22 de juliol 2009

TIEMPO DE DESCUENTO


La semana pasada el Consejo de Política Fiscal y Financiera aprobó sin ningún voto en contra el nuevo sistema de financiación. Dos días después el Conseller Castells hacía pública las cifras con respecto a Cataluña. Según él se podrían llegar a obtener más de 4.000 millones de euros en 2012, para que esto suceda los ingresos tributarios del Estado se deberían incrementar un 3% de media anual.
Este acuerdo refuerza y cohesiona al tripartito. Además, parece que entre el Govern y el Ministro de Fomento, José Blanco, existe una sintonía que no existía con Magdalena Álvarez. El acuerdo de La Sagrera, el acuerdo sobre cercanías y el más que probable acuerdo, a finales de año, sobre la gestión del Aeropuerto del Prat así lo atestiguan. Con todo este bagaje el Presidente Montilla y su equipo podrán presentar un muy buen balance al final del mandato.
Por otra parte, si ponemos todos los números encima de la mesa, no solo los de Cataluña, nadie de forma objetiva puede negar que éste, en conjunto, es un buen acuerdo que supera con creces el ahora vigente. No me extenderé aquí en comentar las declaraciones del Consejero de economía de la Comunidad de Madrid, se comentan por si solas. Tan solo apuntar que enfrentar a los ciudadanos de una comunidad con los de otra no parece una buena opción.
De todos modos, lo que a priori no se entiende es la actitud de CiU en todo el proceso. La federación nacionalista en el recorrido de la negociación del nuevo sistema de financiación ha estado además de errática, esquiva y tacticista en exceso. En ese tiempo ha dado hasta 10 cifras diferentes por menos de las cuales, según su parecer, no se podía llegar a ningún acuerdo. Después, cuando ya se anunció el pacto salieron en tromba y lo tacharon de ilegal. Más tarde suavizaron un tanto su vocabulario pero siguen negando la bondad de lo acordado.
En principio sorprende esta actitud de los conservadores nacionalistas. Ellos estuvieron en la negociación del Estatut. ¿Por qué ahora éste posicionamiento? Fácil, entonces buscaron con afán el compromiso para que Zapatero les facilitara, llegado el caso, el retorno al Govern y aunque no lo lograron si consiguieron descolocar a Esquerra. Ahora la cosa ha sido distinta, ERC ha estado pragmática y firme en sus convicciones. Ahí reside el enojo de CiU. Artur Mas y sus acólitos saben que están jugando en tiempo de descuento. En consecuencia, si en la próxima legislatura no consigue configurar una mayoría para gobernar su carrera política se habrá acabado y Convergencia quedará marginada por mucho tiempo del tablero político. Y la verdad, o mucho cambian las cosas de aquí a las próximas elecciones al Parlament o el tripartito tiene muchos números para repetirse.

Bernardo Fernández
Publicado en ABC 22/07/09