20 de juliol 2016

LA BANCA GANA, O NO

El pasado día 13 el abogado general de la UE sorprendió a propios y extraños al hacer público un largo auto de 28 páginas, según el cual el sector financiero español no tiene que devolver todo lo cobrado en las cláusulas suelo de las hipotecas.
De hecho, El Supremo ya dictaminó que esas cláusulas eran abusivas, pero, sorpresivamente, permitió que las entidades bancarias sólo devolvieran las cantidades cobradas de más desde la fecha de la sentencia, 9 de mayo de 2013. Eso hizo que los afectados acudieran a la justicia europea para que ésta falle que se les devuelva todo el dinero cobrado de forma inadecuada.
Pues bien, pese a que este dictamen, del abogado de la UE, no es vinculante, si es verdad que este tipo de autos suelen marcar tendencia. Quizás por eso las Bolsas recibieron la noticia con gran alborozo. De todos modos, habrá que esperar a la sentencia definitiva, que se espera para finales de año, para saber a qué atenerse.
En cualquier caso, la lectura del mencionado fallo genera sonrojo y vergüenza ajena. Ocurre que del mismo se desprende que el abogado en cuestión acepta la limitación temporal de las devoluciones por “las repercusiones macroeconómicas sobre el sistema bancario, ya que se encontraba debilitado”.  O sea, no se trata de si la devolución con carácter retroactivo es justa o no, la cuestión es no poner en riesgo la estabilidad de las entidades financieras, a los ciudadanos que han sido esquilmados de forma fraudulenta que les parta un rayo.
Ese es el modelo de Europa que algunos quieren imponer, igual que ha sucedido con las políticas austericidas o con los refugiados. La Europa de los mercaderes, no la de la justicia social ni la de la solidaridad.
Desde luego, no es fácil saber cuánto tendrán que pagar los bancos sí, al final, han de devolver todo lo que cobraron de más mediante las clausula suelo. Hay quien opina que la factura puede superar los 5.000 millones de euros. Veremos. Pero como dice un viejo amigo: “cuando las cosas son justas, cueste lo que cueste, hay que hacerlas”.
Habrá que esperar la sentencia definitiva, pero en casos como éste, la prudencia aconseja no vender la piel del oso antes de cazarlo, ya que todos sabemos que quien ríe último ríe mejor. Sobre todo, cuando la justicia es justa.

Bernardo Fernández

Publicado en ABC 20/07/16

15 de juliol 2016

REALISMO POLÍTICO

Entiéndase la resolución del Comité Federal del PSOE, de decir “no” a la investidura de Mariano Rajoy como algo meramente coyuntural, que puede variar en función de cómo evolucionen los acontecimientos políticos.
De no ser así, los socialistas sumarían a sus peores resultados electorales (85 diputados), obtenidos en los comicios del pasado 26-J, un error estratégico muy difícil de calibrar en estos momentos, pero, a buen seguro, de efectos devastadores.
Más pronto que tarde los cuadros dirigentes del PSOE deberán hacer una inmersión intensiva en el realismo político y comprender que por interés propio y por el bien común, lo más razonables es que los socialistas se traguen unos cuantos sapos y acaben absteniéndose para que Rajoy pueda ser presidente de Gobierno.
Ciertamente, no ha de ser fácil, cuando durante cuatro años se ha estado desballestando sistemáticamente el Estado del bienestar, se ha re centralizado el Estado o se han aprobado leyes como la Ley “Mordaza” o la LOMCE. Es verdad, ha de ser un trago muy amargo permitir que los responsables de esos desvaríos, sean los mismos que nos vayan a gobernar los próximos años, pero la política tiene estas cosas.
En efecto, sin embargo, no podemos olvidar que la política es el arte de lo posible. Por eso, aquellos que especulan con la formación de un Gobierno de izquierdas si Rajoy fracasa en su intento, deben entender que 85 diputados en una cámara de 350 escaños, no es la masa crítica necesaria para consolidar una mayoría estable. Y confiar esa estabilidad a aquellos que hace unas pocas semanas querían dar el “sorpasso” o a los que se quieren marchar, sería una insensatez sin futuro. Sólo faltaría confiarles los ministerios de Interior, Justicia y Hacienda para que el dislate fuera total.
En consecuencia, o se facilita la investidura de Rajoy o vamos a nuevas elecciones y es evidente que eso no le conviene ni a la sociedad en su conjunto, ni a los partidos políticos y, menos que al resto, a los socialistas, puesto que se les cargaría a ellos la responsabilidad de esos nuevos comicios.
Por tanto, los herederos ideológicos de Pablo Iglesias Posse (fundador del PSOE y de la UGT) deberían hacer de la necesidad virtud y, llevando el agua a su sardina, proponer a los populares un pacto de estabilidad basado en cuestiones esenciales. Para empezar, no estaría mal recuperar el documento que meses atrás aprobaron PSOE y Ciudadanos. Podría servir como punto de partida para ese acuerdo sobre la gobernabilidad.
Metidos ya en harina, el equipo negociador de Pedro Sánchez debería poner sobre la mesa cuestiones tan sensibles como, por ejemplo, un salario mínimo que permita recuperar el poder adquisitivo de la clase trabajadora, convocar con urgencia el Pacto de Toledo para establecer un sistema recaudatorio que garantice la dignidad i sostenibilidad de nuestras pensiones, crear un grupo de trabajo que habrá el melón de la reforma constitucional, derogar los artículos más conflictivos de la reforma laboral, hacer un gran pacto de educación y un sinfín de asuntos más de especial importancia.
Además, los socialistas deberían exigir que, pasados 2 años, el presidente del Gobierno se sometiera una cuestión de confianza, sería entonces el momento oportuno para evaluar el grado de cumplimiento de ese pacto.
Si eso se explica bien, la ciudadanía lo entenderá y sabrá valorar el esfuerzo que hace cada cual y las renuncias a que cada uno está dispuesto a llegar en aras del bien común y el interés general.
De hecho, el PSOE, especialmente de la Transición para acá, ha sido un partido reformista y con esa abstención podría impulsar un puñado de políticas transformadoras que buena falta nos hacen.

