28 de març 2015

BIPARTIDISMO MA NON TROPPO

Con la celebración de las elecciones autonómicas andaluzas del pasado 22 de marzo, se dio el pistoletazo de salida a un larguísimo ciclo electoral que deberá concluir a finales de año con unas elecciones generales. Hasta entonces, tendremos autonómicas en 13 CCAA, municipales en todos los ayuntamientos y seudo plebiscitarias en Cataluña.
Quizás el microclima político andaluz no es el banco de pruebas más apropiado para hacer una traslación mimética de los resultados electorales al conjunto del Estado. Andalucía es la única comunidad en la que no ha habido alternancia en el gobierno autónomo desde la restauración de la democracia. No obstante, puede servir como indicativo del estado electoral de la nación.
El PSOE ha aguantado perfectamente el tipo, los socialistas tenían 47 diputados  y Susana Díaz con una campaña muy personalizada y en clave nacionalista ha renovado los 47 escaños.
En cambio, el PP se ha derrumbado y pierde 17 diputados en el envite de los 50 que tenía, y lo peor: el augurio de naufragio en los próximos comicios. Y, aunque, no le falta razón a Mariano Rajoy cuando dice que estos resultados no son exportables a otras elecciones, los populares no pueden ocultar que éste es su peor resultado en Andalucía de los últimos 15 años. Algún mensaje habrá en ello y algo tendrán que ver con las políticas que está llevando a cabo el  PP. No hay que olvidar que de las 13 autonomías en la que el próximo 24 de mayo se celebraran elecciones 11 están gobernadas por los populares y tras el descalabro andaluz pintan bastos.
También IU ha sufrido un serio descalabro que la condena a ser fuerza irrelevante. Los antiguos comunistas reconvertidos en eco socialistas han perdido 7 de los 12 escaños que tenían hasta ahora y pagan así su entrada en el gobierno de coalición. Además Podemos ha venido a ocupar  buena parte de su espacio político.
Por su parte, Podemos entra con fuerza, aunque quedan lejos de lograr su objetivo que era conseguir un mínimo de 18 escaños. Queda claro que los populismos, aunque tengan pedigrí universitario tiene éxito limitado entre el paisanaje.  
Tal vez el caso más llamativo sea el de Ciutadan’s. Presumibles candidatos del IBEX 35,  desconocidos hace cuatro días,  han hecho un buen papel, pero hay que ver cuantos Albert Rivera consiguen clonar.
El gran batacazo junto con populares e IU se lo lleva UPyD que se ha  quedado fuera, en buena medida por la intransigencia y falta de cintura política de su líder Rosa Diez para pactar con Albert Rivera y los suyos. Eso ha hecho que se abriera la caja de los truenos dentro del partido, se hayan producido dimisiones y a partir de ahí cualquier cosa puede suceder.
De todas formas, estas elecciones dejan, sobre la mesa una serie de preguntas que sólo el tiempo nos dará las respuestas: ¿Podrá Susana Díaz tirar adelante con un gobierno monocolor? ¿Será suficiente con la geometría variable? ¿Influirán estas elecciones en las siguientes? ¿Y las siguientes en las otras? ¿Será en las generales cuando, de verdad, se castigue el “Régimen del 78”?
Son muchos los interrogantes que quedan abiertos y deberemos esperar para ir viendo como juega cada cual sus cartas. Lo que es poco discutible es que una nueva generación de políticos está llegando a la sala de máquinas del poder (todos los cabezas de lista que se han presentado en Andalucía, lo hacían por primera vez). A la vez, hay una presión creciente por parte de la ciudadanía para que se cambie la manera de representar y la manera de hacer de los gobiernos. Se piden nuevas soluciones a los viejos problemas, sin cuestionar para nada el sistema democrático.
Asimismo, en contra de los vaticinios de no pocos profetas de regate corto la hegemonía de los dos partidos de siempre sigue siendo muy considerable, pese al descalabro del PP. O, si lo prefieren, utilizando una conocida acotación musical complementaria, nuestro bipartidismo es ma non troppo.

