07 de desembre 2017

TV3, "LA NOSTRA"?

TV3 es la televisión autonómica con más audiencia de España. Sus informativos son los más seguidos de Cataluña. No obstante, el modelo, que se puso en marcha en 1983, hace tiempo que está emitiendo señales de agotamiento.
Los motivos son varios, pero se podrían sintetizar en tres vertientes: la politización crónica, la caída de los ingresos publicitarios más los recortes de presupuesto y el alejamiento de diversos segmentos de público por el sesgo político de la información y/o los formatos fosilizados.
El presupuesto más alto alcanzó la cifra de 450 millones de euros, sin embargo, el del último año se ha quedado en 307.
La plantilla se ha reducido casi un 16%. Pese a ello, la masa salarial supone el 53% del gasto.
En cambio, el último presupuesto para contratación externa ha sido   de 28,5 millones de euros, el 46% de lo invertido en ese concepto en 2010. Una cifra muy pequeña si se compara con otras casi mastodónticas que se manejan en la cadena.
Con estos datos sobre la mesa es poco cuestionable que el modelo debe revisarse. Seguir así es sencillamente inviable.
De todos modos, desde el 1 de octubre los informativos han ganado una audiencia de casi un 40%, el motivo es claro: los acontecimientos que el procés ha generado.
Por otra parte, el reparto de cargos entre CiU (ahora PDCAT) y ERC, tanto para TV3 como para Catalunya Radio, es una evidencia. Por todo ello, la dependencia del Govern es total y eso convierte a la televisión pública catalana en un apéndice del ejecutivo de la Generalitat.
Esa dependencia hace que las críticas se basen en la parcialidad de la información, el tono utilizado y la carencia de autocrítica respecto al procés independentista y a los partidos que lo promueven.
Hasta el momento TV3, no tan solo es una televisión con un claro sesgo partidista, sino que está al servicio de una causa. De hecho, toda la programación, además de los informativos, está tamizada por el proyecto de secesión, donde unos (los de aquí) defienden de forma democrática una causa noble y justa, mientras que los otros (los de allí) utilizan la razón de la fuerza para cercenar el sueño de libertad de todo un pueblo.
Se ha llegado a tal punto de radicalización que se han suspendido programas, como fue el caso del programa satírico Polonia cuando se encarceló a parte de ex miembros del Govern. También se han llevado a cabo programas especiales tomando como excusa los más variopintos motivos secesionistas. Todo vale para enaltecer la causa de esa hipotética libertad. Por no hablar de las tertulias en las que a los participantes sólo les falta llevar el carné del partido colgado del cuello a modo de documento identificativo. No es casualidad, tampoco, que la Junta Electoral haya prohibido hablar de los miembros del Govern cesado como si fueran integrantes de un ejecutivo en activo.
La penúltima información sonrojante (la última siempre está por llegar) es la que se está dando estos días, a raíz de la no excarcelación de los Jordis, Junqueras i Forn. Parece que estos personajes sean unos santos varones que no han roto nunca un plato, más inocentes y cándidos que un bebé en la cuna.
Pues bien, ahora, con la campaña electoral en marcha, TV3 se la juega. Se la juega porque después de estos comicios, si se produce un cambio de gobierno, acabará habiendo, también, un cambio en la orientación de los medios de comunicación públicos que dependen del Govern.
Según García Albiol, líder del PP catalán: “los medios públicos han convertido en una institución favor de la agitación institucional”. Algo similar se ha dicho desde Ciudadanos y Miguel Iceta, desde el PSC, ha apuntado que hay que priorizar cuestiones como la sanidad y la educación y dotar a los medios públicos de comunicación de unos presupuestos acordes con nuestras posibilidades y la realidad que estamos viviendo.
Visto lo visto, tengo la sensación de que TV3, la “Nostra”, como la conocemos ahora tiene los días contados.

Bernardo Fernández

Publicado en El Catalán 07/12/17

06 de desembre 2017

VENCER Y CONVENCER

Buena parte de las encuestas y estudios que se han publicado hasta la fecha, sobre las elecciones del próximo 21 D, apuntan un empate técnico entre soberanistas y constitucionalistas. Llegados a ese punto podrían ser los comunes, que según parece están perdiendo empuje, los que acabaran decantando la balanza.
Desde luego, todos los pronósticos hasta el momento dan como ganador a ERC, si bien en los últimos días el proyecto de Puigdemont, por razones bastante difíciles de explicar con un razonamiento lógico, pero que tienen mucho que ver con los sentimientos, está subiendo con fuerza. Además, en la otra orilla, tanto Ciudadanos como el PSC han arrancado con mucha energía. El discurso netamente liberal de Arrimadas, por una parte y la decisión de Iceta, por otra, de incluir en su lista demócrata cristianos, sindicalistas y comunistas, parece que están causando el efecto deseado en los segmentos de votantes a los que van dirigidos, que son: ciudadanos que, catalanes o no, se sienten españoles, el partido de color naranja. Catalanistas moderados y gente de progreso, en general, los socialistas.
Todo esto, está generando una situación de cierto nerviosismo en el cuartel general de los republicanos; de manera especial, ese resurgir, aunque de momento tímido, del expresident fugitivo. Pues, aunque en principio la victoria no esté en cuestión, los márgenes se acortan, y ya se sabe que en una campaña electoral puede ocurrir cualquier cosa y después ya no hay remedio.
Quizás por eso, los de Junqueras han decidido hacer un recuento de votación paralelo el 21 D, para evitar un posible “pucherazo”, han apuntado. Dicen que cuentan ya con unos 14.000 apoderados, muchos ajenos al partido, que se han inscrito para este fin. Es la táctica de siempre, en eso no han cambiado: emponzoñarlo todo por si acaso. Ellos son los puros y limpios, los otros, por lo menos, sospechosos de choriceo. Ya se sabe: piensa el ladrón que todos son de su condición.
De todos modos, que nadie dude que si los independentistas suman formarán gobierno. Por eso, si esa circunstancia no se da y los constitucionalistas pueden gobernar, hay que hacer lo que sea, cueste lo que cueste y dejarse de remilgos.
Las fórmulas para gobernar son variadas y hay donde escoger. Se puede ir, desde un gobierno de concentración a uno de coalición o un ejecutivo en minoría que utilice la geometría variable para sacar adelante las cuestiones legislativas en el parlamento. Por eso, sería conveniente que los que están por devolver el sentido común a la política catalana utilizasen la inteligencia en las fechas que se avecinan y no se cierren puertas por lo que pueda venir.
El 21 D ha de volver a imponerse la razón y el “seny”. Se trata de vencer primero en las urnas y después demostrar y convencer a los ciudadanos que los gobernantes están para resolver problemas y no para crearlos, que es lo que ha sucedido en Cataluña en los últimos cinco años.
Tenemos la oportunidad histórica de derrotar democráticamente al fanatismo nacionalista y echar a sus adalides a la papelera de la historia. pero esta vez de verdad y para siempre,
De nosotros depende.

