14 d’octubre 2015

ERROR TRAS ERROR

El proceso secesionista catalán se asemeja cada vez más a un vodevil. Sólo faltaba la CUP poniendo en cuestión la investidura de Artur Mas e intentando imponer su hoja de ruta antisistema con 10 diputados a Junts pel Sí que tiene  62
Ciertamente, la situación es compleja y la equidistancia no sirve para analizar el momento político que estamos viviendo en Cataluña. Sin ánimos de criminalizar a nadie, resulta evidente que la responsabilidad del conflicto recae sobre aquellos que pretenden pasarse la legalidad por el arco del triunfo.
De todos modos, el problema catalán viene de lejos, no hace falta remontarse a la noche de los tiempos. Basta con recordar la actitud del PP cuando era oposición y la de Mariano Rajoy y su gobierno ahora, o por acción o por omisión –más bien lo segundo-, han generado una situación entre Cataluña y el resto de España de difícil solución.
El tiempo acostumbra a poner las cosas en su lugar, y la evolución de los acontecimientos demuestra que el PP erró su estrategia negándose a participar en la elaboración del Estatut de 2006. También se equivocó al cuestionar la convivencia en Cataluña, con patrañas y malas artes. De la misma manera que erró recurriendo ante el Tribunal Constitucional artículos del Estatuto que luego validó en el Estatuto de Andalucía de 2007. En consecuencia, aquellos polvos han traído estos lodos. 
Solía decir Winston Churchill que un político es aquel que piensa en las próximas elecciones y un hombre de Estado el que piensa en la próxima generación. Aplicando ese principio queda claro que Mariano Rajoy tiene poca madera de estadista. Le ha faltado cintura política y capacidad de dialogo para sentar a los nacional soberanistas en una mesa y hacerles alguna propuesta que, sin salirse del marco de la legalidad y sin caer en al agravio comparativo, hubiera desactivado la argumentación rupturista.
Quizás esa actitud genere al PP, a corto plazo, pingües réditos electorales, pero es evidente que a medio y largo plazo lo vamos a pagar todos y, muy probablemente, con un sobre coste añadido.
El tiempo se está agotando y entre errores y soberbia, el carro puede acabar despeñado por el pedregal. En ocasiones como esta, se necesita gente que piense en las próximas generaciones, antes que en las próximas elecciones y, de momento, o  no existen o no se dejan ver.

Bernardo Fernández

Publicado en ABC 14/10/15

12 d’octubre 2015

STAND BY SECESIONISTA

Decir a estas alturas que las elecciones del pasado 27-S las ganó Junts pel Sí, pero que perdieron el plebiscito que habían planteado, puede parecer una obviedad. No obstante, conviene repetirlo para que nadie olvide que el último domingo de septiembre en Cataluña se celebraron elecciones autonómicas y por consiguiente ahora, tras constituir el parlamento  y escoger entre los diputados electos un Presidente, éste deberá formar gobierno.
Está por ver si la astucia y la capacidad estratégica que mostró Artur Mas para lograr una candidatura unitaria de la que ERC  había renegado hasta la saciedad se prolonga, primero para lograr su investidura,  y después para formar gobierno y diseñar la acción que ha de llevar acabo ese ejecutivo.
En efecto, Mas echó el resto para articular la coalición ganadora, llegando incluso a amenazar con no convocar las elecciones si CDC y ERC, más un conglomerado de independientes pro secesión no iban juntos a los comicios. Además,  yendo en el cuarto lugar de la lista evitaba hablar de privatizaciones, corrupción y recortes entre otros asuntos. Justo es admitir que la estratagema le ha salido bien y los resultados electorales le han dado a la razón.
Sin embargo, si buceamos un poco en esos resultados, comprobaremos que tanto ERC como CDC, en tanto en cuanto que partidos políticos, han retrocedido de manera clara en estas elecciones.  ERC sacó 21 diputados en 2012 y, ahora, cuando lo tenía todo de cara para convertirse en el primer partido de Cataluña, al quedar subsumida en el all i oli de Junts pel Sí, se ha quedado con 19 escaños. Quizás Oriol Junqueras ha perdido la oportunidad de ser presidente de la Generalitat y ha condenado a ERC a ser, en el mejor de los casos, una organización comparsa  y no el partido hegemónico de su país.
Por su parte, CDC sigue en caída libre y de los 62 diputados que obtuvo con Artur Mas a la cabeza en 2010 pasó a 50 en 2012, cuando pedía una mayoría “excepcional” para viajar a Ítaca y ahora caen a 30, aunque, eso sí, de forma discreta al ir a las elecciones bajo el paraguas inventado por su líder.
En las próximas semanas veremos si Artur Mas es tan solo un embaucador o es verdaderamente un político capaz de formar un ejecutivo que genere crecimiento económico y creación de empleo. Un gobierno que luche contra la pobreza y las desigualdades, que sea capaz de recomponer el maltrecho Estado del bienestar, que ofrezca unos servicios sociales como la sanidad y la educación, como mínimo del mismo nivel que tenían cuando CiU llegó al gobierno, y que luche de verdad contra la corrupción. En definitiva, comprobaremos si Artur Mas tiene fuste para ser presidente de la Generalitat, cosa que prácticamente no ha hecho en los casi 5 años que lleva en el cargo.
Y, a su vez, podremos comprobar si Mas es un auténtico hombre de Estado y sabe esperar su momento –que llegará, con toda probabilidad, tras las elecciones generales de diciembre- y es capaz, entonces, de plantear sus reivindicaciones, pero de  manera adecuada y buscando complicidades. Sabiendo que una negociación conlleva siempre alguna renuncia.
Tras las elecciones del 20-D si el PP no logra mayoría absoluta, habrá llegado el momento de plantearse una reforma de la Constitución. Después de 38 años  parece lógico pensar que así es. No obstante, conviene no perder de vista, que esta Constitución nos ha permitido asentar un Estado de democrático y de derecho, inmediatamente después de salir de una larga dictadura. Ha dado estabilidad al sistema político y jurídico, y ha sido eje vertebrador de nuestra convivencia. Por esta Constitución hemos pasado de súbditos a ciudadanos y el régimen democrático al que da sustento es homologable a cualquier otro régimen democrático.
En ese contexto, si los soberanista catalanes capitaneados por Artur Mas son razonablemente inteligentes y son capaces de recabar las complicidades necesarias, podrán encontrar un encaje que dé satisfacción adecuada a muchas de sus aspiraciones. Pero mientras el 21-D no llegue, lo más oportuno es que los secesionistas mantengan un discreto stand-by. Sabido es que las prisas son malas consejeras y no vaya a ser que la impaciencia eche el carro por el pedregal. Cosas más raras se han visto.

