12 d’octubre 2006

Per un govern d'esquerra

Quan Jordi Pujol va guanyar les primeres eleccions autonòmiques de la democràcia reinstaurada, aquella llunyana primavera de 1980, pocs podien sospitar que a Catalunya començava una llarga etapa de governs conservadors de gairebé 23 anys.

Durant quasi un quart de segle Catalunya ha estat governada per una formació nacionalista de tall presidencialista que ha fet servir els mitjans de comunicació públics com quelcom al servei dels seus interessos, i no pas al servei del país. Això ha estat possible entre d’altres raons gràcies a la complicitat, bé per acció o per omissió, dels mitjans privats. Aquesta situació és la que, en el seu dia, va donar lloc a l’anomenat oasi català.

Catalunya Ràdio, TV3 i en bona mesura el diari Avui, per altra banda, es van convertir en aparadors naturals i ”portaveus oficiosos” dels governs conservadors.

Seria injust no admetre l’habilitat per col•locar sempre per davant de la problemàtica comú de la ciutadania -com ara, l’atur, l’ensenyament, l’habitatge, la sanitat... - problemes pretesament identitaris i de suposat caire nacional. Hem de reconèixer la capacitat per buscar i trobar sempre enemics exteriors, embolicar-se en la bandera, amagar i, fins i tot, justificar mancances i errors propis.

No és casual que tant Espanya, sota el mandat d’Aznar, com Catalunya governada per Pujol hagin estat dels països de la UE amb menys despesa social per càpita. I això n’és només un exemple. Es podrien fer comparatives d’inversió per temes socials amb altres comunitats i veuríem que Catalunya queda molt enrederida en aquestes qüestions.

Doncs bé, amb aquest paisatge de rere fons, van arribar les eleccions de novembre de 2003 i la ciutadadania va dir “prou” i es constituí un govern d’esquerres que va fer el programa de govern de progrés més ambiciós que els catalans hem tingut de la república ençà i potser fins i tot mai.

Un programa que proposa, per exemple, la universalització dels serveis a les persones dependents, o una reforma en profunditat del sistema públic sanitari, amb l’objectiu de donar millor servei al ciutadans i sabent que això passa, entre d’altres qüestions, per racionalitzar i reduir la despesa corrent, especialment allò que té a veure amb els medicaments. També estava sobre la taula una reformulació extensa del sistema educatiu, integrant el sistema públic subvencionat, per evitar així la discriminació dels nou vinguts i la d’aquells alumnes provinents de determinades classes socials. I tot això sense oblidar el pla de xoc en el terreny de l’habitatge per pal•liar la carència de vivenda que pateixen les classes populars i, sobre tot, els joves.

Amb aquests i altres paràmetres, el govern va començar a caminar i a treballar. Ara bé, és cert que moltes vegades amb més soroll del que és estrictament necessari. En ocasions, generat per ingenuïtat i manca d’experiència; altres, provocat per agents al servei d’interessos sectorials, corporatius o, senzillament, de poder.

És evident que tot es va acabar el dia que es va trencar el govern i la manca de visó política de llarg recorregut d’alguns ens va abocar a tots a unes eleccions anticipades. Per tant, ara el que toca, tenint en comte que ja tenim estatut, és centrar esforços per a que amb aquesta nova i potent eina puguem recuperar el temps perdut en temes tan cabdals pel país com són recerca, investigació, sanitat o infraestructures.

No n’hi ha dubte. Hi ha molta feina per fer. El repte és apassionant però cal que s’afronti amb serenitat, amb racionalitat i també amb rauxa i en seny a l’hora.

La història ens ho ha demostrat. La dreta nacionalista ha estat incapaç d’estar a l’alçada de les circumstàncies. Ells no saben governar, ells saben manar. Per això ara, perquè necessitem que el país avanci, ens cal un govern d’esquerra.

El Punt 20/09/06

07 d’octubre 2006

MAS O MONTILLA, UDS. DECIDEN

Los catalanes hemos sido convocados a las urnas el próximo 1 de noviembre. Ese día decidiremos quien será el Presidente de la Generalitat en los próximos 4 años, si Artur Mas o José Montilla. Los otros aspirantes, con todo respeto pero con toda seguridad, seguirán siendo eso: aspirantes.

