31 de març 2008

DEL BIPARTIDISMO A LAS BISAGRAS



Más allá de los resultados de las últimas elecciones generales y sus consecuencias para formar gobierno, la campaña previa nos ha dejado sobre la mesa algunos asuntos que conviene analizar. Uno de ellos, es sin duda, el papel que desempeñan y los intereses que defienden las fuerzas políticas que se presentan.
Es verdad que la campaña estuvo fuertemente polarizada por las dos fuerzas que aspiraban a gobernar en los próximos cuatro años, pero eso, visto lo visto, además de ser un acierto de quien después lo ha rentabilizado, no deja de ser, también, una demostración de impotencia de aquellos que han sido incapaces de llevar, o al menos acercar, el agua a su molino político.
En Cataluña las fuerzas que se han presentado sin proyección estatal -nacionalistas e independentistas- lo han hecho con un programa y un proyecto doméstico, desentendiéndose de forma explícita de lo que debe ser una propuesta para unas elecciones generales: una oferta para la generalidad del país. En una situación así el ciudadano tiene la percepción de que estos partidos no tienen una visión de conjunto y que acabarán mercadeando con sus votos y que los pueden vender al mejor postor, no tanto en función del proyecto, sino a cambio de intereses más o menos espúreos.
Y este es el quid de la cuestión. En España necesitamos otra articulación del espacio político, aquí sería conveniente algún partido de centro con vocación de bisagra que pudiera inclinar la balanza en función del momento. El PNV no parece la fuerza adecuada dado que el número de diputados que puede obtener es insuficiente para llevar a cabo ese cometido. Por el contrario CiU que tiene un espectro bastante más amplio, al menos sobre el papel, si que podría desempeñar ese papel, ahora bien, para ello sería necesario que abandonara ese pretendido dogmatismo nacionalista y esa ambigüedad de la que hace gala y se lanzara sin miedo por el camino de la socialdemocracia con ribetes de democracia cristiana y buenas dosis de humanismo. Que nadie se extrañe, pero de hecho esta era la idea básica ahora hace más de 30 años cuando Jordi Pujol y otros fundaron Convergencia, después la evolución de los acontecimientos les ha llevado por otros caminos y si bien es verdad que en un tiempo obtuvieron buenos rendimientos, parece que eso de forma lenta pero inexorable está llegando a su fin.
Lo de ERC es diferente, o al menos eso quieren hacernos creer, a ellos España no les interesa y en consecuencia su estancia aquí es circunstancial, lo que ocurre es que con menos de 300.000 votos en unas elecciones generales difícilmente se puede aspirar a nada, ni siquiera a nivel autonómico. De todos modos veo difícil que con ese tirón puedan separarse de algo, que vayan con cuidado, no vaya a ser que sus electores acaben separándose de ellos y les pidan el divorcio.
Así las cosas, tengo para mí que o mucho espabilan o tenemos bipartidismo para rato. Al tiempo.
Bernardo Fernández