30 de juliol 2008

PONER PUERTAS AL MONTE


Desde hace años las costas del sur de España se han convertido, para miles de personas, en las puertas de entrada a un supuesto mundo mejor. Con la bonanza climatológica las llegadas aumentan de forma considerable. Vienen de todo el mundo, pero de forma muy mayoritaria son subsaharianos.
La crisis económica que sacude Europa hace que el empleo decrezca y las condiciones de vida empeoren, pero ellos no dejan de llegar. Los motivos para venir son mucho más profundos que una determinada situación coyuntural. España se ha convertido, para esas personas, en la puerta de El Dorado
No deja de ser curioso que un país como el nuestro, que históricamente ha sido generador de inmigración y ha llegado a tener al 10% de la población en otros países, se ha convertido, en estos inicios del siglo XXI, en receptor de inmigrantes Según nos dicen las estadísticas los extranjeros afincados en nuestro país, de forma legal, superan ya el 11% de la población y a estos hay que añadir unos 500.000 ciudadanos más, que viven entre nosotros de forma irregular, es decir sin papeles.
De hecho, la inmigración es un capítulo más del proceso globalizador que estamos viviendo y algo consustancial al ser humano. En un tiempo la gente emigraba de las montañas a los valles. Más tarde, el punto de llegada era la costa, allí había más posibilidades de desarrollo y bienestar. En los años sesenta, del siglo anterior, los procesos migratorios se producían de las zonas deprimidas a otras más prosperas y con mejores prespectivas. Hoy, aunque la esencia es la misma: mejorar las condiciones de vida y encontrar un futuro digno, las gentes vienen de otros continentes, con otras lenguas, otras culturas y otras religiones y eso complica la adaptación.
Europa está viviendo un proceso de envejecimiento unido a una baja tasa de natalidad y una esperanza de vida cada vez más larga, eso hace que necesitemos gentes de otras latitudes que suplan nuestras carencias, ya sean laborales, de procreación o de cualquier otro orden.
Cierto es que la capacidad de absorción de la sociedad es limitada, tanto por razones socio económicas, asistenciales como de otras índoles, En consecuencia hay que establecer controles y limitaciones de llegada, Ahora bien, seamos conscientes de que las olas migratorias se podrán disminuir, pero no las parará nadie, no es posible. Cuando una persona ha decidido dejar todo aquello que conforma su entorno más inmediato y ha decido echarse a la mar jugándose la vida por que sueña con un mundo mejor no hay fuerza que la pueda parar. La podrán retener, detener y repatriar, pero lo volverá a intentar.
En conclusión, debemos articular mecanismos que frenen las llegadas masivas, no podemos absorber una inmigración ilimitada, pero sepamos que no se pueden poner puertas al monte.
Bernardo Fernández Publicado en ABC 30/07/08