Así las cosas, los ciudadanos decidirán si al frente de nuestro gobierno ponemos a Artur Mas, “el hombre sin pasado” lanzado y promocionado desde el poder, para seguir en él. De este modo se perpetuará un determinado modelo de gobernar Cataluña basado en anteponer las cuestiones identitarias y de nación a los problemas cotidianos de las personas. Es decir, la sanidad, la vivienda, la educación o el paro. No es casualidad que, con los gobiernos de derecha nacionalista que hemos tenido, Cataluña fuese uno de los lugares con menor gasto per capita en políticas sociales de la UE de los 15.

La otra opción es José Montilla, candidato con un currículo contrastado, alcalde de Cornellá durante varias legislaturas y con varias mayorías absolutas a sus espaldas. Después, Ministro de Industria del Gobierno del Estado donde ha demostrado ser eficiente, eficaz y resolutivo. Para corroborar estas afirmaciones basta darse una vuelta por la población del bajo Llobregat, ver como se ha transformado y pedir opinión a los vecinos. También se puede contrastar su labor al frente del ministerio y veremos que estamos ante un buen gestor. Como dicen algunos, “el mejor gestor para el mejor estatuto”.

Puestos a practicar este sano ejercicio de inmersión en la trayectoria de los candidatos propongo que alguien nos explique los logros de Mas como responsable político. Ya sea en el Ayuntamiento de Barcelona -recordemos que fue un tiempo jefe de la oposición municipal-, o como Consejero en diversos gobiernos de Cataluña de los que ha formado parte. Incluso podríamos admitir, para nuestro juego, sus éxitos en la consejería en cap. Nadie ignora que ésta fue creada a su medida para su lanzamiento mediático y político. Por cierto, no vale recordar aquel día que, mientras caía la gran nevada del siglo en Cataluña, el país quedaba incomunicado y grandes zonas sin energía eléctrica, él se lo pasaba “pipa” en una discoteca del Maresme.

No hay más. No nos podemos llamar a engaño. El día 2 de noviembre o tendremos como presidente a Artur Mas, como dicen algunos “el hombre sin pasado”. Y yo digo que sin futuro. Nadie sabe que actividad política tuvo, si es que la tuvo, en sus años jóvenes. O el presidente de la Generalitat será José Montilla, un hombre con trayectoria y con proyecto, de sobras conocida la primera e interesante y atrayente, en términos políticos, el segundo.

Montilla en este nuevo ciclo político, que se abrió el 18 de junio con el nuevo estatuto, nos hace una propuesta cargada de lógica y sentido común. Sostiene el socialista que ha llegado el momento que, sin hacer abstracción de nuestra singularidad nacional, pongamos el acento de nuestras políticas en la cotidianeidad y que también es el momento que resolver los problemas de la gente, ese debe ser el eje vertebrador de nuestras acciones. Para lograr el nuevo estatuto se trabajó mucho y bien, y ello hizo posible el mejor marco jurídico que jamás hemos tenido como pueblo. Pero solo será así, si ahora hacemos que todo eso que se consiguió sirve para que los ciudadanos vivan mejor: para que la sanidad sea mejor, para que la educación sea un herramienta de integración y liberación para todos, para que los jóvenes puedan acceder a una vivienda si tenerse que empeñar de por vida…

… Y a todo esto, Artur Mas ¿qué nos propone?
Queridos lectores el 1 N, ustedes deciden


Publicado en ABC 18/09/06

04 d’octubre 2006

EL SOCIALISMO CATALÁN EN LA ENCRUCIJADA.



Es posible que las últimas decisiones que hemos tomado los socialistas en Cataluña vistas desde la distancia puedan producir cierta perplejidad.

Analicemos los hechos:

Es verdad que en menos de tres meses se han cambiado los dos primeros cabezas de cartel. Pasqual Maragall, actual presidente y candidato a repetir como tal en la Generalitat, y Joan Clos, alcalde de Barcelona nombrado Ministro, han dejado sus plazas. Para empezar no olvidemos que la única persona con potestad para poner y destituir ministros es el presidente del gobierno. Y eso es lo que ha hecho. Decidir y actuar en función de las competencias que la legalidad le otorga.

Ante esta situación el partido ha optado, en perfecta sintonía con el hasta ahora alcalde, colocar a Jordi Hereu al frente del Gobierno Municipal. Jordi Hereu, que posee una buena formación académica, es un joven concejal de 41 años que ha desempeñado diversas responsabilidades políticas con notable éxito desde el año 1999 en que fue elegido concejal. Ha sido, entre otras cosas, regidor en diversos distritos como Las Corts o Sant Andreu y responsable de seguridad y vía pública. Parece, pues, una opción acertada para proseguir la obra de hacer de Barcelona la capital socialdemócrata del sur de Europa que un día inició Narcís Serra, continuó con notable éxito Pasqual Maragall y siguió desarrollando ya en el siglo XXI Joan Clos. De todos modos, que nadie se asuste. Éste es un tránsito necesario y obligado hasta las próximas elecciones municipales del mes de mayo de 2007. Para entonces el partido ya habrá puesto en marcha los mecanismos que el régimen interno prevé y los militantes se pronunciarán sobre quien debe ser el alcaldable de la organización por Barcelona.

