22 d’octubre 2006

LA REVOLUCION HOY

Una buena parte de la gente que nos consideramos de izquierdas en algún momento de nuestro trayecto político hemos considerado que la revolución podía ser el medio más adecuado para alcanzar nuestros objetivos.

Es evidente que este vocablo en su acepción más clásica lleva adherida una cierta dosis de violencia y, en consecuencia, no cabe plantearse su utilización en el siglo XXI en el mundo occidental. Ahora bien, existe otro modelo de revolución menos llamativo, menos vistoso tal vez, pero en ocasiones tan eficaz, o más, que aquellos que otrora se hicieron con cañones, pistolas y bayonetas caladas. Me estoy refiriendo al tipo de acción que se puede hacer con papel y lápiz desde los despachos y/o desde los lugares de representación popular, fundamentalmente los parlamentos.

Algo de esto es lo que está haciendo el gobierno de Rodriguez Zapatero desde hace dos años. Diversas leyes de carácter social han puesto de manifiesto con claridad la tendencia de este ejecutivo pero, si tuviéramos que escoger una iniciativa legislativa, sin ningún género de dudas esa sería: “La promoción de la autonomía personal y atención a las personas en situación de dependencia” Con este proyecto de ley el gobierno ha puesto sobre la mesa con toda claridad cual es el camino que quiere recorrer en cuestiones sociales. Esta propuesta, que pronto se convertirá en una realidad legal, tendrá la misma trascendencia que en su día tuvieron el derecho a la enseñanza gratuita o el derecho universal a las prestaciones sanitarias.

Estamos, pues, ante un cambio de trascendencia histórica. Y es que no puede ser de otra manera. La magnitud del asunto requería desde tiempo atrás tomar decisiones que por razones diversas, que ahora no vienen al caso, nadie quiso asumir.

A estas alturas del siglo XXI la atención a las necesidades de las personas en situación de dependencia es, sin duda, uno de los grandes retos en los países desarrollados a la hora de llevar a cabo políticas sociales. Hay que poner especial énfasis para que aquellas personas que dependen de otras para ejercer sus derechos de ciudadanía, y que necesitan un apoyo para desarrollar las actividades más básicas de la vida diaria, lo puedan hacer de la mejor manera posible, conforme a la sociedad del bienestar en la que estamos inscritos.

El envejecimiento de la población y la mayor tasa de supervivencia de las personas afectadas por diversas enfermedades, junto con el incremento de la accidentalidad grave, nos hacen evolucionar hacia una situación de personas con dependencia cada vez mayor.

Por otra parte, nuestra Constitución consagra el modelo de Estado social en el cual los poderes públicos deben desarrollar las políticas adecuadas para hacer frente a ese tipo de situaciones. En 1978 estas políticas se basaban en la protección sanitaria y en la seguridad social. Después de casi tres décadas, la necesidad de dar atención a las personas con dependencia es equiparable a la que entonces se tenia en el campo de la sanidad.

A día de hoy estas necesidades son cubiertas por las administraciones autonómicas y locales, y algo por la Seguridad Social. Pero esta situación resulta insuficiente. Ha llegado el momento de articular la prestación de este tipo de servicios de forma acorde a la demanda y sostenible con la implicación directa del Estado.

Se trata, en síntesis, de regular las condiciones básicas de la promoción de la autonomía personal y de la atención a las personas en situación de dependencia, desde la colaboración y participación de las diversas Administraciones Públicas, a partir de un sistema de atención integral, mediante el cual se puedan garantizar unos derechos básicos fundamentados en los principios de universalidad, equidad e igualdad.

O, dicho de otra forma, mejorar hasta donde sea posible la calidad de vida de los ciudadanos. Y eso, es ni más ni menos, lo que se persigue con la Ley de promoción de la autonomía personal y atención a las personas en situación de dependencia que se aprobó el pasado día 5 en le Congreso de los Diputados.

Publicado en ABC 8/10/2006

12 d’octubre 2006

Per un govern d'esquerra

Quan Jordi Pujol va guanyar les primeres eleccions autonòmiques de la democràcia reinstaurada, aquella llunyana primavera de 1980, pocs podien sospitar que a Catalunya començava una llarga etapa de governs conservadors de gairebé 23 anys.

