13 d’octubre 2017

El blog de Bernardo Fernández: HACER DE LA NECESIDAD VIRTUD

El blog de Bernardo Fernández: HACER DE LA NECESIDAD VIRTUD: Vivimos tiempos difíciles para el socialismo europeo. Los gobiernos de izquierdas, a pesar de no ser los causantes de la crisis, son los qu...

ILUSIÓN, JÚBILO Y DECEPCIÓN

El presidente de la Generalitat de Cataluña, Carles Puigdemont, compareció, a petición propia, en el Parlament el pasado 10 de octubre. En la petición formal se decía que era para informar a la cámara del resultado del no referéndum del día uno.
Ciertamente, la convocatoria suscitó muchas expectativas entre los secesionistas y curiosidad en nuestro entorno sociopolítico. Prueba de ello, es que se colocaron pantallas gigantes en diversos lugares del país para que la ciudadanía pudiera seguir la intervención del máximo mandatario y las posteriores réplicas de los líderes de los grupos parlamentarios, y en el Parlament se acreditaron un millar largo de periodistas, dispuestos a narrar la evolución de los acontecimientos a sus respectivas parroquias.
Todo transcurría según el guion previsto, sin embargo, cuando llegó la hora de la verdad (en esta ocasión las seis de la tarde) desde presidencia pidieron aplazar el inicio del pleno. Algo no funcionaba. Ver la cara de los diputados independentistas era un poema. Ver la cara de sorpresa de los diputados no independentistas de la oposición, una novela de intriga. Los primeros nubarrones, amenazando tormenta, aparecían en el cielo, hasta entonces, impoluto del secesionismo catalán.
Según parece Puigdemont había pactado un texto para su intervención, con los antisistema de la CUP, pero a pocos minutos de su comparecencia, les pedía cambiar los términos y dejar en suspenso la independencia. El motivo: las fuertes presiones a las que se estaba viendo sometido el presidente para que no llevara a cabo una declaración unilateral de independencia (DUI).
Uno de los lugares emblemáticos de esta efeméride fue el Paseo de Lluís Companys, en Barcelona, que da acceso al parque de la Ciutadella, donde se encuentra la cámara catalana. Allí, unas 30.000 personas esperaban la DUI. El presidente empezó su discurso y la ilusión se masticaba en el ambiente, mediante un hábil y calculado juego de palabras, Carles Puigdemont declaró un estado catalán independiente en forma de república. Aquí muchos creyeron tocar el cielo con las manos, llegó el éxtasis y el júbilo era palpable. Sin embargo, dura poco la alegría en casa del pobre, y de manera inmediata el presidente pidió al Parlament que suspendiera la declaración de independencia para dialogar en las próximas semanas. En definitiva, la teórica independencia duró unos quince segundos. Lo que hasta entonces había sido ilusión y jubilo se convirtió en fracaso, frustración y decepción.
Con este panorama de fondo, considero que Mariano Rajoy, por una vez, y sin que sirva de precedente, ha actuado de modo correcto con el requerimiento para que Puigdemont aclare la situación y advierta con la posibilidad de utilizar el artículo 155 de la Constitución. No obstante, en mi opinión, hubiera sido un gran acierto poner, de manera simultánea, sobre la mesa un guion para el diálogo si el presidente de la Generalitat se avenía a olvidar sus aventuras independentistas y reingresar en el camino de la constitucionalidad.
En cualquier caso, ocurra lo que ocurra en las próximas semanas, ni pude ni debe haber mediación alguna. Mucho menos de la UE o actores extranjeros. Ni estamos ante un conflicto internacional ni aquí estamos en una guerra tribal. Esto es un asunto interno y en España hay un Estado de derecho. Lo que está en juego es la paz social y las libertades, que es lo mismo que decir que nos jugamos nuestro sistema democrático que se basa en la solidaridad y el respeto entre los ciudadanos. Por eso, hemos de rechazar de plano cualquier usurpación que quieran hacer de aquello que es común y de manera especial el grito de los antisistema cuando dicen que las calles serán siempre nuestras; es decir de ellos. Los que ya tenemos una edad aún recordamos espeluznados el grito de aquel redomado franquista que decía la calle es mía.
En estas circunstancias, la negociación es más necesaria que nunca, pero también más difícil. Me cuesta creer que, unos políticos que más pronto o más tarde, por pura justicia, han de ser inhabilitados y otro que no tiene ni visión de futuro ni cuajo para afrontar unas reformas imprescindibles para la viabilidad de España, sean los interlocutores adecuados para sacarnos del embollo en que unos y otros nos han metido.
Para evitar más decepciones se necesita savia nueva: gente preparada, dispuesta y con ganas. ¿Alguien sabe dónde están?


Bernardo Fernández

Publicado en e-notícies. com 13/10/17

02 d’octubre 2017

EL FRACASO DE LA POLÍTICA

Estoy convencido de que este mes de septiembre pasará a la historia como una de las épocas más negras de nuestra democracia. En mi opinión, la gravedad de los hechos ocurridos estos días atrás en Cataluña, es equiparable a los atentados de Atocha o al 23-F, porque en todos esos sucesos se ha puesto en riesgo nuestro sistema de convivencia.
Todo empezó a precipitarse con el golpe de mano que se llevó a cabo en el Parlament de Cataluña, los días 6 y 7 de septiembre, con la aprobación de la ley del referéndum y la de la transitoriedad jurídica, en contra del criterio de los letrados de la cámara y contraviniendo la opinión del Consell de Garantías Estatutarias. Ese día quedó derogado de facto el Estatuto, y la Constitución, en palabras del President, Carles Puigdemont, dejaba de regir en Cataluña.
En estas circunstancias, el Gobierno central, fiscales y jueces no podían hacer otra cosa que salvaguardar la legalidad. De ahí, la entrada en diversas consejerías -especialmente mediática fue la irrupción de la guardia civil en las dependencias de economía y la posterior detención de significados miembros del soto Govern.- Después vino el rosario de registros, incautación de sobres, papeletas, etcétera, por un lado, y por el otro, ocupación de espacios públicos, manifestaciones, acampadas frente al Tribunal Superior de Justicia de Cataluña (TSJC) y toda una demostración de músculo y desprecio manifiesto a la legalidad vigente.
Con este paisaje de fondo, ni unos ni otros fueron capaces de poner un poco de seny, echar el freno de mano y decir: “dialoguemos”. Todo lo contrario, mientras el ambiente se iba caldeando, unos y otros (el gobierno de aquí y el gobierno de allí), iban echando más leña al fuego. Y así llegamos al 1 de octubre. Punto culminante de todo un proceso de despropósitos y sin razón.
En ese aciago domingo hemos revivido situaciones que ya teníamos archivadas y que muchos pensábamos que nunca se repetirían. Así, por ejemplo, hemos visto cargas policiales, vecinos levantando barricadas, policías requisando urnas, guardias civiles recibidos, o despedidos, a pedradas, heridos por la actuación desproporcionada de las fuerzas de seguridad y todo un cúmulo de acciones desmedidas que jamás hubieran debido ocurrir en un país desarrollado en pleno siglo XXI.
La obcecación de unos y el inmovilismo de otros han sido el caldo de cultivo que ha hecho posible que llegásemos hasta aquí. Recomponer puentes en esto momentos se me antoja imposible. Tanto mariano Rajoy como Carles Puigdemont han demostrado que son incapaces de dialogar. Por consiguiente, lo lógico sería que Rajoy convocara elecciones y dimitiera y que Puigdemont dimitiera, pero antes, también, convocara elecciones. Aunque, bien es verdad, que la lógica y la política, con demasiada frecuencia acostumbran a ser incompatibles.
A poca sensatez que se tenga, los secesionistas saben que lo del 1-O, ha sido cualquier cosa menos un referéndum, pero eso sí, ha sido algo importante. La ciudadanía se ha movilizado, mucha gente ha salido a la calle, mucha gente ha querido votar, y ante eso, el ejecutivo central no puede seguir haciendo oídos sordos.
Como dice un viejo amigo: “fuera de la ley, no. Sólo con la ley tampoco”. En esta ocasión el fracaso de la política es manifiesto. Así las cosas, demos tiempo al tiempo, que nadie tome decisiones de las que después se tenga que arrepentir y por las que tengamos que apechugar todos con las consecuencias.
En estas circunstancias, lo más razonable sería echar un poco de agua al vino y dejar que el ambiente se calme. Entre todos hemos de reconducir esta situación, pero quien más puede hacerlo es quien más responsabilidad ostenta. Y si los que hay no se sienten capaces que dejen paso a otros que puedan salvarnos del naufragio seguro a que nos están conduciendo los incompetentes que nos gobiernan. Aquí y allí.

