04 de juny 2010

DEL OASIS A LA CIÉNAGA


Durante años nos han querido hacer creer que la política catalana se desarrollaba de manera diferente al resto del mundo. En otros lugares, como por ejemplo España, los políticos, a menudo, se tiraban los platos a la cabeza y salían a la luz, con relativa frecuencia, casos de corrupción y corruptelas. En cambio, en Cataluña, las formas en el Parlament eran versallescas y los señores diputados después de un intenso debate compartían educadamente un café, cuando no mesa y mantel. Y claro, de corrupción ni hablar, todo por el país o por la patria que, en esencia, venía a ser lo mismo.
Después, con la llegada de la izquierda al poder, las cosas empezaron a cambiar y ya no se hablaba de oasis catalán sino del Dragon Kan de Pasqual Maragall y más tarde del no demostrado 3%. Pero miren ustedes por donde, aún no hace un año que un mal día nos desayunamos con el “caso Millet” y eso fue un tsunami para la burguesía catalana. Luego la cosa se complicó cuando al poco tiempo empezaron a conocerse las conexiones políticas. Primero fue Ángel Colom dirigente de CiU que había recibido dinero de Millet para enjugar la deuda que arrastraba de sus devaneos independentistas. Más tarde supimos que el inefable personaje había donado más de 600.000 euros a la Fundación Trías Fargas –hoy Catdem- y que ese dinero se había desviado para la campaña municipal de 2007 de CiU en Barcelona; por cierto, que a día de hoy, seguimos esperando que Xavier Trias, máximo responsable de CDC en Barcelona, dé alguna explicación sobre el particular.
De todos modos, el órdago que está colmando el vaso de la paciencia ciudadana es la información que estos días se ha hecho pública sobre el “caso Pretoria”. Según se desprende del sumario realizado por el juez Garzón, más allá del Alcalde de Santa Coloma, Bartomeu Muñoz, que era un pelele en manos del cerebro de la trama Luís García “Luigi”, aparecen Macià Alavedra y Lluís Prenafeta, en otros tiempos auténticos próceres del nacionalismo catalán y guardia de corps del President Pujol. Pues bien, ahora resulta que estos personajes son dos auténticos tahúres dedicados al pelotazo, a presionar para conseguir tratos de favor, a evadir capitales a paraísos fiscales y a saber cuantas cosas más. Y lo que es peor: parece que con alguna que otra connivencia en las máximas alturas nacionalistas.
Que el oasis catalán ha dejado de existir es un hecho. En estas circunstancias Artur Mas, y no otro, debería salir y, de forma fehaciente, garantizar que ni él ni la Federación Nacionalista han tenido nada que ver en estos affaires, Si no lo hace, la situación de turbulencia política que vivimos se emponzoñará cada día más, y Cataluña podría acabar convertida en una ciénaga.
Bernardo Fernández
Publicado en ABC 02/06/10