31 de desembre 2017

VICTORIA INSUFICIENTE

Con una participación récord del 83%, en las elecciones del pasado 21 de diciembre, Ciudadanos logró una victoria histórica. El partido naranja, capitaneado por Inés Arrimadas, ganó en votos y escaños unas elecciones al Parlament.  Semejante gesta, no la había logrado jamás una formación no nacionalista o no soberanista. Ni siquiera el PSC, dirigido por Pasqual Maragall lo consiguió. En los comicios de octubre de 1.999, los socialistas ganaron en votos, pero no en escaños.
Ahora, las tres formaciones independentistas que se presentaban a esta convocatoria han logrado revalidar la mayoría que obtuvieron el 27 S de 2015. Es verdad que con un par de escaños menos y un soporte popular algo mermado, pero mayoría suficiente para escoger un president que pueda formar gobierno.
Estos comicios han puesto de manifiesto lo que ya se intuía: Cataluña está dividida en dos mitades y los que no están por la vía unilateral aventajan a los soberanistas en unos 150.000 votos.
Pese a ello y a tenor de como ha quedado el mapa tras la batalla electoral, es lógico pensar que acabarán siendo los secesionistas los que formen gobierno.
Además, Ciudadanos ya ha renunciado a que Inés Arrimadas presente su candidatura en una sesión de investidura. Nada que objetar. Está en su derecho. No obstante, habría sido muy interesante escuchar a la candidata naranja desplegar su programa de gobierno en un discurso en sede parlamentaria y a los otros grupos darle la réplica. No es lo mismo un debate en un hemiciclo que los panfletos electorales y las arengas en los mítines sin posibilidad de réplica que, además, van dirigidos a los ya convencidos.
En cualquier caso, la renuncia a la investidura es una decisión digna. Por eso, considero que se equivoca el Partido Popular y aquellos que presionan para que Inés Arrimadas tome la iniciativa y negocie una posible formación de gobierno. La aritmética, en casos como éste, no admite matices.
De todos modos, la situación es sumamente complicada. Será muy difícil que alguno de aquellos que están imputados pueda ser investido president de la Generalitat. Más ponto que tarde deberán sentarse en el banquillo de los acusados y lo más probable es que sean condenados y, por consiguiente, inhabilitados.
Ahí tiene, parte de sus orígenes, la batalla soterrada que mantienen Junts per Cataluña y Esquerra Republicana. A estas alturas, nadie con dos dedos de frente duda que, si Puigdemont cruza la frontera, será detenido de inmediato. Por el contrario, los republicanos aspiran que a Junqueras se le levante la prisión provisional y quede en libertad bajo fianza, al menos un tiempo. Eso les daría unos meses de margen para maniobrar con cierta libertad. Con ese panorama, quien sabe si propondrían a su líder como president, aún a sabiendas que después sería inhabilitado. Es evidente que los independentistas son muy dados a la épica, el sacrificio por la “terra”, coleccionar mártires y otras bagatelas por el estilo.
No cabe duda de que Ciudadanos obtuvo una gran victoria en las elecciones al Parlament el pasado 21 de diciembre, pero fue una victoria insuficiente. Además, ni el PSC estuvo a la altura de las circunstancias ni el PP con su descalabro pueden hacer aportación alguna para cambiar el carácter de la gobernanza en Cataluña.
Así las cosas, la actitud de Ciudadanos hay que calificarla de razonable. Otra cosa es, como apuntan algunos, si Inés Arrimadas, llegado el momento, tiene el necesario fondo de armario político para convertirse en la primera presidenta electa de Cataluña. No es lo mismo ser el líder de la oposición que dirigir un país, pero todo a su tiempo.