Bernardo Fernández
Publicado en e-notícies 05/12/17


29 de novembre 2017

DEL CONCIERTO AL "CUPONAZO"

El pasado jueves, el pleno del Congreso aprobó la actualización del Concierto Económico y el Cupo del País Vasco. Esa actualización generó fuertes discrepancias internas en el PP y, también, en el PSOE.  En contra votaron Ciudadanos y Compromís.
De hecho, esta es la vaselina que ha tenido que untar el Gobierno central para que los presupuestos de 2018 puedan iniciar su tramitación. Ahora bien, dicho corto y raso: esa iniciativa genera desigualdad en la prestación de servicios entre el País Vasco y el resto de España.
Como dice un veterano economista, experto en las relaciones financieras entre Euskadi y el resto del Estado: “el Cupo es un agujero negro. Primero se pone la cantidad y luego se construye el modelo.” Además, la manera de hacer el cálculo para llegar a esa compensación nunca ha sido un modelo de transparencia. Se utiliza la bilateralidad y la opacidad.
El sistema de financiación foral es una excepción en el panorama de financiación internacional. Ni siquiera en los países federales más descentralizados el Gobierno central renuncia a su poder fiscal en beneficio de alguna de sus regiones, Estados o Länders. Cosa que si ocurre en España con el País Vasco y Navarra.
El cupo, no es otra cosa que la cantidad que Euskadi paga al Estado por las competencias no transferidas; es decir, embajadas, defensa o instituciones penitenciarias. En esencia, la actualización consiste en que el País Vasco pagará al Estado, desde ahora hasta 2021, 225 millones de euros menos de lo que se había previsto. A su vez, el Estado retronará a Euskadi 1.400 millones por retrasos acumulados.
Sin entrar en valoraciones de ningún tipo, el hecho cierto es que en el País Vasco el gasto público por habitante es un 20% superior al resto de la media de las comunidades autónomas. O, dicho de otro modo: mientras en el conjunto del Estado el gasto por persona, en servicios públicos, apenas alcanza los 2.000 euros/año, en Euskadi supera los 4.200. Después algunos se llenan la boca hablando de redistribución de la riqueza y justicia social.
La mayoría de expertos consultados opina que el Cupo es demasiado bajo y eso hace que Euskadi esté sobre financiada en comparación con otras comunidades. No se cuestiona el Concierto económico que está reconocido en la Constitución. Si en 1978 se aceptó esta asimetría, fue porque la situación de aquel momento era la que era y, además, había otras urgencias que atender, aceptémoslo. Ahora bien, lo que es más que cuestionable es el cupo.  Y lo es porque, mediante ese método, las haciendas forales realizan una presión fiscal algo inferior al conjunto de sus contribuyentes, ya sean personas físicas o empresas (de ahí las polémicas “vacaciones fiscales”).
A mi modo de ver, resulta poco convincente el argumento según el cual el Concierto es un sistema de riesgo y que la solución pasa -según algunos políticos- por financiar mejor al resto de las comunidades. Aquí la pregunta sería de Perogrullo, ¿Hay dinero en España para eso?
En realidad, la crítica no es tanto para el PNV o sus compañeros de viaje, que al fin y al cabo defienden lo suyo, sino para el Gobierno de Mariano Rajoy. Es un insulto a la inteligencia del conjunto de los ciudadanos que por un puñado de votos en el Congreso sea tan generoso con unos y tan rácano con el resto. Además, tiene abandonada, desde 2014, la necesaria reforma de la financiación autonómica. No olvidemos que hay comunidades totalmente asfixiadas, en términos económicos, por prestar servicios que el Ejecutivo central no da. Es el caso de Valencia, Extremadura o Andalucía entre otras.
Claro que de esa forma Rajoy se garantiza la tranquilidad parlamentaria y tirará adelante los presupuestos, aunque sea a costa despreciar al conjunto de comunidades autónomas. Por su parte los socialistas que gobiernan con el PNV en Euskadi, encantados de la vida.
Ahora que alguien explique a los nacionalistas catalanes, y que les haga entender, que Cataluña nunca tendrá Concierto económico, entre otras cosas, porque mientras el PIB del País Vasco es de 6,7% del conjunto del Estado el de aquí es del 19%. Yo me siento incapaz.

Bernardo Fernández

Publicado en El Catalán 28/11/17

27 de novembre 2017

BARCELONA EN DECLIVE

Tras ganar, en 1979, las primeras elecciones municipales de la democracia reinstaurada en España, Narcís Serra se convirtió en el alcalde de Barcelona. Llegó al Ayuntamiento acompañado entre otros de Oriol Bohigas, quien a la postre sería uno de los artífices de lo que después se denominó el modelo Barcelona. Un modelo que, por cierto, más tarde han seguido diversas ciudades del planeta.
Al entrar en el consistorio, lo primero que encontraron los nuevos mandatarios fue la caja vacía y, a continuación, un enorme déficit en todas las prestaciones que debía dar el ayuntamiento.
De todos modos, la carencia más acusada y la de mayor envergadura eran las infraestructuras. En ese contexto, se decidió tirar adelante a partir de tres ejes vertebradores, que fueron: la iniciativa pública, la cooperación con el sector privado y la movilización ciudadana.
Después, en la década de los ochenta y con Pasqual Maragall al frente, se diseñaron y se materializaron casi un centenar de espacios públicos repartidos por los distritos de la ciudad. Con esas acciones se lograba una cierta redistribución de recursos y una relativa equidad territorial. Además, se empezaron a configurar las áreas olímpicas y, sobre todo, se diseñó la obertura al mar.
En esa época llegó la nominación de Barcelona como sede de los Juegos Olímpicos del 92. Entonces, a la ciudad se le rompieron las costuras. “la cita servirá para acabar todo aquello que las grandes exposiciones de 1988 y 1929 habían dejado a medio hacer, como Poblenou o Montjuic.” Dejó por escrito en 1990, el alcalde Maragall. Pocas veces se ha visto tanta sintonía entre una sociedad y un proyecto institucional como se vio en la organización y realización de las olimpiadas del 92 en Barcelona. Fue un tiempo en el que se sentía un sano orgullo de ser barcelonés.
Tras los juegos, la ciudad no dejó de crecer se colocó internacionalmente y se convirtió en un polo de atracción de primera magnitud. Después, hubo vaivenes y llegó la crisis; sin embargo, Barcelona aguantó mucho mejor que otras ciudades, basta con echar un vistazo a los números y al endeudamiento de otras metrópolis para corroborar esta afirmación.
No obstante, la ciudadanía en 2011 decidió que más de 30 años gobernando siempre los mismos era demasiado y cambiaron de enseña. Así llegó Xavier Trias a ser alcalde. Y así llevó a cabo un mandato light (sin chicha ni limoná que diría un castizo), por eso a los cuatro años los ciudadanos optaron por la nueva promesa: Ada Colau, que, en los poco más de dos años que lleva al frente del ayuntamiento, ha puesto de manifiesto de forma reiterada sus escasas capacidades para desempeñar las tareas que le son propias.
De hecho, los problemas con el turismo y la vivienda fueron dos factores determinantes que catapultaron a Colau a la alcaldía. En efecto, tan sólo 17.000 votos separaron a Barcelona en Comú, partido de la alcaldesa, de CiU, pero los suficientes para obtener 11 concejales de un total de 41 y lanzarse a la aventura de gobernar en minoría. Sin embargo, y ante lo precario de la situación, transcurrido un año optaron por llegar a un acuerdo con el PSC, para codirigir la ciudad.
Ciertamente, y pese a ser un matrimonio de conveniencia (cosa muy habitual en política), el pacto dio buenos resultados puesto que proporcionó estabilidad al gobierno municipal, descargó de trabajo al equipo de la alcaldesa y produjo una aproximación muy necesaria tanto al mundo económico como al de la cultura. Pero el apoyo de los socialistas al artículo 155 de la Constitución para intervenir al Generalitat ha hecho que éstos sean expulsados del gobierno municipal.
No en vano, semanas atrás Josep Borrel llamó a la alcaldesa “la reina de la ambigüedad” y no le faltaba razón al exministro porque Colau había dicho que estaba en contra de la DUI, pero también del 155. De la misma manera que dijo que fue a votar el 1 de octubre y votó en blanco. Sin comentarios.
Sea como sea, el caso es que Colau vuelve a gobernar en solitario, con lo que eso significa, y los temas estrella: turismo y vivienda siguen encima de la mesa, y todo pinta que sin solución. Tanto es así, que incluso la Plataforma de Afectados por la Hipoteca, asociación que creo la propia Ada Colau y que es donde ella se ha forjado políticamente, ha criticado abiertamente la gestión que desde el ayuntamiento se hace con toda la problemática de los alquileres de las viviendas.
Por si todo esto fuera poco, sólo ha faltado que, la codiciada Agencia Europea del Medicamento, se haya decidido finalmente establecer en Ámsterdam. Se esfuman, de ese modo, más de 900 altos funcionarios y un negocio redondo a su alrededor.
Sin duda alguna, la inestabilidad política, la inseguridad jurídica, sumadas a la errática e ineficaz política municipal han jugado un papel determinante a la hora de decidir la ubicación de la sede de la mencionada Agencia.
Seamos sinceros, Barcelona, inducida por la ineficacia de la gestión y la incapacidad política, ha iniciado un declive tan difícil de parar como de cuantificar, pero a la vez incuestionable. Dependerá, y mucho, de la evolución de los acontecimientos en los próximos tiempos, la valoración de la ciudad en el mundo.
Una cosa más que podemos colgar en el haber de los independentistas y su maldito porcés. Luego dirán que somos unos desagradecidos, pero por favor: dejen de dar la matraca y vuelvan a la realidad. Sus desvaríos nos perjudican a todos.

