18 de maig 2016

VOLVER A LOS ORIGENES

El larguísimo proceso electoral que estamos soportando, la corrupción que infecta nuestro sistema institucional, la interinidad del gobierno, el inmovilismo de Rajoy, que es el origen de casi todos nuestros males, así como sus políticas austericidas, son algunos de los motivos que nos han llevado a una situación de preocupante inestabilidad política.
En estas circunstancias, viendo cómo está el panorama, y el elenco de aspirantes a ocupar la Moncloa, no es descabellado pensar que la única fuerza política capaz de impulsar un cambio que nos saque de este atolladero es el partido socialista.  Por eso, y a pesar de que en las elecciones del pasado 20 de diciembre, el PSC en Cataluña y el PSOE en el conjunto de España, obtuvieron los peores resultados de su historia. Ahora, con la repetición de los comicios, el próximo mes de junio, los socialistas tienen la oportunidad de enmendarse a sí mismos y cambiar el rumbo de nuestro país.
Siendo muy importante, el problema no es tanto lograr equis escaños más o menos. La cuestión es de fondo. El PSOE necesita, con urgencia, reencontrar su espacio ideológico, asumir su rol de izquierda reformista y elaborar un proyecto ganador. No basta con decir que hay que expulsar al PP. Es necesario que Pedro Sánchez explique porque quiere gobernar. Que quiere cambiar y cómo piensa hacerlo.
Por lo que respecta al PSC, veremos si su flamante candidata por Barcelona, Maritxell Batet, es la persona adecuada para reencarnar a Don Pelayo (ya saben, aquel caudillo astur que inició la Reconquista) y pone la socialdemocracia en Cataluña al día, evitando que quede sepultada entre el indisimulado neoliberalismo de Ciudadanos y el frenesí soberanista de la muchachada “indepe”.
Tal y como están las cosas, sería deseable que el PSOE vuelva a ser aquella organización política capaz de “dar la vuelta a este país para que no lo conozca ni la madre que lo parió” como dijo un ilustre político. Por su parte, el PSC debería desprenderse de sus complejos nacionalistas y volver a ser el partido que más se identifica con la sociedad catalana y mejor la representa, como sucedía en otros tiempos.
Ciertamente la sociedad ha cambiado mucho y la socialdemocracia está siendo superada por los acontecimientos. Por eso, para empezar, no estaría mal que los socialistas volvieran a los orígenes. Quizás no sea suficiente, pero sin duda es necesario.