Bernardo Fernández

Publicado en El Catalán 31/12/17

28 de desembre 2017

SENY

La victoria de Ciudadanos en las elecciones al Parlament el pasado 21 de diciembre es incuestionable. Tan incuestionable como que los escaños logrados por la formación naranja no son suficientes para formar gobierno. En consecuencia, todo indica que será Junts per Catalunya con la complicidad de ERC y, muy probablemente de la CUP, los que elijan president. Ahora bien, primero han de resolver el galimatías jurídico en que andan inmersos (el presidenciable huido de la justicia y dieciocho diputados electos imputados) y después limar las diferencias que tienen entre si, que no son pocas ni menores.
Si logran salvar esos escollos, las formaciones independentistas tendrán todo el derecho del mundo a unir sus fuerzas para sumar una mayoría parlamentaria que les permita colocar una persona al frente de la Generalitat de Cataluña. No obstante, sería conveniente que se dieran una ducha escocesa de realismo político que les permitiera entender la magnitud de la situación.
Así las cosas, crucemos los dedos para que elijan el president que necesita Cataluña, una persona con seny, no el que ellos creen que les conviene. 
Ese nuevo president deberá luchar hasta la extenuación para consolidar, actualizar y mejorar nuestro autogobierno, hasta donde sea posible. Para lograr tales objetivos será necesario que se valga del diálogo con el resto de las fuerzas políticas y utilice el marco que brinda la constitucionalidad española. En este contexto, sería un gran acierto desechar la avaricia fiscal que ha caracterizado otras épocas y que descarte pedir privilegios. El reconocimiento y la aceptación de los otros vendrá cuando los catalanes aceptemos compartir, con las autonomías que lo deseen, el afán de más autogobierno que caracteriza a los Estados federales más avanzados.
Ni por lo más remoto nos podemos permitir otra frivolidad como la DUI. Es evidente que esa vía no cuenta con el más mínimo soporte  ni dentro ni fuera de la UE. Necesitamos un president que encabece un Govern que hable y se preocupe de crear empleo, de los problemas de la educación y de como recortar las listas de espera de la sanidad.
Cataluña necesita, entre otras muchas cosas, estabilidad política, seguridad jurídica e incentivos fiscales para que las empresas que marcharon regresen. Vivimos en la era de la tecnología global y sólo mediante la internacionalización y la innovación las empresas podrán seguir adelante. De manera simultánea, hemos de dotarnos de un sistema educativo que forme a los jóvenes para que estén a la altura de las circunstancias. Ese es el auténtico reto del futuro.
Sería un gravísimo error permitirnos el lujo de volver a las andadas. Eso, lo pagaríamos todos los catalanes y con un coste muy elevado. Se trata, pues, de actuar no con miedo sino con responsabilidad. A Mariano Rajoy no le temblará la mano si ha de volver a aplicar el artículo 155. Y si eso sucede, esta vez no se podrían celebrar elecciones hasta dentro de un año. En ese supuesto, la intervención sería mucho más larga y dura de lo que ha sido ahora. Tal vez, esa situación sea la que convenga a los más radicales, pero no desde luego a la inmensa mayoría. Lo que necesitamos en estos momentos, quizás más que nunca, es un president y un Govern con seny, mucho seny.

