31 de desembre 2017

VICTORIA INSUFICIENTE

Con una participación récord del 83%, en las elecciones del pasado 21 de diciembre, Ciudadanos logró una victoria histórica. El partido naranja, capitaneado por Inés Arrimadas, ganó en votos y escaños unas elecciones al Parlament.  Semejante gesta, no la había logrado jamás una formación no nacionalista o no soberanista. Ni siquiera el PSC, dirigido por Pasqual Maragall lo consiguió. En los comicios de octubre de 1.999, los socialistas ganaron en votos, pero no en escaños.
Ahora, las tres formaciones independentistas que se presentaban a esta convocatoria han logrado revalidar la mayoría que obtuvieron el 27 S de 2015. Es verdad que con un par de escaños menos y un soporte popular algo mermado, pero mayoría suficiente para escoger un president que pueda formar gobierno.
Estos comicios han puesto de manifiesto lo que ya se intuía: Cataluña está dividida en dos mitades y los que no están por la vía unilateral aventajan a los soberanistas en unos 150.000 votos.
Pese a ello y a tenor de como ha quedado el mapa tras la batalla electoral, es lógico pensar que acabarán siendo los secesionistas los que formen gobierno.
Además, Ciudadanos ya ha renunciado a que Inés Arrimadas presente su candidatura en una sesión de investidura. Nada que objetar. Está en su derecho. No obstante, habría sido muy interesante escuchar a la candidata naranja desplegar su programa de gobierno en un discurso en sede parlamentaria y a los otros grupos darle la réplica. No es lo mismo un debate en un hemiciclo que los panfletos electorales y las arengas en los mítines sin posibilidad de réplica que, además, van dirigidos a los ya convencidos.
En cualquier caso, la renuncia a la investidura es una decisión digna. Por eso, considero que se equivoca el Partido Popular y aquellos que presionan para que Inés Arrimadas tome la iniciativa y negocie una posible formación de gobierno. La aritmética, en casos como éste, no admite matices.
De todos modos, la situación es sumamente complicada. Será muy difícil que alguno de aquellos que están imputados pueda ser investido president de la Generalitat. Más ponto que tarde deberán sentarse en el banquillo de los acusados y lo más probable es que sean condenados y, por consiguiente, inhabilitados.
Ahí tiene, parte de sus orígenes, la batalla soterrada que mantienen Junts per Cataluña y Esquerra Republicana. A estas alturas, nadie con dos dedos de frente duda que, si Puigdemont cruza la frontera, será detenido de inmediato. Por el contrario, los republicanos aspiran que a Junqueras se le levante la prisión provisional y quede en libertad bajo fianza, al menos un tiempo. Eso les daría unos meses de margen para maniobrar con cierta libertad. Con ese panorama, quien sabe si propondrían a su líder como president, aún a sabiendas que después sería inhabilitado. Es evidente que los independentistas son muy dados a la épica, el sacrificio por la “terra”, coleccionar mártires y otras bagatelas por el estilo.
No cabe duda de que Ciudadanos obtuvo una gran victoria en las elecciones al Parlament el pasado 21 de diciembre, pero fue una victoria insuficiente. Además, ni el PSC estuvo a la altura de las circunstancias ni el PP con su descalabro pueden hacer aportación alguna para cambiar el carácter de la gobernanza en Cataluña.
Así las cosas, la actitud de Ciudadanos hay que calificarla de razonable. Otra cosa es, como apuntan algunos, si Inés Arrimadas, llegado el momento, tiene el necesario fondo de armario político para convertirse en la primera presidenta electa de Cataluña. No es lo mismo ser el líder de la oposición que dirigir un país, pero todo a su tiempo.

Bernardo Fernández

Publicado en El Catalán 31/12/17

28 de desembre 2017

SENY

La victoria de Ciudadanos en las elecciones al Parlament el pasado 21 de diciembre es incuestionable. Tan incuestionable como que los escaños logrados por la formación naranja no son suficientes para formar gobierno. En consecuencia, todo indica que será Junts per Catalunya con la complicidad de ERC y, muy probablemente de la CUP, los que elijan president. Ahora bien, primero han de resolver el galimatías jurídico en que andan inmersos (el presidenciable huido de la justicia y dieciocho diputados electos imputados) y después limar las diferencias que tienen entre si, que no son pocas ni menores.
Si logran salvar esos escollos, las formaciones independentistas tendrán todo el derecho del mundo a unir sus fuerzas para sumar una mayoría parlamentaria que les permita colocar una persona al frente de la Generalitat de Cataluña. No obstante, sería conveniente que se dieran una ducha escocesa de realismo político que les permitiera entender la magnitud de la situación.
Así las cosas, crucemos los dedos para que elijan el president que necesita Cataluña, una persona con seny, no el que ellos creen que les conviene. 
Ese nuevo president deberá luchar hasta la extenuación para consolidar, actualizar y mejorar nuestro autogobierno, hasta donde sea posible. Para lograr tales objetivos será necesario que se valga del diálogo con el resto de las fuerzas políticas y utilice el marco que brinda la constitucionalidad española. En este contexto, sería un gran acierto desechar la avaricia fiscal que ha caracterizado otras épocas y que descarte pedir privilegios. El reconocimiento y la aceptación de los otros vendrá cuando los catalanes aceptemos compartir, con las autonomías que lo deseen, el afán de más autogobierno que caracteriza a los Estados federales más avanzados.
Ni por lo más remoto nos podemos permitir otra frivolidad como la DUI. Es evidente que esa vía no cuenta con el más mínimo soporte  ni dentro ni fuera de la UE. Necesitamos un president que encabece un Govern que hable y se preocupe de crear empleo, de los problemas de la educación y de como recortar las listas de espera de la sanidad.
Cataluña necesita, entre otras muchas cosas, estabilidad política, seguridad jurídica e incentivos fiscales para que las empresas que marcharon regresen. Vivimos en la era de la tecnología global y sólo mediante la internacionalización y la innovación las empresas podrán seguir adelante. De manera simultánea, hemos de dotarnos de un sistema educativo que forme a los jóvenes para que estén a la altura de las circunstancias. Ese es el auténtico reto del futuro.
Sería un gravísimo error permitirnos el lujo de volver a las andadas. Eso, lo pagaríamos todos los catalanes y con un coste muy elevado. Se trata, pues, de actuar no con miedo sino con responsabilidad. A Mariano Rajoy no le temblará la mano si ha de volver a aplicar el artículo 155. Y si eso sucede, esta vez no se podrían celebrar elecciones hasta dentro de un año. En ese supuesto, la intervención sería mucho más larga y dura de lo que ha sido ahora. Tal vez, esa situación sea la que convenga a los más radicales, pero no desde luego a la inmensa mayoría. Lo que necesitamos en estos momentos, quizás más que nunca, es un president y un Govern con seny, mucho seny.