Bernardo Fernández
Publicado en e-notícies 27/11/17


20 de novembre 2017

CARTA ABIERTA A UN INDEPE

Apreciado Fulano de tal:
Cientos de miles de personas -entre los que me incluyo-, durante más de cinco años, hemos sido asediados con falsedades, barbaridades e insensateces políticas, con total impunidad, por parte del Govern de la Generalitat y sus satélites (léase aquí partidos políticos independentistas, ANC, Omnium, medios de comunicación públicos, medios de comunicación privados subvencionados con generosidad y un largo etcétera).
Por eso comprenderás que tengo muchas cosas que decirte y te las quiero decir todas sin dejarme ni una. En consecuencia, no debería extrañarte que ésta sea la primera misiva, de una serie que te iré haciendo llegar, para ir poniendo los puntos sobre las íes, ante la gran estafa política que los tuyos y tú (ya sea por acción, ya sea por omisión) habéis llevado a cabo en este último lustro.
Dadas las circunstancias supongo que debes estar bastante atribulado con la que está cayendo. Pues bien, simplemente te diré que no desesperes, esto no ha hecho más que empezar.
Como tú no ignoras esta implosión del procés hacía tiempo que se veía venir. Todo se precipitó con la declaración unilateral de independencia (DUI) del 27 de octubre que, perdóname la frivolidad, pareció un coito interruptus. Después, la puesta en marcha del artículo 155 de la Constitución acabó con toda la parafernalia que tan minuciosamente y durante tanto tiempo se había preparado desde Palau.” El mundo nos mira”, decíais, ¿te acuerdas verdad? “El mundo pasa olímpicamente”, pensábamos muchos. El tiempo ha acabado dándonos la razón.
Pero volvamos al tema: a las pocas horas de la DUI, la mitad del Govern ya cesado y su expresident a la cabeza huían como una vulgar banda de forajidos a buscar la protección de la UE, asentándose en Bruselas. Desde ese momento, el goteo de renuncias y deserciones ha sido una constante, pero el mal ya está hecho. Por eso, necesitamos explicaciones. Queremos saber quien o quienes fueron los iluminados que juraban y perjuraban que tras la independencia Cataluña seguiría dentro de la UE. En ese contexto, sería deseable que se pidieran disculpas a gente tan normal como Isabel Coixet, Joan Manuel Serrat y tantos otros, que por decir algo tan sencillo como   que no estaban por el procés, se les puso a caer de un burro y se les trató de botiflers y no sé cuántas cosas más.
Ahora la práctica totalidad de líderes secesionistas han salido en tropel a decir que se equivocaron y que no había una mayoría social suficiente para tirar adelante. Pues hay que ser bastante corto intelectualmente, porque desde el 27 S del 201, se sabe que el separatismo no es mayoritario en Cataluña. Mientras, otros dirigentes como Toni Comín, hablan abiertamente de que se engañó a la ciudadanía y, aunque parezca mentira, no se les cae la cara de vergüenza, debe ser porque no tienen.
Por si todo eso fuera poco, el efecto secesión ha hecho que, hasta la presente, unas 2.500 empresas han llevado su sede social a otras comunidades autónomas y lo que es peor: casi un millar han hecho lo propio con el domicilio fiscal. La consecuencia es clara: menos ingresos para las arcas catalanas. Por no hablar del descenso del turismo o el parón en la venta de coches.
Además, durante todo el tiempo que ha durado el procés nos habéis intentado chantajear emocionalmente con la falacia del derecho a decidir, lo democrático es votar, solo los demócratas son independentistas y otras perlas por el estilo. Eso sí, sin profundizar más en el tema, para no quedaros sin argumentos.
Pues bien, déjame que te clarifique un poco la cuestión:  Seguramente se puede ser independentista y demócrata, pero también se puede ser demócrata y no independentista; como se puede ser no demócrata e independentista y, desde luego, ni independentista ni demócrata. Sin embargo, lo que no se puede ser es: independentista y de izquierdas, porque la izquierda es por definición internacionalista y solidaria y esos dos principios no los tendrán nunca ni los nacionalistas ni los independentistas.
Bueno, indepe desconocido: ni a ti ni a nadie el reprocho que sea independentista, os reprocho la mentira y la zafiedad que para vosotros se han convertido en hábitos. Espero que tarde o temprano veas la luz y comprendas que lo vuestro es un sin sentido que no lleva a ninguna parte, pero ten presente que habéis hecho mucho daño.
No quiero venganza. Exijo justicia y los que se han saltado la ley, los que creían que estaban por encima del bien y del mal que comparezcan ante los tribunales, sean juzgados y paguen por lo que han hecho.
Me parece que por hoy ya tienes bastante. En fechas próximas te contaré, según mi punto de vista, como hemos llegado hasta aquí. Es decir, que si la guerra de Sucesión (no de secesión), que si la opresión del Estado en los últimos 300 años, el España nos roba y otras mandangas más.
Tiempo habrá para todo ello.
Atentamente.

