29 de novembre 2017

DEL CONCIERTO AL "CUPONAZO"

El pasado jueves, el pleno del Congreso aprobó la actualización del Concierto Económico y el Cupo del País Vasco. Esa actualización generó fuertes discrepancias internas en el PP y, también, en el PSOE.  En contra votaron Ciudadanos y Compromís.
De hecho, esta es la vaselina que ha tenido que untar el Gobierno central para que los presupuestos de 2018 puedan iniciar su tramitación. Ahora bien, dicho corto y raso: esa iniciativa genera desigualdad en la prestación de servicios entre el País Vasco y el resto de España.
Como dice un veterano economista, experto en las relaciones financieras entre Euskadi y el resto del Estado: “el Cupo es un agujero negro. Primero se pone la cantidad y luego se construye el modelo.” Además, la manera de hacer el cálculo para llegar a esa compensación nunca ha sido un modelo de transparencia. Se utiliza la bilateralidad y la opacidad.
El sistema de financiación foral es una excepción en el panorama de financiación internacional. Ni siquiera en los países federales más descentralizados el Gobierno central renuncia a su poder fiscal en beneficio de alguna de sus regiones, Estados o Länders. Cosa que si ocurre en España con el País Vasco y Navarra.
El cupo, no es otra cosa que la cantidad que Euskadi paga al Estado por las competencias no transferidas; es decir, embajadas, defensa o instituciones penitenciarias. En esencia, la actualización consiste en que el País Vasco pagará al Estado, desde ahora hasta 2021, 225 millones de euros menos de lo que se había previsto. A su vez, el Estado retronará a Euskadi 1.400 millones por retrasos acumulados.
Sin entrar en valoraciones de ningún tipo, el hecho cierto es que en el País Vasco el gasto público por habitante es un 20% superior al resto de la media de las comunidades autónomas. O, dicho de otro modo: mientras en el conjunto del Estado el gasto por persona, en servicios públicos, apenas alcanza los 2.000 euros/año, en Euskadi supera los 4.200. Después algunos se llenan la boca hablando de redistribución de la riqueza y justicia social.
La mayoría de expertos consultados opina que el Cupo es demasiado bajo y eso hace que Euskadi esté sobre financiada en comparación con otras comunidades. No se cuestiona el Concierto económico que está reconocido en la Constitución. Si en 1978 se aceptó esta asimetría, fue porque la situación de aquel momento era la que era y, además, había otras urgencias que atender, aceptémoslo. Ahora bien, lo que es más que cuestionable es el cupo.  Y lo es porque, mediante ese método, las haciendas forales realizan una presión fiscal algo inferior al conjunto de sus contribuyentes, ya sean personas físicas o empresas (de ahí las polémicas “vacaciones fiscales”).
A mi modo de ver, resulta poco convincente el argumento según el cual el Concierto es un sistema de riesgo y que la solución pasa -según algunos políticos- por financiar mejor al resto de las comunidades. Aquí la pregunta sería de Perogrullo, ¿Hay dinero en España para eso?
En realidad, la crítica no es tanto para el PNV o sus compañeros de viaje, que al fin y al cabo defienden lo suyo, sino para el Gobierno de Mariano Rajoy. Es un insulto a la inteligencia del conjunto de los ciudadanos que por un puñado de votos en el Congreso sea tan generoso con unos y tan rácano con el resto. Además, tiene abandonada, desde 2014, la necesaria reforma de la financiación autonómica. No olvidemos que hay comunidades totalmente asfixiadas, en términos económicos, por prestar servicios que el Ejecutivo central no da. Es el caso de Valencia, Extremadura o Andalucía entre otras.
Claro que de esa forma Rajoy se garantiza la tranquilidad parlamentaria y tirará adelante los presupuestos, aunque sea a costa despreciar al conjunto de comunidades autónomas. Por su parte los socialistas que gobiernan con el PNV en Euskadi, encantados de la vida.
Ahora que alguien explique a los nacionalistas catalanes, y que les haga entender, que Cataluña nunca tendrá Concierto económico, entre otras cosas, porque mientras el PIB del País Vasco es de 6,7% del conjunto del Estado el de aquí es del 19%. Yo me siento incapaz.