Bernardo Fernández

Publicado en e-notícies 28/12/17

19 de desembre 2017

EL LEGADO INDEPE

Todas las encuestas que se han hecho hasta la fecha sobre el 21 D coinciden en dos puntos. Uno, la previsión de una muy alta participación -es posible que sean las elecciones autonómicas con más votación de la historia-. Dos, el número de indecisos supera ampliamente el 20%.
Con estos datos sobre la mesa, es fácil comprender que todo esté abierto y que, a priori, cualquier resultado es posible. Incluso que, dada la radicalización existente, salga un parlamento muy fragmentado, no se pueda formar gobierno y haya que ir a nuevas elecciones.
Sea como sea, este próximo jueves, a primeras horas de la noche, saldremos de dudas. Entonces ya sabremos a que atenernos y por donde soplará el viento a corto y medio plazo.
De todos modos, esa será una página de nuestra historia que está por escribir. Sin embargo, lo que ya está escrito es el legado independentista de los últimos años, y de manera especial lo que ha dejado el procés desde finales de 2015 hasta hoy.
Nos quisieron hacer creer que el proceso de independencia sería algo festivo, amable y respetuoso. Algunos lo calificaron de la revolución de las sonrisas. Pero un día el juez Santiago Vidal se descuelga diciendo que habían conseguido nuestros datos de forma fraudulenta. Pocas semanas después era el diputado Lluís Llach el que amenazaba a los funcionarios del riesgo que corrían si no cumplían la ley. Su ley.
Un buen día, la violencia hizo acto de presencia. Fue los días 20 y 21 de septiembre, durante el cerco que se hizo a la Consejería de Economía, bloqueando la salida de la Guardia Civil y con el destrozo de diversos coches policiales.
Después, nos confirmaron lo que ya sabíamos: que el Govern había utilizado una retahíla de falsedades y mentiras para engañar a la ciudadanía, como reconoció el exconsejero Toni Comín.
Por otra parte, los insultos las falacias y las ofensas con el paso del tiempo ha ido aumentando su calibre. Pero desde octubre se ha abierto la veda. Las expresiones, de “fascista” o de “hijo de puta” están a la orden del día para quien no está por el procés. Asimismo, según Marta Rovira, “España no es una democracia” y el expresdent fugitivo habla de “persecución” “represión” y “presos políticos”, sin inmutarse.  Como me dijo un represaliado del franquismo: “qué sabrá éste lo que es un preso político.”
Ahora ya, en plena campaña electoral y quizás por lo ajustados que se prevén los resultados, se han hecho pintadas y escraches a los partidos constitucionalistas. Incluso al autocar de prensa que sigue a Ciudadanos. Se está boicoteando, casi de forma sistemática, a entidades que no son de la cuerda secesionista, como es el caso de Sociedad Civil Catalana. También se han lanzado insultos del más puro estilo homófobo y barrio bajero a Miguel Iceta, de quien se ha dicho que tiene los “esfínteres dilatados” o el gran actor Toni Albà, reconocido mundialmente, trató de “mala puta” a Inés Arrimadas. Pero es que incluso en TV3 celebraron la muerte del fiscal Maza.
Por si con todo esto no hubiera suficiente, en el terreno económico las cosas no han ido mejor. El número de sociedades que ha cambiado el domicilio social para buscar estabilidad política y seguridad jurídica supera las 3.000, desde el 1 de octubre. Estos cambios, en principio, no implican ni cambio de personal ni traslado físico de las oficinas. Por el contrario, el caso de los cambios de sede fiscal es distinto (cosa que ya han hecho un millar largo de sociedades). Entonces, los tributos se pagan donde la empresa ha ubicado su sede fiscal, lo que supone merma de ingresos para la hacienda pública catalana.
Desde hace tiempo, unos cuantos escribanos y/u opinadores, entre otros, hemos ido advirtiendo del riesgo de fractura social que generaba la mal llamada revolución de las sonrisas. No dudaron, entonces, en tacharnos de exagerados y agoreros.
Ahora, lamentablemente, aquella advertencia se está haciendo realidad. Y si algún valor añadido ha tenido Cataluña ha sido su capacidad de acogida y su cohesión social; las consecuencias: un sistema de convivencia digno de envidia, y no nos no nos podemos permitir, bajo ningún concepto, el lujo de perder nuestro bien más preciado: la cohesión social.
Esperemos, pues, que todo quede aquí, porque si los soberanistas siguen empecinados en seguir adelante con su fantasía imposible, llegará la violencia en las calles (de hecho, los demócratas de la CUP ya han dicho que si el independentismo es derrotado no aceptarán los resultados y harán todo los posible para hacer inviable la actividad parlamentaria, y de ahí a la algarada callejera sólo hay un paso). Además, de seguir así, terminarán por destruir el prestigio que Cataluña tiene en el mundo y acabarán por cargarse la marca Barcelona que ya han mancillado bastante.
Ese es, a grandes rasgos, el legado que nos deja el procés. Ahora bien, si el jueves 21 vamos a votar de forma masiva, a eso de las diez de la noche podremos empezar a dejar atrás todo este mal sueño. Dentro de un tiempo nos parecerá que fue una pesadilla. Y pesadillas cuantas menos, mejor.


Bernardo Fernández
Publicado en e-notícies 18/12/17


18 de desembre 2017

LA FALACIA DEL EXPOLIO FISCAL

En los cuarteles generales de Junts per Catalunya y Esquerra Republicana los nervios están a flor de piel. Según apuntan la mayoría de las encuestas, el próximo día 21 podría darse un vuelco electoral y el secesionismo catalán perder la hegemonía y con ella el momio que ha significado para muchos de ellos.
En estas circunstancias, no es de extrañar que los cerebros pensantes del procés se devanen los sesos buscando argumentos con los que recuperar la moral de la tropa.
La verdad es que siempre han andado muy justitos de razones lógicas y creíbles para defender sus postulados. Lo suyo ha sido más de épica y de sentimientos.  Por eso ahora se agarran a un clavo ardiendo, cualquier argumento, por peregrino que resulte, puede servir si así se espolea a algún incauto de buena fe, que haberlos hay los.
En este contexto, los estrategas del tema están buscando desesperadamente motivaciones para levantar la moral del personal. Por eso han recuperado el mantra del expolio fiscal, sinónimo del “Espanya ens roba” de las épocas más gloriosas de Jordi Pujol.
“Pagar en torno al 9% de su PIB por concepto de solidaridad y con frecuencia más, se convierte en un expolio que perjudica gravemente a Cataluña y su gente.” Dijo Pujol, hacia mediados de los años noventa. Esta falacia, repetida hasta la saciedad, acabó convirtiéndose en uno de los agravios comparativos preferidos para justificar su animadvresión a España. Y ha sido utilizada a destajo, primero por los nacionalistas y más tarde por los independentistas.
Artur Mas quiso seguir explotando la falsedad al publicar, en 2012, un estudio, según el cual Cataluña estaría aportando 16.409 millones de euros al presupuesto común.
sostiene el economista Antoni Zabalza que hay que distinguir entre los ciclos económicos. Si en tiempos de bonanza el déficit catalán oscila en torno al 8%, en las fases de crisis se ha llegado al superávit por parte catalana. En términos semejante se expresan Josep Borrell y Joan Llorach en su libro las cuentas y los cuentos del independentismo. En el mismo recogen una estimación de la Generalitat en la que el desencaje de 2015 anduvo sobre los 3.228 millones de euros, es decir, el 1,6% del PIB; muy alejado pues, de las cifras utilizadas por los voceros oficiales del procés y sus palmeros.
Bien es verdad que Cataluña es un contribuyente neto al resto de España y, sin embargo, recibe menos inversión que lo que debería por su PIB y su población. Así, por ejemplo, en el período 2011- 2015, la inversión en el conjunto de España bajó un 36,6%, pero en Cataluña un 57,9% y la ejecución fue aún mucho peor. Ciertamente, hay disfunciones, pero para arreglarlas existe el dialogo, la negociación y el pacto.
De todos modos, conviene saber que Cataluña no es ni la única ni la primera comunidad que aporta al Estado más de lo que recibe. En las mismas condiciones y por delante, están Madrid y Baleares.
Además, no debemos perder de vista que la contribución no sale de los presupuestos que se aprueban en el hemiciclo del Parque de la Ciutadella, sino que viene dada por la mayor fiscalidad debida a la mayor riqueza de los ciudadanos catalanes.
Por otra parte, no hay que olvidar que en la balanza comercial Cataluña obtiene superávit frente a todas las comunidades autónomas y, por consiguiente, respecto al conjunto.
En definitiva, es cierto que en términos fiscales Cataluña aporta más de lo que recibe, pero en todos los países del mundo civilizado sucede que las regiones, autonomías, landers o estados contribuyen en función de la capacidad fiscal de sus ciudadanos, tengan el sistema político que tengan. Ocurre lo mismo en las ciudades: los barrios ricos pagan más que los barrios menos ricos o pobres. Eso es así porque los habitantes de los primeros tienen rentas más elevadas.
En cualquier caso, todo esto tiene solución. Una de ellas, aunque no la única, es respetar el principio de ordinalidad. Por eso, hablar de expolio fiscal no sólo es un insulto, es una falacia.

