16 de març 2014

EL VIA CRUCIS DEL PSC

El desmoronamiento que está sufriendo el PSC se comenzó a fraguar con el larguísimo proceso de elaboración del nuevo Estatuto, las deslealtades de ERC en los gobiernos de Maragall y Montilla y el ruido mediático de esos dos ejecutivos, sobre todo del segundo. Después, con la sentencia de julio de 2010 del Tribunal Constitucional sobre ese Estatuto y la crisis económica como telón de fondo, llegó el primer aviso serio de la ciudadanía y en las elecciones autonómicas de noviembre 2010 el primer gran varapalo. Desde entonces el descenso ha sido imparable.


Ciertamente, el PSC está viviendo sus días más aciagos desde que se fundara allá en 1978. A la crisis general que sufre la socialdemocracia, en Cataluña hay que añadir las cuestiones identitarias. El debate político se ha dejado de articular en el eje social y económico, para plantearse en el escenario del soberanismo, y ahí los socialistas siempre tendrán las de perder, pues es obvio que el cuerpo electoral prefiere el original a la copia.

Ahora llueve sobre mojado. Sea cual sea la decisión que tome la Comisión de Garantías del partido respecto a los diputados díscolos (aquellos que rompieron la disciplina de voto de su grupo en el Parlamento de Cataluña, el pasado 16 de enero, votando con los soberanistas ), la suerte está echada. Malo será si son expulsados: el cisma estará servido. Si por el contrario mantienen su acta de cargos públicos, el ala más obrerista del partido se sentirá ninguneada, el Consejo Nacional desautorizado y el nicho electoral del PSC en el Área Metropolitana, auténtico bastión de los socialistas, acabará por retirar la poca confianza que aun deposita en el socialismo catalán.

En cualquier caso, en la calle Nicaragua (sede central de los socialistas catalanes) deberían andarse con pies de plomo, pues la expulsión de los diputados Elena, Geli y Ventura supondría para el PSC pasar a ser la cuarta fuerza política en el Parlamento catalán. Por eso, se debería tener muy en cuenta la propuesta de Joan Torres, Presidente de la Comisión de Garantías, que propone crear un grupo de mediación que, cuando menos, intente evitar el desastre.

Por otra parte, parece que Joan Ignasi Elena, está dispuesto a defender la posibilidad de celebrar un referéndum independentista en un acto conjunto con el líder de ERC, Oriol Junqueras. Parece que ambos asistirán conjuntamente a un acto el mes de marzo para hacer "pedagogía" sobre el "derecho a decidir". De confirmarse esta posibilidad, es obvio que los pocos puentes que quedan para el entendimiento dentro del PSC quedarían irremediablemente rotos.

Por si todo esto fuera poco, el calendario de 2014 para los socialistas catalanes puede resultar diabólico. Además de las elecciones europeas que se han de celebrar en mayo, el PSC tiene previsto un proceso de elecciones primarias a lo largo y ancho de toda Cataluña para escoger a sus alcaldables de cara a las municipales de 2015. Por otra parte, no se debe descartar que Artur Mas, ante la imposibilidad de realizar la consulta el 9 de noviembre, opte por convocar elecciones, de forma más o menos inmediata. Eso nueva cita electoral volvería a coger al PSC con el paso cambiado, inmerso en una tremenda crisis interna y sin haber llevado a cabo el proceso de primarias para escoger a su candidato a presidente de la Generalitat.

Es evidente que la situación de los socialistas catalanes es muy delicada y la organización puede explosionar en cualquier momento. Ahora bien, no es conveniente vender la piel del oso antes de cazarlo. Por eso, aquellos carroñeros de la política que se frotan las manos esperando que el PSC estalle hecho pedazos, deberían relajarse. La socialdemocracia no está agotada, ni mucho menos.

Lo que nos brinda el neoliberalismo imperante es la total desregularización de los mercados y el desmantelamiento del Estado de bienestar. La crisis no ha tenido su origen en el relativo bienestar de los trabajadores, sino en el auge incontrolado de un capitalismo especulativo y salvaje. La desigualdad se ha disparado hasta cotas insoportables y los parados no son las fuerzas que han de generar un nuevo crecimiento. Más bien todo lo contrario, son una bolsa de pobreza muy difícil de gestionar.

En estas circunstancias, la socialdemocracia tiene más razón de ser que nunca. Pero eso sí, ha de ser una socialdemocracia valiente que huya de los populismos, capaz de presentar alternativas y reformas a las políticas de austeridad que nos están llevando al desastre. Necesitamos un proyecto socialdemócrata que plantee políticas de equidad, partiendo de la idea de que en democracia se han de forjar sociedades de iguales.

Y todo eso, ninguno de los que ahora están sentados a la puerta de su casa para ver el cadáver de su enemigo pasar, tiene cuajo político para llevarlo a cabo.

La gran esperanza sigue estando en los valores que el PSC atesora en la alcancía de su ideario. Por consiguiente los socialistas catalanes deberían hacer un reset para reconectar nuevamente con la ciudadanía. Al fin y al cabo, las gentes de izquierda y progresistas de este país, aunque ahora no lo parezca, seguimos siendo mayoría.



Bernardo Fernández

Publicado en Crónica Global 02/03/14

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