18 de desembre 2011

LA SANIDAD COMO DERECHO


El actual sistema sanitario catalán hunde sus raíces en el plan diseñado, en la época de la ya lejana transición, por Ramón Espasa, entonces Conseller de Sanidad bajo el mandato del President Tarradellas. Más tarde, con la Ley General Sanitaria de 1986, del malogrado Ernest Lluch, la prestación no tan solo se consolidó en toda España sino que devino universal.
Según la práctica totalidad de expertos consultados, en Cataluña gozamos de uno de los cinco mejores servicios de salud el mundo. Una prestación que en el año 2010 supuso para las arcas de la Generalitat un gasto de 1371 euros por persona. Es decir, menos del 6% del PIB, mucho menos que la media de la Europa de los 15 y muchísimo menos que el 17% del PIB que gastan en USA. Y dicho sea de paso, en EEUU con mucha menos calidad y sin ser un servicio universal.
Cuando, en 2003, la izquierda llegó al poder, el déficit sanitario catalán superaba los 2100 millones de euros. Quizás por eso, en más de una ocasión los gobiernos anteriores habían dejado de pagar nóminas durante meses. Y, aunque sólo sea a modo de ejemplo, conviene recordar que el antiguo Hospital de Sant Pau arrastraba un déficit de inversión y gasto corriente de más de 400 millones de euros.
La población ha crecido en Cataluña, en los últimos 15 años, más de 1,5 millones de personas, por ese motivo, entre muchos otros, el anterior gobierno realizó y puso en marcha un plan de inversiones sanitarias, para el período 2004-2015. La finalidad del mismo es renovar y/o reformar aquellos equipamientos que hayan podido quedar obsoletos y así poder dar respuesta adecuada a las necesidades sanitarias de la sociedad actual. Para ello, es necesario invertir en infraestructuras el 3% del presupuesto anual. De esa forma. Barcelona, el Baix Llobregat, el Vallés Oriental y el Occidental llegarán a tener las instalaciones que en el ámbito de la salud les corresponden y donde, casualmente, los gobiernos nacionalistas menos porcentualmente habían invertido.
Pero es que además los gobiernos de izquierda utilizando las TIC introdujeron reformas que sin menoscabar la calidad del servicio lo han hecho más viable. La receta electrónica, el historial electrónico o la tele medicina son algunos ejemplos. Por otra parte, en 2010 se pactó bajar el salario de los profesionales y el precio de determinados productos sanitarios, pero sin afectar la calidad del servicio.
No deberíamos perder de vista que nuestro sistema sanitario, además de todo lo explicado, genera una importante economía productiva. Un 7%, aproximadamente de los puestos de trabajo que hay en Cataluña, están en la sanidad, de los cuales más del 60% son universitarios, frente al 30% en otros sectores de la economía.
Pues bien, todo esto, está en riesgo de extinción desde que los nacionalista catalanes llegaron al poder y Artur Mas nombró a Boi Ruiz Conseller de sanidad.
Este señor, que es médico de profesión y ha sido sucesivamente director general y presidente de la Unió Catalana d’Hospitals, ha recortado en le primer año de mandato 1.000 millones de euros del presupuesto. Simultáneamente, ha demostrado ser un auténtico especialista en lanzar perlas para caldear el ambiente, como aquella de que “la salud es un bien privado que no depende del Estado”. O también que “no hay un derecho a la salud porque ésta depende del código genético”. Asimismo, recomendó a los ciudadanos hacerse de una mutua ya que “afortunadamente el 26% de los catalanes ya lo son”. Tampoco se quedó corto cuando anunció un “ticket moderador” para frenar el consumo abusivo –según él- de medicamentos; es decir, en román paladino eso significa copago encubierto
En definitiva, ésta es muy en síntesis la situación del sistema sanitario catalán. Un sistema que es referencia en otras latitudes y que ahora empieza a estar seriamente amenazado por la deriva de un gobierno que nacionalista o no tiene una clarísima tendencia neoliberal. Un gobierno que, a día de hoy, ha sido incapaz de generar ilusión y confianza en la ciudadanía. Que después de un año no ha creado un marco adecuado para relanzar la actividad económica. En cambio, no ha dudado en pedir esfuerzos a las clases medias y a los más desfavorecidos mientras suprime impuestos a una élite selecta. El estilo de hacer recuerda la peor época de Margaret Thatcher.
Nos ha costado mucho llegar hasta aquí y la cohesión social, que es el valor más preciado que tenemos, empieza a estar seriamente amenazada en Cataluña. La sanidad es un derecho y como tal lo debemos defender. Y mucho me temo que, si no lo hacemos hoy, lo lamentaremos mañana.

Bernardo Fernández
Publicado en La Voz de Barcelona 15/12/11