26 de febrer 2015

SOBERANISMO

Según los cánones establecidos en el siglo XIX, toda nación tiene derecho a un Estado propio. En el siglo XX este principio se reformuló como el derecho colectivo a la autodeterminación. No obstante, en las postrimerías del siglo pasado, el término soberanismo hizo fortuna, y si bien es cierto que significa lo mismo que independencia, por su concepción más ambigua admite interpretaciones más adaptables al criterio de cada cual.
De hecho, el soberanismo fue un invento de los nacionalistas quebequeses de finales de los sesenta. Tenía la ventaja de ser menos abrupto que el independentismo y  al aparentar menos rupturismo, legitimaba el aumento gradual de competencias sin fijar un límite, a la vez que permitía disponer del derecho de autodeterminación sin necesidad de ejercerlo. De ahí, que se convirtiera en la nuevo mantra del nacionalismo clásico.
En Cataluña, desde los años noventa, la expresión arraigó con fuerza, quizás porque esa ambigüedad permitía que Unió Democrática de Cataluña (UCD), Esquerra Republicana de Cataluña (ERC) y Convergencia Democrática de Cataluña (CDC), todos se autocalifiquen soberanistas y se den por satisfechos, a pesar de que sus ideologías fundacionales son radicalmente distintas.
En la segunda mitad de esa década, el ya extinto secretario general de CDC, Pere Esteve, puso el soberanismo de largo entre los suyos y en los medios. Jordi Pujol, en el discurso inaugural del undécimo congreso de  su partido (CDC), en el mes de noviembre de 2000, lo dejó claro: en épocas de vacas flacas para el autonomismo, por la mayoría absoluta del PP (entonces como ahora), los soberanistas de pura cepa -como ellos-, se adecuan a todas las situaciones: igual pactan con la derecha más rancia que se niegan a reformar el Estatut y mucho menos la Constitución, pero no por ello pasan a ser menos nacionalistas.
No obstante, más allá de eslóganes, discursos y políticas de salón, hacía tiempo que la sociedad daba por agotada la etapa Pujol y con el principio de siglo se empezaba a vislumbrar el cambio.  Con los gobiernos de izquierda formados por PSC, ERC e ICV, se estuvo muy cerca de dar ese giro, se definió bien el objetivo, pero se escogió mal el camino.  Se decidió hacer un nuevo Estatuto y poner el acento en las políticas sociales. Hoy, con la perspectiva que da el tiempo, es evidente que los términos hubieran tenido que ser a la inversa: primero las políticas sociales y con calma  reformar el Estatuto. Bien es verdad que la reforma estatutaria era la condición sine quanon de ERC para subir a aquel barco y sin ellos las mayorías necesarias quedaban insuficientes.
Después, las deslealtades, el ruido gubernamental, la falta de visón de gobierno de algunos y, sobre todo, la crisis económica y la sentencia del Tribunal Constitucional del Estatut dieron al traste con lo que hubiera podido ser una Cataluña plural, diversa, fraternal y abierta. A partir de ahí, la situación se ha ido deteriorando de manera indefectible y entre un gobierno monotemático y otro sordo y ciego, hay poco que hacer.
Tanto es así que estamos en un camino de no retorno y el desiderátum llegará con las elecciones del 27 S. Unas elecciones que por más que algunos se empeñen, nunca podrán ser plebiscitarias porque como es lógico se presentarán múltiples opciones y cada cual planteará y defenderá aquello que considere más conveniente y más oportuno.
Pero es que ahora, por si con todo eso no había suficiente, han empezado a dar la matraca con el mensaje de que las elecciones municipales de mayo son la primera vuelta de las de septiembre. Para Oriol Junqueras, líder de ERC, puede haber una gran similitud entre el próximo 24 M y el 12 de abril de 1931, que fue cuando se celebraron las elecciones municipales que propiciaron el advenimiento de la república. Obviamente, son muchas las diferencias entre aquellos comicios y los que se han de celebrar en mayo, pero debería bastar señalar sólo una para hacer callar por indocumentado al líder de Esquerra: aquellas elecciones se celebraron en un sistema pre-democrático y las de ahora se celebrarán en un Estado de pleno derecho y democrático,  equiparable al de cualquier país del mundo.
Los hechos son tozudos, y la realidad es que la burbuja soberanista se está desinflando. Por eso necesitan agarrarse a cualquier cosa para que aquellos que, de buena fe, se engancharon al mal llamado derecho a decidir no se bajen del carrusel y se pregunten porque el gobierno de la Generalitat no ha hecho nada relevante en los últimos cuatro años.
Por eso, también, genera mucha inquietud en los cenáculos soberanistas la irrupción en Cataluña del nuevo partido Podemos, dado que vienen dispuestos a jugar el partido de los  cabreados sociales, de los que hasta ahora, los soberanistas aspiraban a tener el monopolio con la cantinela del expolio fiscal y el España nos roba.      
El soberanismo necesita tener a sus acólitos en una nube, ya que está visto que con las estructuras de estado no es suficiente, hay que buscar otras maromas. Estemos preparados para lo que se nos viene encima. Esto no ha hecho más que empezar.

