24 de febrer 2016

LAS CUENTAS DE LA FIESTA

Decimos, y es verdad, que las elecciones son la fiesta de la democracia. Pues bien, las fiestas ocasionan gastos y los gastos, tarde o temprano, hay que pagarlos.
Después del último y larguísimo ciclo electoral: elecciones al Parlamento europeo, municipales, autonómicas y generales, los tesoreros de los partidos políticos  han de poner manos a la obra para recomponer las generalmente maltrechas finanzas de sus  formaciones. Excepto, claro está, aquellos que disponen de una caja B para financiarse, pero a eso me referiré otro día.
Si las cosas han ido bien y se ha conseguido una buena representación institucional, las deudas se enjugarán con relativa facilidad. Es el caso de ERC o Ciudadanos que, además de los recientes éxitos electorales, tienen una economía muy saneada.
Si por el contrario, las cosas han ido sólo regular, tirando a mal, como le ha sucedido al PSC, se tendrán que hacer juegos  malabares y negociar, con mucha habilidad y tacto para obtener unas condiciones que permitan amortizar deuda sin sucumbir en el empeño.
Ahora bien, como hayan pintado bastos en las urnas, como es el caso de Unió: con cero diputados –tanto en el Parlament catalán como en las Cortes españolas-  y una escasa representación de concejales, pagar sus deudas será misión poco menos que imposible.
Según un informe del Tribunal de Cuentas fechado en 2013, los demócrata-cristianos deben 17,2 millones de euros. A eso se debe sumar la deuda compartida con CDC cuando eran socios. Y éstos, aunque gobiernan la Generalitat, tienen 13 sedes embargadas, con unos resultados electorales nada brillantes, andan bastante apurados.
Históricamente en Cataluña habían sido La Caixa y el Banco de Sabadell los mayores donantes de crédito a los partidos políticos. Todo quedaba en casa. Sin embargo, desde hace un tiempo el Banco Popular se ha convertido en el máximo financiador de campañas electorales. De hecho, esa entidad dispone de un departamento especializado en esas cuestiones y un sistema específico de análisis de riesgo. Eso les permite evaluar con bastante exactitud el éxito que un partido puede lograr en unos comicios determinados. En consecuencia, el Banco otorgará un volumen de subvención acorde con las expectativas creadas.
Ahora, con unas nuevas elecciones generales en el horizonte,  algunos políticos cruzan los dedos, la fiesta puede  acabar siendo un auténtico drama. Si de ellos dependiera, preferirían que no hubieran fiestas, al menos no tantas.

Bernardo Fernández

Publicado en ABC 23/02/16

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