Bernardo Fernández

Publicado en e-notícies 28/12/17

19 de desembre 2017

EL LEGADO INDEPE

Todas las encuestas que se han hecho hasta la fecha sobre el 21 D coinciden en dos puntos. Uno, la previsión de una muy alta participación -es posible que sean las elecciones autonómicas con más votación de la historia-. Dos, el número de indecisos supera ampliamente el 20%.
Con estos datos sobre la mesa, es fácil comprender que todo esté abierto y que, a priori, cualquier resultado es posible. Incluso que, dada la radicalización existente, salga un parlamento muy fragmentado, no se pueda formar gobierno y haya que ir a nuevas elecciones.
Sea como sea, este próximo jueves, a primeras horas de la noche, saldremos de dudas. Entonces ya sabremos a que atenernos y por donde soplará el viento a corto y medio plazo.
De todos modos, esa será una página de nuestra historia que está por escribir. Sin embargo, lo que ya está escrito es el legado independentista de los últimos años, y de manera especial lo que ha dejado el procés desde finales de 2015 hasta hoy.
Nos quisieron hacer creer que el proceso de independencia sería algo festivo, amable y respetuoso. Algunos lo calificaron de la revolución de las sonrisas. Pero un día el juez Santiago Vidal se descuelga diciendo que habían conseguido nuestros datos de forma fraudulenta. Pocas semanas después era el diputado Lluís Llach el que amenazaba a los funcionarios del riesgo que corrían si no cumplían la ley. Su ley.
Un buen día, la violencia hizo acto de presencia. Fue los días 20 y 21 de septiembre, durante el cerco que se hizo a la Consejería de Economía, bloqueando la salida de la Guardia Civil y con el destrozo de diversos coches policiales.
Después, nos confirmaron lo que ya sabíamos: que el Govern había utilizado una retahíla de falsedades y mentiras para engañar a la ciudadanía, como reconoció el exconsejero Toni Comín.
Por otra parte, los insultos las falacias y las ofensas con el paso del tiempo ha ido aumentando su calibre. Pero desde octubre se ha abierto la veda. Las expresiones, de “fascista” o de “hijo de puta” están a la orden del día para quien no está por el procés. Asimismo, según Marta Rovira, “España no es una democracia” y el expresdent fugitivo habla de “persecución” “represión” y “presos políticos”, sin inmutarse.  Como me dijo un represaliado del franquismo: “qué sabrá éste lo que es un preso político.”
Ahora ya, en plena campaña electoral y quizás por lo ajustados que se prevén los resultados, se han hecho pintadas y escraches a los partidos constitucionalistas. Incluso al autocar de prensa que sigue a Ciudadanos. Se está boicoteando, casi de forma sistemática, a entidades que no son de la cuerda secesionista, como es el caso de Sociedad Civil Catalana. También se han lanzado insultos del más puro estilo homófobo y barrio bajero a Miguel Iceta, de quien se ha dicho que tiene los “esfínteres dilatados” o el gran actor Toni Albà, reconocido mundialmente, trató de “mala puta” a Inés Arrimadas. Pero es que incluso en TV3 celebraron la muerte del fiscal Maza.
Por si con todo esto no hubiera suficiente, en el terreno económico las cosas no han ido mejor. El número de sociedades que ha cambiado el domicilio social para buscar estabilidad política y seguridad jurídica supera las 3.000, desde el 1 de octubre. Estos cambios, en principio, no implican ni cambio de personal ni traslado físico de las oficinas. Por el contrario, el caso de los cambios de sede fiscal es distinto (cosa que ya han hecho un millar largo de sociedades). Entonces, los tributos se pagan donde la empresa ha ubicado su sede fiscal, lo que supone merma de ingresos para la hacienda pública catalana.
Desde hace tiempo, unos cuantos escribanos y/u opinadores, entre otros, hemos ido advirtiendo del riesgo de fractura social que generaba la mal llamada revolución de las sonrisas. No dudaron, entonces, en tacharnos de exagerados y agoreros.
Ahora, lamentablemente, aquella advertencia se está haciendo realidad. Y si algún valor añadido ha tenido Cataluña ha sido su capacidad de acogida y su cohesión social; las consecuencias: un sistema de convivencia digno de envidia, y no nos no nos podemos permitir, bajo ningún concepto, el lujo de perder nuestro bien más preciado: la cohesión social.
Esperemos, pues, que todo quede aquí, porque si los soberanistas siguen empecinados en seguir adelante con su fantasía imposible, llegará la violencia en las calles (de hecho, los demócratas de la CUP ya han dicho que si el independentismo es derrotado no aceptarán los resultados y harán todo los posible para hacer inviable la actividad parlamentaria, y de ahí a la algarada callejera sólo hay un paso). Además, de seguir así, terminarán por destruir el prestigio que Cataluña tiene en el mundo y acabarán por cargarse la marca Barcelona que ya han mancillado bastante.
Ese es, a grandes rasgos, el legado que nos deja el procés. Ahora bien, si el jueves 21 vamos a votar de forma masiva, a eso de las diez de la noche podremos empezar a dejar atrás todo este mal sueño. Dentro de un tiempo nos parecerá que fue una pesadilla. Y pesadillas cuantas menos, mejor.


