18 de febrer 2016

CARTA ABIERTA A TONI COMIN, CONSEJERO DE SALUD DEL GOBIERNO DE LA GENERALITAT

Hola Toni:
No te engañaré, guardo un gratísimo recuerdo y una cierta nostalgia, también,  de aquella etapa de mi vida en la que siendo yo diputado al Parlament, por el PSC, llegaste tú, ya terciada la legislatura, a ocupar un escaño en representación de Ciutadans pel Canvi (CpC), la plataforma ideada   por Pasqual Maragall para llegar a sectores de la sociedad que no llegaba el partido. Conservo de ti una imagen de parlamentario un tanto vehemente, pero capaz, apasionado, pero eficiente.
Tengo en mi memoria pinceladas de algunos de tus debates con parlamentarios entonces nacionalistas, y ahora independentistas, de Convergencia, les  decías de todo menos guapos. Eras un auténtico martillo de herejes. Para ti, en aquel tiempo, el nacionalismo, o eso me parecía a mí, era peor que las siete plagas de Egipto. Sin embargo, supongo que, cosas de la vida, en cuanto comenzó el declive  de CpC  te afiliaste al PSC. Ya me disculparás, pero a mí esos giros súbitos en la militancia nunca me han acabado de convencer. Por sistema desconfío de los que llegados a una cierta edad, ven de pronto la luz. Bien, sea como sea, te convertiste en afiliado al partido de los socialistas de Cataluña y cuando las cosas empezaron a ir mal y te quedaste sin escaño te acercaste al sector de la organización más cercano a las tesis soberanistas. En principio nada que objetar, cada cual es muy libre de evolucionar como más le plazca, pero no me negarás que tu proceso evolutivo, en cuestiones ideológicas, fue, cuando menos, acelerado. Después, cuando  el PSC inició su caída libre, te diste de baja y a los pocos meses ingresaste en ERC. A punto estuviste de ir en las listas de los republicanos al Parlamento europeo, pero ahí, otro converso, Ernest Maragall te piso el sitio.
Sin embargo, las recompensas siempre llegan a quien sabe esperar  y no incomoda a la dirección, y ERC  te recompensó incluyéndote en lista de Junts pel Sí, primero y como consejero de sanidad después. Casi nada, deberás gestionar el 40%  del total del presupuesto de la Generalitat.    
En mi opinión, una de los mayores errores cometidos por Artur Mas, en el lustro que estuvo al frente de la Generalitat de Cataluña, fue nombrar a Boi Ruiz, expresidente de la patronal Unió Catalana d’Hospitals, como consejero de Salud. Algo así como poner la zorra a guardar las gallinas. Con ese nombramiento, como no podía ser de otra manera, los problemas empezaron a menudear. Sin el menor disimulo, Ruiz intentó reducir el Institut Català de Salut (ICS) a la mínima expresión, para dar entrada  a la iniciativa privada en el sector público de la sanidad. No le tembló el pulso para fusionar  el Institut d’Assistència Sanitària (concertado) y el Hospital Josep Trueta (público), en Girona, con esa fórmula resultaba más fácil derivar pacientes a las clínicas privadas de la región.
De igual manera, se desviaban pacientes, sin el menor pudor, del Hospital de Bellvitge a la Clínica Platón o al Hospital de Sagrado Corazón, ambos, por supuesto, privados. Pero es que lo mismo sucede en la práctica totalidad de los centros de titularidad pública e incluso concertados. El recorte en la sanidad pública  genera negocio en la privada y eso, no lo olvidemos, es promovido desde la Administración.
En esa época estalló  el caso Innova. Una trama colosal de corrupción sanitaria al más puro estilo de la mafia siciliana y en la que están encausados importantes barones convergentes como Josep Poblet alcalde de Vila-seca. Y mientras todo eso sucedía el bueno del consejero de salud siguió en su cargo, sin dar la más mínima explicación y sin que los colores se le subieran a la cara.
Después de toda esta mascarada y otras bagatelas, se hace imprescindible revertir la situación. Para empezar, se deberían reintegrar los 1500 millones de euros que se le recortaron al departamento de Salud entre 2010 y 2014. Asimismo, es urgente resolver el problema originado con el pretendido Consorcio sanitario de Lleida. De hecho, una privatización encubierta. Deberás tomar una decisión sobre el proyecto de venta de datos sanitarios, en teoría, anónimos.  Hay que reducir de forma drástica las listas de espera, ya sea en visitas a especialistas, pruebas diagnósticas o  intervenciones. Y, evidentemente, expulsar de la red de hospitales públicos (SISCAT) a las empresas con ánimo de lucro.
Ciertamente, no lo tienes fácil para llevar a buen término estas reformas. Se necesita, entre otras cosas, dinero, algo de lo que me parece que la Generalitat no anda precisamente sobrada, voluntad, tener las ideas claras, capacidad de dialogo acuerdo y pacto.
Espero que tengas éxito en la gestión, no por ti, sino por los cientos de miles de ciudadanos que necesitan de unos servicios   sanitarios públicos de calidad para poder desarrollar una vida, sencillamente, decorosa.
Atentamente.

Bernardo Fernández

Publicado en Crónica Global 28/01/16