01 de febrer 2018

LOS CAMBALACHES DE COLAU

Como “Reina de la ambigüedad” calificó meses atrás el exministro y expresidente del Parlamento europeo, Josep Borrell, a Ada Colau, alcaldesa de Barcelona, por su indefinición ante el proceso secesionista catalán.
No le faltaba razón al político socialista. En la reciente sesión de constitución de la Mesa del Parlament de Cataluña, vimos como su partido, En Comú-Podemos, se abstenía en las votaciones para la elección de un presidente de Mesa. Con esa inhibición los comunes garantizaban la presidencia a los independentistas.  
La alcaldesa alardea de una neutralidad equidistante en todo este affaire secesionista que estamos padeciendo los catalanes. Sin embargo, eso es una pose muy alejada de la realidad. Su postureo se hizo evidente cuando con la excusa de la puesta en marcha del 155, rompió el acuerdo que tenía con los socialistas y los expulsó del ejecutivo municipal, quedando así en minoría.
Sucede que hay cosas que por mucho que se nieguen son obvias y acaban saltando a la vista. Por eso, y aunque tanto los comunes dirigidos por Colau como ERC y el PDeCat nieguen que hay cambio de cromos entre la abstención entre las recientes votaciones en el Parlament y la aprobación de los presupuestos municipales de 2018, queda bastante claro que hay ciertos cambalaches entre bambalinas.
Ada Colau afronta la recta final de su mandato con unas malas expectativas electorales, según indica el último barómetro municipal hecho público semanas atrás.  Con ese panorama de fondo la alcaldesa no puede permitirse el lujo de prorrogar los presupuestos para este año. Así las cosas, Colau ya ha hecho contactos tanto con Afred Bosch (ERC) y Xavier Trias (PDeCat) para llegar a acuerdos y sacar las cuentas adelante.
Por lo que parece los cambalaches en el lado mar de la plaza Sant Jaume están a la orden del día. De momento, el equipo de gobierno municipal ya ha anunciado que la conexión del tranvía por la Diagonal queda aparcada sine die, pese a que era uno de los proyectos estrella de la alcaldesa. Como también lo era la funeraria pública que, de la misma forma que el tranvía Colau se tendrá que envainar por indicación de Bosch para que ERC se abstenga en las votaciones como harán los concejales comandados por Trias.
Además, el republicano Bosc insta a que se ponga a disposición de la ciudadanía unos sepelios a precios más accesibles que los impuestos por las empresas del sector. Se habla de unos 1.800 euros, mientras que en la actualidad rondan los 6.000.
En estas circunstancias, es fácil adivinar los motivos de la total ausencia de beligerancia de Ada Colau con su antecesor en la alcaldía, Xavier Trias, cuando salió a valorar la sentencia del caso Palau. La evaluación de la alcaldesa fue sorprendente porque hizo una relación de los dirigentes del PDeCat que por acción u omisión estaban relacionados con el affaire y pidió que se retiraran del servicio público y, sin embargo, al exalcalde ni lo mencionó.
De todos modos, el no del PSC a las cuentas de Ada Colau, junto con los de Ciudadanos, PP y la CUP, hacen que la alcaldesa tenga que someterse a una nueva moción de confianza para aprobar los presupuestos. La segunda en lo que va de mandato. Visto lo visto, no parece que el gobierno municipal tenga mucha sintonía con los grupos de la oposición ni facilidad para llegar a acuerdos.
Menos mal que Coalu pertenece a esa ola de políticos emergentes que han venido a pulverizar la vieja política y a los que hicieron posible el régimen del 78. Sin embargo, a juzgar por las políticas que están llevando a cabo, sus actitudes y sus iniciativas son tan casposas y desfasadas como las que más. Tampoco ellos se diferencian sustancialmente de los de la vieja escuela.
Como tantos otros, Coalu ha tocado poder y le ha gustado. Eso en principio no tiene porqué ser malo. Otra cosa, es estar   dispuesto a llevar a cabo los cambalaches que hagan falta para seguir en la poltrona. Además, la alcaldesa parece haber olvidado que en esta vida no todo vale. Hay valores como la ética, la dignidad, el compromiso adquirido y otros que merecen estar en el frontispicio de nuestro almario para servirnos de guía.
Así las cosas, la pregunta que se plantea es sencilla, ¿nos merecemos los barceloneses una alcaldesa como Ada Coalu? Que cada cual se responda según su mejor y más leal saber y entender -si lo considera oportuno-, y actúe en consecuencia.

Bernardo Fernández

Publicado en El Catalán 29/01/18

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