Bernardo Fernández
Publicado en e-notícies 18/12/17


18 de desembre 2017

LA FALACIA DEL EXPOLIO FISCAL

En los cuarteles generales de Junts per Catalunya y Esquerra Republicana los nervios están a flor de piel. Según apuntan la mayoría de las encuestas, el próximo día 21 podría darse un vuelco electoral y el secesionismo catalán perder la hegemonía y con ella el momio que ha significado para muchos de ellos.
En estas circunstancias, no es de extrañar que los cerebros pensantes del procés se devanen los sesos buscando argumentos con los que recuperar la moral de la tropa.
La verdad es que siempre han andado muy justitos de razones lógicas y creíbles para defender sus postulados. Lo suyo ha sido más de épica y de sentimientos.  Por eso ahora se agarran a un clavo ardiendo, cualquier argumento, por peregrino que resulte, puede servir si así se espolea a algún incauto de buena fe, que haberlos hay los.
En este contexto, los estrategas del tema están buscando desesperadamente motivaciones para levantar la moral del personal. Por eso han recuperado el mantra del expolio fiscal, sinónimo del “Espanya ens roba” de las épocas más gloriosas de Jordi Pujol.
“Pagar en torno al 9% de su PIB por concepto de solidaridad y con frecuencia más, se convierte en un expolio que perjudica gravemente a Cataluña y su gente.” Dijo Pujol, hacia mediados de los años noventa. Esta falacia, repetida hasta la saciedad, acabó convirtiéndose en uno de los agravios comparativos preferidos para justificar su animadvresión a España. Y ha sido utilizada a destajo, primero por los nacionalistas y más tarde por los independentistas.
Artur Mas quiso seguir explotando la falsedad al publicar, en 2012, un estudio, según el cual Cataluña estaría aportando 16.409 millones de euros al presupuesto común.
sostiene el economista Antoni Zabalza que hay que distinguir entre los ciclos económicos. Si en tiempos de bonanza el déficit catalán oscila en torno al 8%, en las fases de crisis se ha llegado al superávit por parte catalana. En términos semejante se expresan Josep Borrell y Joan Llorach en su libro las cuentas y los cuentos del independentismo. En el mismo recogen una estimación de la Generalitat en la que el desencaje de 2015 anduvo sobre los 3.228 millones de euros, es decir, el 1,6% del PIB; muy alejado pues, de las cifras utilizadas por los voceros oficiales del procés y sus palmeros.
Bien es verdad que Cataluña es un contribuyente neto al resto de España y, sin embargo, recibe menos inversión que lo que debería por su PIB y su población. Así, por ejemplo, en el período 2011- 2015, la inversión en el conjunto de España bajó un 36,6%, pero en Cataluña un 57,9% y la ejecución fue aún mucho peor. Ciertamente, hay disfunciones, pero para arreglarlas existe el dialogo, la negociación y el pacto.
De todos modos, conviene saber que Cataluña no es ni la única ni la primera comunidad que aporta al Estado más de lo que recibe. En las mismas condiciones y por delante, están Madrid y Baleares.
Además, no debemos perder de vista que la contribución no sale de los presupuestos que se aprueban en el hemiciclo del Parque de la Ciutadella, sino que viene dada por la mayor fiscalidad debida a la mayor riqueza de los ciudadanos catalanes.
Por otra parte, no hay que olvidar que en la balanza comercial Cataluña obtiene superávit frente a todas las comunidades autónomas y, por consiguiente, respecto al conjunto.
En definitiva, es cierto que en términos fiscales Cataluña aporta más de lo que recibe, pero en todos los países del mundo civilizado sucede que las regiones, autonomías, landers o estados contribuyen en función de la capacidad fiscal de sus ciudadanos, tengan el sistema político que tengan. Ocurre lo mismo en las ciudades: los barrios ricos pagan más que los barrios menos ricos o pobres. Eso es así porque los habitantes de los primeros tienen rentas más elevadas.
En cualquier caso, todo esto tiene solución. Una de ellas, aunque no la única, es respetar el principio de ordinalidad. Por eso, hablar de expolio fiscal no sólo es un insulto, es una falacia.

