23 de gener 2015

HOJA DE RUTA COMPARTIDA

El pasado 13 de enero Artur Mas compareció en rueda de prensa para explicar los –según él- grandes logros de su gobierno de los mejores desde que llegó a la presidencia de la Generalitat de Cataluña, hace algo más de cuatro años.
Sin rubor aparente, fue desgranando éxitos tales como la creación de empleo, las políticas sociales o la reforma y la transparencia de la administración, entre otros. Sin embargo, silenció de forma torticera los parados de larga duración,  la temporalidad del empleo y las familias que no tienen ninguna clase de ingreso.  Tampoco hizo referencia alguna a la ejecución presupuestaria de 2014 (recordemos que se había previsto obtener unos 2.300 millones de euros mediante la venta de patrimonio inmobiliario, pero no se llegó ni a los 315). Asimismo brilló por su ausencia cualquier comentario sobre el fiasco de las privatizaciones, la reducción de más de 2.000 camas en los hospitales públicos y tampoco dio la más mínima explicación de las casi 2.000 becas Erasmus denegadas a estudiantes que cumplían todos los requisitos.
De todos modos, si alguna comparecencia se esperaba con cierto interés, esa era la que Mas y Junqueras protagonizaron apenas 24 horas después de la primera, tras una larga reunión de ambos con los líderes de las entidades soberanistas, para anunciar elecciones el 27 de septiembre y que se había recuperado la unidad de acción en el camino hacia la independencia.
Para empezar, es totalmente incierto que se haya recuperado la unidad entre las fuerzas proindependentistas. Fuera del pacto han quedado la CUP,  los eco socialistas y muy posiblemente Unió acabe quedándose fuera también.
Por otra parte, resulta sorprendente que Oriol Junqueras que habla con frecuencia de construir un país limpio y sin corrupción y, sin embargo, pretenda hacerlo pactando con un partido que tiene la sede embargada, su fundador y toda su familia en el punto de mira de la justicia por defraudadores y un buen puñado de altos dirigentes encausados por diversas operaciones tan punibles como deleznables.
Por lo que respecta a Artur Mas, ahora propone hacer en poco más de 6 meses lo que semanas atrás quería hacer en 18  (estructuras de Estado como una Hacienda catalana, la Seguridad Social propia o potenciar la acción exterior).  Y todo eso, se pretende hacer al mismo tiempo que habrán elecciones municipales, que con toda probabilidad irrumpirá Podemos en el tablero político, que los Pujol se verán las caras con la justicia, que a la comisión parlamentaria que investiga posibles tramas de corrupción  acudirán personajes que, con toda seguridad, dejarán ir perlas sumamente interesantes. Pues bien, en medio de todo este maremágnum, Mas y Junqueras pretenden seguir su camino hacia no se sabe bien, bien donde, como si aquí no pasara nada. Sería cómico sino fuera porque en este envite jugamos todos y todos nos jugamos mucho.
Según parece ambos líderes se dan por razonablemente satisfechos: Oriol Junqueras ha evitado la lista unitaria, pero las elecciones aunque avanzadas no serán tan inmediatas como .los republicanos querían. A su vez, Artur Mas ha conseguido que le voten los presupuestos y que no se hable de recortes ni de pobreza energética y gana tiempo para intentar recomponer la situación de su maltrecho partido. Asimismo, han quedado por definir asuntos como la inclusión en las listas de personas independientes, miembros de la sociedad civil y otras fruslerías menores.   
La realidad es que, por más explicaciones que se están dando y mirando las cosas de manera imparcial y desapasionada, se ven más sombras que luces y se perciben más dudas que certezas después de este armisticio casero entre soberanistas. Ahora, a los ciudadanos de Cataluña nos toca vivir unos cuantos meses más a uña de caballo. Pero es que al final, va resultar que, después de tanta parafernalia, tanta hoja de ruta compartida y tanta martingala, de lo que se trata es de hacer bueno   aquel adagio catalán que dice: “qui dia passa any empeny”.

