30 d’octubre 2017

REPETIR LA HISTORIA

A juzgar por los acontecimientos, en Cataluña tenemos una cierta tendencia a llevar a cabo grandes epopeyas en el mes de octubre que, acertadas o no, quedan en la historia de nuestro país.
Así, por ejemplo, en estos días se han cumplido cuarenta años del regreso del President Josep Tarradellas (fue el 23 de octubre de 1979). Con ese retorno, se hizo posible la recuperación de la Institución más emblemática: la Generalitat de Catalunya y del autogobierno.
La llegada de Tarradellas a la plaza de Sant Jaume fue una de las efemérides más celebradas de la Transición. En su salida al balcón de la Generalitat, acompañado de los líderes políticos del momento, el President pronunció una breve alocución iniciada con el famoso: “¡Ciutadans de Catalunya ja sóc aquí!”. Se cerraban así 38 años de exilio y empezaba la etapa más fructífera y plena de autogobierno de Cataluña de toda la historia.
También en este mes de octubre se han cumplido 83 años de “els fets d’octubre”. Como todo ustedes saben, a las ocho y diez minutos de la tarde del 6 de octubre de 1934, el President Lluís Companys apareció en el balcón de la Generalitat de Cataluña, acompañado por todo su gobierno, y proclamó el Estat Català dentro de la República Federal Española.
Tras una noche de forcejeos, escaramuzas, barricadas y disparos, que tuvieron como consecuencia 80 muertos, sobre las siete de la mañana del 7 de octubre las tropas leales al Gobierno central, mandadas por el general Batet entraron en el Palacio de la Generalidad y detuvieron, entre otros, a Companys y a su gobierno. Acto seguido, detuvieron también en el Ayuntamiento al alcalde Carles Pi i Sunyer y a los concejales de ERC que le seguían. Los apresados fueron trasladados al buque Uruguay, anclado en el puerto de Barcelona, reconvertido en prisión.
Las consecuencias del quebranto del orden establecido fueron nefastas. El gobierno de Lerroux desató una dura oleada represiva con la clausura de centros políticos y sindicales, la supresión de periódicos, la destitución de ayuntamientos y miles de detenidos, sin que se pudiera demostrar que hubieran tenido una actuación directa en los hechos, lo que evidenció una voluntad punitiva y arbitraria, con claros componentes de venganza. ​
La autonomía fue suspendida indefinidamente por una ley aprobada el 14 de diciembre a propuesta del Gobierno (la CEDA exigía la derogación del Estatuto) y la Generalidad de Cataluña fue sustituida por un Consejo de la Generalidad designado por el Gobierno. Meses después algunas de las competencias de la Generalidad le fueron devueltas, pero no las de Orden Público. ​
De no haber sido por la victoria del Frente Popular en febrero del 36 y el consiguiente cambio de gobierno, con toda probabilidad Companys y sus acólitos hubieran pasado muchos años entre rejas y las competencias de la Generalitat hubieran continuado bajo mínimos. Pero eso son, tan solo hipótesis. El hecho cierto es que, después, en julio del mismo año se produjo el alzamiento militar contra la legalidad Republicana que acabó desembocando en la Guerra Civil, pero esa es otra historia.
Dicen que los pueblos que olvidan su historia están condenados a repetirla. Pues bien, Carles Puigdemont o desconoce la historia de Cataluña (cosa que no creo) o ha querido repetirla (lo que es una irresponsabilidad supina), a sabiendas de que su entelequia es irrealizable. Después de tener a todo el mundo en vilo, mientras deshojaba la margarita para ver si convocaba elecciones o proclamaba la independencia, optó por la peor solución posible: proclamar la independencia (DUI). Cosa que hizo el 27 de octubre de 2017.
Como no podía ser de otro modo, el Gobierno central no tardó en poner marcha el artículo 155 de la Constitución y como consecuencia, cesó al Govern en pleno, disolvió el Parlament y convocó elecciones autonómicas para el 21 de diciembre, además de otras medidas complementarias.
Así pues, nos hemos quedado con una independencia virtual, porque quien tiene el poder es quien controla el flujo del dinero público, quien manda en los cuerpos de seguridad y aquellos que controlan puertos y aeropuertos, entre otros asuntos de no menos relevancia como pueden ser tener la firma en el DOG. Lo otro son bagatelas y coros de grillos cantando a la luna. Estos muchachos querían tener un Estado y nos han dejado (aunque sea temporalmente) sin autonomía.
La situación política, en Cataluña, es caótica, la fractura social evidente y la economía anda hecha unos zorros. Por si alguien alberga aún alguna duda, las cuatro asociaciones de jueces existentes en España han puesto de manifiesto que la única legalidad es la que emana de la Constitución
Con este panorama de fondo, lo que suceda en los próximos días será decisivo y hemos de esperar que ningún descerebrado de uno u otro bando cometa alguna barbaridad que tengamos que lamentar.
En estas circunstancias, es normal que los posicionamientos estén muy enconados. Esperemos que, poco a poco y de aquí al 21 D, la cosas se normalicen tanto como sea posible. Eso sería lo mejor para celebrar unas elecciones que nos traigan una nueva manera de hacer política. De no ser así, corremos el riesgo de volver a las andadas; aunque, ciertamente, siempre se pueden hacer las cosas mal, es bien cierto que, peor que ahora, parece imposible.
En cualquier caso, y a juzgar por los acontecimientos, resulta obvio que octubre es un mes propicio para las grandes gestas de los catalanes. Esperemos que diciembre sea un mes adecuado para recuperar el seny y, mediante las urnas, los ciudadanos de Cataluña pongamos a cada político en el lugar que le corresponde. Sería la mejor manera de poner nuestro grano de arena para tener, si no un feliz año, si al menos un tranquilo 2018. Nos lo merecemos.