En cualquier caso lo que ha hecho correr ríos de tinta y ha tenido, y temo tendrá, más resonancia mediática es la renuncia de Pasqual Maragall a presentarse a otro mandato en la presidencia de la Generalitat de Cataluña.

Es evidente que Maragall ha sido un líder heterodoxo, no adscrito a los cánones clásicos de la izquierda tradicional. De hecho, siendo alcalde ya intentó la creación de una plataforma política que suplantara en todo o en parte el espacio del partido. Sabido es que nunca sus relaciones fueron fluidas con el mal llamado aparato. Tal vez por eso, y quizás porqué quería emular al partido demócrata americano crea Ciutadans pel Canvi, organización que hace tiempo ya perdió su razón de ser, si es que la llegó a tener. Por otra parte, hay que reconocer su capacidad de trabajo. Y lo que no se le podrá negar nunca es su perseverancia, su tenacidad y su obstinación, a veces rayando en la terquedad, para lograr un objetivo.

A estas alturas nadie puede negar que él ha sabido aglutinar a la gente de progreso de Cataluña para sacar adelante el Estatuto. Es verdad que este proceso, por largo y difícil, ha eclipsado la acción de gobierno. Una acción de gobierno que ha sido importante y cuantiosa, más allá de la discusión y la anécdota, y que a menudo ha superado su propia categoría para convertirse en prueba de cargo. Políticas territoriales y ambientales, acuerdos estratégicos por la competitividad, pero sobre todo acciones dirigidas a las personas como la ley de barrios, el pacto por la educación o la ley de servicios sociales. Éstas han sido, entre otras, las enseñas de un gobierno de izquierdas, del Gobierno Maragall.

Con este telón de fondo en Cataluña el 18 de junio, con la aprobación del nuevo Estatuto de Autonomía, se abría un nuevo ciclo político. Quedarán para el recuerdo las anécdotas, las disputas, las pequeñas peleas y los pactos de pasillo. Pero lo importante es lo que ha quedado escrito y después ha sido votado y aprobado por los ciudadanos.

Un nuevo estatuto que es el mejor marco jurídico que jamás hemos tenido como pueblo. Pero solo será así si ahora hacemos que todo eso que se consiguió sirve para que los ciudadanos vivan mejor, para que la sanidad sea mejor, para que la educación sea un herramienta de integración y liberación para todos, para que los jóvenes puedan acceder a una vivienda si tenerse que empeñar de por vida…

Y aquí, que nadie se escandalice, no se trata de renunciar a nada. El concepto de nación cada uno lo entiende de una manera y todas son respetables. Nuestra singularidad nacional y nuestra trayectoria como pueblo es la que es y no vamos a renunciar a nada, Pero ahora es el momento de hacer políticas para la gente, políticas de cohesión social y de integración. Políticas mediante las cuales los ciudadanos alcancen mayores cuotas de calidad de vida. Si no es así, ese nuevo texto que tanto nos ha costado no habrá servido para casi nada.

Así las cosas, al PSC (PSC-PSOE) se le planteó un reto de extraordinaria importancia: primero, escoger un candidato que sea el nuevo Presidente de la Generalitat. Y, después, que éste sea la persona que encabece el gobierno que tiene que poner en marcha el nuevo estatuto. El estatuto de las personas. Pues bien, en ese contexto, el partido ha decidido que sea José Montilla quien lidere ese proyecto. Es verdad que de alguna manera se rompe el hilo conductor de los candidatos del PSC a la presidencia de la Generalitat. El lugar de nacimiento es distinto y la extracción social y, por tanto, la formación también. Ahora bien, hay algo que para mí es muchos más importante: todos han mamado socialismo desde pequeños y todos se han forjado en mil batallas y, lo que más importa, todos comparten el deseo de una sociedad más justa, más libre y más solidaria. Por todo eso desde el socialismo catalán hay que poner de manifiesto, ahora más que nunca, que el catalanismo es transversal y que proponer a un andaluz de origen a la más alta magistratura de país es un símbolo de normalidad democrática

Ya lo hemos dicho. Con este estatuto se abre una etapa nueva en Cataluña, pero también en España. En los próximos años habrá que desarrollarlo y aplicarlo. Ciertamente esa será una tarea compleja y para ello se necesita un gobierno con una mayoría parlamentaria sólida y que a la vez tenga la fortaleza que otorgan, primero las urnas, y luego el rigor en la acción. Y eso, sin duda, está en el caché de Montilla.