Bernardo Fernández

Publicado en e-notícies.com 02/10/17

26 de setembre 2017

MANDANGA CHACHI

El pasado mes de junio, en la separata de Cataluña de EL PAÍS salió publicado un magnífico artículo de Carles Geli, sobre la Barcelona canalla de los años 20 y 30 del siglo pasado. Entre otras cosas, nos habla de la Criolla y Cal Sagtsirtà, antros de perdición, donde el proletariado y otras clases más pudientes acudían a calmar las urgencias de la entrepierna. Tras un breve, pero interesante recorrido por tugurios y costumbres de la época, por el Portal de Santa Madrona y alrededores, con suma habilidad, el autor nos contrapone la misma zona de la ciudad, pero en la actualidad sórdida, decadente y muy triste.
Me ha parecido oportuno sacar ese artículo a colación porque creo que muchos independentistas pensaban que esto del procés y el viaje a Ítaca era como irse un sábado por la noche a dar un garbeo por la Barcelona canalla y solventar los asuntos de la sur del ombligo mientras los efluvios de Baco campan a sus anchas por el organismo.
No seré yo quien exonere a Mariano Rajoy y al PP de sus responsabilidades en todo este lamentable affaire de Cataluña. Las tiene y muchas. Ahora bien, quien se ha saltado la legalidad quien ha menospreciado a las minorías ha sido el Govern de la Generalitat.
De hecho, la cosa viene de lejos: tras las elecciones del 27-S de 2015, los secesionistas empezaron a tejer una subversión de la legalidad vigente. Los ciudadanos lo pudimos percibir los pasados días 6 y 7 de septiembre con el autogolpe que, sin ningún rubor, se dio en el Parlament de Catalunya con la aprobación de las leyes de desconexión.
De una tacada se saltaron la Constitución y se cepillaron el Estatut, pero de verdad, no utilizando la legalidad como hizo en su día la Comisión del Congreso de los Diputados presidida por Alfonso Guerra, sino a la brava. Los parlamentarios de la mayoría se pasaron por el arco del triunfo el artículo 222 de la mencionada norma, según el cual se requieren “dos terceras partes de los miembros de la Cámara” para llevar a cabo cualquier modificación o reforma.
De igual modo, y desoyendo a los letrados del Parlament y haciendo caso omiso de las indicaciones del Consell de Garantías Estatutarias aprobaron la ley del referéndum y la de transitoriedad jurídica sin tener en cuenta para nada a las bancadas de la oposición. Leyes que, como no podía ser de otra manera, fueron recurridas por el Gobierno Central y anuladas ipso facto por el Tribunal Constitucional (TC).
Según Hans Kelsen, prestigioso pensador jurídico y político de origen austriaco, “cuando el orden jurídico de una comunidad es anulado y sustituido en forma ilegítima por un nuevo orden” se produce un golpe de Estado.  Más claro agua.
Tampoco hay ninguna duda para Juan José López Burniol cuando dice que “ha sido un golpe de Estado porque lo hay siempre que se produce una subversión total del ordenamiento jurídico establecido con voluntad explicita de hacerse con el control absoluto del poder.”
En estas circunstancias, es posible que el Gobierno Central -que no el Estado, hablemos con propiedad- haya actuado con cierta desmesura. No obstante, cuando se trata de restituir la legalidad es muy difícil establecer cuáles son las líneas rojas que no se pueden pasar. Lo mismos argumentos se podrían utilizar respecto a la actuación judicial.
En este contexto, y aunque a ellos le suene a milonga decrépita, sería bueno recordar a los secesionistas que al amparo de la Constitución de 1978 hemos podido desarrollar un sistema de convivencia que nos ha generado una prosperidad sin precedentes. Que legitimidad y legalidad no son principio contrapuestos, sino todo lo contrario. Precisamente la democracia se fundamenta en la aplicación armónica de ambos. Y no hay que olvidar que, se admita o no, estamos viviendo el período histórico más largo de libertades públicas y de desconcentración territorial del poder político. Nuestro Estado de las autonomías es equiparable a cualquier Estado federal. A su vez, y como todo en esta vida, manifiestamente mejorable. Afanémonos en ello, pues.
Dice Carles Geli en el artículo al que hacía referencia al principio de este escrito, que en aquella Barcelona de gentes de mal vivir se podía comprar buena cocaína en Cal Sacristá a 12,50 pesetas los 100 gramos, que era conocida en el mundo del hampa por mandanga chachi. Estoy convencido que muchos independentistas piensan que eso de cargarse un Estado de derecho es como comprar un poco de mandanga chachi, algo intrascendente, y qué por cuatro chavos, uno puede pasar un buen rato.
Inocentes, no saben en el jardín que se han metido.


