01 d’octubre 2008

EL AMIGO ALEMAN


Disculparán los amables lectores la ironía que me he permitido con el título de este artículo. No acostumbro a frivolizar sobre asuntos que afectan a las personas. No obstante, en esta ocasión, me ha parecido adecuado algo de sarcasmo en la cabecera del escrito para provocar, cuando menos, una breve reflexión sobre esa tremenda enfermedad llamada Alzheimer. Una pandemia que afecta a miles de seres humanos de forma directa y a su entorno por extensión.

El Alzheimer es la demencia más frecuente. Se trata de una enfermedad neurodegenerativa que supone una enorme carga psicológica física e incluso económica para quien la padece y para los que están a su alrededor. A día de hoy es un mal irreversible, de diagnóstico tardío y del que se ignoran las causas. La población española afectada en estos principios del siglo XXI se sitúa al entorno de las 800.000 personas, – de éstas 80.000 en Cataluña-. Pero estas cifras, según los especialistas, son sólo el inicio, de no encontrar remedios eficaces, en los próximos veinte años el número de afectados se habrá doblado.

En la actualidad, se están invirtiendo sumas importantes de dinero en la investigación básica, de esa forma se podrá conocer el génesis y los orígenes de esta dolencia. Ahora bien, la aplicación practica, aquello que permita mejorar los tratamientos y disponer de fármacos que puedan frenar, o cuando menos, retardar la aparición de la enfermedad va para largo. Es muy posible que eso no suceda antes del año 2012 y entonces ya será tarde para toda una generación de afectados.

Un factor a tener muy en cuenta cuando se habla de esta pandemia es la rapidez con que se incrementa en edades avanzadas. Se calcula que afecta a un 5% de la población de más de sesenta y cinco años y al 40% de los de más de ochenta y cinco.

El Alzheimer y las enfermedades neurodegenerativas asociadas tienen un fuerte impacto en la calidad de vida, pero no sólo de los pacientes, sino, también, en su entorno más inmediato. La insuficiencia de infraestructuras adecuadas hace que tengan que ser las familias las que se hagan cargo de los enfermos. Esto genera una problemática que impide desarrollar el día a día con normalidad.

Desde un punto de vista sociológico estamos ante un proceso de deconstrucción vital. Los afectados de Alzheimer evolucionan perdiendo la noción de la realidad y en consecuencia el contacto con su entorno.

En términos coloquiales hay quien denomina a esta afección como “el amigo alemán”, esta expresión se explica porque el científico que la descubrió era de origen germánico.

Así pues, se nos plantea un futuro poco halagüeño en compañía de “El amigo alemán”, por eso haríamos bien colaborando todos, conforme a nuestras posibilidades. Así podríamos evitar tan ingrato compañero de viaje.


Bernardo Fernández
Publicado en ABC 1/10/08