Bernardo Fernández

Publicado en El Catalán 17/12/17

13 de desembre 2017

LA MARCHA AMARILLA

Buena parte de la sociedad catalana, inducida por sus líderes políticos y agitadores sociales a sueldo, camina imperturbable hacia el abismo.
El problema es que, en su viaje hacia el absurdo, nos van a arrastrar a todos, tengamos o no el mismo credo ideológico.
El mundo nos mira decían hace un tiempo los secesionistas. En efecto, el mundo nos mira, alucina y se asusta. No es casualidad que la inversión haya caído y las reservas hoteleras para las próximas fiestas en Barcelona sean un 50% menos que el año pasado en las mismas fechas. ¿Por qué será? ¿Tendrá algo que ver la situación política que estamos viviendo?
Algunos irresponsables no acaban de tomar en serio que más de 3.000 empresas hayan cambiado su sede social y un millar largo la fiscal. Cuando empiece la deslocalización y con ella la pérdida de puestos de trabajo, entonces todos lo lamentaremos, pero la culpa será de aquellos que generaron inseguridad política y jurídica, aunque acabaremos pagando los de siempre: trabajadores, clases medias y populares.
Con este panorama de fondo, tuvo lugar la semana pasada la marcha amarilla. Unos 250 autocares, una quincena de vuelos chárteres y un sinfín de coches particulares se desplazaron la semana pasada a Bruselas, aprovechando la fiesta de la Constitución y el puente de la Inmaculada, para manifestarse, entre otras cosas, en contra de esa misma Constitución, que paradoja, ¿no?
Según la policía belga, unas 45.000 personas asistieron al evento, Datos que, por cierto, empiezan a ponerse en tela de juicio. En cualquier caso, mucha gente, sin duda. Eso demuestra que el soberanismo está movilizado y no se para en barras.
Desde luego, cada cual es muy libre de manifestarse como y donde quiera. No obstante, todo tiene un límite y los excesos verbales, diatribas y exabruptos que día sí, día también, lanzan contra el sistema de convivencia del que libremente nos hemos dotado, no es tolerable.
Basta con escuchar con un mínimo de atención las intervenciones que llevaron a cabo los exdirigentes fugados y las de los bufones que les fueron a visitar para constatar los desvaríos de esos personajes.
Ahora bien, quien se lleva la palma en todas las declaraciones e intervenciones es el president cesado, Carles Puigdemont. Hace unos días tuvo la ocurrencia de proponer un referéndum para saber si los catalanes querían salir de Europa, porque la UE era un “club de Estados decadentes” había dicho con anterioridad.
Por otra parte, en la intervención que hizo ante los manifestantes dijo que “aquella manifestación independentista era la mejor cara de Europa.” Me parece que ante tales expresiones no hacen falta explicaciones, se explican por si solas.
Ante este cúmulo de despropósitos, me inclino a pensar que es muy posible que el frío del corazón de Europa haya afectado las meninges de Puigdemont y sus escuderos. De todos modos, cuando estaban aquí, en pleno ejercicio de sus responsabilidades, ya dieron señales de algún tipo de inestabilidad. ¿De qué otra forma si no, se pueden entender las acciones que llevaron a cabo en el Parlament los días 6 y 7 de septiembre y la convocatoria del 1 de octubre?
Además, no deja de ser curioso que, mientras Puigdemont se las de demócrata, apela al derecho a decidir, a la libertad de expresión y un puñado de bagatelas más, concede entrevistas y hace declaraciones en sesión continua a medios de comunicación extranjeros y, por descontado, catalanes, les niega hasta el saludo a los españoles.
Y mientras todo esto sucede, aquí estamos en plena campaña electoral, pero ni el paro, ni la corrupción, ni la sanidad, ni la enseñanza, por no hablar de infraestructuras o de inversiones, están entrando en el debate. Son cuestiones que no parecen importarle a nadie, y menos que a nadie a los secesionistas, para ellos todo se reduce al mono tema del procés.
En mi opinión, el problema de fondo de esta lamentable situación es la obcecación que padecen los soberanistas. Una obcecación, que es familia directa del fanatismo, y así mal se pueden solventar las cosas.
En estas circunstancias, vayámonos preparando para el 22 D. Ese día, o se empiezan a buscar soluciones de verdad, o el problema, más pronto que tarde, llegará a un punto imposible de solucionar.


Bernardo Fernández

Publicado en e-notícies 11/12/17

07 de desembre 2017

TV3, "LA NOSTRA"?

