Alguien que desconozca la situación
de polaridad y crispación política que estamos viviendo en nuestro país, se
quedaría estupefacto al saber que el primer partido de la oposición (PP) desprecia
21.000 millones de euros de los cuales el 70% llegarán a las comunidades
autónomas que ellos gobiernan. La cuestión es que el Ejecutivo propone un nuevo
sistema de financiación autonómica que ha trabajado con uno de sus socios y no
lo ha negociado con los populares. Ese hipotético ciudadano, tampoco entendería
que otro partido (Junts) rechace que a su comunidad lleguen unos 4.700 millones
más de euros porque el pacto no es una réplica del concierto Vasco, como ellos
pretendían.
Así está la política en España. Por
eso, el Consejo de Política Fiscal y Financiera que se celebró el pasado 14 de
enero fue especialmente áspero. Catorce comunidades, incluidas dos socialistas,
de las quince que asistían se mostraron contrarias a la propuesta; tan solo
Cataluña se alineó con los planteamientos de la ministra de Hacienda, María
Jesús Montero.
Los actores políticos y expertos en
economía que han alumbrado el pacto han trabajado con la idea de que el acuerdo
sea extrapolable a otras comunidades. De todas formas, las autonomías que lo
deseen se podrán acoger al nuevo sistema de financiación, mientras que las que
lo prefieran podrán quedarse con el sistema vigente; es decir, el Ministerio de
Hacienda pone sobre la mesa una financiación a la carta.
Es evidente que cuando, en un
principio, se utilizó la expresión “financiación singular”, nadie quería
ningunear a nadie ni escamotar nada, simplemente se buscó un título de impacto
y fácil de retener. Como dice al conocido adagio oriental “no importa que el
gato sea blanco o negro, lo que importa es que cace ratones”, esa es la
cuestión: desatascar un asunto der vital importancia para todos los ciudadanos
porque con esos recursos se financian servicios como la sanidad, la educación o
los servicios sociales y que lleva encallado desde 2014; algo que el PP de
Mariano Rajoy, con una mayoría absolutísima, no hizo
Los motivos a ese rechazo hay que
buscarlos más en el momento político en que estamos viviendo, en cómo se ha
elaborado el nuevo sistema y quien anunció la buena nueva y no tanto en el
modelo de reparto en sí. Y es que hasta el director de la Fundación de Estudios
de Economía Aplicada (Fedea) Ángel de la Fuente que ha puesto en duda diversos
aspectos del nuevo sistema, reconoce que este
reparto de los recursos será más equitativo que el anterior, pero claro,
la derecha, que está obsesionada con derribar al Gobierno, no puede admitir que
los de Pedro Sánchez hagan algo bien, que lo hayan consensuado con ERC y,
además, lo anunciase a principios de enero el presidente de esa formación,
Oriol Junqueras, que es algo así como el anticristo del nacionalismo español.
No obstante, si hacemos números,
veremos qué Hacienda, a través de varias modificaciones tributarias de calado, pone
sobre la mesa unos recursos de 21.000 millones de euros anuales a repartir
entre las comunidades de régimen común. El propósito es inyectar liquidez a las
arcas de las autonomías; así todas las comunidades aumentarán su financiación
en términos absolutos. No obstante, la situación se complica cuando cambia la
posición relativa de cada territorio.
En términos absolutos, será Andalucía
la que reciba más dinero, un montante de casi 5.000 millones de euros. Sin
embargo, Cataluña percibirá 507 euros más por habitante, seguida muy de cerca
por la Comunidad Valenciana, con 496 euros, y por Murcia, con 468 euros
adicionales. También registran incrementos significativos Baleares (450 euros
extra), Madrid (409 euros) y Andalucía (367 euros).
Esta lluvia de millones es posible
por el aumento de la participación de las comunidades en el IRPF y el IVA y eso
permite elevar de manera sustancial la capacidad de gasto de la mayoría de los
territorios. No obstante, no todas las autonomías participan del reparto en las
mismas condiciones. Algunas como Cantabria, La Rioja, Extremadura o Castilla y
León ―beneficiadas por el sistema vigente― no obtienen ninguna ganancia. El
nuevo modelo no prevé mejoras para ellas. Para evitar agravios comparativos,
Hacienda ha previsto unas compensaciones específicas que corrijan la más que
posible pérdida de ingresos. El Gobierno calcula que esas compensaciones se
aplicarán a Cantabria y Extremadura, pero no a Castilla y León y La Rioja
porque, a pesar de todo es muy probable que aumenten, aunque no demasiado, el
volumen de sus recursos.
Con todo, la ministra, María Jesús
Montero, se ha querido curar en salud y ha ofrecido a todas las CCAA la
posibilidad de llevar a cabo reuniones bilaterales para perfeccionar el modelo.
Asimismo, el trámite parlamentario que ha de permitir aprobar una ley que haga
que ese nuevo modelo sea una realidad, será largo y ahí los partidos podrán
presentar las enmiendas que consideren que mejoran el texto y se conjugan con
sus intereses. La geometría parlamentaria a la que ha de recurrir el Gobierno
para sacar adelante sus iniciativas hace, más que posible, que los grupos
puedan plantear exigencias que en otras circunstancias serían impensables. Así
es la política.
Y para cerrar el círculo, siempre
quedará la posibilidad a aquellas autonomías que con el nuevo sistema se
consideren infra financiadas quedarse con el modelo actual. Es decir, el
Ejecutivo ha decidido pasar del café para todos —tan denostado por algunos— a
la financiación a la carta.
La situación está complicada. Núñez
Feijóo ha instado al presidente a que retire la propuesta y ponga el contador
de la negociación a cero, algo que todo el mundo sabe que no va suceder, y es
que en el PP piensan que utilizar la financiación autonómica para atacar al
Gobierno en los comicios que se avecinan (Aragón, Castilla León y Andalucía), les
puede dar pingües beneficios electorales. Por consiguiente, parece que la
negociación que ofrecía la ministra Montero tendrá que esperar.
Bernardo Fernández
Publicado en Catalunya Press
19/01/2026

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