Bernardo Fernández

Publicado en Crónica Global 26/02/15

25 de febrer 2015

LA CASTA Y LOS PUROS

Estoy convencido de que, más pronto que tarde, el fenómeno político-mediático que supone Podemos, se estudiará en las facultades de comunicación como algo genuino y singular. No obstante, su proyecto político es el secreto mejor guardado. Nadie lo conoce, pero todo el mundo habla.
La mayoría silenciosa empezó a tener noticias de un nuevo partido político, llamado Podemos, el pasado mes de mayo durante la campaña de las elecciones al Parlamento europeo. Se presentaron a esos comicios con un programa que era un brindis al sol, y cuando todas las encuestas les daban entre 0 y 1 diputado, saltó la sorpresa y obtuvieron 5 escaños.
A partir de ahí la fiebre se desató, los medios de comunicación los pusieron en la cresta de la ola. Empezaron a menudear sus apariciones en debates y tertulias televisivas, sobre todo de cadenas privadas. El circo empezó a funcionar y la nueva formación a subir como la espuma en todos los sondeos.
Ahora, cuando estamos a pocos meses de las elecciones generales  todos los partidos empiezan a enseñar sus cartas, todos nos dan sus recetas, para sacar a España del atolladero en que nos han metido. ¿Todos? Todos no. Podemos continua con su mantra de que los demás son casta y ellos los puros, y sigue sin desvelar cuales serán sus fórmulas  para redimirnos del mal.
Su líder, Pablo Iglesias, se reconoce socialdemócrata, pero rechaza el eje derecha-izquierda. No se han pronunciado sobre el modelo de Estado ni sobre la organización territorial y no ha dicho ni pío de cómo reflotar el Estado del bienestar. Tan solo han esbozado un programa económico más teórico que real. Sin embargo, parecen dispuestos a estar presentes en todas las movidas.   
El coordinador de Podemos, Juan Carlos Monedero, ha tenido sus más y sus menos con Hacienda. Eso  ha hecho que, con considerable retraso, convocará una rueda de prensa para dar explicaciones, pero al estilo de la casta ni dio explicaciones ni contestó preguntas.  Tania Sánchez, compañera sentimental de Iglesias, tras ser elegida por  IU candidata a la presidencia de la Comunidad de Madrid, abandonó esa organización de forma nada elegante.
Dudo que éstas sean las mejores maneras de construir un proyecto sólido y de futuro. Otra cosa es que se quiera aprovechar el momento de desconcierto que vive la sociedad para tener unos instantes de gloria.     

