19 de març 2012

UN SOLO PUEBLO


Un amplio acuerdo entre socialistas, nacionalistas y comunistas hizo posible, en 1983, la aprobación de la ley de normalización lingüística. En la misma se define el modelo de inmersión que, en la materia, se ha aplicado en Cataluña de forma consensuada en los últimos treinta años. Para que este modelo funcionara, era imprescindible que la inmensa mayoría de la ciudadanía hiciera uso del sentido común para evitar la fractura social por razones de origen o de lengua. Tras tres décadas de puesta en práctica, podemos asegurar que el sistema funciona, y muy bien.
Eso es lo que ha venido a corroborar la sentencia dictada por unanimidad, recientemente, por el Tribunal Superior de Justicia de Cataluña. En ella no se cuestiona el catalán como lengua vehicular. No obstante, los derechos individuales no se pueden obviar y, en consecuencia, las demandas de las familias que reclamen la enseñanza en castellano deben ser atendidas. Y ahí, justo es admitir algún relajo de la administración.
Si en Cataluña tenemos algún valor a preservar por encima de cualquier otro, ese es la convivencia. En una sociedad plural y bilingüe como la nuestra la convivencia ha sido, es y debería seguir siendo ejemplar. Hay que decirlo con claridad: en Cataluña no existe, ni dentro ni fuera de las aulas, conflicto por razones lingüísticas. Pero es que, además, está demostrado que tras el ciclo formativo los alumnos acreditan un conocimiento del castellano equiparable al resto de los jóvenes de España.
Otra cosa, es el rendimiento político que algunos piensan que podrían obtener si consiguen pulverizar ese consenso, eso sí, poniendo en riesgo la cohesión social.
Como dice Raimon Obiols, “Cuando hablamos de federalismo no nos referimos únicamente a la necesaria modernización del Estado. Hacemos referencia a la necesidad ineludible de federar de manera permanente a los ciudadanos y ciudadanas de Cataluña en un solo pueblo, cohesionado y libre”. Yo lo suscribo.
Bernardo Fernández
Publicado en ABC 14/03/12