30 de gener 2012

EL GUARDAPOLVO Y DOS PARES DE BOTAS


Cuando Pablo Iglesias, fundador de PSOE, obtuvo su acta de Diputado a Cortes, allá por 1910, pidió al gobierno que sufragara a los niños un guardapolvo y dos pares de botas para ir a la escuela. Los conservadores de la época le tacharon de loco porque, según ellos, era imposible que un gobierno asumiera semejante dispendio.
Lamentablemente, hoy en día, la reivindicación de “el guardapolvo y los dos pares de botas” sigue siendo válida en forma de sanidad, educación o derechos sociales, con la diferencia de que Iglesias hacía la demanda partiendo de cero. En cambio ahora, se trata de no perder aquello que costó sangre, sudor y lágrimas conseguir.
En ese contexto y en medio de una estafa social de magnitudes desconocidas, a la que todo el mundo llama crisis, encara el PSOE su 38 Congreso Federal. Y lo hace, después de las derrotas en las elecciones municipales y autonómicas del 22-M y tras la debacle del pasado 20-N, que perdió más de cuatro millones de votos. En el Congreso, que se celebrará en Sevilla los días 3,4 y 5 de febrero, los delegados deberán elegir un/a secretario/a general que será, también, el jefe de la oposición en el Congreso de Diputados. Por tanto, no se trata tan solo de un nombramiento de ámbito interno, sino que sobre el elegido caerá la responsabilidad de hacer un trabajo impecable para conectar con la sociedad, con el fin de que ésta vuelva a percibir al partido socialista como una seria opción de gobierno.
Los problemas del socialismo español vienen de lejos y son idénticos a los de la socialdemocracia europea. A saber: desaparición de la clase obrera tradicional, emergencia de un nuevo proletariado de servicios, desigualdades sociales cada vez más patentes, puestos de trabajo asociados a la deslocalización y un largo etcétera Todo eso, ha generado un distanciamiento de los socialistas de la realidad que ha hecho que se perciba al PSOE como una organización que responde más a un modelo de partido viejo y autista que a un partido histórico, en el sentido más noble de la acepción. En consecuencia, los delegados harán bien en detenerse a pensar con rigor en los motivos que explican la continua pérdida de confianza entre los ciudadanos progresistas y la falta de sintonía con los votantes jóvenes, desde mitad de los años noventa del siglo pasado.
Los socialistas han de ser conscientes de que las bases de la comunicación política ya no son las mismas que las de hace diez años atrás. Acontecimientos políticos tan relevantes como el movimiento que llevó a Obama a la Casa Blanca o las primaveras árabes, de ahora hace escasamente un año, no se gestaron en la sede de ningún partido político; ha sido en la Red, donde han obtenido carta de naturaleza.
Es necesario que los delegados del cónclave de Sevilla acierten en sus decisiones. El PSOE debe volver a ser útil desde el primer momento. Los socialistas han de situarse con solvencia en la senda de la recuperación. Y eso se consigue con autocrítica, atención a la voz de la calle, voluntad de cambio, actualización del discurso, mejora de las estructuras, modernización de los procedimientos, renovación de los equipos, amplia participación de las bases y lealtad a los principios, que no son otros que la libertad, la fraternidad y la justicia social. Se trata de diseñar un nuevo proyecto con listas abiertas, limitación de mandatos, transparencia, intergeneracionalidad y primarias abiertas a los ciudadanos para escoger a los candidatos. Esas son las bases para reconciliar a la ciudadanía con el proyecto socialdemócrata
Pero es que, además, el XXXVIII Congreso Federal es una gran oportunidad para empezar a diseñar un proyecto federal que solvente de forma definitiva la cuestión territorial del Estado. El PSOE ha de seguir reivindicando “el guardapolvo y los dos pares de botas” en versión siglo XXI. Es decir, se han de hacer propuestas que acometan la problemática de la competitividad y productividad, presentar un programa que sirva para crear empleo y ofrecer alternativas que garanticen el futuro del modelo socioeconómico sobre una base justa y solidaria. Es verdad que hay otras fuerzas de izquierda en nuestro país, de todo punto respetables. Pero el socialismo es, a día de hoy, la única alternativa posible al tsunami neoliberal que nos invade.
En consecuencia, si los socialistas no asumen su rol y abandonan su proyecto de transformación de la sociedad, más de diez millones de ciudadanos quedarán huérfanos en términos ideológicos al no tener un partido de referencia. Y eso, sería fatal, no para la derecha, pero sí para el conjunto de la sociedad.
Bernardo Fernández
Publicado en La Voz de Barcelona como PARES DE BOTAS Y GUARDAPLOVO, el 27/01/12

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