El 2 de mayo de 1879, un grupo de unas 25 personas de orígenes muy diversos se reunió en el bar restaurante Casa Labra de Madrid para fundar el Partido Socialista Obrero Español.
Son pues, casi 150 años de existencia
y, como es fácil suponer, en ese tiempo, en el PSOE las han visto de todos los
colores. No obstante, ha existido un hilo conductor que, a mi modo de ver, con
todas las luces y sombras que se quiera, ha permitido que la organización
llegue hasta nuestros días en plenas facultades y es que cómo se dice en el documento
fundacional: “el partido es una organización política de la clase
trabajadora y de los hombres y mujeres que luchan contra todo tipo de
explotación, aspirando a transformar la sociedad para convertirla en una
sociedad libre, igualitaria, solidaria y en paz que lucha por el progreso de
los pueblos”.
Con el paso de los años, el partido
se fue consolidando y tanto en la Segunda República como durante la Guerra
Civil, aunque con fuertes turbulencias internas, desarrolló un rol fundamental,
pero al llegar la dictadura fue brutalmente reprimido. Sin embargo, al recuperarse
la democracia en nuestro país, y desde la Transición, ha estado siempre en el
núcleo duro de todas las transformaciones que han convertido a España en una de
las democracias liberales más avanzadas del mundo y con un Estado del bienestar
de los más desarrollados.
En 2018, el secretario general, Pedro
Sánchez, presentó y ganó una moción de censura que permitió a los socialistas volver
al Gobierno de España. Desde entonces, con diversas variantes, el PSOE es el
socio mayoritario y eje vertebrador de los sucesivos gobiernos que se han
conformado en los últimos 7 años con otros partidos de izquierdas.
En ese tiempo, se han puesto en
marcha más medidas de ayuda y desarrollo social que nunca antes había llevado a
cabo ningún otro ejecutivo. Además de tener que afrontar más situaciones
anómalas que cualquier otra Administración; basta con recordar, a modo de
ejemplo, la pandemia de la Covid 19, el volcán de la Palma, la invasión de
Ucrania o el genocidio de Gaza. Algunos de estos factores dispararon la
inflación de forma alarmante por lo que el Gobierno tuvo que actuar de forma
quirúrgica para evitar males mayores. Quién no recuerda la excepcionalidad
ibérica en materia energética, los 20 céntimos de ayuda por litro de
combustible durante nueve meses, o la subvención al transporte público que aún
está en vigor, entre otras iniciativas.
Por otra parte, el paro ha sido
siempre el talón de Aquiles de todos los gobiernos y, sin embargo, ahora, rozamos
los 22 millones de afiliados a la Seguridad Social. Además ha disminuido de
forma drástica la precariedad en el empleo, desde que se aprobó la reforma del
mercado laboral.
El país, en términos macroeconómicos,
va como un tiro y llevamos tiempo siendo la economía que más crece de la zona
euro. El Financial Times dedicó semanas atrás un elogioso editorial a nuestra
economía calificándola como la “más destacada” de Europa. Pero es que en
septiembre, las grandes agencias de calificación de riesgos, como S&P,
Fitch y Moody’s, que ponen nota a los países en función de su capacidad para
pagar su deuda, elevaron la calificación a la letra A, zona noble en la que no
estábamos desde la debacle inmobiliaria. Aunque es justo reconocer que esa
bonanza no acaba de trasladarse a la vida cotidiana de los ciudadanos.
España es respetada y escuchada en
Europa y en los foros internacionales en los que participa, mientras que el
Gobierno de Pedro Sánchez es uno de los últimos bastiones de la
socialdemocracia que se mantienen en pie.
En este contexto, ante la incapacidad
manifiesta de la oposición para tejer una alternativa sólida y creíble, la
derecha, los posfranquistas y una parte de la alta judicatura han optado por
oponerse a este Gobierno por tierra, mar y aire hasta derribarlo con todos los
medios que tienen a su alcance que no son pocos. En opinión de esos
descerebrados, el fin justifica los medios. Por consiguiente, tanto les da que
sus armas sean legítimas o no, la cuestión es poner fin a esta etapa de
desarrollo y progreso social que estamos viviendo desde que tenemos un
Ejecutivo de coalición y progresista.
Esa obsesión, casi enfermiza, por
derribar a un gobierno por el mero hecho de ser de izquierdas, es muy probable
que hubiera embarrancado de no ser porque en el PSOE han aflorado unos casos de
presunta corrupción y acoso sexual protagonizados por unos individuos muy
preminentes dentro de la organización que, no solo han defraudado la confianza
que en ellos se depositó, también han hecho dejación de sus responsabilidades
y, lo que es peor: unos han metido la mano en la caja de los dineros públicos, mientras
que otros, abusando de sus cargos, han querido obtener favores sexuales de sus
subordinadas; y, claro está, con esas actitudes han hecho jaque a la
continuidad del proyecto.
Ante esta grave situación, se impone
hacer un réset y volver a los orígenes recuperando el espíritu de aquellos
hombres que se reunieron en Casa Labra.
Cada organización es muy libre de imponer
a sus afiliados aquellas normas de conducta que considere oportunas y militar
en un partido político es un acto totalmente libre y, en consecuencia, se debe
ser consciente y saber a lo que uno se compromete. Por consiguiente, no estaría
de más que el partido socialista exigiera a sus militantes, en especial a
aquellos que tienen responsabilidades orgánicas y/o públicas que, además de hacer
suyos los postulados de Pablo Iglesias y sus compañeros de viaje ideológico que
vivan con honestidad, que intervengan rectamente en la vida política y que no
busquen el beneficio propio a costa del perjuicio ajeno.
Ser socio de una entidad, pongamos
por caso, deportiva, es algo totalmente respetable (faltaría más), pero no es
lo mismo que militar en el partido socialista que debería entenderse como una
filosofía de vida y eso implica aceptar unas fórmulas de proceder determinadas.
Por lo tanto, no es de recibo que se defiendan unos principios, pero llegado el
caso se practique justo lo contrario. Decididamente, no.
Bernardo Fernández
Publicado en Catalunya Press
12/01/2026

Cap comentari:
Publica un comentari a l'entrada