Bernardo Fernández
Publicado en e-notícies 20/11/17




13 de novembre 2017

EL CATALÁN ERRANTE

Cuenta la leyenda, conocida en todo el mundo, que “el holandés errante” es un barco que no pudo volver a puerto, condenado a vagar para siempre por los océanos del mundo. El velero es siempre oteado en la distancia, a veces resplandeciendo con una luz fantasmal. Si otro barco lo saluda, su tripulación tratará de hacer llegar sus mensajes a tierra, a personas muertas siglos atrás.
Me ha parecido oportuno traer a colación esta fábula porque el papel que intenta jugar el cesado, como presidente de la Generalitat, Carles Puigdemont tiene ciertas similitudes con la narración holandesa.
El expresident de la Generalitat inició su hégira particular, tras la puesta en marcha, por parte del Gobierno central, del artículo 155 de la Constitución.
Primero colgó una foto en las redes sociales, insinuando que estaba en el Palau de la Generalitat, cuando en realidad, acompañado de una parte de los exconsejeros viajaba en coche hasta Marsella, para desde allí coger un avión a Bruselas. Todo de lo más normal.
Una vez allí, se ha dedicado a montar su estrategia de defensa, y lo ha hecho en dos frentes: el jurídico y el político.
Para calentar el ambiente, no ha dudado en mentir descaradamente y faltar el respeto al conjunto de la ciudadanía española, con afirmaciones tales como que en España la democracia es de baja calidad, que vivimos en un Estado autoritario, que lo hecho en Cataluña por el Gobierno central ha sido un golpe de estado y otras bagatelas por el estilo.
En el terreno jurídico, desde el primer día de su llegada a Bruselas empezó a maniobrar para postergar cuanto sea posible ser entregado a las autoridades españolas, aprovechando las especificidades legales belgas.
Después, cuando el regreso sea inevitable, con toda seguridad planteará un recurso ante el Tribunal Europeo de Derechos Humanos.
Todo ello, con dos objetivos perfectamente definidos: Extender la idea de que en España se vulneran los derechos humanos, por una parte y, por otra, estar fuera del alcance de la justicia española, tanto tiempo como sea posible.
En el ámbito político, Puigdemont necesita, como los campos el agua de mayo, qué en las elecciones del 21 D, que serán unos comicios con una fortísima carga emocional, unos muy buenos resultados para lograr que Europa observe a Cataluña de otra manera y poder relanzar, así, el proyecto independentista, con el objetivo de que el Gobierno central, hinque la rodilla en el suelo y acepte un referéndum de secesión.
Hasta el momento, el apoyo a España por parte de todos los miembros de la UE, sin excepciones, ha sido monolítico. Ahora bien, no conviene descuidarse, no vaya a ser que surja algún iluminado que oiga cantos de sirena y los confunda con música celestial.
Estos días el expresident anda empeñado en elaborar una lista electoral de “país”, a partir de una plataforma de electores o algún invento similar. Sin embargo, tanto ERC como la CUP ya le han dado calabazas. Los primeros presienten que ganaran las próximas elecciones autonómicas, al menos así lo indican los sondeos hechos hasta el momento. Por su parte, los antisistema tendrían muy difícil dar una explicación coherente a compartir cartel con los adalides de los recortes y sus sucesores por más “indepes” que digan ser.
La verdad es que a la gente del PDCAT (Convergencia 2.0) les han empezado a temblar las piernas al ver el sesgo de todas las encuestas que se van publicando. De ahí, que busquen, aunque sea un clavo ardiendo, donde agarrarse para no caer por el precipicio político y quedar reducidos a la marginalidad.
Ante estas nefastas perspectivas, esperemos que a Carles Puigdemont no le suceda como al barco de la leyenda a la que me he referido al inicio de este escrito. Por más necedades que haya cometido nadie se merece estar vagando eternamente en la inmensidad del espacio. Debe ser muy aburrido. Además, seguro que hace mucho frío por ahí fuera, sin el calor de los suyos. Por eso, hemos de esperar que vuelva, aunque sea en Navidad. Ahora bien, que pase primero por la Audiencia o el Tribunal Supremo que le explicarán de que va la Constitución, el Estatuto, el Estado de derecho y otros detalles que parece desconocer.

Bernardo Fernández

Publicado en e-notícies 13/11/17

06 de novembre 2017

ASÍ NO

Desde hace cinco años, en Cataluña estamos viviendo un auténtico despropósito político. De hecho, todo comenzó en 2012, cuando Artur Mas, ante la negativa de Mariano Rajoy de conceder a Cataluña un sistema de financiación equiparable al Concierto económico que disfrutan Euskadi o Navarra, decidió echarse en brazos del independentismo. En mi opinión, más por despecho que por convicción.
Sea como sea, el caso es que aquello que empezó como una pataleta de niño mal criado, ha acabado por convertirse en un serio problema de Estado que, además, está afectando el sistema neurológico de la UE.
Y eso es así porque tanto el Gobierno de la Generalitat, como el Ejecutivo central han renunciado a la política para buscar soluciones al problema, y mientras unos lo han fiado todo a la épica, los otros lo han dejado todo en manos de los tribunales de justicia. Eso ha hecho que se ponga de manifiesto la impericia del Govern y la cerrazón del Gobierno central para manejar un tema de esta envergadura.
Así las cosas, que el artículo 155 de la Constitución era necesario aplicarlo tras la declaración unilateral de independencia, sólo pueden negarlo los muy radicales.
En estas circunstancias, hay que admitir, que el Gobierno central actuó de manera adecuada convocando elecciones autonómicas con toda la celeridad que la legislación se lo permitía, desmontando, de ese modo, buena parte del argumento victimista de los secesionistas.
Con este panorama de fondo, era incuestionable que la justicia debía actuar y ha actuado como un poder independiente en un Estado de derecho. Y eso, debería estar fuera de toda duda para que aquellos que se autocalifican demócratas.
Pues bien, después de estos argumentos y otros muchos que no menciono para no hacer este artículo interminable, queda claro que el secesionismo está perdiendo relato y épica. Sin embargo, la decisión de la juez Carmen Lamela de enviar a prisión a una parte de los miembros del ejecutivo catalán cesado, ha servido para reavivar un independentismo que estaba viviendo sus peores momentos desde hace muchos años.
Dicen que las decisiones judiciales se acatan y no se cuestionan. No seré yo quien contradiga ese principio. No obstante, como ciudadano de un Estado de derecho y social no me voy a privar de aprovechar esta magnífica ventana que es e-notícies y dar mi parecer sobre la iniciativa de la juez Lamela antes mencionada.
Como todos sabemos, la juez ha enviado a prisión sin fianza a una buena parte de los exconsejeros del gobierno cesado. Según el auto los motivos fundamentales son: la posibilidad de eliminar pruebas y el riesgo de fuga.
Vamos a ver: estos personajes pueden ser muchas cosas, pero ineptos y tontos, seguro que no. En el supuesto de que, en algún momento, tuvieran en su poder alguna prueba inculpatoria, ¿alguien cree que no la hubieron destruido ya? Y si por alguna extraña razón aún obrara en su poder, ¿acaso no tiene familia y/o colaboradores cercanos para deshacerse de semejante material?
Por lo que respecta al supuesto de fuga: si alguna de ellos cometiera la insensatez de abandonar el país sin la correspondiente autorización judicial, ¿a quien iba a perjudicar? ¿Se teme que desde otro país puedan organizar algún tipo de movimiento que pudiera afectar la integridad de España?
¿No hubiera sido preferible dictar medidas cautelares como, por ejemplo, una elevada fianza, una retirada del pasaporte y/o medidas de control policial? De haber procedido de esa forma, no se hubiera alimentado el victimismo independentista y estarían perfectamente controlados.
En cualquier caso, a lo hecho pecho. La Audiencia Nacional y el Tribunal Supremo deben hacer su trabajo, seguir con los procedimientos iniciados y abrir otros si se considera que ha lugar a ello. Y deben hacerlo sin interferencias de ningún tipo, pero también teniendo en cuenta que vivimos en un mundo interconectado y que la justicia no puede ser ajena ni puede dar la espalda a la sociedad a la que pertenece y en la que actúa.
Señora Carmen Lamela, con todo el respeto: Así no.