Bernardo Fernández

Publicado en Crónica 26/03/15

18 de març 2015

UN COMISARIO COMO SÍNTOMA

En este país la mayoría  de ciudadanos debemos hacer malabarismos y martingalas invertidas para llegar a fin de mes y sacar la familia adelante. Por si eso fuera poco, día sí, día también nos desayunamos con corruptelas, capitalismo de amiguetes y otras bagatelas varias. Un día es la trama Gürtel, otro los ERE de Andalucía, o los cursos de formación, el caso Palau, el caso Pujol, el caso Nos, el caso Palma Arena o las tarjetas black, y si no un apartamento de casi 300 metros cuadrados que un político compró a precio de saldo no sé dónde.  La cuestión es que la corrupción en España se ha convertido en sistémica, está en todos los ámbitos del poder  y afecta a todas las instituciones.
Además de todo eso, con la excusa de la crisis, la ciudadanía ha de soportar recortes en sanidad, educación, servicios sociales, dependencia y en todo aquello que caracteriza el Estado del bienestar. Simultáneamente, nos suben los servicios básicos como la electricidad, el agua o el gas porque, según dicen,   hay que enjugar los déficits que tienen las grandes empresas que nos proveen de esos servicios, como si los hubiéramos ocasionado nosotros con una gestión deficiente.
En este contexto, el penúltimo affaire que ha saltado a la palestra es el caso de un individuo llamado Villarejo, comisario de policía para más señas. Resulta que el personaje en cuestión compagina, con el beneplácito de sus superiores, su tarea de policía con la gestión empresarial. Es administrador único o presidente en 12 sociedades que acumulan un capital social superior a los 16 millones de euros, según consta en el registro Mercantil. Incluso llegó a tener una sociedad en un paraíso fiscal durante una docena de años.
Villarejo se autocalifica como “agente encubierto”. Según parece  es aficionado a estar en todas las salsas. Implicado en la elaboración de un informe contra el juez Baltasar Garzón. Condecorado en 2014 con la medalla al mérito policial, y, como no, relacionado con el pequeño Nicolás.
De hecho, este comisario no es más que un síntoma, pero proyecta una idea bastante ajustada del estado catatónico en el que está nuestra sociedad. En estas circunstancias,  o se le da la vuelta a la situación como a un calcetín o esto se nos va de las manos y nadie lo va a poder arreglar. Después nos lamentaremos. 