Durant quasi un quart de segle Catalunya ha estat governada per una formació nacionalista de tall presidencialista que ha fet servir els mitjans de comunicació públics com quelcom al servei dels seus interessos, i no pas al servei del país. Això ha estat possible entre d’altres raons gràcies a la complicitat, bé per acció o per omissió, dels mitjans privats. Aquesta situació és la que, en el seu dia, va donar lloc a l’anomenat oasi català.

Catalunya Ràdio, TV3 i en bona mesura el diari Avui, per altra banda, es van convertir en aparadors naturals i ”portaveus oficiosos” dels governs conservadors.

Seria injust no admetre l’habilitat per col•locar sempre per davant de la problemàtica comú de la ciutadania -com ara, l’atur, l’ensenyament, l’habitatge, la sanitat... - problemes pretesament identitaris i de suposat caire nacional. Hem de reconèixer la capacitat per buscar i trobar sempre enemics exteriors, embolicar-se en la bandera, amagar i, fins i tot, justificar mancances i errors propis.

No és casual que tant Espanya, sota el mandat d’Aznar, com Catalunya governada per Pujol hagin estat dels països de la UE amb menys despesa social per càpita. I això n’és només un exemple. Es podrien fer comparatives d’inversió per temes socials amb altres comunitats i veuríem que Catalunya queda molt enrederida en aquestes qüestions.

Doncs bé, amb aquest paisatge de rere fons, van arribar les eleccions de novembre de 2003 i la ciutadadania va dir “prou” i es constituí un govern d’esquerres que va fer el programa de govern de progrés més ambiciós que els catalans hem tingut de la república ençà i potser fins i tot mai.

Un programa que proposa, per exemple, la universalització dels serveis a les persones dependents, o una reforma en profunditat del sistema públic sanitari, amb l’objectiu de donar millor servei al ciutadans i sabent que això passa, entre d’altres qüestions, per racionalitzar i reduir la despesa corrent, especialment allò que té a veure amb els medicaments. També estava sobre la taula una reformulació extensa del sistema educatiu, integrant el sistema públic subvencionat, per evitar així la discriminació dels nou vinguts i la d’aquells alumnes provinents de determinades classes socials. I tot això sense oblidar el pla de xoc en el terreny de l’habitatge per pal•liar la carència de vivenda que pateixen les classes populars i, sobre tot, els joves.

Amb aquests i altres paràmetres, el govern va començar a caminar i a treballar. Ara bé, és cert que moltes vegades amb més soroll del que és estrictament necessari. En ocasions, generat per ingenuïtat i manca d’experiència; altres, provocat per agents al servei d’interessos sectorials, corporatius o, senzillament, de poder.

És evident que tot es va acabar el dia que es va trencar el govern i la manca de visó política de llarg recorregut d’alguns ens va abocar a tots a unes eleccions anticipades. Per tant, ara el que toca, tenint en comte que ja tenim estatut, és centrar esforços per a que amb aquesta nova i potent eina puguem recuperar el temps perdut en temes tan cabdals pel país com són recerca, investigació, sanitat o infraestructures.

No n’hi ha dubte. Hi ha molta feina per fer. El repte és apassionant però cal que s’afronti amb serenitat, amb racionalitat i també amb rauxa i en seny a l’hora.

La història ens ho ha demostrat. La dreta nacionalista ha estat incapaç d’estar a l’alçada de les circumstàncies. Ells no saben governar, ells saben manar. Per això ara, perquè necessitem que el país avanci, ens cal un govern d’esquerra.

El Punt 20/09/06

07 d’octubre 2006

MAS O MONTILLA, UDS. DECIDEN

Los catalanes hemos sido convocados a las urnas el próximo 1 de noviembre. Ese día decidiremos quien será el Presidente de la Generalitat en los próximos 4 años, si Artur Mas o José Montilla. Los otros aspirantes, con todo respeto pero con toda seguridad, seguirán siendo eso: aspirantes.

Así las cosas, los ciudadanos decidirán si al frente de nuestro gobierno ponemos a Artur Mas, “el hombre sin pasado” lanzado y promocionado desde el poder, para seguir en él. De este modo se perpetuará un determinado modelo de gobernar Cataluña basado en anteponer las cuestiones identitarias y de nación a los problemas cotidianos de las personas. Es decir, la sanidad, la vivienda, la educación o el paro. No es casualidad que, con los gobiernos de derecha nacionalista que hemos tenido, Cataluña fuese uno de los lugares con menor gasto per capita en políticas sociales de la UE de los 15.

