28 de setembre 2018

PONER EL CARRO DELANTE DE LOS BUEYES


Comprendo que, en ocasiones, resulta muy difícil para los políticos decir cosas que atraigan la atención de la ciudadanía, sobre todo cuando juegan en campo contrario. Eso es así, en especial, para los que militan en el campo constitucionalista.
Supongo que algo así le sucedió a la delegada del Gobierno en Cataluña, Teresa Cunillera, al decir en una entrevista que le hicieron días atrás en Catalunya Radio, que se mostraba partidaria de aprobar un indulto para los políticos independentistas encausados por organizar el referéndum ilegalizado. “Si lo piden, yo soy partidaria de aprobarlo. Pero lo deben pedir primero”. Manifestó la delegada.
Es lo mismo que dijo Miquel Iceta en la campaña del 21 D, aunque después tuvo que matizar y explayarse en explicaciones diversas ante el desencanto que generó entre muchos de sus potenciales votantes. Hay quien sostiene que en ese envite el PSC perdió un par de escaños.
Seamos claros: la matraca de los lazos amarillos no es tanto por la libertad de lo presos como por mantener tensionada a la tropa. Es decir, si no hubiera presos buscarían el enfrentamiento por otros motivos. La cuestión es que nadie se relaje y la moral siga alta.
Ahora bien, admitiendo que los hechos ocurridos en Cataluña hace un año son muy graves: un pronunciamiento (6 y 7 de septiembre), la convocatoria de un referéndum ilegal (1 de octubre) y la declaración en sede parlamentaria de la república catalana (27 de octubre); el juez podría haber aplicado otras medidas cautelares tan efectivas como lo es la prisión preventiva. Y en el supuesto que, como hicieron otros, todos o alguno de ellos, hubiese decidido fugarse, no olvidemos que a enemigo que huye, puente de plata. Pero como dice la ministra de política Territorial, Maritxell Batet, “es muy difícil hacer política con políticos en la prisión”. De todos modos, las decisiones judiciales se acatan y se respetan, tanto si gustan como si no.
En cualquier caso, estamos asistiendo a un debate baladí, por prematuro e hipotético. La legalidad en este sentido es clara: primero se debe producir el juicio y debe salir una sentencia. Una vez haya concluido el proceso judicial el encausado podrá solicitar el indulto al Gobierno de turno.
Seamos prudentes. Dejemos que los tribunales hagan su trabajo y los políticos el suyo. Pese a las alharacas y las soflamas de algunos las cosas se están moviendo. Los hay que necesitan al personal tensionado de manera continua. Muchos han hecho del procés su modus vivendi y, por tanto, esta feria tiene que seguir cuanto más tiempo mejo. Volver a la normalidad del autonomismo para ellos serían un fracaso histórico.
Sin embargo, los signos de cansancio, fraccionamiento y desazón se empiezan a percibir entre el personal secesionista. Ya son muchos los que piensas que la única vía de salida es una solución pactada con el Estado.
En este contexto, la comisión bilateral que se reunió antes de vacaciones es un ejemplo. Los contactos discretos entre la ministra Maritxell Batet y Elsa Artadi son otro. La moción que el diputado Carles Campuzano del PDeCAT, había pactado con el PSOE y presentó, aunque acabó retirando por órdenes de la superioridad, hablaba de emprender un diálogo “sin impedimentos” pero “dentro del ordenamiento jurídico vigente”. Es otra muestra de como se están abriendo caminos que hasta ahora permanecían cerrados a cal y canto.
De todos modos, todo es posible. Ni se debe cantar victoria, ni certificar el acta de defunción del fin del diálogo. Lo más importante, en estos momentos, es tener mucha cautela, mucha inteligencia política y evitar que la euforia nos haga poner el carro delante de los bueyes.
Cada cosa a su tiempo.