Bernardo Fernández

Publicado en Crónica Global 16/01/15

DERECHO A SOÑAR

Desde hace unos años, cada día, cuando anochece en Atenas, miles de personas rebuscan en los contenedores de la basura algo con lo que mitigar su hambre y la de los suyos. Es verdad que eso sucede en la práctica totalidad de las grandes ciudades, pero en pocas  urbes europeas lo hace tanta cantidad  de gente como en la capital helena. La razón es simple: la asfixia económica a que viven sometidos los griegos como consecuencia de las políticas de austeridad y los recortes exigidos por la troika a cambio de dos rescates, cifrados en unos 240.000 millones de euros.
Pero, afortunadamente, en esta vida nada es eterno, nada es para siempre y ahora los griegos tienen la oportunidad de decir basta. En esta ocasión decir basta, es votar a Syriza, la izquierda radical griega. Su líder Alexis Tsipras está dispuesto  a acabar con el austericismo que está matando a su pueblo. Para ello, el equipo de expertos de Syriza tiene elaborado un plan de choque para cuando lleguen al poder. Ese plan precisa de unos 1.300 millones de euros que servirían para cubrir las necesidades más básicas de la población más castigada por la crisis. Es decir, alimentación, sanidad, energía y alojamiento.
Esa sería la primera iniciativa si Tsipras, como indican todas las encuestas, gana las elecciones del próximo 25-E. Después  tocará negociar con Europa. Grecia necesita más ayuda, pero ahora esa ayuda debe ser en condiciones asumibles.
De hecho, el programa electoral con que Syriza concurre a las elecciones, es un programa socialdemócrata, aunque un tanto  heterodoxo. En consecuencia, no hay lugar para el espanto. Quizás por eso, en los altos círculos políticos y económicos va calando la idea de restructurar la deuda griega. Tsipras lo sabe y es seguro que en su momento lo hará valer. Nadie espera un giro de 180 grados, pero si medidas paliativas como pueden ser  alargar los plazos de devolución y reducir los intereses.
Veremos si las terapias que se apliquen en Grecia funcionan y se produce, en otros países de la UE,  el efecto vasos comunicantes. En cualquier caso, los griegos  están pagando los platos rotos de una fiesta a la que no fueron invitados. Han demostrado sobradamente  coraje y capacidad de resistencia. Tienen derecho a soñar. Se lo han ganado a pulso. Saben que otra forma de hacer es posible y de eso se trata.

Bernardo Fernández

Publicado en ABC 14/01/15

04 de gener 2015

BALÓN DE OXÍGENO PARA LAS AUTONOMÍAS

Una de las asignaturas pendientes del gobierno Rajoy es la financiación de las Comunidades Autónomas. De hecho, el sistema debería haberse revisado en 2014, pero el ministro Montoro no lo consideró oportuno y sin demasiadas explicaciones dio carpetazo al asunto. No cabe duda que afrontar el problema es lo mismo que abrir la caja de los truenos, pero postergarlo no es la solución, así lo que se consigue es encabritar al personal, máxime cuando en las consejerías de economía de las CCAA  están con el agua al cuello. 

La culpa es muy negra y no la quiere nadie, pero a estas alturas se hace muy difícil cuantificar quien tiene más responsabilidad en la generación del inmenso agujero económico que es la financiación de las CCAA. Es cierto que los medios actuales son insuficientes y que los gobiernos autónomos han de mantener los servicios básicos tales como sanidad, educación, seguridad políticas sociales. Pero también debemos admitir que una parte de las dificultades financieras de algunas comunidades tienen su origen en una gestión irresponsable. Tal vez parezca inverosímil, pero en nuestro país se ha  pagado la construcción de aeropuertos sin aviones, bibliotecas sin libros, ciudades de la cultura vacías y otras bagatelas diversas, y lo más sangrante: no ha habido una sola dimisión por todos esos desaguisados.