Bernardo Fernández

Publicado en Crónica Global 14/07/16

03 de juliol 2016

PACTAR PARA TRANSFORMAR

Fernando de los Ríos (uno de las cabezas mejor amuebladas del socialismo español), fue elegido miembro de la Comisión Ejecutiva del PSOE en el congreso extraordinario de 1920.. Poco tiempo después, junto con otro compañero fue designado comisionado  para viajar a la Unión Soviética, con la finalidad de ver las posibilidades de ingreso del partido en la Tercera Internacional. Durante su entrevista con Lenin, De los Ríos le preguntó cuándo permitiría su gobierno la libertad de los ciudadanos. Tras una larga diatriba el mandatario ruso le respondió: "¿Libertad para qué?".
Me ha parecido oportuno traer a colación esa referencia histórica porque tras los resultados de las elecciones generales del pasado 26-J, muchos se preguntan y ahora, ¿qué? Ciertamente, el PP ha salido reforzado de esta contienda y ha puesto una considerable distancia con las izquierdas que, además, han quedado fragmentadas. Ahora bien, una cosa es obtener una mayoría más o menos cómoda para gobernar y otra configurar una mayoría suficiente para establecer acuerdos de Estado para llevar a cabo las grandes transformaciones que este país necesita.
Vamos a ser razonablemente optimistas y vamos a suponer que con los resultados del 26 de junio se impone el sentido común. Nadie se empecina en hacer lo que no toca, Rajoy se tira a la piscina y es capaz de lograr los votos necesarios para que su investidura salga adelante y puede configurar un ejecutivo.
A mi juicio, el primer paso que se debería dar, sería realizar un diagnóstico exhaustivo de la situación de país lo más compartido posible. Luego plantear un tratamiento en el que se pudieran comprometer el máximo de agentes políticos y sociales. Y quiero subrayar lo de agentes sociales porque sin el compromiso y la colaboración activa de la sociedad civil no saldremos adelante
No se puede perder de vista que estamos ante cuestiones excepcionales que exigen medidas que afectan a nuestra convivencia y a las reglas de juego que, en un momento determinado, nos dimos a nosotros mismos.
Así, por ejemplo, es urgente reformar la Constitución, pero para ello, es necesario el acuerdo y el consenso de derecha e izquierda y si no, no hay reforma posible. Algo similar se podría decir de la ley electoral, entre otras cuestiones.
De igual manera, resulta imprescindible impulsar, desde la inversión pública y privada, un crecimiento económico sostenido que cree empleo de calidad. Hay que recuperar, de forma urgente, el pacto de Toledo y dar una solución al asunto de las pensiones. Nuestros mayores no pueden seguir en la incerteza de que va pasar con sus pagas y el sistema necesita una reforma en profundidad que lo haga viable.
También hay que establecer con Europa una relación que fortalezca la posición de España; ya que pese a ser la cuarta economía de la Eurozona, el papel de nuestro país en el concierto internacional es irrelevante.
No podemos tolerar que la pobreza en nuestro país tenga rostro infantil. Por eso, es urgente tomar medidas para hacer frente a la pobreza y la desigualdad que atentan a la cohesión social y, eso, en una sociedad desarrollada como la nuestra, no debería ser aceptado.
Hay que llevar a cabo una reforma fiscal progresiva que acabe con la vergüenza e indignidad de la evasión y que no dé cuartel a la economía sumergida. Asimismo, no basta con derogar la LOMCE, se hace imprescindible un gran acuerdo sobre educación.
En ese contexto, resulta absolutamente imprescindible llevar a cabo una regeneración democrática de las instituciones que no sea tan solo un cambio de nombres y caras. Hace falta, también, un cambio de talante que acerque la política a los ciudadanos y que ésta sea comprensible para ellos. Además, es preciso luchar decididamente contra la corrupción.
En la ya mencionada reforma de la Constitución. Se deberían blindar determinados derechos sociales, así como afrontar sin mayor dilación la cuestión territorial.
Es necesaria una mayor claridad y simplificación competencial, se debe clarificar la solidaridad inter territorial. De igual manera, se hace imprescindible un nuevo acuerdo sobre financiación que tenga en cuenta el principio de ordinalidad y, a su vez, desarrollar un plan de inversiones con criterios claros y transparentes y, ¿cómo no? Llevar a cabo la reforma del Senado para convertirlo en una auténtica cámara territorial.
Estoy convencido de que más pronto que tarde la ciudadanía se dará cuenta de quien está por la labor y quien por salir en la foto y el postureo, y actuarán en consecuencia, premiando a quien intente el acuerdo y sancionando a quien ponga obstáculos. Veremos si los actuales líderes políticos saben estar a la altura de las circunstancias y son capaces de anteponer los intereses del país a los intereses personales o de partido.
Lo he escrito en alguna otra ocasión y me parece oportuno repetirlo: tal y como está las cosas, una reedición de los pactos de la Moncloa en versión siglo XXI, con todas las diferencias que se quiera, no estaría nada mal. Al fin y al cabo, si entonces la situación del país era sumamente delicada, hoy, en otro contexto y con otros actores, no lo es menos.

Bernardo Fernández

Publicado en Crónica Global 02/07/16