Nos jugamos mucho, es verdad. Todo cambio significa un riesgo y lo asumimos Esta en juego aquello por lo que hemos luchado años y años. Podemos pasar de tocar el cielo con las manos a hundirnos en nuestro propio detritus Vale la pena intentarlo. En las próximas elecciones al Parlament del 1N hay que obtener una mayoría suficiente para poder gobernar con sosiego y tranquilidad. Ésta sería la mejor manera de culminar este proceso de renovación que los socialistas de Cataluña hemos puesto en marcha. Al fin y al cabo se trata de evolucionar al ritmo que lo hace la sociedad de la que formamos parte y a la cual aspiramos a representar y a servir.
Publicado en EL SIGLO nº 768 18 a 24 de septiembre de 2006
EL SOCIALISMO CATALÁN EN LA ENCRUCIJADA.



Es posible que las últimas decisiones que hemos tomado los socialistas en Cataluña vistas desde la distancia puedan producir cierta perplejidad.

Analicemos los hechos:

Es verdad que en menos de tres meses se han cambiado los dos primeros cabezas de cartel. Pasqual Maragall, actual presidente y candidato a repetir como tal en la Generalitat, y Joan Clos, alcalde de Barcelona nombrado Ministro, han dejado sus plazas. Para empezar no olvidemos que la única persona con potestad para poner y destituir ministros es el presidente del gobierno. Y eso es lo que ha hecho. Decidir y actuar en función de las competencias que la legalidad le otorga.

Ante esta situación el partido ha optado, en perfecta sintonía con el hasta ahora alcalde, colocar a Jordi Hereu al frente del Gobierno Municipal. Jordi Hereu, que posee una buena formación académica, es un joven concejal de 41 años que ha desempeñado diversas responsabilidades políticas con notable éxito desde el año 1999 en que fue elegido concejal. Ha sido, entre otras cosas, regidor en diversos distritos como Las Corts o Sant Andreu y responsable de seguridad y vía pública. Parece, pues, una opción acertada para proseguir la obra de hacer de Barcelona la capital socialdemócrata del sur de Europa que un día inició Narcís Serra, continuó con notable éxito Pasqual Maragall y siguió desarrollando ya en el siglo XXI Joan Clos. De todos modos, que nadie se asuste. Éste es un tránsito necesario y obligado hasta las próximas elecciones municipales del mes de mayo de 2007. Para entonces el partido ya habrá puesto en marcha los mecanismos que el régimen interno prevé y los militantes se pronunciarán sobre quien debe ser el alcaldable de la organización por Barcelona.

En cualquier caso lo que ha hecho correr ríos de tinta y ha tenido, y temo tendrá, más resonancia mediática es la renuncia de Pasqual Maragall a presentarse a otro mandato en la presidencia de la Generalitat de Cataluña.

Es evidente que Maragall ha sido un líder heterodoxo, no adscrito a los cánones clásicos de la izquierda tradicional. De hecho, siendo alcalde ya intentó la creación de una plataforma política que suplantara en todo o en parte el espacio del partido. Sabido es que nunca sus relaciones fueron fluidas con el mal llamado aparato. Tal vez por eso, y quizás porqué quería emular al partido demócrata americano crea Ciutadans pel Canvi, organización que hace tiempo ya perdió su razón de ser, si es que la llegó a tener. Por otra parte, hay que reconocer su capacidad de trabajo. Y lo que no se le podrá negar nunca es su perseverancia, su tenacidad y su obstinación, a veces rayando en la terquedad, para lograr un objetivo.

A estas alturas nadie puede negar que él ha sabido aglutinar a la gente de progreso de Cataluña para sacar adelante el Estatuto. Es verdad que este proceso, por largo y difícil, ha eclipsado la acción de gobierno. Una acción de gobierno que ha sido importante y cuantiosa, más allá de la discusión y la anécdota, y que a menudo ha superado su propia categoría para convertirse en prueba de cargo. Políticas territoriales y ambientales, acuerdos estratégicos por la competitividad, pero sobre todo acciones dirigidas a las personas como la ley de barrios, el pacto por la educación o la ley de servicios sociales. Éstas han sido, entre otras, las enseñas de un gobierno de izquierdas, del Gobierno Maragall.