Con este panorama de fondo el ministro Montoro y aunque haya sido a regañadientes, no ha tenido más remedio que coger el toro por los cuernos. En principio se había especulado con la posibilidad de conceder una quita a las comunidades, pero eso no gusta en Bruselas, de ahí que se haya optado por un sucedáneo como es suprimir los intereses de los créditos
De hecho, el problema no estriba  tan solo en la carga que representan los intereses que es, en sí misma, una buena mordida a las cuentas públicas —casi 9.000 millones de euros al año entre todas las comunidades—, sino los vencimientos de deuda que merman la tesorería y dejan a estas administraciones sin recursos suficientes con los que afrontar los gastos más perentorios.
Según cálculos del Ministerio de Hacienda y Administraciones Públicas. Las comunidades autónomas deberán abonar a las entidades financieras unos 35.000 millones de euros por los vencimientos de la deuda pública previstos para 2015. Asimismo el ministerio calcula que deuda de las administraciones autonómicas con los bancos y fondos de inversión anda sobre los 232.000 millones de euros, es decir lo que viene a ser el 22% del PIB de nuestro país.
Cataluña es la comunidad autónoma que más pagos por deuda tiene que afrontar en este 2015, unos 7.676 millones de euros.  Por el contrario Madrid ostenta la menor carga financiera de todas las comunidades: solo un 13,3% del PIB, frente al 22% de media del conjunto de las otras comunidades.
Desde que nació la España de las autonomías, éstas, y de manera creciente, se  fueron financiando a base de préstamos y  emisiones de bonos y letras. Si bien es cierto que cada vez las condiciones de los mercados eran más draconianas.  Pero en 2012 y con los mercados prácticamente cerrados tuvieron que acudir al Fondo de Liquidez Autonómica (FLA),  la ventanilla que les abrió el Estado para ofrecerles liquidez en unas condiciones ventajosas. Aunque algunos gobiernos autonómicos hubieran preferido seguir como antaño por aquello del orgullo patrio. Eso de que Madrid nos eche un cable en determinados casos es poco menos que un ultraje.
Sea como sea, la realidad es que el gobierno central ha puesto en marcha nuevas medidas de liquidez, mediante las cuales ofrecerá créditos gratis, al 0% de interés, durante 2015 a las CCAA. De esa forma las autonomías podrán refinanciar los créditos que tenían concedidos sin ningún coste adicional. Esta medida, ideada por Hacienda, liberará presión de la tesorería de las comunidades, ya que ahorrarán unos 5.811 millones en gastos financieros.
De todos modos, conviene recordar que el problema de fondo sigue existiendo: se necesita un sistema de financiación para las CCAA, sólido, sostenible equitativo, justo y eficaz. Las medidas ahora adoptadas están bien, pero no dejan de ser un parche y no se puede vivir con parches toda la vida.

Bernardo Fernández

Publicado en Crónica Global 02/01/15

LA QUE SE AVECINA

Faltan pocas horas para dejar atrás 2014 y entrar de pleno en 2015. Un año en el que es muy probable que cambie el tablero político existente en España desde 1978. 
Tendremos elecciones municipales y buena parte de las autonómicas en mayo, generales a finales de año y, con toda probabilidad, seudoplebiscitarias en Cataluña en algún momento del año.
En las sedes de los partidos y despachos de los observadores políticos están estudiando  los escenarios posibles. Todos trabajan con dos incógnitas, de momento, irresolubles. Una, cómo afectará la irrupción de Podemos al espacio del centro izquierda y dos, de qué forma influirá el descrédito de Rajoy en la derecha. En función de cómo se resuelvan esos dos interrogantes, se reconstruirá el mapa político español.
En los resultados de las elecciones de mayo quizá esté el intríngulis de la cuestión. Si los socialistas logran salvar los muebles en municipales y autonómicas, Pedro Sánchez  podrá presentarse a las primarias de su partido para escoger candidato a la presidencia del gobierno, con tranquilidad. Si por el contrario se produce el naufragio del PSOE en esos comicios, los peores espantajos del socialismo más rancio se pueden hacer realidad y Podemos podría convertirse en la fuerza hegemónica de la izquierda, con todo lo que eso llevaría aparejado.     
Por su parte, Mariano Rajoy precisa de un buen resultado electoral en los comicios de la primavera para calmar a sus huestes, mantener intactas sus aspiraciones y repetir como cabeza de cartel, que después la victoria sea por mayoría relativa, es otro cantar.
En estas circunstancias, las opciones minoritarias, que se las prometían muy felices como futuras bisagras, van despertando a la cruda realidad, mientras ven como el tsunami político que se avecina las puede dejar en algo testimonial. Mención especial merecen IU e ICV que  en los sondeos desciende con la misma fuerza que se produce el ascenso de Podemos, a pesar de que los programas electorales de estas formaciones son perfectamente intercambiables.
A todo esto, no se debería minusvalorar el estado de excepcionalidad política que estamos viviendo en Cataluña. Una situación que más pronto que tarde ha de desembocar en unas elecciones que en función de los resultados pueden poner todo el panorama político patas arriba.
Con este panorama, la que se avecina no es una cuestión menor. Por si acaso, estemos preparados.

Bernardo Fernández

Publicado en ABC 31/12/14

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