Bernardo Fernández

Publicado en El Catalán 17/12/17

13 de desembre 2017

LA MARCHA AMARILLA

Buena parte de la sociedad catalana, inducida por sus líderes políticos y agitadores sociales a sueldo, camina imperturbable hacia el abismo.
El problema es que, en su viaje hacia el absurdo, nos van a arrastrar a todos, tengamos o no el mismo credo ideológico.
El mundo nos mira decían hace un tiempo los secesionistas. En efecto, el mundo nos mira, alucina y se asusta. No es casualidad que la inversión haya caído y las reservas hoteleras para las próximas fiestas en Barcelona sean un 50% menos que el año pasado en las mismas fechas. ¿Por qué será? ¿Tendrá algo que ver la situación política que estamos viviendo?
Algunos irresponsables no acaban de tomar en serio que más de 3.000 empresas hayan cambiado su sede social y un millar largo la fiscal. Cuando empiece la deslocalización y con ella la pérdida de puestos de trabajo, entonces todos lo lamentaremos, pero la culpa será de aquellos que generaron inseguridad política y jurídica, aunque acabaremos pagando los de siempre: trabajadores, clases medias y populares.
Con este panorama de fondo, tuvo lugar la semana pasada la marcha amarilla. Unos 250 autocares, una quincena de vuelos chárteres y un sinfín de coches particulares se desplazaron la semana pasada a Bruselas, aprovechando la fiesta de la Constitución y el puente de la Inmaculada, para manifestarse, entre otras cosas, en contra de esa misma Constitución, que paradoja, ¿no?
Según la policía belga, unas 45.000 personas asistieron al evento, Datos que, por cierto, empiezan a ponerse en tela de juicio. En cualquier caso, mucha gente, sin duda. Eso demuestra que el soberanismo está movilizado y no se para en barras.
Desde luego, cada cual es muy libre de manifestarse como y donde quiera. No obstante, todo tiene un límite y los excesos verbales, diatribas y exabruptos que día sí, día también, lanzan contra el sistema de convivencia del que libremente nos hemos dotado, no es tolerable.
Basta con escuchar con un mínimo de atención las intervenciones que llevaron a cabo los exdirigentes fugados y las de los bufones que les fueron a visitar para constatar los desvaríos de esos personajes.
Ahora bien, quien se lleva la palma en todas las declaraciones e intervenciones es el president cesado, Carles Puigdemont. Hace unos días tuvo la ocurrencia de proponer un referéndum para saber si los catalanes querían salir de Europa, porque la UE era un “club de Estados decadentes” había dicho con anterioridad.
Por otra parte, en la intervención que hizo ante los manifestantes dijo que “aquella manifestación independentista era la mejor cara de Europa.” Me parece que ante tales expresiones no hacen falta explicaciones, se explican por si solas.
Ante este cúmulo de despropósitos, me inclino a pensar que es muy posible que el frío del corazón de Europa haya afectado las meninges de Puigdemont y sus escuderos. De todos modos, cuando estaban aquí, en pleno ejercicio de sus responsabilidades, ya dieron señales de algún tipo de inestabilidad. ¿De qué otra forma si no, se pueden entender las acciones que llevaron a cabo en el Parlament los días 6 y 7 de septiembre y la convocatoria del 1 de octubre?
Además, no deja de ser curioso que, mientras Puigdemont se las de demócrata, apela al derecho a decidir, a la libertad de expresión y un puñado de bagatelas más, concede entrevistas y hace declaraciones en sesión continua a medios de comunicación extranjeros y, por descontado, catalanes, les niega hasta el saludo a los españoles.
Y mientras todo esto sucede, aquí estamos en plena campaña electoral, pero ni el paro, ni la corrupción, ni la sanidad, ni la enseñanza, por no hablar de infraestructuras o de inversiones, están entrando en el debate. Son cuestiones que no parecen importarle a nadie, y menos que a nadie a los secesionistas, para ellos todo se reduce al mono tema del procés.
En mi opinión, el problema de fondo de esta lamentable situación es la obcecación que padecen los soberanistas. Una obcecación, que es familia directa del fanatismo, y así mal se pueden solventar las cosas.
En estas circunstancias, vayámonos preparando para el 22 D. Ese día, o se empiezan a buscar soluciones de verdad, o el problema, más pronto que tarde, llegará a un punto imposible de solucionar.