Con este telón de fondo en Cataluña el 18 de junio, con la aprobación del nuevo Estatuto de Autonomía, se abría un nuevo ciclo político. Quedarán para el recuerdo las anécdotas, las disputas, las pequeñas peleas y los pactos de pasillo. Pero lo importante es lo que ha quedado escrito y después ha sido votado y aprobado por los ciudadanos.

Un nuevo estatuto que es el mejor marco jurídico que jamás hemos tenido como pueblo. Pero solo será así si ahora hacemos que todo eso que se consiguió sirve para que los ciudadanos vivan mejor, para que la sanidad sea mejor, para que la educación sea un herramienta de integración y liberación para todos, para que los jóvenes puedan acceder a una vivienda si tenerse que empeñar de por vida…

Y aquí, que nadie se escandalice, no se trata de renunciar a nada. El concepto de nación cada uno lo entiende de una manera y todas son respetables. Nuestra singularidad nacional y nuestra trayectoria como pueblo es la que es y no vamos a renunciar a nada, Pero ahora es el momento de hacer políticas para la gente, políticas de cohesión social y de integración. Políticas mediante las cuales los ciudadanos alcancen mayores cuotas de calidad de vida. Si no es así, ese nuevo texto que tanto nos ha costado no habrá servido para casi nada.

Así las cosas, al PSC (PSC-PSOE) se le planteó un reto de extraordinaria importancia: primero, escoger un candidato que sea el nuevo Presidente de la Generalitat. Y, después, que éste sea la persona que encabece el gobierno que tiene que poner en marcha el nuevo estatuto. El estatuto de las personas. Pues bien, en ese contexto, el partido ha decidido que sea José Montilla quien lidere ese proyecto. Es verdad que de alguna manera se rompe el hilo conductor de los candidatos del PSC a la presidencia de la Generalitat. El lugar de nacimiento es distinto y la extracción social y, por tanto, la formación también. Ahora bien, hay algo que para mí es muchos más importante: todos han mamado socialismo desde pequeños y todos se han forjado en mil batallas y, lo que más importa, todos comparten el deseo de una sociedad más justa, más libre y más solidaria. Por todo eso desde el socialismo catalán hay que poner de manifiesto, ahora más que nunca, que el catalanismo es transversal y que proponer a un andaluz de origen a la más alta magistratura de país es un símbolo de normalidad democrática

Ya lo hemos dicho. Con este estatuto se abre una etapa nueva en Cataluña, pero también en España. En los próximos años habrá que desarrollarlo y aplicarlo. Ciertamente esa será una tarea compleja y para ello se necesita un gobierno con una mayoría parlamentaria sólida y que a la vez tenga la fortaleza que otorgan, primero las urnas, y luego el rigor en la acción. Y eso, sin duda, está en el caché de Montilla.

Nos jugamos mucho, es verdad. Todo cambio significa un riesgo y lo asumimos Esta en juego aquello por lo que hemos luchado años y años. Podemos pasar de tocar el cielo con las manos a hundirnos en nuestro propio detritus Vale la pena intentarlo. En las próximas elecciones al Parlament del 1N hay que obtener una mayoría suficiente para poder gobernar con sosiego y tranquilidad. Ésta sería la mejor manera de culminar este proceso de renovación que los socialistas de Cataluña hemos puesto en marcha. Al fin y al cabo se trata de evolucionar al ritmo que lo hace la sociedad de la que formamos parte y a la cual aspiramos a representar y a servir.
Publicado en EL SIGLO nº 768 18 a 24 de septiembre de 2006

20 d’agost 2006

Carta abierta a Xavier Trías, Jefe de la oposición en el Ayuntamiento de Barcelona.

Apreciado Xavier,

El pasado 27 de junio del año en curso escribías en estas mismas páginas un artículo sobre el accidente del Carmelo, sus causas y consecuencias que, si tengo que ser sincero, me dejó anonadado. He dejado transcurrir unos días y, tras haber hecho alguna reflexión al respecto, me decido a contestar tu argumentación acerca de la cuestión.

En primer lugar, debo decirte que tu artículo me sorprendió y también me dolió porque eres una persona a la que tengo estima, pero día tras día veo que en la medida que te alejas de tu objetivo, que no es otro que ser alcalde de Barcelona, se resienten tus meninges.