Bernardo Fernández

Publicado en e-notícies 06/11/17

30 d’octubre 2017

REPETIR LA HISTORIA

A juzgar por los acontecimientos, en Cataluña tenemos una cierta tendencia a llevar a cabo grandes epopeyas en el mes de octubre que, acertadas o no, quedan en la historia de nuestro país.
Así, por ejemplo, en estos días se han cumplido cuarenta años del regreso del President Josep Tarradellas (fue el 23 de octubre de 1979). Con ese retorno, se hizo posible la recuperación de la Institución más emblemática: la Generalitat de Catalunya y del autogobierno.
La llegada de Tarradellas a la plaza de Sant Jaume fue una de las efemérides más celebradas de la Transición. En su salida al balcón de la Generalitat, acompañado de los líderes políticos del momento, el President pronunció una breve alocución iniciada con el famoso: “¡Ciutadans de Catalunya ja sóc aquí!”. Se cerraban así 38 años de exilio y empezaba la etapa más fructífera y plena de autogobierno de Cataluña de toda la historia.
También en este mes de octubre se han cumplido 83 años de “els fets d’octubre”. Como todo ustedes saben, a las ocho y diez minutos de la tarde del 6 de octubre de 1934, el President Lluís Companys apareció en el balcón de la Generalitat de Cataluña, acompañado por todo su gobierno, y proclamó el Estat Català dentro de la República Federal Española.
Tras una noche de forcejeos, escaramuzas, barricadas y disparos, que tuvieron como consecuencia 80 muertos, sobre las siete de la mañana del 7 de octubre las tropas leales al Gobierno central, mandadas por el general Batet entraron en el Palacio de la Generalidad y detuvieron, entre otros, a Companys y a su gobierno. Acto seguido, detuvieron también en el Ayuntamiento al alcalde Carles Pi i Sunyer y a los concejales de ERC que le seguían. Los apresados fueron trasladados al buque Uruguay, anclado en el puerto de Barcelona, reconvertido en prisión.
Las consecuencias del quebranto del orden establecido fueron nefastas. El gobierno de Lerroux desató una dura oleada represiva con la clausura de centros políticos y sindicales, la supresión de periódicos, la destitución de ayuntamientos y miles de detenidos, sin que se pudiera demostrar que hubieran tenido una actuación directa en los hechos, lo que evidenció una voluntad punitiva y arbitraria, con claros componentes de venganza. ​
La autonomía fue suspendida indefinidamente por una ley aprobada el 14 de diciembre a propuesta del Gobierno (la CEDA exigía la derogación del Estatuto) y la Generalidad de Cataluña fue sustituida por un Consejo de la Generalidad designado por el Gobierno. Meses después algunas de las competencias de la Generalidad le fueron devueltas, pero no las de Orden Público. ​
De no haber sido por la victoria del Frente Popular en febrero del 36 y el consiguiente cambio de gobierno, con toda probabilidad Companys y sus acólitos hubieran pasado muchos años entre rejas y las competencias de la Generalitat hubieran continuado bajo mínimos. Pero eso son, tan solo hipótesis. El hecho cierto es que, después, en julio del mismo año se produjo el alzamiento militar contra la legalidad Republicana que acabó desembocando en la Guerra Civil, pero esa es otra historia.
Dicen que los pueblos que olvidan su historia están condenados a repetirla. Pues bien, Carles Puigdemont o desconoce la historia de Cataluña (cosa que no creo) o ha querido repetirla (lo que es una irresponsabilidad supina), a sabiendas de que su entelequia es irrealizable. Después de tener a todo el mundo en vilo, mientras deshojaba la margarita para ver si convocaba elecciones o proclamaba la independencia, optó por la peor solución posible: proclamar la independencia (DUI). Cosa que hizo el 27 de octubre de 2017.
Como no podía ser de otro modo, el Gobierno central no tardó en poner marcha el artículo 155 de la Constitución y como consecuencia, cesó al Govern en pleno, disolvió el Parlament y convocó elecciones autonómicas para el 21 de diciembre, además de otras medidas complementarias.
Así pues, nos hemos quedado con una independencia virtual, porque quien tiene el poder es quien controla el flujo del dinero público, quien manda en los cuerpos de seguridad y aquellos que controlan puertos y aeropuertos, entre otros asuntos de no menos relevancia como pueden ser tener la firma en el DOG. Lo otro son bagatelas y coros de grillos cantando a la luna. Estos muchachos querían tener un Estado y nos han dejado (aunque sea temporalmente) sin autonomía.
La situación política, en Cataluña, es caótica, la fractura social evidente y la economía anda hecha unos zorros. Por si alguien alberga aún alguna duda, las cuatro asociaciones de jueces existentes en España han puesto de manifiesto que la única legalidad es la que emana de la Constitución
Con este panorama de fondo, lo que suceda en los próximos días será decisivo y hemos de esperar que ningún descerebrado de uno u otro bando cometa alguna barbaridad que tengamos que lamentar.
En estas circunstancias, es normal que los posicionamientos estén muy enconados. Esperemos que, poco a poco y de aquí al 21 D, la cosas se normalicen tanto como sea posible. Eso sería lo mejor para celebrar unas elecciones que nos traigan una nueva manera de hacer política. De no ser así, corremos el riesgo de volver a las andadas; aunque, ciertamente, siempre se pueden hacer las cosas mal, es bien cierto que, peor que ahora, parece imposible.
En cualquier caso, y a juzgar por los acontecimientos, resulta obvio que octubre es un mes propicio para las grandes gestas de los catalanes. Esperemos que diciembre sea un mes adecuado para recuperar el seny y, mediante las urnas, los ciudadanos de Cataluña pongamos a cada político en el lugar que le corresponde. Sería la mejor manera de poner nuestro grano de arena para tener, si no un feliz año, si al menos un tranquilo 2018. Nos lo merecemos.