Bernardo Fernández
Publicado e-notícies.com 25/09/17


17 de setembre 2017

LO QUE NOS ESPERA

Sabíamos que podía ocurrir. No obstante, algunos ilusos -entre los que me incluyo- pensábamos que en algún momento el seny reaparecería en escena y se evitaría lo que ahora es un hecho: la fractura institucional y el menosprecio al 52% de los ciudadanos de Cataluña.
En efecto, el espectáculo que nos han ofrecido desde el Parlament, con la aprobación de la Ley del Referéndum y la de Transitoriedad Jurídica, ha sido, por decirlo suave, un insulto a la inteligencia y un atentado a la convivencia en nuestro país.
Como no podía ser de otra manera, estos días se ha escrito y hablado hasta la saciedad al respecto. Ciertamente, he leído artículos y oído comentarios brillantes sobre la cuestión; también auténticas butades que de todo hay en la viña del Señor. No insistiré. Eso sí, voy a exponer lo que, en mi opinión, a riesgo de equivocarme, va a suceder a corto y medio plazo en Cataluña.
Para empezar, la tensión ira en aumento en las próximas semanas. Querellas, registros, incautación de material presuntamente electoral, declaraciones, contradeclaraciones, alguna que otra escaramuza y ocupación de espacios públicos serán el pan nuestro de cada día.
Suceda lo que suceda, el 1 de octubre no habrá referéndum ni nada que se le parezca. Sin embargo, no hay que descartar que, en algún lugar, en alguna localidad, pongan urnas e intenten llevar a cabo un simulacro de votación. Es posible que se intente algún tipo de insurrección civil. Es decir, que pretendan ocupar determinados lugares más o menos neurálgicos como pueden ser Radio Nacional de España, El Banco de España o el aeropuerto del Prat, por poner algunos ejemplos. También se va convocar alguna que otra concentración y/o manifestación en favor de la libertad, el derecho a decidir, la democracia o vayan ustedes a adivinar las ocurrencias de mentes tan febriles como las de los independentistas. No son pocos los secesionistas que sueñan con un Maidán a la catalana. De todos modos, como dijo recientemente el célebre Santi Sisa, “cuando caigan las primeras hostias todos a comer a casa y a dormir pronto que mañana hay que abrir la tienda.”  Después, cuando esté el ambiente lo suficientemente caldeado convocaran nuevas elecciones, siempre y cuando queden políticos independentistas que no estén inhabilitados, no vaya a ser que se pierda el momio por falta de personal cualificado para proclamar: “Esta vez, sí. Ahora vamos a dar el paso definitivo”, o algo por el estilo.
No obstante, secesionistas y no secesionistas saben que con el actual estatus quo político Cataluña nunca será independiente. Ni la ONU reconocerá un Estado catalán, ni cuentan con ningún apoyo internacional digno de tal nombre, ni la UE admitirá nunca una región que para ser independiente vulnere la Constitución del país al que pertenece, como dejó meridianamente claro el presidente del Parlamento europeo en una respuesta, por escrito, a un diputado de la cámara.
Con ese panorama de fondo, más pronto o más tarde los secesionistas deberán aparcar sus entelequias, volver a la prosaica realidad y sentarse a negociar sin apriorismos. Claro que, para que eso ocurra, sería muy conveniente que Mariano Rajoy ya no sea inquilino de la Moncloa y el PP no gobierne en España. A los populares la intransigencia y la mano dura con Cataluña les proporcionan pingües réditos electorales, y mientras eso sea así, para ellos el debate, la negociación y el pacto estarán de más. De todos modos, en esta vida cada cual debe asumir sus responsabilidades y, desde luego, el PP con Rajoy a la cabeza tienen mucho que purgar por su aportación a todo este esperpéntico affaire catalán.
En cualquier caso, no deberíamos olvidar qué si un determinado partido político que se autocalifica de izquierda no hubiera sido tan radical, los secesionistas hubieran sido menos maximalistas y hubiesen aparcado algunos de sus planteamientos, hoy ni Rajoy ni el PP gobernarían. El PNV no hubiera logrado el pacto leonino que le arrancó a los populares, tendríamos un gobierno de centroizquierda y, con toda probabilidad, las cosas hubieran sucedido de otra manera, sin duda mejor, para la mayoría de ciudadanos; pero aquellos polvos trajeron estos lodos y ahora nos toca aguantar.
Y en estas circunstancias, mientras las cosas no cambien, los ciudadanos de Cataluña, independentistas o no, deberemos seguir soportando las colas de espera en la sanidad (de las más largas de España), que la educación para nuestros hijos sea totalmente insuficiente, porque tenemos uno de los presupuestos para enseñanza más bajos per cápita de todas las comunidades autónomas. Asimismo, muchos conciudadanos seguirán llegando tarde a sus destinos, cada dos por tres, porque el transporte público de nuestro país tiene más de desastre que de servicio; de manera especial los transportes de cercanías; a la vez, seguiremos pagando los peajes más caros de España… y un sinfín de penalidades más que no voy a enumerar para no hacerme insufriblemente pesado.
En definitiva, la situación es muy complicada y nos esperan tiempos difíciles. Se han abierto heridas muy profundas que tardarán en cicatrizar. De todos modos, saldremos de ésta. Hemos salido de otras similares e incluso peores. Para ello, se necesita seny, mucho seny.
Lo que necesitamos ahora son finos estilistas que zurzan los sietes que ha hecho el procés. Hacen falta en la plaza Sant Jaume y en el palacio de La Moncloa hombres de Estado que piensen en las próximas generaciones y no en las próximas elecciones y, en estos momentos, ni los de aquí ni los de allí están a la altura de las circunstancias.
Así las cosas, habrá que cambiarlos. No dan la talla. Y eso, depende de nosotros.

Bernardo Fernández

Publicado en e-notícies.com 13/09/17

05 de setembre 2017

QUEREMOS SABER

Debe quedar claro que los únicos responsables de los atentados perpetrados en Barcelona y Cambrils, el pasado 17 de agosto, son el descerebrado que conducía la furgoneta que arrolló a los confiados paseantes de Las Ramblas y los locos que estuvieron a punto de causar una masacre en el pueblo costero tarraconense. En el mismo nivel hay que situar a aquellos que les inflaron la cabeza y les impulsaron a la radicalización ideológica, y a esos individuos que, desde las sombras, les dieron la cobertura necesaria para llevar a cabo semejante barbarie.
En este contexto, y como no puede ser de otra manera, toda la solidaridad con las víctimas, familiares, allegados y aquellos que, de un modo u otro se vieron involucrados.  Al fin y al cabo, todos somos víctimas.
Igualmente, el soporte y reconocimiento incondicional para los agentes de los diferentes cuerpos de policía que actuaron poniendo en riesgo sus vidas, primero para ayudar y después para capturar y abatir a los criminales. También, el mismo soporte y reconocimiento a los equipos de emergencia, a los equipos sanitarios, a los taxistas y a un sinfín de ciudadanos anónimos que ayudaron cuanto pudieron a cambio de nada.
Dicho esto, que me parece de pura justicia y para centrar el tema, hay que poner de manifiesto que somos muchos los ciudadanos que albergamos serias dudas de las políticas de prevención llevadas a cabo antes de los atentados, la gestión de los mismos y la información que se ha dado sobre la cuestión, desde las altas esferas políticas.
Por ejemplo, sería bueno saber los contactos mantenidos entre la policía belga y los Mossos sobre el imán Es Satty, según parece impulsor y cerebro de la barbarie. Unos contactos que primero negó la dirección de la policía de la Generalitat, más tarde se calificaron de “informales” y últimamente han resultado ser “bilaterales.”
Por otra parte, sabemos que el chalet de la urbanización próxima a Alcanar era una casa okupada, allí se hallaron más de 100 bombonas de butano, 500 litros de acetona, material para fabricar explosivos, tornillería etcétera, sin embargo, nadie había detectado nada. Extraño, ¿no? Asimismo, a las pocas horas de los hechos El Periódico de Catalunya publicaba la noticia de que el 25 de mayo los Mossos habían recibido un aviso de una fuente de inteligencia de EEUU que alertaba de un posible atentado en Las Ramblas de Barcelona. De forma automática, tanto desde el Govern como desde la alta dirección de la policía catalana se negó en reiteradas ocasiones que ese aviso existiera. Sin embargo, ante la insistencia del medio de comunicación y la publicación de determinados documentos y pruebas, los responsables políticos y policiales han acabado admitiendo que recibieron un aviso, pero que no era de la CIA. Por el contrario, los órganos de lucha antiterrorista del Gobierno Central afirman que recibieron ese aviso y que provenía del Centro Nacional contra el Terrorismo de EEUU que se coordina con la CIA.
Tampoco están nada claras las actuaciones llevadas a cabo tras la  explosión del chalet de Alcanar y que según parece fue el desencadenante de los atentados. Desde la Guardia Civil afirman que se ofrecieron para colaborar a esclarecer los hechos, pero su ayuda no fue tenida en cuenta. Sn embargo, desde los Mossos la información sobre este asunto es contradictoria. Mientras el comisario Albert Oliva portavoz del cuerpo de policía dijo que declinaron el ofrecimiento de la Benemérita por considerarlo innecesario, el comisario mayor, Josep Lluís Trapero, aseguró que la Guardia Civil nunca llegó a ofrecer su apoyo. Es obvio que alguien miente, las preguntas, aquí, son pertinentes, ¿quién’ y ¿por qué?
De igual modo, resulta extraño que después de lo que había ocurrido en Las Ramblas de Barcelona y estando, como era lógico, en máximo estado de alerta, los cuerpos de seguridad no detectaran a un grupo de individuos que visitó hasta cuatro veces una gasolinera próxima a Cambrils y que a la postre fue el comando que atentó en la mencionada localidad.
Sea como sea, aunque las fuerzas de seguridad cometieran errores la responsabilidad es única y exclusivamente de aquellos que ejecutan la acción y de sus compinches. Por si alguien tiene alguna duda, con los atentados de Atocha, en marzo, 2004, y las falacias que después se nos quisieron hacer creer ya quedamos vacunados contra la mentira y la ignominia. En una sociedad madura, libre y abierta como se la nuestra, los ciudadanos tenemos derecho a saber. Queremos saber, la verdad, toda la verdad, por muy descarnada que sea. Lo otro, pudo que fuera válido en otras épocas y en otros regímenes. Aquí y ahora, no.