Bernardo Fernández

Publicado en Crónica  Global 10/10/15

03 d’octubre 2015

LA INDEPENDENCIA IMPOSIBLE

Las previsiones se han cumplido. Como indicaban la práctica totalidad de encuestas y estudios de opinión hechos públicos en las últimas semanas, los independentistas han ganado ampliamente las elecciones al Parlament de Cataluña del pasado domingo, 27 de septiembre.
Bien es verdad que le resultado de la coalición Junts pel Sí, con 62 escaños queda sensiblemente por debajo de los 71 que tenían en la pasada legislatura CiU y ERC, integrantes de esa candidatura, más destacados miembros de la sociedad civil. Sin embargo la CUP ha obtenido 10 actas de diputado, siete más que en el anterior mandato. Son, sin duda, junto con Ciutadans los grandes triunfadores de la noche electoral.
No obstante la opción independentista ha quedado lejos de su objetivo. Pese o precisamente por la alta participación (77,46%), no han llegado al 50% de los votos (47,9%). De hecho, 1,900.000 votos prácticamente los mismos que en la seudoconsulta del 9-N. 
Sea como sea, hay que felicitar a los vencedores. La estrategia de una lista transversal trufada con nombres de cierto prestigio de la sociedad civil, con el presidente saliente y aspirante a repetir emboscado en el cuarto lugar de la candidatura, el líder de la oposición en el quinto, más la añagaza de prometer la tierra prometida sin explicar los costes que hay que asumir ha dado buenos resultados. A la coalición de Junts pel Si  hay que sumar los antisitema de la CUP, empeñados en salir de Europa y el euro. Ahora está por ver  si unos y otros son capaces de entenderse en el parlamento y cambio de qué. Además, estoy convencido de que la inacción del presidente Rajoy y su actitud displicente, han sido el mejor acicate para despertar el voto independentista dormido.
Sorprende, de todos modos, el sentido acrítico de una buena parte de los votantes de Junts pel Si que han preferido la incerteza de lo desconocido sin pararse, ni tan siquiera, a escuchar a los que han advertido hasta la saciedad de los graves inconvenientes que nos acechan  si el gobierno opta por el camino de la inseguridad jurídica; o sea, salida de los organismos internacionales -como la UE, la ONU o la OTAN-  hacer caso omiso de la corrupción, o poner en riesgo las pensiones de nuestros mayores.
Los resultados de estas elecciones van a ser muy difíciles de gestionar y se va a necesitar mucho dialogo Consejo Ejecutivo. En buena lógica, ese equipo lo que debería hacer en primera instancia es zurcir el país. Las últimas elecciones han dejado una sociedad dividida en dos mitades. Sin solución de continuidad haría bien en dedicarse a recuperar el desballestado Estado del bienestar. Recuperar los estándares que tuvimos en la asistencia sanitaria hasta 2010. Cubrir las bajas en los últimos  4 o 5 años se han producido entre los docentes. Dar unos servicios sociales dignos de un país desarrollado. Buscar la inversión necesaria para realizar las infraestructuras que tanto se precisan para seguir progresando y poner el país a punto para los retos que le futuro nos tiene reservados.
De hecho, para ese tipo de cuestiones ha sido elegido ese parlamento y el gobierno que de esa elección se deriva. Sería una grave irresponsabilidad pretender asumir competencias que no están recogidas en la legalidad vigente.
En cualquier caso si se aspira a iniciar el cacareado proceso de “desconexión” del resto de España lo mínimamente razonable sería esperar a las elecciones generales anunciadas para el 20 de diciembre. Después de los supuestamente 300 años de sometimiento no vendrá de 3 meses.
Si algo ha quedado claro tras estas elecciones, es que ahora empieza todo y la negociación (dentro de la legalidad)  es inevitable. Mariano Rajoy, o mejor quien le suceda, tras las próximas elecciones generales, en la presidencia del gobierno de España, no puede negar las evidencias.      
Como sostiene Josep Borrel en un artículo publicado en El País (27/09/15) España tiene un grave problema en su relación con Cataluña. La “conllevanza” orteguiana no es ya la solución, si es que alguna vez lo fue. La abúlica indiferencia de Rajoy, tampoco. Y algunas de sus actuaciones agravan el problema. Una sociedad no puede desarrollarse normalmente en el seno de un Estado si una parte muy importante de la población cree que estaría mejor sin él. Pase lo que pase, habrá que restablecer el diálogo, mejorar la información, extremar el respeto y hacer las reformas constitucionales, financieras y fiscales necesarias para que esa parte disminuya hasta el límite de los que hacen de la independencia una cuestión de dignidad ante la que no hay razones que esgrimir. Pero que no justifica un salto en el vacío negando la ley de la gravedad.
En consecuencia, ahora toca dialogo, negociación y pacto.