Bernardo Fernández

Publicado en El Catalán 28/11/17

27 de novembre 2017

BARCELONA EN DECLIVE

Tras ganar, en 1979, las primeras elecciones municipales de la democracia reinstaurada en España, Narcís Serra se convirtió en el alcalde de Barcelona. Llegó al Ayuntamiento acompañado entre otros de Oriol Bohigas, quien a la postre sería uno de los artífices de lo que después se denominó el modelo Barcelona. Un modelo que, por cierto, más tarde han seguido diversas ciudades del planeta.
Al entrar en el consistorio, lo primero que encontraron los nuevos mandatarios fue la caja vacía y, a continuación, un enorme déficit en todas las prestaciones que debía dar el ayuntamiento.
De todos modos, la carencia más acusada y la de mayor envergadura eran las infraestructuras. En ese contexto, se decidió tirar adelante a partir de tres ejes vertebradores, que fueron: la iniciativa pública, la cooperación con el sector privado y la movilización ciudadana.
Después, en la década de los ochenta y con Pasqual Maragall al frente, se diseñaron y se materializaron casi un centenar de espacios públicos repartidos por los distritos de la ciudad. Con esas acciones se lograba una cierta redistribución de recursos y una relativa equidad territorial. Además, se empezaron a configurar las áreas olímpicas y, sobre todo, se diseñó la obertura al mar.
En esa época llegó la nominación de Barcelona como sede de los Juegos Olímpicos del 92. Entonces, a la ciudad se le rompieron las costuras. “la cita servirá para acabar todo aquello que las grandes exposiciones de 1988 y 1929 habían dejado a medio hacer, como Poblenou o Montjuic.” Dejó por escrito en 1990, el alcalde Maragall. Pocas veces se ha visto tanta sintonía entre una sociedad y un proyecto institucional como se vio en la organización y realización de las olimpiadas del 92 en Barcelona. Fue un tiempo en el que se sentía un sano orgullo de ser barcelonés.
Tras los juegos, la ciudad no dejó de crecer se colocó internacionalmente y se convirtió en un polo de atracción de primera magnitud. Después, hubo vaivenes y llegó la crisis; sin embargo, Barcelona aguantó mucho mejor que otras ciudades, basta con echar un vistazo a los números y al endeudamiento de otras metrópolis para corroborar esta afirmación.
No obstante, la ciudadanía en 2011 decidió que más de 30 años gobernando siempre los mismos era demasiado y cambiaron de enseña. Así llegó Xavier Trias a ser alcalde. Y así llevó a cabo un mandato light (sin chicha ni limoná que diría un castizo), por eso a los cuatro años los ciudadanos optaron por la nueva promesa: Ada Colau, que, en los poco más de dos años que lleva al frente del ayuntamiento, ha puesto de manifiesto de forma reiterada sus escasas capacidades para desempeñar las tareas que le son propias.