Bernardo Fernández
Publicado en El Catalán 25/09/18

TESIS, MÁSTERS, CHATS Y OTORS EMBROLLOS


Desde hace demasiado tiempo, la política de nuestro país está siendo afectada por una serie asuntos tóxicos ajenos a la misma. Eso hace que la razón de ser de la acción pública: eliminar problemas a los ciudadanos y hacerles la vida más fácil, sea relegada para atender a cuestiones que, con frecuencia, nada o casi nada tienen que ver con la inmensa mayoría de los mortales.
En los últimos meses estamos asistiendo a un auténtico circo mediático impulsado casi siempre desde las esferas de poder, que nos hacer estar más ocupados en saber si éste o aquel político mintieron al decir que tenían un máster, habían hecho una tesis doctoral o si algunos jueces se han pasado expresando sus opiniones en un chat corporativo que en las cosas importantes de verdad.
Fue el caso de Cristina de Cifuentes, expresidenta de la Comunidad de Madrid, igual que Carmen Montón, ahora ya exministra. En el mismo ojo del huracán ha estado un tiempo Pablo Casado, hasta que en opinión del fiscal del Tribunal Supremo no ha cometido irregularidad alguna en la obtención de su máster y ha pedido el archivo de la causa. El caso del presidente del Gobierno Pedro Sánchez es similar a los anteriores. Se le acusó de irregularidades en su tesis doctoral y la ha acabado publicando en internet para disipar dudas. Sin embargo, la oposición no se ha dado por satisfecha y ahora le buscan las cosquillas con un libro publicado por Sánchez y que, según dicen los de Albert Rivera contiene alguna irregularidad. Los del partido naranja tras quedar descolocados y fuera de foco con la moción de censura han hecho suyo aquel dicho de difama que algo queda.
Pero, según parece, con todo eso no había suficiente guirigay y, casualidades de la vida, los medios digitales el Diario.es y el Mon.cat. filtraron, justo el día antes de que se cumpliera un año de la manifestación frente a la sede de Economía de la Rambla de Cataluña, que había sido ocupada por la Guardia Civil siguiendo órdenes de un juez, el contenido de unos correos electrónicos que una veintena de jueces intercambiaron, dando sus opiniones sobre lo que sucedía en Cataluña en pleno desafío independentista, ahora hace un año.
Como era fácil suponer, al siempre moderado president de la Generalitat, Quim Torra, le faltó tiempo para salir a manifestar que: “la poca confianza que pudiera quedar en la justicia española se ha roto definitivamente”, o que: “no hay independencia judicial, ni imparcialidad, ni integridad.  En consecuencia, las personas que están encausadas por los hechos de ahora hace un año no tendrán un juicio justo limpio e imparcial”. Tras ese seudo alegato, el president acabó pidiendo la excarcelación de todos ellos. Además de exigir la dimisión del presidente del Consejo General del Poder Judicial. Ahí es nada. Todo por el mismo precio.
En este contexto, las cuatro principales asociaciones judiciales emitieron un comunicado en el que consideran desproporcionada la reacción del president Torra. Y dejaron claro que ninguno de los emisores o receptores de los e mails estaba involucrado en modo alguno en el proceso judicial abierto por lo ocurrido en Cataluña ahora hace un año.
Justo es reconocer que los autores de los mensajes podían haber dicho lo mismo, ahorrándose alguna expresión como: “régimen nazi” u otras lindezas en referencia a la situación política que se vivía -y seguimos viviendo- en Cataluña.
De todos modos, más allá de lo acertado o desacertado de los correos -eso cada cual lo valorará como mejor le convenga-, ha de quedar claro que son opiniones privadas en “correos privados que no comprometen al conjunto de la carrera judicial” como manifestaron las asociaciones judiciales en su comunicado.
En cualquier caso, conviene no olvidar que quien habla de que en España no hay justicia, que aquí no hay democracia, que somos como Turquía y otras bagatelas por el estrilo, son los que son. Y aunque la ofensa y la falta de respeto tienen difícil justificación, ya se sabe que quien siembra vientos recoge tempestades. O como le dice la sartén al cazo, quítate que me tiznas.

