28 de gener 2026

TRUMP DESATADO

El imperialismo desbocado de Donald Trump no tiene límites. Poco antes de viajar a Davos, el mandatario norteamericano publicaba unas fotos tratadas con inteligencia artificial (IA) en las que se atribuía una conquista de Groenlandia y expandía la propiedad estadounidense a los territorios de los Estados soberanos de Canadá y Venezuela. No por casualidad las imágenes forman parte de una oleada de mensajes del presidente estadounidense envió en plena madrugada de Washington, con ellos volvía a reclamar la anexión de la isla ártica, a la vez que arremetía contra la devolución británica de las islas Chagos a Mauricio —aunque en su día, el mismo había dado el visto bueno—. De forma simultánea, divulgaba el contenido de unos textos enviados por el presidente de Francia, Emmanuel Macron, y el secretario general de la OTAN, Mark Rutte, respectivamente.

Trump se presentó, en el Foro de Davos, dispuesto a dejar claro quién manda en el mundo. El presidente estadounidense no defraudó a sus seguidores, con un matonismo mucho más propio de un chulo de taberna que de un líder mundial, subió a la tribuna y tomó la palabra para aleccionar, intimidar y amenazar a todos los que no digan amén a sus intereses.

La situación es delirante: Donald Trump argumenta que quiere anexionarse Groenlandia porque no le han otorgado el Nobel de la Paz. Su egocentrismo no tiene fronteras. Como muestra, reproduzco un fragmento de la carta que envió al primer ministro noruego Jonas Gahr Store que estos días han hecho circular diversos medios de comunicación: “Querido Jonas: considerando que tu país decidió no darme el premio Nobel por haber detenido ocho guerras y más, ya no siento la obligación de pensar únicamente en la paz, aunque eso será siempre predominante. Ahora puedo pensar en lo que es bueno y adecuado para los Estados Unidos de América. […] Yo he hecho más por la OTAN que ninguna otra persona desde su fundación, y ahora la OTAN debería hacer algo por Estados Unidos. […] El mundo no está seguro hasta que no tengamos un control total y absoluto sobre Groenlandia”. Después de leer esto, me inclino por pensar que este hombre no está en sus cabales.

Ante esta situación que, además de ser caótica, comienza a ser muy preocupante, aunque de forma lenta, parece que las cosas se van poniendo en su lugar. Los líderes mundiales y, en especial, los europeos empiezan a darse cuenta de que, con Donald Trump, las buenas palabras y los paños calientes no sirven de nada. Hace tiempo que soportan la chulería desatada del mandatario norteamericano, pero pensaron que podían aplacar sus ínfulas cediendo ante su retórica imperialista y riéndole las gracias. Se equivocaban, el buenismo con individuos como ese es inútil y tampoco se trata de ponerse a su altura

En este contexto, adquiere especial relevancia la posición de la presidenta de la Comisión Europea, Úrsula von der Leyen, que denunció desde Davos que las amenazas comerciales de Trump incumplen el pacto alcanzado meses atrás entre EE UU y la UE, y prometió una respuesta europea “unida, firme y proporcional”. “La nostalgia no devolverá el viejo orden”, afirmó. “Si este cambio es permanente, Europa debe cambiar permanentemente también. Es hora de aprovechar esta oportunidad y construir una nueva Europa independiente”.

También desde Davos, el secretario del Tesoro estadounidense, Scott Bessent, siguiendo las directrices marcadas por su patrón, se dirigió a los europeos en un tono paternalista y amenazador, diciendo: “Sentaos, respirad hondo. Lo peor que pueden hacer los países es enfrentarse a EE.UU.”, como si no fuera Washington quien quiere invadir un país europeo. A esta gente solo les falta llevar un revolver colgado al cinto.

En la misma línea que Von der Layen La presidenta del Banco Central Europeo, Christine Lagarde, abandonó una cena del Foro Económico Mundial (FEM), durante un discurso crítico con Europa del secretario de Comercio estadounidense, Howard Lutnick que provocó abucheos en señal de desacuerdo. A la cena asistían unas doscientas personas y ante el bochornoso espectáculo que se originó, los anfitriones suspendieron el acto antes de los postres, según informadores presentes en la reunión.

Con todo, parece que Donald Trump ha entendido que está yendo demasiado lejos y al final de una intensa jornada de reuniones en el Foro Económico de Davos, difundió un texto que dice: “Tras una reunión muy productiva con el secretario general de la OTAN, Mark Rute, hemos establecido las bases de un futuro acuerdo con respecto a Groenlandia y, de hecho, a toda la región del Ártico. Esta solución, de concretarse, será muy beneficiosa para los Estados Unidos de América y para todas las naciones de la OTAN”. Ahora habrá que ver cómo se concreta ese acuerdo.

Y como broche de oro al show de autobombo, desde su equipo anunciaron el proyecto para reconstruir la Franja con rascacielos turísticos junto al mar. Poco importa que Israel siga bombardeando los territorios ocupados y los niños palestinos mueran de frío. Eso son minucias.

Trump está desatado y ha perdido el pudor. En esas circunstancias, Europa ha de entender que el paraguas de seguridad transatlántica bajo el que ha permanecido desde el fin de la Segunda Guerra Mundial ha llegado a su fin. La nueva estrategia de Seguridad Nacional de EE.UU basada en la Doctrina Donroe deja claro que Washington no ve a la UE como un aliado fiable y se pone como objetivo “cultivar la resistencia” dentro de sus fronteras, es decir, promover el euroescepticismo y la extrema derecha. Cuando, por desgracia, y a partir de nuestra propia historia, los europeos podemos dar lecciones magistrales y varios masters sobre las catástrofes que provocan las derechas extremas, las divisiones políticas y los nacionalismos extremos, porque, al fin y al cabo, eso es lo que subyace tras el “America First”.

 

 

Bernardo Fernández

Publicado en Catalunya Press 26/01/2026

 

TURISTAS Y RESIDENTES

El turismo es uno de los motores de la economía española con mayor peso específico. En 2025 nos visitaron unos 97.000 millones de personas y...