Bernardo Fernández

Publicado en Crónica Global 28/09/15

A LOS INDECISOS

En las últimas semanas han proliferado en los medios de comunicación cartas a los catalanes, a los españoles y al sursuncorda. Esa epístolas tienen por objeto poner de relieve las grandes ventajas o los graves inconvenientes del proceso soberanista catalán, en función, claro está, del criterio de sus autores.
Yo, muchísimo más modesto y limitado en términos políticos y  literarios que los firmantes de las misivas, me quiero dirigir a ese millón largo de indecisos que según dicen los sondeos de opinión, aún no han decidido que harán con su voto el próximo domingo, día de las elecciones al Parlament. Quizá ellos no lo saben, pero en sus manos, es decir, en su papeleta puede estar el futuro de Cataluña.
En esencia, se nos proponen tres opciones. Una, la de aquellos que han decidido tirar el carro por el pedregal y no se paran en barras. Tanto les da tergiversar la historia, hacer caso omiso de la corrupción, excluirnos de los organismos internacionales -como la UE, la ONU o la OTAN- o poner en riesgo las pensiones de nuestros mayores. Todo vale para llegar a la Arcadia feliz, aunque sea de la mano de un vendedor de humo como Artur Mas.
La segunda opción es la de aquellos que quieren hacer del inmovilismo virtud. El statu quo actual ya les va bien y piensan que con decir no y apelar al cumplimiento de la ley es suficiente.
Y entre estos dos posicionamientos enrocados, emerge una tercera alternativa que va ganando adeptos aquí y allá. Esa tercera posibilidad es una apuesta por una reforma federal de la Constitución. Una reforma que debería reconocer, para Cataluña,  competencias exclusivas en lengua, educación y cultura, así como un acuerdo fiscal justo que respete el principio de ordinalidad, A ese conjunto de propuestas de nítida orientación federalizante algunos lo llaman Tercera Vía. Tanto da, el nombre no hace la cosa.
En cualquier caso, es evidente que esa es la mejor manera para seguir avanzando y preservar la unidad civil de la sociedad catalana.
De todos modos, ha de quedar claro que tenemos tanto derecho de ir a votar como de quedarnos en casa. Tan legítimo es lo uno como lo otro. Ahora bien, el domingo por la noche se contarán votos y  asignarán diputados que luego tomarán decisiones; y como dice un viejo amigo: a lo hecho, pecho.

Bernardo Fernández

Publicado en ABC 24/09/15

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