Bernardo Fernández

Publicado en e.notícies.com 04/09/17

14 de juliol 2017

UNA SENTENCIA EJEMPLAR

En Cataluña estamos viviendo una situación política esperpéntica. Todo comenzó en un ya lejano 2006, cuando Mariano Rajoy y el PP, entonces en la oposición, entendieron que azuzar el espantajo de la catalanofobia, les suponía suculentos réditos electorales. Eso hizo que primero recogieran firmas contra el nuevo Estatuto de Cataluña que, por aquellos tiempos, acababa de ser aprobado en el Parlament y, después, no dejaran de maniobrar, hasta lograr un Tribunal Constitucional (TC), lo suficientemente afín, que tumbó partes sustanciales de la nueva ley.
Más tarde, en 2010, Artur Mas obtuvo una cómoda mayoría en las elecciones autonómicas catalanas y llegó a la Presidencia de la Generalitat con el mandato tácito de las clases acomodadas y burguesas de neutralizar los desbarajustes de los gobiernos de izquierdas; primero de Pasqual Maragall y después de José Montilla y devolver el “seny” a la máxima institución de Cataluña. 
En los primeros tiempos de su mandato, Artur Mas no tan solo pactó a menudo con el PP, sino que Convergencia fue, a cambio de nada, lacayo fiel de los populares en el Congreso.  Pero es que, además, aquí las tijeras se utilizaron mucho antes y con muchísima más intensidad que en el resto de España. La consecuencia fue que el Estado del bienestar quedó hecho unos zorros, y Artur Mas se convirtió en el adalid de los recortes.
Cuando ya no le quedaba casi nada que recortar, en una entrevista con Mariano Rajoy -entonces ya presidente del Gobierno de España- le pidió un sistema de financiación homologable al sistema de financiación vasco o navarro y como Rajoy le dijo no, plegó velas, se volvió a casa y se echó en brazos del independentismo, pensando (desconozco si honestamente o de forma cicatera), que esa era la mejor solución para Cataluña. Al poco, convocó nuevas elecciones para obtener una amplia mayoría que le permitiera llevar a cabo sus planes de ruptura con el Estado. Sin embargo, perdió 12 diputados. En esas circunstancias, otro en su lugar o hubiera dimitido o hubiera variado el rumbo. En cambio, él optó por facella y no enmendalla y se alió con ERC para salvar los muebles y poner rumbo a Ítaca. Poco tiempo después,2 se llevó a cabo la mascarada del 9-N y ya, en pleno desiderátum secesionista, convocó el 15-S como unas elecciones plebiscitarias que después, a la vista de los resultados, resulta que no lo fueron.
Sea como sea, a esas elecciones Junts pel Sí i la CUP se presentaron con un programa nítidamente independentista. Los primeros ganaron los comicios y junto con los antisistema aglutinan la mayoría absoluta en el Parlament. Una mayoría que podría resultar cómoda para gobernar y legislar como se ha hecho habitualmente, pero que resulta, a todas luces insuficiente, para llevar adelante las grandes cuestiones que se han propuesto. Así, por ejemplo, con esa mayoría ni se puede aprobar una ley electoral ni se puede reformar el Estatuto. Además, en el tiempo que llevamos de legislatura, se ha demostrado su gran inestabilidad. Eso hizo que Mas no pudiera repetir como presidente -pese a ser el candidato de Junts pl Sí-, que no se pudieran aprobar los presupuestos de 2016 o que el presidente Carles Puigdemont se tuviera que someter a una cuestión de confianza, para no echarlo todo a rodar.
Pues bien, esa mayoría parlamentaria tan poco sólida, ignora que el Estado de derecho es aquél en lo que todos los poderes del Estado, el legislativo, el ejecutivo y el judicial, así como la ciudadanía, están sometidos al derecho, o sea a la Constitución y a las leyes. En esas circunstancias, ni los poderes públicos ni la ciudadanía pueden hacer lo que les venga en gana, sino aquello que está dentro del ordenamiento jurídico. Nadie puede dejar de cumplir la ley, aunque no le guste o la considere injusta. 
Con frecuencia, los miembros de esa mayoría parlamentaria argumentan que tienen un mandato democrático para llevar Cataluña hacia la independencia, porque en el programa electoral así se explicitaba. Sin embargo, olvidan que un parlamento jamás puede emitir un mandato para infringir las leyes vigentes (máxime cuando esa legislación emana de cámaras, como mínimo, tan democráticas como la del Parc de la Ciutadella). De ser así, ¿con qué legitimidad moral se puede exigir a los ciudadanos o a otras instituciones que cumplan la ley?
En este contexto, la sentencia dictada recientemente por el Tribunal Superior de Justicia de Cataluña que anula la tasa que el Ayuntamiento de Barcelona pretendía imponer a las viviendas vacías de grandes tenedores, es ejemplar, en tanto que pedagógica. En la misma, no se cuestiona la bondad o maldad de la iniciativa, sino que el consistorio ha actuado en un ámbito para el que no tiene competencias.
De igual manera, el Govern de la Generalitat y el Parlament de Cataluña están tomando decisiones y legislando sobre temas para los que no han sido facultados.
Sinceramente, estamos ante una obviedad que no debería ser muy difícil de comprender. Pero, lamentablemente, parece que algunos han agotado su capacidad de comprensión y las meninges no les dan ya para más. Claro, que así les van las cosas.

