04 de desembre 2008

COPAGO, DE ENTRADA NO.


El río Guadiana tiene la particularidad de que en un punto de su recorrido desaparece, para volver a aparecer unos quilómetros más abajo. Algo similar sucede con el debate sobre el copago en sanidad. De vez en cuando alguien suelta el globo sonda, salta la noticia, quien más quien menos dice la suya, se genera una cierta polémica… y hasta la próxima ocasión.

Es verdad que el sistema sanitario existente, con los parámetros actuales, no es sostenible. Quizá haya que articular otro tipo de medidas, entre las que podían estar, -pongamos por caso-, la eficiencia, una organización más racional, hacer eficaz el trabajo asistencial, coordinar más y mejor la asistencia primaria y la especializada y un largo etcétera antes de socializar el gasto. Gasto, que por cierto, lo sufragamos entre todos mediante los presupuestos correspondientes. Además conviene recordar que somos el país europeo en el que los ciudadanos, a excepción de los jubilados, hacen una aportación porcentual más elevada en el gasto farmacéutico.

Por otra parte, al aumentar la esperanza de vida aumenta, de forma paralela, la demanda asistencial, ahora bien, tal vez aquí habría que cambiar el sistema de medicalización vigente, por otro basado en la prevención de riesgos. También el retraso, casi sistemático, entre la realización de las pruebas, obtención de resultados y diagnóstico, genera malestar en el paciente y su entorno. Esto hace que el ciudadano acuda, por patologías crónicas o banales, con más frecuencia de la necesaria, a los servicios de urgencias, aumentando así el gasto corriente. A su vez, la factura farmacéutica, que es uno de los ejes sobre los que pivota la sostenibilidad de la sanidad pública, superó en el año 2007, sólo, en Cataluña, los 1.400 millones de euros. Aquí, convendría señalar que de forma sistemática se tratan con psicofármacos gran número de dolencias que poco o nada tienen que ver con la edad. Así que no cabe achacar a los mayores el exceso del gasto en esta partida.

De igual forma, hemos de saber que aumentar el número de profesionales, “per se”, no conduce a nada, si de forma simultánea no se cambia el modelo de medicalización existente. Es necesario reorientar el sistema, hacia otro más preventivo y de promoción de la salud, con mayores tiempos de atención y con participación activa del paciente.

Disfrutamos de una sanidad pública universal que es de las mejores del mundo. Cierto que con algunas carencias, como se ha puesto de manifiesto anteriormente. Ante esta situación, deberíamos evitar los “debates Guadiana”, que tal vez sean muy mediáticos, pero que en nada ayudan y sólo sirven a intereses espurios. Apliquemos los mejores esfuerzos a reajustar el sistema con todo el rigor y la eficacia que se merece. Luego, si los números no cuadran hablemos, en serio, del asunto. Mientras, ni mencionarlo.

Bernardo Fernández
Publicado en: ABC 03/12/08

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