Bernardo Fernández

Publicado en ABC 18/03/15

17 de març 2015

PUJOL NO ES MAS


Deberán pasar unos cuantos años para que la historia, con la perspectiva que da el tiempo, nos proyecte una imagen ajustada de quien fue y que representó Jordi Pujol.
A día de hoy, tengo -creo que como muchos conciudadanos-, una imagen dual del personaje. Por una parte, la del defraudador confeso que, ya en le vejez, después de hacer mil trapacerías al fisco, confiesa sus maldades, probablemente para liberar su mala conciencia y proteger a los suyos. Y por otra, la del ser humano que de muy joven se sintió predestinado a llevar a cabo una misión concreta y a ello consagró su vida. O eso hizo creer a propios y extraños.
De hecho, Jordi Pujol fue en la España negra de Franco uno de aquellos burgueses demócratas con los que se debía y podía contar para conducir el futuro.  De todos modos, siempre fue un personaje controvertido. Así por ejemplo, la época que, él mismo, en sus memorias califica como de hacer país, estuvo salpicada de conflictos. Pujol está detrás de los despidos en la empresa editora de la Gran Enciclopedia Catalana, la censura de la revista Oriflama y también es el responsable del despido del periodista Néstor Luján cuando compra el semanario Destino.
Su liderazgo durante un largo período de tiempo es incuestionable. No cabe duda de que ha dejado una huella profunda. Como sostiene Lluís Bassets “Cataluña es el nombre de la voluntad de poder que Jordi Pujol descubrió entre los veinte y treinta años, probablemente después de 1953, tras salir de una profunda crisis religiosa”
El tema tabú del pujolismo ha sido el caso Banca Catalana. Un asunto por el que siempre pasó de puntillas, cuando no, envuelto en la bandera. Antoni Gutiérrez Díaz líder del PSUC y conocedor de Pujol desde la infancia le espetó en sede parlamentaria: “Usted señor Pujol, no es que cometa errores, es que usted es un error histórico, no sé de qué dimensión pero un error”.  Es evidente que   Pujol es de aquella clase de políticos que decanta a la gente, a favor o en contra, pero nunca deja a nadie indiferente.
Sea como fuere, el sobreseimiento del caso Banco Catalana sirvió, no sólo para que Pujol eludiera responsabilidades como banquero, sino que sirvió para sentar las bases de la Cataluña corrupta que durante casi 25 años ha permanecido silenciada desde el poder y  sus aledaños, y ahora se está empezando a conocer.
Justo es decir, sin embargo, que Pujol es un político con una muy buena formación y gran experiencia. Con gran sentido de la realidad y con las ideas muy claras de lo que es la táctica y lo que es la estrategia, así como la terapia a aplicar en cada momento. Populista y demagogo. Hombre lúcido, hizo del nacionalismo el eje vertebrador de su credo y de su acción política. Desdeñó siempre los conceptos derecha-izquierda, aunque aplicó sistemáticamente políticas de derechas. Adversario acérrimo primero del PSOE y después  del PP, pactó con unos y otros sin ningún rubor cuando lo consideró oportuno para sus intereses. Recordemos si no, a modo de ejemplo, el pacto del Majéstic. Sin duda, todo un personaje. 
Por el contrario, Artur Mas es la antítesis de Jordi Pujol. Su historia es que no tiene historia. No se le conocen inquietudes políticas ni en la época estudiantil ni en los primeros años de la incorporación al mundo del trabajo.  Chico de casa bien, nacionalista de fin de semana. Empezó a trabajar muy joven en la Generalitat, convirtiéndose, de esa forma, en un trabajador monótono y aparentemente aburrido.
Según el periodista Marc Álvaro “Mas es un héroe por accidente (…) hermético, desconfiado y difícil a la hora de trabajar en equipo. Muy pocos saben realmente que piensa y que hará”. Todo indica que Pujol había reservado para Mas el papel de puente entre él y su hijo Oriol para establecer en CDC y, por extensión, en Cataluña, una suerte de monarquía civil, pero la trama de las ITV y otros asuntos no menores han acabado dando al traste con los planes del patriarca.

Por su parte, Artur Mas ha demostrado ser un político voluble y de criterios poco sólidos. Así por ejemplo, firmó ante notario que no pactaría con el PP, después cambió de opinión y aprobó diversas leyes con los populares e incluso un presupuesto. Más tarde, se fue a Madrid a pedir el pacto fiscal para Cataluña, cuando Rajoy le dijo no, desistió y no volvió a insistir. Entonces abrazó el derecho a decidir y convocó elecciones para lograr una “mayoría excepcional” según sus propias palabras, pero perdió 12 diputados en el envite. Entonces se empecinó en la mascarada del 9N. Después quiso convocar una elecciones plebiscitarias con una candidatura única de todas las fuerzas soberanistas, cuando los supuestos socios le dieron calabazas convocó elecciones a 9 meses vista -algo insólito en cualquier democracia-, y, ahora, el Pacto por el derecho a decidir le acaba de dar una colleja al decirle que de plebiscitarias nada de nada.      
Además de todo esto, resulta inaudito que, en su reciente comparecencia en la comisión parlamentaria que investiga la presunta trama corrupta  de la familia Pujol-Ferrusola, dijera que él no sabía nada del dinero que su padre tenía en Liechtenstein, ni de los trapicheos del que fuera su mentor Luís Prenafeta,  ni de los negocios de su amigo del alma Jordi Pujol, alias “Junior”. También dijo no saber nada del señor Millet y sus tejemanejes en el Palau de la Música  a pesar de haber coincidido en más de una ocasión veraneando en Menorca. Demasiado desconocimiento para una persona que ocupa la más alta jerarquía del país.
Ciertamente, con las andanzas de estos dos personajes se podría escribir un libro de un grosor más que considerable, pero quedémonos, de momento, con la idea de Pujol no es más, pero tampoco menos que un villano que se creyó rey y marcó con su impronta más de una generación. En cambio, Artur Mas, no deja de ser un mesías de vocación tardía que está fraccionando a la sociedad catalana y está poniendo su país a los pies de los caballos. 