La otra opción es José Montilla, candidato con un currículo contrastado, alcalde de Cornellá durante varias legislaturas y con varias mayorías absolutas a sus espaldas. Después, Ministro de Industria del Gobierno del Estado donde ha demostrado ser eficiente, eficaz y resolutivo. Para corroborar estas afirmaciones basta darse una vuelta por la población del bajo Llobregat, ver como se ha transformado y pedir opinión a los vecinos. También se puede contrastar su labor al frente del ministerio y veremos que estamos ante un buen gestor. Como dicen algunos, “el mejor gestor para el mejor estatuto”.

Puestos a practicar este sano ejercicio de inmersión en la trayectoria de los candidatos propongo que alguien nos explique los logros de Mas como responsable político. Ya sea en el Ayuntamiento de Barcelona -recordemos que fue un tiempo jefe de la oposición municipal-, o como Consejero en diversos gobiernos de Cataluña de los que ha formado parte. Incluso podríamos admitir, para nuestro juego, sus éxitos en la consejería en cap. Nadie ignora que ésta fue creada a su medida para su lanzamiento mediático y político. Por cierto, no vale recordar aquel día que, mientras caía la gran nevada del siglo en Cataluña, el país quedaba incomunicado y grandes zonas sin energía eléctrica, él se lo pasaba “pipa” en una discoteca del Maresme.

No hay más. No nos podemos llamar a engaño. El día 2 de noviembre o tendremos como presidente a Artur Mas, como dicen algunos “el hombre sin pasado”. Y yo digo que sin futuro. Nadie sabe que actividad política tuvo, si es que la tuvo, en sus años jóvenes. O el presidente de la Generalitat será José Montilla, un hombre con trayectoria y con proyecto, de sobras conocida la primera e interesante y atrayente, en términos políticos, el segundo.

Montilla en este nuevo ciclo político, que se abrió el 18 de junio con el nuevo estatuto, nos hace una propuesta cargada de lógica y sentido común. Sostiene el socialista que ha llegado el momento que, sin hacer abstracción de nuestra singularidad nacional, pongamos el acento de nuestras políticas en la cotidianeidad y que también es el momento que resolver los problemas de la gente, ese debe ser el eje vertebrador de nuestras acciones. Para lograr el nuevo estatuto se trabajó mucho y bien, y ello hizo posible el mejor marco jurídico que jamás hemos tenido como pueblo. Pero solo será así, si ahora hacemos que todo eso que se consiguió sirve para que los ciudadanos vivan mejor: para que la sanidad sea mejor, para que la educación sea un herramienta de integración y liberación para todos, para que los jóvenes puedan acceder a una vivienda si tenerse que empeñar de por vida…

… Y a todo esto, Artur Mas ¿qué nos propone?
Queridos lectores el 1 N, ustedes deciden


Publicado en ABC 18/09/06

04 d’octubre 2006

EL SOCIALISMO CATALÁN EN LA ENCRUCIJADA.



Es posible que las últimas decisiones que hemos tomado los socialistas en Cataluña vistas desde la distancia puedan producir cierta perplejidad.

Analicemos los hechos:

Es verdad que en menos de tres meses se han cambiado los dos primeros cabezas de cartel. Pasqual Maragall, actual presidente y candidato a repetir como tal en la Generalitat, y Joan Clos, alcalde de Barcelona nombrado Ministro, han dejado sus plazas. Para empezar no olvidemos que la única persona con potestad para poner y destituir ministros es el presidente del gobierno. Y eso es lo que ha hecho. Decidir y actuar en función de las competencias que la legalidad le otorga.