TV3 es la televisión autonómica con más audiencia de España. Sus informativos son los más seguidos de Cataluña. No obstante, el modelo, que se puso en marcha en 1983, hace tiempo que está emitiendo señales de agotamiento.
Los motivos son varios, pero se podrían sintetizar en tres vertientes: la politización crónica, la caída de los ingresos publicitarios más los recortes de presupuesto y el alejamiento de diversos segmentos de público por el sesgo político de la información y/o los formatos fosilizados.
El presupuesto más alto alcanzó la cifra de 450 millones de euros, sin embargo, el del último año se ha quedado en 307.
La plantilla se ha reducido casi un 16%. Pese a ello, la masa salarial supone el 53% del gasto.
En cambio, el último presupuesto para contratación externa ha sido   de 28,5 millones de euros, el 46% de lo invertido en ese concepto en 2010. Una cifra muy pequeña si se compara con otras casi mastodónticas que se manejan en la cadena.
Con estos datos sobre la mesa es poco cuestionable que el modelo debe revisarse. Seguir así es sencillamente inviable.
De todos modos, desde el 1 de octubre los informativos han ganado una audiencia de casi un 40%, el motivo es claro: los acontecimientos que el procés ha generado.
Por otra parte, el reparto de cargos entre CiU (ahora PDCAT) y ERC, tanto para TV3 como para Catalunya Radio, es una evidencia. Por todo ello, la dependencia del Govern es total y eso convierte a la televisión pública catalana en un apéndice del ejecutivo de la Generalitat.
Esa dependencia hace que las críticas se basen en la parcialidad de la información, el tono utilizado y la carencia de autocrítica respecto al procés independentista y a los partidos que lo promueven.
Hasta el momento TV3, no tan solo es una televisión con un claro sesgo partidista, sino que está al servicio de una causa. De hecho, toda la programación, además de los informativos, está tamizada por el proyecto de secesión, donde unos (los de aquí) defienden de forma democrática una causa noble y justa, mientras que los otros (los de allí) utilizan la razón de la fuerza para cercenar el sueño de libertad de todo un pueblo.
Se ha llegado a tal punto de radicalización que se han suspendido programas, como fue el caso del programa satírico Polonia cuando se encarceló a parte de ex miembros del Govern. También se han llevado a cabo programas especiales tomando como excusa los más variopintos motivos secesionistas. Todo vale para enaltecer la causa de esa hipotética libertad. Por no hablar de las tertulias en las que a los participantes sólo les falta llevar el carné del partido colgado del cuello a modo de documento identificativo. No es casualidad, tampoco, que la Junta Electoral haya prohibido hablar de los miembros del Govern cesado como si fueran integrantes de un ejecutivo en activo.
La penúltima información sonrojante (la última siempre está por llegar) es la que se está dando estos días, a raíz de la no excarcelación de los Jordis, Junqueras i Forn. Parece que estos personajes sean unos santos varones que no han roto nunca un plato, más inocentes y cándidos que un bebé en la cuna.
Pues bien, ahora, con la campaña electoral en marcha, TV3 se la juega. Se la juega porque después de estos comicios, si se produce un cambio de gobierno, acabará habiendo, también, un cambio en la orientación de los medios de comunicación públicos que dependen del Govern.
Según García Albiol, líder del PP catalán: “los medios públicos han convertido en una institución favor de la agitación institucional”. Algo similar se ha dicho desde Ciudadanos y Miguel Iceta, desde el PSC, ha apuntado que hay que priorizar cuestiones como la sanidad y la educación y dotar a los medios públicos de comunicación de unos presupuestos acordes con nuestras posibilidades y la realidad que estamos viviendo.
Visto lo visto, tengo la sensación de que TV3, la “Nostra”, como la conocemos ahora tiene los días contados.

Bernardo Fernández

Publicado en El Catalán 07/12/17

06 de desembre 2017

VENCER Y CONVENCER

Buena parte de las encuestas y estudios que se han publicado hasta la fecha, sobre las elecciones del próximo 21 D, apuntan un empate técnico entre soberanistas y constitucionalistas. Llegados a ese punto podrían ser los comunes, que según parece están perdiendo empuje, los que acabaran decantando la balanza.
Desde luego, todos los pronósticos hasta el momento dan como ganador a ERC, si bien en los últimos días el proyecto de Puigdemont, por razones bastante difíciles de explicar con un razonamiento lógico, pero que tienen mucho que ver con los sentimientos, está subiendo con fuerza. Además, en la otra orilla, tanto Ciudadanos como el PSC han arrancado con mucha energía. El discurso netamente liberal de Arrimadas, por una parte y la decisión de Iceta, por otra, de incluir en su lista demócrata cristianos, sindicalistas y comunistas, parece que están causando el efecto deseado en los segmentos de votantes a los que van dirigidos, que son: ciudadanos que, catalanes o no, se sienten españoles, el partido de color naranja. Catalanistas moderados y gente de progreso, en general, los socialistas.
Todo esto, está generando una situación de cierto nerviosismo en el cuartel general de los republicanos; de manera especial, ese resurgir, aunque de momento tímido, del expresident fugitivo. Pues, aunque en principio la victoria no esté en cuestión, los márgenes se acortan, y ya se sabe que en una campaña electoral puede ocurrir cualquier cosa y después ya no hay remedio.
Quizás por eso, los de Junqueras han decidido hacer un recuento de votación paralelo el 21 D, para evitar un posible “pucherazo”, han apuntado. Dicen que cuentan ya con unos 14.000 apoderados, muchos ajenos al partido, que se han inscrito para este fin. Es la táctica de siempre, en eso no han cambiado: emponzoñarlo todo por si acaso. Ellos son los puros y limpios, los otros, por lo menos, sospechosos de choriceo. Ya se sabe: piensa el ladrón que todos son de su condición.
De todos modos, que nadie dude que si los independentistas suman formarán gobierno. Por eso, si esa circunstancia no se da y los constitucionalistas pueden gobernar, hay que hacer lo que sea, cueste lo que cueste y dejarse de remilgos.
Las fórmulas para gobernar son variadas y hay donde escoger. Se puede ir, desde un gobierno de concentración a uno de coalición o un ejecutivo en minoría que utilice la geometría variable para sacar adelante las cuestiones legislativas en el parlamento. Por eso, sería conveniente que los que están por devolver el sentido común a la política catalana utilizasen la inteligencia en las fechas que se avecinan y no se cierren puertas por lo que pueda venir.
El 21 D ha de volver a imponerse la razón y el “seny”. Se trata de vencer primero en las urnas y después demostrar y convencer a los ciudadanos que los gobernantes están para resolver problemas y no para crearlos, que es lo que ha sucedido en Cataluña en los últimos cinco años.
Tenemos la oportunidad histórica de derrotar democráticamente al fanatismo nacionalista y echar a sus adalides a la papelera de la historia. pero esta vez de verdad y para siempre,
De nosotros depende.