Bernardo Fernández

Publicado en e-notícies 30/10/17

23 d’octubre 2017

Balance provisional de una insensatez política

Lo que una gran mayoría de ciudadanos no queríamos que ocurriera, va a suceder.
En efecto, el pasado sábado, el Consejo de Ministros, reunido en sesión extraordinaria y presidido por Mariano Rajoy, decidió poner en marcha el artículo 155 de la Constitución para que el Govern de la Generalitat cumpla con sus obligaciones constitucionales y cese en aquellas actividades que según el Ejecutivo central dañan gravemente el interés general. En consecuencia, propone al Senado la aprobación de una serie de medidas, que entiende necesarias, necesarias para garantizar el cumplimiento de las obligaciones constitucionales y la protección del mencionado interés general.
Dicho en román paladino: se cesará al President de la Generalitat y a todo el Consell Executiu, se hará lo mismo con los cargos de confianza que se considere oportuno. En definitiva, todo el aparato gubernamental y legislativo será controlado y dirigido desde los ministerios en Madrid. Asimismo, el Ejecutivo central confía que en un plazo no superior a seis meses se restablezca la normalidad en Cataluña y se puedan celebrar elecciones al Parlament.
Sin duda alguna es pronto para sacar conclusiones, pero esto es algo nunca debería haber llegado a suceder. El 21 de octubre de 2017, será recordado como una de las fechas más tristes de nuestra reciente historia democrática.  Eso, será algo que siempre deberemos agradecer a nuestros gobernantes. Los de aquí y los de allí.
Estoy convencido que éramos muchos los ciudadanos que aún conservábamos una brizna de esperanza y pensábamos que unos recuperarían el seny, los otros el sentido común y les daría por sentarse en torno a una mesa, exponer ideas, debatir sus puntos de vista y -puestos a elucubrar- llegarían a algún tipo de acuerdo. Hubiera sido magnífico. Sin embargo, no. Me gustaría equivocarme, pero, no. Ni se ha producido ni se va a producir acuerdo alguno. Cada cual va a seguir atrincherado en su universo diminuto y egocéntrico, esperando la rendición incondicional del otro. y a ver quien la tiene más larga.
En estas circunstancias, pese a vivir momentos muy difíciles, no está de más hacer un primer balance, aunque por fuerza ha de ser provisional, del coste-beneficio que nos supone hasta el momento el proceso de ruptura con el resto de España y como puede evolucionar la situación de ahora en adelante.
En el terreno político, la UE, lo hubiera podido decir más alto, pero no más claro: “Apoyamos al Gobierno español”, manifestó la canciller Merkel tras la reunión de Jefes de Estado y de Gobierno celebrada recientemente en Bruselas. Asimismo, el vicepresidente de la Comisión Europea, Frans Timmermans, habló de: “populismos nacionalistas. Más claro, agua.
Por lo que respecta al ámbito relacional, la fractura social entre familias, entre amigos o en las comunidades de vecinos, es un hecho. Para evitarlo, o se prohíbe directamente hablar del tema o si se habla, la conversación suele acabar en bronca. El tema, obviamente, es el proceso secesionista y todo lo que conlleva.
