediante el cual se ha dado un paso importante en el sentido que se ha hecho posible la participación de consejeros autonómicos en las reuniones del Consejo de Ministros de la UE.

Pero la sociedad es cambiante y evolutiva y hoy tenemos sobre la mesa problemas y cuestiones que hace 25 años no existían. Por eso, entre otras cosas, el mapa competencial no se podrá cerrar nunca, lo que no quiere decir que se deba estar de forma constante y permanente con la reivindicación en los labios. Y precisamente por eso es necesario abordar, en estos momentos, sin complejos y sin traumas los nuevos retos que nos plantea la movilidad migratoria. De la misma manera debemos ver como ubicamos en nuestra sociedad las nuevas tecnologías para que éstas sean un beneficio para todos y no algo que genera división y provoca dos velocidades, es decir, dos ritmos distintos de crecimiento convirtiéndose, en definitiva, en una herramienta sólo para las élites. Y todo esto debe ser simultáneo y armónico a nuestro encaje en este mundo global que nos ha tocado vivir y, de forma muy especial, a nuestra proyección en Europa y sus instituciones.

Sin duda alguna estamos en un cruce de caminos donde corremos el riesgo de quedarnos atrapados en nuestros propios lodos o por el contrario, continuar avanzado y perseverando en lo que es el mejor periodo de nuestra historia moderna. Así las cosas, todos hemos podido percibir que en los últimos dos años se ha instalado una voluntad clara y un coraje político encomiable para llevar a cabo las reformas necesarias que nos han de permitir seguir caminando por la senda del progreso hacia un Estado cada vez más Federal, en el que sería deseable que cada cual se sintiera patriota a su manera. Como dijo Manuel Azaña, “el patriotismo no es un código de doctrina, sino algo que nos impulsa a sacrificarnos por el bien común”.

Solo si somos capaces de interiorizar que podemos vivir juntos auque seamos diferentes, podremos continuar por ese camino de progreso y bienestar descrito en este texto. Si lo que pretendemos es la uniformidad, el igualitarismo zafio y la exaltación de lo propio a partir de la negación de lo ajeno, tenemos fecha de caducidad.

Pienso, con toda sinceridad, que vale la pena perseverar en la España plural De este modo consolidaremos, por una parte, un modelo de Estado irreversible y que es punto de referencia para otros países, y por otra, conseguiremos más progreso, más libertad y más concordia para los ciudadanos de nuestro país

EL SIGLO nº 698 del 5 al 11 de junio de 2006

La decisión es nuestra

El próximo día 18 de este mes de junio, los catalanes estamos llamados a las urnas. Nos preguntaran si queremos quedarnos como estamos, o bien preferimos más autogobierno, más competencias y un nuevo y mejor sistema de financiación. Que nadie se llame a engaño, sobre eso será la pregunta y no sobre otra cosa. Ni sobre presidentes de gobierno, alianzas, pactos u otra bagatelas.

Es dentro de estas coordenadas donde los ciudadanos deberían orientar su voto. Los referéndums son terreno adecuado para que los irresponsables provoquen y la gente deje ir sus frustraciones y desencantos, aunque poco o nada tenga que ver con la opinión que se solicita.

También puede ocurrir que muchos ciudadanos pensando que ya está todo hecho dejen de ir a votar. Grave error, siempre todos los votos son necesarios. No olvidemos que un si no rotundo, sería utilizado en contra del avance y del progreso de Cataluña, necesitamos pues un si aplastante, que haga enmudecer a aquellos que han denostado sin argumentos pero si con patrañas y falsedades el estatuto y sus ventajas.

Un nuevo Estatuto que podemos sintetizar en tres líneas básicas, a saber: más autogobierno, más competencias y un sistema de financiación mejor que el actual.

En primer lugar, hay que destacar, aunque solo sea una cuestión simbólica la referencia que se hace de Cataluña como nación en un texto normativo.

Por lo que se refiere a las competencias que otorga el nuevo texto, no hay duda que daremos un gran salto cualitativo y cuantitativo. Este Estatuto reconoce los derechos históricos. Por cierto que ese reconocimiento, se hace no en base a la foralidad, sino a partir del artículo 2 de la Constitución y de otros preceptos constitucionales.

Este estatuto tendrá también un capítulo específico en derechos y deberes. Quedan en él, recogidos los derechos civiles de las personas, de la gente mayor y las familias. Se recogen, como no podía ser de otra manera, los derechos sociales de la educación, la sanidad, la vivienda, los laborales y los del medio ambiente, sin dejar de lado los políticos y administrativos.

Pero es, sin ningún género de dudas, en el tema de la financiación donde se ha llegado a los acuerdos, sino más importantes, si, al menos, más substantivos para desarrollar políticas fuertes y potentes que nos lleven a todos los ciudadanos a cuotas de bienestar hasta ahora solo conocidas por referencias de otros países, nórdicos sobre todo.

Se ha pactado que la cesta de impuestos cedidos por el Estado al Gobierno Catalán pase del 33% como hasta ahora al 50%. Este es el caso del IRPF y del IVA. Pero es que los impuestos especiales dan un salto espectacular y llegan al 58% para la Generalitat desde el 40% en que se encuentran hoy. A esto, hemos de añadir aquellos que ya son impuestos propios de nuestro Gobierno como: Sucesiones, Donaciones, Patrimonio, etc.