Bernardo Fernández
Publicado en e-notícies 05/12/17


29 de novembre 2017

DEL CONCIERTO AL "CUPONAZO"

El pasado jueves, el pleno del Congreso aprobó la actualización del Concierto Económico y el Cupo del País Vasco. Esa actualización generó fuertes discrepancias internas en el PP y, también, en el PSOE.  En contra votaron Ciudadanos y Compromís.
De hecho, esta es la vaselina que ha tenido que untar el Gobierno central para que los presupuestos de 2018 puedan iniciar su tramitación. Ahora bien, dicho corto y raso: esa iniciativa genera desigualdad en la prestación de servicios entre el País Vasco y el resto de España.
Como dice un veterano economista, experto en las relaciones financieras entre Euskadi y el resto del Estado: “el Cupo es un agujero negro. Primero se pone la cantidad y luego se construye el modelo.” Además, la manera de hacer el cálculo para llegar a esa compensación nunca ha sido un modelo de transparencia. Se utiliza la bilateralidad y la opacidad.
El sistema de financiación foral es una excepción en el panorama de financiación internacional. Ni siquiera en los países federales más descentralizados el Gobierno central renuncia a su poder fiscal en beneficio de alguna de sus regiones, Estados o Länders. Cosa que si ocurre en España con el País Vasco y Navarra.
El cupo, no es otra cosa que la cantidad que Euskadi paga al Estado por las competencias no transferidas; es decir, embajadas, defensa o instituciones penitenciarias. En esencia, la actualización consiste en que el País Vasco pagará al Estado, desde ahora hasta 2021, 225 millones de euros menos de lo que se había previsto. A su vez, el Estado retronará a Euskadi 1.400 millones por retrasos acumulados.
Sin entrar en valoraciones de ningún tipo, el hecho cierto es que en el País Vasco el gasto público por habitante es un 20% superior al resto de la media de las comunidades autónomas. O, dicho de otro modo: mientras en el conjunto del Estado el gasto por persona, en servicios públicos, apenas alcanza los 2.000 euros/año, en Euskadi supera los 4.200. Después algunos se llenan la boca hablando de redistribución de la riqueza y justicia social.
La mayoría de expertos consultados opina que el Cupo es demasiado bajo y eso hace que Euskadi esté sobre financiada en comparación con otras comunidades. No se cuestiona el Concierto económico que está reconocido en la Constitución. Si en 1978 se aceptó esta asimetría, fue porque la situación de aquel momento era la que era y, además, había otras urgencias que atender, aceptémoslo. Ahora bien, lo que es más que cuestionable es el cupo.  Y lo es porque, mediante ese método, las haciendas forales realizan una presión fiscal algo inferior al conjunto de sus contribuyentes, ya sean personas físicas o empresas (de ahí las polémicas “vacaciones fiscales”).
A mi modo de ver, resulta poco convincente el argumento según el cual el Concierto es un sistema de riesgo y que la solución pasa -según algunos políticos- por financiar mejor al resto de las comunidades. Aquí la pregunta sería de Perogrullo, ¿Hay dinero en España para eso?
En realidad, la crítica no es tanto para el PNV o sus compañeros de viaje, que al fin y al cabo defienden lo suyo, sino para el Gobierno de Mariano Rajoy. Es un insulto a la inteligencia del conjunto de los ciudadanos que por un puñado de votos en el Congreso sea tan generoso con unos y tan rácano con el resto. Además, tiene abandonada, desde 2014, la necesaria reforma de la financiación autonómica. No olvidemos que hay comunidades totalmente asfixiadas, en términos económicos, por prestar servicios que el Ejecutivo central no da. Es el caso de Valencia, Extremadura o Andalucía entre otras.
Claro que de esa forma Rajoy se garantiza la tranquilidad parlamentaria y tirará adelante los presupuestos, aunque sea a costa despreciar al conjunto de comunidades autónomas. Por su parte los socialistas que gobiernan con el PNV en Euskadi, encantados de la vida.
Ahora que alguien explique a los nacionalistas catalanes, y que les haga entender, que Cataluña nunca tendrá Concierto económico, entre otras cosas, porque mientras el PIB del País Vasco es de 6,7% del conjunto del Estado el de aquí es del 19%. Yo me siento incapaz.

Bernardo Fernández

Publicado en El Catalán 28/11/17

27 de novembre 2017

BARCELONA EN DECLIVE

Tras ganar, en 1979, las primeras elecciones municipales de la democracia reinstaurada en España, Narcís Serra se convirtió en el alcalde de Barcelona. Llegó al Ayuntamiento acompañado entre otros de Oriol Bohigas, quien a la postre sería uno de los artífices de lo que después se denominó el modelo Barcelona. Un modelo que, por cierto, más tarde han seguido diversas ciudades del planeta.
Al entrar en el consistorio, lo primero que encontraron los nuevos mandatarios fue la caja vacía y, a continuación, un enorme déficit en todas las prestaciones que debía dar el ayuntamiento.
De todos modos, la carencia más acusada y la de mayor envergadura eran las infraestructuras. En ese contexto, se decidió tirar adelante a partir de tres ejes vertebradores, que fueron: la iniciativa pública, la cooperación con el sector privado y la movilización ciudadana.
Después, en la década de los ochenta y con Pasqual Maragall al frente, se diseñaron y se materializaron casi un centenar de espacios públicos repartidos por los distritos de la ciudad. Con esas acciones se lograba una cierta redistribución de recursos y una relativa equidad territorial. Además, se empezaron a configurar las áreas olímpicas y, sobre todo, se diseñó la obertura al mar.
En esa época llegó la nominación de Barcelona como sede de los Juegos Olímpicos del 92. Entonces, a la ciudad se le rompieron las costuras. “la cita servirá para acabar todo aquello que las grandes exposiciones de 1988 y 1929 habían dejado a medio hacer, como Poblenou o Montjuic.” Dejó por escrito en 1990, el alcalde Maragall. Pocas veces se ha visto tanta sintonía entre una sociedad y un proyecto institucional como se vio en la organización y realización de las olimpiadas del 92 en Barcelona. Fue un tiempo en el que se sentía un sano orgullo de ser barcelonés.
Tras los juegos, la ciudad no dejó de crecer se colocó internacionalmente y se convirtió en un polo de atracción de primera magnitud. Después, hubo vaivenes y llegó la crisis; sin embargo, Barcelona aguantó mucho mejor que otras ciudades, basta con echar un vistazo a los números y al endeudamiento de otras metrópolis para corroborar esta afirmación.
No obstante, la ciudadanía en 2011 decidió que más de 30 años gobernando siempre los mismos era demasiado y cambiaron de enseña. Así llegó Xavier Trias a ser alcalde. Y así llevó a cabo un mandato light (sin chicha ni limoná que diría un castizo), por eso a los cuatro años los ciudadanos optaron por la nueva promesa: Ada Colau, que, en los poco más de dos años que lleva al frente del ayuntamiento, ha puesto de manifiesto de forma reiterada sus escasas capacidades para desempeñar las tareas que le son propias.
De hecho, los problemas con el turismo y la vivienda fueron dos factores determinantes que catapultaron a Colau a la alcaldía. En efecto, tan sólo 17.000 votos separaron a Barcelona en Comú, partido de la alcaldesa, de CiU, pero los suficientes para obtener 11 concejales de un total de 41 y lanzarse a la aventura de gobernar en minoría. Sin embargo, y ante lo precario de la situación, transcurrido un año optaron por llegar a un acuerdo con el PSC, para codirigir la ciudad.
Ciertamente, y pese a ser un matrimonio de conveniencia (cosa muy habitual en política), el pacto dio buenos resultados puesto que proporcionó estabilidad al gobierno municipal, descargó de trabajo al equipo de la alcaldesa y produjo una aproximación muy necesaria tanto al mundo económico como al de la cultura. Pero el apoyo de los socialistas al artículo 155 de la Constitución para intervenir al Generalitat ha hecho que éstos sean expulsados del gobierno municipal.
No en vano, semanas atrás Josep Borrel llamó a la alcaldesa “la reina de la ambigüedad” y no le faltaba razón al exministro porque Colau había dicho que estaba en contra de la DUI, pero también del 155. De la misma manera que dijo que fue a votar el 1 de octubre y votó en blanco. Sin comentarios.
Sea como sea, el caso es que Colau vuelve a gobernar en solitario, con lo que eso significa, y los temas estrella: turismo y vivienda siguen encima de la mesa, y todo pinta que sin solución. Tanto es así, que incluso la Plataforma de Afectados por la Hipoteca, asociación que creo la propia Ada Colau y que es donde ella se ha forjado políticamente, ha criticado abiertamente la gestión que desde el ayuntamiento se hace con toda la problemática de los alquileres de las viviendas.
Por si todo esto fuera poco, sólo ha faltado que, la codiciada Agencia Europea del Medicamento, se haya decidido finalmente establecer en Ámsterdam. Se esfuman, de ese modo, más de 900 altos funcionarios y un negocio redondo a su alrededor.
Sin duda alguna, la inestabilidad política, la inseguridad jurídica, sumadas a la errática e ineficaz política municipal han jugado un papel determinante a la hora de decidir la ubicación de la sede de la mencionada Agencia.
Seamos sinceros, Barcelona, inducida por la ineficacia de la gestión y la incapacidad política, ha iniciado un declive tan difícil de parar como de cuantificar, pero a la vez incuestionable. Dependerá, y mucho, de la evolución de los acontecimientos en los próximos tiempos, la valoración de la ciudad en el mundo.
Una cosa más que podemos colgar en el haber de los independentistas y su maldito porcés. Luego dirán que somos unos desagradecidos, pero por favor: dejen de dar la matraca y vuelvan a la realidad. Sus desvaríos nos perjudican a todos.