Bernardo Fernández
Publicado en e-noticies 14/07/17



27 de juny 2017

UNA GRAN OPORTUNIDAD

Los pasados días 17 y 18 de este mes de junio, el PSOE celebró su 39º Congreso. Antes de las elecciones primarias, que los socialistas llevaron a cabo el pasado mayo, nadie podía imaginar que este cónclave acabaría siendo tan plácido, como finalmente fue. Eso ha sido así porque Pedro Sánchez obtuvo una cómoda victoria en el proceso electoral antes mencionado.
Con ese panorama de fondo, el flamante Secretario General se ha hecho un equipo a medida y ha puesto en los lugares de responsabilidad gentes de su confianza y que le dieron apoyo en los momentos sumamente difíciles y complicados que Sánchez tuvo que superar desde aquel nefasto Comité Federal del 1 de octubre, hasta lograr la victoria en las primarias de mayo.
Ahora, Pedro Sánchez tiene ante sí un camino que se bifurca y él debe decidir porque vía decide transitar para conquistar el futuro. Puede optar por un hiper liderazgo fuerte y bien pertrechado, y convertir el partido en poco más que un cortejo de amigos y aduladores. En mi opinión, sería una opción que, en principio, la aplastante victoria obtenida en el proceso electoral interno le permitiría tirar durante un tiempo. No obstante, muy probablemente, sería un proyecto menguante con fecha de caducidad a corto-medio plazo.
Por el contrario, y eso me parece lo más razonable, puede poner en práctica un liderazgo con contrapesos y hacer de la pedagogía política, el debate sin apriorismos y la confrontación de ideas uno de los puntos fuertes de su arquitectura partidista.  Asimismo, sería muy positivo que para revitalizar el partido tomase como referencia normas, usos y costumbres de partidos socialistas nórdicos y centroeuropeos. Estaría bien, por ejemplo, hacer conferencias anuales, elegir a todos los cargos orgánicos y públicos por el voto directo de los afiliados. ¿Alguien puede explicar porqué si se escoge a un secretario general mediante elecciones primarias, no se hace de lo mismo para escoger a los diputados o a los regidores? ¿Será porqué así el aparato del partido perdería poder? Será.
Se trata de poner la casa al día, y para ello se precisa, entre otras cosas, ir a una financiación de los partidos y una organización interna más democrática y transparente; equiparable, como mínimo, a la transparencia y a la democracia existentes en otros ámbitos de la vida civil.
Después, una vez puesta la casa propia al día, habrá llegado el momento de llevar a cabo un proyecto que promueva el crecimiento y reduzca el desempleo. También será necesario desarrollar un nuevo modelo de producción que supere la época del ladrillo. No se deberá obviar que nuestro Estado del bienestar es muy precario, como se puso de manifiesto con la crisis, por tanto, será inexcusable instrumentalizar políticas que garanticen la estabilidad de todos, pero sobre todo de los más desfavorecidos. En consecuencia, habrá que descartar incluso por ley, si es preciso, cualquier tipo de recortes sobre los logros conseguidos. De manera simultánea, habrá que buscar las necesarias complicidades para el fortalecimiento racional de la Unión Europea. Asimismo, se deberá buscar la cooperación pertinente para poder proyectar al mundo la imagen de una Europa unida, haciendo una UE al servicio de los ciudadanos, no de los mercados. Se trata de trabajar por la Europa de las personas.
En definitiva, necesitamos recuperar la política como elemento de transformación. Por otra parte, dado que nadie cuestiona que la izquierda es la mejor garante en cuestión de libertades, el socialismo español tiene la gran oportunidad de convertirse, también, en el defensor de la seguridad de las clases medias y populares. Si, aunque suene raro. Seguridad ante la delincuencia, el terrorismo, el infortunio, la enfermedad y la vejez, los desmanes de los más poderosos o los posibles desaguisados de alguna administración. De hecho, hay indicios racionales para pensar que la sociedad demanda, cada vez más, más Estado, pero eso sí, un Estado eficaz combativo y lo menos burocratizado posible.
Resulta evidente que desde que estalló la crisis, allá en 2007, la socialdemocracia europea ha ido perdiendo enteros en la bolsa política, a marchas forzadas. Ahí está, sin ir más lejos, al caso de Francia. De ostentar la Presidencia de la República, el socialismo francés ha pasado a obtener un irrelevante 6%, en las últimas elecciones legislativas celebradas pocos días atrás.
En España, sin embargo, la situación es, o puede ser, diferente. Aquí tenemos un Partido Popular desquiciado por la corrupción y que, además, ha demostrado una ineptitud suprema en casos como el de Cataluña. A esto, se quiere anteponer un proyecto populista, trasnochado y caduco como es el de Podemos, basado en un hiper liderazgo narcisista que ruborizaría al propio Narciso.
Pues bien, en ese contexto, es donde Pedro Sánchez tiene una gran oportunidad para poner en práctica todas sus capacidades de hombre de Estado y hacer reverdecer viejos laureles del socialismo en nuestro país, escribiendo nuevos capítulos de progreso, justicia y equidad social.
Esperemos que así sea, porque de lo contrario, es posible que no haya otra ocasión como ésta.

Bernardo Fernández

Publicado en E-notícies.com 26/06/17

03 de juny 2017

EL PROCÉS DE LA POSVERDAD

Desde hace un tiempo los analistas políticos utilizan con bastante frecuencia el término posverdad. Según la enciclopedia libre Wikipedia, es un neologismo que describe la situación en la cual, a la hora de crear y modelar opinión pública, los hechos objetivos tienen menos influencia que las apelaciones a las emociones y a las creencias personales. En mi opinión, ese enunciado define a la perfección la situación política que estamos viviendo en Cataluña.
En efecto, ideólogos y líderes independentistas han construido el relato secesionista catalán basado en una pretendida superioridad con respecto al resto del Estado a partir de la lengua y la cultura propias, qué si bien son valores a preservar y a potenciar no dan, ni pueden dar, derecho a privilegio alguno. Aquí se hace realidad aquella máxima de Joseph Göbbels, ministro de Ilustración Pública del Tercer Reich, según la cual, “una mentira dicha adecuadamente mil veces acaba siendo una verdad”.
Y eso es justamente lo que han hecho de forma torticera nuestros separatistas. Han aprovechado para beneficio propio y de su ideario su preponderancia en las instituciones, a la vez que han subvencionado generosamente a los medios de comunicación que les son afines para, de esa forma, asegurarse importantes cajas de resonancia.
Con ese panorama de fondo, ha resultado relativamente fácil proponer a los ciudadanos una independencia sin costes. Una bicoca donde todo serían ventajas. Lograda esa hipotética independencia Cataluña dejaría de ser expoliada, como lo es ahora por el pérfido Estado español. Además, las relaciones comerciales con el principal cliente (España), no se verían afectadas en nada Tampoco los catalanes, como ciudadanos de un nuevo Estado, deberíamos salir de la UE, por supuesto podríamos seguir utilizando el euro y no tendríamos el más mínimo problema para ser reconocidos por la comunidad internacional. Así se explica el arraigo de la cantinela de las balanzas fiscales, convertida, hábilmente, en el eslogan “España nos roba”. Aunque el propio Andreu Mas Colell, exconsejero de Economía y Conocimiento, reconoció al final de su mandato que no existía tal agravio. El caso es que el mensaje ya se había lanzado y con considerable éxito, por cierto. Después, que lo dicho sea verdad o no, poco importa. Las emociones y las creencias personales se han impuesto a la realidad objetiva.
Por otra parte, nos dijeron que el procés sería transversal, pacífico,  sin ningún tipo de violencia, algo así como la “revolución de las sonrisas”. Sin embargo,  los hechos son tozudos y en los cinco años que llevamos de bagatela “indepe” hemos ido conociendo la catadura moral y el talante político  de algunos tótems. Primero fue Artur Mas cuando nos advirtió que sería necesario utilizar la astucia para burlar al Estado. Hace unos meses era el exjuez Santiago Vidal quien nos dejaba estupefactos. El personaje, en distintas conferencias, aseguró que el Govern estaba desarrollando diversos preparativos para llevar a cabo el famoso referéndum. Así, por ejemplo, habló de la confección, por parte de la Generalitat, de una base de datos fiscales sin tener, como es sabido, competencia para ello y atentando, por consiguiente, contra la legislación de protección de datos. Imperdonable, si es cierto, por lo que tiene de delito e insoportable, si tan solo era una elucubración, por lo que tiene de esperpéntico.
Semanas atrás Lluís Llach no se anduvo con chiquitas y amenazó sin tapujos a todos aquellos, y en especial a los funcionarios, que no acaten la ley de desconexión cuando la misma sea aprobada.
Recientemente un prestigioso medio de comunicación ha publicado un “borrador secreto de la ley de secesión de Cataluña” (Ley de Transitoriedad Jurídica, en el argot de los entendidos). Pues bien, ahí se dicen cosas tan peregrinas como que los jueces serán controlados por la Generalitat, que se suprimirá la división de poderes o que los funcionarios deberán solicitar la nacionalidad catalana para seguir ejerciendo, entre otras menudencias por el estilo. Sin embargo, nadie ha desmentido esa información, los voceros más o menos oficiales se han limitado a decir que este borrador estaba ya desfasado.
Como colofón a este breve análisis de la situación política en Cataluña, ha de quedar claro que la independencia es una opción política tan legítima como cualquier otra. Ahora bien, lo que no es legítimo es que el fin justifique los medios, que el secretismo se haya convertido en norma y la transparencia en excepción. Que el pocès de transversal no tenga nada ya que pretende que el catalán sea la única lengua oficial y, en consecuencia, más de la mitad de la ciudadanía se verá obligada a utilizar un idioma que no es el suyo. Además, actitudes cicateras y malas praxis están a la orden del día. Y la violencia en forma de amenaza ya ha hecho acto de presencia. Si a eso le añadimos la deformación de la realidad en forma de psoverdad y la manipulación de los hechos en beneficio propio, nos encontramos con un combinado altamente tóxico que está contaminando muy seriamente la convivencia en una sociedad que hasta hace bien poco era referencia.  Lo lamentable es que eso sucede porque algunos han decido echarlo todo a rodar antes que admitir como error su propia alucinación.
En esas estamos.