Bernardo Fernández

Publicado en e-notícies 11/12/17

07 de desembre 2017

TV3, "LA NOSTRA"?

TV3 es la televisión autonómica con más audiencia de España. Sus informativos son los más seguidos de Cataluña. No obstante, el modelo, que se puso en marcha en 1983, hace tiempo que está emitiendo señales de agotamiento.
Los motivos son varios, pero se podrían sintetizar en tres vertientes: la politización crónica, la caída de los ingresos publicitarios más los recortes de presupuesto y el alejamiento de diversos segmentos de público por el sesgo político de la información y/o los formatos fosilizados.
El presupuesto más alto alcanzó la cifra de 450 millones de euros, sin embargo, el del último año se ha quedado en 307.
La plantilla se ha reducido casi un 16%. Pese a ello, la masa salarial supone el 53% del gasto.
En cambio, el último presupuesto para contratación externa ha sido   de 28,5 millones de euros, el 46% de lo invertido en ese concepto en 2010. Una cifra muy pequeña si se compara con otras casi mastodónticas que se manejan en la cadena.
Con estos datos sobre la mesa es poco cuestionable que el modelo debe revisarse. Seguir así es sencillamente inviable.
De todos modos, desde el 1 de octubre los informativos han ganado una audiencia de casi un 40%, el motivo es claro: los acontecimientos que el procés ha generado.
Por otra parte, el reparto de cargos entre CiU (ahora PDCAT) y ERC, tanto para TV3 como para Catalunya Radio, es una evidencia. Por todo ello, la dependencia del Govern es total y eso convierte a la televisión pública catalana en un apéndice del ejecutivo de la Generalitat.
Esa dependencia hace que las críticas se basen en la parcialidad de la información, el tono utilizado y la carencia de autocrítica respecto al procés independentista y a los partidos que lo promueven.
Hasta el momento TV3, no tan solo es una televisión con un claro sesgo partidista, sino que está al servicio de una causa. De hecho, toda la programación, además de los informativos, está tamizada por el proyecto de secesión, donde unos (los de aquí) defienden de forma democrática una causa noble y justa, mientras que los otros (los de allí) utilizan la razón de la fuerza para cercenar el sueño de libertad de todo un pueblo.
Se ha llegado a tal punto de radicalización que se han suspendido programas, como fue el caso del programa satírico Polonia cuando se encarceló a parte de ex miembros del Govern. También se han llevado a cabo programas especiales tomando como excusa los más variopintos motivos secesionistas. Todo vale para enaltecer la causa de esa hipotética libertad. Por no hablar de las tertulias en las que a los participantes sólo les falta llevar el carné del partido colgado del cuello a modo de documento identificativo. No es casualidad, tampoco, que la Junta Electoral haya prohibido hablar de los miembros del Govern cesado como si fueran integrantes de un ejecutivo en activo.
La penúltima información sonrojante (la última siempre está por llegar) es la que se está dando estos días, a raíz de la no excarcelación de los Jordis, Junqueras i Forn. Parece que estos personajes sean unos santos varones que no han roto nunca un plato, más inocentes y cándidos que un bebé en la cuna.
Pues bien, ahora, con la campaña electoral en marcha, TV3 se la juega. Se la juega porque después de estos comicios, si se produce un cambio de gobierno, acabará habiendo, también, un cambio en la orientación de los medios de comunicación públicos que dependen del Govern.
Según García Albiol, líder del PP catalán: “los medios públicos han convertido en una institución favor de la agitación institucional”. Algo similar se ha dicho desde Ciudadanos y Miguel Iceta, desde el PSC, ha apuntado que hay que priorizar cuestiones como la sanidad y la educación y dotar a los medios públicos de comunicación de unos presupuestos acordes con nuestras posibilidades y la realidad que estamos viviendo.
Visto lo visto, tengo la sensación de que TV3, la “Nostra”, como la conocemos ahora tiene los días contados.