Me explico,

Todo tu artículo es negativo, catastrofista y sectario. Omites que gran parte de la responsabilidad del hundimiento del Carmelo es de los gobiernos de CiU. Así quedó demostrado en la comisión parlamentaria que en su día se constituyó. No mencionas para nada que el gobierno de la ciudad, con el alcalde a la cabeza, se volcó dando soporte a los afectados. Tampoco recuerdas que fueron casi la misma cantidad de personas los que dieron soporte y ayudaron que el número de afectados.

Dices que esta legislatura será recordada como la del hundimiento. En cualquier caso está por ver lo que dirá la historia, pero a mi me parece que la podríamos recordar por haber sido la legislatura en la que en San Martí se construirán 3221 viviendas de protección oficial o que las nuevas ayudas del Estado permitirán rehabilitar 70.000 pisos. O también podríamos decir que el Gobierno aportará 40 millones de euros para equipamientos culturales o…. Un sinfín de cosas más. Debe ser que yo tengo una visión más positiva e la vida que tú.

Después continúas tu escrito intentando explicar de forma sectaria la enmienda de CiU sobre las posibles repercusiones fiscales y como pueden resultar perjudicadas en el momento de hacer la declaración de renta las personas que hayan recibido ayudas para paliar la desgracia. No explicas, en cambio, que quien acepta o no una enmienda es quien propone, en este caso eran los propuestos, y por tanto es el Gobierno el que decide incorporarla para que se apruebe. Tampoco, en esta ocasión, haces referencia alguna a que tu grupo parlamentario en el Congreso, es decir CiU, no votó la investidura de José Luís Rodríguez Zapatero y éste fue elegido por la cámara Presidente del Gobierno. Menciono este hecho para poner de manifiesto que el voto convergente en esta legislatura no es decisivo en las cortes españolas. En cambio, amigo Xavier, no nos dices que siendo portavoz de tu formación votaste la investidura de Aznar ¿a cambio de qué? ¿Nos dirás algún día en que benefició a Cataluña vuestra sumisión al PP? Perdón, me he confundido, donde dice Cataluña léase Convergencia i Unió.

Otro día, si te parece y a los lectores les interesa, podemos hacer referencia a tu paso por el Gobierno de Cataluña, a cuando fuiste Consejero de Sanidad y del déficit económico que allí dejaste. Pero si lo prefieres hablamos de cuando fuiste consejero de Presidencia y de las encuestas que hiciste con dinero de todos los ciudadanos. Además de ser claramente partidistas no pasaron jamás por el Parlamento, como es preceptivo.

En fin, ya ves, podemos hablar de muchas cosas. Por cierto, no estaría de más que hicieras alguna propuesta como candidato a la alcaldía de Barcelona. He hablado en pocos días con bastantes ciudadanos y, cuando les he pedido que me digan alguna propuesta de Trias o de CiU para Barcelona, no han sabido que decirme. Lo bueno, o malo según se mire, es que yo tampoco sé que propones para nuestra ciudad.

Amigo Trias, eres un tipo afable. Te aprecio de verdad y en el fondo me sabrá mal que te des la gran castaña en las próximas municipales. Y además, lo peor, los tuyos no te lo van a perdonar y te jubilarán antes de tiempo. Y eso, la verdad, no me va a gustar lo más mínimo.

Atentamente.


Bernardo Fernández
ABC 31/07/06

12 de juliol 2006

EL RELEVO TRANQUILO

No deja de ser curioso que ahora, cuando Pasqual Maragall ha hecho público que no se volverá a presentar como candidato a la Presidencia de la Generalitat, aquellos que le denostaron y demonizaron son los que más le halagan y jalean.

Es evidente que Maragall ha sido un líder heterodoxo, no adscrito a los cánones clásicos de la izquierda tradicional. Ha tenido grandes defensores y, como no, detractores. Pero lo que no se podrá negar nunca es su perseverancia, su tenacidad y su obstinación, a veces rayando en la terquedad, para lograr un objetivo. Puedo dar fe de su carisma y capacidad de atracción, como la de pocos, en la distancia corta.

A estas alturas nadie puede negar que él ha sabido aglutinar a la gente de progreso de Cataluña para sacar adelante el Estatuto. Es verdad que este proceso, por largo y difícil, ha eclipsado la acción de gobierno. Una acción de gobierno que ha sido importante y cuantiosa, más allá de la discusión y la anécdota y que a menudo ha superado su propia categoría para convertirse en prueba de cargo. Políticas territoriales y ambientales, acuerdos estratégicos por la competitividad, pero sobre todo acciones dirigidas a las personas como la ley de barrios, el pacto por la educación o la ley de servicios sociales. Éstas han sido, entre otras, las enseñas de un gobierno de izquierdas, del Gobierno Maragall.