Bernardo Fernández

Publicado en Crónica Global 14/03/2015

26 de febrer 2015

SOBERANISMO

Según los cánones establecidos en el siglo XIX, toda nación tiene derecho a un Estado propio. En el siglo XX este principio se reformuló como el derecho colectivo a la autodeterminación. No obstante, en las postrimerías del siglo pasado, el término soberanismo hizo fortuna, y si bien es cierto que significa lo mismo que independencia, por su concepción más ambigua admite interpretaciones más adaptables al criterio de cada cual.
De hecho, el soberanismo fue un invento de los nacionalistas quebequeses de finales de los sesenta. Tenía la ventaja de ser menos abrupto que el independentismo y  al aparentar menos rupturismo, legitimaba el aumento gradual de competencias sin fijar un límite, a la vez que permitía disponer del derecho de autodeterminación sin necesidad de ejercerlo. De ahí, que se convirtiera en la nuevo mantra del nacionalismo clásico.
En Cataluña, desde los años noventa, la expresión arraigó con fuerza, quizás porque esa ambigüedad permitía que Unió Democrática de Cataluña (UCD), Esquerra Republicana de Cataluña (ERC) y Convergencia Democrática de Cataluña (CDC), todos se autocalifiquen soberanistas y se den por satisfechos, a pesar de que sus ideologías fundacionales son radicalmente distintas.
En la segunda mitad de esa década, el ya extinto secretario general de CDC, Pere Esteve, puso el soberanismo de largo entre los suyos y en los medios. Jordi Pujol, en el discurso inaugural del undécimo congreso de  su partido (CDC), en el mes de noviembre de 2000, lo dejó claro: en épocas de vacas flacas para el autonomismo, por la mayoría absoluta del PP (entonces como ahora), los soberanistas de pura cepa -como ellos-, se adecuan a todas las situaciones: igual pactan con la derecha más rancia que se niegan a reformar el Estatut y mucho menos la Constitución, pero no por ello pasan a ser menos nacionalistas.
No obstante, más allá de eslóganes, discursos y políticas de salón, hacía tiempo que la sociedad daba por agotada la etapa Pujol y con el principio de siglo se empezaba a vislumbrar el cambio.  Con los gobiernos de izquierda formados por PSC, ERC e ICV, se estuvo muy cerca de dar ese giro, se definió bien el objetivo, pero se escogió mal el camino.  Se decidió hacer un nuevo Estatuto y poner el acento en las políticas sociales. Hoy, con la perspectiva que da el tiempo, es evidente que los términos hubieran tenido que ser a la inversa: primero las políticas sociales y con calma  reformar el Estatuto. Bien es verdad que la reforma estatutaria era la condición sine quanon de ERC para subir a aquel barco y sin ellos las mayorías necesarias quedaban insuficientes.
Después, las deslealtades, el ruido gubernamental, la falta de visón de gobierno de algunos y, sobre todo, la crisis económica y la sentencia del Tribunal Constitucional del Estatut dieron al traste con lo que hubiera podido ser una Cataluña plural, diversa, fraternal y abierta. A partir de ahí, la situación se ha ido deteriorando de manera indefectible y entre un gobierno monotemático y otro sordo y ciego, hay poco que hacer.
Tanto es así que estamos en un camino de no retorno y el desiderátum llegará con las elecciones del 27 S. Unas elecciones que por más que algunos se empeñen, nunca podrán ser plebiscitarias porque como es lógico se presentarán múltiples opciones y cada cual planteará y defenderá aquello que considere más conveniente y más oportuno.
Pero es que ahora, por si con todo eso no había suficiente, han empezado a dar la matraca con el mensaje de que las elecciones municipales de mayo son la primera vuelta de las de septiembre. Para Oriol Junqueras, líder de ERC, puede haber una gran similitud entre el próximo 24 M y el 12 de abril de 1931, que fue cuando se celebraron las elecciones municipales que propiciaron el advenimiento de la república. Obviamente, son muchas las diferencias entre aquellos comicios y los que se han de celebrar en mayo, pero debería bastar señalar sólo una para hacer callar por indocumentado al líder de Esquerra: aquellas elecciones se celebraron en un sistema pre-democrático y las de ahora se celebrarán en un Estado de pleno derecho y democrático,  equiparable al de cualquier país del mundo.
Los hechos son tozudos, y la realidad es que la burbuja soberanista se está desinflando. Por eso necesitan agarrarse a cualquier cosa para que aquellos que, de buena fe, se engancharon al mal llamado derecho a decidir no se bajen del carrusel y se pregunten porque el gobierno de la Generalitat no ha hecho nada relevante en los últimos cuatro años.
Por eso, también, genera mucha inquietud en los cenáculos soberanistas la irrupción en Cataluña del nuevo partido Podemos, dado que vienen dispuestos a jugar el partido de los  cabreados sociales, de los que hasta ahora, los soberanistas aspiraban a tener el monopolio con la cantinela del expolio fiscal y el España nos roba.      
El soberanismo necesita tener a sus acólitos en una nube, ya que está visto que con las estructuras de estado no es suficiente, hay que buscar otras maromas. Estemos preparados para lo que se nos viene encima. Esto no ha hecho más que empezar.