Bernardo Fernández

Publicado en E-notícies.cat 29/05/17

17 de maig 2017

DESPUÉS DE LAS PRIMARIAS

El sistema de elección de un dirigente, mediante la participación de toda la militancia de la organización, es, parafraseando a Winston Churchill, el menos malo de todos los conocidos. Puestos a cometer errores y a hacer una mala elección, siempre es preferible que se equivoque el pleno del partido que un sanedrín que decide por sistema digital quien debe liderar al grupo.
De hecho, el Partido Socialista atesora una larga experiencia en estas lides. Se cumplen ahora 19 años de las primeras elecciones primarias que se celebraron en España. Entonces fueron para escoger al candidato a la presidencia del gobierno del país y los contendientes fueron Joaquín Almunia y Josep Borrell. Contra todo pronóstico ganó el segundo; si bien la mala praxis del aparato del partido y la mandíbula de cristal del candidato hicieron que, a los pocos meses, éste presentara su dimisión.
Después, otros procesos de elección, mediante elecciones primarias, tanto para escoger dirigentes orgánicos, como aspirantes a alcaldías o presidencias de comunidades autónomas, han jalonado la historia más reciente del socialismo español.
Ahora son tres los candidatos que aspiran erigirse en secretario general del PSOE el próximo 21 de mayo. De los tres, como se puso de manifiesto con la búsqueda de avales, la candidatura de Patxi López parece la que menos posibilidades tiene de alzarse con la victoria. De hecho, el ex lendakari ha optado por una campaña de presupuesto muy escaso, con muchos kilómetros de recorrido, buscando el contacto con la militancia. Para algunos López es la liebre que ha de distraer votos a Pedro Sánchez.
Quisiera equivocarme, pero mucho me temo que tras el proceso de elecciones primarias para liderar el PSOE, gane quien gane, el partido va quedar seriamente fraccionado y las heridas producto de esa fractura van a ser difíciles de cicatrizar.
En estos momentos quien más predicamento tiene entre las bases del partido, es el ya mencionado Pedro Sánchez y, al fin y al cabo, quien decide con sus votos es la militancia. No obstante, no se puede obviar que el otrora secretario general ha perdido soportes entre los cuadros y cargos públicos del partido. Además, no podemos perder de vista que sería muy complicado llevar a la práctica un proyecto de cierto calado teniendo de espaldas a la práctica totalidad de los barones. Esto puede gustar o no, pero es una realidad incuestionable y la misma legitimidad tendrá el que resulte ganador de las elecciones internas que aquellos que ganaron las elecciones en un pueblo, una ciudad o una comunidad autónoma.
Y nos queda por visualizar la candidatura de Susana Díaz que hizo su presentación oficial en los últimos días de marzo, arropada por todo el PSOE “de siempre” y poniendo de manifiesto su voluntad de continuismo con aquel proyecto. Ciertamente, fue un proyecto que le dio a este país una vuelta que después no lo reconocía ni la madre que lo parió, como dijo uno de los apóstoles que dio soporte a Díaz el día de su puesta de largo política. En estas circunstancias y tal y como anda la ciudadanía está por ver si con ese discurso puede, primero, ganar la secretaria general y luego –y eso es lo más importante-, es capaz de conectar con las clases medias urbanas, con los emergentes y con los profesionales que, no olvidemos, es el gran agujero negro, en el ámbito electoral, que tiene, desde hace mucho tiempo, el socialismo español.
Es evidente que el PSOE está viviendo una de las etapas más magras desde que se reinstauró la democracia en España; quizás, por eso, esta campaña de elecciones primarias resulta más enconada que ninguna. Se ha pasado de la discrepancia a la descalificación, el insulto a menudeado y las insinuaciones han sido hirientes. Es verdad que, con frecuencia, eso lo han hecho los equipos de los candidatos, pero éstos no se han molestado ni en desmentir, ni en rectificar, ni tan siquiera en matizar las puyas lanzadas por sus compañeros de viaje. Da la impresión de que algunos han olvidado que un socialista nunca es el enemigo de otro socialista.
Así las cosas, tras el 21 de mayo, unos y otros deberán esmerarse para restablecer la situación. El proyecto colectivo siempre ha de estar por encima de los personalismos. Para ello serán necesarias políticas de mano tendida, mucha capacidad y voluntad de integración, dialogo, negociación y acuerdo. El PSOE no puede seguir desangrándose mucho tiempo más y a la sociedad le conviene una socialdemocracia fuerte, estructurada y cohesionada. Dejar pasar esta oportunidad sería una grave irresponsabilidad y eso se acabaría pagando muy caro.