Bernardo Fernández

Publicado en e-notícies 30/10/17

23 d’octubre 2017

Balance provisional de una insensatez política

Lo que una gran mayoría de ciudadanos no queríamos que ocurriera, va a suceder.
En efecto, el pasado sábado, el Consejo de Ministros, reunido en sesión extraordinaria y presidido por Mariano Rajoy, decidió poner en marcha el artículo 155 de la Constitución para que el Govern de la Generalitat cumpla con sus obligaciones constitucionales y cese en aquellas actividades que según el Ejecutivo central dañan gravemente el interés general. En consecuencia, propone al Senado la aprobación de una serie de medidas, que entiende necesarias, necesarias para garantizar el cumplimiento de las obligaciones constitucionales y la protección del mencionado interés general.
Dicho en román paladino: se cesará al President de la Generalitat y a todo el Consell Executiu, se hará lo mismo con los cargos de confianza que se considere oportuno. En definitiva, todo el aparato gubernamental y legislativo será controlado y dirigido desde los ministerios en Madrid. Asimismo, el Ejecutivo central confía que en un plazo no superior a seis meses se restablezca la normalidad en Cataluña y se puedan celebrar elecciones al Parlament.
Sin duda alguna es pronto para sacar conclusiones, pero esto es algo nunca debería haber llegado a suceder. El 21 de octubre de 2017, será recordado como una de las fechas más tristes de nuestra reciente historia democrática.  Eso, será algo que siempre deberemos agradecer a nuestros gobernantes. Los de aquí y los de allí.
Estoy convencido que éramos muchos los ciudadanos que aún conservábamos una brizna de esperanza y pensábamos que unos recuperarían el seny, los otros el sentido común y les daría por sentarse en torno a una mesa, exponer ideas, debatir sus puntos de vista y -puestos a elucubrar- llegarían a algún tipo de acuerdo. Hubiera sido magnífico. Sin embargo, no. Me gustaría equivocarme, pero, no. Ni se ha producido ni se va a producir acuerdo alguno. Cada cual va a seguir atrincherado en su universo diminuto y egocéntrico, esperando la rendición incondicional del otro. y a ver quien la tiene más larga.
En estas circunstancias, pese a vivir momentos muy difíciles, no está de más hacer un primer balance, aunque por fuerza ha de ser provisional, del coste-beneficio que nos supone hasta el momento el proceso de ruptura con el resto de España y como puede evolucionar la situación de ahora en adelante.
En el terreno político, la UE, lo hubiera podido decir más alto, pero no más claro: “Apoyamos al Gobierno español”, manifestó la canciller Merkel tras la reunión de Jefes de Estado y de Gobierno celebrada recientemente en Bruselas. Asimismo, el vicepresidente de la Comisión Europea, Frans Timmermans, habló de: “populismos nacionalistas. Más claro, agua.
Por lo que respecta al ámbito relacional, la fractura social entre familias, entre amigos o en las comunidades de vecinos, es un hecho. Para evitarlo, o se prohíbe directamente hablar del tema o si se habla, la conversación suele acabar en bronca. El tema, obviamente, es el proceso secesionista y todo lo que conlleva.
Pero si en algún ámbito el descalabro resulta evidente, es, sin duda, en el mundo económico. A día de hoy, las empresas que han trasladado su sede social fuera de Cataluña, por la incertidumbre política y jurídica que genera el independentismo, han superado, de largo, el millar. En contrapartida, tan sólo 49 han sentado sus reales en tierras catalanas. La venta de coches ha caído más de un 15%, en las últimas dos semanas. Desde el gremio de hostelería cifran en un 20% la cancelación de reservas hoteleras y la previsión es que este año se facturen unos 1.200 millones de euros menos que el anterior.
Pero es que, además, la elevada deuda externa y la calificación de bono basura que nos otorgan las agencias de calificación, hacen que, ante un más que hipotética independencia, Cataluña no pudiera acudir a los mercados internacionales en busca de financiación. En consecuencia, declarar la independencia, hacerla efectiva y declarar suspensión de pagos, vendrían a ser un tres en uno.
De todos modos, los auténticos perjudicados de todo este sin sentido no van a ser ni las grandes empresas ni la burguesía. Estos especímenes saben nadar y guardar la ropa. Además, tienen las espaldas cubiertas. Aquí los damnificados, como siempre, va a ser la clase trabajadora, que, traducido al terreno social, es lo mismo que decir las clases medias y populares.
Con toda probabilidad, quienes primero van a notar la desaceleración económica serán los empleos relacionados con el turismo. Después, las lamentaciones y el crujir de dientes vendrán con las deslocalizaciones. El prestigio y la reputación ganados con gran esfuerzo y trabajo a lo largo de mucho tiempo se irán por el sumidero gracias a la insensatez política de unos gobernantes descerebrados.
Un ejemplo elocuente de todo este mal sueño lo tenemos en Quebec, donde tanto les gusta mirarse a los secesionistas. Allí, las empresas se fueron cuando empezó la mandanga independentista y luego ya no volvieron. Los trabajadores de multinacionales o cualificados marcharon o se pudieron recolocar. Sin embargo, los poco cualificados, las pequeñas empresas y los trabajos con poco valor añadido fueron los más afectados.
Ahora, hay que ver que reacciones se producen y como se encaja el golpe. De todos modos, el daño infringido, en los diferentes ámbitos, es grande. No obstante, aún se puede rectificar si hay voluntad para ello. Ciertamente, quedarán heridas, pero con buena voluntad y algo de tiempo se podrían restañar.
El problema es que tengo serias dudas de que haya voluntad de rectificar y en estas circunstancias, me temo que esto va a ir a peor. Mucho peor. Al tiempo

Bernardo Fernández

Publicado en e-notícies 23/10/17

13 d’octubre 2017

El blog de Bernardo Fernández: HACER DE LA NECESIDAD VIRTUD

El blog de Bernardo Fernández: HACER DE LA NECESIDAD VIRTUD: Vivimos tiempos difíciles para el socialismo europeo. Los gobiernos de izquierdas, a pesar de no ser los causantes de la crisis, son los qu...

ILUSIÓN, JÚBILO Y DECEPCIÓN

El presidente de la Generalitat de Cataluña, Carles Puigdemont, compareció, a petición propia, en el Parlament el pasado 10 de octubre. En la petición formal se decía que era para informar a la cámara del resultado del no referéndum del día uno.
Ciertamente, la convocatoria suscitó muchas expectativas entre los secesionistas y curiosidad en nuestro entorno sociopolítico. Prueba de ello, es que se colocaron pantallas gigantes en diversos lugares del país para que la ciudadanía pudiera seguir la intervención del máximo mandatario y las posteriores réplicas de los líderes de los grupos parlamentarios, y en el Parlament se acreditaron un millar largo de periodistas, dispuestos a narrar la evolución de los acontecimientos a sus respectivas parroquias.
Todo transcurría según el guion previsto, sin embargo, cuando llegó la hora de la verdad (en esta ocasión las seis de la tarde) desde presidencia pidieron aplazar el inicio del pleno. Algo no funcionaba. Ver la cara de los diputados independentistas era un poema. Ver la cara de sorpresa de los diputados no independentistas de la oposición, una novela de intriga. Los primeros nubarrones, amenazando tormenta, aparecían en el cielo, hasta entonces, impoluto del secesionismo catalán.
Según parece Puigdemont había pactado un texto para su intervención, con los antisistema de la CUP, pero a pocos minutos de su comparecencia, les pedía cambiar los términos y dejar en suspenso la independencia. El motivo: las fuertes presiones a las que se estaba viendo sometido el presidente para que no llevara a cabo una declaración unilateral de independencia (DUI).
Uno de los lugares emblemáticos de esta efeméride fue el Paseo de Lluís Companys, en Barcelona, que da acceso al parque de la Ciutadella, donde se encuentra la cámara catalana. Allí, unas 30.000 personas esperaban la DUI. El presidente empezó su discurso y la ilusión se masticaba en el ambiente, mediante un hábil y calculado juego de palabras, Carles Puigdemont declaró un estado catalán independiente en forma de república. Aquí muchos creyeron tocar el cielo con las manos, llegó el éxtasis y el júbilo era palpable. Sin embargo, dura poco la alegría en casa del pobre, y de manera inmediata el presidente pidió al Parlament que suspendiera la declaración de independencia para dialogar en las próximas semanas. En definitiva, la teórica independencia duró unos quince segundos. Lo que hasta entonces había sido ilusión y jubilo se convirtió en fracaso, frustración y decepción.
Con este panorama de fondo, considero que Mariano Rajoy, por una vez, y sin que sirva de precedente, ha actuado de modo correcto con el requerimiento para que Puigdemont aclare la situación y advierta con la posibilidad de utilizar el artículo 155 de la Constitución. No obstante, en mi opinión, hubiera sido un gran acierto poner, de manera simultánea, sobre la mesa un guion para el diálogo si el presidente de la Generalitat se avenía a olvidar sus aventuras independentistas y reingresar en el camino de la constitucionalidad.
En cualquier caso, ocurra lo que ocurra en las próximas semanas, ni pude ni debe haber mediación alguna. Mucho menos de la UE o actores extranjeros. Ni estamos ante un conflicto internacional ni aquí estamos en una guerra tribal. Esto es un asunto interno y en España hay un Estado de derecho. Lo que está en juego es la paz social y las libertades, que es lo mismo que decir que nos jugamos nuestro sistema democrático que se basa en la solidaridad y el respeto entre los ciudadanos. Por eso, hemos de rechazar de plano cualquier usurpación que quieran hacer de aquello que es común y de manera especial el grito de los antisistema cuando dicen que las calles serán siempre nuestras; es decir de ellos. Los que ya tenemos una edad aún recordamos espeluznados el grito de aquel redomado franquista que decía la calle es mía.
En estas circunstancias, la negociación es más necesaria que nunca, pero también más difícil. Me cuesta creer que, unos políticos que más pronto o más tarde, por pura justicia, han de ser inhabilitados y otro que no tiene ni visión de futuro ni cuajo para afrontar unas reformas imprescindibles para la viabilidad de España, sean los interlocutores adecuados para sacarnos del embollo en que unos y otros nos han metido.
Para evitar más decepciones se necesita savia nueva: gente preparada, dispuesta y con ganas. ¿Alguien sabe dónde están?