Bernardo Fernández
Publicado en e.notícies 24/09/18

23 de setembre 2018

DISCURSOS DIVERGENTES...Y ALGO PEOR


Desde luego, debemos admitir que si alguna virtud tienen los independentistas es la capacidad de movilización y su buena mano para el márquetin. En eso, nos ganan por goleada. Este año, para el 11 de setiembre -otra jornada histórica-, han vuelo a congregar a decenas de miles de personas y llevan ya siete convocatorias consecutivas sacando la gente a la calle.
Ahora bien, esas movilizaciones ciudadanas no impiden que el movimiento secesionista catalán cada día que pasa se fracture un poco más. Es una evidencia que sólo los muy radicales se atreven a negar.
En efecto, basta echar un vistazo a las hemerotecas para darse cuenta de que cada vez, los discursos de los principales líderes son más divergentes.
Hace pocos días, el periodista nacionalista Marc Álvaro, una de las cabezas secesionistas mejor amuebladas y estómago agradecido, hablaba de “Pinchar el globo” en un artículo publicado en La Vanguardia con ese título. Ávaro reconoce en su escrito las dificultades prácticamente insalvables para que Cataluña logre la independencia.
También el diputado de ERC Joan Tardà ha ido remodelando su discurso en los últimos tiempos y de advertir “que nos vamos” haciendo butifarra en el Congreso, ha pasado a decir algo tan sensato como que “sería absurdo pretender la independencia cuando no se tiene la mayoría social”.
Algo similar se podría decir de Oriol Junqueras que en una reciente entrevista descartaba la unilateralidad y no veía atajos para llegar a la independencia si no era mediante un referéndum acordado.
Del mismo palo va Gabriel Rufián que el último fin de semana pedía pinchar la burbuja del independentismo mágico. Ver para creer.
En el otro lado del ring (porque esto a veces parece un catch a cuatro, por lo que tiene de tongo) están Carles Puigdemont y su club de fans. El monaguillo Quim Torra llamando a la resistencia y haciendo comparaciones históricas que son auténticas aberraciones e insultos a la inteligencia y al rigor.
Tampoco la presidenta de la ANC Elisenda Paluzie, se quedó corta en los parlamentos del 11 de septiembre “exigiendo al Govern un nuevo ataque democrático y que no dejaran sola a la ciudadanía”.
De todos modos, quien se lleva la palma del sectarismo y merece la más enérgica repulsa es ese siniestro personaje llamado Eduard Pujol, portavoz del PDeCat, que exhortaba a los niños a ir a la manifestación diciéndoles: “imagínate que eres hijo de un preso político”. En mi opinión, imperdonable.
En cualquier caso, lo peor no son las diferencias en la dialéctica. Lo más grave es la diferencia estratégica entre los diversos grupos separatistas e incluso dentro de las mismas formaciones.
Eso es lo que sucedió en el Congreso cuando PSOE y PDeCat habían llegado a un acuerdo para aprobar una moción que sirviera para emprender un diálogo “sin impedimentos” pero “dentro del ordenamiento jurídico vigente”.
Cuando todo parecía listo para que el pleno diera luz verde a la iniciativa, Joan Tardà se descolgó diciendo que esa propuesta no era suficiente y pidió que se incluyera en el texto, “sin cortapisas ni límites, desde cero”. Buena parte de los diputados nacionalistas entendieron que era una maniobra de Esquerra debido a las discrepancias internas, para marcar perfil y no quedar descolgada.
Sin embargo, poco tiempo después la presidenta del grupo parlamentario del PDeCat, Miriam Noguera, dirigida desde Waterloo, por el expresidente huido, exigía al diputado Carles Campuzano que retirara la moción. Éste siguió las indicaciones de la dirección, pero no ocultó su malestar y en declaraciones hechas en el pasillo del hemiciclo dijo que “se había perdido una oportunidad”. Acto seguido puso su cargo a disposición de la dirección
En cualquier caso, no se deberían echar las campanas al vuelo y pensar que el independentismo está agotado. Ni mucho menos. Tienen cuerda para rato. Sobre todo, mientras a todas aquellas empresas e individuos que han hecho del procés su modus vivendi les sigan llegando ayudas, subvenciones y les ingresen la nómina cada fin de mes. El sistema de financiación es muy generoso con sus parroquianos.
Llegados a este punto, lo deseable sería que surgiera alguien, entre las filas secesionistas, con la suficiente carga de honestidad política que reconociera los errores cometidos y que sin renunciar a nada planteara un nuevo camino con otra estrategia basada en el pragmatismo. Quizás, en primera instancia, fuera tratado por muchos de traidor y vendido al enemigo. Pero más pronto que tarde se vería de forma palpable que quien había dado ese paso al frente era un auténtico hombre de Estado, preocupado por los suyos y no un encantador de serpientes de los que tanto abundan, en la política en general y en la catalana en particular
En estas circunstancias, y a la espera de esa más que improbable aparición, es más necesaria que nunca la inteligencia política para ir reconduciendo la situación. Sin olvidar la paciencia para sortear las embestidas del que se sabe perdedor, y todo ello sin que falte determinación, respeto a la ley, largueza de miras y generosidad.