Pero si en algún ámbito el descalabro resulta evidente, es, sin duda, en el mundo económico. A día de hoy, las empresas que han trasladado su sede social fuera de Cataluña, por la incertidumbre política y jurídica que genera el independentismo, han superado, de largo, el millar. En contrapartida, tan sólo 49 han sentado sus reales en tierras catalanas. La venta de coches ha caído más de un 15%, en las últimas dos semanas. Desde el gremio de hostelería cifran en un 20% la cancelación de reservas hoteleras y la previsión es que este año se facturen unos 1.200 millones de euros menos que el anterior.
Pero es que, además, la elevada deuda externa y la calificación de bono basura que nos otorgan las agencias de calificación, hacen que, ante un más que hipotética independencia, Cataluña no pudiera acudir a los mercados internacionales en busca de financiación. En consecuencia, declarar la independencia, hacerla efectiva y declarar suspensión de pagos, vendrían a ser un tres en uno.
De todos modos, los auténticos perjudicados de todo este sin sentido no van a ser ni las grandes empresas ni la burguesía. Estos especímenes saben nadar y guardar la ropa. Además, tienen las espaldas cubiertas. Aquí los damnificados, como siempre, va a ser la clase trabajadora, que, traducido al terreno social, es lo mismo que decir las clases medias y populares.
Con toda probabilidad, quienes primero van a notar la desaceleración económica serán los empleos relacionados con el turismo. Después, las lamentaciones y el crujir de dientes vendrán con las deslocalizaciones. El prestigio y la reputación ganados con gran esfuerzo y trabajo a lo largo de mucho tiempo se irán por el sumidero gracias a la insensatez política de unos gobernantes descerebrados.
Un ejemplo elocuente de todo este mal sueño lo tenemos en Quebec, donde tanto les gusta mirarse a los secesionistas. Allí, las empresas se fueron cuando empezó la mandanga independentista y luego ya no volvieron. Los trabajadores de multinacionales o cualificados marcharon o se pudieron recolocar. Sin embargo, los poco cualificados, las pequeñas empresas y los trabajos con poco valor añadido fueron los más afectados.
Ahora, hay que ver que reacciones se producen y como se encaja el golpe. De todos modos, el daño infringido, en los diferentes ámbitos, es grande. No obstante, aún se puede rectificar si hay voluntad para ello. Ciertamente, quedarán heridas, pero con buena voluntad y algo de tiempo se podrían restañar.
El problema es que tengo serias dudas de que haya voluntad de rectificar y en estas circunstancias, me temo que esto va a ir a peor. Mucho peor. Al tiempo

Bernardo Fernández

Publicado en e-notícies 23/10/17

13 d’octubre 2017

El blog de Bernardo Fernández: HACER DE LA NECESIDAD VIRTUD

El blog de Bernardo Fernández: HACER DE LA NECESIDAD VIRTUD: Vivimos tiempos difíciles para el socialismo europeo. Los gobiernos de izquierdas, a pesar de no ser los causantes de la crisis, son los qu...