Bernardo Fernández

Publicado en e-notícies. com 13/10/17

02 d’octubre 2017

EL FRACASO DE LA POLÍTICA

Estoy convencido de que este mes de septiembre pasará a la historia como una de las épocas más negras de nuestra democracia. En mi opinión, la gravedad de los hechos ocurridos estos días atrás en Cataluña, es equiparable a los atentados de Atocha o al 23-F, porque en todos esos sucesos se ha puesto en riesgo nuestro sistema de convivencia.
Todo empezó a precipitarse con el golpe de mano que se llevó a cabo en el Parlament de Cataluña, los días 6 y 7 de septiembre, con la aprobación de la ley del referéndum y la de la transitoriedad jurídica, en contra del criterio de los letrados de la cámara y contraviniendo la opinión del Consell de Garantías Estatutarias. Ese día quedó derogado de facto el Estatuto, y la Constitución, en palabras del President, Carles Puigdemont, dejaba de regir en Cataluña.
En estas circunstancias, el Gobierno central, fiscales y jueces no podían hacer otra cosa que salvaguardar la legalidad. De ahí, la entrada en diversas consejerías -especialmente mediática fue la irrupción de la guardia civil en las dependencias de economía y la posterior detención de significados miembros del soto Govern.- Después vino el rosario de registros, incautación de sobres, papeletas, etcétera, por un lado, y por el otro, ocupación de espacios públicos, manifestaciones, acampadas frente al Tribunal Superior de Justicia de Cataluña (TSJC) y toda una demostración de músculo y desprecio manifiesto a la legalidad vigente.
Con este paisaje de fondo, ni unos ni otros fueron capaces de poner un poco de seny, echar el freno de mano y decir: “dialoguemos”. Todo lo contrario, mientras el ambiente se iba caldeando, unos y otros (el gobierno de aquí y el gobierno de allí), iban echando más leña al fuego. Y así llegamos al 1 de octubre. Punto culminante de todo un proceso de despropósitos y sin razón.
En ese aciago domingo hemos revivido situaciones que ya teníamos archivadas y que muchos pensábamos que nunca se repetirían. Así, por ejemplo, hemos visto cargas policiales, vecinos levantando barricadas, policías requisando urnas, guardias civiles recibidos, o despedidos, a pedradas, heridos por la actuación desproporcionada de las fuerzas de seguridad y todo un cúmulo de acciones desmedidas que jamás hubieran debido ocurrir en un país desarrollado en pleno siglo XXI.
La obcecación de unos y el inmovilismo de otros han sido el caldo de cultivo que ha hecho posible que llegásemos hasta aquí. Recomponer puentes en esto momentos se me antoja imposible. Tanto mariano Rajoy como Carles Puigdemont han demostrado que son incapaces de dialogar. Por consiguiente, lo lógico sería que Rajoy convocara elecciones y dimitiera y que Puigdemont dimitiera, pero antes, también, convocara elecciones. Aunque, bien es verdad, que la lógica y la política, con demasiada frecuencia acostumbran a ser incompatibles.
A poca sensatez que se tenga, los secesionistas saben que lo del 1-O, ha sido cualquier cosa menos un referéndum, pero eso sí, ha sido algo importante. La ciudadanía se ha movilizado, mucha gente ha salido a la calle, mucha gente ha querido votar, y ante eso, el ejecutivo central no puede seguir haciendo oídos sordos.
Como dice un viejo amigo: “fuera de la ley, no. Sólo con la ley tampoco”. En esta ocasión el fracaso de la política es manifiesto. Así las cosas, demos tiempo al tiempo, que nadie tome decisiones de las que después se tenga que arrepentir y por las que tengamos que apechugar todos con las consecuencias.
En estas circunstancias, lo más razonable sería echar un poco de agua al vino y dejar que el ambiente se calme. Entre todos hemos de reconducir esta situación, pero quien más puede hacerlo es quien más responsabilidad ostenta. Y si los que hay no se sienten capaces que dejen paso a otros que puedan salvarnos del naufragio seguro a que nos están conduciendo los incompetentes que nos gobiernan. Aquí y allí.

Bernardo Fernández

Publicado en e-notícies.com 02/10/17

26 de setembre 2017

MANDANGA CHACHI

El pasado mes de junio, en la separata de Cataluña de EL PAÍS salió publicado un magnífico artículo de Carles Geli, sobre la Barcelona canalla de los años 20 y 30 del siglo pasado. Entre otras cosas, nos habla de la Criolla y Cal Sagtsirtà, antros de perdición, donde el proletariado y otras clases más pudientes acudían a calmar las urgencias de la entrepierna. Tras un breve, pero interesante recorrido por tugurios y costumbres de la época, por el Portal de Santa Madrona y alrededores, con suma habilidad, el autor nos contrapone la misma zona de la ciudad, pero en la actualidad sórdida, decadente y muy triste.
Me ha parecido oportuno sacar ese artículo a colación porque creo que muchos independentistas pensaban que esto del procés y el viaje a Ítaca era como irse un sábado por la noche a dar un garbeo por la Barcelona canalla y solventar los asuntos de la sur del ombligo mientras los efluvios de Baco campan a sus anchas por el organismo.
No seré yo quien exonere a Mariano Rajoy y al PP de sus responsabilidades en todo este lamentable affaire de Cataluña. Las tiene y muchas. Ahora bien, quien se ha saltado la legalidad quien ha menospreciado a las minorías ha sido el Govern de la Generalitat.
De hecho, la cosa viene de lejos: tras las elecciones del 27-S de 2015, los secesionistas empezaron a tejer una subversión de la legalidad vigente. Los ciudadanos lo pudimos percibir los pasados días 6 y 7 de septiembre con el autogolpe que, sin ningún rubor, se dio en el Parlament de Catalunya con la aprobación de las leyes de desconexión.
De una tacada se saltaron la Constitución y se cepillaron el Estatut, pero de verdad, no utilizando la legalidad como hizo en su día la Comisión del Congreso de los Diputados presidida por Alfonso Guerra, sino a la brava. Los parlamentarios de la mayoría se pasaron por el arco del triunfo el artículo 222 de la mencionada norma, según el cual se requieren “dos terceras partes de los miembros de la Cámara” para llevar a cabo cualquier modificación o reforma.
De igual modo, y desoyendo a los letrados del Parlament y haciendo caso omiso de las indicaciones del Consell de Garantías Estatutarias aprobaron la ley del referéndum y la de transitoriedad jurídica sin tener en cuenta para nada a las bancadas de la oposición. Leyes que, como no podía ser de otra manera, fueron recurridas por el Gobierno Central y anuladas ipso facto por el Tribunal Constitucional (TC).
Según Hans Kelsen, prestigioso pensador jurídico y político de origen austriaco, “cuando el orden jurídico de una comunidad es anulado y sustituido en forma ilegítima por un nuevo orden” se produce un golpe de Estado.  Más claro agua.
Tampoco hay ninguna duda para Juan José López Burniol cuando dice que “ha sido un golpe de Estado porque lo hay siempre que se produce una subversión total del ordenamiento jurídico establecido con voluntad explicita de hacerse con el control absoluto del poder.”
En estas circunstancias, es posible que el Gobierno Central -que no el Estado, hablemos con propiedad- haya actuado con cierta desmesura. No obstante, cuando se trata de restituir la legalidad es muy difícil establecer cuáles son las líneas rojas que no se pueden pasar. Lo mismos argumentos se podrían utilizar respecto a la actuación judicial.
En este contexto, y aunque a ellos le suene a milonga decrépita, sería bueno recordar a los secesionistas que al amparo de la Constitución de 1978 hemos podido desarrollar un sistema de convivencia que nos ha generado una prosperidad sin precedentes. Que legitimidad y legalidad no son principio contrapuestos, sino todo lo contrario. Precisamente la democracia se fundamenta en la aplicación armónica de ambos. Y no hay que olvidar que, se admita o no, estamos viviendo el período histórico más largo de libertades públicas y de desconcentración territorial del poder político. Nuestro Estado de las autonomías es equiparable a cualquier Estado federal. A su vez, y como todo en esta vida, manifiestamente mejorable. Afanémonos en ello, pues.
Dice Carles Geli en el artículo al que hacía referencia al principio de este escrito, que en aquella Barcelona de gentes de mal vivir se podía comprar buena cocaína en Cal Sacristá a 12,50 pesetas los 100 gramos, que era conocida en el mundo del hampa por mandanga chachi. Estoy convencido que muchos independentistas piensan que eso de cargarse un Estado de derecho es como comprar un poco de mandanga chachi, algo intrascendente, y qué por cuatro chavos, uno puede pasar un buen rato.
Inocentes, no saben en el jardín que se han metido.