Bernardo Fernández

Publicado en ABC 25/02/15

12 de febrer 2015

AIRES DE CAMBIO

Durante más de 35 años el mapa político español ha sido monolítico e inamovible Sin embargo, de un tiempo para acá dos cuestiones han sacudido unos cimientos que parecían inalterables. Por un lado, la corrupción institucionalizada. Por otro, las políticas austericidas,  basadas en los intereses económicos alemanes y de otros países afines,  auspiciadas por Bruselas y seguidas a pies juntillas por los gobiernos de turno y que nos han hecho cada día un poco más pobres. 
Fue en la segunda legislatura de Rodríguez Zapatero, como presidente del gobierno, cuando empezó a percibirse un creciente descrédito de las instituciones. Si bien es verdad que, aquella  insatisfacción creciente, a muchos nos pareció que tenía su razón de ser en la crisis económica que estábamos padeciendo.
Con la victoria del PP en diciembre de 2011 y sus acciones posteriores, a la crisis económica se sumó la falta de confianza y credibilidad hacia las instituciones y, sobre todo, hacia  sus representantes. La ciudadanía constató muy pronto que el gobierno de Rajoy no solo era incapaz de  plantear políticas alternativas y aceptaba sin pestañear lo que le ordenaban desde fuera, sino que incumplía descaradamente aquello por lo que se les había votado.
Dijeron que no subirían los impuestos y les faltó tiempo para hacerlo poco después de ganar las elecciones.  En contra de lo que habían dicho cuando eran oposición y en campaña electoral, recortaron en sanidad, educación y servicios sociales. Recortaron los derechos laborales, haciendo una reforma laboral a la medida de la patronal. Prometieron no recortar las pensiones y, sin embargo, hicieron una reforma del sistema sin consultar con nadie y diseñada por las grandes corporaciones que tienen intereses en el sector privado de las pensiones y los planes de jubilación.
Con este panorama de fondo, ha bastado un año escaso, para que Podemos, el partido que lidera Pablo Iglesias, haya capitalizado el enfado y la indignación de cientos de miles de ciudadanos. Estos reniegan del PP y del PSOE y no encuentran ni en Izquierda Unida ni UPyD el bálsamo para su malestar, a pesar de que éstos han hecho lo indecible para convertirse en punto de atracción electoral.
La formación que lidera Pablo Iglesias ha renunciado a presentarse a las elecciones municipales del próximo mes de mayo con su enseña, aunque si lo harán coaligados a otras organizaciones. En cambio, sí parece que quieran optar a la presidencia  en alguna comunidad autónoma, como por ejemplo Andalucía que celebrará sus elecciones en marzo, aunque saben de las dificultades que eso conlleva. De todos modos, la hora de la verdad les llegará con las elecciones generales del próximo invierno. Entonces sabremos a ciencia cierta la magnitud del tsunami que significa Podemos.
Según el informe del CIS (Centro de Investigaciones Sociológicas) realizado en la primera quincena del mes de enero, Podemos rebasaría por primera vez al PSOE. El PP conservaría la primera posición, aunque con un margen muy estrecho y con 17 puntos menos que en las elecciones de 2011. En efecto, todo indica que el bipartidismo existente en España, con la democracia recuperada, pasará, en breve, a ser un tripartidismo, formado por PP, PSOE y Podemos, más una pléyade de partidos comparsa.   
Sin embargo, otras encuestas como la de Metrocospia publicada por EL PAÏS el pasado domingo, 8 de febrero, dan como ganador en voto estimado a Podemos, seguido del PP, y el PSOE en tercer lugar, a cierta distancia. Según parece el pinchazo de los socialistas se debe a las disputas internas. De todos modos la lucha hasta las elecciones generales será encarnizada.
En este contexto, todo dependerá, en gran medida, de si el PP logra tapar su mala gestión y sus falsedades y hace propia la incipiente y débil mejora de la macroeconomía.
Por su parte, si el PSOE quiere tener opciones reales a la alternancia deberá orillar sus diferencias internas, dar imagen de unidad  y hacer llegar a la sociedad un relato que le otorgue credibilidad, genere confianza y vuelva a ilusionar a la ciudadanía. El primer asalto de este combate, se dará en las autonómicas y municipales de mayo. Si los socialistas salen airosos de ese envite Pedro Sánchez podrá optar a ser el candidato a la presidencia del gobierno con relativa tranquilidad. Si por el contrario el varapalo electoral en los comicios de primavera es serio, el hoy primer secretario de Ferraz, puede tener los días contados y la trifulca interna estará servida.  
Y ¿Podemos? ¡Ah! Podemos. Esa es la pregunta del millón. La pregunta que todo el mundo se hace en los mentideros políticos, pero para la que nadie tiene respuesta. En mi opinión, si son capaces de canalizar, lo que dicen las encuestas, y la fuerza que demuestran en la calle (recordemos la manifestación de 31 de enero en Madrid), hacia las urnas, el vuelco llegará.
No obstante, hay unas cuestiones previas que no se deben obviar. Para empezar, deberían moldear su discurso y suavizar la radicalidad de muchos de sus mensajes, presentar un proyecto creíble y válido para la sociedad, democratizar y dar transparencia a la gestión interna y clarificar de inmediato las sospechas que han suscitado las cuentas pendientes con el fisco de alguno de sus líderes. Cada día que pase sin aclarar la situación, la sombra será más grande.
Además de todos estos asuntos domésticos, en el electorado potencial de Podemos influirá mucho la evolución de la situación griega. Influirán, también, los acuerdos o desacuerdos del nuevo gobierno griego, la troika y los acreedores internacionales. Y todo eso, guste o no, ha de influir en la trayectoria a corto y medio plazo de Podemos, y es que la interdependencia es un hecho.  
Para algunos, el tiempo que falta para que se celebren elecciones generales va a ser un auténtico calvario, pero en cualquier caso, es evidente que soplan aires de cambio, y el próximo invierno, cualquier cosa puede ocurrir.