Bernardo Fernández
Publicado en e-notícies 27/11/17


20 de novembre 2017

CARTA ABIERTA A UN INDEPE

Apreciado Fulano de tal:
Cientos de miles de personas -entre los que me incluyo-, durante más de cinco años, hemos sido asediados con falsedades, barbaridades e insensateces políticas, con total impunidad, por parte del Govern de la Generalitat y sus satélites (léase aquí partidos políticos independentistas, ANC, Omnium, medios de comunicación públicos, medios de comunicación privados subvencionados con generosidad y un largo etcétera).
Por eso comprenderás que tengo muchas cosas que decirte y te las quiero decir todas sin dejarme ni una. En consecuencia, no debería extrañarte que ésta sea la primera misiva, de una serie que te iré haciendo llegar, para ir poniendo los puntos sobre las íes, ante la gran estafa política que los tuyos y tú (ya sea por acción, ya sea por omisión) habéis llevado a cabo en este último lustro.
Dadas las circunstancias supongo que debes estar bastante atribulado con la que está cayendo. Pues bien, simplemente te diré que no desesperes, esto no ha hecho más que empezar.
Como tú no ignoras esta implosión del procés hacía tiempo que se veía venir. Todo se precipitó con la declaración unilateral de independencia (DUI) del 27 de octubre que, perdóname la frivolidad, pareció un coito interruptus. Después, la puesta en marcha del artículo 155 de la Constitución acabó con toda la parafernalia que tan minuciosamente y durante tanto tiempo se había preparado desde Palau.” El mundo nos mira”, decíais, ¿te acuerdas verdad? “El mundo pasa olímpicamente”, pensábamos muchos. El tiempo ha acabado dándonos la razón.
Pero volvamos al tema: a las pocas horas de la DUI, la mitad del Govern ya cesado y su expresident a la cabeza huían como una vulgar banda de forajidos a buscar la protección de la UE, asentándose en Bruselas. Desde ese momento, el goteo de renuncias y deserciones ha sido una constante, pero el mal ya está hecho. Por eso, necesitamos explicaciones. Queremos saber quien o quienes fueron los iluminados que juraban y perjuraban que tras la independencia Cataluña seguiría dentro de la UE. En ese contexto, sería deseable que se pidieran disculpas a gente tan normal como Isabel Coixet, Joan Manuel Serrat y tantos otros, que por decir algo tan sencillo como   que no estaban por el procés, se les puso a caer de un burro y se les trató de botiflers y no sé cuántas cosas más.
Ahora la práctica totalidad de líderes secesionistas han salido en tropel a decir que se equivocaron y que no había una mayoría social suficiente para tirar adelante. Pues hay que ser bastante corto intelectualmente, porque desde el 27 S del 201, se sabe que el separatismo no es mayoritario en Cataluña. Mientras, otros dirigentes como Toni Comín, hablan abiertamente de que se engañó a la ciudadanía y, aunque parezca mentira, no se les cae la cara de vergüenza, debe ser porque no tienen.
Por si todo eso fuera poco, el efecto secesión ha hecho que, hasta la presente, unas 2.500 empresas han llevado su sede social a otras comunidades autónomas y lo que es peor: casi un millar han hecho lo propio con el domicilio fiscal. La consecuencia es clara: menos ingresos para las arcas catalanas. Por no hablar del descenso del turismo o el parón en la venta de coches.
Además, durante todo el tiempo que ha durado el procés nos habéis intentado chantajear emocionalmente con la falacia del derecho a decidir, lo democrático es votar, solo los demócratas son independentistas y otras perlas por el estilo. Eso sí, sin profundizar más en el tema, para no quedaros sin argumentos.
Pues bien, déjame que te clarifique un poco la cuestión:  Seguramente se puede ser independentista y demócrata, pero también se puede ser demócrata y no independentista; como se puede ser no demócrata e independentista y, desde luego, ni independentista ni demócrata. Sin embargo, lo que no se puede ser es: independentista y de izquierdas, porque la izquierda es por definición internacionalista y solidaria y esos dos principios no los tendrán nunca ni los nacionalistas ni los independentistas.
Bueno, indepe desconocido: ni a ti ni a nadie el reprocho que sea independentista, os reprocho la mentira y la zafiedad que para vosotros se han convertido en hábitos. Espero que tarde o temprano veas la luz y comprendas que lo vuestro es un sin sentido que no lleva a ninguna parte, pero ten presente que habéis hecho mucho daño.
No quiero venganza. Exijo justicia y los que se han saltado la ley, los que creían que estaban por encima del bien y del mal que comparezcan ante los tribunales, sean juzgados y paguen por lo que han hecho.
Me parece que por hoy ya tienes bastante. En fechas próximas te contaré, según mi punto de vista, como hemos llegado hasta aquí. Es decir, que si la guerra de Sucesión (no de secesión), que si la opresión del Estado en los últimos 300 años, el España nos roba y otras mandangas más.
Tiempo habrá para todo ello.
Atentamente.