Bernardo Fernández

Publicado e-notícies.cat 15/05/17

10 de maig 2017

POR SENTIDO COMÚN

Mal les pese a los profetas de las catástrofes y a los agoreros sistemáticos, la recogida de avales para los aspirantes a secretario general del PSOE ha sido una nueva lección de participación y democracia interna de los socialistas. Ciertamente, es una lástima que una militancia tan leal, tenaz y perseverante no tenga, a día de hoy, ni un proyecto con el que ilusionarse ni un dirigente con carisma y capacidad política que esté a la altura, pero así son las cosas.
No obstante, esta batalla democrática por la recogida de avales ha merecido la atención de los medios y la mirada, más o menos recelosa, de los adversarios. Eso demuestra que el partido socialista pese a estar en horas bajas, sigue siendo mucho partido, aunque a algunos les gustaría darlo por finiquitado.
El interés que entre los afiliados ha despertado este proceso, lo demuestran los números: de 187.949 militantes censados, casi 133.000 han avalado a uno de los tres candidatos en liza. Susana Díaz con casi 60.000 avales ha sido quien más ha obtenido, mientras que Pedro Sánchez se ha quedado con unos 6.000 menos y, muy lejos, Patxi López con menos de 11.000 superando por poco más de 1.000 el mínimo exigido de 9.368 para poder pasar a la siguiente ronda.
Con este panorama de fondo y a tenor de lo sucedido, no queda otra que interpretar esa recogida de firmas como una primera vuelta de las primarias. En esas circunstancias, lo más razonable sería que el candidato con menos avales, dada la situación que está viviendo el socialismo y el mano a mano en que se ha convertido este proceso, presentara su renuncia a seguir compitiendo. En mi opinión, se equivoca Patxi López al considerar que su candidatura es más necesaria que nunca ante la fractura -que según él- sufre el partido, entre los partidarios de Sánchez y Díaz. Lo que puede lograr el vasco, si no se apea de la carrera, es la frustración de sus votantes, la suya propia, condenar a quienes le apoyan a la irrelevancia y quien sabe si, también, a distorsionar los resultados finales. Cuando los duelos son en la cumbre ni los sobresalientes ni los subalternos deben aparecer en pantalla.
Patxi López fue elegido secretario general del partido socialista vasco en 2002. En 2009, pese a quedar los socialistas como segunda fuerza en las elecciones al Parlamento Vasco, tras el PNV, fue elegido lendakari al llegar a un pacto de investidura con el PP. Después, en 2012, el PNV volvió a ganar las elecciones autonómicas e Iñigo Urkullo asumió la lehendakaritza.
Tras las elecciones generales de 2015, fue propuesto para presidente del Congreso de los Diputados, gracias al acuerdo entre el PSOE y Ciudadanos un día antes de la constitución de la Cámara, acuerdo al que el PP se sumó no presentando ningún candidato a presidir la cámara baja. Fue investido presidente del Congreso de Diputados el 13 de enero de 2016. En enero de 2017 anunció su decisión de presentarse a las primarias para la secretaría general del Partido Socialista Obrero Español.
En definitiva, Patxi López tiene una envidiable trayectoria política y una hoja de servicios impresionante. Es, en mi opinión, un buen tipo, un gran socialista y una mejor persona. Sin embargo, ahora, tras comprobar cómo están las fuerzas tras la recogida de avales me parece oportuno señalar que por sentido común y, pensando en el bien del partido, debería retirar su candidatura. No es su momento.
Al menos, eso creo yo.

Bernardo Fernández

Publicado el 08/05/17 en E-noticies.cat.

08 d’abril 2017

SIN SOLUCIÓN, DE MOMENTO

Por fin, después de estar varios meses mareando la perdiz, el domingo, 26 de marzo, Susana Díaz hizo pública su candidatura para lidera el Partido Socialista Obrero Español. Según dicen las crónicas la “Sultana” reunió a unas 9.000 personas en el recinto ferial Ifema de Madrid. Allí estaban todos. Los que fueron, los que son y los que quieren ser. Además de los cuatro apóstoles (Felipe, Zapatero, Guerra y Rubalcaba), también estaban Guillermo Fernández Vara, Emiliano García Page o Ximo Puig entre otros muchos. Es decir, el aparato, aparato. Tampoco faltaron viejas glorias como José Bono, Matilde Fernández o Carme Chacón, ésta última, aún en edad de merecer.
De todos modos, quien se llevó el gato al agua -según mi modesto entender-, fue el alcalde de Cornellá, Antonio Balmón, cuando, actuando como telonero, dijo que “el PSOE es el PSC y el PSC el PSOE”. ¡Madre mía! Este chico aún no se ha enterado de que va la película, por qué si el PSOE es igual al PSC, ¿no teníamos bastante con la Federación catalana del PSOE? ¿A qué venía entonces fundar otro partido? Quizás sólo con la Federación algún que otro disgusto nos hubiéramos ahorrado.
El problema estriba en que Balmón forma parte de la dirección de PSC, y el PSC, por boca de su primer secretario, Miguel Iceta, se comprometió a ser estrictamente neutral en el proceso de elecciones primarias para escoger el nuevo secretario general de los socialistas, y los compromisos siempre es bueno cumplirlos. Claro que lo mismo podría decirse de Nuria Parlón, alcaldesa de Santa Coloma de Gramenet, al igual que el alcalde Cornellá integrante de la dirección del partido, cuando da soporte público a Pedro Sánchez.
Por otra parte, sería deseable que los medios de comunicación fueran absolutamente imparciales. No es de recibo que un periódico como EL PAÍS, en su edición del lunes 27 de marzo, dedique dos páginas al acto de Díaz y despache con media página a Sánchez y López respectivamente. Respeto, señores. Respeto.
En cualquier caso, que nadie se equivoque. En mi opinión, ninguno de los tres candidatos tiene la solución a los problemas que el socialismo tiene planteados y le están convirtiendo, poco a poco, en una fuerza política casi residual. Basta echar un vistazo al resto de Europa para contrastar esta afirmación.
Las causas de la debacle socialdemócrata son profundas y complejas y deben buscarse en ámbitos diversos. En estas circunstancias, resulta bastante sencillo constatar que la crisis en la que anda sumido el socialismo español no es demasiado diferente a las crisis que están padeciendo los distintos partidos socialistas europeos.
Entre otras cosas, ocurre que los partidos socialdemócratas han ido rebajando sus planteamientos. Hoy día, parece que el programa máximo de la socialdemocracia consiste en relajar los plazos de los ajustes y reclamar algo de inversión pública.
Se debería explicar que no se trata de prescindir del Estado de bienestar, que tendrá que seguir existiendo, pero habrá que reformarlo para hacerlo más eficiente y sostenible. La desigualdad social es consecuencia de una desigualdad previa en la distribución del poder económico. Por eso, pueden ser necesarias intervenciones para fragmentar el poder financiero (concentrado en unos pocos bancos, sobre todo, ahora, tras la desaparición de las cajas).
Se hace necesario repensar las ideas fuerza de la izquierda reformista. Hay que volver a ilusionar a la sociedad, pero sobre todo a las clases medias y populares, sin dejar fuera a aquellos que sufren desigualdad y marginación. Sólo así se podrá conectar de nuevo con los ciudadanos, lograr que vuelvan a participar y recuperar su confianza.
Si a partir de ahí se construye un proyecto sólido y acto seguido un programa aplicable que ilusione, el líder surgirá por añadidura.

