18 de març 2009

TRISTE RÉCORD

España es el país de la zona euro donde más empleo se destruye. Por eso y con lo que está cayendo, es probable que antes de que acabe el año hayamos superado los cuatro millones de parados. Triste récord. De todos modos, no deberíamos olvidar que en la década de los 80 las tasas del paro llegaron al 22% de la población activa. Pues bien, pese a todo, salimos adelante. Es verdad que para escapar de aquel atolladero se firmaron unos acuerdos conocidos como “Los pactos de La Moncloa”. Hoy, en cambio, ni patronal ni sindicatos están por algo similar. Además la situación es radicalmente distinta. Y por si eso fuera poco, tanto unos como otros han hecho un diagnóstico distinto de la situación. Para la patronal estamos ante “una crisis de costes,” y para salir a flote hay que realizar una reforma laboral que implique el abaratamiento del despido y la rebaja de las cotizaciones sociales. Los sindicatos opinan justo lo contrario, es decir, que nos enfrentamos a “una crisis de ventas” y en consecuencia hay que estimular el consumo, proteger más a los desempleados y aumentar la inversión pública.

En este contexto el Gobierno está atrapado. Y dado que los acuerdos con los agentes sociales a corto plazo no son factibles debería tirar por el camino de en medio. El camino de en medio en estos momentos es enfatizar la inversión pública y la privada que promueva empleo. Para ello hay que generar beneficios fiscales que estimulen ese tipo de inversión. En cualquier caso, sepamos que estas medidas son necesarias pero no suficientes y, desde luego, siempre serán más rentables para la sociedad y el erario público que invertir en prestaciones por desempleo y subsidios para aquellos que no encuentran trabajo. También habrá que buscar mayor flexibilidad en la nueva contratación, tenemos margen para ello. Basar el fomento del empleo en la subvención además de caro es ineficaz. Es evidente que nadie contrata a alguien que no necesita, aunque salga barato.

De forma casi simultánea habrá que hacer reformas estructurales que ataquen la raíz del mal endémico que es el paro en nuestro país. También habrá que recuperar la productividad y la competitividad. Hay que erradicar, de una vez por todas, el triste récord de ser el país desarrollado con las tasas de desempleo más elevadas. Todo esto es urgente y necesario. Ahora bien, los trabajadores no fueron invitados a la fiesta de las hipotecas basuras ni a la juerga de la burbuja inmobiliaria. Por tanto, no es lógico que sean ahora ellos los que tengan que pagar los platos rotos del festín. Es hora de que todos arrimemos el hombro, pero da la sensación que algunos lo que hacen es arrimar el ascua a su sardina. Y así no vamos bien.

Bernardo Fernández
Publicado en ABC 18/03/09

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