Bernardo Fernández

Publicado en Crónica Global 26/02/15

25 de febrer 2015

LA CASTA Y LOS PUROS

Estoy convencido de que, más pronto que tarde, el fenómeno político-mediático que supone Podemos, se estudiará en las facultades de comunicación como algo genuino y singular. No obstante, su proyecto político es el secreto mejor guardado. Nadie lo conoce, pero todo el mundo habla.
La mayoría silenciosa empezó a tener noticias de un nuevo partido político, llamado Podemos, el pasado mes de mayo durante la campaña de las elecciones al Parlamento europeo. Se presentaron a esos comicios con un programa que era un brindis al sol, y cuando todas las encuestas les daban entre 0 y 1 diputado, saltó la sorpresa y obtuvieron 5 escaños.
A partir de ahí la fiebre se desató, los medios de comunicación los pusieron en la cresta de la ola. Empezaron a menudear sus apariciones en debates y tertulias televisivas, sobre todo de cadenas privadas. El circo empezó a funcionar y la nueva formación a subir como la espuma en todos los sondeos.
Ahora, cuando estamos a pocos meses de las elecciones generales  todos los partidos empiezan a enseñar sus cartas, todos nos dan sus recetas, para sacar a España del atolladero en que nos han metido. ¿Todos? Todos no. Podemos continua con su mantra de que los demás son casta y ellos los puros, y sigue sin desvelar cuales serán sus fórmulas  para redimirnos del mal.
Su líder, Pablo Iglesias, se reconoce socialdemócrata, pero rechaza el eje derecha-izquierda. No se han pronunciado sobre el modelo de Estado ni sobre la organización territorial y no ha dicho ni pío de cómo reflotar el Estado del bienestar. Tan solo han esbozado un programa económico más teórico que real. Sin embargo, parecen dispuestos a estar presentes en todas las movidas.   
El coordinador de Podemos, Juan Carlos Monedero, ha tenido sus más y sus menos con Hacienda. Eso  ha hecho que, con considerable retraso, convocará una rueda de prensa para dar explicaciones, pero al estilo de la casta ni dio explicaciones ni contestó preguntas.  Tania Sánchez, compañera sentimental de Iglesias, tras ser elegida por  IU candidata a la presidencia de la Comunidad de Madrid, abandonó esa organización de forma nada elegante.
Dudo que éstas sean las mejores maneras de construir un proyecto sólido y de futuro. Otra cosa es que se quiera aprovechar el momento de desconcierto que vive la sociedad para tener unos instantes de gloria.     

