21 de juliol 2014

FUTUROS INCIERTOS

En los próximos días PSOE y PSC celebrarán sendos congresos extraordinarios, para ratificar a sus líderes que ya han sido elegidos por sufragio de todos los militantes. Pero, sobre todo, lo que debería salir de esos cónclaves es la argamasa necesaria para empezar a ensamblar un proyecto que reconecte al socialismo con la sociedad. Ya no valen ni los paños calientes ni las medias tintas.


Los resultados de las pasadas elecciones al parlamento europeo han puesto de manifiesto lo que se comentaba por los pasillos: una tremenda crisis y un alejamiento, sin precedentes, de los electores respecto a los partidos políticos, pero de forma muy especial respecto a los dos partidos mayoritarios.

Sin embargo, mientras el PP ha dado, o ha hecho ver que daba, carpetazo al asunto, cerraba filas y pasaba página, en el PSOE la tormenta alcanzó al ya debilitado secretario general, Alfredo Pérez Rubalcaba, que asumía como propia la derrota, presentaba la dimisión y convocaba un congreso para escoger un nuevo líder e intentar así reorientar la deriva de la organización. Por su parte, Pere Navarro, primer secretario del PSC, unos días después seguía los pasos del ya dimitido Rubalcaba.

No es ningún secreto que la izquierda clásica lleva tiempo desorientada, pero ha sido la irrupción de Podemos la que ha abierto en canal y puesto sobre la mesa las miserias de los que durante años han dirigido el destino de nuestro país.

A Podemos le ha bastado cuestionar el establishement para poner en jaque un sistema que parecía inalterable. Ahora, si quieren perdurar, deberán dotarse de mecanismos internos de funcionamiento eficaces, crear una alternativa creíble y, sobre todo, posible. Jugar sistemáticamente a la contra, suele dar resultados en el corto placismo, pero los vuelos gallináceos acostumbran a ser de breve recorrido.

Por su parte, el problema del socialismo español, no es tanto una cuestión de imagen y de líder, que si, sino de credibilidad y proyecto. Para Janet Yellen, presidenta de la Reserva Federal de Estados Unidos, la clave fundamental para recuperar credibilidad es explicar claramente lo que se está haciendo y para qué.

Resulta evidente que la crisis y su mala gestión han sido factores determinantes que han llevado a los socialistas al actual estado de frustración. No obstante, no se debería pasar por alto la alarmante retirada del tejido social y la dejación de los cuadros del partido que se ha ido produciendo sistemáticamente a lo largo de los años.

Además de todo esto, que no es poco, en Cataluña el órdago soberanista no tan solo ha desballestado el partido, sino que ha hecho aflorar los instintos más bajos de la política y ha puesto en marcha un proceso agónico de jibarización que está teniendo como consecuencias más inmediatas una perdida continua de capital humano y la proyección de una imagen patética.

Pero el problema de fondo es que la socialdemocracia europea lleva demasiado tiempo eludiendo dos temas tremendamente espinosos pero que tiene mucho que ver con su ADN. Uno, es entender el nuevo panorama generado tras la caída del comunismo y la transformación de las capacidades del Estado, mientras que el otro está íntimamente ligado con las profundas transformaciones sociales, como la deslocalización, desaparición de la clase obrera tradicional, emergencia de un nuevo proletariado de servicios, transformación de las estructuras familiares, sociedades crecientemente multiculturales y aumento de las desigualdades sociales. En este escenario, ciertamente complejo, la socialdemocracia ha sido incapaz de elaborar un proyecto ilusionante y acorde a los tiempos que nos han tocado vivir.

El socialismo, como lo conocemos hoy, lo tiene realmente complicado. En consecuencia, los partidos socialistas de nuestro país (PSOE y PSC) han de ser capaces de tejer una nueva mayoría. Y eso, sólo será posible si se dan respuestas a las necesidades de la sociedad actual. Por tanto, hay que proponer una agenda propia y creíble para abordar los múltiples problemas que nos acucian.

Es necesario un proyecto reformista que sea compartido por la gran mayoría de los socialdemócratas europeos, sólo así se podrán frenar los nuevos populismos rampantes. Hay que hacer propuestas que afronten los problemas de competitividad y de productividad y que, a su vez, sirven para crear empleo. Se deben poner sobre la mesa alternativas al austericismo que garanticen el futuro del modelo socioeconómico sobre bases justas y solidarias. Hay que luchar para acortar las distancias entre las diversas clases sociales, así como entre el “centro” del sistema social y la “periferia”.

Solo se recuperara la confianza y los votos si el socialismo tiene parte activa en la salida de la crisis y lo hace desde la izquierda. De igual forma, se deben afrontar con decisión los desafíos del cambio global: el tránsito de la economía industrial a la economía tecnológica, el mestizaje social derivado de la inmigración,

Es momento de escoger nuevos líderes y si son carismáticos y conectan con la ciudadanía mejor. Pero sobre todo, es momento de tejer complejidades y establecer un proyecto de izquierdas que de soluciones válidas y reales a la gran mayoría de la sociedad. De lo contrario los partidos socialistas tendrán futuros inciertos. Y quizá nosotros hayamos perdido la última oportunidad.



Bernardo Fernández

Publicado en Crónica Global 18/07/14