Ante esta situación el partido ha optado, en perfecta sintonía con el hasta ahora alcalde, colocar a Jordi Hereu al frente del Gobierno Municipal. Jordi Hereu, que posee una buena formación académica, es un joven concejal de 41 años que ha desempeñado diversas responsabilidades políticas con notable éxito desde el año 1999 en que fue elegido concejal. Ha sido, entre otras cosas, regidor en diversos distritos como Las Corts o Sant Andreu y responsable de seguridad y vía pública. Parece, pues, una opción acertada para proseguir la obra de hacer de Barcelona la capital socialdemócrata del sur de Europa que un día inició Narcís Serra, continuó con notable éxito Pasqual Maragall y siguió desarrollando ya en el siglo XXI Joan Clos. De todos modos, que nadie se asuste. Éste es un tránsito necesario y obligado hasta las próximas elecciones municipales del mes de mayo de 2007. Para entonces el partido ya habrá puesto en marcha los mecanismos que el régimen interno prevé y los militantes se pronunciarán sobre quien debe ser el alcaldable de la organización por Barcelona.

En cualquier caso lo que ha hecho correr ríos de tinta y ha tenido, y temo tendrá, más resonancia mediática es la renuncia de Pasqual Maragall a presentarse a otro mandato en la presidencia de la Generalitat de Cataluña.

Es evidente que Maragall ha sido un líder heterodoxo, no adscrito a los cánones clásicos de la izquierda tradicional. De hecho, siendo alcalde ya intentó la creación de una plataforma política que suplantara en todo o en parte el espacio del partido. Sabido es que nunca sus relaciones fueron fluidas con el mal llamado aparato. Tal vez por eso, y quizás porqué quería emular al partido demócrata americano crea Ciutadans pel Canvi, organización que hace tiempo ya perdió su razón de ser, si es que la llegó a tener. Por otra parte, hay que reconocer su capacidad de trabajo. Y lo que no se le podrá negar nunca es su perseverancia, su tenacidad y su obstinación, a veces rayando en la terquedad, para lograr un objetivo.

A estas alturas nadie puede negar que él ha sabido aglutinar a la gente de progreso de Cataluña para sacar adelante el Estatuto. Es verdad que este proceso, por largo y difícil, ha eclipsado la acción de gobierno. Una acción de gobierno que ha sido importante y cuantiosa, más allá de la discusión y la anécdota, y que a menudo ha superado su propia categoría para convertirse en prueba de cargo. Políticas territoriales y ambientales, acuerdos estratégicos por la competitividad, pero sobre todo acciones dirigidas a las personas como la ley de barrios, el pacto por la educación o la ley de servicios sociales. Éstas han sido, entre otras, las enseñas de un gobierno de izquierdas, del Gobierno Maragall.

Con este telón de fondo en Cataluña el 18 de junio, con la aprobación del nuevo Estatuto de Autonomía, se abría un nuevo ciclo político. Quedarán para el recuerdo las anécdotas, las disputas, las pequeñas peleas y los pactos de pasillo. Pero lo importante es lo que ha quedado escrito y después ha sido votado y aprobado por los ciudadanos.

Un nuevo estatuto que es el mejor marco jurídico que jamás hemos tenido como pueblo. Pero solo será así si ahora hacemos que todo eso que se consiguió sirve para que los ciudadanos vivan mejor, para que la sanidad sea mejor, para que la educación sea un herramienta de integración y liberación para todos, para que los jóvenes puedan acceder a una vivienda si tenerse que empeñar de por vida…

Y aquí, que nadie se escandalice, no se trata de renunciar a nada. El concepto de nación cada uno lo entiende de una manera y todas son respetables. Nuestra singularidad nacional y nuestra trayectoria como pueblo es la que es y no vamos a renunciar a nada, Pero ahora es el momento de hacer políticas para la gente, políticas de cohesión social y de integración. Políticas mediante las cuales los ciudadanos alcancen mayores cuotas de calidad de vida. Si no es así, ese nuevo texto que tanto nos ha costado no habrá servido para casi nada.

Así las cosas, al PSC (PSC-PSOE) se le planteó un reto de extraordinaria importancia: primero, escoger un candidato que sea el nuevo Presidente de la Generalitat. Y, después, que éste sea la persona que encabece el gobierno que tiene que poner en marcha el nuevo estatuto. El estatuto de las personas. Pues bien, en ese contexto, el partido ha decidido que sea José Montilla quien lidere ese proyecto. Es verdad que de alguna manera se rompe el hilo conductor de los candidatos del PSC a la presidencia de la Generalitat. El lugar de nacimiento es distinto y la extracción social y, por tanto, la formación también. Ahora bien, hay algo que para mí es muchos más importante: todos han mamado socialismo desde pequeños y todos se han forjado en mil batallas y, lo que más importa, todos comparten el deseo de una sociedad más justa, más libre y más solidaria. Por todo eso desde el socialismo catalán hay que poner de manifiesto, ahora más que nunca, que el catalanismo es transversal y que proponer a un andaluz de origen a la más alta magistratura de país es un símbolo de normalidad democrática