Bernardo Fernández

Publicado en e-notícies.cat 30/03/17

09 de març 2017

VIA CRUCIS SOBERANISTA

Han pasado doce años desde que Pasqual Maragall denunciara, en sede parlamentaria, el 3% de las supuestas mordidas de la antigua Convergencia Democrática de Catalunya (CDC), por otorgar obra pública.
Entonces, muchos, entre ellos Artur Mas, calificaron aquello de una Maragallada sin fundamento. El propio Mas instó a Maragall a que se retractara de su acusación so pena de enviar a “hacer puñetas” el proceso del nuevo Estatuto que en aquellos tiempos estaba en plena elaboración. Después, Artur Mas siempre han negado, tanto fuera como en el mismo Parlament, cualquier irregularidad en la financiación de su partido, Convergencia Democrática de Cataluña.
Sin embargo, el hecho cierto es que desde hace un tiempo los registros a las sedes de Convergencia, empresas de presuntos colaboradores, así como las detenciones de los hombres que manejaban los dineros de CDC y de empresarios sospechosos de ejercer de proveedores económicos de forma ilícita del nacionalismo, viene a ser algo así como el pan nuestro de casi cada día. En consecuencia, aquella afirmación del exalcalde de Barcelona y expresidente de la Generalitat, ha acabado siendo una realidad, aceptada por todo el mundo…, bien, por todo el mundo, menos por los nacionalistas, claro.
Según Josep Bosch, magistrado de El Vendrell que investiga la presunta trama de financiación irregular de CDC, el pago de comisiones ilegales a cambio de adjudicación de obra pública, esto suponía una “parte esencial de los ingresos de Convergencia”.
En opinión del juez, el tesorero de CDC Andreu Viloca es uno de los impulsores de la trama. Este individuo ha resultado ser mucho más que un simple responsable de finanzas. Era la “clave de bóveda” de un “sistema” organizado para “facilitar la adjudicación de obras públicas a las empresas donantes”, sostiene el magistrado. Viloca era el responsable de hacer gestiones y mediaciones con organismos públicos y llevaba un férreo control de los concursos licitados en ayuntamientos, diputaciones y diversos organismos gobernados por CDC. Funciones “totalmente ajenas a sus ámbitos de actuación como tesorero”. Las donaciones de las constructoras servían para “catalizar a modo de recompensa, la concesión de determinadas obras públicas”, razona Josep Bosch en un auto de octubre de 2015.
Pues bien, por si todo esto fuera poco, ahora, tras ocho años de tortuosa instrucción de la causa, ha llegado, por fin, la vista oral del caso Palau.
Para empezar, la defensa de CDC decidió renunciar a la declaración de treinta y seis testigos, la mayoría de ellos dirigentes históricos del partido. De esa forma se h querido evitar su exposición pública. Entre los mismos había pesos muy pesados como Pere Macias o Felip Puig, ambos consejeros de Política Territorial y Obras Públicas en diferentes Gobiernos de Jordi Pujol. De ellos se esperaba que acreditasen que las adjudicaciones de los Ejecutivos nacionalistas de la Generalitat cumplieron escrupulosamente con la Ley. Sin embargo, las declaraciones de Félix Millet y los Monttull (padre e hija), han cambiado el panorama de forma radical.
En efecto, Fèlix Millet, por fin, ha tirado de la manta. Y con toda rotundidad ha declarado que “el Palau de la Música recibía dinero en metálico de Ferrovial”, que luego él se encargaba de que llegara a la dirección de CDC.
Esos pagos eran una compensación a cambio de contratas de obra pública que concedía la Generalitat o los ayuntamientos gobernados por CDC a la empresa de la familia Del Pino. La mordida era del 4% del valor de la obra: 2,5% para CDC y el 1,5% restante para el propio Millet y su segundo, Jordi Montull.
Por su parte, Gemma Montull no ha dudado en calificar de “práctica habitual” el trasiego de dineros a CDC, el Palau mediante. Asimismo, ha señalado a Millet como máximo controlador de los movimientos económicos en la oscuridad.
Con estas declaraciones se pone en evidencia que Mas mentía cuando negaba que Convergencia se financiaba de forma irregular. Y de nada sirve que alegue ignorancia porque él era líder de su partido cuando éste recibía dinero de Ferrovial a cambio de obra pública, con Félix Millet como porteador de las mordidas y, por consiguiente, debe asumir todas sus responsabilidades políticas que visto lo visto ni son pocas ni son menores.
Además, en estas circunstancias, por mucho que la portavoz de PDCAT, Marta Pascal, afirme que la dirección “sólo se ocupa de las cosas que ocupan al Partido Demócrata”, no es menos cierto que su organización es heredera política directa de la antigua Convergencia. Así, por ejemplo, conviene recordar aquí qué Artur Mas fue presidente de CDC y ahora lo es del PDCAT. De igual manera, nombres destacados del ámbito político que ayer militaban en la vieja Convergencia, hoy lo hacen en el nuevo Partido Demócrata.
En definitiva, todos tenemos nuestra historia, con sus luces y sus sombras y debemos llevar la mochila a nuestras espaldas y las organizaciones políticas no son una excepción. Por tanto, a juzgar por los acontecimientos, a los nacionalistas catalanes les ha llegado el momento de rendir cuentas no solamente a la judicatura, que sí; sino a la ciudadanía y que asuman sus responsabilidades que ya va siendo hora. Y ahora sí que toca.

Bernardo Fernández
Publicado en e-noticies.cat 09/03/17


16 de febrer 2017

EL DÍA SIGUIENTE

Por si había alguna duda, en la clausura del Congreso del PP celebrado días atrás, Mariano Rajoy fue meridianamente claro al hablar de Cataluña: “nunca permitiré la celebración de un referéndum que prohíbe nuestra Constitución, que busca la independencia de Cataluña y la ruptura de España”, dijo. No obstante, a renglón seguido, Sergi Sebrià, Portavoz de ERC, en una entrevista en un prestigioso medio de comunicación, manifestaba: “la decisión que salga de las urnas se ejecutará enseguida. Si gana el sí proclamaremos la independencia al día siguiente.
Pues bien, imaginemos que por alguna razón que desconocemos el Gobierno de España y el de la Generalitat acuerdan un referéndum legal y vinculante sobre la independencia de Cataluña. Sigamos imaginando y supongamos que se celebra esa consulta y gana el sí. ¿Qué sucederá el día siguiente? Pues para muchos será un día de gran júbilo, para otros uno de los días más negros de su existencia y para el resto ni lo uno ni lo otro.
Sin embargo, más allá de la esfera privada de los sentimientos de cada cual que es personal e intransferible, la realidad es que las autoridades catalanas deberán gestionar una economía debilitada, por las más que segura fuga de empresas, regular la banca, sostener el ya maltrecho Estado del bienestar, pagar los más de 75.000 millones de euros de deuda que arrastramos y asumir la deuda que nos corresponda como parte del Estado que se abandona. Al mismo tiempo, habrá que solicitar a la ONU que nos reconozca como Nación y abrir unas complicadas negociaciones con la UE para que nos acojan lo más pronto posible. Además, de forma simultánea, alguien tendrá que gestionar la red eléctrica o solicitar un prefijo para las llamadas internacionales. Por si todo eso fuera poco, las autoridades del nuevo Estado se deberán esmerar en poner rápidamente en funcionamiento un servicio de inteligencia para proteger a los ciudadanos de posibles atentados terroristas. Todo eso, entre otros asuntos no menores que irían desde cómo pagar las pensiones o que modelo de Seguridad Social se pondría en marcha, así como un largo etcétera de temas que dan sentido y razón de ser a un Estado.
En cambio, si en esa hipotética consulta ganase el no o, simplemente, no se llegara a realizar (que es lo más probable,) la mayoría de las cuestiones mencionadas estarían solventadas, en vías de solución o en el peor de los casos serían responsabilidad de otra administración. Así la administración autonómica podría dedicarse en cuerpo y alma a aquellos asuntos que le son propios y que básicamente y en esencia son: el bienestar de la ciudadanía y todo lo relacionado con una mayor calidad de vida de los ciudadanos. Algo que, por cierto, ha quedado olvidado desde que se decidió iniciar el viaje a Ítaca; pues como se ha demostrado reiteradamente, entre la cuestión nacional y la cuestión social siempre prevalece el hecho identitario.
Por otra parte, es evidente que, por mucho que nacionalistas de uno y otro lado se empeñen en plantear la estatalidad como un fin, en realidad no deja de ser un medio, y en un mundo cada vez más globalizado y de soberanías compartidas querer desgajar una parte de un Estado, no deja de ser un grave anacronismo. Los independentistas catalanes lo saben, igual que saben que en Cataluña ni a corto ni a medio plazo se va a celebrar un referéndum sobre la independencia, ni ésta se va a separar de España. Otra cosa es que, algo que empezó para plantar cara al Gobierno central (recordemos aquí la mayoría absoluta de Rajoy obtenida en 2011), cuando éste se negó a hablar sobre la financiación, ha acabado convirtiéndose, primero en un dogma de fe y, después, en el modus vivendi de un grupo de vividores políticos que saben que cuando esto se acabe a ellos se les acaba el cuento, la nómina y el coche oficial. Pero, mientras, que no decaiga la fiesta.

Bernardo Fernández
Publicado en e-notícies.cat 14/02/17
 


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