ILUSIÓN, JÚBILO Y DECEPCIÓN

El presidente de la Generalitat de Cataluña, Carles Puigdemont, compareció, a petición propia, en el Parlament el pasado 10 de octubre. En la petición formal se decía que era para informar a la cámara del resultado del no referéndum del día uno.
Ciertamente, la convocatoria suscitó muchas expectativas entre los secesionistas y curiosidad en nuestro entorno sociopolítico. Prueba de ello, es que se colocaron pantallas gigantes en diversos lugares del país para que la ciudadanía pudiera seguir la intervención del máximo mandatario y las posteriores réplicas de los líderes de los grupos parlamentarios, y en el Parlament se acreditaron un millar largo de periodistas, dispuestos a narrar la evolución de los acontecimientos a sus respectivas parroquias.
Todo transcurría según el guion previsto, sin embargo, cuando llegó la hora de la verdad (en esta ocasión las seis de la tarde) desde presidencia pidieron aplazar el inicio del pleno. Algo no funcionaba. Ver la cara de los diputados independentistas era un poema. Ver la cara de sorpresa de los diputados no independentistas de la oposición, una novela de intriga. Los primeros nubarrones, amenazando tormenta, aparecían en el cielo, hasta entonces, impoluto del secesionismo catalán.
Según parece Puigdemont había pactado un texto para su intervención, con los antisistema de la CUP, pero a pocos minutos de su comparecencia, les pedía cambiar los términos y dejar en suspenso la independencia. El motivo: las fuertes presiones a las que se estaba viendo sometido el presidente para que no llevara a cabo una declaración unilateral de independencia (DUI).
Uno de los lugares emblemáticos de esta efeméride fue el Paseo de Lluís Companys, en Barcelona, que da acceso al parque de la Ciutadella, donde se encuentra la cámara catalana. Allí, unas 30.000 personas esperaban la DUI. El presidente empezó su discurso y la ilusión se masticaba en el ambiente, mediante un hábil y calculado juego de palabras, Carles Puigdemont declaró un estado catalán independiente en forma de república. Aquí muchos creyeron tocar el cielo con las manos, llegó el éxtasis y el júbilo era palpable. Sin embargo, dura poco la alegría en casa del pobre, y de manera inmediata el presidente pidió al Parlament que suspendiera la declaración de independencia para dialogar en las próximas semanas. En definitiva, la teórica independencia duró unos quince segundos. Lo que hasta entonces había sido ilusión y jubilo se convirtió en fracaso, frustración y decepción.
Con este panorama de fondo, considero que Mariano Rajoy, por una vez, y sin que sirva de precedente, ha actuado de modo correcto con el requerimiento para que Puigdemont aclare la situación y advierta con la posibilidad de utilizar el artículo 155 de la Constitución. No obstante, en mi opinión, hubiera sido un gran acierto poner, de manera simultánea, sobre la mesa un guion para el diálogo si el presidente de la Generalitat se avenía a olvidar sus aventuras independentistas y reingresar en el camino de la constitucionalidad.
En cualquier caso, ocurra lo que ocurra en las próximas semanas, ni pude ni debe haber mediación alguna. Mucho menos de la UE o actores extranjeros. Ni estamos ante un conflicto internacional ni aquí estamos en una guerra tribal. Esto es un asunto interno y en España hay un Estado de derecho. Lo que está en juego es la paz social y las libertades, que es lo mismo que decir que nos jugamos nuestro sistema democrático que se basa en la solidaridad y el respeto entre los ciudadanos. Por eso, hemos de rechazar de plano cualquier usurpación que quieran hacer de aquello que es común y de manera especial el grito de los antisistema cuando dicen que las calles serán siempre nuestras; es decir de ellos. Los que ya tenemos una edad aún recordamos espeluznados el grito de aquel redomado franquista que decía la calle es mía.
En estas circunstancias, la negociación es más necesaria que nunca, pero también más difícil. Me cuesta creer que, unos políticos que más pronto o más tarde, por pura justicia, han de ser inhabilitados y otro que no tiene ni visión de futuro ni cuajo para afrontar unas reformas imprescindibles para la viabilidad de España, sean los interlocutores adecuados para sacarnos del embollo en que unos y otros nos han metido.
Para evitar más decepciones se necesita savia nueva: gente preparada, dispuesta y con ganas. ¿Alguien sabe dónde están?


