28 de març 2015

BIPARTIDISMO MA NON TROPPO

Con la celebración de las elecciones autonómicas andaluzas del pasado 22 de marzo, se dio el pistoletazo de salida a un larguísimo ciclo electoral que deberá concluir a finales de año con unas elecciones generales. Hasta entonces, tendremos autonómicas en 13 CCAA, municipales en todos los ayuntamientos y seudo plebiscitarias en Cataluña.
Quizás el microclima político andaluz no es el banco de pruebas más apropiado para hacer una traslación mimética de los resultados electorales al conjunto del Estado. Andalucía es la única comunidad en la que no ha habido alternancia en el gobierno autónomo desde la restauración de la democracia. No obstante, puede servir como indicativo del estado electoral de la nación.
El PSOE ha aguantado perfectamente el tipo, los socialistas tenían 47 diputados  y Susana Díaz con una campaña muy personalizada y en clave nacionalista ha renovado los 47 escaños.
En cambio, el PP se ha derrumbado y pierde 17 diputados en el envite de los 50 que tenía, y lo peor: el augurio de naufragio en los próximos comicios. Y, aunque, no le falta razón a Mariano Rajoy cuando dice que estos resultados no son exportables a otras elecciones, los populares no pueden ocultar que éste es su peor resultado en Andalucía de los últimos 15 años. Algún mensaje habrá en ello y algo tendrán que ver con las políticas que está llevando a cabo el  PP. No hay que olvidar que de las 13 autonomías en la que el próximo 24 de mayo se celebraran elecciones 11 están gobernadas por los populares y tras el descalabro andaluz pintan bastos.
También IU ha sufrido un serio descalabro que la condena a ser fuerza irrelevante. Los antiguos comunistas reconvertidos en eco socialistas han perdido 7 de los 12 escaños que tenían hasta ahora y pagan así su entrada en el gobierno de coalición. Además Podemos ha venido a ocupar  buena parte de su espacio político.
Por su parte, Podemos entra con fuerza, aunque quedan lejos de lograr su objetivo que era conseguir un mínimo de 18 escaños. Queda claro que los populismos, aunque tengan pedigrí universitario tiene éxito limitado entre el paisanaje.  
Tal vez el caso más llamativo sea el de Ciutadan’s. Presumibles candidatos del IBEX 35,  desconocidos hace cuatro días,  han hecho un buen papel, pero hay que ver cuantos Albert Rivera consiguen clonar.
El gran batacazo junto con populares e IU se lo lleva UPyD que se ha  quedado fuera, en buena medida por la intransigencia y falta de cintura política de su líder Rosa Diez para pactar con Albert Rivera y los suyos. Eso ha hecho que se abriera la caja de los truenos dentro del partido, se hayan producido dimisiones y a partir de ahí cualquier cosa puede suceder.
De todas formas, estas elecciones dejan, sobre la mesa una serie de preguntas que sólo el tiempo nos dará las respuestas: ¿Podrá Susana Díaz tirar adelante con un gobierno monocolor? ¿Será suficiente con la geometría variable? ¿Influirán estas elecciones en las siguientes? ¿Y las siguientes en las otras? ¿Será en las generales cuando, de verdad, se castigue el “Régimen del 78”?
Son muchos los interrogantes que quedan abiertos y deberemos esperar para ir viendo como juega cada cual sus cartas. Lo que es poco discutible es que una nueva generación de políticos está llegando a la sala de máquinas del poder (todos los cabezas de lista que se han presentado en Andalucía, lo hacían por primera vez). A la vez, hay una presión creciente por parte de la ciudadanía para que se cambie la manera de representar y la manera de hacer de los gobiernos. Se piden nuevas soluciones a los viejos problemas, sin cuestionar para nada el sistema democrático.
Asimismo, en contra de los vaticinios de no pocos profetas de regate corto la hegemonía de los dos partidos de siempre sigue siendo muy considerable, pese al descalabro del PP. O, si lo prefieren, utilizando una conocida acotación musical complementaria, nuestro bipartidismo es ma non troppo.