Bernardo Fernández

Publicado en ABC 18/05/16

17 de maig 2016

BEGIN THE BEGUIN

Begin the Beguin es una canción escrita en 1934, durante un crucero por las islas Flyl, por Cole Porter. De este estándar de la música popular estadounidense se han hecho infinidad de versiones y se tradujo al castellano, de forma libre, como Volver a empezar. Según el diccionario de música de Oxford es una polka lenta, si bien se asemeja más a una rumba lenta; aunque quizás los líderes de los partidos políticos que se han de presentar a las elecciones del próximo 26 de junio, preferirían bailar tras los comicios un foxtrot como El humo ciega tus ojos, del mismo autor, y así poderse abrazar a uno o varios adversarios para no perecer despeñados.
Hay quien sostiene que esas elecciones son una segunda vuelta de las del 20 de diciembre. No seré yo quien entre en ese debate nominalista, sobre si son, o dejan de ser segunda vuelta de algo. Eso me parece irrelevante. Lo que considero sustancial es cómo van a afrontar, tanto la ciudadanía, como las organizaciones políticas, esta segunda oportunidad.
El pasado 20 de diciembre los electores acudieron a las urnas con el convencimiento mayoritario de que el bipartidismo tenía los días contados y el sistema de partidos iba a cambiar. Ciertamente, eso fue así, pero no tanto; es decir, a trancas y barrancas las dos organizaciones históricas (PP, PSOE) han aguantado el tirón, pero se han dejado muchas plumas por el camino y los emergentes han llegado pisando fuerte, aunque sin avasallar. De hecho, estamos ante un proceso electoral imterruptus. Ahora veremos cuál es la reacción de los electores ante esta situación de aparente descontrol. Si perseveran en el cambio o se resignan y optan por un día de playa, aunque eso pueda suponer cuatro años de un gobierno contrario a nuestros intereses.
Si para algo han servido estos cuatro meses largos de negociaciones y pactos frustrados, ha sido para conocer un poco más el talante de los aspirantes a presidente de gobierno, sus equipos y sus estrategias.
Así, por ejemplo, hemos visto quien se ha sentado a la puerta de su casa esperando el fracaso de sus adversarios y soñando que luego vendrían a suplicarle una gran coalición.  También ha habido quien ha hecho de la necesidad virtud, y ante unos resultados electorales nefastos, ha buscado, con ahínco, el acuerdo y el pacto, si bien es verdad que ha fracasado en el intento. De igual manera, hemos visto la capacidad de maniobra de otros para quitarse la etiqueta de marca blanca y jugar, sin complejos, con más de una baraja. Y, como no podía ser de otro modo, no ha faltado el postureo. Resultó bochornoso y muchos sentimos vergüenza ajena, al ver cómo alguien, sin ningún tipo de negociación previa, se auto proponía para vicepresidente otorgaba ministerios y pocas semanas después se auto excluía.   
Días atrás se hizo público el barómetro de abril del CIS, según el mismo el PP y Podemos están pagando su actitud en estos meses tras las elecciones del 20 D. Pese a todo, el PP se mantiene como primera fuerza, pero retrocede 1,3 puntos respecto a los últimos comicios y los de Pablo Iglesias se dejan tres puntos en el camino. Quizás por eso, aquellos que querían asaltar los cielos y hace cuatro días tachaban a los de IU de antiguos y trasnochados, ahora sorben los vientos por formar coalición con los post comunistas. Según indican algunas encuestas es posible que den el “sorpasso” al PSOE (le superaran en votos, pero no en escaños), aunque luego, lo más probable sea que esa coalición acabe como el rosario de la Aurora. Además, está por ver la reacción del electorado potencial de otras formaciones ante esta alianza.
A grandes rasgos, este es el panorama preelectoral que, a día de hoy, nos ofrecen nuestros políticos. No obstante, considero qué, como ciudadanos, a nosotros que el gobierno resultante del 26 J sea monocolor y tenga que bailar el rock de la prisión que le imponga Bruselas o de coalición, y decidan bailar pegados como sugiere Sergio Dalma nos debería ser bastante indiferente.
Lo consustancial serán las propuestas para el día de después. Como sociedad avanzada y madura que somos, debemos exigir que se dé una solución razonable a esas más de 700.000 familias que carecen de ingresos.  De igual manera, y puesto que nos consideramos un país desarrollado, no es tolerable que, en 1,5 millones de hogares todos sus miembros estén desempleados. Asimismo, tenemos derecho a saber que va a pasar con las pensiones de nuestros mayores, porque sabemos que el sistema de cotizaciones es deficitario y no sostenible. Y también queremos que se apliquen fórmulas que hagan más elásticas las hipotecas y se puedan evitar los desahucios. Entre otras muchas cosas.
En suma, se trata de que el próximo ejecutivo que nos ha de gobernar en los próximo cuatro años baile al son que le marque la ciudadanía, que por algo somos soberanos. O eso nos han hecho creer.