Ya lo hemos dicho. Con este estatuto se abre una etapa nueva en Cataluña, pero también en España. En los próximos años habrá que desarrollarlo y aplicarlo. Ciertamente esa será una tarea compleja y para ello se necesita un gobierno con una mayoría parlamentaria sólida y que a la vez tenga la fortaleza que otorgan, primero las urnas, y luego el rigor en la acción. Y eso, sin duda, está en el caché de Montilla.

Nos jugamos mucho, es verdad. Todo cambio significa un riesgo y lo asumimos Esta en juego aquello por lo que hemos luchado años y años. Podemos pasar de tocar el cielo con las manos a hundirnos en nuestro propio detritus Vale la pena intentarlo. En las próximas elecciones al Parlament del 1N hay que obtener una mayoría suficiente para poder gobernar con sosiego y tranquilidad. Ésta sería la mejor manera de culminar este proceso de renovación que los socialistas de Cataluña hemos puesto en marcha. Al fin y al cabo se trata de evolucionar al ritmo que lo hace la sociedad de la que formamos parte y a la cual aspiramos a representar y a servir.
Publicado en EL SIGLO nº 768 18 a 24 de septiembre de 2006
EL SOCIALISMO CATALÁN EN LA ENCRUCIJADA.



Es posible que las últimas decisiones que hemos tomado los socialistas en Cataluña vistas desde la distancia puedan producir cierta perplejidad.

Analicemos los hechos:

Es verdad que en menos de tres meses se han cambiado los dos primeros cabezas de cartel. Pasqual Maragall, actual presidente y candidato a repetir como tal en la Generalitat, y Joan Clos, alcalde de Barcelona nombrado Ministro, han dejado sus plazas. Para empezar no olvidemos que la única persona con potestad para poner y destituir ministros es el presidente del gobierno. Y eso es lo que ha hecho. Decidir y actuar en función de las competencias que la legalidad le otorga.

Ante esta situación el partido ha optado, en perfecta sintonía con el hasta ahora alcalde, colocar a Jordi Hereu al frente del Gobierno Municipal. Jordi Hereu, que posee una buena formación académica, es un joven concejal de 41 años que ha desempeñado diversas responsabilidades políticas con notable éxito desde el año 1999 en que fue elegido concejal. Ha sido, entre otras cosas, regidor en diversos distritos como Las Corts o Sant Andreu y responsable de seguridad y vía pública. Parece, pues, una opción acertada para proseguir la obra de hacer de Barcelona la capital socialdemócrata del sur de Europa que un día inició Narcís Serra, continuó con notable éxito Pasqual Maragall y siguió desarrollando ya en el siglo XXI Joan Clos. De todos modos, que nadie se asuste. Éste es un tránsito necesario y obligado hasta las próximas elecciones municipales del mes de mayo de 2007. Para entonces el partido ya habrá puesto en marcha los mecanismos que el régimen interno prevé y los militantes se pronunciarán sobre quien debe ser el alcaldable de la organización por Barcelona.

En cualquier caso lo que ha hecho correr ríos de tinta y ha tenido, y temo tendrá, más resonancia mediática es la renuncia de Pasqual Maragall a presentarse a otro mandato en la presidencia de la Generalitat de Cataluña.

Es evidente que Maragall ha sido un líder heterodoxo, no adscrito a los cánones clásicos de la izquierda tradicional. De hecho, siendo alcalde ya intentó la creación de una plataforma política que suplantara en todo o en parte el espacio del partido. Sabido es que nunca sus relaciones fueron fluidas con el mal llamado aparato. Tal vez por eso, y quizás porqué quería emular al partido demócrata americano crea Ciutadans pel Canvi, organización que hace tiempo ya perdió su razón de ser, si es que la llegó a tener. Por otra parte, hay que reconocer su capacidad de trabajo. Y lo que no se le podrá negar nunca es su perseverancia, su tenacidad y su obstinación, a veces rayando en la terquedad, para lograr un objetivo.

