27 de gener 2007

LA CIRISI QUE NO EXISTE...¿O SI?

Siempre he sostenido que el poder, en términos políticos, es el mejor engrudo que ha existido jamás. Digo esto porque Convergencia Democrática de Cataluña (CDC) ha sido un partido paradigma de esta aseveración. A lo largo de más 30 años de existencia, ésta ha sido una organización con una configuración monolítica en torno a su líder, más allá de problemas y disensiones internas. Y tenerlos y haberlas los y las han tenido. Pero era un partido de gobierno y desde ahí, o mejor a partir de ahí, fueron superando todos aquellos escollos que a lo largo del tiempo surgieron en el camino.

Pero hete aquí que desde 2003, cuando por primera vez perdieron el gobierno después de haberlo ostentado durante 23 años, empezaron a aflorar las disidencias internas o, como se dice en términos coloquiales, Artur Mas –su líder- “montó un circo y le crecieron los enanos”. Es verdad que en el periodo 2003-2006 supieron transmitir una imagen de cohesión, más allá de alguna que otra pequeña trifurca sobre todo con los socios de Unión. Pero justo es decir que en general aguantaron el tipo. En cambio con la formación del nuevo Gobierno de Entesa que les relega otra vez a la oposición parece que los nervios están aflorando más de lo que es deseable y han empezado a aparecer claros síntomas de ruido de sables, según el argot militar.

No fue casual que Durán i Lleida, político de inteligencia innata, en el impás de la fiestas navideñas lanzase el órdago de la conveniencia de la entrada de CiU en el Gobierno del Estado. Bien es cierto que con el bombazo de ETA en Barajas el 30 de diciembre esta cuestión, como el resto sobre todo a nivel mediático, ha quedado en un muy segundo plano.

Por lo que respecta al estricto nivel interno de Convergencia las cosas no pintan bien, las aguas bajan revueltas. La tensión aflora día tras día. Los dos sectores clásicos de Convergencia se enfrentaron con acritud días atrás. Es verdad que las diferencias vienen de lejos, pero los resultados electorales del último 1N, sus consecuencias y sobre todo el hecho de que hayan de seguir en la oposición ha disparado todas las alarmas. Soberanistas y moderados mantienen un pulso, los unos para perpetuarse y consolidar sus parcelas de poder –eso si, interno- y los otros esgrimiendo una larga lista de agravios y reprochando a su líder Artur Mas haberse rodeado de un núcleo duro muy reducido, que es quien toma las decisiones y los deja a ellos relegados como meras comparsas.

De todos modos no hay que exagerar. Tanto Convergencia como Unión saben que en las próximas elecciones municipales del mes de mayo se juegan una buena parte de su razón de ser. Por tanto, que nadie se equivoque. Afrontaran esos comicios con un discurso trabado y haciendo un frente común fuerte y compacto; sin duda intentaran que esas elecciones sean la revancha de la últimas autonómicas y así obtener las máximas cuotas de poder posibles. Pocos meses después llegarán las generales y, si después de esas CiU es decisiva o no, si en las municipales han obtenido las suficientes alcaldías y han podido mantener las 3 diputaciones de las que en este mandato ostentan la presidencia, será el momento de hacer balance: ver si conviene mantener la actual dirección o tal vez ha llegado el momento de dar un golpe de timón para enderezar el rumbo. Quizás a estas alturas, a pesar de que hay quien se empeña en decir que no existe la crisis, algún delfín ya se está afeitando las patillas y preparando un nuevo look para acceder al poder.

1 comentari:

Jordi Pedret ha dit...

Bernardo:

Buen análisis, me parece.

En cuanto a las municipales, creo que hay que tener en cuenta que los votantes demuestran gran sensibilidad frente a los jaleos internos de los partidos, y los castigan duramente.

Alguna experiencia tenemos nosotros al respecto.

Sólo una pregunta ingénua: ¿Los delfines tienen patillas?

Un abrazo,

Jordi