Bernardo Fernández

Publicado en Crónica 26/03/15

18 de març 2015

UN COMISARIO COMO SÍNTOMA

En este país la mayoría  de ciudadanos debemos hacer malabarismos y martingalas invertidas para llegar a fin de mes y sacar la familia adelante. Por si eso fuera poco, día sí, día también nos desayunamos con corruptelas, capitalismo de amiguetes y otras bagatelas varias. Un día es la trama Gürtel, otro los ERE de Andalucía, o los cursos de formación, el caso Palau, el caso Pujol, el caso Nos, el caso Palma Arena o las tarjetas black, y si no un apartamento de casi 300 metros cuadrados que un político compró a precio de saldo no sé dónde.  La cuestión es que la corrupción en España se ha convertido en sistémica, está en todos los ámbitos del poder  y afecta a todas las instituciones.
Además de todo eso, con la excusa de la crisis, la ciudadanía ha de soportar recortes en sanidad, educación, servicios sociales, dependencia y en todo aquello que caracteriza el Estado del bienestar. Simultáneamente, nos suben los servicios básicos como la electricidad, el agua o el gas porque, según dicen,   hay que enjugar los déficits que tienen las grandes empresas que nos proveen de esos servicios, como si los hubiéramos ocasionado nosotros con una gestión deficiente.
En este contexto, el penúltimo affaire que ha saltado a la palestra es el caso de un individuo llamado Villarejo, comisario de policía para más señas. Resulta que el personaje en cuestión compagina, con el beneplácito de sus superiores, su tarea de policía con la gestión empresarial. Es administrador único o presidente en 12 sociedades que acumulan un capital social superior a los 16 millones de euros, según consta en el registro Mercantil. Incluso llegó a tener una sociedad en un paraíso fiscal durante una docena de años.
Villarejo se autocalifica como “agente encubierto”. Según parece  es aficionado a estar en todas las salsas. Implicado en la elaboración de un informe contra el juez Baltasar Garzón. Condecorado en 2014 con la medalla al mérito policial, y, como no, relacionado con el pequeño Nicolás.
De hecho, este comisario no es más que un síntoma, pero proyecta una idea bastante ajustada del estado catatónico en el que está nuestra sociedad. En estas circunstancias,  o se le da la vuelta a la situación como a un calcetín o esto se nos va de las manos y nadie lo va a poder arreglar. Después nos lamentaremos. 