De hecho, los problemas con el turismo y la vivienda fueron dos factores determinantes que catapultaron a Colau a la alcaldía. En efecto, tan sólo 17.000 votos separaron a Barcelona en Comú, partido de la alcaldesa, de CiU, pero los suficientes para obtener 11 concejales de un total de 41 y lanzarse a la aventura de gobernar en minoría. Sin embargo, y ante lo precario de la situación, transcurrido un año optaron por llegar a un acuerdo con el PSC, para codirigir la ciudad.
Ciertamente, y pese a ser un matrimonio de conveniencia (cosa muy habitual en política), el pacto dio buenos resultados puesto que proporcionó estabilidad al gobierno municipal, descargó de trabajo al equipo de la alcaldesa y produjo una aproximación muy necesaria tanto al mundo económico como al de la cultura. Pero el apoyo de los socialistas al artículo 155 de la Constitución para intervenir al Generalitat ha hecho que éstos sean expulsados del gobierno municipal.
No en vano, semanas atrás Josep Borrel llamó a la alcaldesa “la reina de la ambigüedad” y no le faltaba razón al exministro porque Colau había dicho que estaba en contra de la DUI, pero también del 155. De la misma manera que dijo que fue a votar el 1 de octubre y votó en blanco. Sin comentarios.
Sea como sea, el caso es que Colau vuelve a gobernar en solitario, con lo que eso significa, y los temas estrella: turismo y vivienda siguen encima de la mesa, y todo pinta que sin solución. Tanto es así, que incluso la Plataforma de Afectados por la Hipoteca, asociación que creo la propia Ada Colau y que es donde ella se ha forjado políticamente, ha criticado abiertamente la gestión que desde el ayuntamiento se hace con toda la problemática de los alquileres de las viviendas.
Por si todo esto fuera poco, sólo ha faltado que, la codiciada Agencia Europea del Medicamento, se haya decidido finalmente establecer en Ámsterdam. Se esfuman, de ese modo, más de 900 altos funcionarios y un negocio redondo a su alrededor.
Sin duda alguna, la inestabilidad política, la inseguridad jurídica, sumadas a la errática e ineficaz política municipal han jugado un papel determinante a la hora de decidir la ubicación de la sede de la mencionada Agencia.
Seamos sinceros, Barcelona, inducida por la ineficacia de la gestión y la incapacidad política, ha iniciado un declive tan difícil de parar como de cuantificar, pero a la vez incuestionable. Dependerá, y mucho, de la evolución de los acontecimientos en los próximos tiempos, la valoración de la ciudad en el mundo.
Una cosa más que podemos colgar en el haber de los independentistas y su maldito porcés. Luego dirán que somos unos desagradecidos, pero por favor: dejen de dar la matraca y vuelvan a la realidad. Sus desvaríos nos perjudican a todos.