Bernardo Fernández

Publicado en ABC 25/02/15

12 de febrer 2015

AIRES DE CAMBIO

Durante más de 35 años el mapa político español ha sido monolítico e inamovible Sin embargo, de un tiempo para acá dos cuestiones han sacudido unos cimientos que parecían inalterables. Por un lado, la corrupción institucionalizada. Por otro, las políticas austericidas,  basadas en los intereses económicos alemanes y de otros países afines,  auspiciadas por Bruselas y seguidas a pies juntillas por los gobiernos de turno y que nos han hecho cada día un poco más pobres. 
Fue en la segunda legislatura de Rodríguez Zapatero, como presidente del gobierno, cuando empezó a percibirse un creciente descrédito de las instituciones. Si bien es verdad que, aquella  insatisfacción creciente, a muchos nos pareció que tenía su razón de ser en la crisis económica que estábamos padeciendo.
Con la victoria del PP en diciembre de 2011 y sus acciones posteriores, a la crisis económica se sumó la falta de confianza y credibilidad hacia las instituciones y, sobre todo, hacia  sus representantes. La ciudadanía constató muy pronto que el gobierno de Rajoy no solo era incapaz de  plantear políticas alternativas y aceptaba sin pestañear lo que le ordenaban desde fuera, sino que incumplía descaradamente aquello por lo que se les había votado.
Dijeron que no subirían los impuestos y les faltó tiempo para hacerlo poco después de ganar las elecciones.  En contra de lo que habían dicho cuando eran oposición y en campaña electoral, recortaron en sanidad, educación y servicios sociales. Recortaron los derechos laborales, haciendo una reforma laboral a la medida de la patronal. Prometieron no recortar las pensiones y, sin embargo, hicieron una reforma del sistema sin consultar con nadie y diseñada por las grandes corporaciones que tienen intereses en el sector privado de las pensiones y los planes de jubilación.
Con este panorama de fondo, ha bastado un año escaso, para que Podemos, el partido que lidera Pablo Iglesias, haya capitalizado el enfado y la indignación de cientos de miles de ciudadanos. Estos reniegan del PP y del PSOE y no encuentran ni en Izquierda Unida ni UPyD el bálsamo para su malestar, a pesar de que éstos han hecho lo indecible para convertirse en punto de atracción electoral.
La formación que lidera Pablo Iglesias ha renunciado a presentarse a las elecciones municipales del próximo mes de mayo con su enseña, aunque si lo harán coaligados a otras organizaciones. En cambio, sí parece que quieran optar a la presidencia  en alguna comunidad autónoma, como por ejemplo Andalucía que celebrará sus elecciones en marzo, aunque saben de las dificultades que eso conlleva. De todos modos, la hora de la verdad les llegará con las elecciones generales del próximo invierno. Entonces sabremos a ciencia cierta la magnitud del tsunami que significa Podemos.
Según el informe del CIS (Centro de Investigaciones Sociológicas) realizado en la primera quincena del mes de enero, Podemos rebasaría por primera vez al PSOE. El PP conservaría la primera posición, aunque con un margen muy estrecho y con 17 puntos menos que en las elecciones de 2011. En efecto, todo indica que el bipartidismo existente en España, con la democracia recuperada, pasará, en breve, a ser un tripartidismo, formado por PP, PSOE y Podemos, más una pléyade de partidos comparsa.   
Sin embargo, otras encuestas como la de Metrocospia publicada por EL PAÏS el pasado domingo, 8 de febrero, dan como ganador en voto estimado a Podemos, seguido del PP, y el PSOE en tercer lugar, a cierta distancia. Según parece el pinchazo de los socialistas se debe a las disputas internas. De todos modos la lucha hasta las elecciones generales será encarnizada.
En este contexto, todo dependerá, en gran medida, de si el PP logra tapar su mala gestión y sus falsedades y hace propia la incipiente y débil mejora de la macroeconomía.
Por su parte, si el PSOE quiere tener opciones reales a la alternancia deberá orillar sus diferencias internas, dar imagen de unidad  y hacer llegar a la sociedad un relato que le otorgue credibilidad, genere confianza y vuelva a ilusionar a la ciudadanía. El primer asalto de este combate, se dará en las autonómicas y municipales de mayo. Si los socialistas salen airosos de ese envite Pedro Sánchez podrá optar a ser el candidato a la presidencia del gobierno con relativa tranquilidad. Si por el contrario el varapalo electoral en los comicios de primavera es serio, el hoy primer secretario de Ferraz, puede tener los días contados y la trifulca interna estará servida.  
Y ¿Podemos? ¡Ah! Podemos. Esa es la pregunta del millón. La pregunta que todo el mundo se hace en los mentideros políticos, pero para la que nadie tiene respuesta. En mi opinión, si son capaces de canalizar, lo que dicen las encuestas, y la fuerza que demuestran en la calle (recordemos la manifestación de 31 de enero en Madrid), hacia las urnas, el vuelco llegará.
No obstante, hay unas cuestiones previas que no se deben obviar. Para empezar, deberían moldear su discurso y suavizar la radicalidad de muchos de sus mensajes, presentar un proyecto creíble y válido para la sociedad, democratizar y dar transparencia a la gestión interna y clarificar de inmediato las sospechas que han suscitado las cuentas pendientes con el fisco de alguno de sus líderes. Cada día que pase sin aclarar la situación, la sombra será más grande.
Además de todos estos asuntos domésticos, en el electorado potencial de Podemos influirá mucho la evolución de la situación griega. Influirán, también, los acuerdos o desacuerdos del nuevo gobierno griego, la troika y los acreedores internacionales. Y todo eso, guste o no, ha de influir en la trayectoria a corto y medio plazo de Podemos, y es que la interdependencia es un hecho.  
Para algunos, el tiempo que falta para que se celebren elecciones generales va a ser un auténtico calvario, pero en cualquier caso, es evidente que soplan aires de cambio, y el próximo invierno, cualquier cosa puede ocurrir.