Bernardo Fernández

Publicado en Crónica Global 16/05/16 

03 de maig 2016

CORRUPCIÓN, POLÍTICA Y CONDESCENDENCIA SOCIAL

Un día sí y otro también, los medios de comunicación nos proporcionan noticias sobre los más variados casos de corrupción, evasión de capitales y fraude fiscal. Cuando no es un dirigente político que ha escondido dinero en Suiza, es otro que lo ha hecho en Andorra o un partido que cobra mordidas por otorgar contratos y después blanquea el dinero mediante rocambolescos movimientos financieros de sus cargos públicos.  Y si no es un banquero que intenta blanquear dinero repatriando aquello que había expatriado cuando era director de un banco al que expolió.
También tenemos un expresidente de gobierno que camufló sus gastos personales mediante una empresa pantalla, un ministro que había olvidado que trabajó para una empresa con sede en un paraíso fiscal o un supuesto sindicato que iba de justiciero y en realidad se dedicaba a extorsionar al prójimo, por no mencionar a una asociación que decía defender a los consumidores, pero donde de verdad tenía el negocio era en el chantaje a las entidades financieras. Por si todo esto no fuese suficiente, existe una retahíla de empresarios, famosillos e individuos de distinto pelaje que se dedican a esconder sus ganancias en paraísos fiscales para, de ese modo, cotizar al fisco, cuando menos mejor. En definitiva, en España tenemos el dudoso honor de disponer de uno de los mejores planteles de estafadores, sinvergüenzas y desalmados del planeta Tierra.
Me ha parecido oportuno empezar este artículo señalando alguna de las corruptelas que estamos soportando como sociedad porque cuando cayó el muro de Berlín, fueron muchos los que creyeron que la mayor circulación de personas, información, ideas y dinero tendría efectos beneficiosos para todos nosotros. Sin embargo, la realidad nos ha demostrado que es mucho más prosaica y además de unos efectos positivos incuestionables, también ha llegado el movimiento “ad libitum” de especuladores, traficantes de drogas y terroristas entre otros.
Todo esto, tiene que ver -y mucho-, con los mal llamados paraísos fiscales. Refugios fiscales, me parece una expresión más adecuada.
Sea como sea, a día de hoy, existen entre 60 y 70 lugares en el mundo donde no importa quién eres ni a que te dedicas, lo único verdaderamente importante es cuánto dinero tienes en tus cuentas corrientes.
Pues bien, en esos paraísos o refugios, las grandes empresas tienen sus depósitos bancarios, mediante sociedades pantalla. La razón es simple: o no se pagan impuestos o si se pagan los porcentajes son irrisorios en comparación con los de los países desarrollados. Según los expertos en la materia un 30% de la riqueza mundial se gestiona desde esos lugares.
Como nos recuerda Intermón Oxfam, esa riqueza mundial está cada vez más concentrada. En 2010, 338 personas poseían la misma riqueza que la mitad de la población más pobre. Pero es que en 2015 esa cantidad se concentró en tan solo 62 individuos
Si eso sucede es por dos motivos. El primero es la falta de voluntad y decisión de las autoridades políticas para atajar ese tipo de delitos, y el segundo, la tolerancia social ante aquellos que mienten y ocultan para no contribuir a financiar lo público.
Según diversos estudios, casi el 26% de nuestro PIB escapa del control del fisco. Eso equivale a unos 250.000 millones de euros. No obstante, es cierto que el fraude fiscal es muy difícil de atajar. Quizás su eliminación total sea una quimera. Siempre habrá quien encuentre la manera de evadir. Sin embargo, en Europa, la media porcentual del fraude se sitúa unos 10 puntos por debajo del nuestro, o sea un 15%.
Bastaría con que en nuestro país se consiguieran unas cifras similares a las de la UE y nuestra situación mejoraría sustancialmente. Mantener el Estado del bienestar es caro y las clases medias y populares ni queremos ni podemos soportar indefinidamente este estado de cosas.
Que una parte de los recursos queden fuera del control político socava la soberanía de los Estados, si a esa situación añadimos la corrupción casi sistémica que nos sacude, llegaremos a la conclusión que la inmensa mayoría de la ciudadanía estamos viviendo por debajo de nuestras posibilidades, ya que hemos de sufragar lo que otros ocultan o roban.
Los que defraudan no sólo cometen un delito, sino que, además, privan de derechos y servicios a sus semejantes y, por tanto, sobre ellos ha de caer todo el peso de la ley y el más absoluto reproche social.
Solamente así, con el esfuerzo, la solidaridad y la colaboración de todos, lograremos una sociedad más justa y un mundo más habitable.

Bernardo Fernández

Publicado en Crónica Global 03/05/16

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