Bernardo Fernández.
Publicado en e notícies 14/09/18



06 de setembre 2018

DOBLE RASERO


Es muy posible que, tras la publicación de este artículo, se me acuse tanto por los talibanes del procés, como por algunos buenistas, conservadores, equidistantes e, incluso, prudentes de buena fe de estar a favor de coartar la libertad de expresión, jalear al populismo y azuzar el enfrentamiento civil.  Nada más lejos de la realidad. No obstante, tengo por norma escribir según mi más leal saber y entender, aunque eso levante ampollas o sea políticamente incorrecto. Y esos son para mí, principios irrenunciables que no pienso cambiar, al menos, mientras tenga uso de razón.
Hecha esta aclaración, vaya por delante que estoy a años luz de los planteamientos ideológicos de Ciudadanos. No comparto ni sus propuestas sobre cuestiones económicas ni, tampoco, me parecen acertadas casi ninguna de las que hacen en cuestiones de sanidad, educación o políticas sociales en general. Además, considero que desde que Pedro Sánchez presentó y ganó la moción de censura, a los de la formación naranja el abismo se les ha abierto bajo los pies. Pensaban que llegar al gobierno era cuestión de ver como se despeñaba Rajoy y el PP era pulverizado por los innumerables casos de corrupción que le atenazan. Sin embargo, de la noche a la mañana, han visto como caían en las encuestas y su líder, Albert Rivera, perdía el argumento del relevo generacional frente al nuevo cabeza de cartel de los populares, ya que Rivera y Pablo Casado, son prácticamente de la misma quinta.
Quizás por todo eso han endurecido su discurso, y de manera especial lo han hecho sobre Cataluña. De todos modos, aquí nunca se anduvieron con medias tintas. De ahí que, echando mano, de cierto populismo Rivera y Arrimadas días atrás se arremangaron para bajar a la calle a quitar lazos amarillos.
Pues bien, no diré que acciones de este tipo o las que protagonizaron casi un centenar de personas con monos blancos y la cara tapada en la provincia de Girona sean dignas de aplauso, no. Pero no hay que perder de vista que no fueron ellos los que han llenado lugares públicos y fachadas de instituciones, que son de todos, de lazos amarillos y pancartas en defensa de unos individuos que están en prisión por intentar dar un golpe de estado los días 6 y 7 de septiembre del año pasado convocar un referéndum ilegal o proclamar una república el último 27 de octubre. Y es que a veces parece que tengamos Alzheimer selectivo.
Por eso, el Defensor del Pueblo, Francisco Fernández Marugán, en una declaración institucional ha pedido a los poderes públicos catalanes que respeten el principio de neutralidad ideológica que debe regir en cualquier sociedad libre, abierta, democrática y tolerante.
Tampoco deberíamos olvidar que Ciudadanos ganó las elecciones del 21 D con un millón largo de votos y esos que les votaron, con toda probabilidad, necesitan saber que hay quien se preocupa por ellos y no sólo les va a pedir el voto.
Por todo ello, me han irritado sobre manera declaraciones como las de Artur Mas cuando dijo que Ciudadanos había nacido para romper la convivencia en Cataluña o las de Colau que les sugirió poner lazos de color naranja. Tampoco tienen desperdicio las declaraciones de Josep Costa, vicepresidente del Parlament (el mismo individuo que se negó a dar la mano al jefe del Estado en los actos en honor a las víctimas del 17 A) cuando reconoce que se ríe de la formación naranja porque representa a los ultras de este país. De igual manera, Eduard Pujol, portavoz de JuntsxCat, califica a Ciudadanos de pirómanos.
Desde luego, no seré yo quien diga que la actitud de quitar lazos sea ejemplarizante ni un referente para lograr un modelo de convivencia. Ahora bien, tampoco lo es ponerlos y este no es el cuento del huevo y la gallina. Aquí hay una acción y una reacción. Sin la primera nunca hubiera existido la segunda.
Así las cosas, sorprende que se contemporice con los que inician la bronca y se quiera demonizar a los que quieren volver al día de antes. Da la sensación que a la hora de juzgar no son pocos los que utilizan un doble rasero.