Pues bien, con este bagaje de sus tres últimos años y con un currículo político impresionante, este inquilino casi “permanente” de la Plaza San Jaime de Barcelona, en un gesto que le honra dice que se va, que es el momento de dejar paso a otros, a otros equipos y a otra generación. Habrá que admitir que pocos políticos han sabido dar ese paso y, cuando lo han hecho, generalmente ha sido tarde y mal. Pasqual no, Pasqual lo ha hecho en el momento oportuno para su partido y sobre todo para el país, que al final es lo que importa.

Así las cosas, al PSC se le plantea un reto de extraordinaria importancia: primero, escoger un candidato que sea el nuevo Presidente de la Generalitat. Y, después, que éste sea la persona que encabece el gobierno que tiene que poner en marcha el nuevo Estatuto. El Estatuto de las personas. Esa persona, sin duda, es José Montilla, que ha sido propuesto por la Comisión Ejecutiva del partido y ahora tendrá que ser ratificado conforme indican los estatutos y reglamentos que al respecto tiene la organización para estos casos. Ahora, cuando se ha acabado con los temas identitarios y con las cuestiones de reconocimiento nacional, es el momento de hacer políticas para la gente, políticas mediante las cuales los ciudadanos alcancen mayores cuotas de calidad de vida. Si no es así, ese nuevo Estatuto que tanto nos ha costado no habrá servido para casi nada.

Por todo eso desde el socialismo catalán hay que poner de manifiesto, ahora más que nunca, que el catalanismo es transversal y que proponer a un andaluz de origen a la más alta magistratura de país es un símbolo de normalidad democrática

Este estatuto abre una etapa nueva en Cataluña, pero también en España. En los próximos años habrá que desarrollarlo y aplicarlo. Ciertamente esa será una tarea compleja y para ello se necesita un gobierno con una mayoría parlamentaria sólida y que a la vez tenga la fortaleza que otorgan, primero las urnas, y luego el rigor en la acción, y eso sin duda está en el caché de Montilla.

Por eso, hay que obtener una mayoría suficiente para poder gobernar con sosiego y tranquilidad. Éste sería el mejor modo de coronar un relevo tranquilo y, sobre todo, sería también lo mejor para Cataluña.


Bernardo Fernández
Diputado por el PSC
al Parlament de Cataluña
ABC 3 de julio de 2006

11 de juny 2006

Estatutos, autonomías y constitución

A partir de la Constitución y los estatutos, España es hoy una realidad distinta fraguada en los últimos 25 años. En este tiempo se ha llevado a cabo un extraordinario proceso de descentralización que ha generado como resultado un gran desarrollo tanto en el orden económico, como institucional y, por descontado, en el ámbito social.

Como dijo en una ocasión el Presidente del Gobierno, “nuestra historia reciente, es la historia de un éxito”. En estos últimos años, con la instauración y el asentimiento de un sistema democrático comparable a los mejores que existen en el mundo, hemos recompuesto los puentes con nuestro mejor pasado y nos hemos situado entre los países con mejor calidad de vida, entendiendo esta expresión en el sentido más amplio.

Estamos inmersos en un proceso de modernidad donde los derechos sociales, la libertad de empresa y la solidaridad están plenamente garantizados. Como no podía ser de otra manera, el progreso se ha canalizado hacia los ciudadanos mediante el gobierno Central y las Administraciones autonómicas y locales. Por cierto, va siendo hora de que se reconozca el rol de las administraciones locales que, al estar más próximas a los ciudadanos, han desempeñado a lo largo de todos estos años. Sería, sencillamente, un acto de justicia.

Ahora bien, esto no quiere decir, ni de lejos, que todo lo que se ha hecho haya sido ni acertado, ni en la dirección adecuada. En estos últimos años se ha erosionado con demasiada frecuencia e intensidad diversa el espíritu progresista que en su día alumbró la Constitución y los estatutos autonómicos. Esto ha tenido como consecuencia, además de no pocos desencuentros políticos, la producción de retrasos innecesarios en un proceso de desarrollo que hubiera podido ser más sostenido, más racional, más equitativo y, por encima de todo, más favorable para el conjunto de la ciudadanía.

