Algo sabemos, en España, de
coaliciones electorales que han acabado en sonoros fiascos. Es el de la caso la
operación reformista que se presentó a las elecciones generales de 1986. Aquello,
en realidad, fue un complicado encaje de bolillos, tejido por Miquel Roca
Junyent financiado, en buena parte, por Florentino Pérez. El encaje fue el
signo de aquel proyecto desde su creación, a partir del pequeño Partido
Demócrata Liberal de Garrigues Walker, hasta la constatación de que Roca no tenía
la menor intención de pasar a militar en la nueva formación, abandonando
Convergencia Democrática de Catalunya. Al final, y a pesar del fuerte despliegue
no lograron ni un solo escaño.
En el año 2000, los dos grandes
partidos de la izquierda en España, de entonces, el PSOE de Joaquín Almunia e
IU, encabezada por Paco Frutos, cerraron un acuerdo electoral para participar
en las elecciones generales del 12 de marzo. El pacto era un programa para
gobernar que ambas formaciones se comprometían a cumplir si lograban sumar los
escaños suficientes para formar gobierno. El acuerdo constaba de tres puntos:
programa a cumplir, compromiso de apoyo en la investidura y listas conjuntas
para el Senado en determinadas circunscripciones. La noche electoral del 12 M
del 2000, el PP dirigido por José María Aznar logró una amplia mayoría que le
permitió gobernar durante cuatro años sin ninguna cortapisa.
Con estos brevísimos recordatorios no
quiero decir que se tenga que repetir la historia de forma mimética, pero puede
ser interesante tenerlos en la memoria.
Las recientes elecciones autonómicas
celebradas en Extremadura, Aragón y Castilla-León han evidenciado el fracaso
electoral de los partidos a la izquierda del PSOE que, enredados en sus cuitas
internas, son incapaces de hilvanar un proyecto ilusionante para la ciudadanía,
aunque voluntad parece que no les falta.
Ante esta situación tan poco
halagüeña, el conglomerado de partidos que, a la izquierda de la izquierda,
impulsado por Gabriel Rufián pretende constituirse en algo así como un frente
amplio empieza a tener visos de verosimilitud. Es muy probable que los
resultados en las elecciones andaluzas del próximo 17 de mayo sean
determinantes para que el proyecto prospere o quede aparcado sine die.
Dicen los que afirman conocer el
núcleo duro del asunto que, el que fuera comunista de juventud, reciclado al
independentismo más tarde y ex portavoz de ERC en el Congreso, Joan Tardà, es el
generador de la idea, mientras que Rufián se ha convertido en algo así como el
comercial del negocio que anda por las Españas para atraer adeptos a la causa.
Bien está. No tengo nada que objetar;
aunque confieso que cuando me llegó la noticia, por primera vez, me tuve que
pellizcar para cerciorarme de que no estaba alucinando. O sea, estos dos
personajes que estuvieron diciendo, hace algo más de una década, a todo el que los
quisiera oír y escuchar que ellos en 18 meses se iban de España para venirse a
la república catalana, ahora sorben los vientos para que su idea se la voten en
Jumilla y en Cambados.
Es una evidencia que, en estos
momentos, Gabriel Rufián es el mejor situado para encabezar esa hipotética
coalición. Si se trata de unir a la izquierda, movilizar al electorado, atraer
a nuevos votantes e incluso gobernar España, por encima de todos los nombres
barajados, incluyendo ministros y exministros, el portavoz de ERC en el
Congreso sobresale con luz propia. Quizás sea debido a su nivel de conocimiento
por parte de los votantes encuestados, el más alto con excepción de la ya
descartada Yolanda Díaz. Eso es así y se explica por sus intervenciones
parlamentarias y su súper actividad en las redes sociales. No obstante, según
diversos estudios demoscópicos, esa coalición que podría encabezar Rufián
apenas ampliaría el espacio electoral y nada cambiaría en los actuales
equilibrios, a menos que consiguiera ampliar la base reincorporando a votantes
desencantados. Sin embargo, resulta muy poco realista pensar que sean muchos
los que puedan sentirse atraídos por un candidato independentista que hace
cuatro días pretendía quebrar el Estado marchando de España.
Rufián no lo tiene fácil porque los
primeros palos en las ruedas se los están poniendo en ERC, su formación
política. El líder de los republicanos, Oriol Junqueras, en su habitual tono
beatífico, haciendo un repaso a la actualidad política se mostró taxativo sobre
el papel de Esquerra dentro del proyecto de Rufián,: “Rufián es mi amigo,
alguien fantástico: expresa su opinión personal y yo estoy a favor de la
libertad de conciencia, solo faltaría, pero esto es compatible con afirmar que
el catalanismo, los valores democráticos y el independentismo en Cataluña lo
encarnan ERC”, e insistió que “Esquerra se presentará como Esquerra”.
Desde hace unas pocas semanas un
siniestro presagio recorre las sedes de la izquierda alternativa. Y es que
algunos sondeos dan al PP-Vox hasta 210 escaños en las próximas elecciones
generales, es decir, mayoría cualificada (3/5), y atención, ya que 210 es una línea
roja muy significativa porque, efectivamente, permitiría en el Congreso hacer
reformas de la Constitución. Por ejemplo, se podrían recuperar competencias
autonómicas como educación o seguridad, afectando a Mossos y/o Ertzaintza.
También se podrían cambiar o recuperar competencias que tienen las comunidades
autónomas: De hecho, el Gobierno central podría recuperar, prácticamente, todo
aquello que el estado de las autonomías descentralizó.
Los 210 diputados son una
posibilidad, difícil, pero plausible, y eso permitiría reconfigurar el mapa
autonómico sin consulta popular, quitando poder al independentismo; aunque
quizás, entonces, los talibanes del soberanismo se echarían, otra vez, al
monte, por aquello del cuanto peor mejor. Con esa gente nunca se sabe.
Por lo que pueda ser: con o sin
frente de izquierdas, hay que frenar a la derecha.
Bernardo Fernández
Publicado en Catalunya Press
29/03/2026

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