Bernardo Fernández

Publicado en e-notícies. com 13/10/17

02 d’octubre 2017

EL FRACASO DE LA POLÍTICA

Estoy convencido de que este mes de septiembre pasará a la historia como una de las épocas más negras de nuestra democracia. En mi opinión, la gravedad de los hechos ocurridos estos días atrás en Cataluña, es equiparable a los atentados de Atocha o al 23-F, porque en todos esos sucesos se ha puesto en riesgo nuestro sistema de convivencia.
Todo empezó a precipitarse con el golpe de mano que se llevó a cabo en el Parlament de Cataluña, los días 6 y 7 de septiembre, con la aprobación de la ley del referéndum y la de la transitoriedad jurídica, en contra del criterio de los letrados de la cámara y contraviniendo la opinión del Consell de Garantías Estatutarias. Ese día quedó derogado de facto el Estatuto, y la Constitución, en palabras del President, Carles Puigdemont, dejaba de regir en Cataluña.
En estas circunstancias, el Gobierno central, fiscales y jueces no podían hacer otra cosa que salvaguardar la legalidad. De ahí, la entrada en diversas consejerías -especialmente mediática fue la irrupción de la guardia civil en las dependencias de economía y la posterior detención de significados miembros del soto Govern.- Después vino el rosario de registros, incautación de sobres, papeletas, etcétera, por un lado, y por el otro, ocupación de espacios públicos, manifestaciones, acampadas frente al Tribunal Superior de Justicia de Cataluña (TSJC) y toda una demostración de músculo y desprecio manifiesto a la legalidad vigente.
Con este paisaje de fondo, ni unos ni otros fueron capaces de poner un poco de seny, echar el freno de mano y decir: “dialoguemos”. Todo lo contrario, mientras el ambiente se iba caldeando, unos y otros (el gobierno de aquí y el gobierno de allí), iban echando más leña al fuego. Y así llegamos al 1 de octubre. Punto culminante de todo un proceso de despropósitos y sin razón.
En ese aciago domingo hemos revivido situaciones que ya teníamos archivadas y que muchos pensábamos que nunca se repetirían. Así, por ejemplo, hemos visto cargas policiales, vecinos levantando barricadas, policías requisando urnas, guardias civiles recibidos, o despedidos, a pedradas, heridos por la actuación desproporcionada de las fuerzas de seguridad y todo un cúmulo de acciones desmedidas que jamás hubieran debido ocurrir en un país desarrollado en pleno siglo XXI.
La obcecación de unos y el inmovilismo de otros han sido el caldo de cultivo que ha hecho posible que llegásemos hasta aquí. Recomponer puentes en esto momentos se me antoja imposible. Tanto mariano Rajoy como Carles Puigdemont han demostrado que son incapaces de dialogar. Por consiguiente, lo lógico sería que Rajoy convocara elecciones y dimitiera y que Puigdemont dimitiera, pero antes, también, convocara elecciones. Aunque, bien es verdad, que la lógica y la política, con demasiada frecuencia acostumbran a ser incompatibles.
A poca sensatez que se tenga, los secesionistas saben que lo del 1-O, ha sido cualquier cosa menos un referéndum, pero eso sí, ha sido algo importante. La ciudadanía se ha movilizado, mucha gente ha salido a la calle, mucha gente ha querido votar, y ante eso, el ejecutivo central no puede seguir haciendo oídos sordos.
Como dice un viejo amigo: “fuera de la ley, no. Sólo con la ley tampoco”. En esta ocasión el fracaso de la política es manifiesto. Así las cosas, demos tiempo al tiempo, que nadie tome decisiones de las que después se tenga que arrepentir y por las que tengamos que apechugar todos con las consecuencias.
En estas circunstancias, lo más razonable sería echar un poco de agua al vino y dejar que el ambiente se calme. Entre todos hemos de reconducir esta situación, pero quien más puede hacerlo es quien más responsabilidad ostenta. Y si los que hay no se sienten capaces que dejen paso a otros que puedan salvarnos del naufragio seguro a que nos están conduciendo los incompetentes que nos gobiernan. Aquí y allí.

Bernardo Fernández

Publicado en e-notícies.com 02/10/17

DOS x UNO

Aunque estamos en plenas campañas de elecciones municipales, europeas y autonómicas, en doce comunidades autónomas, los partidos ya han ...