Bernardo Fernández

Publicado en Crónica Global 12/02/15

04 de febrer 2015

LAS CUENTAS CLARAS

Por mucho que algunos se empeñen en negarlo, las coincidencias entre Grecia, España y otros países de  la UE son evidentes. Eso no significa que, en temas sociales, políticos o de cualquier otra índole, se pueda hacer una transposición mimética de un lugar a otro, pero en un mundo globalizado como el nuestro las interdependencias son un hecho.
Es verdad que ni España es Grecia ni Syriza ni Podemos se parecen demasiado. Tampoco son equiparables las economías de un  país y otro ni por su tamaño ni por la profundidad de sus respectivos agujeros negros. Sin embargo, existen grandes similitudes en asuntos como la corrupción sistémica, el agotamiento de los partidos mayoritarios, la desafección  política, los altísimos índices del paro o las ganas de cambio de la ciudadanía.
En estas circunstancias, de cómo sucedan las cosas en los próximos meses, de los acuerdos o desacuerdos a que lleguen los griegos y la UE, dependerá, en gran medida, la evolución inmediata de Podemos y sus resultados  en las próximas elecciones generales que se han de celebrar, en nuestro país,  a finales de año.
Está por ver si el líder de Syriza,  AlexisTsipras, seguirá la estela de Lula o buscará ser el Chávez europeo. Lo que es evidente es que su éxito electoral se nutre del fracaso de las formaciones tradicionales y el descrédito de las clases dirigentes, algo, a día de hoy, universal. 
En cualquier caso, resulta difícil trazar un paralelismo entre Syriza y Podemos. De hecho, Syriza es una coalición de 18 pequeños partidos  que hunde sus raíces en el antiguo partido comunista del exterior, de corte eurocomunista.
En breve sabremos de las habilidades negociadores de Tsipras y su equipo con la Troika  (UE, BCE, FMI) y hasta donde están dispuestos a ceder los acreedores internacionales. Pero de momento, y a juzgar por los primeros movimientos, no parece que los problemas de Grecia estén en vías de solución.
De todos modos, debemos saber que las negociaciones entre la, ya mencionada, Troika y el nuevo gobierno griego, serán algo muy parecido a una larga partida de ajedrez. De lo que ocurra  en las próximas semanas y meses en esas mesas de negociación, depende y mucho el futuro más inmediato de Podemos. En ese contexto, los de Pablo Iglesias harían bien en tener las cuentas claras, aunque sólo fuera por aquello de la mujer del César.

Bernardo Fernández

Publicado en ABC 04/02/15

EN BUSCA DE LA CENTRALIDAD PERDIDA

Desde que, el pasado mes de julio, el Tribunal de Justicia de la Unión Europea (TJUE) dio el aval a la ley de amnistía, aprobada en el Congr...