Bernardo Fernández

Publicado en Crónica Global 12/02/15

04 de febrer 2015

LAS CUENTAS CLARAS

Por mucho que algunos se empeñen en negarlo, las coincidencias entre Grecia, España y otros países de  la UE son evidentes. Eso no significa que, en temas sociales, políticos o de cualquier otra índole, se pueda hacer una transposición mimética de un lugar a otro, pero en un mundo globalizado como el nuestro las interdependencias son un hecho.
Es verdad que ni España es Grecia ni Syriza ni Podemos se parecen demasiado. Tampoco son equiparables las economías de un  país y otro ni por su tamaño ni por la profundidad de sus respectivos agujeros negros. Sin embargo, existen grandes similitudes en asuntos como la corrupción sistémica, el agotamiento de los partidos mayoritarios, la desafección  política, los altísimos índices del paro o las ganas de cambio de la ciudadanía.
En estas circunstancias, de cómo sucedan las cosas en los próximos meses, de los acuerdos o desacuerdos a que lleguen los griegos y la UE, dependerá, en gran medida, la evolución inmediata de Podemos y sus resultados  en las próximas elecciones generales que se han de celebrar, en nuestro país,  a finales de año.
Está por ver si el líder de Syriza,  AlexisTsipras, seguirá la estela de Lula o buscará ser el Chávez europeo. Lo que es evidente es que su éxito electoral se nutre del fracaso de las formaciones tradicionales y el descrédito de las clases dirigentes, algo, a día de hoy, universal. 
En cualquier caso, resulta difícil trazar un paralelismo entre Syriza y Podemos. De hecho, Syriza es una coalición de 18 pequeños partidos  que hunde sus raíces en el antiguo partido comunista del exterior, de corte eurocomunista.
En breve sabremos de las habilidades negociadores de Tsipras y su equipo con la Troika  (UE, BCE, FMI) y hasta donde están dispuestos a ceder los acreedores internacionales. Pero de momento, y a juzgar por los primeros movimientos, no parece que los problemas de Grecia estén en vías de solución.
De todos modos, debemos saber que las negociaciones entre la, ya mencionada, Troika y el nuevo gobierno griego, serán algo muy parecido a una larga partida de ajedrez. De lo que ocurra  en las próximas semanas y meses en esas mesas de negociación, depende y mucho el futuro más inmediato de Podemos. En ese contexto, los de Pablo Iglesias harían bien en tener las cuentas claras, aunque sólo fuera por aquello de la mujer del César.