Bernardo Fernández.
Publicado en El Catalán 05/09/18


05 de setembre 2018

LA CATALUÑA REAL


Según un estudio de la Asociación Estatal de Directores y Gerentes de Servicios Sociales, el gasto social en Cataluña se ha reducido desde 2009 en un 19,96 %. Es decir, la sanidad, la educación y los servicios y políticas sociales han perdido 4.134 millones de euros durante los años de la crisis económica. Cataluña tiene el triste honor de ser la comunidad autónoma que más ha recortado en políticas sociales.
Las cifras son descorazonadoras. El gasto en sanidad ha caído un 27,5 %, entre 2009 y 2015. O sea, 3.328 millones de euros. En educación el recorte fue de un 12 %, lo que equivale a 781 millones de euros. Y para servicios sociales en estos años han llegado 25 millones de euros menos.
Estas cifras significan que el gasto social por habitante en 2017 fue de 2.227 euros, 560 menos que antes de la crisis. Sobran las palabras.
Por otra parte, la actividad legislativa y el necesario y democrático control al Govern han desaparecido.  En el mes de julio se suspendió un pleno del Parlament por un desacuerdo, llamado Puigdemont entre los grupos independentistas, y no está previsto celebrar ningún pleno hasta octubre. Asimismo, la mayoría secesionista ha negado la creación de una comisión de investigación para averiguar si los Mossos d’Esquadra espiaron a determinados políticos, periodistas y abogados contrarios al procés.  Pese a que según el artículo 67.3 del reglamento de la Cámara catalana se debe crear una comisión cuando lo soliciten una tercera parte de los diputados —65 de 135— o tres grupos parlamentarios. Ni así. Lo pidieron Ciudadanos, PSC, Catalunya en Comú y el PP y los independentistas hicieron como si oyeran llover.
Por si todo esto fuera poco, en los despachos y en los centros de poder se está librando una sórdida batalla, entre JuntsxCat y ERC, por el control de TV3 y Catalunya Ràdio. Mientras que los trabajadores lamentan la existencia de “acuerdos privados para repartirse TV3” y sigue pendiente la reforma de la ley de la Corporación Catalana de Medios Audiovisuales pactada hace más de un año.
Con este panorama de fondo y -supongo que, como dicen ellos- para normalizar el país, noventa altos cargos, exdiputados y personal eventual del Govern cesados con el 155 han sido recolocados en la Administración pública catalana. En su mayoría personas vinculadas a los partidos independentistas de la coalición en el poder, que han hecho del procés su modus vivendi. Prácticamente todos han recuperado el mismo lugar de trabajo u ocupaciones parecidas, aunque hay casos de cambios significativos de responsabilidad o de ascensos.
Los más relevantes son los de los exconsejeros de Cultura y de Agricultura, Lluís Puig y Meritxell Serret, que han sido nombrados, respectivamente, director del Programa para el Desarrollo de Proyectos Culturales de Ámbito Internacional y delegada del Govern ante la Unión Europea. Puig y Serret huyeron a Bélgica en octubre del año pasado para evitar su procesamiento en España.
Con estos datos sobre la mesa, el president Torra, en vez de ir al Parlament y debatir con el resto de grupo parlamentarios, prefiere dar conferencias para sus acólitos, compararse con Martin Luther King, proponer “marchas por las libertades”, decir que no aceptará las sentencias a los políticos presos si no son absolutorias e insultar con desfachatez, llamando fascistas, a los que no piensan como él. Tal y como hizo en el acto realizado en el Teatre Nacional de Cataluña, el pasado 4 de septiembre.
De todos modos, le guste o no a Quim Torra, la Cataluña real es la de los recortes para los ciudadanos de a pie, la de falta de los más elementales sistemas de control democrático y de control al gobierno. Sin embargo, lo que no falta es uno de los principios fundamentales de un régimen autocrático que se precie: la colocación (en este caso recolocación) de los leales a la causa.
Lo demás son mandangas para tener al personal entretenido.

Bernardo Fernández
Publicado en e notícies 05/09/18


DOS x UNO

Aunque estamos en plenas campañas de elecciones municipales, europeas y autonómicas, en doce comunidades autónomas, los partidos ya han ...