El
imperialismo desbocado de Donald Trump no tiene límites. Poco antes de viajar a
Davos, el mandatario norteamericano publicaba unas fotos tratadas con
inteligencia artificial (IA) en las que se atribuía una conquista de
Groenlandia y expandía la propiedad estadounidense a los territorios de los
Estados soberanos de Canadá y Venezuela. No por casualidad las imágenes forman
parte de una oleada de mensajes del presidente estadounidense envió en plena
madrugada de Washington, con ellos volvía a reclamar la anexión de la isla
ártica, a la vez que arremetía contra la devolución británica de las islas
Chagos a Mauricio —aunque en su día, el mismo había dado el visto bueno—. De
forma simultánea, divulgaba el contenido de unos textos enviados por el
presidente de Francia, Emmanuel Macron, y el secretario general de la OTAN,
Mark Rutte, respectivamente.
Trump se
presentó, en el Foro de Davos, dispuesto a dejar claro quién manda en el mundo.
El presidente estadounidense no defraudó a sus seguidores, con un matonismo
mucho más propio de un chulo de taberna que de un líder mundial, subió a la
tribuna y tomó la palabra para aleccionar, intimidar y amenazar a todos los que
no digan amén a sus intereses.
La
situación es delirante: Donald Trump argumenta que quiere anexionarse
Groenlandia porque no le han otorgado el Nobel de la Paz. Su egocentrismo no
tiene fronteras. Como muestra, reproduzco un fragmento de la carta que envió al
primer ministro noruego Jonas Gahr Store que estos días han hecho circular
diversos medios de comunicación: “Querido Jonas: considerando que tu país
decidió no darme el premio Nobel por haber detenido ocho guerras y más, ya no
siento la obligación de pensar únicamente en la paz, aunque eso será siempre
predominante. Ahora puedo pensar en lo que es bueno y adecuado para los Estados
Unidos de América. […] Yo he hecho más por la OTAN que ninguna otra persona
desde su fundación, y ahora la OTAN debería hacer algo por Estados Unidos. […]
El mundo no está seguro hasta que no tengamos un control total y absoluto sobre
Groenlandia”. Después de leer esto, me inclino por pensar que este hombre no
está en sus cabales.
Ante esta
situación que, además de ser caótica, comienza a ser muy preocupante, aunque de
forma lenta, parece que las cosas se van poniendo en su lugar. Los líderes
mundiales y, en especial, los europeos empiezan a darse cuenta de que, con
Donald Trump, las buenas palabras y los paños calientes no sirven de nada. Hace
tiempo que soportan la chulería desatada del mandatario norteamericano, pero
pensaron que podían aplacar sus ínfulas cediendo ante su retórica imperialista y
riéndole las gracias. Se equivocaban, el buenismo con individuos como ese es
inútil y tampoco se trata de ponerse a su altura
En este
contexto, adquiere especial relevancia la posición de la presidenta de la
Comisión Europea, Úrsula von der Leyen, que denunció desde Davos que las
amenazas comerciales de Trump incumplen el pacto alcanzado meses atrás entre EE
UU y la UE, y prometió una respuesta europea “unida, firme y proporcional”. “La
nostalgia no devolverá el viejo orden”, afirmó. “Si este cambio es permanente,
Europa debe cambiar permanentemente también. Es hora de aprovechar esta
oportunidad y construir una nueva Europa independiente”.
También
desde Davos, el secretario del Tesoro estadounidense, Scott Bessent, siguiendo
las directrices marcadas por su patrón, se dirigió a los europeos en un tono
paternalista y amenazador, diciendo: “Sentaos, respirad hondo. Lo peor que
pueden hacer los países es enfrentarse a EE.UU.”, como si no fuera Washington
quien quiere invadir un país europeo. A esta gente solo les falta llevar un
revolver colgado al cinto.
En la
misma línea que Von der Layen La presidenta del Banco Central Europeo, Christine
Lagarde, abandonó una cena del Foro Económico Mundial (FEM), durante un
discurso crítico con Europa del secretario de Comercio estadounidense,
Howard Lutnick que provocó abucheos en señal de desacuerdo. A la cena
asistían unas doscientas personas y ante el bochornoso
espectáculo que se originó, los anfitriones suspendieron el acto antes de los
postres, según informadores presentes en la reunión.
Con todo,
parece que Donald Trump ha entendido que está yendo demasiado lejos y al final
de una intensa jornada de reuniones en el Foro Económico de Davos, difundió un
texto que dice: “Tras una reunión muy productiva con el secretario general de
la OTAN, Mark Rute, hemos establecido las bases de un futuro acuerdo con
respecto a Groenlandia y, de hecho, a toda la región del Ártico. Esta
solución, de concretarse, será muy beneficiosa para los Estados Unidos de
América y para todas las naciones de la OTAN”. Ahora habrá que ver cómo se
concreta ese acuerdo.
Y como
broche de oro al show de autobombo, desde su equipo anunciaron el proyecto para
reconstruir la Franja con rascacielos turísticos junto al mar. Poco importa que
Israel siga bombardeando los territorios ocupados y los niños palestinos mueran
de frío. Eso son minucias.
Trump está
desatado y ha perdido el pudor. En esas circunstancias, Europa ha de entender
que el paraguas de seguridad transatlántica bajo el que ha permanecido desde el
fin de la Segunda Guerra Mundial ha llegado a su fin. La nueva estrategia de
Seguridad Nacional de EE.UU basada en la Doctrina Donroe deja claro que
Washington no ve a la UE como un aliado fiable y se pone como objetivo
“cultivar la resistencia” dentro de sus fronteras, es decir, promover el
euroescepticismo y la extrema derecha. Cuando, por desgracia, y a partir de
nuestra propia historia, los europeos podemos dar lecciones magistrales y
varios masters sobre las catástrofes que provocan las derechas extremas, las
divisiones políticas y los nacionalismos extremos, porque, al fin y al cabo,
eso es lo que subyace tras el “America First”.
Bernardo
Fernández
Publicado
en Catalunya Press 26/01/2026

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