Bernardo Fernández

Publicado en ABC 18/03/15

17 de març 2015

PUJOL NO ES MAS


Deberán pasar unos cuantos años para que la historia, con la perspectiva que da el tiempo, nos proyecte una imagen ajustada de quien fue y que representó Jordi Pujol.
A día de hoy, tengo -creo que como muchos conciudadanos-, una imagen dual del personaje. Por una parte, la del defraudador confeso que, ya en le vejez, después de hacer mil trapacerías al fisco, confiesa sus maldades, probablemente para liberar su mala conciencia y proteger a los suyos. Y por otra, la del ser humano que de muy joven se sintió predestinado a llevar a cabo una misión concreta y a ello consagró su vida. O eso hizo creer a propios y extraños.
De hecho, Jordi Pujol fue en la España negra de Franco uno de aquellos burgueses demócratas con los que se debía y podía contar para conducir el futuro.  De todos modos, siempre fue un personaje controvertido. Así por ejemplo, la época que, él mismo, en sus memorias califica como de hacer país, estuvo salpicada de conflictos. Pujol está detrás de los despidos en la empresa editora de la Gran Enciclopedia Catalana, la censura de la revista Oriflama y también es el responsable del despido del periodista Néstor Luján cuando compra el semanario Destino.
Su liderazgo durante un largo período de tiempo es incuestionable. No cabe duda de que ha dejado una huella profunda. Como sostiene Lluís Bassets “Cataluña es el nombre de la voluntad de poder que Jordi Pujol descubrió entre los veinte y treinta años, probablemente después de 1953, tras salir de una profunda crisis religiosa”
El tema tabú del pujolismo ha sido el caso Banca Catalana. Un asunto por el que siempre pasó de puntillas, cuando no, envuelto en la bandera. Antoni Gutiérrez Díaz líder del PSUC y conocedor de Pujol desde la infancia le espetó en sede parlamentaria: “Usted señor Pujol, no es que cometa errores, es que usted es un error histórico, no sé de qué dimensión pero un error”.  Es evidente que   Pujol es de aquella clase de políticos que decanta a la gente, a favor o en contra, pero nunca deja a nadie indiferente.
Sea como fuere, el sobreseimiento del caso Banco Catalana sirvió, no sólo para que Pujol eludiera responsabilidades como banquero, sino que sirvió para sentar las bases de la Cataluña corrupta que durante casi 25 años ha permanecido silenciada desde el poder y  sus aledaños, y ahora se está empezando a conocer.
Justo es decir, sin embargo, que Pujol es un político con una muy buena formación y gran experiencia. Con gran sentido de la realidad y con las ideas muy claras de lo que es la táctica y lo que es la estrategia, así como la terapia a aplicar en cada momento. Populista y demagogo. Hombre lúcido, hizo del nacionalismo el eje vertebrador de su credo y de su acción política. Desdeñó siempre los conceptos derecha-izquierda, aunque aplicó sistemáticamente políticas de derechas. Adversario acérrimo primero del PSOE y después  del PP, pactó con unos y otros sin ningún rubor cuando lo consideró oportuno para sus intereses. Recordemos si no, a modo de ejemplo, el pacto del Majéstic. Sin duda, todo un personaje. 
Por el contrario, Artur Mas es la antítesis de Jordi Pujol. Su historia es que no tiene historia. No se le conocen inquietudes políticas ni en la época estudiantil ni en los primeros años de la incorporación al mundo del trabajo.  Chico de casa bien, nacionalista de fin de semana. Empezó a trabajar muy joven en la Generalitat, convirtiéndose, de esa forma, en un trabajador monótono y aparentemente aburrido.
Según el periodista Marc Álvaro “Mas es un héroe por accidente (…) hermético, desconfiado y difícil a la hora de trabajar en equipo. Muy pocos saben realmente que piensa y que hará”. Todo indica que Pujol había reservado para Mas el papel de puente entre él y su hijo Oriol para establecer en CDC y, por extensión, en Cataluña, una suerte de monarquía civil, pero la trama de las ITV y otros asuntos no menores han acabado dando al traste con los planes del patriarca.

Por su parte, Artur Mas ha demostrado ser un político voluble y de criterios poco sólidos. Así por ejemplo, firmó ante notario que no pactaría con el PP, después cambió de opinión y aprobó diversas leyes con los populares e incluso un presupuesto. Más tarde, se fue a Madrid a pedir el pacto fiscal para Cataluña, cuando Rajoy le dijo no, desistió y no volvió a insistir. Entonces abrazó el derecho a decidir y convocó elecciones para lograr una “mayoría excepcional” según sus propias palabras, pero perdió 12 diputados en el envite. Entonces se empecinó en la mascarada del 9N. Después quiso convocar una elecciones plebiscitarias con una candidatura única de todas las fuerzas soberanistas, cuando los supuestos socios le dieron calabazas convocó elecciones a 9 meses vista -algo insólito en cualquier democracia-, y, ahora, el Pacto por el derecho a decidir le acaba de dar una colleja al decirle que de plebiscitarias nada de nada.      
Además de todo esto, resulta inaudito que, en su reciente comparecencia en la comisión parlamentaria que investiga la presunta trama corrupta  de la familia Pujol-Ferrusola, dijera que él no sabía nada del dinero que su padre tenía en Liechtenstein, ni de los trapicheos del que fuera su mentor Luís Prenafeta,  ni de los negocios de su amigo del alma Jordi Pujol, alias “Junior”. También dijo no saber nada del señor Millet y sus tejemanejes en el Palau de la Música  a pesar de haber coincidido en más de una ocasión veraneando en Menorca. Demasiado desconocimiento para una persona que ocupa la más alta jerarquía del país.
Ciertamente, con las andanzas de estos dos personajes se podría escribir un libro de un grosor más que considerable, pero quedémonos, de momento, con la idea de Pujol no es más, pero tampoco menos que un villano que se creyó rey y marcó con su impronta más de una generación. En cambio, Artur Mas, no deja de ser un mesías de vocación tardía que está fraccionando a la sociedad catalana y está poniendo su país a los pies de los caballos. 

Bernardo Fernández

Publicado en Crónica Global 14/03/2015