Sin temor a equivocarnos podemos afirmar que conseguir un mejor funcionamiento del sistema, consolidar el marco competencial, profundizar en los instrumentos de cooperación, mejorar la financiación autonómica y aumentar la eficacia de las administraciones públicas ha sido el leiv motiv que ha movido a todos los gobernantes desde la transición hasta hoy. Otra cosa es la versión que cada uno de ellos ha hecho del mismo tema. Utilizando conceptos musicales podríamos decir que algunos han realizado una interpretación demasiado libre de la obra

A lo largo de todo este tiempo se ha consolidado un determinado marco competencial, pero, con simultaneidad, se ha puesto de manifiesto una voluntad limitadora e incluso rácana a la hora de otorgar recursos. El caso más paradigmático es la sanidad. Aquí cabe la sospecha de que lo que se quería transferir no era tanto la competencia sino el problema en sí.

Por otra parte, es de justicia reconocer que la administración central ha perdido peso de forma casi armónica con respecto a la cesión de competencias y recursos. A pesar de este avance hemos de reconocer que no existe, todavía, una perfecta sintonía entre los tres niveles de administración y es ahí donde los entes locales se llevan la peor parte. Sería, según mi criterio, un paso adelante considerable traspasar a la administración local un paquete, lo más grande posible, de servicios personales.

También debemos considerar muy positivo que a partir de las reformas parciales del sistema de financiación se hayan repartido más recursos para autonomías y ayuntamientos. Esto nos ha colocado en unos porcentajes de distribución que podemos situar entorno al 30% para el Estado el 50% para las autonomías y un 20% para los ayuntamientos. Este sistema de reparto, de medios, pone sobre el tapete que los entes locales siguen siendo el pariente pobre y los menos favorecidos a la hora de recibir recursos, cuando lo más habitual es que den servicios muy por encima de sus posibilidades, e incluso competencias. Así las cosas, cabe pensar que hay que evolucionar hacia un reparto más equitativo que debería rondar el 30-40-30.

En la misma línea positivista hay que enmarcar el acuerdo suscrito en diciembre de 2004 entre el Gobierno Central y la CCAA mediante el cual se ha dado un paso importante en el sentido que se ha hecho posible la participación de consejeros autonómicos en las reuniones del Consejo de Ministros de la UE.

Pero la sociedad es cambiante y evolutiva y hoy tenemos sobre la mesa problemas y cuestiones que hace 25 años no existían. Por eso, entre otras cosas, el mapa competencial no se podrá cerrar nunca, lo que no quiere decir que se deba estar de forma constante y permanente con la reivindicación en los labios. Y precisamente por eso es necesario abordar, en estos momentos, sin complejos y sin traumas los nuevos retos que nos plantea la movilidad migratoria. De la misma manera debemos ver como ubicamos en nuestra sociedad las nuevas tecnologías para que éstas sean un beneficio para todos y no algo que genera división y provoca dos velocidades, es decir, dos ritmos distintos de crecimiento convirtiéndose, en definitiva, en una herramienta sólo para las élites. Y todo esto debe ser simultáneo y armónico a nuestro encaje en este mundo global que nos ha tocado vivir y, de forma muy especial, a nuestra proyección en Europa y sus instituciones.

Sin duda alguna estamos en un cruce de caminos donde corremos el riesgo de quedarnos atrapados en nuestros propios lodos o por el contrario, continuar avanzado y perseverando en lo que es el mejor periodo de nuestra historia moderna. Así las cosas, todos hemos podido percibir que en los últimos dos años se ha instalado una voluntad clara y un coraje político encomiable para llevar a cabo las reformas necesarias que nos han de permitir seguir caminando por la senda del progreso hacia un Estado cada vez más Federal, en el que sería deseable que cada cual se sintiera patriota a su manera. Como dijo Manuel Azaña, “el patriotismo no es un código de doctrina, sino algo que nos impulsa a sacrificarnos por el bien común”.

Solo si somos capaces de interiorizar que podemos vivir juntos auque seamos diferentes, podremos continuar por ese camino de progreso y bienestar descrito en este texto. Si lo que pretendemos es la uniformidad, el igualitarismo zafio y la exaltación de lo propio a partir de la negación de lo ajeno, tenemos fecha de caducidad.

Pienso, con toda sinceridad, que vale la pena perseverar en la España plural De este modo consolidaremos, por una parte, un modelo de Estado irreversible y que es punto de referencia para otros países, y por otra, conseguiremos más progreso, más libertad y más concordia para los ciudadanos de nuestro país

EL SIGLO nº 698 del 5 al 11 de junio de 2006

EN BUSCA DE LA CENTRALIDAD PERDIDA

Desde que, el pasado mes de julio, el Tribunal de Justicia de la Unión Europea (TJUE) dio el aval a la ley de amnistía, aprobada en el Congr...