Bernardo Fernández
Publicado en e-notícies 20/11/17




13 de novembre 2017

EL CATALÁN ERRANTE

Cuenta la leyenda, conocida en todo el mundo, que “el holandés errante” es un barco que no pudo volver a puerto, condenado a vagar para siempre por los océanos del mundo. El velero es siempre oteado en la distancia, a veces resplandeciendo con una luz fantasmal. Si otro barco lo saluda, su tripulación tratará de hacer llegar sus mensajes a tierra, a personas muertas siglos atrás.
Me ha parecido oportuno traer a colación esta fábula porque el papel que intenta jugar el cesado, como presidente de la Generalitat, Carles Puigdemont tiene ciertas similitudes con la narración holandesa.
El expresident de la Generalitat inició su hégira particular, tras la puesta en marcha, por parte del Gobierno central, del artículo 155 de la Constitución.
Primero colgó una foto en las redes sociales, insinuando que estaba en el Palau de la Generalitat, cuando en realidad, acompañado de una parte de los exconsejeros viajaba en coche hasta Marsella, para desde allí coger un avión a Bruselas. Todo de lo más normal.
Una vez allí, se ha dedicado a montar su estrategia de defensa, y lo ha hecho en dos frentes: el jurídico y el político.
Para calentar el ambiente, no ha dudado en mentir descaradamente y faltar el respeto al conjunto de la ciudadanía española, con afirmaciones tales como que en España la democracia es de baja calidad, que vivimos en un Estado autoritario, que lo hecho en Cataluña por el Gobierno central ha sido un golpe de estado y otras bagatelas por el estilo.
En el terreno jurídico, desde el primer día de su llegada a Bruselas empezó a maniobrar para postergar cuanto sea posible ser entregado a las autoridades españolas, aprovechando las especificidades legales belgas.
Después, cuando el regreso sea inevitable, con toda seguridad planteará un recurso ante el Tribunal Europeo de Derechos Humanos.
Todo ello, con dos objetivos perfectamente definidos: Extender la idea de que en España se vulneran los derechos humanos, por una parte y, por otra, estar fuera del alcance de la justicia española, tanto tiempo como sea posible.
En el ámbito político, Puigdemont necesita, como los campos el agua de mayo, qué en las elecciones del 21 D, que serán unos comicios con una fortísima carga emocional, unos muy buenos resultados para lograr que Europa observe a Cataluña de otra manera y poder relanzar, así, el proyecto independentista, con el objetivo de que el Gobierno central, hinque la rodilla en el suelo y acepte un referéndum de secesión.
Hasta el momento, el apoyo a España por parte de todos los miembros de la UE, sin excepciones, ha sido monolítico. Ahora bien, no conviene descuidarse, no vaya a ser que surja algún iluminado que oiga cantos de sirena y los confunda con música celestial.
Estos días el expresident anda empeñado en elaborar una lista electoral de “país”, a partir de una plataforma de electores o algún invento similar. Sin embargo, tanto ERC como la CUP ya le han dado calabazas. Los primeros presienten que ganaran las próximas elecciones autonómicas, al menos así lo indican los sondeos hechos hasta el momento. Por su parte, los antisistema tendrían muy difícil dar una explicación coherente a compartir cartel con los adalides de los recortes y sus sucesores por más “indepes” que digan ser.
La verdad es que a la gente del PDCAT (Convergencia 2.0) les han empezado a temblar las piernas al ver el sesgo de todas las encuestas que se van publicando. De ahí, que busquen, aunque sea un clavo ardiendo, donde agarrarse para no caer por el precipicio político y quedar reducidos a la marginalidad.
Ante estas nefastas perspectivas, esperemos que a Carles Puigdemont no le suceda como al barco de la leyenda a la que me he referido al inicio de este escrito. Por más necedades que haya cometido nadie se merece estar vagando eternamente en la inmensidad del espacio. Debe ser muy aburrido. Además, seguro que hace mucho frío por ahí fuera, sin el calor de los suyos. Por eso, hemos de esperar que vuelva, aunque sea en Navidad. Ahora bien, que pase primero por la Audiencia o el Tribunal Supremo que le explicarán de que va la Constitución, el Estatuto, el Estado de derecho y otros detalles que parece desconocer.

Bernardo Fernández

Publicado en e-notícies 13/11/17

06 de novembre 2017

ASÍ NO

Desde hace cinco años, en Cataluña estamos viviendo un auténtico despropósito político. De hecho, todo comenzó en 2012, cuando Artur Mas, ante la negativa de Mariano Rajoy de conceder a Cataluña un sistema de financiación equiparable al Concierto económico que disfrutan Euskadi o Navarra, decidió echarse en brazos del independentismo. En mi opinión, más por despecho que por convicción.
Sea como sea, el caso es que aquello que empezó como una pataleta de niño mal criado, ha acabado por convertirse en un serio problema de Estado que, además, está afectando el sistema neurológico de la UE.
Y eso es así porque tanto el Gobierno de la Generalitat, como el Ejecutivo central han renunciado a la política para buscar soluciones al problema, y mientras unos lo han fiado todo a la épica, los otros lo han dejado todo en manos de los tribunales de justicia. Eso ha hecho que se ponga de manifiesto la impericia del Govern y la cerrazón del Gobierno central para manejar un tema de esta envergadura.
Así las cosas, que el artículo 155 de la Constitución era necesario aplicarlo tras la declaración unilateral de independencia, sólo pueden negarlo los muy radicales.
En estas circunstancias, hay que admitir, que el Gobierno central actuó de manera adecuada convocando elecciones autonómicas con toda la celeridad que la legislación se lo permitía, desmontando, de ese modo, buena parte del argumento victimista de los secesionistas.
Con este panorama de fondo, era incuestionable que la justicia debía actuar y ha actuado como un poder independiente en un Estado de derecho. Y eso, debería estar fuera de toda duda para que aquellos que se autocalifican demócratas.
Pues bien, después de estos argumentos y otros muchos que no menciono para no hacer este artículo interminable, queda claro que el secesionismo está perdiendo relato y épica. Sin embargo, la decisión de la juez Carmen Lamela de enviar a prisión a una parte de los miembros del ejecutivo catalán cesado, ha servido para reavivar un independentismo que estaba viviendo sus peores momentos desde hace muchos años.
Dicen que las decisiones judiciales se acatan y no se cuestionan. No seré yo quien contradiga ese principio. No obstante, como ciudadano de un Estado de derecho y social no me voy a privar de aprovechar esta magnífica ventana que es e-notícies y dar mi parecer sobre la iniciativa de la juez Lamela antes mencionada.
Como todos sabemos, la juez ha enviado a prisión sin fianza a una buena parte de los exconsejeros del gobierno cesado. Según el auto los motivos fundamentales son: la posibilidad de eliminar pruebas y el riesgo de fuga.
Vamos a ver: estos personajes pueden ser muchas cosas, pero ineptos y tontos, seguro que no. En el supuesto de que, en algún momento, tuvieran en su poder alguna prueba inculpatoria, ¿alguien cree que no la hubieron destruido ya? Y si por alguna extraña razón aún obrara en su poder, ¿acaso no tiene familia y/o colaboradores cercanos para deshacerse de semejante material?
Por lo que respecta al supuesto de fuga: si alguna de ellos cometiera la insensatez de abandonar el país sin la correspondiente autorización judicial, ¿a quien iba a perjudicar? ¿Se teme que desde otro país puedan organizar algún tipo de movimiento que pudiera afectar la integridad de España?
¿No hubiera sido preferible dictar medidas cautelares como, por ejemplo, una elevada fianza, una retirada del pasaporte y/o medidas de control policial? De haber procedido de esa forma, no se hubiera alimentado el victimismo independentista y estarían perfectamente controlados.
En cualquier caso, a lo hecho pecho. La Audiencia Nacional y el Tribunal Supremo deben hacer su trabajo, seguir con los procedimientos iniciados y abrir otros si se considera que ha lugar a ello. Y deben hacerlo sin interferencias de ningún tipo, pero también teniendo en cuenta que vivimos en un mundo interconectado y que la justicia no puede ser ajena ni puede dar la espalda a la sociedad a la que pertenece y en la que actúa.
Señora Carmen Lamela, con todo el respeto: Así no.

