01 de març 2019

MOVILIZACIÓN IMPERTINENTE


Los amables lectores me van a permitir que empiece este artículo con un exabrupto: lo del Procés y sus consecuencias es para mear y no echar gota.
La huelga general convocada por el sindicato independentista Intersindical-CSC, el pasado 21 de febrero, en apoyo de los políticos presos que están siendo juzgados en el Tribunal Supremo, tuvo escaso seguimiento. En el comercio el paro fue muy minoritario y en la industria ni se notó. La Administración ralentizó un poco su actividad y buena parte de los estudiantes universitario se fumaron las clases. Sin embargo, quien estuvo como pez en el agua fueron los CDR cortando carreteras y líneas ferroviarias, ocupando las vías durante casi toda la mañana. También estuvo cerrado el Parlament y ninguno de los consejeros del Govern tuvo agenda oficial ese día. Ver para creer.
Que eso suceda en un país de Europa ─que tenga Estado o no, para el caso es igual─, es una vergüenza. Parece más propio de una república bananera que de una sociedad occidental próspera, desarrollada y culta como es y queremos que siga siendo la catalana. Bien queremos casi todos. A veces pienso que algunos, con el Govern a la cabeza, nos quieren hacer retroceder hasta el siglo XVIII y que haya otra guerra de Sucesión como la de 1714. Quizás, entonces, se sentirían más cómodos. Me imagino a alguno de los líderes independentistas como Conseller en Cap y dirigiendo a la Coronela, no tiene desperdicio. Les sugiero que hagan ese pequeño ejercicio de imaginación.
Volviendo a la realidad y en presente, lo del 21 de febrero no tiene nombre. En Cataluña hay casi 50.000 delegados sindicales, de los cuales poco más de 300 son de la intersindical-CSC, es decir, independentistas, que no llegan ni al 1% del total. Pues bien, que sean ellos los que marquen el paso en el mundo laboral, por lo menos, da que pensar.
Pero es que, además, y como siempre, funcionan con añagazas, mentiras y falsedades. Aunque la huelga se registró por motivos laborales, todo el mundo sabía que su objetivo era político. Es su manera de ser y actuar. No tienen ni valor ni capacidad para más.
Que, ni de lejos lograron sus objetivos, es algo evidente. No obstante, como los secesionistas tienen por costumbre magnificar todo lo que hacen ─aunque sea tirarse una ventosidad─, para ellos la huelga fue un éxito y, el mismo día por la tarde, llevaron a cabo una manifestación en Barcelona, bajo el lema “Sin derechos no hay libertades”, en la que participaron unas 40.000 personas según la Guardia Urbana y 200.000 según los convocantes. Y luego dicen que los andaluces son exagerados.
El caso es que los organizadores quedaron tan satisfechos y se miraron tanto el ombligo que ya están pensando en celebrar una mani similar en Madrid el próximo 16 de marzo. De hecho, están calculando por cuanto les pueden salir los autocares y un bocata de chóped por asistente. Claro que por dinero no se han de preocupar, para eso está el Govern. Si hace falta se recorta de sanidad, de enseñanza, de las becas comedor o de donde haga falta. Todo sea por la causa.
¿Hasta cuándo abusarás, Catilina, de nuestra paciencia? Empezó diciendo Cicerón en su primera Catilinaria.
¿Hasta cuándo soportaremos los ciudadanos de buena fe las movilizaciones impertinentes de los independentistas radicales? Me pregunto yo.

Bernardo Fernández
Publicado en e notícies 26/02/19

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