Bernardo Fernández

Publicado en El Catalán 07/12/17

06 de desembre 2017

VENCER Y CONVENCER

Buena parte de las encuestas y estudios que se han publicado hasta la fecha, sobre las elecciones del próximo 21 D, apuntan un empate técnico entre soberanistas y constitucionalistas. Llegados a ese punto podrían ser los comunes, que según parece están perdiendo empuje, los que acabaran decantando la balanza.
Desde luego, todos los pronósticos hasta el momento dan como ganador a ERC, si bien en los últimos días el proyecto de Puigdemont, por razones bastante difíciles de explicar con un razonamiento lógico, pero que tienen mucho que ver con los sentimientos, está subiendo con fuerza. Además, en la otra orilla, tanto Ciudadanos como el PSC han arrancado con mucha energía. El discurso netamente liberal de Arrimadas, por una parte y la decisión de Iceta, por otra, de incluir en su lista demócrata cristianos, sindicalistas y comunistas, parece que están causando el efecto deseado en los segmentos de votantes a los que van dirigidos, que son: ciudadanos que, catalanes o no, se sienten españoles, el partido de color naranja. Catalanistas moderados y gente de progreso, en general, los socialistas.
Todo esto, está generando una situación de cierto nerviosismo en el cuartel general de los republicanos; de manera especial, ese resurgir, aunque de momento tímido, del expresident fugitivo. Pues, aunque en principio la victoria no esté en cuestión, los márgenes se acortan, y ya se sabe que en una campaña electoral puede ocurrir cualquier cosa y después ya no hay remedio.
Quizás por eso, los de Junqueras han decidido hacer un recuento de votación paralelo el 21 D, para evitar un posible “pucherazo”, han apuntado. Dicen que cuentan ya con unos 14.000 apoderados, muchos ajenos al partido, que se han inscrito para este fin. Es la táctica de siempre, en eso no han cambiado: emponzoñarlo todo por si acaso. Ellos son los puros y limpios, los otros, por lo menos, sospechosos de choriceo. Ya se sabe: piensa el ladrón que todos son de su condición.
De todos modos, que nadie dude que si los independentistas suman formarán gobierno. Por eso, si esa circunstancia no se da y los constitucionalistas pueden gobernar, hay que hacer lo que sea, cueste lo que cueste y dejarse de remilgos.
Las fórmulas para gobernar son variadas y hay donde escoger. Se puede ir, desde un gobierno de concentración a uno de coalición o un ejecutivo en minoría que utilice la geometría variable para sacar adelante las cuestiones legislativas en el parlamento. Por eso, sería conveniente que los que están por devolver el sentido común a la política catalana utilizasen la inteligencia en las fechas que se avecinan y no se cierren puertas por lo que pueda venir.
El 21 D ha de volver a imponerse la razón y el “seny”. Se trata de vencer primero en las urnas y después demostrar y convencer a los ciudadanos que los gobernantes están para resolver problemas y no para crearlos, que es lo que ha sucedido en Cataluña en los últimos cinco años.
Tenemos la oportunidad histórica de derrotar democráticamente al fanatismo nacionalista y echar a sus adalides a la papelera de la historia. pero esta vez de verdad y para siempre,
De nosotros depende.

Bernardo Fernández
Publicado en e-notícies 05/12/17


DOS x UNO

Aunque estamos en plenas campañas de elecciones municipales, europeas y autonómicas, en doce comunidades autónomas, los partidos ya han ...