14 de desembre 2014

SI, PERO NO

El mundo soberanista catalán anda alborotado. Oriol Junqueras ha dado calabazas a Artur Mas y se niega a compartir lista electoral con él. Eso ha hecho que sonaran todas las alarmas. Carme Forcadell, la presidenta de facto, ha puesto el grito en el cielo pidiendo seny, para ella la lista única es la panacea y mientras, su escudera, Muriel Casals, confía en que los dos líderes lleguen a entenderse. l republicano no le falta razón, en esta sin razón que es el proceso catalán. Convergencia es un partido lastrado por la corrupción. Su fundador autoinculpado como evasor de impuestos, la sede embargada, el hasta hace poco delfín de Mas (Oriol Pujol) imputado en el turbio asunto de las ITV y toda una serie de casos abiertos que salpican a convergentes del más alto rango. En estas circunstancias, Junqueras, por un lado, veta la comparecencia de Mas en la comisión parlamentaria del caso Pujol y, a la vez, quiere evitar contaminarse con una lista unitaria. Sin embargo, no tiene empacho en proponer un gobierno de concentración. Todo ello, pone de manifiesto la coherencia del republicano


En este contexto, ERC quiere aparecer como partido limpio de toda mácula (no tienen en cuenta que no han tenido ni tiempo ni poder para corromperse). Además, ahora recuerdan que existen las políticas sociales y se declaran sus máximos defensores, cuando, o por acción o por omisión su colaboración ha sido imprescindible para que el govern hiciera recortes a destajo.

Junqueras le ha venido a decir a Mas: si, pero no (si a las elecciones inmediatas, no a la lista única) y, de ese modo, ha dejado la pelota en el tejado del president. Ahora, éste debe decidir entre convocar elecciones antes de los comicios municipales, o intentar aguantar y acabar la legislatura. No obstante, para lograr ese objetivo haría bien en presentar unos presupuestos para 2015, razonablemente ambiciosos, porque los presentados días atrás por el consejero de Economía de la Generalitat Andreu Mas-Colell son decepcionantes, con un gasto social que retrocede a los niveles de 2004 y un desfase entre ingresos y gastos de 2.500 millones de euros que, según dijo, espera cubrir exigiendo al gobierno central que pague antiguas deudas, cuando lo razonable sería negociar, pactar acordar, etc. Pero no, según parece, esos conceptos, básicos en política, no existen en el imaginario soberanista, para con aquellos que piensan diferente.



Bernardo Fernández

Publicado en ABC 10/12/14