A estas alturas nadie puede negar que él ha sabido aglutinar a la gente de progreso de Cataluña para sacar adelante el Estatuto. Es verdad que este proceso, por largo y difícil, ha eclipsado la acción de gobierno. Una acción de gobierno que ha sido importante y cuantiosa, más allá de la discusión y la anécdota, y que a menudo ha superado su propia categoría para convertirse en prueba de cargo. Políticas territoriales y ambientales, acuerdos estratégicos por la competitividad, pero sobre todo acciones dirigidas a las personas como la ley de barrios, el pacto por la educación o la ley de servicios sociales. Éstas han sido, entre otras, las enseñas de un gobierno de izquierdas, del Gobierno Maragall.

Con este telón de fondo en Cataluña el 18 de junio, con la aprobación del nuevo Estatuto de Autonomía, se abría un nuevo ciclo político. Quedarán para el recuerdo las anécdotas, las disputas, las pequeñas peleas y los pactos de pasillo. Pero lo importante es lo que ha quedado escrito y después ha sido votado y aprobado por los ciudadanos.

Un nuevo estatuto que es el mejor marco jurídico que jamás hemos tenido como pueblo. Pero solo será así si ahora hacemos que todo eso que se consiguió sirve para que los ciudadanos vivan mejor, para que la sanidad sea mejor, para que la educación sea un herramienta de integración y liberación para todos, para que los jóvenes puedan acceder a una vivienda si tenerse que empeñar de por vida…

Y aquí, que nadie se escandalice, no se trata de renunciar a nada. El concepto de nación cada uno lo entiende de una manera y todas son respetables. Nuestra singularidad nacional y nuestra trayectoria como pueblo es la que es y no vamos a renunciar a nada, Pero ahora es el momento de hacer políticas para la gente, políticas de cohesión social y de integración. Políticas mediante las cuales los ciudadanos alcancen mayores cuotas de calidad de vida. Si no es así, ese nuevo texto que tanto nos ha costado no habrá servido para casi nada.

Así las cosas, al PSC (PSC-PSOE) se le planteó un reto de extraordinaria importancia: primero, escoger un candidato que sea el nuevo Presidente de la Generalitat. Y, después, que éste sea la persona que encabece el gobierno que tiene que poner en marcha el nuevo estatuto. El estatuto de las personas. Pues bien, en ese contexto, el partido ha decidido que sea José Montilla quien lidere ese proyecto. Es verdad que de alguna manera se rompe el hilo conductor de los candidatos del PSC a la presidencia de la Generalitat. El lugar de nacimiento es distinto y la extracción social y, por tanto, la formación también. Ahora bien, hay algo que para mí es muchos más importante: todos han mamado socialismo desde pequeños y todos se han forjado en mil batallas y, lo que más importa, todos comparten el deseo de una sociedad más justa, más libre y más solidaria. Por todo eso desde el socialismo catalán hay que poner de manifiesto, ahora más que nunca, que el catalanismo es transversal y que proponer a un andaluz de origen a la más alta magistratura de país es un símbolo de normalidad democrática

Ya lo hemos dicho. Con este estatuto se abre una etapa nueva en Cataluña, pero también en España. En los próximos años habrá que desarrollarlo y aplicarlo. Ciertamente esa será una tarea compleja y para ello se necesita un gobierno con una mayoría parlamentaria sólida y que a la vez tenga la fortaleza que otorgan, primero las urnas, y luego el rigor en la acción. Y eso, sin duda, está en el caché de Montilla.

Nos jugamos mucho, es verdad. Todo cambio significa un riesgo y lo asumimos Esta en juego aquello por lo que hemos luchado años y años. Podemos pasar de tocar el cielo con las manos a hundirnos en nuestro propio detritus Vale la pena intentarlo. En las próximas elecciones al Parlament del 1N hay que obtener una mayoría suficiente para poder gobernar con sosiego y tranquilidad. Ésta sería la mejor manera de culminar este proceso de renovación que los socialistas de Cataluña hemos puesto en marcha. Al fin y al cabo se trata de evolucionar al ritmo que lo hace la sociedad de la que formamos parte y a la cual aspiramos a representar y a servir.
Publicado en EL SIGLO nº 768 18 a 24 de septiembre de 2006

El blog de Bernardo Fernández: HACER DE LA NECESIDAD VIRTUD

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