03 de juliol 2014

CARTA ABIERTA A ALFREDO PÉREZ RUBALCABA



Para empezar, permite que te diga que soy militante del PSC porque nací y vivo en Cataluña, de haber nacido en Valencia, con toda probabilidad sería afiliado del PSPV o del PSOE si residiera en Andalucía. Por otra parte, quiero aprovechar la oportunidad que me brinda esta carta para mostrarte mi reconocimiento por tu larguísima trayectoria en los más diversos lugares de responsabilidad la frente del socialismo español y, a su vez, mi respeto por tu decisión de dimitir y admitir como propia la severa derrota que nos infligió la ciudadanía en las elecciones al parlamento europeo el pasado 25 de mayo.

De hecho, desde que Rodríguez Zapatero hincara la rodilla ante no se sabe bien qué o quienes para que España no fuera intervenida al estilo de Grecia, llevamos encadenadas una serie de derrotas a cual más abultada y dolorosa. Y, desde entonces e incluso antes, es una realidad poco discutible que estamos perdiendo, a marchas forzadas, el contacto con la sociedad. En consecuencia, o rectificamos el rumbo o dejaremos de ser, no alternativa real de gobierno que no lo somos, si no la fuerza hegemónica de la izquierda.

Por eso, y para evitar ese fiasco, en la medida que sea posible, me tomo la libertad de exponerte la siguiente reflexión:

Soy consejero nacional del PSC y como tal fui convocado por la dirección de mi partido para que diera mi opinión y votara como debía de proceder nuestro grupo parlamentario en el Parlamento de Cataluña sobre un tema de vital trascendencia como es el derecho a decidir. Así lo hice, como el conjunto del Consejo Nacional, y debo decir que me sentí especialmente satisfecho porque aquella era, sin duda, una acción de hondo calado democrático: dar a la militancia la voz y el voto para expresar su criterio y la línea política a seguir.

Ahora, hace pocas semanas, he vuelto a sentir orgullo de ser socialista por participar en un proceso electoral de primarias abiertas para elegir al alcaldable del PSC en Barcelona. Y, en breve, los militantes seremos convocados para dar nuestra opinión sobre quien ha de ser la persona que te sustituya como secretario/a general del partido. Pues bien, en honor a la verdad debo decir que estas iniciativas me enorgullecen porque más pronto que tarde el resto de formaciones políticas deberán seguir esta senda de participación y a nosotros nos quedará la modesta, pero honda satisfacción de haber sido los pioneros, también en esto.

Sin embargo, a fuer de sincero te diré que estoy tremendamente indignado por la decisión que habéis tomado en los máximos órganos de dirección del PSOE de dar, sin más, el plácet a la entronización de Felipe de Borbón como Felipe VI. Además, considero que no es de recibo decir que existe un gran consenso sobre el particular

Tras conocerse la abdicación miles y miles de personas salieron a la calle a pedir un referéndum o directamente la república y, nosotros, si queremos reconectar con la sociedad, situaciones como esta no las podemos obviar. Vivimos a caballo de una crisis económica que está cambiando muchas cosas. Las conquistas de los últimos años (la universalización del Estado del bienestar, por ejemplo) están en tela de juicio. Existe la sensación, fundada o no, de que la corrupción alcanza a todas las instituciones y la configuración territorial del Estado está por resolver. Con este panorama de fondo, no debe extrañar que se vea la República como una forma de Estado que dé solución a unos problemas que hasta ahora parecen irresolubles.

Como dicen desde Izquierda Unida: “No se pueden sustituir los derechos del pueblo por derechos de sangre”. Y aunque el nuevo Rey obtenga el 85% de los votos del Congreso, todos sabemos que esa votación no representará el sentir de la calle.

Alfredo: sabes perfectamente que los socialistas en ningún congreso hemos aprobado dar nuestro soporte a la Monarquía, tan sólo en la última Conferencia Política del pasado mes de noviembre se presentó una resolución que fue acogida con abucheos y silbidos puesto que daba apoyo a la institución monárquica, y, sin en alguna ocasión, hemos salido en su defensa ha sido coyunturalmente y es que los socialistas somos republicanos por definición.

Según el artículo 92 de la Constitución “las decisiones políticas de especial trascendencia podrán ser sometidas a referéndum consultivo de todos los ciudadanos”. ¿Acaso no es ésta una cuestión política de especial trascendencia? Además, si fuimos capaces de cambiar en un abrir y cerrar de ojos el artículo 135 para introducir la obligatoriedad del déficit cero, ¿no lo hubiéramos podido hacer ahora? Estoy convencido que sí.

La brecha entre representados y representantes cada vez es mayor. La percepción que tenemos muchos ciudadanos de a pie es que lo único importante para vosotros en estos es momentos es proteger al ex monarca para que no tenga problemas con la justicia. Habéis cercenado la posibilidad de que la ciudadanía opine sobre el modelo de Estado que quiere que la administre y que la represente. Apelar al sentimiento republicano, como has hecho tú, en tu intervención en el Congreso, y acto seguido votar en favor de la Monarquía, es, además, de un brindis al sol, un insulto a la inteligencia política.

Ciertamente, vivimos tiempos convulsos. Tu dimisión, la renuncia de renuncia de Susana Díaz a presentarse a primera secretaria, la negativa de Patxi López, de momento, a optar a dirigir el PSOE, la dimisión inesperada de Pere Navarro, abren espacios hasta ahora inédito en el socialismo español y catalán. Quien sabe si después de todo este tsunami político somos capaces de enhebrar un proyecto que vuelva a ilusiona a la ciudadanía.

Apreciado compañero, no te quepa la menor duda de que hay otra manera de hacer las cosas, conforme a nuestro ideario y sintonizando con la gente. Entiendo que por tu larguísima y brillante hoja de servicios al país y al socialismo te merecías otro tipo de despedida, pero tú has decidido salir por la puerta de servicio. Espero que los dioses de la coherencia te sean benévolos y algún día el pueblo te perdone. Mientras, los socialistas, a los que has representado, seguiremos vagando en el limbo ideológico, imaginando lo que pudo haber sido y no fue. De esa forma, la derecha liberada y sin oposición podrá terminar de desguazar el Estado del bienestar y seguir con sus reformas hasta convertir a los ciudadanos no ya en súbditos, si no en seres sin apenas derechos, a disposición de un bien superior: el capitalismo más inhumano y perverso.

Atentamente.



Bernardo Fernández

Publicado en Crónica Global 14/06/14