Bernardo Fernández
Publicado en e-notícies 27/11/17


20 de novembre 2017

CARTA ABIERTA A UN INDEPE

Apreciado Fulano de tal:
Cientos de miles de personas -entre los que me incluyo-, durante más de cinco años, hemos sido asediados con falsedades, barbaridades e insensateces políticas, con total impunidad, por parte del Govern de la Generalitat y sus satélites (léase aquí partidos políticos independentistas, ANC, Omnium, medios de comunicación públicos, medios de comunicación privados subvencionados con generosidad y un largo etcétera).
Por eso comprenderás que tengo muchas cosas que decirte y te las quiero decir todas sin dejarme ni una. En consecuencia, no debería extrañarte que ésta sea la primera misiva, de una serie que te iré haciendo llegar, para ir poniendo los puntos sobre las íes, ante la gran estafa política que los tuyos y tú (ya sea por acción, ya sea por omisión) habéis llevado a cabo en este último lustro.
Dadas las circunstancias supongo que debes estar bastante atribulado con la que está cayendo. Pues bien, simplemente te diré que no desesperes, esto no ha hecho más que empezar.
Como tú no ignoras esta implosión del procés hacía tiempo que se veía venir. Todo se precipitó con la declaración unilateral de independencia (DUI) del 27 de octubre que, perdóname la frivolidad, pareció un coito interruptus. Después, la puesta en marcha del artículo 155 de la Constitución acabó con toda la parafernalia que tan minuciosamente y durante tanto tiempo se había preparado desde Palau.” El mundo nos mira”, decíais, ¿te acuerdas verdad? “El mundo pasa olímpicamente”, pensábamos muchos. El tiempo ha acabado dándonos la razón.
Pero volvamos al tema: a las pocas horas de la DUI, la mitad del Govern ya cesado y su expresident a la cabeza huían como una vulgar banda de forajidos a buscar la protección de la UE, asentándose en Bruselas. Desde ese momento, el goteo de renuncias y deserciones ha sido una constante, pero el mal ya está hecho. Por eso, necesitamos explicaciones. Queremos saber quien o quienes fueron los iluminados que juraban y perjuraban que tras la independencia Cataluña seguiría dentro de la UE. En ese contexto, sería deseable que se pidieran disculpas a gente tan normal como Isabel Coixet, Joan Manuel Serrat y tantos otros, que por decir algo tan sencillo como   que no estaban por el procés, se les puso a caer de un burro y se les trató de botiflers y no sé cuántas cosas más.
Ahora la práctica totalidad de líderes secesionistas han salido en tropel a decir que se equivocaron y que no había una mayoría social suficiente para tirar adelante. Pues hay que ser bastante corto intelectualmente, porque desde el 27 S del 201, se sabe que el separatismo no es mayoritario en Cataluña. Mientras, otros dirigentes como Toni Comín, hablan abiertamente de que se engañó a la ciudadanía y, aunque parezca mentira, no se les cae la cara de vergüenza, debe ser porque no tienen.
Por si todo eso fuera poco, el efecto secesión ha hecho que, hasta la presente, unas 2.500 empresas han llevado su sede social a otras comunidades autónomas y lo que es peor: casi un millar han hecho lo propio con el domicilio fiscal. La consecuencia es clara: menos ingresos para las arcas catalanas. Por no hablar del descenso del turismo o el parón en la venta de coches.
Además, durante todo el tiempo que ha durado el procés nos habéis intentado chantajear emocionalmente con la falacia del derecho a decidir, lo democrático es votar, solo los demócratas son independentistas y otras perlas por el estilo. Eso sí, sin profundizar más en el tema, para no quedaros sin argumentos.
Pues bien, déjame que te clarifique un poco la cuestión:  Seguramente se puede ser independentista y demócrata, pero también se puede ser demócrata y no independentista; como se puede ser no demócrata e independentista y, desde luego, ni independentista ni demócrata. Sin embargo, lo que no se puede ser es: independentista y de izquierdas, porque la izquierda es por definición internacionalista y solidaria y esos dos principios no los tendrán nunca ni los nacionalistas ni los independentistas.
Bueno, indepe desconocido: ni a ti ni a nadie el reprocho que sea independentista, os reprocho la mentira y la zafiedad que para vosotros se han convertido en hábitos. Espero que tarde o temprano veas la luz y comprendas que lo vuestro es un sin sentido que no lleva a ninguna parte, pero ten presente que habéis hecho mucho daño.
No quiero venganza. Exijo justicia y los que se han saltado la ley, los que creían que estaban por encima del bien y del mal que comparezcan ante los tribunales, sean juzgados y paguen por lo que han hecho.
Me parece que por hoy ya tienes bastante. En fechas próximas te contaré, según mi punto de vista, como hemos llegado hasta aquí. Es decir, que si la guerra de Sucesión (no de secesión), que si la opresión del Estado en los últimos 300 años, el España nos roba y otras mandangas más.
Tiempo habrá para todo ello.
Atentamente.

