14 de juny 2015

LA NECESARIA REFORMA DEL SISTEMA ELECTORAL

Es habitual que cada vez que se convocan unas elecciones, se alcen voces pidiendo la reforma del sistema mediante el cual escogemos a nuestros representantes. El quid de la cuestión estriba en saber qué tipo de reforma hay que hacer para incentivar la participación. Desde luego, de las opciones posibles, la de desbloquear las listas es la que cuenta con más adeptos. Pues bien, pese a que este asunto se ha repetido como un mantra desde principios de los años noventa. Sin embargo, a día de hoy, no se ha llevado a cabo ninguna iniciativa legislativa de suficiente calado como para introducir cambios sustanciales en nuestro sistema electoral.
Bien es verdad que en el parlamento de Cataluña se está tramitando una ley que pretende regular las elecciones catalanas. No obstante, y a juzgar por las noticias que llegan, es prácticamente imposible que esa iniciativa salga adelante, dada la disparidad de criterios entre las diversas fuerza políticas.
El problema  de nuestro sistema electoral no estriba sólo en que las listas sean cerradas y bloqueadas, sino en quien y como se hacen. Nada ni nadie regula ese asunto; en consecuencia cada organización actúa a su libre albedrío. Además, con el tiempo, los defectos burocráticos y organizativos se han acentuado y el poder interno de los partidos, con excesiva frecuencia, se concentra en pocas manos.
En definitiva, el sistema de funcionamiento interno de las organizaciones políticas no acostumbra a ser un dechado de virtudes democráticas, al contrario, las carencias suelen ser evidentes. De todos modos, justo es decir que algunas organizaciones, encabezadas por los socialistas, ya han adoptado el sistema de primarias para escoger a sus candidatos, no es menos cierto que todos los partidos siguen estando muy alejados de lo que la sociedad demanda  
Por todo eso, a menudo se apela a las listas abiertas como solución a todos los males. Sin embargo, lo que se propone en realidad son listas no bloqueadas. Es decir, los votantes podrían señalar algunos de los candidatos de la lista cerrada correspondiente, que se haría como hasta ahora. De hecho este sistema se utilizó en Italia hasta 1994 y no parece que aquí y a estas alturas del siglo XXI sea solución a nada.
Tras estudiar diversos sistemas electorales y escuchar atentamente las opiniones de diversos expertos, parece que lo más razonable es un sistema electoral basado en el sistema electoral alemán. Allí, la mitad de los diputados son elegidos en distritos uninominales y la otra mitad en listas regionales (aquí serían provinciales), con distribución de los escaños proporcional a los votos de cada partido.
Ahora bien, que nadie se confunda, esa reforma es necesaria pero insuficiente. Para que realmente sea efectiva, debería  implementarse con otras medidas tales como una ley de funcionamiento de partidos; de hecho, las listas no dejan de ser un reflejo de la correlación de fuerzas internas.
No es  por casualidad que en Alemania la ley electoral regula también la elección de los candidatos en los partidos. En el caso de los distritos uninominales mediante primarias, en las que los afiliados eligen entre los candidatos que se presenten, aunque el órgano de dirección correspondiente puede convocar una segunda votación si el ganador no le satisface y cuyo resultado entonces sí es definitivo. Las listas a los landers  (lo que aquí diríamos autonómicas) se aprueban mediante asambleas de compromisarios (léase delegados en nuestro argot). Estos procedimientos se aplican a elecciones regionales y locales.
De igual manera, la ley de partidos establece congresos cada dos años, regula la actividad interna de las organizaciones (composición de los órganos, sistemas de elección, etcétera) y auditoría de cuentas. En Gran Bretaña, el Partido Laborista celebra congresos anuales y los afiliados eligen a los candidatos a diputado, concejal o líder del partido. Estos procedimientos limitan, sustancialmente  el poder de las direcciones  y permiten la presencia en la política de dirigentes con apoyos sociales y con puntos de vista, a menudo, alejados de los estereotipos políticos convencionales.
Asimismo, esa futura ley electoral debería regular, para todos los partidos, que los afiliados (incluso los ciudadanos que se declarasen simpatizantes de un partido apuntándose para ello en un censo oficial dependiente de la Junta Electoral) eligieran en primarias a los candidatos a presidentes del gobierno, presidentes autonómicos y alcaldes, así como  a los candidatos a diputado o concejal de su zona de residencia, mediante voto a personas -no a listas-. La experiencia aconseja que estas primarias se organicen de forma oficial, no por los aparatos de los partidos. Una la ley de partidos, como la alemana, debería regular su funcionamiento democrático, la celebración de congresos cada dos años, al menos, y la publicación de sus estatutos en el BOE.
Desde luego no es tarea fácil, pero si queremos regenerar nuestro sistema político, no estaría demás poner manos a la obra para llevar a cabo la necesaria reforma del sistema electoral.

Bernardo Fernández

Publicado en Crónica Global 11/06/15

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