Bernardo Fernández

Publicado en ABC 04/02/15

01 de febrer 2015

INSULTOS A LA INTELIGENCIA

Es una vergüenza que aquellos qué recibieron el mandato de los ciudadanos para representarlos y defender sus legítimos intereses, utilicen su situación de privilegio para lucrarse por vías ajenas a lo establecido o permitan que, por acción o por omisión, lo hagan los que están en su entorno.
Estoy pensando en esa estirpe de políticos que se auto otorgan una serie de prebendas que no les fueron concedidas al recibir el reconocimiento democrático de la ciudadanía, pero que ellos convierten en uno de los bastiones de su actuación.
En estos momentos, en España no hay formación política con un cierto recorrido y que haya ejercido el poder que esté libre de pecado y pueda tirar la primera piedra. Ahora bien, hay casos que, por vergonzantes, claman al cielo. Me estoy refiriendo al affaire del Parido Popular y su caja B, aireado por el extesorero Luís Bárcenas,  y al no menos hiriente caso de fraude fiscal confesado por Jordi Pujol el pasado 25 de julio y todas las presuntas connotaciones que se han conocido con posterioridad.
Según la Fiscalía anticorrupción,  el PP ocultó al fisco y al Tribunal de Cuentas una caja B que funcionó durante más de 15 años.  “Esa contabilidad paralela gestionada por Bárcenas se nutría de  donativos que incumplían la normativa de financiación de los partidos políticos y que eran efectuados por personas relacionadas con entidades beneficiarias de importantes adjudicaciones públicas”. Sostiene el fiscal que lleva el caso. Esa opacidad contable es la que permitió a Bárcenas detraer sumas considerables que ingresó en cuentas en Suiza.
De hecho, ha sido posible llegar hasta aquí porque la justicia  ha ido tirando del hilo a partir de la conocida trama Gürtel. Una trama de sobornos en la que están implicados importantes cargos públicos  del PP, tales como el exconsejero de Presidencia de la Comunidad de Madrid, Alberto López Viejo o los exalcaldes de Pozuelo de Alarcón y Majadahonda (Madrid), Jesús Sepúlveda y Guillermo Ortega. También están encausados los tres extesoreros de los populares, además del mencionado Bárcenas, sus antecesores Álvaro Lapuerta y Ángel Sanchís, responsables de las finanzas del partido durante más de  20 años. Sin duda, un ramillete de personajes difícil de igualar, por cargos y por catadura.  
Por otra parte, el comunicado hecho público por el gabinete de abogados de Jordi Pujol i Soley la tarde del 25 de julio de 2014, cuando muchos estaban haciendo las maletas para marchar de  vacaciones, admitiendo su fraude fiscal continuado durante treinta y cuatro años y el mantenimiento de cuentas en el extranjero de aquel que había sido presidente de Cataluña durante veintitrés años, fundador y presidente de Convergencia durante cuarenta y la personalidad política más importante de la Cataluña contemporánea, así como una de las personalidades más destacadas de la Transición española, nos dejó a propios y extraños sumidos en la perplejidad y descolocados. 
Llegados a este punto, me parece tan innecesario como inútil hacer aquí un relato pormenorizado  de todo lo que se ha ido diciendo y sabiendo después. Lo que es evidente y, en consecuencia, poco discutible, es la indolencia y laxitud con que actuaron destacadísimos miembros de CDC, como por ejemplo Artur Mas, desde su cargos de máxima responsabilidad en distintos gobiernos de la Generalitat, para que determinadas felonías se pudieran llevar a cabo en la más absoluta impunidad.
Es un insulto a la inteligencia el cinismo y la hipocresía política que utilizan los populares cuando dicen que su formación es “absolutamente ajena” a las tramas de corrupción. Tramas que como la Gürtel les persiguen, al menos desde 2009.
Otro insulto a la inteligencia, es la actitud de Convergencia Democrática de Cataluña. Un partido que no puede explicarse sin la personalidad de Jordi Pujol. Una formación política que tiene su sede central, situada en Barcelona, embargada como fianza del caso Palau, diversos dirigentes y exdirigentes imputados en diversas causas, además de varios procesos judiciales abiertos contra el expresidente Pujol y seis de sus siete hijos imputados por fraude fiscal o evasión de capitales. Pues bien, con este bagaje, tienen la desfachatez de anunciar un consejo nacional para febrero, en el que -han dicho-, se refundarán sin corrupción.
Si al menos tuvieran la decencia de pedir perdón y hacer una limpieza en profundidad, la ciudadanía podría albergar cierta esperanza. Pero no, se limitan a decir un montón de palabras huecas y desgastadas, y así no hay manera. Lamentablemente, de esa estofa son algunos políticos que pretenden regir nuestros destinos.

Bernardo Fernández

Publicado en Crónica Global  31/01/15

El blog de Bernardo Fernández: HACER DE LA NECESIDAD VIRTUD

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