18 de febrer 2010

MUJERES, NIÑOS Y PENSIONES


Desde hace tiempo los expertos vienen avisando de la necesidad de reformar el Estado del Bienestar para preservar su viabilidad. La dureza de la crisis ha puesto de manifiesto que hay que emprender ya iniciativas si queremos gozar de un sistema sostenible. Ante esta situación los gobernantes no puede demorar la toma de decisiones. Y todo indica que mujeres, niños y pensiones son los tres puntos clave sobre los que hay que actuar.
Sin duda alguna el cambio social más importante de las últimas décadas ha sido la incorporación de las mujeres al mercado de trabajo. No obstante, queda un largo trecho por recorrer. Si España tuviera la tasa de participación femenina que tiene Suecia, tendría 3 millones más de trabajadores cotizando a la Seguridad Social. Pues bien, aunque sólo fuera por eso habría que favorecer el empleo femenino y la igualdad entre hombres y mujeres. Pero es que existen infinidad de razones para propiciar la incorporación de las mujeres al ámbito laboral, como por ejemplo el desarrollo de los servicios sociales.
Por otra parte, es absolutamente necesario garantizar la igualdad de oportunidades de los niños. Está demostrado que la asistencia a las guarderías reduce de forma considerable el fracaso escolar. Además, siempre es preferible realizar esfuerzos preventivos centrados en la infancia y preparar mano de obra capaz para mañana que luchar después contra la exclusión social.
El tercer eje es la reforma de las pensiones públicas. Es necesario mantener la capacidad de consumir de los que ya no están en el mercado de trabajo, puesto que son miembros activos de la sociedad. A su vez, es conveniente incrementar la edad media de jubilación (hoy situada a los 63,5 años en nuestro país) reduciendo las prejubilaciones, práctica habitual en muchas grandes empresas. También sería interesante ofrecer incentivos para aquellos que quieran permanecer en el mercado de trabajo. Otra posibilidad sería propiciar la jubilación parcial. Es evidente que hay alternativas a incrementar la edad de jubilación.
Hay que repartir las cargas de forma equitativa entre jóvenes y gente mayor. Hasta aquí no hay serias discrepancias. La cosa se complica cuando se constata que “la muerte no es democrática”: los ricos viven más tiempo que los pobres, lo cual origina grandes desigualdades entre jubilados de una misma generación. Por tanto habría que tener muy en cuenta que la esperanza de vida es más corta en la medida en que la renta es menor. Son los trabajadores con las vidas más cortas los que financian las pensiones de rentas mayores, es decir de los que viven más años.
En consecuencia, más allá de la inmediatez se trata de plantear nuevos horizontes que nos permitan adaptarnos a los nuevos contextos económicos y sociales que ya se están generando.
Bernardo Fernández
Publicado en ABC 17/02/10

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