Bernardo Fernández
Publicado e-notícies.com 25/09/17


17 de setembre 2017

LO QUE NOS ESPERA

Sabíamos que podía ocurrir. No obstante, algunos ilusos -entre los que me incluyo- pensábamos que en algún momento el seny reaparecería en escena y se evitaría lo que ahora es un hecho: la fractura institucional y el menosprecio al 52% de los ciudadanos de Cataluña.
En efecto, el espectáculo que nos han ofrecido desde el Parlament, con la aprobación de la Ley del Referéndum y la de Transitoriedad Jurídica, ha sido, por decirlo suave, un insulto a la inteligencia y un atentado a la convivencia en nuestro país.
Como no podía ser de otra manera, estos días se ha escrito y hablado hasta la saciedad al respecto. Ciertamente, he leído artículos y oído comentarios brillantes sobre la cuestión; también auténticas butades que de todo hay en la viña del Señor. No insistiré. Eso sí, voy a exponer lo que, en mi opinión, a riesgo de equivocarme, va a suceder a corto y medio plazo en Cataluña.
Para empezar, la tensión ira en aumento en las próximas semanas. Querellas, registros, incautación de material presuntamente electoral, declaraciones, contradeclaraciones, alguna que otra escaramuza y ocupación de espacios públicos serán el pan nuestro de cada día.
Suceda lo que suceda, el 1 de octubre no habrá referéndum ni nada que se le parezca. Sin embargo, no hay que descartar que, en algún lugar, en alguna localidad, pongan urnas e intenten llevar a cabo un simulacro de votación. Es posible que se intente algún tipo de insurrección civil. Es decir, que pretendan ocupar determinados lugares más o menos neurálgicos como pueden ser Radio Nacional de España, El Banco de España o el aeropuerto del Prat, por poner algunos ejemplos. También se va convocar alguna que otra concentración y/o manifestación en favor de la libertad, el derecho a decidir, la democracia o vayan ustedes a adivinar las ocurrencias de mentes tan febriles como las de los independentistas. No son pocos los secesionistas que sueñan con un Maidán a la catalana. De todos modos, como dijo recientemente el célebre Santi Sisa, “cuando caigan las primeras hostias todos a comer a casa y a dormir pronto que mañana hay que abrir la tienda.”  Después, cuando esté el ambiente lo suficientemente caldeado convocaran nuevas elecciones, siempre y cuando queden políticos independentistas que no estén inhabilitados, no vaya a ser que se pierda el momio por falta de personal cualificado para proclamar: “Esta vez, sí. Ahora vamos a dar el paso definitivo”, o algo por el estilo.
No obstante, secesionistas y no secesionistas saben que con el actual estatus quo político Cataluña nunca será independiente. Ni la ONU reconocerá un Estado catalán, ni cuentan con ningún apoyo internacional digno de tal nombre, ni la UE admitirá nunca una región que para ser independiente vulnere la Constitución del país al que pertenece, como dejó meridianamente claro el presidente del Parlamento europeo en una respuesta, por escrito, a un diputado de la cámara.
Con ese panorama de fondo, más pronto o más tarde los secesionistas deberán aparcar sus entelequias, volver a la prosaica realidad y sentarse a negociar sin apriorismos. Claro que, para que eso ocurra, sería muy conveniente que Mariano Rajoy ya no sea inquilino de la Moncloa y el PP no gobierne en España. A los populares la intransigencia y la mano dura con Cataluña les proporcionan pingües réditos electorales, y mientras eso sea así, para ellos el debate, la negociación y el pacto estarán de más. De todos modos, en esta vida cada cual debe asumir sus responsabilidades y, desde luego, el PP con Rajoy a la cabeza tienen mucho que purgar por su aportación a todo este esperpéntico affaire catalán.
En cualquier caso, no deberíamos olvidar qué si un determinado partido político que se autocalifica de izquierda no hubiera sido tan radical, los secesionistas hubieran sido menos maximalistas y hubiesen aparcado algunos de sus planteamientos, hoy ni Rajoy ni el PP gobernarían. El PNV no hubiera logrado el pacto leonino que le arrancó a los populares, tendríamos un gobierno de centroizquierda y, con toda probabilidad, las cosas hubieran sucedido de otra manera, sin duda mejor, para la mayoría de ciudadanos; pero aquellos polvos trajeron estos lodos y ahora nos toca aguantar.
Y en estas circunstancias, mientras las cosas no cambien, los ciudadanos de Cataluña, independentistas o no, deberemos seguir soportando las colas de espera en la sanidad (de las más largas de España), que la educación para nuestros hijos sea totalmente insuficiente, porque tenemos uno de los presupuestos para enseñanza más bajos per cápita de todas las comunidades autónomas. Asimismo, muchos conciudadanos seguirán llegando tarde a sus destinos, cada dos por tres, porque el transporte público de nuestro país tiene más de desastre que de servicio; de manera especial los transportes de cercanías; a la vez, seguiremos pagando los peajes más caros de España… y un sinfín de penalidades más que no voy a enumerar para no hacerme insufriblemente pesado.
En definitiva, la situación es muy complicada y nos esperan tiempos difíciles. Se han abierto heridas muy profundas que tardarán en cicatrizar. De todos modos, saldremos de ésta. Hemos salido de otras similares e incluso peores. Para ello, se necesita seny, mucho seny.
Lo que necesitamos ahora son finos estilistas que zurzan los sietes que ha hecho el procés. Hacen falta en la plaza Sant Jaume y en el palacio de La Moncloa hombres de Estado que piensen en las próximas generaciones y no en las próximas elecciones y, en estos momentos, ni los de aquí ni los de allí están a la altura de las circunstancias.
Así las cosas, habrá que cambiarlos. No dan la talla. Y eso, depende de nosotros.

Bernardo Fernández

Publicado en e-notícies.com 13/09/17

TV3, "LA NOSTRA"?

TV3 es la televisión autonómica con más audiencia de España. Sus informativos son los más seguidos de Cataluña. No obstante, el modelo, q...