Esto, entre otras cosas, es lo que se pone a consideración de los ciudadanos y no otras historias. No hay que hacer ni lecturas cruzadas ni martingalas invertidas. Lo que se pregunta, el día 18, es si queremos quedarnos como estamos o queremos avanzar, ni más ni menos.

De todas formas, ha de quedar claro que es tan legítimo votar si como no. Ahora bien, sería bueno que aquellos que piden el no expliquen a cuantas camas de hospital, cuantas sillas de ruedas o a cuantas plazas de geriátrico están dispuestos a renunciar. Porqué decir no, es decir no al mayor avance que ha tenido a su alcance este país desde tiempos inmemoriales.

Al fin y al cabo, esta es la cuestión: o nos quedamos como estamos o conseguimos más medios y más recursos para que los ciudadanos disfruten de más y mejor calidad de vida.

En definitiva, seamos conscientes y consecuentes. El próximo día 18 los catalanes tenemos la palabra y, por tanto, la decisión es nuestra.

ABC 05/06/06

Ara cal dir si

Després de més dos anys de feina feixuga comencem a veure la llum al final del túnel. No ha estat gens fàcil però ara podem dir que aviat, molt aviat, tindrem un nou i bon Estatut.

Un nou i bon Estatut que podem sintetitzar en tres eixos bàsics: més autogovern, més competències i un sistema de finançament molt millor que l’actual.

A aquestes alçades ningú de bona voluntat no pot dir que aquest Estatut, que el proper 18 de juny serà sotmès a referendum, no és substancialment millor que el que tenim en vigor.

En primer terme cal destacar-hi, encara que només sigui una qüestió simbòlica, la referència que es fa a Catalunya com a nació en un text normatiu.

Pel que fa a les noves competències que otorgarà el nou text no hi ha cap dubte que donarem un gran salt qualitatiu i quantitatiu. Aquest Estatut reconeix els drets històrics. I per cert, aquest reconeixement no es fa en base a la foradat, sinó a partir de l’article 2 de la Constitució i d’altres preceptes constitucionals.

L’Estatut tindrà també un capítol específic de drets i deures. Hi queden recollits els drets civils de les persones, de la gent gran i de les famílies. S’hi recullen, com no podia ser de cap altra manera, els drets socials de l’educació, la sanitat, l’habitatge, els laborals i els de medi ambient, sense deixar de banda els polítics i administratius.

Però és, sens dubte, en el tema del finançament on s’ha arribat als acords, sinó més importants, sí, al menys, més substantius per a desenvolupar polítiques fortes i potents que ens portin a totes i tots els ciutadans a quotes de benestar fins ara només conegudes per referències d’altres països, nòrdics sobre tot.

S’ha pactat que la cistella d’impostos cedits per l’Estat al Govern Català passarà del 33%, com fins ara, al 50%. Aquest és el cas de l’IRPF i també de l’IVA. Però és que els impostos especials donen un salt espectacular a l’arribar al 58% per a la Generalitat des del 40%, que és on es troben a dia d’avui. Aquí hem d’afegir aquells que ja són tributs propis del nostre Govern, és a dir: Successions i Donacions, Patrimoni o Acates Jurídics i Documentals, entre d’altres.

En aquest apartat no podem deixar de banda l’acord a que s’ha arribat per a crear L’Agència Tributària de Catalunya. Aquesta entitat serà l’encarregada de recaptar i gestionar els tributs propis de la Generalitat i, també, els trams cedits dels impostos estatals. S’ha acordat igualment la creació, en el termini de dos anys, del Consorci Generalitat-Estat d’Administració Tributària de Catalunya. I tot això amb el rere fons de l’anomenat principi d’ordinalitat. Això vol dir que els mecanismes de solidaritat no poden alterar l’ordre de renda per càpita entre territoris i que els mecanismes d’anivellament entre comunitats han de tenir en compte els costos diferencials, com per exemple el cost de vida. Amb l’aplicació d’aquest principi evitarem que Catalunya passi del cinquè al vuitè lloc en renda per càpita com succeeix a l’actualitat.

Això és el que es posa a consideració de la ciutadania i no cap altra cosa. No si val fer-ne lectures creuades ni coses per l’estil. El que es pregunta és si ens volem quedar com estem o volem anar endavant, ni més ni menys.

De tota manera, ha de quedar clar que és tan legítim votar si com no. Ara bé, fora bo que aquells que demanen el no expliquessin a quants llits d’hospital, quantes cadires de rodes o quantes places de geriàtric estan disposats a renunciar. Perquè dir no, és dir no al major avenç que ha tingut al seu abast aquest país des de temps immemorials.

Al cap i a la fi, aquesta és la qüestió: o ens quedem com estem o aconseguim més mitjans i més recursos per a que els ciutadans gaudeixin de més i millor qualitat de vida.

Així doncs, siguem conscients i conseqüents. El proper dia 18 els catalans tenim la paraula i, per tant, la decisió és nostra.

El Punt 5/06/2006

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