23 d’octubre 2026

LA MALA SALUD DE HIERRO DE LAS PENSIONES

Cada vez que hay elecciones generales en España, la sostenibilidad del sistema público de pensiones se pone en cuestión. Algo muy preocupante porque tanto las pensiones como la vivienda, la educación o la sanidad son pilares básicos del Estado del bienestar y, por consiguiente, su aplicación y desarrollo deberían estar basados en acuerdos, como mínimo, de los dos grandes partidos nacionales. Sin embargo, en un clima de polarización como el que estamos viviendo eso es una entelequia.

La controversia, en nuestro país, sobre si las pensiones son viables o no viene de lejos. En la década de los 90, las entidades financieras y sus empresas afines, jaleadas por los palmeros de la derecha, nos advertían de la inviabilidad del sistema público de pensiones. El envejecimiento de la población comportaría la quiebra de la Seguridad Social. Por eso, sugerían la conveniencia de contratar un plan de pensiones privado, para no llegar a la jubilación y encontrarse sin cobertura económica y, de paso, ellos hacían caja.

Pero resulta que se está acabando 2026 y el sistema goza de una mala salud de hierro. No ha sido fácil llegar hasta aquí: en 2012, con el PP en el Gobierno las pensiones se congelaron, mientras que en 2013 subieron un pírrico 1% en 2013 debido a la crisis financiera, nos dijeron. Acto seguido, el Ejecutivo de Mariano Rajoy puso en práctica el Índice de Revalorización de las Pensiones limitando la subida al 0,25%

Al llegar el PSOE al Gobierno, las pensiones empezaron a recuperarse: 1,6% en 2019; 0,9% en 2020 y 2021. En 2022 se aprobó por ley que las pensiones se revaloricen automáticamente cada año según el IPC medio interanual para proteger el poder adquisitivo. Esto ha traído incrementos destacados como el 2,5% en 2022, el 8,5% en 2023 (por la alta inflación previa) y ajustes posteriores rondando el 2%–3% (como el 2,7% en 2026. Los números son elocuentes: desde que el partido socialista gobierna las pensiones contributivas han aumentado de manera acumulada entre un 24% y un 25% en los últimos 7 años (desde 2019 hasta 2026) impulsadas por la indexación al Índice de Precios al Consumo (IPC)

Ahora, a la puerta de unas nuevas elecciones generales el debate se ha recrudecido y mientras Pedro Sánchez asegura que si él sigue en La Moncloa el aumento de las pensiones según el IPC está garantizado, la derecha y la extrema derecha vuelven a cuestionar el sistema.

En el partido de las contradicciones (PP), mientras que Núñez Feijóo dice que si él llega a la Moncloa el aumento de las pensiones según el IPC está garantizado, la portavoz en el Congreso, Ester Muñoz asegura que el modelo está colapsado y hay que cambiarlo, ¿en qué quedamos? ¿A quién hacemos caso? Desde luego, la trayectoria de los populares cuando gobernaron y, muy especialmente, la gestión que hicieron de las pensiones ni genera confianza ni da pie al optimismo.

En cambio en Vox lo tienen claro: según su portavoz económico, José María Figaredo, “El sistema de pensiones es un zombi. Lo han quebrado”. Para corregir esos supuestos defectos, la portavoz en el Parlamento, Pepa Millán, no se esconde y plantea una reforma estructural hacia un modelo mixto que combine el reparto con la capitalización individual, como han hecho otros países europeos y es cierto. Pero no explican que para aplicar esos modelos se requiere una participación del empresariado que aquí ni en el mejor de los sueños sería posible.  Seguramente piensan copiar el sistema que se ensayó en el Chile de Augusto Pinochet que quebró. 

En el año 2023, el entonces ministro de la Seguridad Social, José Luís Escrivá, con el visto bueno de los sindicatos, los socios del Gobierno, la opinión favorable de la Comisión Europea y el criterio contrario de los empresarios, llevó a cabo una reforma del sistema público de pensiones para adecuarlo a los tiempos que corren, pulir las deficiencias que han ido apareciendo y hacerlo sostenible para muchas décadas. Con esa reforma se despejaban algunas incógnitas que podían ensombrecer su futuro.

A lo largo del tiempo se ha demostrado que nuestro modelo de pensiones públicas es sostenible y lo será para los que vienen detrás nuestro, mientras que las prestaciones destinadas a pagar pensiones, más una cantidad dedicada a la gestión sean igual a los ingresos. Los servicios sociales –y las pensiones públicas pertenecen a ese ámbito- ni pueden estar sometidos a la lucha política, ni deben ser una mercancía a disposición de aquellos que la puedan comprar, tampoco son una asistencia social y, en ningún caso, una caridad para aquellos con menos recursos. Los servicios sociales son derechos ciudadanos y tienen que ser universales, disponibles e iguales para todos.

 

 

 

Bernardo Fernández

Publicado en Catalunya Press 19/10/2026

 

LA MALA SALUD DE HIERRO DE LAS PENSIONES

Cada vez que hay elecciones generales en España, la sostenibilidad del sistema público de pensiones se pone en cuestión. Algo muy preocupant...