03 de juny 2017

EL PROCÉS DE LA POSVERDAD

Desde hace un tiempo los analistas políticos utilizan con bastante frecuencia el término posverdad. Según la enciclopedia libre Wikipedia, es un neologismo que describe la situación en la cual, a la hora de crear y modelar opinión pública, los hechos objetivos tienen menos influencia que las apelaciones a las emociones y a las creencias personales. En mi opinión, ese enunciado define a la perfección la situación política que estamos viviendo en Cataluña.
En efecto, ideólogos y líderes independentistas han construido el relato secesionista catalán basado en una pretendida superioridad con respecto al resto del Estado a partir de la lengua y la cultura propias, qué si bien son valores a preservar y a potenciar no dan, ni pueden dar, derecho a privilegio alguno. Aquí se hace realidad aquella máxima de Joseph Göbbels, ministro de Ilustración Pública del Tercer Reich, según la cual, “una mentira dicha adecuadamente mil veces acaba siendo una verdad”.
Y eso es justamente lo que han hecho de forma torticera nuestros separatistas. Han aprovechado para beneficio propio y de su ideario su preponderancia en las instituciones, a la vez que han subvencionado generosamente a los medios de comunicación que les son afines para, de esa forma, asegurarse importantes cajas de resonancia.
Con ese panorama de fondo, ha resultado relativamente fácil proponer a los ciudadanos una independencia sin costes. Una bicoca donde todo serían ventajas. Lograda esa hipotética independencia Cataluña dejaría de ser expoliada, como lo es ahora por el pérfido Estado español. Además, las relaciones comerciales con el principal cliente (España), no se verían afectadas en nada Tampoco los catalanes, como ciudadanos de un nuevo Estado, deberíamos salir de la UE, por supuesto podríamos seguir utilizando el euro y no tendríamos el más mínimo problema para ser reconocidos por la comunidad internacional. Así se explica el arraigo de la cantinela de las balanzas fiscales, convertida, hábilmente, en el eslogan “España nos roba”. Aunque el propio Andreu Mas Colell, exconsejero de Economía y Conocimiento, reconoció al final de su mandato que no existía tal agravio. El caso es que el mensaje ya se había lanzado y con considerable éxito, por cierto. Después, que lo dicho sea verdad o no, poco importa. Las emociones y las creencias personales se han impuesto a la realidad objetiva.
Por otra parte, nos dijeron que el procés sería transversal, pacífico,  sin ningún tipo de violencia, algo así como la “revolución de las sonrisas”. Sin embargo,  los hechos son tozudos y en los cinco años que llevamos de bagatela “indepe” hemos ido conociendo la catadura moral y el talante político  de algunos tótems. Primero fue Artur Mas cuando nos advirtió que sería necesario utilizar la astucia para burlar al Estado. Hace unos meses era el exjuez Santiago Vidal quien nos dejaba estupefactos. El personaje, en distintas conferencias, aseguró que el Govern estaba desarrollando diversos preparativos para llevar a cabo el famoso referéndum. Así, por ejemplo, habló de la confección, por parte de la Generalitat, de una base de datos fiscales sin tener, como es sabido, competencia para ello y atentando, por consiguiente, contra la legislación de protección de datos. Imperdonable, si es cierto, por lo que tiene de delito e insoportable, si tan solo era una elucubración, por lo que tiene de esperpéntico.
Semanas atrás Lluís Llach no se anduvo con chiquitas y amenazó sin tapujos a todos aquellos, y en especial a los funcionarios, que no acaten la ley de desconexión cuando la misma sea aprobada.
Recientemente un prestigioso medio de comunicación ha publicado un “borrador secreto de la ley de secesión de Cataluña” (Ley de Transitoriedad Jurídica, en el argot de los entendidos). Pues bien, ahí se dicen cosas tan peregrinas como que los jueces serán controlados por la Generalitat, que se suprimirá la división de poderes o que los funcionarios deberán solicitar la nacionalidad catalana para seguir ejerciendo, entre otras menudencias por el estilo. Sin embargo, nadie ha desmentido esa información, los voceros más o menos oficiales se han limitado a decir que este borrador estaba ya desfasado.
Como colofón a este breve análisis de la situación política en Cataluña, ha de quedar claro que la independencia es una opción política tan legítima como cualquier otra. Ahora bien, lo que no es legítimo es que el fin justifique los medios, que el secretismo se haya convertido en norma y la transparencia en excepción. Que el pocès de transversal no tenga nada ya que pretende que el catalán sea la única lengua oficial y, en consecuencia, más de la mitad de la ciudadanía se verá obligada a utilizar un idioma que no es el suyo. Además, actitudes cicateras y malas praxis están a la orden del día. Y la violencia en forma de amenaza ya ha hecho acto de presencia. Si a eso le añadimos la deformación de la realidad en forma de psoverdad y la manipulación de los hechos en beneficio propio, nos encontramos con un combinado altamente tóxico que está contaminando muy seriamente la convivencia en una sociedad que hasta hace bien poco era referencia.  Lo lamentable es que eso sucede porque algunos han decido echarlo todo a rodar antes que admitir como error su propia alucinación.
En esas estamos.

Bernardo Fernández

Publicado en E-notícies.cat 29/05/17