Bernardo Fernández
Publicado en e-notícies 20/11/17




13 de novembre 2017

EL CATALÁN ERRANTE

Cuenta la leyenda, conocida en todo el mundo, que “el holandés errante” es un barco que no pudo volver a puerto, condenado a vagar para siempre por los océanos del mundo. El velero es siempre oteado en la distancia, a veces resplandeciendo con una luz fantasmal. Si otro barco lo saluda, su tripulación tratará de hacer llegar sus mensajes a tierra, a personas muertas siglos atrás.
Me ha parecido oportuno traer a colación esta fábula porque el papel que intenta jugar el cesado, como presidente de la Generalitat, Carles Puigdemont tiene ciertas similitudes con la narración holandesa.
El expresident de la Generalitat inició su hégira particular, tras la puesta en marcha, por parte del Gobierno central, del artículo 155 de la Constitución.
Primero colgó una foto en las redes sociales, insinuando que estaba en el Palau de la Generalitat, cuando en realidad, acompañado de una parte de los exconsejeros viajaba en coche hasta Marsella, para desde allí coger un avión a Bruselas. Todo de lo más normal.
Una vez allí, se ha dedicado a montar su estrategia de defensa, y lo ha hecho en dos frentes: el jurídico y el político.
Para calentar el ambiente, no ha dudado en mentir descaradamente y faltar el respeto al conjunto de la ciudadanía española, con afirmaciones tales como que en España la democracia es de baja calidad, que vivimos en un Estado autoritario, que lo hecho en Cataluña por el Gobierno central ha sido un golpe de estado y otras bagatelas por el estilo.
En el terreno jurídico, desde el primer día de su llegada a Bruselas empezó a maniobrar para postergar cuanto sea posible ser entregado a las autoridades españolas, aprovechando las especificidades legales belgas.
Después, cuando el regreso sea inevitable, con toda seguridad planteará un recurso ante el Tribunal Europeo de Derechos Humanos.
Todo ello, con dos objetivos perfectamente definidos: Extender la idea de que en España se vulneran los derechos humanos, por una parte y, por otra, estar fuera del alcance de la justicia española, tanto tiempo como sea posible.
En el ámbito político, Puigdemont necesita, como los campos el agua de mayo, qué en las elecciones del 21 D, que serán unos comicios con una fortísima carga emocional, unos muy buenos resultados para lograr que Europa observe a Cataluña de otra manera y poder relanzar, así, el proyecto independentista, con el objetivo de que el Gobierno central, hinque la rodilla en el suelo y acepte un referéndum de secesión.
Hasta el momento, el apoyo a España por parte de todos los miembros de la UE, sin excepciones, ha sido monolítico. Ahora bien, no conviene descuidarse, no vaya a ser que surja algún iluminado que oiga cantos de sirena y los confunda con música celestial.
Estos días el expresident anda empeñado en elaborar una lista electoral de “país”, a partir de una plataforma de electores o algún invento similar. Sin embargo, tanto ERC como la CUP ya le han dado calabazas. Los primeros presienten que ganaran las próximas elecciones autonómicas, al menos así lo indican los sondeos hechos hasta el momento. Por su parte, los antisistema tendrían muy difícil dar una explicación coherente a compartir cartel con los adalides de los recortes y sus sucesores por más “indepes” que digan ser.
La verdad es que a la gente del PDCAT (Convergencia 2.0) les han empezado a temblar las piernas al ver el sesgo de todas las encuestas que se van publicando. De ahí, que busquen, aunque sea un clavo ardiendo, donde agarrarse para no caer por el precipicio político y quedar reducidos a la marginalidad.
Ante estas nefastas perspectivas, esperemos que a Carles Puigdemont no le suceda como al barco de la leyenda a la que me he referido al inicio de este escrito. Por más necedades que haya cometido nadie se merece estar vagando eternamente en la inmensidad del espacio. Debe ser muy aburrido. Además, seguro que hace mucho frío por ahí fuera, sin el calor de los suyos. Por eso, hemos de esperar que vuelva, aunque sea en Navidad. Ahora bien, que pase primero por la Audiencia o el Tribunal Supremo que le explicarán de que va la Constitución, el Estatuto, el Estado de derecho y otros detalles que parece desconocer.

