31 de gener 2026

TURISTAS Y RESIDENTES

El turismo es uno de los motores de la economía española con mayor peso específico. En 2025 nos visitaron unos 97.000 millones de personas y las actividades relacionadas con el sector superaron, el año pasado, los 3 millones de empleos, la cifra más alta de la historia, según datos de Turespaña.

Un 14% de los empleos de nuestro país tienen que ver con la actividad turística, mientras que algo más del 13% del PIB hispano se genera con el turismo. Pero hay más, semanas atrás la patronal Exceltur informaba de que hasta 2028 está previsto que se construyan 775 nuevos hoteles en España, lo que vendrá a suponer unas 52.000 nuevas habitaciones.

Las buenas expectativas de la actividad turística favorecen el auge de contrataciones. Los datos de empleo muestran que muchas de los contratos que antes se realizaban a partir de la primavera, ahora se adelantan a los primeros meses del año.

Entre las actividades que más tiraron del empleo turístico el año 2025 destacan las agencias de viajes, que una vez superada la crisis en la que se vieron sumidas tras la pandemia han ido incrementando la  ocupación, hasta alcanzar un 8,7% en el segundo trimestre, seguidas por el transporte de viajeros (un 4,6% más que un año antes). En general, las actividades turísticas distintas a la hostelería y el transporte, que ocupan a casi 900.000 personas, se incrementaron un 9,3% interanual.

Existe el criterio generalizado del carácter estacional de la ocupación turística. Sin embargo, el modelo de contratación laboral en el sector turístico es muy similar al de la economía en general. El porcentaje de trabajadores por cuenta ajena sobre el total de empleos del sector está en el 85,3%, un peso idéntico al registrado por los asalariados en todo el mercado de trabajo. Igualmente, la tasa de temporalidad de los tres millones de ocupados en la actividad turística es prácticamente la misma que para los trabajadores del resto de los sectores: el 15,8% frente al 15,4%.

Estos trabajadores también cuentan con un volumen de contratos indefinidos (el 84,2%) muy similar a la cifra de la economía en general 84,6%). Aunque las jornadas son algo inferiores, ya que solo el 75% de los asalariados en turismo trabajan a tiempo completo, mientras que en el caso de los ocupados del resto de sectores, este porcentaje se eleva por encima del 80%.

Lo que sí es mucho mayor en el sector turístico que en la media del mercado es la presencia de trabajadores foráneos. Así pues, en el conjunto un 15,6% de los ocupados tienen nacionalidad distinta a la española, en el caso de las actividades turísticas este porcentaje se eleva al 24%. Es decir, casi uno de cada cuatro trabajadores de estos sectores son extranjeros.

Esos buenos datos, que son incuestionables, no significan, ni de lejos, que haya que conceder barra libre a los que viene a visitarnos; más bien nos deben servir como referencia para valorar, en su justa medida, lo que tenemos y regularlo de madera provechosa para todos, algo que no es fácil, pero tampoco imposible. Ante esta realidad, me parece oportuno observar con atención las iniciativas que se están llevado a cabo en Barcelona para racionalizar el sector y hacerlo compatible con la cotidianeidad de los residentes ya que pueden servir de guía a otros lugares colapsados por la afluencia turística.

Hace casi una década que en nuestra ciudad se cerró el grifo a la construcción de nuevos hoteles, también se han ido cerrando pisos turísticos ilegales. Y desde el Ayuntamiento se ha declarado la guerra contra empresas como Airbnb para acabar con la oferta ilegal de apartamentos de alquiler.

Se han establecido normas para reducir los grupos turísticos que en lugares como Las Ramblas no pueden superar las 15 personas, 25 en Sagrada Familia o Parque Güell y los de ciclistas no pueden ser de más de 16. También se han prohibido las rutas de borrachera. El alcalde Jaume Collboni se comprometió, meses atrás, a reducir las terminales de cruceros y a no construir nuevas. Mientras que la fiscalidad turística se ha convertido en la segunda fuente de ingresos para el Ayuntamiento.

Es cierto que no todas las medidas tienen la misma eficacia. Pero poco a poco se va cerrando el perímetro para que el turismo sea compatible con la vida habitual de la ciudadanía. El turista no es nuestro enemigo. Todos somos turistas en algún momento de nuestras vidas. Pensemos, también, que muchos de los encantos de nuestro entorno no serían sostenibles sin la inyección económica del turismo. De igual manera, seamos conscientes de que muchos conciudadanos —incluso amigos y familiares— están empelados en el sector.

Una actitud positiva nos legitima para pedir a los que vienen a visitarnos el mismo respeto, empatía y cordialidad que nosotros les ofrecemos a ellos,

Al fin y al cabo, por el bien de todos, estamos condenados a entendernos.

 

 

 

Bernardo Fernández

Publicado en la web de la plataforma Còrtum 27/01/2026

 

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