04 de desembre 2011

EL PSC Y SU FUTURO


La realidad es tozuda y tal y como vaticinaban las encuestas el PP ha ganado las elecciones generales por una amplia mayoría absoluta. Se cierra así un ciclo electoral horrible para la izquierda en general y para los socialistas en particular. Un ciclo que se inicio con las elecciones al Parlament en otoño de 2010, siguió con los comicios municipales de mayo de 2011y culmina con este descalabro del socialismo en las elecciones del 20 N. En esta ocasión ni el PSC, que hasta el momento había hecho de Cataluña un bastión inexpugnable, ha resistido el tsunami de la derecha, aquí en versión nacionalista y llamada CiU
Con este paisaje de fondo el PSC, entre los días 16 y 18 de este mes de diciembre, debe afrontar su XII Congreso. Sin duda el más importante después del de la fundación del partido en 1978. De este cónclave que ha de ser un revulsivo, debería salir una organización fuerte, moderna eficaz y transparente. Es hora de que la democracia interna funcione y que las decisiones fluyan de abajo hacia arriba. Para ello, hay que realizar debates en libertad, reconocer errores y tomar las decisiones pertinentes de forma democrática, lo que no significa ir a un sistema asambleario. De igual manera, se ha de entender que el debate entre militantes es necesario, pero no suficiente. En consecuencia, son imprescindibles las aportaciones de aquellos que conforman el entorno ideológico. Tampoco hay que olvidar que ha llegado el momento para regular el sistema de elección por primarias.
Después de hacer las reformas internas necesarias, habrá que elaborar una hoja de ruta útil para hacer la travesía del desierto y para que desde el rearme ideológico el PSC llegue a ser la fuerza política hegemónica de Cataluña. Una hoja de ruta que deberá tener como ejes vertebradores la defensa del autogobierno, la convivencia civil y lingüística, así como de la promoción de un catalanismo abierto y plural. De manera simultanea, los militantes del PSC deben encabezar la lucha por la organización territorial y el desarrollo de un Estado federal y, en ese contexto, se debería colocar en la cabecera de la mencionada hoja de ruta la proclamación de la III República, que sin ser un tema urgente, si ha de ser un objetivo irrenunciable.
El PSC debe repensar como conecta con la juventud y como se rehace un discurso ideológico no dogmático que ilusione y que ligue con las nuevas realidades sociales en un mundo postindustrial y globalizado.
Es necesario hacer una apuesta inequívoca por los derechos de las minorías, por un laicismo que fomente la responsabilidad individual y social y con una apuesta por un crecimiento sostenible. También hay que colocar en el frontispicio del ideario la solidaridad intergeneracional a la vez que una actitud exigente pero abierta con la inmigración. Hay que dar la batalla sin cuartel a la discriminación, la pobreza y la marginación. De igual modo, la defensa de los derechos de los más vulnerables ha de ser una de las señas de identidad del PSC.
Asimismo, se ha de dar soporte a los emprendedores, ya sean empresas o trabajadores y se ha de pensar que Europa queremos como gente de izquierdas, puesto que si persiste la deriva neoliberal actual, los problemas que en estos momentos nos asfixian irán en aumento y atenazaran cada vez más a las clases medias y populares.
Por otra parte y dado que la situación de crisis actual en gran parte viene ocasionada por la irresponsabilidad de las entidades financieras, el socialismo catalán, sabedor de sus limitaciones, debería impulsar una banca que actúe con criterios de servicio público. El sistema bancario debe ser un servicio gestionado (o cuando menos orientado) por el Estado. Así, se pondría fin, en buena parte, a la especulación irresponsable que es el origen de la crisis.
Por todo ello, ahora más que nunca el socialismo catalán necesita que la dirección que salga de este Congreso, además de se fuerte y cohesionada ha de estar exenta de liderazgos mesiánicos. Sólo así el PSC podrá recuperar la centralidad y dar respuesta a los retos que como sociedad tenemos planteados. A pesar de los batacazos recibidos la socialdemocracia tiene más razón de ser que nunca. Ya estamos empezando a percibir lo que llevan aparejado las políticas neoliberales, con la desregularización de los mercados y el desmantelamiento del Estado del bienestar, y mucho me temo que esto no ha hecho más que empezar. De hecho, la utopía es consustancial al socialismo. Y tiene razón el poeta cuando dice que: “Sin utopía/ la vida sería un ensayo/ para la muerte…” Quizás por eso Laia Bonet, Diputada al Parlament, escribió: “El nuevo PSC ha de ser amable, digital, moderno, joven, abierto, de izquierdas, catalanista, global, social e innovador”. Que así sea.

Bernardo Fernández
Publicado en La Voz de Barcelona 01/12/11