Bernardo Fernández

Publicado en e-notícies 13/11/17

06 de novembre 2017

ASÍ NO

Desde hace cinco años, en Cataluña estamos viviendo un auténtico despropósito político. De hecho, todo comenzó en 2012, cuando Artur Mas, ante la negativa de Mariano Rajoy de conceder a Cataluña un sistema de financiación equiparable al Concierto económico que disfrutan Euskadi o Navarra, decidió echarse en brazos del independentismo. En mi opinión, más por despecho que por convicción.
Sea como sea, el caso es que aquello que empezó como una pataleta de niño mal criado, ha acabado por convertirse en un serio problema de Estado que, además, está afectando el sistema neurológico de la UE.
Y eso es así porque tanto el Gobierno de la Generalitat, como el Ejecutivo central han renunciado a la política para buscar soluciones al problema, y mientras unos lo han fiado todo a la épica, los otros lo han dejado todo en manos de los tribunales de justicia. Eso ha hecho que se ponga de manifiesto la impericia del Govern y la cerrazón del Gobierno central para manejar un tema de esta envergadura.
Así las cosas, que el artículo 155 de la Constitución era necesario aplicarlo tras la declaración unilateral de independencia, sólo pueden negarlo los muy radicales.
En estas circunstancias, hay que admitir, que el Gobierno central actuó de manera adecuada convocando elecciones autonómicas con toda la celeridad que la legislación se lo permitía, desmontando, de ese modo, buena parte del argumento victimista de los secesionistas.
Con este panorama de fondo, era incuestionable que la justicia debía actuar y ha actuado como un poder independiente en un Estado de derecho. Y eso, debería estar fuera de toda duda para que aquellos que se autocalifican demócratas.
Pues bien, después de estos argumentos y otros muchos que no menciono para no hacer este artículo interminable, queda claro que el secesionismo está perdiendo relato y épica. Sin embargo, la decisión de la juez Carmen Lamela de enviar a prisión a una parte de los miembros del ejecutivo catalán cesado, ha servido para reavivar un independentismo que estaba viviendo sus peores momentos desde hace muchos años.
Dicen que las decisiones judiciales se acatan y no se cuestionan. No seré yo quien contradiga ese principio. No obstante, como ciudadano de un Estado de derecho y social no me voy a privar de aprovechar esta magnífica ventana que es e-notícies y dar mi parecer sobre la iniciativa de la juez Lamela antes mencionada.
Como todos sabemos, la juez ha enviado a prisión sin fianza a una buena parte de los exconsejeros del gobierno cesado. Según el auto los motivos fundamentales son: la posibilidad de eliminar pruebas y el riesgo de fuga.
Vamos a ver: estos personajes pueden ser muchas cosas, pero ineptos y tontos, seguro que no. En el supuesto de que, en algún momento, tuvieran en su poder alguna prueba inculpatoria, ¿alguien cree que no la hubieron destruido ya? Y si por alguna extraña razón aún obrara en su poder, ¿acaso no tiene familia y/o colaboradores cercanos para deshacerse de semejante material?
Por lo que respecta al supuesto de fuga: si alguna de ellos cometiera la insensatez de abandonar el país sin la correspondiente autorización judicial, ¿a quien iba a perjudicar? ¿Se teme que desde otro país puedan organizar algún tipo de movimiento que pudiera afectar la integridad de España?
¿No hubiera sido preferible dictar medidas cautelares como, por ejemplo, una elevada fianza, una retirada del pasaporte y/o medidas de control policial? De haber procedido de esa forma, no se hubiera alimentado el victimismo independentista y estarían perfectamente controlados.
En cualquier caso, a lo hecho pecho. La Audiencia Nacional y el Tribunal Supremo deben hacer su trabajo, seguir con los procedimientos iniciados y abrir otros si se considera que ha lugar a ello. Y deben hacerlo sin interferencias de ningún tipo, pero también teniendo en cuenta que vivimos en un mundo interconectado y que la justicia no puede ser ajena ni puede dar la espalda a la sociedad a la que pertenece y en la que actúa.
Señora Carmen Lamela, con todo el respeto: Así no.

Bernardo Fernández

Publicado en e-notícies 06/11/17

UNIVERSIDADES PÚBLICAS, LA INCUESTIONABLE EQUIDISTANCIA

De todos los desbarajustes, ataques indiscriminados y absurdos a la convivencia que se están perpetrando en las últimas semanas a la con...