Bernardo Fernández

Publicado en e-notícies 06/11/17

30 d’octubre 2017

REPETIR LA HISTORIA

A juzgar por los acontecimientos, en Cataluña tenemos una cierta tendencia a llevar a cabo grandes epopeyas en el mes de octubre que, acertadas o no, quedan en la historia de nuestro país.
Así, por ejemplo, en estos días se han cumplido cuarenta años del regreso del President Josep Tarradellas (fue el 23 de octubre de 1979). Con ese retorno, se hizo posible la recuperación de la Institución más emblemática: la Generalitat de Catalunya y del autogobierno.
La llegada de Tarradellas a la plaza de Sant Jaume fue una de las efemérides más celebradas de la Transición. En su salida al balcón de la Generalitat, acompañado de los líderes políticos del momento, el President pronunció una breve alocución iniciada con el famoso: “¡Ciutadans de Catalunya ja sóc aquí!”. Se cerraban así 38 años de exilio y empezaba la etapa más fructífera y plena de autogobierno de Cataluña de toda la historia.
También en este mes de octubre se han cumplido 83 años de “els fets d’octubre”. Como todo ustedes saben, a las ocho y diez minutos de la tarde del 6 de octubre de 1934, el President Lluís Companys apareció en el balcón de la Generalitat de Cataluña, acompañado por todo su gobierno, y proclamó el Estat Català dentro de la República Federal Española.
Tras una noche de forcejeos, escaramuzas, barricadas y disparos, que tuvieron como consecuencia 80 muertos, sobre las siete de la mañana del 7 de octubre las tropas leales al Gobierno central, mandadas por el general Batet entraron en el Palacio de la Generalidad y detuvieron, entre otros, a Companys y a su gobierno. Acto seguido, detuvieron también en el Ayuntamiento al alcalde Carles Pi i Sunyer y a los concejales de ERC que le seguían. Los apresados fueron trasladados al buque Uruguay, anclado en el puerto de Barcelona, reconvertido en prisión.
Las consecuencias del quebranto del orden establecido fueron nefastas. El gobierno de Lerroux desató una dura oleada represiva con la clausura de centros políticos y sindicales, la supresión de periódicos, la destitución de ayuntamientos y miles de detenidos, sin que se pudiera demostrar que hubieran tenido una actuación directa en los hechos, lo que evidenció una voluntad punitiva y arbitraria, con claros componentes de venganza. ​
La autonomía fue suspendida indefinidamente por una ley aprobada el 14 de diciembre a propuesta del Gobierno (la CEDA exigía la derogación del Estatuto) y la Generalidad de Cataluña fue sustituida por un Consejo de la Generalidad designado por el Gobierno. Meses después algunas de las competencias de la Generalidad le fueron devueltas, pero no las de Orden Público. ​
De no haber sido por la victoria del Frente Popular en febrero del 36 y el consiguiente cambio de gobierno, con toda probabilidad Companys y sus acólitos hubieran pasado muchos años entre rejas y las competencias de la Generalitat hubieran continuado bajo mínimos. Pero eso son, tan solo hipótesis. El hecho cierto es que, después, en julio del mismo año se produjo el alzamiento militar contra la legalidad Republicana que acabó desembocando en la Guerra Civil, pero esa es otra historia.
Dicen que los pueblos que olvidan su historia están condenados a repetirla. Pues bien, Carles Puigdemont o desconoce la historia de Cataluña (cosa que no creo) o ha querido repetirla (lo que es una irresponsabilidad supina), a sabiendas de que su entelequia es irrealizable. Después de tener a todo el mundo en vilo, mientras deshojaba la margarita para ver si convocaba elecciones o proclamaba la independencia, optó por la peor solución posible: proclamar la independencia (DUI). Cosa que hizo el 27 de octubre de 2017.
Como no podía ser de otro modo, el Gobierno central no tardó en poner marcha el artículo 155 de la Constitución y como consecuencia, cesó al Govern en pleno, disolvió el Parlament y convocó elecciones autonómicas para el 21 de diciembre, además de otras medidas complementarias.
Así pues, nos hemos quedado con una independencia virtual, porque quien tiene el poder es quien controla el flujo del dinero público, quien manda en los cuerpos de seguridad y aquellos que controlan puertos y aeropuertos, entre otros asuntos de no menos relevancia como pueden ser tener la firma en el DOG. Lo otro son bagatelas y coros de grillos cantando a la luna. Estos muchachos querían tener un Estado y nos han dejado (aunque sea temporalmente) sin autonomía.
La situación política, en Cataluña, es caótica, la fractura social evidente y la economía anda hecha unos zorros. Por si alguien alberga aún alguna duda, las cuatro asociaciones de jueces existentes en España han puesto de manifiesto que la única legalidad es la que emana de la Constitución
Con este panorama de fondo, lo que suceda en los próximos días será decisivo y hemos de esperar que ningún descerebrado de uno u otro bando cometa alguna barbaridad que tengamos que lamentar.
En estas circunstancias, es normal que los posicionamientos estén muy enconados. Esperemos que, poco a poco y de aquí al 21 D, la cosas se normalicen tanto como sea posible. Eso sería lo mejor para celebrar unas elecciones que nos traigan una nueva manera de hacer política. De no ser así, corremos el riesgo de volver a las andadas; aunque, ciertamente, siempre se pueden hacer las cosas mal, es bien cierto que, peor que ahora, parece imposible.
En cualquier caso, y a juzgar por los acontecimientos, resulta obvio que octubre es un mes propicio para las grandes gestas de los catalanes. Esperemos que diciembre sea un mes adecuado para recuperar el seny y, mediante las urnas, los ciudadanos de Cataluña pongamos a cada político en el lugar que le corresponde. Sería la mejor manera de poner nuestro grano de arena para tener, si no un feliz año, si al menos un tranquilo 2018. Nos lo merecemos.

Bernardo Fernández

Publicado en e-notícies 30/10/17

LA INMERSIÓN NO ES EL PROBLEMA

El catalán, al igual que otras muchas cosas, fue duramente reprimido por la dictadura franquista en sus casi cuarenta años de existencia...