El turismo es uno de los motores de
la economía española con mayor peso específico. En 2025 nos visitaron unos
97.000 millones de personas y las actividades relacionadas con el sector
superaron, el año pasado, los 3 millones de empleos, la cifra más alta de la
historia, según datos de Turespaña.
Un 14% de los empleos de nuestro país
tienen que ver con la actividad turística, mientras que algo más del 13% del PIB
hispano se genera con el turismo. Pero hay más, semanas atrás la patronal
Exceltur informaba de que hasta 2028 está previsto que se construyan 775 nuevos
hoteles en España, lo que vendrá a suponer unas 52.000 nuevas habitaciones.
Las buenas expectativas de la
actividad turística favorecen el auge de contrataciones. Los datos de empleo
muestran que muchas de los contratos que antes se realizaban a partir de la
primavera, ahora se adelantan a los primeros meses del año.
Entre las actividades que más tiraron
del empleo turístico el año 2025 destacan las agencias de viajes, que una vez
superada la crisis en la que se vieron sumidas tras la pandemia han ido incrementando
la ocupación, hasta alcanzar un 8,7% en
el segundo trimestre, seguidas por el transporte de viajeros (un 4,6% más que
un año antes). En general, las actividades turísticas distintas a la hostelería
y el transporte, que ocupan a casi 900.000 personas, se incrementaron un 9,3%
interanual.
Existe el criterio generalizado del
carácter estacional de la ocupación turística. Sin embargo, el modelo de
contratación laboral en el sector turístico es muy similar al de la economía en
general. El porcentaje de trabajadores por cuenta ajena sobre el total de
empleos del sector está en el 85,3%, un peso idéntico al registrado por los
asalariados en todo el mercado de trabajo. Igualmente, la tasa de temporalidad
de los tres millones de ocupados en la actividad turística es prácticamente la
misma que para los trabajadores del resto de los sectores: el 15,8% frente al
15,4%.
Estos trabajadores también cuentan
con un volumen de contratos indefinidos (el 84,2%) muy similar a la cifra de la
economía en general 84,6%). Aunque las jornadas son algo inferiores, ya que
solo el 75% de los asalariados en turismo trabajan a tiempo completo, mientras
que en el caso de los ocupados del resto de sectores, este porcentaje se eleva
por encima del 80%.
Lo que sí es mucho mayor en el sector
turístico que en la media del mercado es la presencia de trabajadores foráneos.
Así pues, en el conjunto un 15,6% de los ocupados tienen nacionalidad distinta
a la española, en el caso de las actividades turísticas este porcentaje se
eleva al 24%. Es decir, casi uno de cada cuatro trabajadores de estos sectores
son extranjeros.
Esos buenos datos, que son
incuestionables, no significan, ni de lejos, que haya que conceder barra libre
a los que viene a visitarnos; más bien nos deben servir como referencia para
valorar, en su justa medida, lo que tenemos y regularlo de madera provechosa
para todos, algo que no es fácil, pero tampoco imposible. Ante esta realidad,
me parece oportuno observar con atención las iniciativas que se están llevado a
cabo en Barcelona para racionalizar el sector y hacerlo compatible con la cotidianeidad
de los residentes ya que pueden servir de guía a otros lugares colapsados por
la afluencia turística.
Hace casi una década que en nuestra
ciudad se cerró el grifo a la construcción de nuevos hoteles, también se han
ido cerrando pisos turísticos ilegales. Y desde el Ayuntamiento se ha declarado
la guerra contra empresas como Airbnb para acabar con la oferta ilegal de
apartamentos de alquiler.
Se han establecido normas para
reducir los grupos turísticos que en lugares como Las Ramblas no pueden superar
las 15 personas, 25 en Sagrada Familia o Parque Güell y los de ciclistas no
pueden ser de más de 16. También se han prohibido las rutas de borrachera. El
alcalde Jaume Collboni se comprometió, meses atrás, a reducir las terminales de
cruceros y a no construir nuevas. Mientras que la fiscalidad turística se ha
convertido en la segunda fuente de ingresos para el Ayuntamiento.
Es cierto que no todas las medidas
tienen la misma eficacia. Pero poco a poco se va cerrando el perímetro para que
el turismo sea compatible con la vida habitual de la ciudadanía. El turista no
es nuestro enemigo. Todos somos turistas en algún momento de nuestras vidas. Pensemos,
también, que muchos de los encantos de nuestro entorno no serían sostenibles
sin la inyección económica del turismo. De igual manera, seamos conscientes de
que muchos conciudadanos —incluso amigos y familiares— están empelados en el
sector.
Una actitud positiva nos legitima
para pedir a los que vienen a visitarnos el mismo respeto, empatía y
cordialidad que nosotros les ofrecemos a ellos,
Al fin y al cabo, por el bien de
todos, estamos condenados a entendernos.
Bernardo Fernández
Publicado en la web de la plataforma
Còrtum 27/01/2026

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